Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 13
Salí del cuarto de baño con una toalla alrededor de mi cuerpo y con otra secando mi cabello, estaba retrasada y si no me daba prisa, no estaría lista a tiempo para cuando Edward llegara a recogerme. Me acerqué a la cama, donde ya tenía la ropa que iba a ponerme, y dejé caer la toalla al suelo; estaba terminado de enganchar los broches de mi sujetador, cuando de pronto el teléfono comenzó a sonar.
—¿Diga? —fruncí el ceño al escuchar el típico sonido de interferencia y una distorsionada voz que me era imposible reconocer del todo—. No tengo tiempo para juegos, así que voy a colgar.
—¡No, no cuelgues! No es una broma o juego, soy yo, Gio —la voz aún se escuchaba algo distorsionada, más sin embargo pude encontrar un vago parecido con la voz de mi amigo.
—¿Gio, qué pasa? ¿Esta todo bien? —me había llamado esta mañana para decirme que vendría a mi despedida de soltera, que Kate y Garrett no pudieron acompañarle pero llegarían a tiempo para la boda mañana.
—Necesito que me ayudes Bella, me asaltaron saliendo del aeropuerto —mi corazón dio un vuelco al escuchar sus palabras.
—¿Estás bien? ¿Te han hecho daño? ¿Dónde estás ahora? —lo abordé con preguntas mientras corría hasta el armario, de donde tomé unos pantalones de deporte, una playera y sin soltar el teléfono me comencé a vestir lo más de prisa que pude.
—Estoy bien, sólo necesito que envíes un taxi a buscarme y...
—De eso nada —le interrumpí—, dime exactamente dónde es que estás y yo misma iré a buscarte.
—No seas testaruda, recuerda que tienes que estar presente en tu despedida de soltera, yo estaré bien.
—No sigas perdiendo el tiempo discutiendo conmigo, sabes que no me harás cambiar de opinión; así que dime dónde diablos estás. Te aseguro que no habrá problema si llego un poco tarde —o al menos eso es lo que espero, terminé para mí.
Soltó un entrecortado suspiro, sabiendo que no me haría cambiar de opinión, y me dijo donde estaba. Corté la llamada y lancé el teléfono sobre la cama, me calcé los primeros zapatos que encontré, unas viejas zapatillas deportivas, y tomé mi móvil, las llaves tanto del coche como de la puerta de entrada y salí corriendo de mi departamento.
Tres cuartos de hora después, estaba aparcando mi coche en la dirección que Giovanni me dio y bajé, en cuanto puse un pie fuera se me puso la piel de gallina, estaba haciendo un poco de frío y en mis prisas por salir no había tomado un abrigo, eso y el miedo que me embargó de pronto. Me encontraba caminando por un barrio poco iluminado y en el cual nunca había estado, era uno de esos lugares que se ven en las películas de terror y en donde siempre hay algún asesinato; definitivamente éste era el último lugar en el que una quisiera estar y mucho menos por la noche.
Caminé unos pocos metros antes de detenerme en seco al encontrarme con un hombre sentado en la acera, tenía la espalda apoyada en la pared y la cabeza gacha, por lo cual no podía saber si era mi amigo o no.
—¿Gio? —pregunté titubeante. Al escuchar mi voz levantó la cabeza y solté un jadeo ante lo que vi, la iluminación no era la mejor más sin embargo era lo suficientemente buena, como para que pudiera distinguir su labio y ceja partidos. Hizo una mueca de dolor y se sujetó el abdomen al ponerse en pie, salí de mi letargo y me acerqué a él.
—Vamos, es peligroso quedarnos por más tiempo aquí.
—¿Qué...? ¡Oh mi Dios! Tengo que llevarte a un hospital —asintió y comenzamos a caminar hacia donde estaba aparcado mi coche.
Me asusté aún más de lo que estaba cuando aceptó tan de buena gana, debía sentirse realmente mal para no protestar ante la idea de poner un pie en un hospital, lugar que estaba en su lista de los diez más odiados.
Llegamos al hospital y le ayudé a salir del coche, se le dificultaba respirar y realmente esperaba que no tuviera algún daño interno que fuera grave. Nada más poner un pie dentro del hospital chillé horrorizada al poder ver su rostro con claridad gracias a la luz, estaba hinchado por los diversos golpes y cubierto de sangre.
—Yo me quedaré aquí y tú te vas, tienes que llegar a...
—No pienso moverme de aquí, no hasta que el doctor me diga que estás bien. Si Kate estuviera contigo, no tendría problema y me iría tranquila sabiendo que no te quedas solo, pero no está y me quedo, punto.
Sin darle tiempo a protestar me acerqué a recepción y le di los datos de Giovanni a la chica que no dejaba de darle miradas nerviosas a mi amigo, y como no, si el hombre parecía recién salido de una de las películas de Rocky; unos minutos después lo pasaron con el doctor de guardia y como no me permitieron ir con él, no tuve otra opción más que sentarme y esperar por noticias en la sala de espera.
Unos minutos después pegué un bote sobresaltada al escuchar el sonido de mi móvil, lo saqué del bolsillo de mi pantalón y me apresuré a contestar al ver el nombre de Edward en la pantalla.
—¿Dónde estás? Tengo más de diez minutos fuera de tu departamento, llamando a la puerta como un estúpido —mierda, ese tono de voz era el que usaba cuando estaba cabreado, en serio muy cabreado.
—Estoy en el hospital con...
—¿El hospital? ¿Te ocurrió algo? ¿En cuál estás? Dímelo e inmediatamente voy para allá —solté un suspiró, no me le iba a gustar nada lo que estaba por decirle.
—Tranquilo, yo estoy bien pero... asaltaron a Gio y estoy con él —juró que escuché como sus dientes rechinaban, ante la mención del nombre de mi amigo.
—¡Ah claro, están en el hospital! —gritó con una mezcla de ironía y furia—. Dime una cosa Isabella, ¿tengo que comenzar a llamar a los invitados, y decirles que la boda se cancela?
—¿De qué estás...?
—Cuando estuvimos en Napa, escuché claramente cuando ése hijo de puta te dijo que si cambiabas de opinión se fugarían juntos. ¿Sabes? No soy un idiota, si estás con... Gio —escupió el nombre como si fuera la mayor aberración del mundo—, en lugar de estar en nuestra despedida de solteros, me queda muy claro que has tomado la decisión de...
—¡¿Que maldita parte no has entendido?! —grité sin importarme en donde estaba—. Estoy en un jodido hospital, con mi amigo que acaba de ser asaltado y brutalmente golpeado, no fugándome con él como tú piensas —respiré profundo y parpadeé en repetidas ocasiones para alejar las lágrimas—. Creí que en el tiempo que hemos estado juntos, ya te habrías dado cuenta de que yo... Olvídalo, no tiene caso ni siquiera mencionarlo.
—Sólo necesito que me digas una cosa, ¿qué les digo a las personas que pregunten por ti esta noche? ¿Les digo que de último momento decidiste tener una despedida de soltera privada?
—¡Vete a la mierda Edward Cullen! Y sabes qué, sí, dile a todo mundo que la boda se cancela porque me fugué con mi amante —corté la llamada sin esperar respuesta de su parte.
Una lágrima rodó por mi mejilla y la limpié con un brusco movimiento, después de este tiempo que hemos pasado juntos creí que al menos sospecharía que siento algo por él, pero ya veo que estaba muy equivocada. Que al menor contratiempo, Edward saltará a pensar lo peor de mí.
Una hora después el doctor que atendió a Giovanni se acercó a mí, me explicó que tenía diversos golpes y contusiones, un par de costillas fisuradas y la nariz rota; me aseguró que se pondría bien, pero que por precaución debía pasar la noche en el hospital para mantenerlo en observación. Tomé una profunda respiración antes de abrir la puerta y entrar a la habitación donde estaba Giovanni, tenía los ojos cerrados y respiraba pausadamente, pero sabía bien que no estaba dormido.
Ahora que los restos de sangre había desaparecido de su rostro, podía notar las manchas rojizas que pasarían a ser feos moratones, así como también los pequeños cortes que estropeaban su piel. Abrió los ojos y al verme suspiró.
—Viviré, ahora puedes irte tranquila.
—Tonto, ya sé que vivirás pero aun así no me iré, tengo intensión de quedarme toda lo noche aquí, cuidándote. Aquel sofá parece la mar de cómodo —señalé con la cabeza el sofá en la esquina de la habitación, se removió y me acerqué sentándome en la silla al lado de la cama.
—¿Qué te pasa? —me conocía incluso mejor que yo, así que no tenía caso negarle que algo me pasaba y le conté acerca de la llamada de Edward, como también de sus estúpidas ideas—. Entiéndelo Bella, está celoso.
—Pero no tiene razón alguna para estarlo, tú eres como un hermano para mí —me tendió su mano y la tomé dándole un apretón.
—Eso lo sabemos tú y yo, pero él no. Lamento que todo esto haya pasado —soltó un sonoro bostezo y solté su mano.
—No tienes que disculparte por nada, lo que pasó no fue culpa tuya. Y lo mejor es que duermas, estás hasta las cejas de medicamento para el dolor y de seguro tienes sueño —asintió y cerró los ojos.
Unos minutos después Giovanni estaba dormido profundamente, mi móvil sonó y era un mensaje de Jane, preguntándome dónde diablos estaba y diciéndome que Edward había llegado acompañado por la zorra de Victoria. Aguantándome las ganas de llorar, le respondí contándole a grandes rasgos lo que había pasado, apagué el móvil y me recosté en el incómodo sofá que sería mi cama por esta noche.
Pasaron largas horas en las que no pude hacer más que pensar en lo que me había dicho Jane, Edward había llegado acompañado por Victoria a la que sería nuestra despedida de solteros, tal vez sí que habría boda después de todo, pero con un ligero cambio: la novia.
Resoplé con frustración y cerré los ojos, me llevó apenas unos cuantos minutos caer dormida, presa del cansancio más bien mental que físico.
—Bella, despierta con un demonio —abrí los ojos asustada cuando alguien me zarandeó como si fuera yo una muñeca de trapo, le di una mirada de odio a Jane que sonreía con inocencia.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté en voz baja para no despertar a Giovanni.
—Vengo a relevarte, necesitas al menos una cuantas horas de buen descanso antes de la boda. Abría llegado más temprano, si es que me hubiese dicho en qué hospital estaban, pero como no lo hiciste, hemos tenido que recorrer todos los hospitales de la cuidad —abrí la boca con toda la intensión de protestar pero no me dio tiempo ni a respirar, me hizo poner en pie y a punta de empujones me sacó de la habitación—. Por cierto, necesito que me dejes las llaves de tu coche, la persona que me ha traído te llevara a tu departamento.
Antes de que pudiera sacar las llaves de mi bolsillo, ella misma las sacó y se metió a la habitación cerrándome la puerta en las narices. Respiré profundo y di media vuelta, pero no pude dar ni un paso, pues me encontré con un cabizbajo Edward. Tenía las manos metidas en los bolsillos de sus vaqueros y estaba apoyado en la pared, me recordé que estaba molesta con él y me contuve de soltar un suspiro al ver lo sexy que se veía con esos vaqueros oscuros y ajustados, la camisa gris claro con un par de botones abiertos y un suéter color índigo, de cuello en V que se abrazaba perfectamente a sus brazos y torso.
—¿Vienes a impedir mi intento de fuga con Gio? —pregunté con ácido sarcasmo—. Es una lastima que no llegaras un momento antes, no sabes lo bien que la pasamos juntos en esa cama de hospital. Ni la nariz rota, las castillas fisuradas o las contusiones, fueron un impedimento.
—Yo... —murmuró cerrando las manos en apretados puños y tomó un par de bocanadas de aire—. Lo lamento, ¿de acuerdo? Sé que no es escusa pero... ¡Maldición, los celosos me cegaron!
—Y no te faltó tiempo para encontrar quién ocupara mi lugar.
—Victoria es mi amiga —rebatió clavando los ojos en los míos.
—Una muy buena amiga por lo que tengo entendido, si hasta te acostabas con ella —pasé a su lado y comencé a caminar hacia la salida, escuché sus pasos detrás de mí pero no dijo nada hasta que estuvimos fuera.
—Bella, perdóname por todas las tonterías que te dije —seguí caminando pero no por mucho, ya que se plantó frente a mí y me sujetó con suavidad por los brazos.
—Suéltame —siseé tratando de soltarme de su agarre, que se hizo un poco más fuerte pero sin llegar a lastimarme.
—No, no lo haré hasta que me escuches. Bella, tú mejor que nadie sabe que los celos nos llevan a hacer cosas que no...
—¡Maldita sea Edward, no tienes por qué sentir celos de él! Gio es para mí como un hermano, ¡un hermano! —grité interrumpiéndole.
—¡Con un demonio, pero él no te ve de la misma manera! —gritó de vuelta y, no sin esfuerzo, me zafé de su agarré.
—Sí, tienes toda la razón. Gio siempre ha sido sincero respecto a eso conmigo, él siente algo más por mí pero yo le he dejado muy en claro que solamente puedo darle mi amistad —tomé una profunda respiración y agregué—: Si no puedes confiar en mí, no hay nada que hacer juntos.
—¿Y tú sí confías en mí? —solté un pesado suspiro y apoyé la frente en su pecho, sus brazos me rodearon y besó el tope de mi cabeza—. Dime que nos casaremos mañana, tal y como lo teníamos planeado.
—¿Estás dispuesto a dejar tus celos hacia Gio? —por unos momento no dijo nada, soltó el aire con pesadez antes de hablar de nuevo.
—Haré lo posible por tolerarlo y tener un buen trato con él, por ahora es lo mejor que puedo ofrecerte —y sin duda era más de lo que me esperaba—. Pero, ¿harías lo mismo con Victoria? —me separé de él y le di una mirada resentida.
—No lo haré, Gio y yo no nos hemos acostado como tú y Victoria sí lo han hecho.
—Más allá de eso Victoria es mi amiga, y no te estoy pidiendo que salgas con ella a tomar café como si fueran grandes amigas, lo que te pido es que cuando nos encontremos con ella no quieras saltarle a la yugular —suspiré rendida, podía tratar de lidiar con eso, siempre y cuando no nos encontráramos con ella más de una vez al año.
—Bien, trataré de hacer lo mejor que pueda —me dio una de sus sonrisa torcidas y sus brazos volvieron a rodear mi cintura, acercándome a él.
—¿Eso quiere decir que la boda sigue en pie?
—Sí —acercó su rostro al mío pero antes de sus labios rozaran los míos, giré la cabeza a un lado esquivándolo—. Aún sigo molesta contigo, así que llévame a mi departamento, necesito dormir unas horas para no tener ojeras. No quiero salir fea en las fotografías de nuestra boda —negó con diversión pero no discutió.
Me llevó a mi departamento y me acompañó hasta la puerta, tomándome por sorpresa atrapó mis labios con los suyos en un beso que volvió mis piernas de gelatina, me besaba con la pasión con que lo hacía otras veces pero había algo más, algo que no pude descifrar con exactitud. Terminó con el beso y murmuró un: te veo en unas horas más, antes de dejar un casto beso en mi frente y marcharse.
Me estiré con pereza en la cama y abrí los ojos, no pude evitar sonreír y de un salto me puse en pie, el día por fin había llegado, y en unas horas más me convertiría en la esposa de Edward Cullen. Sin dejar de sonreír hice la cama, saqué mi vestido del armario y lo extendí sobre la cama, por varios minutos estuve contemplándolo, siendo sincera aún me parecía increíble que fuera a casarme y precisamente con Edward, el hombre que aún sin saberlo me había robado el corazón con tan sólo una mirada y su tímida sonrisa a los quince años.
Abrí las llaves del agua de la bañera y regulé la temperatura, puse un poco de jabón y unas cuantas gotas de esencia de lavanda, mi favorita; mientras la bañera se llenaba até mi cabello en un moño flojo y me quité el pijama. En cuanto el agua tibia entró en contacto con mi piel, solté un suspiro satisfecho ante la sensación de tranquilidad que me llenó, cerré los ojos y dejé que mi cuerpo se relajara en medida de lo posible.
Salí de la bañera hasta que el agua se enfrío, tomé una toalla y me sequé para después enfundarme en un albornoz. Fui a la cocina a prepararme algo ligero para desayunar, pero me detuve en seco al ver a la persona que iba de un lado a otro por mi cocina.
—Mamá, ¿qué haces aquí? ¿Cómo entraste? —volteó a verme y me dio una sonrisa antes de continuar con lo que fuera que hacía.
—Buenos días para ti también cariño, vine para ayudarte a arreglar. Y entré con la llave que tú misma me diste, cuando recién te mudaste ¿recuerdas? —claro, le había dado una llave de repuesto por cualquier eventualidad que se pudiera presentar.
Dejó un par de platos sobre la mesa y me ordenó sentarme a desayunar, así lo hice y le di un sorbo a mi taza de café, ella se sentó en la silla a lado de la mía y desayunamos sumergidas en una emotiva charla, recordando anécdotas de cuando era una niña; cuando terminamos entre ambas nos pusimos a lavar los platos sucios.
—Voy por unas cosas que dejé en la sala de estar, ve y espérame en tu habitación que tenemos el tiempo justo para estar listas. No querrás llegar tarde a tu propia boda ¿verdad? —sonreí con diversión, todavía faltaban poco más de cuatro horas para que la hora de la ceremonia llegara y ella hablada como si fueran apenas unos minutos.
Tomé mi móvil que estaba sobre la mesita de noche, me senté en la silla frente a el tocador y llamé a Jane, la cual me contestó al quinto timbre.
—Sí, ya sé para qué me llamas. Aquí va el reporte, Gio está perfectamente bien, lo cual muestra que soy una muy buena enfermera. Hace un par de horas le dieron de alta y se marchó a su hotel con su hermana Kate y el maldito traidor de Garrett, que llegaron esta mañana —sonreí, mi rubia amiga aún no le perdonaba a Garrett que no la invitara a su boda—. En fin, ya los verás después en la iglesia.
—Muchas gracias, por todo, Jane.
—No tienes nada que agradecer, fue todo un placer cuidar de Gio por ti —fruncí el ceño al escuchar el suspiro abatido que soltó, pero antes de que pudiera preguntarle algo al respecto agregó—: Tengo algunas cosas que hacer, te veré en unas horas más.
Por un par de minutos que quedé pensativa viendo fijamente mi móvil, algo pasaba con Jane, algo en lo que estoy segura Giovanni tenía mucho que ver, pero la pregunta del millón aquí era: ¿Qué diablos pasaba?
Horas después estaba maquillada y peinada, mi madre había hecho un excelente trabajo, sin duda tenía buena mano para esto y pereciera que la mejor estilista de Nueva York me hubiese arreglado.
Las manos me temblaban a causa de los nervios mientras me ponía las medias y las sujetaba al ligero, mamá regresó a la habitación unos minutos después ya lista, enfundada en un hermoso vestido color azul oscuro; me ayudó a poner mi vestido y me calcé los zapatos, unos cómodos zapatos de tacón bajo, color blanco y con un lindo detalle floral de encaje. Sonrió emocionada y sus ojos se llenaron de lágrimas, pero parpadeó un par de veces para alejarlas.
—Te ves hermosa. ¡Oh mi Dios! Me parece que fue apenas ayer cuando te tuve por primera vez en mis brazos, y ahora estás a punto de casarte, de comenzar una nueva vida y tu propia familia —sonreí y sin importarme el que mi vestido pudiera arrugarse la abracé—. Te amo mi cielo, espero que Edward te haga feliz y te ame como mereces.
—Yo también te amo, mami —la puerta se abrió dejándome ver a mi padre, que con una sonrisa, entró acercándose a nosotras.
—Debemos irnos ya, acaba de llamarme Carlisle y me dijo que Edward está a punto de tirar abajo la iglesia. Los nervios de que no llegas lo están destrozando —no pude evitar tensarme, estoy segura de que sigue pensando que voy a fugarme con Giovanni en cualquier momento.
—Espéranos en la sala, Charlie. Voy a terminar de arreglar a Bella, no tardaremos demasiado —mi padre rodó los ojos sabiendo que ese "no tardaremos demasiado" podía tener un significado por demás alejado de la realidad.
Tomó mi mano y prácticamente me arrastró hasta el espejo de cuerpo entero ubicado en la esquina de mi habitación, sonreí al ver mi reflejo y de pronto supe que era real, que en verdad estaba a punto de casarme. Mi cabello estaba recogido en un lindo y sencillo moño, con una discreta tiara de pedrería; maquillaje no demasiado cargado siendo lo más natural posible. Y mi vestido, mi vestido era simple y sencillamente hermoso, todo lo contrario a lo que había imaginado, no era un vestido sencillo; era un vestido corte princesa, escote corazón, y un elaborado bordado floral con pedrería cubría parte del talle como de la falda.
Quince minutos después estaba sentada en el asiento trasero del coche de mis padres, al llegar a la iglesia, mi estomago dio un vuelto y tuve la sensación de que mi desayuno quería estar en cualquier lugar, menos donde se encontraba. La puerta del coche se abrió y mi padre me ofreció su mano para ayudarme a bajar, tomé una profunda respiración y la tomé.
Pude ver como alguna personas entraban a la iglesia al verme llegar, entre ellos Garrett y Kate que me saludaron antes de perderse dentro del lugar. Jane, Alice y Rosalie, mis damas de honor vestidas con hermosos vestidos color turquesa, estaba paradas junto a la puerta y charlaban alegremente, de pronto noté como la sonrisa de Jane se volvía forzada y su cuerpo se tensaba mientras veía algo detrás de mí. Y al escuchar una voz hablarme, supe que se trataba de un alguien y no un algo.
—Bella, ¿puedo habla un par de minutos contigo? —asentí y nos alejamos unos cuantos pasos.
—Luces fatal —dije repasando con la mirada cada uno de sus moratones, sonrió y sus ojos vagaron fugazmente por mi cuerpo.
—En cambio, tú luces hermosa —soltó un pesado suspiro y frotó su cuello con nerviosismo—. No le contaste a Edward sobre lo que pasó cuando estuviste secuestrada y quién lo hizo, ¿cierto? —fue directo al grano.
—Gio, te lo digo en serio, este no es precisamente el mejor momento para hablar sobre ése tema en particular.
—¿Hasta cuándo vas a comprender que no podrás ocultar la verdad por siempre? Él tarde o temprano se enterará y va a reprocharte que no tuvieras la confianza de contárselo desde un principio, debiste hablarlo con él y...
—¡Basta Giovanni! Edward no tiene por qué enterarse, no va a enterarse nunca, ¿lo entiendes? —acuñó mi rostro entre sus manos, obligándome a levantar la mirada y verlo directo a los ojos.
—¿Realmente estás segura de que podrás ser feliz con él?
—No, pero estoy dispuesta a arriesgarme y dar lo mejor de mí para que así sea —me soltó y se alejó un par de pasos.
—Sabes que te quiero y me preocupas, no soportaría verte hecha pedazos de nuevo —dudó por un momento pero al final se acercó y me abrazó con fuerza—. No solo estaba bromeando en Napa para molestar a Edward y hasta que no digas sí acepto, estaré esperando que cambies de opinión. Recuerda que todavía estás a tiempo de cancelar todo esto y huir, en el momento en que decidas escapar sólo dame una señal y sin importar quién se interponga, te sacaré de ahí dentro y te llevaré lejos.
Rompí el abrazo cuando mi padre se acercó diciendo que ya era momento de entrar a la iglesia, le di una última mirada a Giovanni y me enganché al brazo que Charlie me ofrecía. Mientras caminaba junto a mi padre no pude evitar preguntarme ¿estaba haciendo lo correcto al casarme con Edward, sin antes haber hablado con él sobre... eso?
Continuará...
¡Hola! Aquí está el capítulo de esta semana y ojalá no quieran matarme por cortarlo justo aquí, pero quería añadir un poco de suspenso. ¿Será que hay boda o al final se cancelará? La respuesta la conoceremos en el próximo capítulo. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, ahí estaré publicando imágenes relacionadas a la historia como también adelantos de la misma, les invito a unirsenos y si les interesa encontrarán el Link en mi perfil.
Muchísimas gracias a quienes agregaron la historia a sus alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se toman un momentito de su tiempo para dejarme un review y alegrarme el día, no los respondo por falta de tiempo, pero sepan que los leo todos y cada uno de ellos.
¿Algún review? =)
¡Hasta el próximo viernes!
