Se detuvieron al fondo del pasillo, frente a la única jaula que albergaba a alguien; allí estaba Dean, desnudo, herido, tendido en el suelo en su forma humana. La mayoría de sus heridas habían sido atendidas, las más profundas cubiertas por una venda, una de ellas rodeando su cuello, otra su muslo y otra en su brazo. Estaba inconsciente aún, pálido, delgado y con cientos de moretones y rasguños furiosos estropeando su piel; esto hizo que Castiel lamentara el hecho de no haber torturado a Jordan y no haberle hecho sufrir antes de acabar con su vida.
Sobre el cuerpo inmóvil de Dean, había un lobo, relativamente pequeño y de color naranja brillante, con el pelaje más hermoso que hubiese visto jamás. El lobo lamía delicadamente las heridas descubiertas del joven inconsciente, gimiendo suavemente con tristeza y preocupación, haciendo evidente el hecho de que no pretendía herir a Dean, al contrario, su intención era cuidar de él.
Al verlos, el lobo se detuvo y levantó las orejas en alerta, gruñendo y enseñando sus dientes en señal de amenaza, estaba protegiendo a su amigo, eso era seguro, por eso Castiel y el cazador decidieron tranquilizarlo en lugar de intimidarlo.
- Hey, tranquilo, amigo – murmuró Bobby en voz baja, bajando el arma y acercándose con cautela luego de enseñarle las llaves de la jaula – queremos ayudar, venimos a sacarlos de aquí.
El lobo se apartó unos pocos centímetros del cuerpo de Dean y entonces se transformó, regresando a su forma humana. Los ojos de Bobby por poco saltan de su cara al ver a la hermosa mujer desnuda en frente suyo. Su cuerpo lucía pálido y delgado, pero no estaba muy lastimado, salvo por un conjunto de moretones aquí y allá, ni siquiera parecía que hubiese sido forzada a pelear.
- ¿Quiénes son ustedes? – preguntó la chica, dedicándoles una mirada fría.
- Somos amigos de Dean - respondió Bobby con suavidad - en realidad soy su tío, Bobby.
- ¿Y tú quién eres? – preguntó a Castiel aún a la defensiva.
- Soy Castiel, Dean y yo solíamos vivir juntos… antes de que todo pasara.
Los ojos de la chica se abrieron con reconocimiento y sus hombros al fin se relajaron – así que eres ese Castiel. Dean me ha hablado mucho sobre ti ¿sabes? mencionó tus ojos azules, incluso habló sobre la gabardina que llevas puesta, dice que te ves realmente sexy en ella.
Castiel no pudo evitar sonreír, sintiendo su corazón calentarse un poco, pensando que jamás volvería a quitarse esa gabardina si eso hacía que Dean lo mirara con deseo. Era extraño que Dean hubiese hablado de él antes que de su propia familia, pero Castiel no podía quejarse de ello, en realidad lo apreciaba después de todo lo que había ocurrido entre ellos.
Una vez que Bobby vio a la chica relajarse procedió a abrir la jaula, lo cual no fue muy difícil después de haber obtenido la llave.
- ¡Espera! ¿qué hay de los cazadores? – preguntó ella preocupada.
- Nos hemos encargado de Jordan – explicó Castiel – los demás parecen estar distraídos con la batalla que se celebra en este instante, que por cierto, debe estar por terminar.
- Entonces debemos darnos prisa.
Ana salió de la Jaula con cautela, entonces Castiel tuvo espacio suficiente para entrar en ella a toda prisa y tomar el cuerpo de Dean entre sus brazos. Estaba helado y sus cejas apenas se movieron, sin ser consciente de lo que sucedía a su alrededor. Castiel acarició su rostro frío y besó su frente, pero nada ocurrió.
- Sus heridas no son demasiado graves – explicó Ana para tranquilizarlo – ha perdido mucha sangre, así que está débil y agotado, pero se pondrá bien si logramos salir de aquí.
Castiel asintió, se quitó la gabardina y cubrió el cuerpo de Dean con ella, queriendo darle un poco de calor y hacerlo sentir menos expuesto y vulnerable. Bobby recordó hacer lo mismo con Ana, se despojó de su delgada camisa de cuadros y cubrió los hombros de la chica con ella, quedando sólo con una sencilla camiseta negra, afortunadamente su camisa era lo suficientemente grande para abrigar a la chica.
Cuando Castiel intentó levantar al más joven, sus ojos verdes se abrieron, probablemente al sentir el fuerte tirón en sus heridas; todos se congelaron al verlo despierto, con esa mirada confundida en su rostro, con sus ojos desenfocados sin reconocimiento. Dean gimió de dolor y entonces su mirada se encontró con el rostro de Castiel que lo observaba con preocupación.
- ¿Cas? – preguntó, levantando su brazo bueno para acariciar su rostro y asegurarse de que fuera real.
- Soy yo, Dean – respondió, sintiendo las lágrimas formarse en sus ojos – hemos venido por ti.
El cuerpo de Dean se tensó en alerta al escuchar la palabra "hemos" se incorporó rápidamente y giró la cabeza para encontrarse con Bobby justo al lado de Ana.
- Pensé que nunca ibas a despertar, princesa – saludó Bobby con sarcasmo, nunca admitiría que también sentía lágrimas formarse en sus ojos.
- Bobby… - fue todo lo que pudo decir antes de que Ana los interrumpiera.
- Escuchen, no quiero arruinar el momento, pero realmente tenemos que salir de aquí.
- ¿Y Jordan? – preguntó Dean confundido.
- Te explicaremos en el camino.
Castiel le ayudó a levantarse, apoyando su brazo sano alrededor de su hombro. Dean apenas podía caminar con su pierna herida y Castiel apenas podía sostener su peso, pero ambos se las arreglaron para mantener el ritmo.
Por el camino se toparon con el cadáver de Jordan, sangrando en el pasillo, observándolos con ojos muertos y opacos. Ambos licántropos dejaron escapar un jadeo de sorpresa, pero no había una sola pizca de lástima en su mirada, al contrario, era evidente el alivio en sus ojos.
Afuera la batalla aún no terminaba, se escuchaban los ladridos y los gruñidos de los lobos, así como los gritos de los cazadores, el olor de la sangre era demasiado fuerte, como si todo el campo de batalla estuviese bañado en ella.
- ¿Cómo se supone que saldremos de aquí sin ser vistos? – preguntó Ana, viendo imposible atravesar el coliseo con cientos de cazadores presenciando una batalla.
- Sólo tenemos que esperar la señal – respondió Bobby, procurando hablar en voz baja para no llamar la atención de los cazadores que se hallaban cerca de allí.
Estaban a punto de preguntar a qué señal se refería, cuando una fuerte explosión resonó a lo lejos haciendo eco en las paredes del coliseo, interrumpiendo la pelea y capturando la atención de los cazadores. El suelo tembló y una gran cantidad de polvo se desprendió del techo a la vez que el olor a humo y hierba quemada inundaba sus fosas nasales.
- Por favor díganme que esos no han sido ustedes – dijo Ana, pasando sus manos temblorosas por su cabello corto.
- ¿Quién más podría ser? – respondió Bobby – tenemos que quemar este lugar si no queremos que vuelva a ser utilizado para eventos de este tipo, pensé que eso era lo que querías. Además nos dará la oportunidad de salir sin ser vistos.
- Escuchen, los cazadores tienen quien sabe cuántos licántropos enjaulados en este lugar y no van a arriesgar sus vidas para sacarlos, van a morir en el incendio si no hacemos algo – explicó Ana con desesperación.
- Oh, diablos, no voy a liberar a un centenar de licántropos que bien podrían ser peligrosos – respondió Bobby de forma cortante.
Afuera la pelea había llegado a su fin, los cazadores corrían evacuando el lugar, con sus armas listas para disparar a quien quiera que hubiese ocasionado el fuego. Los lobos que minutos antes habían estado luchando por sus vidas, yacían en el suelo, cubiertos de sangre e inmóviles. Había heridas de bala en sus cuerpos maltrechos y los ojos de Ana se llenaron de lágrimas al verlos.
- ¿Ves lo que han hecho? – exclamó la chica – no quieren que sobrevivan, por eso los han matado a ambos y los demás serán abandonados para morir en el fuego.
- Pueden ser peligrosos, no podemos dejarlos ir sin más – insistió Bobby.
- Bobby, escucha, los licántropos no somos peligrosos – replicó Dean – me conoces y sabes que jamás le haría daño a nadie ¿verdad?
- Mordiste a Sam, perdiste el control y lo lastimaste.
- Estaba aterrado, pensé que iban a matarme. Además, apenas le hice un rasguño, en cambio ustedes me dispararon, pudieron haberme asesinado ¿quién de nosotros crees que es más peligroso aquí? – Bobby frunció el ceño sin decir una palabra – oh, ya veo, piensas que eso no estaría mal ¿verdad? Porque sólo soy un monstruo, porque no soy humano ¿acaso eso hace que mi vida valga menos?
- Dean, no hay tiempo para esto.
- Por favor, Bobby, sólo escúchame por una vez en tu vida ¿quieres? Una de esas personas a quienes llamas "monstruos" justo ayer dio su vida por mí, sabía que no podría ser oponente para él y sacrificó su vida sólo para que yo pudiera verlos a ustedes de nuevo. Un humano jamás haría eso, porque son demasiado egoístas. Así que lo menos que puedo hacer por él, para honrar su memoria, es salvar a los demás, con o sin tu ayuda.
- Dudo que todos los licántropos sean como él.
- Al igual que los otros humanos no son como ustedes, has visto lo que hacen esos cazadores, dime, Bobby ¿Quiénes son los verdaderos monstruos aquí?
Bobby suspiró, quedándose sin argumentos, dándose cuenta de que había razón en las palabras de Dean. El Dean que recordaba pocas veces había discutido con él, siempre solía pensar que él y su padre tenían todo el conocimiento sobre el mundo, así que nunca se atrevió a contradecirlos, pero esta vez estaba luchando desesperadamente para convencerlo de algo que se oponía a la ideología de Bobby y de John Winchester. Aún tenía miedo de lo que aquellas criaturas podrían llegar a hacer en caso de ser liberados, pero Dean era la prueba viviente de que no todo lo no-humano era vil y peligroso.
- De acuerdo, me tienes, voy a ayudarlos – se rindió Bobby exhalando un suspiro – Ana y yo iremos a sacarlos, mientras tanto, Castiel, quiero que lleves a Dean a un lugar seguro.
Le lanzó las llaves del auto y Castiel las atrapó con su mano libre, por supuesto la vida de Dean era mucho más importante para él que la vida de cientos de licántropos que ni siquiera conocía.
- Espera, voy a acompañarlos – insistió Dean – no voy a dejar que vayan solos.
- Está bien, Dean – respondió Ana – ni siquiera puedes caminar, siento tener que decírtelo pero no nos serás de ayuda en esta ocasión, todo lo contrario. Tu tío y yo podemos encargarnos de esto, voy a cuidar de él, lo prometo.
Dean miró al suelo con tristeza, sin embargo asintió, sabía que en su actual estado no sería más que una carga y lo último que quería era entorpecer su misión – de acuerdo, tengan cuidado.
- Ustedes igual – Ana le sonrió antes de que ambos se alejaran.
El olor a humo se había hecho más fuerte, haciéndole toser dolorosamente, sus costillas palpitaban y se sentía increíblemente agotado, tenían que apresurarse a salir.
- Escucha, Cas, necesito que me ayudes a vestirme con la ropa de Jordan, sé que es asqueroso pero sólo lograré llamar la atención de los cazadores si me ven herido y vestido con sólo una gabardina.
Castiel asintió y obedeció, comprendía que aún podían haber cazadores merodeando fuera del coliseo y que no dejarían marchar a Dean tan fácilmente, sin embargo a simple vista no sospecharían de Dean si lucía igual que ellos.
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Atravesaron el coliseo a toda prisa y lograron salir al exterior, la mayoría de los cazadores ya se habían alejado, pues las llamas habían crecido lo suficiente para cubrir la mitad del lugar, el cual dada su antigüedad comenzaba a derrumbarse poco a poco y puesto que no contaban con agua corriente, no había forma alguna de apagar el fuego. Por lo tanto, los cazadores habían preferido darle la espalda al problema y regresar por donde vinieron, después de todo habían acudido con el único propósito de divertirse y olvidarse de todas sus preocupaciones, a excepción de algunos hombres que aún merodeaban el lugar, probablemente aquellos responsables del evento.
Al verlos salir cojeando fuera del coliseo, un par de cazadores se acercaron a ellos a toda prisa y Dean sintió congelarse en los brazos de Castiel; por el fuerte apretón en su cintura, podía darse cuenta de que Cas también estaba asustado, incluso más que Dean.
- ¡Oigan, ustedes! – gritó un hombre alto y de aspecto fuerte, su rostro y sus manos cubiertos de ceniza.
Castiel y Dean se detuvieron, intentado ocultar el miedo en su mirada y se enfrentaron a ellos, suplicando que no hubiesen reconocido a Dean.
- ¿Están bien? ¿están heridos? – preguntó el hombre preocupado, mirando el cuerpo de Dean, al parecer sin darse cuenta de lo que era.
- Estoy bien, amigo, ya fui atendido - respondió Dean con calma – casi muero aplastado por un bloque de cemento, pero he pasado cosas peores.
- Supongo que es cierto – el hombre rió con alivio – sin embargo parecen muy jóvenes para ser cazadores.
- Ya sabes, el negocio familiar – respondió encogiéndose de hombros.
- ¿Hay alguien más atrapado adentro?
- No lo creo, al parecer somos los últimos.
- De acuerdo ¿necesitan ayuda con algo?
- Hey Marco, son amigos míos, yo me encargaré de ellos – habló una voz ronca justo detrás del cazador y Dean sintió congelarse al ver de quien se trataba.
El hombre asintió, dándole a John Winchester una palmadita amistosa antes de alejarse, claramente su padre era un cazador reconocido y no pasaría desapercibido en un lugar como ese, sin embargo, no levantaría sospecha ya que la existencia de Dean había sido mantenida en secreto durante toda su vida.
La expresión en los ojos de John era imposible de leer para Dean, parecía reflejar arrepentimiento, culpa o preocupación… al menos no parecía querer matarlo. Sam estaba a su lado, sonriendo como un idiota, feliz de ver a su hermano sano y salvo, después de haberlo visto inconsciente minutos atrás.
- ¡Dean! – exclamó Sam antes de saltar sobre su hermano y apretar su cuerpo en un fuerte abrazo – Dios, te extrañé tanto, estábamos tan preocupados por ti.
- Sammy, me haces daño – Dean quiso devolverle el abrazo, pero los brazos de Sam lastimaban sus costillas y tiraban de la piel desgarrada.
- Lo siento – sus mejillas se sonrojaron mientras se apartaba de él – es sólo que me alegro de verte.
- También yo, pensé que moriría aquí.
- ¿Pensaste que permitiríamos eso? – preguntó John, quien había permanecido silencioso hasta el momento, sin saber cómo reaccionar – Dean, eres mi hijo, por supuesto que vendría siempre por ti.
- Sí, por supuesto – respondió con tono frío y sarcástico. No es que no se alegrara de ver a su padre, de hecho había soñado con ese momento durante semanas, sin embargo, muchos de esos sueños se habían convertido en pesadillas, ayudándole a darse cuenta de que aún no perdonaba a su padre por haberle disparado, por haber intentado matarlo, por haberlo tratado como una mascota en lugar de un hijo, porque siempre Sammy había sido más importante, no por ser su hijo biológico, sino por la única razón de ser un humano.
- Dean… - fue todo lo que John pudo decir antes de que una enorme sección del coliseo se viniera abajo con un fuerte estruendo.
- ¡Bobby! – gritó Dean, intentando alejarse de los brazos de Castiel para entrar al coliseo en llamas, pero por supuesto, el otro jamás se lo permitiría.
- ¿Por qué tarda tanto en salir? – preguntó John con preocupación, las llamas crecían y en cuestión de minutos todo el coliseo habría desaparecido, quizás el fuego se extendería al bosque y destruiría la aldea abandonada.
- Están liberando a los demás licántropos, él y mi amiga Ana.
- ¿Qué? ¿por qué demonios haría eso? ¿Y quién es Ana? ¿es otro licántropo?
- Papá, no son peligrosos… sólo confía en mí ¿quieres? Por esta vez sólo cree en mí, por favor.
John no pudo luchar contra los ojos llenos de dolor de su hijo, no tenía el corazón para decirle que todos ellos probablemente no eran más que monstruos. Realmente no desconfiaba de Dean, pero sí lo creía bastante ingenuo, sin embargo, tenía fe en el criterio de Bobby y si él había decidido que no eran peligrosos, entonces John quizás podría considerarlo.
John suspiró con resignación y les dio la espalda para encontrarse con un par de cazadores aún allí, hablando entre ellos con preocupación, como si consideraran la idea de entrar al coliseo en llamas.
- ¿Sucede algo? – preguntó John acercándose a ellos.
- Es nuestro amigo, Jordan, no le hemos visto salir y estamos preocupados por él – respondió uno de ellos.
- Jordan… conozco a ese chico, en realidad también es un buen amigo mío – mintió John, odiaba al hombre con todas las fuerzas de su ser, pero debía sonar convincente - ¿Creen que aún sigue adentro?
- ¿En dónde más podría estar? este lugar es suyo también, lo adora, no se iría sin intentar salvarlo… probablemente eso es lo que intenta hacer… tal vez quedó atrapado en algún lugar.
- Voy a entrar entonces – dijo John.
- ¿Qué? ¿Papá, estás loco? – intervino Sam, sabía que su padre entraría allí por Bobby, ambos sabían que Jordan había muerto y aunque viviera, jamás pondrían en peligro sus vidas para salvarlo, sin embargo era una tarea demasiado arriesgada y lo último que quería era perderlos a ambos.
- Estaré bien, soy un cazador, no podría permitir que un amigo muera sin hacer nada.
- Iré contigo – insistió Sam.
- No, necesito que cuides de tu hermano, eres el único que sabe cómo utilizar un arma – dijo en voz baja, apretando con orgullo el hombro del menor.
- ¡Papá! – gritó Dean – ten cuidado.
John sonrió y corrió al interior del coliseo, evitando hábilmente las llamas y desapareciendo dentro del humo.
- Jamás me había sentido tan inútil – confesó Dean, dejándose caer sobre un tronco cerca de allí, quería ayudar, quería sentirse útil, pero apenas podía mantener los párpados abiertos, sentía que en cualquier momento podría desmayarse de nuevo.
- Ya has hecho suficiente – respondió Castiel – te las arreglaste para sobrevivir y eso es un milagro.
- Pero tuve que matar, maté a dos de los míos, Cas – las lágrimas amenazaron con rodar por sus mejillas al recordar la mirada gris en los ojos de Dorian y luego en los ojos de Ruby, que había estado tan aferrada a su vida, tan dispuesta a vivir, quizás tenía una misión, quizás tenía aún muchos sueños por delante y Dean los había destruido de la manera más egoísta – prometí que jamás lastimaría a nadie, incluso me negué a cazar animales o a comer carne cruda y al final de todos modos terminé convirtiéndome en un asesino.
- No tenías opción, Dean, nada de lo que ocurrió fue tu culpa, no eres un asesino ¿me escuchas? – murmuró Sam inclinándose a su lado. Entonces Dean pudo ver el ojo morado e hinchado en el rostro de su hermano, al igual que su labio herido.
- Sí, es mi culpa, fui demasiado débil y a causa de eso te lastimaron y ahora Bobby, Papá y Ana, están arriesgando sus vidas allá adentro… ni siquiera sabemos si siguen con vida.
- Van a estar bien, sólo ten fe.
Dean asintió y recargó su peso sobre el cuerpo de Castiel, quien se aferraba a él con fuerza; probablemente aquello, el sentir a Dean en sus brazos era lo único que mantenía sus piezas unidas, lo único que le impedía derrumbarse.
Todos habían esperado que los dos cazadores que aún merodeaban fuera del coliseo, se marcharan en cualquier momento para ponerse a salvo de las llamas que crecían al hacer contacto con la hierba, pero no lo hicieron, habían mantenido la distancia hasta ahora, pero de pronto comenzaron a acercarse a ellos. El cuerpo de Dean se tensó de inmediato, ya no podía confiar en los cazadores.
- Hey, niños, deberían buscar un refugio, no es seguro que permanezcan cerca de las llamas.
- Se los agradezco, pero estamos esperando a Papá – respondió Sam de manera cortante, esperando que volvieran a apartarse – sin embargo ustedes deberían hacer caso a su consejo.
- No nos iremos de aquí sin nuestro amigo… tampoco nos iremos sin su padre, si no sale en un minuto, entonces entraremos a buscarlo, no te preocupes.
Las palabras de los hombres apenas eran audibles sobre el crepitar del fuego y el calor era abrasador, a pesar de que el sol comenzaba a ocultarse y el viento frío de la noche comenzaba a soplar, aunque todo lo que conseguía era avivar el fuego.
- Espera un segundo – dijo uno de los cazadores, fijando su mirada en el rostro de Dean por primera vez, el corazón de Dean golpeó contra sus costillas y aumentó su ritmo al ver la manera en que el hombre lo observaba – ¿acaso no es el lobo de Jordan?
- ¿Qué? No estarás hablando en serio – respondió su compañero, acercándose para evaluar el rostro de Dean.
- Lo es, no hay duda, incluso lleva puesta su ropa ¿cómo no nos dimos cuenta antes?
- Oigan, creo que están en un error – intervino Sam con voz firme, intentado tomar las riendas del asunto, ya que Castiel y su hermano parecían increíblemente asustados.
- Estoy seguro de que no, muchacho – dijo el cazador mientras sacaba su arma y apuntaba hacia el chico - ¿Tú fuiste su maldito cómplice, eh? ¿lo ayudaste a escapar? Nunca hubiera esperado algo así del hijo de John Winchester.
Sam se congeló al ver el cañón del arma apuntando a su cabeza y sabía que no podría hacer ningún movimiento para defender a sus amigos sin provocar que todos murieran acribillados.
- ¡Hey! Déjalo, él no tiene nada que ver en esto – Dean se había puesto de pie con dificultad y se había enfrentado al cazador. Intentó abalanzarse sobre él y arrebatarle el arma, pero su compañero reaccionó de inmediato y de pronto una fuerte y dolorosa corriente eléctrica hizo contacto con el metal incrustado en su cuerpo. Lo siguiente que supo fue que estaba en el suelo, retorciéndose, sin el más mínimo control de sus extremidades.
- ¡Dean! – gritó Castiel llenó de angustia. Iba a correr a su lado, sostenerlo en sus brazos y protegerlo de todo lo que intentara lastimarlo, pero el otro cazador apuntó hacia él con el taser, amenazando con freír su cerebro, haciéndole congelarse en su lugar.
- No des un paso más – le ordenó, esta vez acercando el taser hacia el cuerpo de Dean, quien estaba retorciéndose en el suelo con espasmos involuntarios y los ojos desenfocados – otra descarga podría matarlo ¿sabes? No importa que tan resistente sea el cuerpo de un licántropo, no son inmortales. Un simple taser no funcionaría correctamente contra ellos, su efecto no sería el mismo, así que pusimos placas de metal dentro de sus cuerpos… esto sólo confirma el hecho de que es el maldito lobo que trajo Jordan.
- Por favor, déjalo ir – suplicó Sam – él nunca ha lastimado a nadie, es inofensivo.
- No lo creo, niño, tienes que saber que no es un cachorro inofensivo, si mis cálculos son correctos, él asesinó a Jordan para escapar ¿no es verdad?
El hombre pateó a Dean justo en las costillas, pero el único sonido que obtuvo fue un balbuceo incoherente y un gemido de dolor.
- Déjalo en paz – gritó Castiel – fui yo quien lo mató, yo lo saqué de allí.
Los ojos de los cazadores se ampliaron con sorpresa, más al instante se echaron a reír – no intentes engañarnos, reconocemos los ojos de un cazador cuando lo vemos y tú no eres uno de nosotros, tus manos son las de una chica que nunca ha tenido que realizar un trabajo duro, es más que obvio que nunca has sostenido un arma y nunca has matado a nadie.
- Dime algo, monstruo – dijo el otro cazador, inclinándose para ver de cerca el rostro de Dean - ¿mataste a mi amigo, eh? ¿en dónde escondiste su cadáver?
Pero los ojos de Dean estaban desenfocados, ni siquiera parecía ser consciente de lo que sucedía a su alrededor, claramente la electricidad había afectado su sistema nervioso, ahora mismo no tenía la capacidad de articular palabras y probablemente la confusión que sentía le impedía comprender sus preguntas, pero los cazadores eran demasiado tontos para saberlo.
- ¡Responde! – gritó el cazador que sostenía el taser, pateando de nuevo la costillas de Dean.
- Es inútil, amigo – dijo su compañero – no puede respondernos, deja de torturarlo frente a estos chicos y sólo mátalo.
El hombre suspiró con resignación y asintió, ubicando el taser contra el pecho de Dean – mereces ser torturado, mereces ser castigado por la muerte de nuestro amigo, pero tendré compasión por estos pobres chicos que creen en ti. Adiós monstruo.
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Gracias a DCFE por comentar, también a todos los que marcaron la historia dentro de sus follows y favs ;)
