Sakura Card Captor

Sakura / Syaoran

Advertencia: Completamente OoC y para mayores de 18


Capítulo V

Decepción; en la imaginación era mejor.

Estaba aturdida, puesto que no era nada normal que me ocurriera algo de ese tipo; mucho menos tan temprano por la mañana, no obstante el tomó aquello como una aceptación de mi parte y cuando recién sentí la húmeda y cálida lengua intentando profundizar el beso, fui capaz de reaccionar y poner distancia entre ambos y hacer una pregunta alternativa a la que realmente deseaba expresar.

¿Quién te crees que eres para venir a mi casa y hacer esto? – le exigí una respuesta.

Él intentó escapar de mi pregunta acortando la recientemente adquirida distancia que había obtenido, pero antes de que él pudiera lograr su cometido di otro paso hacia atrás.

Escúchame, Syaoran… yo no soy alguien con quien puedas estar cuando quieras. Si anoche te di esa impresión, entonces te pido que lo reconsideres – le aclaré.

Observé cómo su rostro adquiría un color escarlata muy poco común. Estaba evidentemente avergonzado, y por primera vez yo no lo hacía a propósito. Se lo merecía.

No me malinterpretes. Anoche…- comenzó a hablar.

No tienes que decírmelo; lo que sea que haya sido que te hizo escapar así no tienes que explicármelo – lo interrumpí.

Me moría de ganas de saber qué era lo que lo había hecho escapar de esa forma tan precipitada y evidente, pero también tenía miedo de saber que había algo malo en mí que hacía escapar a los hombres de esa forma. No me sentía tan fuerte en ese momento para poder sobrellevarlo, pero la incertidumbre era mucha, así que si no lo despachaba terminaría preguntando.

Tengo cosas por hacer… y no quisiera llegar tarde… – solicité educada y calmadamente.

Cuando él aceptó mi petición sin rebatirla, volví a sentir algo como una punzada en mi pecho. Me habría gustado en el fondo que él hubiese insistido un poco más…

Volví a mi habitación y la decisión que había tomado en la noche sobre cambiar mi vida comenzó a pesarme; había sido más fácil jurarme a mi misma que "mañana" todo cambiaría, porque ahora que ya había llegado ese "mañana" llevarlo a cabo no parecía tan atractivo y fácil como en ese momento. Todo era más difícil una vez que el plazo terminaba y uno debía terminar por asumir la responsabilidad. Respiré hondo, busqué mi toalla, la misma que había jurado también colgar después de usar pero que seguía donde la dejé en un principio, y me fui a la ducha, sin pensar en más ejemplos en los que no cumplía con lo que me proponía aunque fuera tan mínimo como eso, porque si lo hacía terminaría acobardándome y siendo condescendiente conmigo misma.

Una vez vestida con lo más decente (y sin pelos de gato), que tenía en el closet, me dirigí al lugar donde me había prometido no ir.

Soy Sakura Kinomoto ¿está disponible Yue? Es decir Yue Tsukishiro – pregunté tímidamente a la secretaria luego de entender mi error.

Ella me miró como si el mencionar ese nombre fuera lo mismo que una invocación al anticristo. Esperé unos instantes a que ella lo alertara de mi presencia y luego de unos segundos obtuve mi respuesta.

El señor Tsukishiro dice que lo espere – me informó solemne.

Me senté en un sofá que ya lo quisiera tener en mi salón. Traté de mantener la compostura, pero ya pasados los veinticinco minutos comencé a abandonar la posición que según yo parecía más seria y sofisticada. A los cuarenta minutos ya me había derretido en mi asiento, ante la mirada desaprobatoria de la secretaria. Juro que cerré los ojos por lo que pensé que había sido unos segundos, pero cuando los abrí vi unos zapatos negros, impecables y brillantes frente a mí, subí la mirada y me encontré con un hombre de traje a la medida: Yue.

No cambias ni un poco, ¿verdad Kinomoto? – dijo con una sonrisa sádica.

De todas las personas que no podían encontrarme así de desprevenida, él era el que menos debía hacerlo.

Sígueme – ordenó y caminó hacia su oficina.

Lo seguí sin cuestionar su tono dictatorial, porque después de todo había sido yo la que acudió a él.

Me indicó el asiento que debía ocupar y se sentó frente a mí, mirándome sin ningún disimulo, tratando de ocultar la sonrisa que yo sabía que apenas contenía.

¿Vienes a lo que me imagino? – dijo muy pagado de sí mismo.

– admití sin ánimos de caer en su juego.

Muy bien – dijo escuetamente.

Y sin decir otra palabra se puso a trabajar en su computador ante mi mirada anonadada por la forma en que había tomado mi petición. Creí que me molestaría o diría algo más, pero no, el comentario nunca llegó.

Estoy confundida… ¿no me sacarás en cara el que haya venido hasta acá? A pedirte algo a ti…- enfaticé

No. – respondió escuetamente.

En la habitación sólo se escuchaba el sonido de las teclas. Y en ese momento recordé el cómo nos habíamos conocido él y yo.

Estaba en mi primer año y él en el último, era el ayudante de una asignatura que todos odiábamos. Tenía la impresión de que incluso él la odiaba. Siempre rindiendo al mínimo y cumpliendo apenas con los objetivos, era mi manera de vivir la vida universitaria, y él lo sabía y fue cuando concluí que me detestaba. Trató por todos los medios sabotearme, complicándome en las disertaciones, tratando de ponerme en aprietos preguntando cosas tan específicas que hasta la profesora lo miraba sorprendida, pero nunca consiguió su cometido de dejarme en evidencia. El semestre terminó, y con eso su ayudantía. Unos días antes del último día me lo encontré en las escaleras de emergencia y yo sólo lo saludé y seguí mi camino, pero él me detuvo y me confesó innecesariamente lo que yo siempre di por hecho, y era que odiaba a las personas como.

Las personas como tú que no tuvieron que luchar por nada en su vida son todas así; entran en la universidad sin esforzarse sólo porque pudieron pagar el colegio correcto y nutrirse de la mejor educación. No te tomas nada en serio y es una burla tu actitud. De esa forma insultas a tus compañeros que se esfuerzan por sus calificaciones. – Inquirió furioso.

Escuché cada palabra y sentí lo que me dijo. No pensé que fuera justo que supusiera que había estado en una escuela privada, pero respecto a mi actitud no tenía nada que rebatir… Asentí, y sin querer seguir escuchando verdades indeseables gratis, subí un escalón para continuar mi camino, pero seguidamente sentí que me aplastaba contra la baranda y a continuación me robó, el que hasta el día que conocí a Syaoran, había sido el mejor beso de toda mi vida. Había ira en su manera de poseer mis labios y no fui indiferente a ese despliegue de emociones fuertes y le respondí sin contenerme, hasta que escuchamos que alguien venía bajando y nos separamos de inmediato. Fue extraño e intenso, y nunca volvió a pasar, fue algo muy del minuto; aunque coqueteábamos cuando nos veíamos nunca más volvió a ocurrir. Después mantuvimos el contacto a través de internet, ya como amigos y un día, en mi último año, él me dijo que cuando me pusiera seria y decidiera hacer algo de mi profesión acudiera a él. Ninguno dijo algo más, pero a mí se me quedó grabado por algún motivo.

¿De verdad no me preguntarás nada? – insistí sin poder creerlo aún.

Se levantó y fue a buscar una hoja a la impresora, que estaba un poco más allá.

Eres desastrosa y poco esforzada, pero eres increíblemente inteligente. Intenté derrotarte intelectualmente pero no pude y eso me enfurecía. Nunca pediste por ayuda aún cuando la pudiste haber necesitado y yo te la había ofrecido innumerables veces, eso me molestaba más que el hecho de ayudarte. Eres como un gato que siempre cae de pie, piensas rápido, resuelves cosas y situaciones complejas efectiva y eficazmente, y siendo realista eso era lo que envidiaba de ti, porque a diferencia tuyo yo tenía que prepararme para ser igual de bueno, pero eso no es algo que deba aplacar, es algo que debe ser aprovechado… y si te has decidido a pedirme algo, ya que nunca lo hiciste antes, es porque debes estar decidida – contestó.

Asentí sonrojada por sus halagos, que no estaba acostumbrada a recibir, y lo quedé mirando sus ojos claros.

Ahora mismo no hay nada disponible – dijo serio.

Bajé la cabeza un poco decepcionada. Temía que si no salía nada el impulso que tanto me había costado obtener se esfumaría.

—… así que pasado mañana a las nueve de la mañana. Se puntual. No te disculparé un solo segundo de atraso – dictaminó.

Él se volteó y sin ninguna clase de demostración de buenos modales, me indicó la salida, dejándome con más preguntas que respuestas. Me retiré del lugar teniendo en cuenta que lo único que tenía claro era debía ser puntual al llegar pasado mañana.

Llamé a Mei Ling y me contó que todo andaba bien con su embarazo. Me alegré. También me avisó que volvería en unos días. Algo se traía en mente. Ningún movimiento por simple que pareciera por parte de ella era algo que no fuera planeado minuciosamente.

Volví a mi casa y me senté. Nunca me había dado cuenta de que tan grande era el lugar donde vivía porque no me había detenido a pensarlo, pero ahora que papá no estaba, que Mei Ling se había ido y de que mi gato decidiera que pasar el día donde el vecino era más interesante que estar en su casa, no me había sentido nunca como una persona tan solitaria; había una diferencia entre estar solo y ser solo.

Fui a la habitación de mi padre, a la cual no había ido desde aquel desafortunado e inesperado suceso y me sentí frágil. Su masculino perfume seguía inundando el lugar como cualquier otro día, como si él no hubiese dejado de habitar ahí; no por nada decían que el más poderoso de los sentidos para evocar el recuerdo era el olfato. Deshice la cama, y amontoné todo en un lugar, fui a su baño y boté su cepillo de dientes y artículos personales en una bolsa que había llevado para ese propósito y sin darle vueltas y sentirme como una intrusa me dirigí a sus cajones y me fijé en cada cosa antes de botarla y noté como de simple las cosas que una persona atesora por años, pueden ser botadas por otra con tal libertad. Me di cuenta a su vez que recién entonces estaba viviendo duelo. Lloré en silencio mientras desocupaba su habitación. Me lo permití y me dije a mi misma que no había nada de malo en eso, llorar no me hacía más débil.

Anocheció y yo ya tenía todo en unas cajas que había decidido donar a la caridad de la primera comunidad religiosa que encontré. De las cosas de mi papá sólo quedaban libros, lápices y esa fragancia que me recordaba el olor leños recién cortados y fue definitivo para mí, él ya no estaba más. Me sentí inmensamente desprotegida y vulnerable… como nunca me había sentido antes.

El día siguiente me concentré en encontrar ropa adecuada para trabajar, a diferencia de todos los demás días ahora estar en casa no parecía tan bueno como en esos días pasados y cualquier excusa era lo suficientemente buena para no regresar pronto; inclusive el adquirir ropa, una de mis actividades menos preciadas en la vida, y que sí, no eran pocas, pero esa ocupaba un lugar especial dentro de las muchas cosas que detestaba. No era una persona que supiera de ropa más que lo básico: no se mezclan estampados ni líneas, rayas y cuadros, no más de tres colores distintos, por lo que no me avergoncé al pedirle ayuda a la chica que vi que me observaba al parecer entretenida ante mi desconcierto.

Ella era una chica, de mi edad más o menos y con paciencia; con alto sentido del gusto y conocimiento, encontró lo que andaba yo buscando sin siquiera saberlo, porque terminé con ropa con la que no parecía una anciana, sino una adulta joven seria. Se lo agradecí, pero pronto me avergoncé al descubrir que ella no trabajaba ahí, sino que era la dueña del lugar.

Disculpa, de verdad no quería molestar – insistí – de verdad pensé que trabajabas acá…

No te preocupes, me encantó ayudarte. Mi nombre es Tomoyo Daidouji, por favor, vuelve cuando quieras. De hecho ¿quieres acompañarme a tomar un té? – me invitó sonriente.

Yo no era de tener muchas amigas o de acercarme a la gente con demasiada facilidad, pero hubo algo en ella que esas barreras que solía levantar para no acercarme a las personas que ella con su sonrisa sincera no logró que las levantara. Quizá fue su tono dulce y tranquilo de voz, pero por lo general ese tipo de personas con un carácter dulce eran las primera personas de las que rehuía, y no por mi bien, si no por el de ellas, se me daba fácil lastimar a las personas sin quererlo. Me quedé con ella lo que restó de la tarde, conversando como si nos hubiésemos conocido de toda la vida. Me despedí y prometí que volvería.

Llegó el día en el que me tuve que presentar al trabajo y ya diez minutos antes para que hora de llegada asignada llegara yo me encontraba ahí. Levantarme temprano no fue tan duro como creí.

Yue al verme en la oficina antes que él mismo me miró como esa vez que nos besamos, fue intenso, pero tan imperceptible que llegué a preguntarme si no lo había imaginado.

Dime para que soy buena – le solicité. Estaba impaciente.

¿Buena para algo? ¿Tú? ¿Sin presiones? En nada. – respondió descortésmente.

¡Oye! – lo detuve.

Trabajaras para mí, apenas si tienes experiencia en esto así que iremos incrementando tus responsabilidades paulatinamente. Es muy distinto a la práctica que tuviste antes de salir por lo que todo lo que hagas lo examinaré. Sabes inglés, ¿no? Necesito que leas esto y me hagas un informe sobre lo que exponen y quiero que hagas otro con tu opinión al respecto. ¿Qué es esa cara? – evidenció al ver mi expresión.

¿Y cuánto me vas a pagar? – expuse.

El mínimo. Estás a prueba. Tómalo o déjalo – dijo avaramente.

Lo pensé con detenimiento y al ver el "informe" del mismo grueso que el Nuevo Testamento, por la módica suma me acobardé, pero al ver la mirada burlona de Yue, tomé la decisión.

¿Y dónde voy a trabajar? – consulté nuevamente.

Aquí, conmigo. No te dejaré un minuto sola. Espera, además todos los días deberás pasarme tu consola, te la devolveré a la hora de almuerzo y luego volverás a entregármela, y al final del día la tendrás de nuevo – aclaró.

Aquello si me indignó.

¡No tienes derecho! – recalqué.

¿No? – dijo con una sonrisa maquiavélica – Entonces ¿puedo suponer que maduraste lo suficiente como para no andar encorvada por la vida mirando tu pantallita? No creo que haya sido tan grande el milagro.

Esa vieja creencia que los juegos tenían que ver con madurez me había traído problemas con muchas personas en el pasado. Me agotaba aquel pensamiento retrogrado y poco sustancioso, pero en ese minuto no podía darme el lujo de pelear contra él.

Le entregué mi adorado Nintendo 3DS rojo.

Sabía que lo traerías contigo… aunque es distinto al que solías llevar – recalcó al verlo.

Han pasado años desde entonces. Actualízate – espeté.

Él sonrió y me entregó un computador portátil, el "pequeño" informe, y me indicó mi lugar de trabajo en un escritorio que claramente nunca había sido pensado en ese lugar porque no pegaba con la decoración, y que era del mismo tamaño del de un escritorio en la universidad: mínimo.

Estaba oxidada, había salido hacía sólo un año pero se sentían como siete. Los conceptos me sonaban pero no podía estar segura de nada, por lo que tuve que empezar mi propia investigación para poder seguir con el informe. Afortunadamente San Google me salvaba la vida en cada ocasión que se lo solicitaba.

Los días comenzaron a pasar y aunque sentía que no avanzaba traté de no impacientarme y comencé a tomar el ritmo. Me imponía pequeñas metas, diez páginas al comienzo, luego quince y luego veinte. A las dos semanas ya me sentía de nuevo familiarizada con el ambiente y la jerga propia de nuestra profesión. Ya no le pedía a Yue mi Nintendo a la hora de almuerzo, ocupaba el tiempo para adelantar, porque al iniciar la tercera semana me di cuenta de que apenas y llevaba la mitad.

Llegué a mi casa un poco desanimada, porque parecía que no avanzaba sin importar cuando lo intentara. Busqué a Kero y lo llevé conmigo al sofá, lo dejé sobre mi pecho mientras lo acariciaba. Había pasado tiempo desde que él se dejara mimar por lo que aproveché de que estaba con la guardia baja para masajearlo, compartiendo un tiempo de calidad mascota-dueña, cuando la campanilla de la puerta sonó, haciendo que pegara un salto y él se asustó enterrándome las uñas en su afán de huir. Maldije al jodido gato y a quien fuera que provocara la situación.

¿Eso que escucho a través de la puerta son groserías? ¿es que acaso estás mascullando tu odio hacia tu visita? ¿Tan poca clase tienes?– dijo Mei Ling sonriendo.

Abrí la puerta no tan sorprendida de encontrarla, aunque se me había olvidado que había anunciado que llegaría. Con ella nunca se sabía de todos modos. La saludé, sin embargo ella no quitaba la vista de mí.

¿Qué mierda es eso que tienes puesto? – preguntó sin ocultar su sorpresa.

Miré hacia abajo y su reacción no dejó de causarme gracia.

Antes que todo ¿por qué no cierras la puerta? No va a cerrarse sola – le indiqué al ver la puerta abierta.

Ah, espera, es que Syaoran traerá las maletas – me alertó.

Hubo dos cosas que me llamaron la atención en esa frase "Syaoran" y "maletas". Usualmente traía solo una grande.

No pasaron más de veinte segundos antes de ver a Syaoran lidiando con dos maletas enormes que por cómo se veía, ejercitaba con aquel peso sus músculos.

Él dejó las maletas en el salón y me saludó muy cortésmente. Me sonrojé. Mei Ling le pidió, como si fuera su empleado que llevara las maletas a su habitación porque no se las podía. Él estaba incómodo ante la petición, pero le dije que no se preocupara, que luego lo haría yo.

No te preocupes, las subiré yo luego. No le hagas caso a tu prima… deberías saber que una vez que haces lo que quiere volverá a intentar hacer su voluntad – le sonreí.

Si no te molesta preferiría hacerlo yo, me avergüenza admitirlo pero me dieron trabajo.

Me acerqué a él y a las maletas y tenía razón, pesaban, pero exageraba.

Tú lleva una, yo llevo la otra – concedí.

Tomé una pero él posó su mano sobre la mía y la quitó con delicadeza.

Esa es la más pesada – recalcó con una suave voz.

Aquella no fue mi idea ni mi impresión, porque cuando me tocó mi cuerpo se estremeció y lo quedé mirando embobada, olvidando por completo que en ese lugar también había otra persona.

Mei Ling se aclaró la garganta y aterroricé violentamente a la realidad, apartando mi mirada, tomando la otra maleta y pidiéndole al chico que me siguiera escalera arriba.

Con esfuerzo llegué a la habitación que Mei reclamaba como suya y lo esperé a él a que dejara también la pesada carga.

Parece que trajo consigo los cimientos de su casa – dijo él justificando el evidente agotamiento que el cargamento le provocó.

Él se veía avergonzado, pero en ese momento yo sólo pensaba en la deferencia que él continuamente demostraba hacia mí, haciéndome sentir como una chica… cargando él las cosas pesadas y preocupándose de que yo no lo hiciera.

Yo creo que exageras – le dije de buen humor.

Intenta tomarla – me desafió.

Me acerqué a él y la tomé. Efectivamente pesaba, pero hice como si no lo hiciera.

¿Ves? – le dije muy pagada de mi misma.

Nos quedamos mirando fijamente y solté la valija que cayó hacia un lado. Ninguno de los dos la levantó. Comencé a disminuir la distancia entre ambos y él no hacía amago alguno de apartarse, sino por el contrario, se acercaba hacia mí a su vez. Mi corazón latió agitado ante la anticipación de saber que pronto lo besaría. Sentí su aliento aproximarse y mezclarse con el suspiro que dejé escapar. Sus labios se tocaron finalmente con los míos y sentí sus brazos sujetar mi cintura y disfruté por lo que me pareció un segundo de aquel contacto, porque aún cuando mis sentidos se adormecieron y me sintiera un poco sedada por el efecto de la mezcla de su saliva y la mía, los pasos que mi amiga —también su prima— daba, eran tan ruidosos como una alerta de tsunami.

Nos separamos y nos alejamos por lo que calculé serían dos metros de distancia. Sin detenernos a mirarnos siquiera una sola vez.

Escuché que algo se cayó – anunció Mei.

Al ver su maleta en el suelo ágilmente se agachó y la recogió.

¿Es que acaso pretendes vivir conmigo? – le pregunté a modo de broma.

Grande fue mi sorpresa al ver su rostro entristecido ante mi pregunta. Comprendí entonces que sí, ella vendría a vivir conmigo.

Mei Ling fue a la cama y yo la seguí. Nos dio la espalda a Syaoran y a mí y comenzó a hablar.

Si es que no te parece mal viviré aquí por un tiempo… ¿Saben? El padre de mi bebé no se hará responsable. Me dijo que este era "mi proyecto". Sé que se va a arrepentir, pero no quiero estar ahí para cuando lo haga. Por favor, Sakura… déjame quedarme acá – solicitó implorante.

Mei Ling estaba quebrada. No lo aparentaba pero el que sólo me pidiera algo "por favor" me lo indicaba. Ella daba todo por garantizado y nunca pedía permiso para algo, si es que acaso disculpas a veces.

Estás de suerte en ese caso. Iba a solicitar compañera de casa. Está claro que tendrás que lavar, asear y cocinar. Serás mi esposa – le dije para quitar la tensión en el lugar.

Mañana me explicarás por qué estás vestida como una persona que se hace respetar – dictaminó.

Ella me miró con una mirada acuosa. Tenía deseos de llorar, pero yo sabía que ella jamás me permitiría verla así. Yo tampoco lo haría… nosotros no éramos de la clase de amigas que se consuelan. Supe que tenía que evacuar la habitación.

Syaoran me siguió todavía un poco conmocionado por lo que acababa de vivir.

No sé por qué no me lo pidió a mi… soy su familiar después de todo – comentó él.

Le indiqué que no dijera nada más hasta que estuviéramos más alejados de la habitación de la que acabábamos de salir.

Bajamos las escaleras ya no con el peso físico del equipaje, si no con la carga emocional que nos dejó Mei Ling.

Me senté en el mismo sofá que había sido testigo de aquel encuentro nuestro que no llegó a buenos términos; él se quedó de pie y miró su teléfono móvil.

Es tarde. Me tengo que ir – anunció.

Lo miré y asentí. Me levanté y lo acompañé a la puerta. La abrí para facilitarle la salida, pero él la cerró tan pronto la abrí. Hizo el ruido de una puerta cerrándose, pero él se encontraba aún conmigo. Comprendí entonces lo que él pretendía.

Oh… - exclamé más que sorprendida al percatarme de su intención.

Te ves bien vestida así… distinta… pero me gustaba más como te vestías antes – confesó en un volumen bajo. De modo que solo yo pudiera oírlo.

Mi naturaleza desconfiada trató de encontrar alguna pista de burla en lo que me acababa de decir, pero no fue capaz de encontrar ningún atisbo. De verdad tenía serios problemas para aceptar halagos.

Se acercó y volví a sentir la misma sensación que se había apoderado de mi cuerpo antes de que fuéramos interrumpidos: sentí mi cara arder, mis labios siendo estimulados con los suyos y casi inmediatamente a mis pezones despertar de su letargo; fue como si nunca nos hubiésemos detenido, como si nunca hubiésemos sido testigos de Mei Ling desmoronándose.

Recordé que ella estaba arriba, probablemente llorando y revolcándose en su propia miseria personal, mientras su primo intercalaba sus atenciones mientras me besaba el cuello, desabotonaba mi camisa y volvía a mis labios. No siempre siguiendo ese orden.

Detente… – le pedí sin ganas.

Él no me escuchó, pero si se detuvo cuando di un respingo al sentir que manipulaba uno de mis pezones con su índice y el pulgar.

¿Te duele? – preguntó.

¿Era dolor? ¿Nerviosismo? ¿Miedo? No estaba segura, pero a medida que me tocaba me sentía a mi misma temblar, y no precisamente por frío.

¿Es por lo que pasó antes? – preguntó sin detener sus avances.

No es que lo hubiese olvidado, pero de algún modo eso había dejado de importarme, porque cuando me besó en la mejilla yo ya había tomado una decisión: iba a acostarme con él y lo supe desde el primer momento en que lo vi. Lo había evitado todo lo posible, busqué excusas, intenté de todo para evadirlo, pero al final él terminaba apareciendo cuando menos me lo esperaba. No me importaba si realmente sentía algo por mí o no, pero había sido el único hombre que a pesar de mis continuos rechazos seguía volviendo. No era tan ilusa como pensar en que iba a tener sexo la primera vez con alguien con quien pasaría el resto de mi vida, esas cosas no pasaban, no obstante él parecía un buen prospecto. Una buena persona.

Pensé en llevarlo a mi habitación, pero realmente no quería que viera mis colecciones. Todo lo que había acumulado a lo largo de mis años gritaba claramente "virginidad" si uno le prestaba un poco de atención, además era la que estaba más cerca del cuarto que ahora tenía nueva dueña. Sólo quedaba una opción…

Subí las escaleras con el corazón trabajando a todo lo que daba y con él detrás, entiendo el mensaje de ser sigiloso. Me detuve antes de atravesar esa puerta que permanecía cerrada desde que la había vaciado.

La fragancia que reconocía como la de mi padre se apoderó de mis pulmones, pero la obvié. Di un paso, luego el otro. Él me siguió y cerré la puerta con ambos dentro de esa habitación. Sin hacer más aspavientos desabroché su pantalón que cayó por el peso de su pesado cinturón. La oscuridad de la habitación me permitió hacer lo que en un lugar más iluminado no sé si me hubiese atrevido a hacer con tal determinación, si ninguna clase de preámbulo me apoderé de tu masculinidad, que ante mi sorpresa se encontraba estoicamente erecta. Lo toqué con detenimiento, excitándome con su dureza y su suave y sedosa textura. Con movimientos definidos y rápidos comencé a excitarlo, con más seguridad que experiencia, pero aquello no me amilanó, por el contrario, porque cuando escuché suaves gemidos de placer decidí retirar mi mano y reemplazarla por mi boca, me arrodillé y lo tomé y fue cuando por primera vez deseé haber podido apreciar su expresión, porque doy por seguro que aquello no se lo vio venir. Eso no era completamente nuevo para mí, lo había hecho en alguna ocasión, más por curiosidad que por ganas propiamente tal. Mi lengua se movía a lo largo de su extensión, acostumbrándome, después de todo no era que me lo tomara tan a la ligera porque no era algo que hiciera todos los días. Poco a poco me sentía más segura para abarcarlo dentro de mi boca y lo fui alojando centímetro a centímetro, torturándolo por lo lento de mis avances y las caricias con mi lengua. Sus gemidos eran audibles y podía sentir el efecto de mis felaciones en su sexo palpitante y me sentí poderosa, me sentí mujer. Me sentí sensual. Si podía conseguir hacerlo sentir así de bien, me sentía incluso yo mejor que él sabiéndolo. Supuse que era algo involuntario el que el comenzara a moverse embistiendo y que sujetara mi cabeza ocupando mi boca como fuente húmeda de placer, pero aquello se me estaba volviendo dificultoso, por lo que cuando se volvió un poco más brusco me separé de él. Acepté que no tenía la suficiente experiencia para manejar eso, pero al menos me esforcé y por los sonidos guturales que dejó él escapar antes de abandonar su erección no parecía que lo hubiese hecho del todo mal...

Lo siento, lo siento – se disculpó.

Yo no quería escuchar explicaciones, por lo que lo llevé a la cama que antes había dejado sin sábanas. Él se había deshecho de sus pantalones y estaba completamente expuesto, la femineidad que me había hecho segura hasta entonces se esfumó tan pronto estuve en aquella horizontal superficie. Él no intentó que continuara lo que había empezado, por el contrario, fue mi turno para ser atendida. Me desvistió sin prisas y con menos torpeza de la hubiese imaginado. Antes de sentir dos de sus dedos hurgando justo en mi zona más sensible, noté que mis pechos estaban descubiertos, mi camisa abierta, y mi pantalón en algún lugar del suelo, junto con mi ropa de interior. Estaba tan mojada que se podía escuchar el sonido de mi excitación que sonaban rítmicos con el movimiento de sus talentosos dedos. En un principio me intimidó y juntaba las rodillas todo lo que podía, pero con el pasar de los segundos trataba incluso de facilitarle el acceso, olvidando el pudor inicial.

Él se posicionó sobre mí, y aunque estaba en un estado entre nerviosismo y aceptación, fue inevitable no estar complemente consciente de la intrusión de aquel cuerpo ajeno. Había escuchado que dolía, había oído también que no. Cuando lo viví sólo una palabra vino a mi mente: desagrado. Syaoran luchaba contra aquella imposibilidad de avanzar y si hubiese podido ver su cara seguramente hubiese observado un rostro con incertidumbre. Hasta que lo sentí ya completamente adentro.

Estás muy apretada… – dijo ardorosamente en mi oído.

Debatí internamente entre sí decirle o no, y finalmente opté por darle una respuesta a aquella interrogante.

Era virgen… – solté de pronto.

Él dejó de moverse de pronto. Imaginé que deliberaba entre si aquello era cierto o no, pero lo dificultoso de la penetración seguramente le dio veracidad a mi repentina confesión.

¿Por qué no me lo dijiste? – preguntó en un tono verdaderamente preocupado.

No le había dicho a nadie, excepto Mei Ling, que mi experiencia era más bien poca al punto de ser penosa. No era algo que uno anduviera divulgando por la vida. No me hacía sentir orgullosa en lo más mínimo, por el contrario, solo manifestaba mi ya más que patente incapacidad de relacionarme con las personas.

A mi edad no son cosas que se anden diciendo ¿sabes? – traté de restarle importancia al asunto.

¿Te duele? ¿Estás bien? ¿Quieres que me salga? – interrogó con preocupación.

Si debía hacer honor a la verdad, no me sentía agradada, pero todavía no perdía la esperanza en que mejoraría.

Eventualmente se sentirá mejor ¿no? No te salgas… – explicité.

Pronto sentirás algo exquisito… – prometió.

Con ello me contestó que él no era casto, tenía experiencia, y también mi incertidumbre de si mejoraría luego.

Lo sentía entrar y salir, y aunque ya no dolía seguía siendo molesto. Quería que acabara luego, pero él tenía mucha resistencia. Súbitamente y con mucha habilidad puso mis piernas en sus hombros y lo sentí todavía más adentro. Seguía embistiéndome y yo sólo notaba como mis paredes vaginales aún se resistían a ser vencidas por aquel intruso; la promesa de que pronto se sentiría bien no fueron más que palabras sin peso…

Quiero que termines pronto – le pedí.

¿Te gusta? – preguntó con una voz ronca.

La verdad es que la fantasía había sido jodidamente distinta a la cruda verdad. Hubiese sido mejor seguir imaginándolo sin nunca haberlo vivido… la vida tenía menos ilusión. Me sentía mejor cuando me tocaba a mí misma.

Mi respuesta nunca llegó, pero sus movimientos pélvicos se acentuaron. Quise creer que pronto terminaría, porque las piernas abiertas comenzaban a acalambrarse y afortunadamente tras unos movimientos más pronunciados y duros, él acabo inundándome, siendo esa la sensación más extraña de todas las que había vivido esa noche.

Él recuperó un poco el aliento y se retiró de mí.

El silencio fue extraño y lo único que se oía era la respiración aún agitada de él e intentó abrazarme luego, y eso si fue completamente atemorizante. Le dije que iba a ir al baño y que ya regresaba.

Estaba conmocionada, más que por haber perdido mi himen, por lo que había sido en realidad. Estaba completamente decepcionada, pero no lo culpaba a él; estaba segura de que con cualquier otro hubiese sido lo mismo.

Volví a la cama junto a él, que había buscado su ropa en la oscuridad de la habitación; ya no se encontraba desnudo. Respiré aliviada, no era un completo impedimento, pero si estaba vestido iba a ser más fácil impedir un intento de avance.

¿Estás bien? – insistió cuando me senté.

¿Cómo debía responder a ello? No es que estuviera realmente mal, de hecho estaba bien… me sentía igual que siempre, sólo que era consciente de la inexistencia de mi himen. Y no era la gran cosa… definitivamente todo era igual.

Sí, disculpa. Es que vi la hora y yo tengo que trabajar en unas pocas horas más… - dije con sinceridad.

Él miró hora en un teléfono móvil ridículamente grande y se sorprendió al ver que ya era pasada la medianoche.

¿Estás trabajando? – consultó con sorpresa.

Vaya… él apenas me conocía y hasta para él algo impactante… ¿qué iba a decir Mei Ling cuando se lo dijera al día siguiente?

Le conversé un poco de mi trabajo para distraerlo del tema principal, y afortunadamente me funcionó. Poco después anunció que se iría y lo guié hacia la puerta de salida. Se despidió con un beso que me robó el aliento, y que reconocí que había sido más excitante que el acto sexual en sí.

Volví a mi habitación pensando en tres cosas: era tarde y tenía que trabajar mañana, bueno técnicamente "hoy", así que le dejaría una nota a Mei para que no se asustara por mi ausencia, iba a dormir pocas horas por lo que sería un largo día si no me dormía de inmediato, y que todo lo que me había dejado aquella reciente experiencia adquirida era un dolor en mi entrepierna.

Una absoluta mierda…

Continuará…


¡Hola! Un gusto saludarlas, espero que estén bien. Estoy a una semana de salir de clases por lo que pronto no tendré una excusa para no actualizar. Muchísimos saludos y como siempre espero que me digan qué tal les pareció este nuevo capítulo.

Respuestas Review:

Sakura Kinomoto Amamiya 26: ¡Hola! Gracias por tu infaltable review… Sakura no trabajaba hasta ahora. No hacía nada más que existir y por eso es que su hermano no la respetaba a ella y tampoco perdonaba a su padre, por permitírselo. Espero que este capítulo resuelva tus dudas y si tienes otras no dudes en hacérmelas saber =)

Guest: Jajajaja ¿en serio tan llorona? Vaya… jajajaja. Bueno en este capítulo no nos enteramos de por qué huyó en primer lugar ni qué fue lo que lo hizo volver, pero lo consiguió al final… lo que no sabe es que Sakura se declarará célibe a partir de ese momento lo tendrá fácil. Muchísimos saludos para ti y espero que te guste esta actualización.

Kimi Deathberry: Jajajja tu suposiciones de los condones fue buena, pero considerando que ahora no usaron no creo que haya sido esa la respuesta a de por qué huyó en primer lugar. Tampoco lo aclaró acá, creo que lo tendrá que contestar luego, pero por como terminó el capítulo no sé, no le será tan fácil a Syaoran creo.
-Me prometí que escribiría esta capítulo antes de empezar en Bleach… ¡me pican los dedos por escribir sobre Ichigo y Rukia!

ValSmile: jajajaja dicen que lo bueno se hace esperar… no espera, esto tampoco fue bueno… nuestra amiga Sakura no lo pasó bien ¿logrará Syaoran hacerla cambiar de parecer? Ya veremos, ya veremos. Jajajaja Sakura la vaga, sí, pero ya está empezando a encaminarse, quizás retome la relación con su hermano que le había perdido el respeto. Muchísimos saludos.

Camili: Bueno empezaré por responderte que no fue esa la razón de quedar con una casa sola lo de la muerte del papá de Sakura, sino que fue porque de algún modo era él quien la tenía con una correa al cuello, no la dejaba crecer… le daba todo lo que quería y necesitaba; daba por hecho que no le hacía daño a la chica, pero lo hacía… le cortaba las alas.
–Mei Ling es genial jajajaja me encanta, pero apareció brevemente Tomoyo, quizás tenga más protagonismo, quizás no (¿no te parece esa respuesta un poco conocida?) Esta Sakura no necesita una amiga que la consienta, sino una amiga que le diga las verdades duras a la cara y Tomoyo no cumplía con el perfil de zorra.
– Ni yo lo entiendo, no te preocupes, pero seguimos en la duda, porque aquí no respondió por qué huyó en primer lugar, a seguir esperando para saber.
- De nada muchas gracias a ti por todo =) felicidades nuevamente por tu juramento y tu nuevo año de vida.

X tabay74: Hola creo que esta vez no tardé tanto como la otra vez, gusto en saludarte. Muchas gracias por tu review.

SakuraTezuka: ¡Hola! ¡Qué bueno que te guste! Me hace feliz saberlo. No tardé tanto como pensé que lo haría y ojalá te siga agradando como avanza. Muchísimos saludos, un gusto saber de ti.

Saludos a quienes lean y no se manifiestan también...