Habían extraído el resto de la plata que quemaba y envenenaba el cuerpo de Dean, habían lavado cualquier residuo que pudiese haber quedado bajo su piel y luego habían cocido con cuidado. Cambiaron las sábanas ensangrentadas y arroparon a Dean con sábanas nuevas… ahora sólo quedaba esperar que reaccionara. Las heridas de plata usualmente tardaban un tiempo en sanar, pero estaría bien, tenía la certeza de que iba a mejorar.

Sam y Castiel se habían quedado al lado del licántropo durante todo el día, vigilando su sueño sin alteraciones, cuidando que su condición no fuese a empeorar. Pero cuando la noche cayó de nuevo, todos regresaron a sus habitaciones, dejando a Castiel a cargo de Dean, lo cual no le molestaba en absoluto, eso sólo indicaba lo mucho que los Winchester habían llegado a confiar en él.

La televisión estaba encendida en algún documental al que Castiel apenas prestaba atención, pues sus ojos estaban fijos en el rostro de Dean, pálido, pero aún hermoso. Sus manos acariciaron sus mejillas y su cabello, había tanto amor palpitando en su pecho, que por alguna razón aumentó con el temor de perderlo. Sus ojos recorrieron de nuevo la habitación, encontrándose con el teléfono ubicado en una esquina, marcado con un letrero rojo que decía: "para emergencias" pero Castiel pensó que no habría nada de malo si lo utilizaba sólo por un momento. Así que se acercó hasta allí y marcó el número que tanto conocía.

- ¿Hola? ¿Cas? – preguntó la voz del otro lado de la línea.

- Hola, Balthazar, soy yo – respondió, preguntándose cómo habría podido adivinar que se trataba de él.

- ¿Cas? ¿en verdad eres tú? Dios Santo, he hecho esa misma pregunta a cada número desconocido que aparece en mi pantalla ¿en dónde diablos estás? no imaginas lo preocupado que estaba, incluso pensé en llamar a la policía.

- Lo siento, las cosas han estado algo difíciles, por eso había olvidado llamarte, pero estoy bien.

- Dios, Cas, han pasado días desde que escuché tu voz, prometiste que ibas a llamarme en segundos, pero nunca lo hiciste ¿qué esperabas que pensara? Te busqué por todos lados, a ti y a Dean, incluso alerté a tus hermanos, dijeron que esperarían hasta mañana temprano para llamar a la policía.

- Lo siento – se disculpó de nuevo – no quería preocuparte.

Escuchó el suspiro de Balthazar desde el otro lado - ¿qué pasó? Tienes que darme una explicación, creo que lo merezco.

- Dean y yo tuvimos una discusión, peleamos, dijimos cosas que realmente no queríamos decir… y entonces él se fue – Castiel sabía que la mejor manera de mentir era diciendo parcialmente la verdad, mezclando la mentira con un poco de realidad –me di cuenta de que fui un idiota y entonces fui a buscarlo, tardé días en hallarlo, pero ahora está conmigo, así que no debes preocuparte.

- No sé por qué creo que estás mintiendo, hay algunas cosas que no encajan en esa mentira tuya.

Castiel gruñó con frustración y pasó sus manos temblorosas por su cabello oscuro – Te daré más detalles cuando regrese, ahora debo cuidar de Dean.

- ¿Está herido? ¿está enfermo? – preguntó Balthazar lleno de preocupación.

- Sí, pero se pondrá bien.

- ¿Sólo sí? ¿Podrías ser más específico? ¿por qué nunca respondes mis preguntas?

Castiel volvió a suspirar y estaba a punto de pensar en una excusa para terminar la llamada, cuando un suave gemido se escuchó desde la cama, haciendo saltar su corazón – oye, te llamo luego, Dean acaba de despertar.

- Más te vale que lo hagas porque este interrogatorio aún no termina.

Castiel no tenía tiempo para seguir dando explicaciones, así que colgó el teléfono y se apresuró a llegar a Dean, justo a tiempo para verlo abrir sus grandes ojos verdes, un poco enrojecidos, confundidos y cansados.

- Hey, Dean, aquí estoy ¿puedes escucharme? – dijo Castiel con ansiedad, tomando la mano de Dean entre las suyas.

Los ojos de Dean se encontraron con los suyos, intentó hablar, pero sólo una tos seca escapó de su garganta. Castiel corrió hasta el refrigerador y rápidamente sirvió un poco de hielo, el cual puso con suavidad contra los labios carnosos y resecos de Dean.

- Bebe un poco – dijo gentilmente, sosteniendo la cabeza de Dean en alto para que pudiese probar – te daría agua, pero tengo miedo de que no estés lo suficientemente lúcido para beber y puedas ahogarte.

Dean bebió del cubo de hielo hasta que este se derritió por completo y continuó lamiendo el líquido que quedaba en los dedos entumecidos de Castiel, cuyas mejillas se sonrojaron y sus manos se congelaron en su lugar.

- ¿Cas? – preguntó Dean con voz áspera, comenzando a sentirse un poco más despierto.

- Sí, Dean, soy yo ¿cómo te sientes? – preguntó con dulzura, hablando en voz baja para no ocasionarle dolor de cabeza.

- Como si hubiera muerto y vuelto a la vida… ¿sigo vivo, verdad?

Castiel sonrió, aliviado de escuchar de nuevo la voz de Dean – Sí, tienes suerte de estarlo; uno de los cazadores puso plata debajo de tu piel y eso te estaba envenenando, pensamos que no despertarías nunca.

- ¿Qué? – entrecerró los ojos confundido, como si ni siquiera recordara los eventos de los días anteriores. De pronto abrió de nuevo los ojos como si todo lo ocurrido hubiera caído a su memoria como un cubo de agua fría. Se incorporó de un salto y sintió las luces desvanecerse mientras toda la habitación giraba. Castiel se apresuró a ponerlo de nuevo sobre la almohada con extrema delicadeza.

- Oye, tranquilo, ya estás a salvo.

- No, no lo creo ¿cuánto tiempo ha pasado? – preguntó apretando con fuerza la mano de Castiel, mirando esos ojos azules con temor.

- Sólo un par de días.

- Oh Dios ¿qué sucedió? ¿están todos bien?

- Todos están bien, los licántropos fueron liberados y tu familia salió ilesa del incendio.

- Dean suspiró con alivio y cerró los ojos, sintiéndose más agotado que nunca - ¿también Ana?

- También Ana, quería despedirse de ti, pero estabas inconsciente.

No dijo nada, aunque sintiera decepción, lo único que importaba era que estuviera a salvo – dijiste que me pusieron plata ¿crees que los demás estén bien?

Castiel sonrió con afecto, Dean siempre se preocupaba por los demás antes que por su propia salud – creemos que todo fue producto de una competencia desleal, alguien debió haber hecho trampa para ganar, aunque dudo que todos hayan sido víctimas de ella, de todos modos, de ser así, los licántropos decidieron permanecer todos juntos, así que sabrán cuidarse. No te preocupes por ellos.

Dean asintió, sin decir nada más. sus ojos inspeccionaban la habitación, el ya conocido techo con pequeños hoyos cubiertos y estrellitas luminosas, las mismas que recordaba haber puesto allí con su padre durante su infancia, las paredes que él mismo decoró, sus libros, sus juegos, sus películas y sus amados instrumentos, todo lo que había allí era suyo, cosas que pensó que no volvería a ver jamás. De alguna manera se sentía seguro, en especial si Castiel se hallaba a su lado.

- Yo… - comenzó Castiel con evidente incomodidad – iré a buscar a tu padre.

Dean se encogió de hombros y Castiel dejó la habitación. Dean se dio cuenta de que no había bloqueado la puerta, pero ahora ya no tenía deseos de escapar.

Cerró los ojos, había tantas cosas rondando por su cabeza y estaba tan agotado. Se sentía seguro y feliz de estar en casa, pero su mente aún guardaba demasiadas inseguridades con respecto a Castiel, su familia y su futuro… y lo último que quería hacer ahora mismo era pensar. Afortunadamente no tuvo la oportunidad de hacerlo, pues no pasó un minuto antes de que su padre bajara, caminando hasta su cama con pasos dudosos. Castiel esperaba tras su espalda, vigilándolo de cerca.

- Dean – murmuró John con suavidad, al ver el rostro inexpresivo de su hijo - ¿cómo te sientes?

- Supongo que no quieres matarme ahora – respondió en su lugar.

John le miró sorprendido, se sentía extraño el hecho de que su hijo no sonriera lleno de alegría al verle cruzar la puerta y saltara a sus brazos como un niño pequeño, pero no lo juzgaba, Dean había vivido dentro de una jaula de cristal durante toda su vida y de repente se había visto obligado a enfrentarse a un sufrimiento enorme, lo cual había sido toda su culpa.

- Por supuesto que no, Dean, nunca quise hacerlo.

- No pensabas eso cuando me disparaste – le reprochó sin mirarlo.

- Exactamente eso sucedió, no pensaba, actué por instinto en cuanto creí que Sam podría estar en peligro.

- Lo sé, eso hizo que me diera cuenta de lo poco que importo si me comparas con Sam… porque soy un monstruo ¿verdad? Entonces no habrá problema si me disparas.

- Dean… no creo que seas un monstruo.

- Eres un mentiroso terrible, Papá.

- No miento. Escucha, estaba equivocado, pensé que eras peligroso cuando claramente no lo eras, pensé que te estaba protegiendo al mantenerte aquí, pero sólo te causé daño… lo siento. No eres un monstruo, Dean, eres mi hijo.

Dean no podía creer que su padre hablara en serio, John Winchester nunca se disculpaba, mucho menos ante él.

- ¿En serio piensas que no soy peligroso? – preguntó lleno de esperanza.

- Por supuesto que no lo eres, tú y los de tu especie demostraron tener mejor autocontrol que los seres humanos, incluso parecen menos egoístas que nosotros… me di cuenta de que no somos mejores que ustedes.

Dean se preguntaba si en realidad todo se trataba de un sueño, si aún seguiría inconsciente bajo los efectos del veneno, porque su padre parecía estar diciendo todo lo que necesitaba escuchar. Cuando John decía esas cosas le hacía pensar que lo que sucedió no fue del todo malo, porque de otra manera no habría forma alguna de hacerle cambiar de parecer.

- Dios, Dean – suspiró John – cuando pienso que pude haberte matado o que podrías haber muerto en ese lugar sin poder decirte cuanto lo siento… yo… no te juzgo por haberte marchado o por haberte ocultado de mí, no merecía menos, pero no quiero que me sigas odiando o temiendo, te juro que no te haré daño nunca más.

Dean nunca había visto a su padre sentirse tan arrepentido, la culpa pesaba sobre sus hombros y el miedo de perderlo era demasiado evidente, haciéndole pensar que tal vez no era tan insignificante ante sus ojos como pensaba.

- Nunca podría odiarte, Papá, has hecho cosas muy malas, debo admitirlo; mataste a mi madre, me secuestraste, me mantuviste encerrado como un animal salvaje durante 15 años y al final me disparaste… pero eres mi padre después de todo y fuiste todo lo que tuve durante mucho tiempo, así que te perdono.

John bajó la mirada, escuchando todo aquello que Dean nunca antes había reprochado, haciéndose consciente por primera vez de todo el daño que había causado.

- Yo sólo quería protegerte, pero no lo hice de la mejor manera. Sin embargo, Dean, ahora tu vida es tuya, eres libre de hacer lo que desees, confío en ti y quiero que sepas que me siento orgulloso.

- ¿Orgulloso? – repitió, sintiéndose incrédulo, había pensado que aquella era una palabra reservada para Sam.

- Así es, demostraste ser más fuerte y valiente de lo que esperaba, demostraste que eres mi hijo.

- Murieron personas, Papá.

- No fue tu culpa, no tuviste opción, simplemente te mantuviste en pie por nosotros. la plata debajo de tu piel debió mantenerte débil y enfermo, pero tú fuiste más fuerte que eso.

Dean sonrió levemente, sintiendo un enorme alivio instalarse en su pecho al saber que su padre no lo culpaba por lo ocurrido, ni estaba enfadado por haberle ocultado el hecho de que seguía con vida, tampoco lo juzgaba por las muertes causadas…al contrario, se enorgullecía de él, algo que jamás le había dicho antes ni pensó escuchar de sus labios.

- Así que, Dean – continuó John – eres libre de decidir lo que quieres hacer, no te voy a obligar a quedarte aquí encerrado por el resto de tu vida, puedes seguir viviendo con nosotros como un miembro más de la familia o puedes ir con Castiel si así lo deseas.

Dean lo miró con ojos anchos y preocupados ¿Qué era lo que deseaba? Él tampoco lo sabía ¿qué podría ser mejor para él y los que amaba? Tampoco estaba claro.

- No tienes que decidir ahora – dijo John al ver la expresión preocupada en su rostro – tomate tu tiempo, esta es tu casa después de todo.

John se inclinó para besar la frente de su hijo, se despidió de Castiel con un gesto y se marchó con pasos lentos y cansados.

Una vez que John se alejó, Castiel se acercó dudoso a la cama de Dean y se sentó sobre el colchón junto a sus piernas, parecía querer hablar, pero no lograba ordenar las palabras en su cabeza o no lograba hallar el valor para decir algo.

- Escucha, Dean…

- ¡Dean! Estás despierto – Cas estaba a punto de hablar, cuando Sam entró a toda prisa en la habitación, saltando sobre su hermano y cubriéndolo con sus largos brazos – pensé que iba a perderte ¿cómo te sientes?

- Estoy bien, me siento mucho mejor – respondió con voz cansada. Levantó su brazo para acariciar suavemente el enorme moretón en la mejilla de su hermano - ¿Qué hay de ti?

- Oh, esto no es nada, comencé una pelea para distraer a los cazadores y así Cas pudiera entrar a rescatarte. Hubieras visto como quedaron los demás.

Dean sonrió con ternura y despeinó su cabello con cariño – no lo dudo - Era curioso cómo él y Sam habían convivido tan poco tiempo juntos y ya sentían como si hubiesen sido hermanos durante toda la vida.

- Sí, eso sólo fue porque tu papi tuvo que entrar a rescatar tu esquelético trasero – dijo una voz burlona tras su espalda.

Allí estaba Bobby, cargando una bandeja con alimentos. El estómago de Dean gruñó con fuerza ante el delicioso olor de la carne asada y las papas fritas.

- Huele muy bien – comentó Dean – de ninguna manera pudiste haberlo hecho tú.

Bobby gruñó y Sam se echó a reír – adivinaste, lo preparé yo, no has comido en días y necesitas mucha cantidad de carne para recuperarte.

- Gracias, Sammy.

Bobby depositó la bandeja sobre sus piernas cubiertas por las gruesas mantas y dirigió su mirada a Castiel, quien permanecía silencioso, limitándose a observar la cena.

- También hay para ti, Cas – dijo Sam con simpatía, entregándole también un plato.

- Muchas gracias – parecía sorprendido.

- También necesitas comer – explicó Sam – como sabrás, Dean, Cas no se ha separado ni un segundo de tu lado desde que te hallamos.

- ¿Así que me has estado observando todo este tiempo? Eso es un poco espeluznante – bromeó antes de comenzar a devorar su comida.

- Estaba preocupado por ti, temía que tu condición pudiera empeorar – admitió Castiel.

- Soy más resistente que eso, Cas, un poco de plata no va a matarme – aunque todos sabían que era una total mentira, se dieron cuenta de la peor manera de que Dean no era invencible.

Charlaron durante largos minutos después de haber terminado su comida, luego, Sam y Bobby dejaron la habitación de nuevo, haciendo evidente la tensión que flotaba en el aire. Castiel ni siquiera se atrevía a recostarse en la cama junto a Dean, simplemente se posó sobre el sofá y cerró los ojos con cansancio.

- Dean, escucha, no quiero presionarte, pero quiero que sepas que no me molestaría en absoluto si volvieras a casa conmigo, debes saber que disfruté mucho nuestro tiempo juntos.

- Mira, Cas, no sé si sea buena idea. Quiero decir, por supuesto que disfruté haber estado contigo y con Balthazar, pero no creo que estemos a salvo allí.

Castiel parecía decepcionado, por eso Dean prefirió no mirarlo.

- Entonces podemos mudarnos, buscaremos otro piso, lo importante es permanecer juntos.

- No lo sé, Cas, habrá cazadores afuera, podría volver a sucedernos lo mismo y la próxima vez podrían lastimarte. No soportaría que te hicieran daño por mi culpa, no lo pienso permitir.

- ¿Y cómo piensas impedirlo? ¿Encerrándote de nuevo en esta habitación sin volver a ver la luz del día? ¿eso es lo que quieres? ¡Pues vaya, qué valiente eres!

- Qué importa si piensas que soy un cobarde, lo importante es que todos estemos a salvo, aunque haya que hacer algunos sacrificios. Papá tenía razón, es un mundo cruel y oscuro allá afuera, al menos aquí estaré seguro.

Castiel rio con amargura ante lo irónico de la situación – no puedo creerlo, por primera vez tienes la libertad de hacer lo que desees con tu vida y decides quedarte aquí encerrado como un maldito animal salvaje.

Cas estaba molesto y Dean nunca lo había visto de esa manera – Dean, volvamos a casa, encontraremos un nuevo hogar cerca del campus, iremos de paseo todos los días, así podrás transformarte al aire libre, donde nadie pueda vernos… aún no te muestro el cine, el museo, ni la playa ¿ese es tu sueño, verdad? te juro que te llevaré a la playa y podrás nadar en el océano, ver los peces de colores y sentir la arena en tus dedos ¿qué dices? Podemos casarnos si así lo deseas y si algo sucede alguna vez, sé que eres fuerte y podrás derrotar a quien quiera que intente hacernos daño, también yo y tu familia, haríamos hasta lo imposible por protegerte.

Dean suspiró, no podía negar que la idea era tentadora, despertar cada día enredado en los brazos de Castiel, preparar el desayuno juntos, poder besarlo cuando quisiera, jugar juntos en el campo y poder transformarse a su lado sin preocupaciones, divertirse con Balthazar, conocer personas nuevas, lugares nuevos, vivir cientos de nuevas experiencias... Tal vez Cas tenía razón en lo que decía, pero aún quedaban muchas cosas que le impedían ir con él.

- Suena encantador, Cas, casi como un sueño… pero dudo que estés preparado para vivir con alguien ahora.

- ¿Qué? eso no es cierto, no tienes por qué crear excusas.

- No es una excusa, por la forma en que hablaste antes de que todo esto ocurriera, podría decir que ni siquiera sabes lo que quieres.

- ¡Sé lo que quiero! - respiró profundo e intentó calmarse, debía comprender que no había sido demasiado coherente con sus sentimientos - escucha, cuando pensé que te había perdido, tuve mucho tiempo para reflexionar y me di cuenta de que te amo y por eso sentía tanto temor, tenía miedo de abrir mi corazón a alguien de esa manera, pero te juro que te amo, Dean y no soportaría perderte de nuevo. Fui un idiota y lo siento por eso, pero si me amas, aunque sea un poco, entonces considera la idea… por favor.

Dean no podía soportar ver el temor y el dolor reflejados en esos ojos azules, quería levantarse de la cama y besarlo, pero estaba demasiado cansado para eso.

- También te amo, Cas, créeme, desde que pensabas que era un cachorro, maldición, eres el único que podría hacerme desear ser un perro por el resto de mi vida… pero hay algo… me enteré de algo mientras estaba en ese lugar y no sé si desees estar conmigo después de escucharlo.

- Dilo, dudo que sea tan malo como piensas, siempre tiendes a exagerar las cosas – dijo con ternura, levantándose de su lugar en el sofá para sentarse en el colchón junto a Dean.

- Los licántropos somos más longevos de lo que pensaba, al parecer vivimos alrededor de 200 años, así que tú envejecerás y yo seguiré igual, tendré la cara de un joven mientras tu rostro se arruga, te veré enfermar y te veré morir ¿quieres eso, Cas? ¿no quisieras a alguien con quien puedas envejecer?

Castiel abrió la boca un par de veces como un pez en el agua, sin poder hallar las palabras, imaginó envejecer lentamente, su rostro llenándose de arrugas, su cabello tornándose gris y cayendo como las hojas en el otoño y entonces se daría la vuelta para ver a Dean a su lado, hermoso, con piel joven y cabello perfecto, sus labios de fresa aún intactos, labios que ya no podría besar de nuevo porque Dean sentiría asco de besar a un anciano, sus ojos verdes ya no tendrían ese brillo particular, porque ahora sería increíblemente infeliz, teniendo que pasar sus días cuidando de un viejo decrépito.

- ¿Qué hay de ti? De seguro no quieres vivir tu vida al lado de alguien que va a envejecer pronto y que tendrás que enterrar algún día.

- Tendré que hacer lo mismo con mi familia de todos modos – reconoció – no me molestaría verte envejecer y cuidar de ti cuando llegue el momento… pero definitivamente no quiero enterrarte, no quiero vivir en un mundo donde no estés tú y donde no esté mi familia.

- Entonces ven conmigo, ya veremos qué hacer cuando llegue ese momento. Aún nos queda mucho por vivir mientras ambos somos jóvenes.

- sí que has cambiado, Cas – dijo con asombro, el Castiel que solía conocer era mucho más pesimista y no tenía una pizca de confianza en sí mismo ni en los demás.

- Soy el mismo, simplemente me di cuenta de que no quiero perderte de nuevo. Dean, acabo de recuperarte y no pienso dejarte ir tan fácilmente… nunca había sentido algo así por nadie, eso tiene que significar algo.

Dean sonrió, tomando la mano de Castiel en la suya y besando sus nudillos – Me alegra que ahora confíes en mí lo suficiente, me alegra que no pienses que te dejaré en cuanto conozca a alguien más, porque estoy seguro de que nunca podría encontrar a alguien igual. No quiero a nadie más, me alegra que puedas comprender eso.

Castiel sonrió también con afecto y se inclinó para besar a Dean en los labios, en un beso puro y Casto. Había querido hacer eso desde que lo halló en los calabozos, pero como siempre había estado demasiado temeroso del rechazo.

- ¿Eso es un sí? – preguntó tímidamente una vez se separaron, pero para su gran desilusión Dean negó con la cabeza.

- Lo siento, Cas, no puedo decidir ahora, estoy agotado, mi cabeza me está matando y no puedo pensar con claridad… tal vez mañana, pero ahora sólo quiero descansar.

- Oh, claro – Castiel comprendía, acababan de salvarle la vida y por más fuerte y resistente que fuese su cuerpo, era demasiado pronto para haber sanado – Descansa, Dean, hablaremos luego de esto.

Dean asintió con una sonrisa y en cuestión de segundos sus ojos se habían cerrado de nuevo, dejando la habitación en completa calma y silencio. Castiel se acurrucó a su lado como lo había hecho antes, observando su rostro tranquilo, pero aquello no lo ayudó a conciliar el sueño; ya no temía que la vida de Dean estuviese en peligro, pero sí su relación, tenía miedo de cuál sería la respuesta de Dean en la mañana y la angustia le impedía dormir.

.

.

Muchas gracias por comentar. Un abrazo :)