Sakura Card Captor
Sakura / Syaoran
Advertencia: OoC
Capítulo VI
Quizá después de todo... no sea tan malo...
Al despertar y por el tamaño de mis ojeras, calculé habrán sido tres o cuatro horas las que había dormido en realidad, porque el resto del tiempo me lo pasé bloqueando cualquier pensamiento que se dirigiera hacia lo que había experimentado con Syaoran, sin embargo aquello que intentaba ignorar se las arreglaba para recordarme constantemente a cada paso que daba lo que había hecho. Me dolía todo el cuerpo, no sólo la zona directamente involucrada y recientemente mancillada. Se sentía exactamente tal como después del día que inexplicablemente uno decide que es una buena idea volver a subir a una bicicleta después de años; era consciente de partes del cuerpo de las que no lo estaba antes.
En el trabajo en cada oportunidad que levanté la cabeza me encontré con los ojos de Yue mirándome. A la quinta vez que ocurrió me convencí que no era una impresión mía, pero elegí seguir concentrada en mis asuntos, porque quedaba poco tiempo para la fecha límite, pero perdí la paciencia cuando él ya ni siquiera disimulaba el que me miraba.
—¿Se puede saber qué es lo que estás haciendo? — interrogué conteniéndome un poco.
—¿Yo? No hago nada… — rebatió con seguridad.
—Eso ya lo puedo ver, no haces nada excepto vigilarme. ¿Hay algo que quieras saber? — le pregunté corta de genio.
En mi dilema interno me pesaba el hecho de que seguramente él sabía cuánto me faltaba para terminar el informe y los días que restaban se contaban con una sola mano… no quería que me categorizara como una persona ineficiente y tan pronto terminé de sopesar esa posibilidad, otra surgió: ¿existía la probabilidad de que supiera qué era lo que había estado haciendo anoche? ¿Esas cosas se notaban? ¿Había algo que me delatara? Odiaba ser de esas personas que calculan cada posible resultado para estar lista para el contraataque. Me hacía pensar demasiado, pero era inevitable el instinto de supervivencia de estar siempre preparada para los distintos escenarios.
—No me digas que ahora eres de las que creen que porque son atractivas todos las miran… —, asumió sosteniéndome su visión sobre mi — En verdad has cambiado…difícilmente notabas a alguien además de ti misma porque ni levantabas la cabeza al caminar...
Mi boca se abrió ante la sorpresa porque a decir verdad no era por eso lo que imaginaba, de todas las posibilidades aquella no era una… ¿qué clase de pensamientos ególatras creía él que yo tenía?
—Estás equivocado, no era eso en lo que pensaba — refuté su teoría.
—¿Y qué es lo que pensabas? — indagó más a fondo Yue.
Me encontré a mi misma debatiendo sobre si decirle la verdad acerca de que tal vez no podría terminar el informe solicitado, pero eso sería reconocer mi incapacidad y tenía todas las sospechas de que al darme algo tan demandante era lo que Yue quería lograr, cumpliendo su parte del trato haciéndome quedar a mí como la contraparte que falló.
—En que te has vuelto viejo… ¿Cuándo saldrás del closet? — dije a modo de broma
Los ojos de mi jefe se abrieron desmesuradamente. Sonreí, porque sabía que le había traído recuerdos de nuestra época universitaria, donde corrían los rumores de su preferencia sexual. Él se levantó de su más que cómodo asiento —y lo sabía a la perfección porque me sentaba en el cada vez que él no estaba— y se acercó sin desviar sus ojos penetrantes de los míos. Escuchaba sus pasos acercarse hasta detenerse justo en frente de mí y fue imposible no remembrar esa aislada ocasión en la escalera de emergencia, porque me miraba justo como lo había hecho en ese momento. Su rostro se acercaba al mío y yo estaba estática; mi idea no había sido provocarlo en primer lugar, pero algo en mis cálculos había salido mal, él siguió descendiendo hasta que pude sentir su cálida respiración mezclándose con la mía, estaba a pocos centímetros de mis labios casi los sentía rozarme, cuando escuchamos que alguien avisaba a puerta que entraría y él se alejó bruscamente y se encaminó a su escritorio, aunque no alcanzó a llegar a este antes de que la secretaria se presentara.
—Señor Tsukishiro, la llamada que estaba esperando por la línea dos — anunció.
—¿Y no podía avisarme a través del comunicador? — le llamó la atención.
—Lo hice, pero no me contestó y como es urgente… — ella se justificó.
Él asintió y contestó la llamada, con un gesto me indicó que me marchara, no sin antes darme una mirada gélida de advertencia.
La broma me había costado cara y después de ese acercamiento me quedé nerviosa, intenté despejarme de los pensamientos que me acorralaban y recordé a mi inquilina, Mei Ling y su llamé a casa para saber cómo lo llevaba.
—¿Cómo es eso de que estás trabajando y no me habías contado? — fue lo primero que escuché de ella al responder mi llamado.
Esa era una conversación larga que valía la pena que fuera en vivo. Por lo que ignoré sus preguntas referidas al tema.
—¿Quieres cenar algo especial en casa hoy? — le ofrecí con un tono sugerente y distractor.
Mei Ling se calló inmediatamente y luego de pensarlo dos segundos respondió.
—Pizza, por favor pizza — contestó completamente feliz.
Sonreí y le aseguré que obtendría su pizza. Volví después de diez minutos a la oficina que compartía con Yue, pero él no ya no se encontraba ahí. Seguí hasta la tarde con mi trabajo y volví a casa con la pizza de Mei Ling, a quien le brillaron los ojos al verme con la gran caja cuadrada.
—Así que estás trabajando… — dijo sin ocultar el contenido de su boca mientras masticaba.
—Eres un puto asco, Mei Ling. Termina de comer y luego háblame, ¡rayos! — espeté asqueada.
Ella me miró y supe que lo había hecho a propósito, porque si había algo que todos sabían sobre mi era cuánto cuidaba mis modales en la mesa; y cuánto me fijaba en los de los demás.
—Eso te pasa por andar dándotelas de misteriosa ¿por qué tenías que ocultármelo? — consultó un poco sentida.
Le expliqué que era porque cabía la posibilidad de que no resultara y ella comprendió; además le hice ver la sutil diferencia entre "ocultar" y "omitir".
—No tienes que contarme sólo tus logros, Sakura — dijo mi amiga enseriándose repentinamente.
Seguimos comiendo tranquilamente, pero yo tenía dudas con respecto a qué haría de su vida. En nuestra relación era muy habitual el que ella me dijera todo lo que sintiera y pensara respecto a mí, pero yo me contenía un poco más. No porque no pudiera decírselo, aquello estaba en el pacto del que el diablo era testigo que habíamos firmado años atrás, pero en el fondo yo siempre he percibido que ella es más sensible de lo ella misma cree.
—No quiero que pienses que te estoy echando, que es una insinuación o algo por el estilo, pero quiero saber qué es lo que piensas hacer. Viene un bebé en camino. —, solté la bomba.
Mei Ling pestañó y dejó el trozo de pizza que desde hacía un rato masticaba sin muchos deseos y se apoyó en su brazo.
—Pienso criarlo sola —, dijo con seguridad.
—Mei Ling ¿estás segura? Un bebé es algo muy distinto a una mascota y todos sabemos lo que le pasó a tu jerbo… —, intenté averiguar qué tan determinada estaba.
Lo del jerbo había marcado un antes y un después en la vida de ella. A mí me causaba mucha risa, pero a ella se le llenaban los ojos de lágrimas cuando salía a la luz el tema de su única mascota. Su difunta mascota.
—Lo sé. No es una decisión que haya tomado a la ligera… embarazarme no era algo que estuviera buscando ¿sabes? Sin embargo cuando lo supe las cosas con…"él" ya estaban mal. Fui tonta como la mayoría de las mujeres que piensan que un hijo es la solución a los problemas; por el contrario, son el principio de muchos más — reconoció abiertamente — por lo demás no quiero que pienses que estoy arrepentida de haber decidido tenerlo y esa mi resolución.
—¿Y cómo piensas mantenerlo? —, expuse sin alargar el asunto. Directo al grano.
Estaba de acuerdo con lo que ella exponía, pero los bebés no salen baratos: médicos, pañales, el parto, ropa, carriolas, cuna y un sinfín de cosas, y eso sin contar cualquier imprevisto, por lo que por muy romanticona y socialmente aceptable que fuera su decisión y respuesta, no le escuchaba hablar de lo concreto: la manutención de esa criatura.
—Tengo unos ahorros — confesó.
—¿Suficientes? — constaté.
—Sí. — Reafirmó tajante.
—Entonces no hay nada más que hablar – cerré el tema al notar como ella ya quería acabarlo, por supuesto no sin antes decirle algo que quemaba en mi lengua viperina por ser dicho — No sé si sabes, pero las casas no se mantienen solas y los ahorros no duran para todo la vida…
Reemplacé la palabra "herencia" por "ahorros" y la misma frase que me había dedicado a mí se le podía aplicar a ella. Ella masculló algo que no alcancé a oír pero que me podía dar una idea perfectamente de lo que fue: "piérdete, zorra"
El día terminó y antes de ir a la cama me di una ducha que me relajó a tal nivel que tan pronto puse mi cabeza en la almohada me olvidé de todo lo demás.
Estaba a un día de terminar el plazo estipulado por Yue y ya era hora de admitir que no podría acabarlo a tiempo. Me sentía vulnerable y susceptible a cualquier comentario que pudiera hacerme y me sobresaltaba ante la más mínima insinuación de ineficiencia. Al terminar la jornada me acerqué a su escritorio y muy formalmente solicité hablar con él. Llevaba conmigo el documento original casi traducido y el borrador del informe personal.
—Mañana se cumple un mes — empecé el discurso.
—¿Sí? ¿y? — respondió él.
—Mañana se cumple el plazo — anuncié.
Si antes Yue había estado haciendo cosas muy distintas a la de ponerme atención, con aquella frase logré capturar su interés. Observé una sonrisa cínica en su rostro y se cruzó de brazos.
—Te escucho —, me comunicó.
Se podía percibir que él había estado esperando ese momento porque ahora la mueca que representaba una sonrisa en su rostro se ensanchó.
—No pude terminar con la traducción del informe —, admití con voz apenas audible — Tampoco pude finalizar lo otra tarea solicitada.
Él no parecía sorprendido en lo absoluto.
—Hubiese estado sorprendido y asustado por mi puesto si lo hubieses conseguido — reconoció sin restarme mérito.
Lo quedé mirando fijamente aún sin entender bien lo que quería decir.
—Nunca pensé que pudieras llevarlo a cabo, era inhumano. ¿Qué tanto has avanzado? — preguntó curioso.
Le mostré lo que llevaba, parte del borrador y me quedó mirando asombrado.
—En serio funcionas bien bajo presión — comentó mientras hojeaba muy a la ligera.
—¿Entonces? — indagué.
—Entonces mañana ven por tu paga. En lo que a mí concierne esto está listo. Yo me encargaré de afinar los detalles — estableció.
Mi pecho dolió justo en el orgullo. Había accedido a la oportunidad que Yue me había dado porque en ese momento estaba perdida y estaba convencida de que podría doblarle la mano y vencerlo en su propio juego, además de necesitaba un reto en mi vida, porque al final yo siempre conseguía lo que quería, pero no se me había dado así. En lo que importaba de verdad nunca era así.
—Está bien, nos vemos mañana entonces —, me despedí.
Me marché con una sonrisa que realmente no nacía con naturalidad, era una sonrisa por compromiso que me hizo sentir falsa.
No importaba lo que hiciera, seguía dándole vueltas a que debí haber hecho las cosas mejor, dedicarme más. Esforzarme más.
No deseaba irme de inmediato a casa por lo que me fui a dar una vuelta a donde fuera que me guiaran mis pasos y terminé frente a la tienda de Tomoyo. Debatí entre si debía entrar o no, y opté con que lo mejor era irme por donde había llegado, pero no contaba con que al voltearme me encontraría con ella de frente.
—Tienes el rostro de alguien que necesita un té bien cargado —dispuso.
—Si no te importa quisiera un helado; El más grande que tengan — regateé.
—Entonces un helado será—, aceptó ella entusiasmada.
Se acercó a las dependientas y les indicó que cerraran cuando fuera la hora.
—No ibas a entrar, ¿verdad? — adivinó.
Esa chica sí que era intuitiva.
—No, estás en lo cierto — reconocí sin dudar.
—Cuéntame — solicitó calmadamente.
Y no tuvo más que decirlo y yo revelé todo lo que estaba acontecido, mi relación con mi grávida amiga, su primo, y los recientes acontecimientos referidos a mi primera y fatídica relación sexual, Yue y su desafiante comportamiento y mi reciente e incierto futuro laboral. Creo que no hubo pausa entre un tema y otro… No me había dado cuenta de cuánto necesitaba desahogarme.
—¿Entonces a tu jefe le gustas? — fue la conclusión a la que ella llegó.
—¿Qué? ¡No! A él sólo le gusta el mismo. Narciso estaría orgulloso de él — recalqué.
Ella se quedó pensativa un momento.
—Y el chico, el primo de tu amiga, ¿No se ha comunicado contigo? — consultó.
Después de que ella lo dijo fue que lo noté. Él no me había vuelto a buscar y no lo había asimilado hasta que ella lo mencionó. Había intentado tan duramente olvidarme de lo que había pasado esa noche que había pasado por alto aquello.
—No… — admití nuevamente.
Ella me quedó mirando y levantó la mano y pidió la cuenta, que por todos los medios traté de pagar al menos mi parte, pero ella no me lo permitió.
Íbamos saliendo de la heladería cuando de pronto vi pasar a Syaoran con una chica y repentinamente sentí como mis pies pesaban más. Tomoyo miró hacia donde yo tenía los ojos puestos y no tardó en concluir lo que pasaba.
—¿Es él? — preguntó disimuladamente.
Asentí. No sabía que fue exactamente lo que me pasó cuando lo volví a ver, si era porque la vergüenza se apropió por completo de mí, si era porque no estaba preparada para verlo, si me molestó el que no me buscara luego o el que simplemente deambulara por ahí, respirando. Tomoyo me tomó del brazo y me arrastró con ella por el lado contrario y sin siquiera mencionar lo que había ocurrido, seguimos conversando un momento más pero ella me dijo que se tenía que ir. No supe como pedirle que me llevara con ella, tampoco era que la conociera tanto como para hacerlo, no obstante ella tenía un instinto y era escalofriante que supiera lo que yo quería incluso mejor que yo misma.
—Te llevaré a casa — me avisó.
Y fue justamente eso lo que hizo.
—¿En serio vives acá? — expresó sorprendida.
—Sí, desde hace años. — contesté.
Ella no dijo otra cosa más y nos despedimos con la promesa de no dejar pasar tanto tiempo antes de volver a vernos.
Las luces de la casa estaban todas prendidas como si fueran un arbolito de navidad… Iba a tener que hablar con Mei Ling sobre el ahorro energético y monetario.
Al entrar me encontré con mi amiga sentada de brazos cruzados en el sillón reclinable, con una cara inexpresiva muy mal caracterizada.
—¿Sabes qué hora es? ¿Por qué no llegaste a cenar? Pudiste avisarme — señaló Mei Ling furiosa.
Podía ver a mi amiga realmente ofendida sentada, hablándome sin realmente mirarme y aquello no pudo sino causarme gracia.
—Mei… supongo que eso que te dije de que serías mi esposa no te lo tomaste en serio… ¿o sí? — bromeé con ella.
Ella se sonrojó furiosamente y se fue a su habitación sin decirme una sola palabra y yo aún con una sonrisa genuina en mi rostro me senté en el sofá buscando descansar. Me quedé pensando en el día de mañana y opté por esperar el momento, no había de otra. No tenía sueño, por lo que decidí prender el computador con la esperanza de encontrar algún aviso en el que pudieran estar solicitando personas con mis características: sin experiencia. Mientras revisaba en los avisos, la curiosidad que no me había atacado antes, entré a aquella red social que tan descuidada tenía desde hacía un tiempo y grande fue mi sorpresa al notar que tenía más mensajes de los esperados y que entre ellos tenía mensajes de Syaoran. Debatí sobre si leerlos o no y me di cuenta de que sentía curiosidad… y ante las dudas perdí la batalla.
"¿Estás bien?"
"No supe cómo reaccionar… discúlpame"
"Lo siento…"
Habían sido justo después de ese día. ¿Por qué me pedía disculpas? No supe qué responderle, pero en el fondo me sentía un poco más tranquila de saber que al menos no había desaparecido del todo. Y me sorprendió más que apareciera un mensaje nuevo justo en ese momento.
"Te veías bien hoy…"
Me paralicé, porque no pensé que me hubiese visto… y le respondí un muy escueto "gracias" antes de siquiera darme cuenta de lo que estaba haciendo.
Esperé a que escribiera algo más, sin embargo aquello no pasó. Estaba por irme a dormir cuando alcancé a ver de reojo una alerta de mensaje.
"La chica con la que estaba hoy es sólo una compañera de clases. Comprábamos materiales para el grupo"
¿Por qué creía él que debía darme alguna clase de explicación?
"No tienes que explicármelo"
"Quizás no, pero quería hacerlo"
"¿Por qué?"
Mi pregunta salía como leída, y podía observar como en la ventana de conversación se me advertía que él estaba escribiendo, se detenía de pronto y luego no llegaba nada. Miré la hora, faltaba poco para la una de la madrugada, debía levantarme temprano y no iba a invertir más tiempo esperando una respuesta que probablemente le era más difícil a él dar que a mi recibir, y no lo culpaba, sino a las películas sobre romance que siempre han recalcado como la chica virgen se enamora irremediablemente del hombre que la inicia… y yo no iba a caer el típico cliché, y esperaba facilitarle las cosas a él diciéndoselo, por lo que fui lo más clara que pude.
"Mira, no tienes que hacer esto… no tienes que sentirte responsable de lo que pasó."
"Disculpa, no te entiendo"
¿De verdad no entendía lo que trataba de decirle? Iba a tener que ser más explícita en ese caso.
"No tienes que sentirte responsable por haber sido el primero, fue bueno que hayas sido tu… pero pudo haber sido cualquiera. No tienes que hacerte cargo de mi o algo por el estilo. Tranquilo, de verdad está todo bien…"
Fui todo lo sincera que pude y esperé una respuesta de su parte con la misma intención, pero él no contestó. Deseé que al menos hubiese aliviado la carga que sin pretensión había puesto en sus hombros, porque yo había percibido que él era alguien decente y no conté con ese factor en un principio, ¿por qué no me encontré un tipo estúpido y desvergonzado el cual yo haya sido sólo una más…? Por mi parte estaba todo aclarado con él, así que apagué el computador y me fui a descansar, porque en realidad sueño no tenía. No me quedaban juegos para mi Nintendo, así que saqué mi viejo amigo PSP y estaba jugando uno de mis títulos favoritos de pelea, cuando me sobresalté al oír mi teléfono móvil sonar y era un número desconocido. La primera reacción al recibir una llamada a esa hora es asustarse, porque nadie llama sin un buen motivo, por lo que contesté un poco alterada.
—Sakura… — escuché mencionar mi nombre.
—¿Sí? — pregunté descolocada al reconocer la voz al otro lado.
—De verdad… ¿en serio pudo haber sido cualquiera?
Me quedé callada y no supe cómo responder a esa pregunta con ese tono de voz tan bajo, que extrañamente hizo que me sintiera mal e incluso culpable por lo que había dicho…porque lo hizo parecer como si eso le afectara…
—Escucha, Syaoran… es de madrugada. No es una hora prudente para estar llamando a nadie — respondí de mala gana.
—Contéstame — exigió.
—Lo que yo haga o deje de hacer, con quien desee hacerlo no es en ningún caso tu problema, pero para tu tranquilidad ya sé lo que tengo que saber y tuve más que suficiente — expuse con seguridad.
Lo último lo dije especialmente cortante y despectivamente. No entendía por qué él quería saber eso.
—Puedo ser mejor. Puede ser mejor — respondió firmemente.
—¿Qué? ¿de qué hablas? — consulté medio confundida.
—Ábreme la puerta y te demostraré que puedo ser mejor — solicitó con seriedad.
—¿Estás loco? ¿Por qué te abriría la puerta? Estás en tu casa y yo… —fui interrumpida.
—Tuve que traerle helado a Mei Ling…—contestó simplemente.
¡Él estaba en mi casa! Me sonrojé ante lo que eso significaba… ¿él quería que volviera a pasar? ¿Quería yo? Escuché un débil golpeteo en mi puerta y mi corazón palpitó ante la impresión. Me levanté aturdida por lo repentino de la situación y no reparé en lo que vestía y en que esa era la habitación en la que nadie era bienvenido.
Abrí la puerta y me encontré con Syaoran cabizbajo con los ojos en sus pies, pero cuando notó que yo lo estaba mirando, a pesar de la oscuridad y la poca luz que se filtraba a través de la ventana, pude saber que su mirada era intensa. La sentí.
—¿Puedo pasar? — Era una pregunta, pero no sonaba como tal.
Asentí y en un paso él se encontró frente a mí, a pocos centímetros. Me puso nerviosa con su cercanía, y fue inevitable que me bloqueara cuando a mi oído susurró:
—Esta vez va a ser mejor…— Aseguró solemnemente.
Junto con esa nueva promesa cerró la puerta, y me llevó con él a la cama e instantáneamente mis pezones reaccionaron cuando él se posicionó sobre mí. Me quedé quieta cuando él comenzó a besarme calmadamente, sin apuros. Me sentía más relajada que la vez anterior, suponía que era porque ya sabía que esperar, pero no quería predisponerme, por lo que me concentré en no perder sincronización de los movimientos sensuales de su lengua y le respondí al ritmo que él marcaba. Decidí que me dejaría llevar y no me impondría de ninguna manera.
La temperatura de la habitación había cambiado drásticamente, porque se podía observar que los vidrios estaban empañados. Syaoran hacía ya un rato se había colado a través de mi ropa interior y no podía explicar por qué mis piernas reaccionaban así cuando me tocaba, era completamente exquisito el sentir unos dedos ajenos y gruesos explorándome con esa dedicación y la humedad y el sonido delataban que aquello estaba siendo especialmente bueno para mí, por lo que cuando él retiró sus dedos de mi, sin ninguna vergüenza volví a pedirle que no abandonara la misión y con mis caderas busqué el movimiento perfecto que hiciera que me acercara peligrosamente al borde que tan exquisitamente me gustaba rozar, pero que no deseaba alcanzar aún. No dejaba de ser extraño que fuera alguien más quien me estuviera proporcionando esa sensación placentera, pero no contaba con que él no tomaría en cuenta el que yo no deseara acabar, y mientras lamía mis pechos alcancé esa liberación que aunque no buscaba se me hizo necesaria en cierto punto tras aquella insistencia y fui yo misma quien buscó que sus dedos indagaran incluso más a fondo y que ejercieran más presión, haciendo que luego de haber disfrutado esos segundos maravillosos mis piernas no consiguieran quedarse quietas.
—¿Eso estuvo bien? – interrogó divertido él.
—Estuvo bien, pero no es nada que no hubiese podido conseguir por mi misma — rebatí ante cualquier rastro de superioridad que él pudiera asumir luego de haberme llevado a donde había llegado.
—Lo tuyo no es eso de quedar bien — constató él
Yo sólo reí, porque era cierto. No era de las que ocultara algo por la humilde razón de no quedar bien frente a alguien.
—¿Preferirías que te mintiera? — indagué sobre su carácter.
—No, no me gustaría, aunque con esta respuesta creo que mi orgullo masculino se verá afectado en el futuro — reconoció.
Aún medio hechizada bajo el efecto de aquel motivador orgasmo, deseé que se callara, pero ya había cumplido con la cuota de honestidad del día, e incluso yo sabía cuando debía contener a veces mis comentarios mordaces. Opté por silenciarlo sujetándolo firmemente desde la base de su masculinidad. Funcionó.
Él estaba excitado y aún con los duros jeans que usaba podía sentir su pétrea erección. Comencé a tocarlo por encima, sin ninguna intención de otorgarle más de lo que pudiera obtener a través de la gruesa tela; no me había fijado que pensamientos egoístas de esa índole eran parte de mi actuación en esas circunstancias, quería hacerle pedir que avanzara más allá, sin embargo él en su impaciencia fue más rápido que yo y abrió la cremallera del pantalón, soltó el botón e incluso desabrochó su cinturón en tiempo récord, siendo su miembro protegido únicamente por su ropa interior, y él no tardó en tomar mi mano e infiltrarla dentro de ella, pero seguí portándome rebelde y aunque no retiré mi mano de ese cálido lugar, no hice nada por incrementar su más que palpable excitación, pero lo torturé rozando con un solitario dedo donde había estudiado que eran más sensibles los hombres y él se sobresaltó ante aquel sutil roce y sentí como aquel dedo intruso se vio humedecido por su excitación y eso que apenas y lo había tocado… su respiración era poco rítmica y pude apreciar sus ojos vidriosos. Él quería más que eso.
—Me gustaría sentir tu boca nuevamente en mi pene — soltó él abruptamente.
Aquello fuera de escandalizarme me causó mucha gracia y comencé a reírme nerviosamente.
—Uno puede querer muchas cosas, pero eso no significa que por expresarlas lo vayas a conseguir — respondí elocuentemente.
Syaoran me miró extrañado por mi respuesta, pero luego volvió a besarme, y sin darme cuenta nuevamente, él se liberó a si mismo de su ropa y ya sin nada que lo cubriera hizo que dirigiera mi vista hacia su intimidad inhiesta y no podía negar que la visión me gustó.
—¿Quieres hacerlo nuevamente? — preguntó en un tono que parecía un ruego.
La verdad es que mi mente no estaba del todo clara, no estaba segura tampoco de si estaba preparada para otro crudo encuentro de realidad posterior, pero en ese momento, bajo ese efecto embriagante de un buen orgasmo y lujuriosa atmosfera no me pareció que hubiese otra alternativa.
—Intentémoslo — accedí.
—No te arrepentirás… — juró.
Estaba un poco obsesionada con la clásica posición por lo que él se acomodó sobre mí. El contacto sin penetración de nuestros no dejaba de ser sobrecogedor, por todo lo que implicaba y hasta ahí no tenía quejas aún, sentirlo presionar mi clítoris con solo su miembro hacía que más humedad surgiera de mi. Él se mantuvo así, complaciéndonos a ambos y jugando con la humedad, escuchando los sonidos propios de ese tipo de unión, hasta que volví a sentirlo dentro de mí; El goce previo se congeló abruptamente y no pude sino exaltarme y Syaoran lo notó. Él fue lenta y pacientemente abriéndose camino, y si examinaba con cuidado lo que sentía podía percatarme que no me dolía, sino que era extraño tener un cuerpo invadiendo mi interior, era una molestia tanto psicológica como física y traté de relajarme, no pensar en algo distinto, si no en encontrar algo positivo y lo encontré cuando él se salía de mi lentamente y volvía a adentrarse bruscamente; me dolía pero a la vez provocaba algo distinto y adictivo. Comencé a moverme buscando esa sensación nuevamente y descubrí que si me movía buscando su pelvis, se sentía mejor.
—¿Estás bien? — preguntó él hablando entrecortadamente.
—Sólo… cállate — respondí tratando de concentrarme.
Escuché que él se rió y comenzó a moverse distinto, la sensación de incomodidad persistió en todo momento, pero no era lo único, y cuando él no pudo contener más su orgasmo, quiso salirse de mí, pero yo lo aprisioné queriendo sentir aquello nuevamente y no tardó en dejarse llevar, lo sentí llenarme y eso me gustó, era una sensación tan rara e indescriptible...
Él se retiró de mi agitado aún, yo no había logrado el objetivo primordial, pero había conseguido cambiar de parecer respecto a mi primera experiencia… la segunda vez fue mucho mejor, pero todavía no todo lo espectacular que lo pintaban.
Observé que él se acomodaba a mi lado, completamente relajado y aquello me alteró.
—¿Qué haces? — lo interrogué descolocada.
—Tengo sueño — respondió arrastrando las palabras.
—¿Y qué? Debes irte —, le exigí.
—Estoy tan cansado que podría quedarme dormido al volante ¿podrías cargar con esa responsabilidad? — dijo con menos somnolencia.
El que dijera una frase tan completa y sin arrastrar las palabras como en la frase corta previamente dicha, me hizo sospechar, pero tenía razón. Eran pasadas las dos y media de la madrugada.
—Debes irte antes de que Mei Ling se de cuenta de que sigues aquí — acepté que se quedara — Puedes ir a la habitación en la que estuvimos antes.
—¿Qué? ¿No puedo quedarme aquí? — preguntó con sorpresa.
—No me gusta dormir con gente — aclaré.
—Ni sabrás que estoy acá. No ronco — dijo divertido.
No estaba ni un poco convencidam pero supe que no importaba lo que le dijera él lo iba a rebatir.
—No te acerques demasiado — le advertí.
—No sabrás que estoy acá — reiteró.
Se acomodó con más familiaridad de la que me hubiese gustado en mi cama e incluso acomodó las almohadas. Me volteé no pudiendo dejar de pensar que al lado mío había un hombre con el que acababa de tener sexo… y que no había sido tan malo como prácticamente había estado esperando que fuera.
Media hora más tarde, seguía sin poder dormir era demasiado consciente de que había alguien a mi lado y no paraba de preguntarme si me quedaba dormida ¿notaría él que se me salía un poquito la saliva? Por otra parte él no haciendo caso a su promesa de mantenerse alejado se acercó a mí y buscó que mi cabeza quedara cómoda sobre su brazo, él no sabía que seguía despierta y noté su accionar, pero no hice ningún aspaviento, me dejé llevar… no era tan terrible el estar cerca de alguien, y en cualquier caso me podía escudar en el hecho de que estaba dormida. Me relajé después de un rato y solté mis músculos y finalmente pude dormir…
Al despertar ya vería cómo lidiaría con todo lo que estaba por venir…
Continuará...
A todas mis lectoras les solicito encarecidamente que por favor se pongan un nick, extrañamente tuve muchos "guest" en el capítulo anterior y me encantaría poder identificarlas, de verdad, su review es tan valioso para mí que quisiera saber quién me los deja, para hacerles un altar. Contestaré por orden, desde el primero al último.
Otra cosa, el título de esta historia está sujeto a cambios, aún no está del todo decidido, pero para que estén atentas
A continuación responderé los reviews:
Guest: en realidad el título decía mucho sobre qué se trataría, me cuestioné si era bueno ponerle ese nombre al capítulo siendo tan evidente, pero las cosas por su nombre, dicen jajajajaj.
-En cuanto al lugar, bueno, era el único lugar disponible que podría proporcionales la privacidad que necesitaban.
-Gracias además por el P.D, en realidad es arriesgado atreverse a escribir de esa forma, porque está muy alejado de los cánones establecidos, pero me da más temor que mi historia sea una más de muchas iguales, de esas que no se pueden distinguir de otras.
Gracias por tus palabras, me dan mucha más confianza para seguir escribiendo como siento y no como se supone que "debo"
ValSmile: ¡Holaa chica! ¡Feliz navidad! Jajajaj era toda mi intención al escribirlo, tenlo por seguro, gracias por tus palabras, son muy bienvenidas.
-Te juro que por más que busqué no encontré los guiones perdidos que mencionaste…
-Syaoran no era casto, pero no se dio cuenta de que ella sí.
-Por lo demás sí, Sakura necesita un poco de amabilidad en sus relaciones, pero ella va a tender a escapar de los buenos tratos. En realidad es medio extraña acá jajajaja tiene problemas de carácter serios.
Cuídate mucho y como siempre espero volver a saber qué opinas de esta actualización. ¡Chauu!
Guest2: Jajajaja ¡gracias por notarlo! Me agradó tu review, muy aterrizado y dio justo donde yo quería llegar con el capítulo tan poco rosa que escribí (en realidad nada de lo que escribo espero que sea cursi…)
-Así es, las primeras veces idealizadas son bazofias. Tampoco nunca conocí a nadie jajajaja.
Gracias de nuevo, espero poder leerte luego con un nick distinto, para poder dirigirme a ti... Muchísimos saludos.
Guest3: Si ¿verdad? El título es demasiado explícito.
Jajajaja Yue es muy serio, es cierto, por eso la secretaria le teme.
De hecho es el arma para alguien autodidacta, google es el dios de las respuestas.
Qué triste lo de tu ciudad y sí, es muy cierto lo que dices… mejor sola que mal acompañada, ni hablar, Mei Ling es lo suficientemente madura para tomar sus decisiones.
-¿Más preparación? No lo tengo claro… quizás sólo era como tenía que suceder, un aterrizaje forzoso.
-Puede que Yue haga algo de ruido, pero no se olvide que Eriol esta vivo en algún lugar por ahí…
-Maté a Fujitaka porque ella necesitaba crecer y madurar y bajo el alero de su padre nunca conseguiría nada, él la consentía en todo y le sustentaba todas malas y poco maduras ideas y decisiones que ella tuvo e hizo.
Por favor, me encantaría que me dejaras tu nick para la próxima oportunidad no me gusta decirte "guest3", porque por supuesto que quiero seguir recibiendo tu opinión.
Sakura Kinomoto Amamiya 26: No creo que Sakura sea frígida la verdad, era solo que las cosas no se dieron como que para ella sintiera algo bueno, no sabía que esperar y al final terminó inclinándose por el lado negativo del asunto, sólo una circunstancia.
Gracias por tus buenos deseos, feliz navidad para ti también y un próspero año nuevo, por supuesto. Ojalá este capítulo haya contestado algunas interrogantes que pudieras haber tenido.
Muchísimos saludos, y hasta el próximo capítulo.
Kimi Deathberry: Sakura no podría distinguir a un experto de un casto, así que para ella esa no fue la gran diferencia… sólo tuvo una mala experiencia, como muchas personas y un montón de factores influyeron, incluyendo el que ella viera porno jajajaja.
Ahora que terminé este capítulo seguiré con el de Bleach :D
Camili: Mira, tú no tienes derecho a reclamo ya que son 48 horas disponibles para ello en un review… y con el tuyo pasaron hartas más.
-Si me odias o no, pues dejame aclararte que aquello no me quitaba el sueño, ni las ganas de seguir boicoteando las ganas de leer que tienes 8)
-Bueno, nunca es bueno que alguien muera en extrañas circunstancias y tan inesperadamente, pero convengamos que a Sakura tan cómoda como estaba no iba a hacer nada por si misma, y su padre la consentiría hasta el final de los días, como lo hizo.
-Exactamente, a mi no me importa que me miren raro cuando saco mi PSP en donde esté y amerite ser usado… que les den.
-Bueno, probablemente lo de Yue y Sakura sólo quede en tensión sexual, no te olvides que aún está Eriol, el catalizador de todo.
-Jajajajja posiblemente eso le falte a Sakura… ¿pero qué dirá Mei Ling cuando descubra que no es la única amiga de Sakura? Yo creo que no lo va a tomar demasiado bien…
-Jajajaja exactamente, son pocos los que tienen el don de saber donde la ponen ¿por qué deben ser tan experimentados los hombres de nuestras historias?
-Gracias por el punto para mí. Posiblemente necesita que la domestiquen, diste en el clavo.
-Bueno, presionaste y aquí el resultado, espero que te haya gustado.
Gracias por tu más que tardío review, ah, perdón, eso era innecesario, gracias por tu review. ¡Saludos!
Gracias a los lectores anónimos también...
