Cuando el cazador puso el taser en el pecho de Dean, los ojos de Sam y Castiel se abrieron con horror a la vez que un grito desesperado salió de sus gargantas. Sam estaba a punto de correr hacia su hermano, olvidándose del arma que apuntaba directamente hacia su propia cabeza, cuando de repente un enorme lobo de color negro emergió del humo y las cenizas y con una velocidad imposible se abalanzó sobre el hombre del taser, destrozando su garganta, dejándolo muerto al instante. El otro cazador horrorizado, apartó el arma lejos de la frente de Sam para comenzar a dispararle al animal, el cual intentó esquivarlo, no obstante, tras pocos segundos cayó al suelo con un aullido de dolor. El cazador lo habría asesinado en el acto si Sam no hubiese reaccionado; sin pensarlo tomó su arma y disparó al hombre justo en su cabeza, salvando así la vida del lobo.

La expresión en el rostro de Sam era de horror puro, nunca antes había tenido que asesinar a nadie, su padre ni siquiera le había permitido involucrarse directamente en una cacería, pero eso poco importaba, de todos modos aquello había sido un ser humano y no un monstruo como los que su padre eliminaba, lo cual lo hacía mucho peor, pues eso lo convertía en un asesino.

No supo cuánto tiempo estuvo en shock, con la mirada pérdida en el vacío y sus manos temblando, sólo supo que al reaccionar se dio cuenta de que en algún momento Castiel había corrido hacia Dean y lo había tomado entre sus brazos de manera protectora. Dean estaba inconsciente y habían lágrimas en los ojos de Castiel, tal vez impactado por la situación, tal vez preocupado por su pareja herida en sus brazos o tal vez lloraba por el temor de haber estado tan cerca de perderlo.

- Hey, niño, no te mortifiques por eso, se lo merecía – fue la voz del lobo la que llamó su atención, pero ya no lucía como un lobo, ahora tendido en el suelo en su lugar se hallaba un hombre de piel morena, largo cabello azabache cayendo por su espalda y ojos increíblemente azules. Era hermoso como todos los de su especie, estaba desnudo, cubierto de ceniza, acunando contra su pecho su brazo izquierdo, el cual no paraba de sangrar. Al verlo, Sam corrió a su lado para examinar sus heridas.

- Estoy bien – dijo el licántropo – mis amigos se ocuparán de esto.

Entonces Sam se dio cuenta de que ahora habían muchos más lobos saliendo del coliseo en llamas, eran alrededor de 25 o 30, algunos en su forma humana, otros en su forma animal, algunos cojeando, otros corriendo y otros cargando a sus compañeros heridos. Por último vio salir a su padre soportando el peso de Bobby, quien cojeaba al caminar, pero por lo demás no parecía estar muy herido. Ana también estaba allí, apoyando a Bobby del otro lado. Sam dejó escapar un suspiro de alivio y sintió un increíble deseo de llorar, de dejar salir todas las emociones contenidas.

- Hey, chico – dijo el licántropo mientras le daba un apretón en el hombro – agradezco que hayas salvado mi vida. No te sientas mal por lo que hiciste, recuerda lo que esos cazadores nos hicieron y cómo merecían pagar por ello… sabían que somos inofensivos, que nunca hemos hecho daño a nadie y aun así decidieron torturarnos y matarnos de la manera más cruel, piensa que lo merecían por lo que le hicieron a tu hermano.

- Sam era consciente de que el hombre tenía razón, sin embargo, sabía que no dejaría de doler por un buen tiempo, sabía que no sería algo fácil de superar, no obstante asintió e hizo su mejor esfuerzo por sonreír – gracias a ti también, por haberlo salvado.

- No hay de qué – respondió el hombre con una sonrisa simpática. Entonces Sam se levantó, corriendo hacia Bobby y su padre con sus ojos de cachorro llenos de emoción, alegres de verlos a todos a salvo, lejos de las llamas.

- Hey, Sammy ¿están todos bien? – preguntó John al ver a su hijo acercarse.

- Estamos bien. Pensamos que el coliseo colapsaría antes de que regresaran ¿por qué tardaron tanto?

- Una sección del coliseo se vino abajo, varios licántropos quedaron atrapados y otros se lastimaron, costó bastante trabajo sacarlos a todos de allí. Dean tenía razón, no son tan peligrosos como pensaba.

Sam sonrió, orgulloso de que John hubiese sido capaz de admitir su error y hubiese abierto su mente un poco, pues sabía lo testarudo que podía ser su padre y su rechazo hacia las criaturas sobrenaturales – me alegra que te hayas dado cuenta, sé que no es fácil para ti admitirlo.

- Quizás todavía tengo un lado humano – dijo John con una sonrisa.

Sam le devolvió la sonrisa antes de regresar la mirada a la manada de licántropos que se acurrucaban desnudos mientras intentaban examinar sus heridas - ¿Qué vamos a hacer con ellos?

- No tienen que hacer nada más por nosotros, vamos a quedarnos aquí – respondió Ana - después de todo este lugar pertenecía a los lobos antes de que los cazadores llegaran. Veremos qué queda de él después de que las llamas se apaguen y volveremos a reconstruir la aldea; y los que aún tienen una familia en algún lugar, serán libres de volver a sus hogares.

- Suerte con eso – dijo Bobby, esforzándose por ponerse de pie y caminar sin ayuda – nosotros debemos volver a casa y atender nuestras heridas. Maldición, no puedo esperar a estar en mi sofá, podría dormir durante meses.

- Por cierto ¿cómo está Dean? – preguntó John mirando la dirección en que se hallaba Castiel, sosteniendo al licántropo inconsciente en sus brazos, acunándolo tiernamente y aspirando el aroma de su cabello cubierto de ceniza.

- Herido y agotado, pero creo que se pondrá bien – respondió Sam con un dejo de preocupación en su voz – los licántropos son más fuertes y sanan más rápido, así que deberá despertar en poco tiempo ¿verdad?

- Ciertamente. Me hubiera gustado poder despedirme de él – dijo Ana con tristeza.

- Se lo haré saber – respondió John antes de apoyar de nuevo a Bobby en su hombro y darle un suave empujón a Sam para hacerlo caminar.

Sam y Castiel cargaron a Dean hasta el auto y en el camino escucharon como a lo lejos el resto del coliseo terminaba de derrumbarse, afortunadamente ya no había nadie adentro, salvo por los tres cadáveres de los cazadores que habían iniciado aquel macabro evento. Sam no pudo evitar sentirse un poco mal por ellos, después de todo no eran completamente malvados, tenían la intención de ayudar a las personas y limpiar el mundo de las criaturas que amenazaban con hacerles daño desde las sombras, pero sus mentes se habían corrompido en el camino y ya no podían aceptar cualquier criatura que fuese diferente a ellos, así que se habían ensañado con los seres más generosos e inofensivos de la naturaleza, culpándolos de crímenes que no habían cometido los de su especie. Todo había sido sólo un error y una muy mala elección. Sam había ayudado a acabar con la vida de uno de ellos y eso jamás lo olvidaría.

Se acurrucaron los tres en el asiento trasero del impala, Dean dormido en los brazos de Castiel con las piernas extendidas sobre el regazo de Sam, todos en completo silencio, atormentandose a sí mismos por razones diferentes.

Castiel pensaba en el cadáver de Jordan, el miedo en sus ojos y la súplica muriendo en su voz, justo antes de que Bobby disparara… todo por petición suya. Le había pedido a Bobby que lo asesinara porque estaba aterrorizado, porque tenía miedo de que volviese a buscarlos, a él, a Dean o a sus familias y lo último que quería era tener que vivir escondiéndose, asustado por el resto de su vida. Sin embargo también hubo algo de venganza en la acción, quería que Jordan sufriera por haberse atrevido a lastimar a la persona que amaba, la única que lo había elegido por encima de los demás y a la que por poco había perdido por su culpa, porque Jordan lo había dejado tan roto, tan dañado que le era difícil pensar que alguien tan maravilloso como Dean podría amarlo, porque durante tantos años de acoso incesante le había hecho creer que no merecía ser feliz al lado de alguien. Jordan había destruido su autoestima, había puesto a todos sus compañeros de clase en su contra, porque tenía la suficiente influencia y convicción para hacer que todos creyeran sus palabras, justo el don del que carecía Castiel. Cuando Bobby le disparó sólo pudo pensar en ello, en todo el daño que había causado y cuánto merecía morir por ello… aún lo pensaba de cierta manera y aún pensaba que había tomado la decisión correcta y eso le asustaba, porque era una vida humana de la que hablaban y aunque no hubiese sido él quien había tirado del gatillo, seguía sintiéndose responsable por su muerte.

Todos habían tenido que asesinar a alguien ese día y lo que lo hacía más difícil, era el hecho de que esta vez los villanos de la historia eran los cazadores, sus propios compañeros, personas que habían llegado a conocer y apreciar, seres humanos llenos de crueldad hacia lo sobrenatural pero llenos de buenas intenciones hacia la humanidad. ¿Merecían morir? Tal vez no realmente, pero no habían tenido más opción, pues aquellos licántropos eran seres inocentes, que no habían hecho daño a nadie y ellos tampoco merecían morir.

ooOoo

El viaje fue largo y tedioso, pues el silencio ocasionado por el bajo estado de ánimo y el agotamiento no ayudaba a liberar la tensión. Ninguno de ellos logró dormir durante el trayecto, salvo por Dean, quien aún no despertaba.

Llegaron a casa de los Winchester cerca de la media noche, más que agotados, con la intención de limpiar sus heridas, descansar y despertar habiendo olvidado los horrores del día anterior.

Dean fue llevado hasta su propia cama, en su habitación, pero esta vez no se preocuparon por bloquear la puerta. Castiel se quedó a su lado, preguntándose cuánto tardaría en despertar y por qué razón no lo habría hecho ya. Sus signos vitales eran estables y sus heridas no parecían ser demasiado profundas, aunque aún cabía la posibilidad de contraer infección, pero esa no era una gran preocupación pues dudaban que los licántropos fueran tan vulnerables como los seres humanos. Así que asumieron que probablemente Dean estaría agotado tras varios días sin dormir y su cuerpo se estaría recuperando por la pérdida de sangre.

Castiel se recostó a su lado en la cama, manteniéndolo cerca de su cuerpo, reconfortándose con el calor de su piel y el aroma de su cuerpo. Desde la cama, detalló cada centímetro, cada rincón de la habitación; era amplia y agradable, tenía su propio baño y cocina, buena ventilación, sin mencionar que el colchón era increíblemente cómodo. John Winchester había pensado en todo para mantener a su hijo cómodo y feliz; había una televisión, libros, videojuegos, un computador portátil, allí estaba la amada guitarra de Dean y una enorme batería, la pared adornada por cientos de fotografías de su familia, que quizás fueron puestas allí para hacerle sentir menos solitario. No cabía duda de que Dean había estado cómodo allí y probablemente nunca se habría aburrido, sin embargo la soledad debía ser abrumadora, sólo con el contacto ocasional de su padre y su tío… sólo esperaba que no quisieran arrebatarle también su compañía.

ooOoo

Cuando despertó, los rayos del sol se filtraban por un par de agujeros en el techo, cuidadosamente cubiertos para evitar que la lluvia entrara y cayera justo sobre su rostro. Miró el reloj de pared ubicado encima del refrigerador, marcando las 10:30 am. Observó de nuevo a Dean que no parecía dar indicios de querer despertar y se preguntó si debería preocuparse. Acarició su rostro y su frente, sintiendo su temperatura un poco más elevada de lo normal, probablemente señales de infección, su respiración ya no era tan tranquila, quizás producto de la fiebre, había sudor cubriendo su frente y su rostro lucía demasiado pálido.

- Hey, Dean, despierta – llamó suavemente acariciando su cabello, pero Dean no parecía dar señales de vida.

- ¡Dean! – lo sacudió un poco más fuerte, pero no hubo respuesta.

Se levantó de un salto, preguntándose qué debería hacer. Miró en todas direcciones, percatándose de que Sam se hallaba de pie en la puerta, con el cabello revuelto y ojos dormilones, llevando sólo un par de bóxer y una camiseta.

- ¿Sucede algo? – preguntó con preocupación, mirando en dirección a su hermano.

- No lo sé. Todavía no despierta, parece tener fiebre, quizás sus heridas estén infectadas.

Los ojos de Sam se abrieron con sorpresa y preocupación antes de darse la vuelta y echarse a correr – iré a buscar a Papá – gritó desde las escaleras.

Castiel se deshizo de las sábanas que cubrían el cuerpo de Dean y lo despojó de su ropa, sintiendo asco al darse cuenta de que aún llevaba la ropa de Jordan. Lanzó las prendas lejos de allí, donde no pudiera tropezar con ellas y se dio a la tarea de examinar el cuerpo de Dean, retirando las vendas que quizás Jordan había puesto antes.

Unos fuertes pasos hicieron eco en las escaleras del sótano, antes de que John Winchester hiciera presencia, acompañado de Bobby, unos pasos más atrás, apoyando su pierna herida en un bastón.

-¿Qué le sucede? – preguntó John acercándose angustiado al cuerpo inerte de su hijo.

Castiel estaba retirando las vendas que quizás Jordan o Ana habían puesto desde el día anterior. Miró a John con anchos ojos azules y sacudió la cabeza – pensé que sus heridas podrían estar infectadas, pero parecen estar bien. La fiebre podría ser ocasionada por alguna clase de virus, sabemos que el lugar tenía altos niveles de humedad, sin embargo eso no explica por qué aún no despierta.

- ¿Alguna teoría? – preguntó Bobby – sabes sobre estas cosas ¿no?

- Me preocupa que alguno de sus órganos se haya dañado cuando recibió la descarga eléctrica, tal vez su cerebro… o tal vez su corazón.

Se inclinó, posando su oído sobre el pecho de Dean, intentando escuchar alguna anomalía en sus latidos – sería más fácil si estuviéramos en un hospital– dijo con un suspiro de exasperación – debemos dejar que lo examine un médico de verdad, con instrumentos reales.

John estaba a punto de reprochar, explicarle por cuantas razones no podían llevarlo a un hospital, pero en ese instante, justo antes de que Castiel pudiese apartar la cabeza del pecho de Dean, el joven comenzó a convulsionar, sus ojos seguían cerrados pero su cuerpo se sacudía violentamente.

- ¡Oh Maldición! – exclamó Castiel, lo cual era preocupante ya que el joven pocas veces maldecía – Ayúdenme a sujetarlo, con cuidado.

John corrió a su lado, sosteniendo delicadamente sus hombros mientras Bobby sostenía las piernas de Dean para evitar que se hiciera daño y Sam no pudo hacer más que mirar horrorizado, temiendo que su hermano pudiera morir justo después de todo lo que habían hecho. Los hombres pusieron al chico de costado sobre la cama para evitar que se ahogara con su propia saliva y observaron a Castiel a la espera de instrucciones.

- ¿Qué hacemos ahora? – preguntó John con desesperación.

Pero Castiel no respondió, ni siquiera pareció escucharlo. Observaba los síntomas de Dean con el ojo de un profesional, a pesar de ser sólo un estudiante y a pesar de que sus manos temblaban llenas de temor y angustia, no obstante, sabía que la vida de Dean dependía de él y no podía darse el lujo de entrar en pánico.

Por fortuna la convulsión duró pocos minutos, tras los cuales Castiel volvió a comprobar sus signos vitales, encontrándolos un poco lentos y desiguales, luego sus ojos, hallando sus pupilas dilatadas y sus labios azulados.

- Dudo mucho que esto pueda ocasionarlo un simple taser - comentó John.

- No era un simple taser, Papá… – explicó Sam, saliendo del shock momentáneo – oh diablos.

Los ojos de Sam se abrieron como si recién se hubiese dado cuenta de algo.

- ¿Qué pasa, Sam? Habla – instó Bobby.

- Ellos dijeron que un taser no era suficiente para inmovilizar a un licántropo, tampoco parecían tener mucho dinero para comprar algo más potente, así que implantaron placas de metal debajo de su piel ya que el metal es conductor de electricidad – dijo casi sin respirar - ¿y si eso es lo que está lastimando a Dean?

- No lo sé, Sam – respondió Cas - nunca había visto algo semejante, Dean ni siquiera es humano, no sé qué cosas puedan afectar su cuerpo… sin embargo, no cabe duda de que hay que extraer las placas.

John suspiró con exasperación – exactamente qué estaban esperando para decírmelo.

Sam y Castiel compartieron miradas, avergonzados, habían estado tan ocupados revolcándose en su auto desprecio y auto compasión, que se habían olvidado de un asunto tan importante. Al ser licántropo habían pensado que Dean era invencible, pero no lo era y aún seguían sin saber con certeza qué podría haber causado su enfermedad.

- No hay tiempo para esto, John – Bobby le recordó que ahora mismo lo importante era ayudar a Dean en lugar de buscar culpables.

- Sí, lo sé – respondió suspirando de nuevo – debemos encontrar esas malditas placas de metal y sacarlas de su cuerpo.

Ahora Dean estaba sobre su estómago y los hombres examinaban la parte trasera de su cuerpo.

- ¡Oh Dios! – exclamó Castiel al darse cuenta de que debieron haber hecho eso mucho antes.

Había varias zonas terriblemente enrojecidas y rodeadas de sarpullido, en su nuca, en su brazo derecho, en su muslo izquierdo y en la parte baja de su espalda, por lo tanto no fue muy difícil descubrir en qué lugar se ocultaban las placas de metal.

- ¿Qué demonios es eso? – preguntó Bobby espantado.

- Tal vez es una reacción alérgica o pudieron haber puesto alguna clase de veneno en el metal, eso explicaría las convulsiones y la inconsciencia – respondió Castiel, palpando delicadamente las áreas afectadas – afortunadamente las placas fueron puestas justo debajo de la piel, no muy profundo, no será difícil sacarlas.

- ¿Va a estar bien? – preguntó Sam.

- Eso espero – dijo sinceramente, tenía que estarlo, porque de lo contrario no creía que pudiera recuperarse alguna vez si lo perdía – necesito un bisturí, navaja, cuchillo, cualquier cosa con la que pueda cortar, debemos desinfectarlo con agua hirviendo y alcohol ¿puedes hacer eso, Sam?

El chico asintió y corrió tan rápido como sus largas extremidades de lo permitieron.

- Iré a traer el botiquín – dijo, John, sintiendo náuseas de ver el cuerpo herido y moribundo del chico que había cuidado como a un hijo y que se había esforzado tanto por proteger del mundo, queriendo evitar que cosas como esas le ocurrieran alguna vez.

Bobby se sentó a su lado y acarició su cabello con dulzura, aunque Dean no pudiera sentirlo.

- Está bien, es más fuerte de lo que piensan – dijo Cas, por primera vez teniendo fe en sus propias palabras, no tenía más opción, no tenía nada más a qué aferrarse.

- Debí haber confiado en él desde el comienzo – admitió Bobby - ¿Sabes, muchacho? Siempre he querido a Dean como a un hijo, más que como a un sobrino, pero el vio un padre en John en lugar de mí… tal vez porque John encajaba mejor en su prototipo de héroe o porque ya tenía a Sam y lucía más como un padre que yo. El punto es que nunca pude cuestionar a John por la forma en que lo trataba, como lo mantenía encerrado aquí, porque Dean siempre lo escucharía a él y si John le decía que era peligroso salir, entonces Dean no querría hacerlo. John le hizo pensar durante mucho tiempo que la felicidad estaba aquí en esta habitación y que el mundo exterior era algo a lo que debía temer… y Dean terminó creyéndole, pero en el fondo yo sabía que no era realmente feliz aquí, simplemente estaba… conforme. Mira, conozco al muchacho y sé que si se recupera de esto… y sé que lo hará, va a querer encerrarse aquí de nuevo. No lo dejes, Castiel, convénselo de que está mejor libre, porque de lo contrario todo volverá a ser como antes y no quiero eso para él. Tal vez Dean te escuche más que a mí.

- Por supuesto – respondió Castiel – voy a intentarlo, lo prometo. Después de todo, no quiero perder a Dean.

En ese instante John regresó con el botiquín y minutos después Sam regresó con el cuchillo. Dean ya estaba perfectamente acomodado en la cama, listo para el procedimiento.

Cuando Castiel hizo la primera incisión, las náuseas lo atacaron. No podía evitar pensar que era la piel de Dean la que estaba cortando. Bobby se apresuró a secar el sudor que comenzaba a rodar por su frente.

- Hey, tranquilízate. Recuerda que no lo estás lastimando, lo estás ayudando, además es un corte superficial, sabes que podrá soportarlo.

Castiel asintió, recibiendo la motivación para terminar el corte y en cuestión de minutos tuvo la primera placa de metal en sus manos, una pequeña placa de bordes redondeados cubierta de sangre.

- Déjame ver eso – le ordenó John y Castiel obedeció.

John limpió el pequeño objeto con la manga de su camisa y frunció el ceño con preocupación.

- Esto no es un metal cualquiera, es plata y los licántropos son sensibles a la plata… esto lo estaba envenenando.

Los cazadores dejaron salir una serie de exclamaciones y gruñidos, sintiendo la ira hervir dentro de su cuerpo.

- Justo cuando pensé que ese Jordan no podría ser más hijo de perra – gruñó Bobby apretando los puños para contener la ira.

- Pero pensé que lo quería con vida – dijo Sam – pensé que quería que sobreviviera para ganar todas las batallas y así ganar dinero, de eso se trataba la competencia ¿no?

- Tal vez no fue Jordan quien los implantó – sugirió John – pudo ser otro de los competidores.

- Tiene sentido – continuó Bobby – su objetivo era hacer débiles a los demás lobos para que el suyo pudiera ganar, probablemente Jordan no tenía idea de que le habían puesto plata en lugar de metal. La muerte de Dean lo hubiera tomado por sorpresa.

Castiel sintió sus manos temblar de tan solo pensar que Dean pudo haber muerto de no haberlo hallado a tiempo, haciéndose más consciente del peligro al que había estado expuesto y sintiendo alivio por primera vez de saber muertos a los demás cazadores que habían organizado semejante tortura, por fin sus ojos se habían abierto y se había dado cuenta de que debía verlos por lo que realmente eran; monstruos y no seres humanos tal como había pensado.

Sam se dio cuenta de lo mismo, sintiendo un poco de alivio al recordarse que no había asesinado a nadie que no lo mereciera, porque la vida de su hermano era más valiosa que la de cualquier otro, porque había pureza y verdadera bondad en el corazón de Dean, en lugar del egoísmo y la crueldad que opacaba los ojos de tantos cazadores.

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