Antes que nada quiero darle las gracias a mi amiga, Yeyry, ya que no habría podido sacar adelante este capítulo sin su ayuda. Les recomiendo que respiren profundo antes de leer y que mantengan la calma; ahora sí, a leer y espero les guste el capítulo.
Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 14
A cada paso que daba por el pasillo de la iglesia me sentía más y más nerviosa, mi corazón latía desbocado y las palabras de Giovanni se repetían con fuerza dentro de mi cabeza. ¡Oh por todos los cielos!, ¿estaba haciendo lo correcto? ¿Debería simplemente dar media vuelta y huir? ¿Hablar con Edward, decirle todo y esperar que aún quisiera casarse conmigo? ¿Seguir adelante, casarme con él y rogar a todos los santos para que nunca se entere de la verdad? ¡Ay Dios!, ¿qué debo hacer? De pronto mis pies se quedaron pegados al suelo obligándome a detener, mi padre me preguntó algo que no logré entender y volteé a ver la puerta, donde no me sorprendió ver parado a Giovanni, esperando tal y como me dijo por una señal de mi parte.
Algo me hizo dirigir la mirada al frente, donde Edward me esperaba y mi estomago dio un vuelco, al ver como su mirada llena de angustia iba de Giovanni a mí. Sus ojos se clavaron en los míos y sentí mis rodillas debilitarse ante el mudo ruego que pude ver en ellos, alentándome a seguir caminando hacia él. Tomé una profunda respiración y con pasos temblorosos reanudé mi marcha, más sin embargo, no pude dar más que unos cuantos pasos antes de detenerme de nueva cuenta.
Me solté del brazo de mi padre y sin apartar la mirada de Edward di un paso atrás, a lo que él dio un paso al frente con la intensión de venir tras de mí si es que me echaba a correr fuera de la iglesia. Busqué con la mirada a Giovanni, que no se había movido de la puerta, y pude ver la sorpresa reflejada en sus ojos; dio un paso en mi dirección pero me apresuré a negar con suavidad. Respiré profundo un par de veces, volví a engancharme al brazo de mi padre y sin ser consciente del cómo, llegué a donde un nervioso Edward me esperaba.
La ceremonia dio inicio pero no pude concentrarme en lo que el sacerdote decía, sentía que el aire me comenzaba a faltar y de pronto el lugar me parecía pequeño, muy pequeño y caluroso.
…
No puedo hacerlo, simplemente no puedo seguir adelante con esto; murmuré un apenas audible: lo siento mucho, pero no puedo casarme contigo, le di una mirada de disculpa a Edward para después dar media vuelta y alejarme de él.
Antes de que pudiera darme cuenta Giovanni estaba a mi lado, su brazo se enredó en mi cintura y me sujeté a él con fuerza mientras caminábamos a prisa rumbo a la salida, podía escuchar a las personas murmurar y a Edward llamarme a los gritos, exigiéndome que volviera pero no lo hice. Nos montamos en un taxi y justo cuando arrancaba Edward salió de la iglesia, la rabia y decepción que pude notar en su mirada se clavaron profundo en mi pecho como dolorosas puñaladas, lo había vuelto a lastimar y esta vez no iba a perdonarme. Dejé las lágrimas correr con libertad por mis mejillas y me refugié en el cálido abrazo de mi amigo.
—Shhhh tranquila, hiciste lo correcto cariño —dijo acariciando mi espalda y negué.
—¿Cómo puede ser lo correcto si duele tanto? —murmuré entre sollozos.
—El dolor pasará, tarde o temprano lo hará. Te mereces ser feliz, Bella.
—Nunca podré ser feliz, Gio, acabo de tirar a la basura la única oportunidad que tenía de serlo.
…
—Bella, cariño debes responder —parpadeé un par de veces confundida saliendo de mi letargo, al escuchar el suave susurro de Edward. Solté un suave suspiro, seguía en la iglesia parada a lado de Edward frente al altar y... ¿Qué se suponía debía responder?
—Yo... ¿Podría repetirme la pregunta, por favor? —dije lo suficientemente alto como para que solamente el sacerdote me escuchara.
—¿Isabella, aceptas a éste hombre como tu esposo...? —ahí mis ojos se abrieron de forma desmesurada y no fui capaz de seguir escuchando, ¡padre celestial! En qué momento habíamos llegado a esta parte.
—Yo... yo... —giré un poco la cabeza buscando a Giovanni, al cual encontré sentado en una de las filas del frente, atento a cualquier movimiento de mi parte.
Edward tomó mi mano y le dio un suave apretón, clavé la mirada en él y un nudo se formó en mi pecho al ver la expresión mortificada en su rostro; entonces recordé la visión o lo que hubiera sido eso que vi minutos antes y supe qué era lo que debía hacer. Volví a ver a mi amigo y le sonreí a la par que negaba, hice una mueca cuando el agarre de Edward en mi mano se volvió tan apretado que mis huesos protestaron con un crujido y me estremecí, al notar que la expresión mortificada de su rostro había sido sustituida por una llena de furia mientras veía a fijamente a Giovanni.
—Sí, acepto —casi grité llamando la atención de Edward que parpadeó un par de veces antes de volver su atención a mí, aunque no por mucho tiempo, pues de pronto se escuchó una risa y giró el rostro gruñendo amenazador a Giovanni que, como no, era quien había reído—. Acepto ser tu esposa, Edward —el color poco a poco volvió a su rostro y sus labios se estiraron en un pequeña sonrisa, aunque la tensión de su cuerpo no desapareció del todo.
El resto de la ceremonia pasó sin mayor contratiempos, hice mi mayor esfuerzo por concentrarme y no perder detalle de cada palabra que el sacerdote decía, mientras trataba de convencerme que había hecho lo correcto, que Edward y yo seríamos felices juntos y que él nunca, nunca se enteraría sobre lo que aquel mezquino ser me hizo hace años. Eso seguiría siendo algo que solamente mis amigos más cercanos, mis padres y yo sabríamos.
Fuera de la iglesia nos esperaba una limusina que nos llevaría a la recepción, Edward abrió la puerta para mí y entré. Un desagradable silencio nos envolvió, notaba a Edward molesto y la verdad es que no lo culpaba, había hecho que nuestra boda fuera inolvidable, pero no en el buen sentido de la palabra; ya que tendríamos una colección de recuerdos para nada gratos de este día.
—¿Qué diablos fue todo eso? —me preguntó rompiendo el silencio y clavando la mirada en la ventanilla.
—¿A qué te refieres? —respondí con otra pregunta y bufó por lo bajo.
—¡A todas tus dudas y titubeos! ¡Maldición Bella, estabas ahí, a un lado de mí frente al altar pero parecía que hubieses estado en otro planeta! —tomó una profunda respiración y aún sin apartar la mirada de la ventanilla, murmuró—: Por un momento creí que no te casarías conmigo, que terminarías dejándome para marcharte con Giovanni.
—Y por un momento, pensé en la posibilidad de hacer precisamente eso —dije y su cuerpo entero se tenso.
—¿Por qué? —preguntó, al fin, viéndome a mí y no a la jodida ventanilla.
—Me asusta que esto no funcione —murmuré. Esa era solamente una parte de mi preocupación, lo que en realidad más me asustaba era que ya fuese de una forma u otra, Edward terminara enterándose del secreto que tan celosamente guardaba y me alejara de su lado, no podría soportar perderle y por eso precisamente me rehusaba a decirle la verdad—. Una pareja se casa por amor, pero nosotros apenas si podemos decir que nos conocemos un poco.
Y entonces sonrió, una de esas sonrisas torcidas que me provocan escalofríos apareció en su rostro; cerré los ojos y no pude contener un suspiro al sentir el dulce beso que fue depositado en mis labios.
—Funcionará, estoy seguro de que estaremos juntos por el resto de nuestras vidas —murmuró sobre mis labios para después volver a besarme.
No sabía qué nos esperaría al llegar al salón de la recepción, había visto las imágenes que Alice me envió pero no sabía cómo luciría todo en conjunto. La limusina se detuvo y Edward se apresuró a bajar, bajé tomando la mano que me ofrecía y sin soltarlo, caminamos hasta entrar al salón.
Solté una exclamación de sorpresa y lágrimas de emoción inundaron mis ojos, mis organizadoras de boda habían hecho un excelente trabajo y todo era mejor de lo que pude haber imaginado. Los enormes ventanales habían sido decorados con largas cortinas color coral, dándole un poco de calidez a lo que parecía ser una estancia totalmente fría y lúgubre. Las mesas redondas cubiertas por hermosos manteles color coral y rodeadas cada una por diez sillas doras, habían sido distribuidas equitativamente a ambos laterales del salón, creando un gran pasillo al centro que llevaba directo a la mesa de los novios; todo estaba colocado de tal manera que le daba un ambiente armonioso al lugar.
Los arreglos florales de forma circular hechos con rosas y hortensias, en colores blanco y coral; estaban puestos en el tope de unas hermosas bases altas de cristal que habían sido acomodadas en el centro de las mesas, rodeadas por pequeñas velas blancas que daban un toque de romanticismo.
Al final del pasillo se encontraba la mesa de los novios, una mesa rectangular cubierta por un mantel de seda en color blanco perla y sobre éste, un mantel coral que caía creando un semicírculo en la parte frontal; al lado de la mesa, se encontraba una más pequeña donde se encontraba el majestuoso pastel. Al mirar el lugar una vez más pude apreciar que no era algo extravagante, como esperaba que sería al tener a mi madre como una de las organizadoras; pero tampoco era simple o insípido, era una armoniosa combinación de ambos y eso lo hacía simplemente perfecto.
Los nervios que me atacaron durante toda la ceremonia se disiparon por completo, dándome la oportunidad de disfrutar de la recepción como era debido. Muchos de los invitados se acercaron a nosotros en algún momento, felicitándonos y dándonos sus mejores deseos para nuestro matrimonio. Fue entonces que al fin pude conocer a los amigos de Edward: Stefan, Vladimir, Amun y su esposa Kebi; ellos no perdieron la oportunidad de molestar a Edward diciendo algo sobre corazones flotando alrededor que no logré entender. Kebi, por su parte, no tuvo reparo alguno en expresar lo aliviada que se sentía al ya no ser la única mujer en el grupo; y estuvimos charlando por un largo momento. Por suerte para mí, Victoria no se había presentado a la ceremonia y esperaba que tampoco se le ocurriera aparecer a arruinarme la recepción.
Sin duda alguna, la sorpresa del día fue la llegada de unos invitados muy espaciales que yo no sabía habían sido invitados por Edward: Tanya, Alistair, Irina y Laurent, los cuales se disculparon por no haber podido llegar a tiempo para la ceremonia. Tanya me contó con lujo de detalle lo sorprendida que estuvo al recibir la invitación para la boda, pues si bien ella sospechaba que algo había entre Edward y yo más allá de la amistad, no se esperaba que terminaríamos casándonos tan pronto; incluso me preguntó cuántas semanas de embarazo tenía ya que no encontraba otra explicación para una boda tan apresurada.
—Chicas, lo siento mucho pero voy a robarles a mi bella esposa un momento, la han acaparado totalmente —la última media hora la había pasado en medio de una aminada charla con Alice, Rosalie y Jane, que habían congeniado de las mil maravillas tanto con Tanya, Irina y Kebi, está última había terminado uniéndose a nosotras después de que su marido se pusiera a hablar de deportes con Jasper y Emmett.
—Las veo después chicas, ahora mi marido reclama mi atención —con una sonrisa tomé la mano que Edward me ofrecía y fruncí el ceño cuando nos detuvimos en medio de la, en ese momento, desierta pista de baile—. ¿Qué estamos haciendo aquí?
—Nuestro primer baile como marido y mujer, señora Cullen —susurró en mi oído, cuando comenzamos a movernos al suave ritmo de Can'tHelpFalling In Love.
En más de una ocasión estuve a punto de comenzar a llorar, Edward murmuraba la letra de la canción en mi oído y deseé que las palabras no tuvieran un significado tan... vacío. Apoyé la cabeza en su hombro y solté un pesado suspiro, deseaba que esas palabras significaran algo para él, que esas palabras fueran su manera de decirme que no pudo evitar enamorarse de mí.
Unas horas después Edward y yo nos despedimos de nuestras familias y amigos, no me pasó desapercibida la molesta mirada de Edward cuando me acerqué a Giovanni, lo abracé con fuerza y besé su mejilla; antes de separarme de él murmuré un: Sé lo que estoy haciendo, confía en mí. Me dio una triste sonrisa y volvió a abrazarme, espero que en verdad todo vaya como lo esperas, y pase lo que pase, recuerda que siempre estaré para ti si llegas a necesitarme; me dijo para después besar mi frente y alejarse de mí. Al otro lado del salón pude distinguir a Jane apoyada en la pared, sosteniendo una copa en su mano y sus ojos denotaba la más pura tristeza mientras veía como Giovanni se perdía entre los invitados, algo le pasaba y tenía que averiguar el qué era.
Edward y yo decidimos no tener una luna de miel, ambos teníamos pendientes por resolver en nuestros respectivos empleos que dejamos cuando nos fuimos a aquel viaje, pero en cambio pasaríamos el fin de semana en la Royal Plaza Suite del Hotel Plaza, un regalo de mis suegros y el cual me parecía un poco excesivo.
Abrió la puerta de la suite y antes de que pudiera dar un paso, me cargó en sus brazos diciendo: debemos seguir con las tradiciones tal y como son; a lo que no pude hacer más que reírme y enredar mis brazos en su cuello. Apenas si logre dar una fugaz mirada al lugar pues Edward no se detuvo hasta llegar a la habitación, mis pies tocaron de nuevo el suelo y de pronto no supe qué decir o hacer.
Me alejé unos pasos de mi ahora marido y recorrí con la mirada la habitación, había pétalos de rosa esparcidos por el suelo y la cama, velas distribuidas estratégicamente iluminando el lugar y junto a la ventana, se encontraba una mesa auxiliar donde esperaba una cubitera con una botella de champaña y un par de copas. Las suaves notas de BestOf Me inundaron el lugar y me sobresalté al sentir a Edward detrás de mí, mi respiración se aceleró y mi cuerpo se tensó cuando sus labios recorrieron la extensión de mi cuello, y terminaron dando un sensual mordisco a mi desnudo hombro.
—Espera... no... espera —me giré quedando frente a él y tomé un par de profundas respiraciones—. Sé que es nuestra noche de bodas pero... pero no quiero que te sientas obligado a... a... —no supe cómo terminar la oración, podía sentir el calor agolparse en mis mejillas y rogué para que la iluminación fuera mi aliada y no notara mi sonrojo.
—¿Obligado? —soltó una sonora carcajada e hice el intento de alejarme de él, pero fue más rápido que yo y me sujetó por las caderas—. Créeme cariño, en este momento lo menos que me siento es obligado a hacer el amor contigo.
Hacer el amor, no me pasó por alto el hecho de que Edward había dicho hacer el amor contigo, no simplemente tener sexo o follar.
—Escucha, antes que nada hay algo que necesito sepas, y si no lo incluí en mis votos fue porque quería decírtelo así, estando tú y yo solos —acarició mi mejilla y no pude evitar cerrar los ojos ante el suave roce—. Bella, prometo ayudarte y darte ánimos cuando lo llegues a necesitar. No puedo prometerte que tendremos una vida de color rosa, ya que lo más seguro es que tendremos cientos de problemas en el camino, pero lo que sí puedo prometerte, es que juntos buscaremos una solución para cada uno de ellos. Te prometo tratar de dar siempre lo mejor de mí y reconocer cuando me he equivocado, lo cual espero no ocurra con mucha frecuencia.
Ambos sonreímos ante la broma y una lágrima escapó de mi ojo derecho rodando por mi mejilla, mi corazón latía con fuerza y la emoción había formado un nudo en mi garganta.
—Prometo abrazarte y besarte todo el tiempo, aun bajo el riesgo de que termines por enfadarte de mí y me prohíbas acercame a ti. Prometo celebrar contigo tus éxitos y sostenerte en tus fracasos. Prometo hacer hasta lo imposible para ver siempre una sonrisa en tu rostro, aun en los peores momentos. Prometo no dejar que la monotonía nos alcance, tendremos divertidas peleas de almohadas, saldremos a citas románticas, nos acurrucaremos en el sofá para ver una película juntos, viajaremos e incluso iremos de campamento.
—¿A pesar de que odias acampar? —murmuré con voz ahogada por el llanto, para este punto las lágrimas bajaban por mis mejillas como ríos.
—Sí, aun a pesar de eso —dijo dándome una de sus sonrisas torcidas, sacó del bolsillo de su pantalón un pañuelo y secó la humedad de mis mejillas—. Prometo aprovechar al máximo cada momento juntos, y procurar que sean tantos como nos sea posible. Te prometo no hacer promesas que no tenga intensión de cumplir. Pero sobre todo, prometo nunca olvidar el por qué me enamoré de ti y amarte siempre, con tus defectos y virtudes.
—¿Tú... tú me... me amas? —pregunté entre sollozos y llena de incredulidad.
Edward acuñó mi rostro entre sus manos, besó con suavidad una de mis mejillas y después hizo lo mismo con la otra, besó mi frente, la punta de mi nariz y por último sus labios terminaron por apoderarse de los míos besándome como nunca antes lo había hecho.
Mis piernas flaquearon y tuve que aferrarme con fuerza a las solapas de su saco, y así evitar caer de rodillas al suelo. Terminó con el beso, apoyó su frente sobre la mía y tomó un par de profundas respiraciones.
—Sí, te amo Bella. Y haré todo lo que esté en mis manos, para que un día tú también te enamores de mí —y yo le creí, él en verdad me amaba, la sinceridad que veía en sus ojos no podía ser fingida.
—Edward, yo no... —no pude seguir hablando, sus labios me silenciaron con un beso arrebatador, lleno de pasión y necesidad que no dudé en corresponder; ya tendría oportunidad de decirle que no tenía que hacer nada para que me enamorara de él, pues ya lo estaba.
Sin romper el beso sus manos subieron por mi espalda hasta alcanzar la cremallera del vestido y con abrumadora lentitud la bajo, acariciando con la punta de sus dedos la piel que iba quedando al descubierto; el vestido se deslizó como una suave caricia por mi cuerpo hasta formar un charco de tela a mis pies y Edward liberó mis labios. Clavó sus oscurecidos ojos en los míos, sus dedos se enterraron entre mi cabello que cayó libre por mi espalada cuando sacó las horquillas que lo sujetaban, masajeó mi cuero cabelludo y me sentí derretir bajo la estimulante caricia.
Sin previo aviso sus brazos rodearon mi cintura alzándome unos buenos centímetros ayudándome a salir por completo del vestido, sus labios volvieron a apoderarse de los míos, caminando de espaldas me llevó por la habitación hasta que mis piernas chocaron con el borde de la cama y con suavidad, me empujó hasta que mi espalda chocó contra la mullida superficie del colchón. Por un par de minutos permaneció de pie, recorriendo con mirada hambrienta centímetro a centímetro de mi cuerpo, causando que una serie de escalofríos me hicieran estremecer.
No pude apartar los ojos de él mientras con lentitud comenzaba a desprenderse de su ropa, dejando como única prenda en su cuerpo uno ajustado bóxer negro que no dejaba mucho a la imaginación. Ante semejante visión la sangre comenzó a correr por mis venas como fuego quemando todo a su paso, mi corazón latía tan fuerte que sentía como cada latido resonaba con fiereza en mis oídos, mi respiración se volvió pesada y mi cuerpo... mi cuerpo temblaba a causa de las sensaciones que me embargaban, sensaciones que nunca antes había sentido y podía resumir en una sola palabra: anhelo. El anhelo de sentir sus manos recorrer mi cuerpo, sus labios besando hasta el último milímetro de piel y nuestros cuerpos uniéndose como si fueran uno solo.
Cerré los ojos en un intento por regular mi respiración pero era una misión imposible, el colchón se hundió bajo su peso al subir a la cama y solté un ahogado jadeo al sentir sus labios sobre mi ombligo. Me aferré con fuerza a la ropa de cama cuando sus labios se movieron en una traviesa caricia subiendo por mi abdomen, besando y dando pequeñas mordidas a cada porción de piel a su disposición, se movió hasta acomodarse entre mis piernas y mi espalda se arqueó en un angulo casi imposible ante la descarga de placer que recorrió mi cuerpo, cuando su entrepierna rozó deliberadamente mi sexo.
Tomé con mis manos su cabello en puños y tiré de el hasta que tuve sus labios sobre los míos, no lo pensé dos veces antes de que mi lengua se adentrara en su boca explorando todo a mi antojo y gusto. Rompí el beso y solté un sonoro gemido al sentir su ardiente mano acuñar uno de mis pechos, amasando y apretando con suavidad; mientras su boca atendía el otro, succionando y mordisqueando mi pezón hasta convertirlo en una pequeña y dura piedrecilla. ¡Dioses! Estaba tan perdida en el beso, que ni siquiera noté en qué momento Edward se había desecho de mi sostén.
Moví los pies liberándolos de las zapatos, que aún llevaba puestos, y tanteé por mis muslo hasta que encontré los pequeños ganchos del ligero que sujetaban mis medias, los cual me llevó apenas unos segundos soltar y otros más para hacer lo mismo con los de la parte de atrás. Traté de tirar las medias fuera de mis piernas pero no pude hacerlo, Edward chasqueó la lengua antes de tomar mis manos y sujetarlas por sobre mi cabeza.
—No seas impaciente cariño —dijo con un tono de voz ronco y malditamente sensual que provocó un cosquilleo entre mis piernas, afianzó su agarré con una sola mano y con la otra acarició mi costado derecho, deteniéndose en el inicio de mis bragas—. Tú sólo disfruta, yo me haré cargo de todo.
—Pero... —Edward tocó mi sexo aún cubierto por la fina tela de encaje de mis bragas, mi protesta murió al sentir la insinuante caricia y solté un ahogado gemido.
—Ahora voy a soltar tus manos, pero trata de mantenerlas justo aquí ¿de acuerdo? —mordí con fuerza mi labio inferior y asentí, no estaba segura de poder soportar por mucho aunque haría mi mayor esfuerzo; acarició mi pierna derecha bajando en el proceso la media hasta sacarla por completo, repitió el tortuoso proceso con mi otra pierna mientras yo me deshacía en gemidos, suspiros y jadeos. Enganchó los pulgares en la cinturilla de mis bragas y con voz un tanto distorsionada, murmuró—: Vamos nena, alza las caderas para mí.
Hice lo que me pidió y después de lo que me pareció una eternidad, mis bragas por fin eran lanzadas a alguna parte de la habitación. Mi cuerpo entero se sacudió con fuerza al sentir su aliento abanicar mi sexo, no pude seguir manteniendo mis manos inmóviles por sobre mi cabeza y las bajé estrujando con fuerza el cubre cama, ante la demoledora ola de placer que me azotó al sentir su tibia y húmeda lengua abriéndose paso entre mis pliegues hasta encontrar mi clítoris.
Mis pulmones ardían pidiendo a gritos por aire, aire que no podía darles pues me había olvidado hasta de como diablos respirar; grité, jadeé y lloriqueé suplicando por más al tiempo que mis caderas se movían como si tuvieran voluntad propia pegándose tanto como era posible a su rostro, ansiando sentir las caricias de su lengua más profundo.
—Edward... —murmuré con voz ahogada, sus manos sujetaron con firmeza mis caderas manteniéndolas ancladas al colchón y sus caricias en mi sexo se volvieron imposiblemente suaves y lentas, retrasando así la tan ansiada llegada de mi orgasmo. Y dolía, maldición que sí dolía, sentía el cuerpo en completa tensión, mis pechos y clítoris dolían antes la necesidad de correrme y él parecía disfrutar de lo lindo con mi tortura—. Edward... por favor... ya no lo soporto —jadeé apretando los dientes con fuerza y lo sentí sonreír.
Mi espalda se arqueó y grité cuando dos dedos se introdujeron en mí y comenzó a moverlos con maestría sin abandonar su tarea de lamer, besar y morder con suavidad mi clítoris; un par de minutos después mi cuerpo explotó en cientos de pedazos, vi luces de colores frente a mis ojos mientras las olas de placer se extendían por mi cuerpo sumiéndome en una nebulosa sensación de tranquilidad. Sus labios se posaron en los míos sacándome de mi remanso de paz, no que me quejara claro está; solté un jadeo de protesta cuando se apartó de mí y abandonó la cama, clavé la mirada en él y mordí mi labio inferior al ver como se deshacía de la única prenda que cubría su cuerpo: su bóxer.
Los nervios saltaron de pronto al tenerlo totalmente desnudo frente a mí, no podía apartar la mirada de su erguido miembro y sentí como si hubiera dado un salto atrás en el tiempo, como si fuera de nuevo aquella asustada chica de veinte años de edad que estaba a punto de perder su virginidad. Solté el aire que inconscientemente había estado reteniendo, cerré los ojos y gemí bajito al sentir su cuerpo cubrir el mío.
—No tienes idea de cuánto te deseo, Bella —abrí las piernas dándole un poco más de espacio para que se acomodara, su boca atrapó la mía besándome con desenfreno, como si quisiera comerme entera.
Solté un gemido que murió en sus labios cuando de una certera estocada entró en mí, gruñó rompiendo el beso y escondió el rostro en el hueco de mi cuello respirando con dificultad. Comenzó a moverse con un ritmo lento y constante, con embestidas profundas a la vez que suaves; gemidos, jadeos, palabras susurradas y sonidos de pieles rozándose llenaban la habitación, una fina capa de sudor cubría nuestros cuerpos y creí que el corazón me explotaría de lo rápido que latía cuando Edward aumentó el ritmo de sus embestidas.
Pero de pronto sus movimientos cesaron de golpe haciéndome gruñir en desacuerdo, lo sentí salirse de mí y se incorporó quedando arrodillado entre mis piernas; acarició una de ellas con las puntas de sus dedos para después subirla con lentitud hasta colocarla sobre su hombro. Mi cuerpo serpenteó sobre la cama y chillé cuando volvió a penetrarme con fuerza, la nueva postura nos daba un nuevo ángulo haciendo que su pene rozara una y otra vez ese punto dentro de mí que me estaba llevando directo a la locura.
Empecé a notar como se tensaba, moví mi pierna bajándola de su hombro y enredé ambas en torno a sus caderas, sus labios ansiosos buscaron de nueva cuenta los míos y mis manos bagaron lentas por su espalda de arriba a abajo; Edward se dio cuenta de que mi segundo orgasmo se acercaba a pasos agigantados y coló su mano entre nuestros cuerpos. Un par de embestidas más, sus dientes mordiendo con suavidad mi cuello y sus dedos pellizcando mi clítoris, fue todo lo que necesité para que mi cuerpo se convirtiera en una masa temblorosa ante la llegada de un orgasmo muchísimo más intenso que el anterior.
Edward continuó moviéndose con un ritmo casi frenético alargando los espasmos de mi orgasmo, lanzándome a una espiral de placenteras sensaciones; unos segundos después soltó un ronco grito al correrse y se desplomó sobre mí. Cerré los ojos tratando de controlar mi agitada respiración y que el oxigeno volviera a llenar mi pulmones como era debido, podía sentir el acelerado latido de su corazón en mi pecho como un eco del mío propio; estaba a punto de caer dormida cuando lo sentí salir de mí liberando mi cuerpo de su peso.
Cuando minutos después abrí los ojos, Edward me veía con una expresión de felicidad en su rostro que podía apostar era una copia de la que había en el mío, estaba recostado de lado y tenía la cabeza apoyada en su mano.
—Eso fue sin duda...
—Maravilloso —terminó la oración por mí alargando la mano y quitando un par de mechones de cabello, que estaban pegados a mi frente por el sudor.
—Bueno, yo iba a decir agotador —soltó una carcajada y enredó sus piernas entre las mías.
—Oh amor, esto apenas ha sido el comienzo —me estremecí y no pude acallar un gemido al sentir su miembro presionar contra mi muslo, ¡por Dios! Él realmente estaba excitándose de nueva cuenta.
—¡Me he casado con un hombre que tiene un serio trastorno de hipersexualidad!
—Nena, créeme que todavía no tienes idea de qué tan serio es —dijo esbozando una pícara sonrisa.
Su brazo rodeó mi cintura, rodó sobre su espalda y me llevó con él dejándome encima de su cuerpo; una de sus manos se posó con firmeza en mi nuca acercando mi rostro al suyo y me besó, un beso fogoso que quemó todas y cada una de las terminaciones nerviosas de mi cuerpo. Esta sería una larga. pero sobre todo, placentera noche.
Continuará...
Bueno, pues espero que les gustara y los sobresaltos les principio se hayan visto recompensados. He publicado el capítulo hoy porque voy a salir fuera unos días, estaré de vuelta hasta el próximo lunes o martes, por lo tanto me era imposible publicar el viernes. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, ahí estaré publicando imágenes relacionadas a la historia como también adelantos de la misma, les invito a unirsenos y si les interesa encontrarán el Link en mi perfil.
Muchísimas gracias a quienes agregaron la historia a sus alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se toman un momentito de su tiempo para dejarme un review y alegrarme el día, no los respondo por falta de tiempo, pero sepan que los leo todos y cada uno de ellos.
¿Algún review? =)
¡Hasta el próximo capítulo!
