Le sorprendió el haber logrado conciliar el sueño durante algunas horas, aunque su mente estuvo plagada de pesadillas sobre Dean, marchándose, aislandose del mundo y pidiéndole que se alejara para siempre. Dirigió su mirada al otro lado de la cama, para ver a Dean aún dormido, tranquila y profundamente, así que se levantó con cuidado, abrió la puerta del sótano y salió de allí por primera vez en días. Debía admitir que estaba harto de las cuatro paredes que le rodeaban y ahora que sabía que Dean estaba a salvo, podía permitirse salir un momento y estirar las piernas.
Arriba estaba John en la cocina, preparando el desayuno, nadie más parecía estar levantado a tan tempranas horas de la mañana. Los ojos del hombre mayor se abrieron con sorpresa al ver a Castiel, pero pronto una pequeña sonrisa se formó en sus labios.
- Hey, pensé que nunca ibas a salir de allí ¿quieres desayunar? – Castiel asintió y se sentó a la mesa, dejando que John le sirviera el desayuno - ¿Qué hay de Dean?
- Sigue dormido.
- Por supuesto, debe estar agotado, hay que dejar que se recupere – Castiel asintió de nuevo. John se sentó al otro lado de la mesa para comer su desayuno en silencio, ignorando la mirada aguda de Castiel.
- ¿Sabías que los licántropos viven 200 años? – se atrevió a preguntar al fin, pero John no parecía demasiado sorprendido, sólo suspiró y se rascó la cabeza.
- No realmente. Lo leí en el diario de ese chico, Jordan, no estaba seguro de que fuera cierto… ¿Dean lo sabe?
- Sí.
- ¿Y qué piensa sobre eso?
- Creo que tiene miedo de vivir más que todos nosotros, tener que enterrar a su familia, también a mí probablemente… debe ser duro para él.
- No lo dudo. Para nosotros sin embargo no es un problema ¿verdad? Saber que será siempre el mismo chico alegre y lleno de energía, es el sueño de todo padre. Tendrá el tiempo suficiente para hacer lo que desee con su vida.
- Dudo que quiera seguir viviendo cuando ya no estemos aquí… ustedes son su vida, no ve más allá de su familia, incluso está dudando en venir conmigo a causa de eso - John gruñó y su rostro se llenó de preocupación, mas no dijo nada – desearía poder vivir 200 años a su lado, pero dudo que alcance los 100 y cuando supere los 60 mi cuerpo será tan horrible que no sentirá más que lástima por mí.
- O tal vez no. no te deprimas, Castiel, aún tienen unos 30 o 40 años por delante para disfrutar y ser completamente felices y creo que eso es un buen tiempo, no lo desaprovechen.
Castiel nunca imaginó que John pudiera ser tan amable y comprensivo, pensó que lo odiaría al conocerlo por todo lo que había hecho pasar a Dean, el abandono, el encierro, la herida en su pierna… pero ahora no encontraba ningún motivo para hacerlo, podía ver cuán arrepentido estaba y cuánto quería redimirse, decidió que merecía una segunda oportunidad como padre.
- ¿No le molestaría si decide ir conmigo? – preguntó Castiel un poco asombrado.
- Es su decisión, por supuesto que lo extrañaría, pero he visto lo mucho que te preocupas por él y lo fuerte que puede ser Dean, así que estoy seguro de que estará bien contigo.
Castiel sonrió con tristeza y gratitud – sin embargo dudo que quiera hacerlo, está tan asustado de salir después de lo que pasó, tiene miedo de encontrarse con otro cazador, de poner en riesgo nuestras vidas y no sé cómo hacerlo sentir seguro de nuevo. Nunca he sido un buen consejero, debo reconocer que no tengo mucha experiencia, no sé cómo manejar esta situación.
- Ni toda la experiencia del mundo te ayudaría con esto; Dean es diferente, es un caso especial, pero no te desanimes, él te ama y sea cual sea la decisión que tome, no implicará alejarte de él, si decide quedarse aquí, siempre serás bienvenido a visitarlo cuando desees.
Castiel volvió a sonreír, esta vez de manera sincera – Gracias.
- No hay de qué.
Acababan de terminar su desayuno cuando se percataron de una nueva presencia en el comedor. Ambos hombres sintieron su asombro crecer al ver a Dean de pie, inspeccionando el lugar con la mirada como si lo viese por primera vez.
- Hey, estás despierto – saludó John con entusiasmo - ¿cómo te sientes, hijo?
- Estoy bien, me siento mucho mejor.
- Me alegra escuchar eso ¿quieres algo especial para el desayuno?
- Mucho tocino, salchichas y huevos fritos.
John sonrió con afecto, no solía cocinar muy a menudo para sus hijos, pero podía permitírselo ahora, para demostrarle a su familia lo mucho que le importaba a pesar de que nunca dijese nada al respecto y Castiel ahora se había convertido en un miembro más de su familia. Aunque se sintiese un poco raro e incómodo debía aceptar que era la persona a la que su hijo había elegido y era un buen chico después de todo.
Dean se sentó a la mesa, cerca de Castiel, quien lo evaluaba con la mirada, detallando el sudor fresco en su frente, su rostro un poco pálido y sus cejas curvadas - ¿estás bien? – preguntó.
- Estoy bien – respondió Dean algo cortante.
- ¿Por qué estás levantado?
- Porque estoy cansado de estar en cama, quería estirar las piernas.
- Podrías haberlo hecho en tu habitación, pensé que no querrías salir de allí.
- Yo… tuve una pesadilla ¿de acuerdo? y no quería estar solo.
Castiel se sintió mal por el chico, quería abrazarlo y reconfortarlo, pero sabía que era precisamente lo que Dean quería evitar, sentirse débil y vulnerable en los brazos de alguien.
- Entiendo ¿Quieres hablar de ella… o sobre lo que te ocurrió en ese lugar?
- Tú ya sabes lo que pasó allí, me obligaron a pelear a muerte con los de mi especie, intentaron obligarme a engendrar un hijo con Ana, me golpearon, me dieron descargas eléctricas, me humillaron y por si fuera poco me pusieron plata debajo de la piel ¿hay algo más que desees saber o quieres torturarme un poco más?
- Yo… sólo pensé que hablar sobre ello te ayudaría un poco– murmuró tímidamente, bajando la mirada.
- No, dudo que me haga algún bien revivir toda esa basura.
John interrumpió la incómoda escena, poniendo el plato con el delicioso desayuno de Dean sobre la mesa – parece que alguien despertó de mal humor el día de hoy. No deberías desquitarte con él, Dean, sólo está preocupado por ti… igual que todos.
Dean observó a Castiel con la mirada baja y las mejillas sonrojadas y se sintió terrible, debía admitir que su padre tenía razón – lo siento, Cas, no quería hablarte de esa manera.
Castiel levantó la mirada y sonrió a Dean con simpatía – está bien, entiendo que has pasado por mucho en los últimos días, es natural que estés algo inestable.
John sonrió y palmeó cariñosamente el hombro de su hijo antes de alejarse.
- Sí, en realidad todo ha sido confuso y extraño desde que llegué, pero lo superaremos, lo superaremos juntos.
- Sí, lo sé.
- No, no entiendes, Cas, lo superaremos, sea cual sea el lugar donde vayamos, porque estaremos juntos hasta que nuestras vidas se extingan… cuando tú mueras, yo moriré, eso es lo que deseo.
Los ojos de Castiel se abrieron de manera casi cómica y una sonrisa brillante adornó su rostro -¿quieres decir que vendrás conmigo?
- Sí, por supuesto. Estuve pensando y no quiero vivir aquí mientras Papá y Bobby sólo pueden concentrarse en cazar, además, no soportaría estar lejos de ti por mucho tiempo, así que lo mejor que puedo hacer es ir contigo, así no tendremos que separarnos. Sin embargo, creo que estaría bien encontrarnos un nuevo hogar, no quiero toparme con cazadores que quieran recoger las pertenencias de Jordan.
- Por supuesto, Dean, haremos lo que tú desees.
Ambos compartieron sonrisas, sintiendo la tensión disiparse lentamente.
- Así que te vas – fue la voz triste y apagada de Sam la que habló tras su espalda, partiendo el corazón de Dean.
- Hey, Sammy, no sabía que estabas ahí.
- Perdona, no quería entrometerme, pero escuché que te ibas y no pude evitarlo.
- No pasa nada. Escucha, Sam, voy a irme con Cas, pero eso no quiere decir que debamos dejar de ser hermanos, podemos seguir viéndonos siempre que quieras.
- Lo sé, es sólo que voy a extrañarte, pero sé que estarás mejor al lado de Cas; no naciste para ser un cazador ni para unirte al negocio familiar y Papá lo entiende, sabe que no tienes sangre Winchester… así que sé que serás feliz y me alegro por ti.
Sam se acercó para envolver a Dean en un abrazo fraternal – gracias por comprender, Sammy – susurró Dean a su oído.
ooOoo
Dean pasó los próximos días recuperándose y empacando sus pertenencias más valiosas, su ropa, sus fotografías, algunos libros y su amada guitarra, sólo con la ayuda de Sam y Castiel, ya que los demás habían vuelto al trabajo, una cacería no muy lejos de allí. El tiempo de descanso y agradable compañía le hicieron olvidarse casi por completo de los horrores que había vivido, todas las muertes que había presenciado, la crueldad de los cazadores, aunque había muchas cosas que jamás podría recuperar, como su inocencia y su ingenuidad infantil; sabía que allá afuera siempre estaría alerta y desconfiaría de cualquiera, pero al menos sabía que podría sentirse seguro en los brazos de Castiel, que al besar sus labios todos los problemas desaparecerían como por arte de magia y al ver sus ojos tendría la prueba de que no todo en el mundo era cruel y oscuro, que había un ángel a su lado, velando por su seguridad mental.
Castiel realmente tenía la paciencia de un ángel, pues el humor de Dean en los últimos días había sido inestable debido a su mente plagada de recuerdos horribles y pesadillas, pero Castiel nunca se había tomado su actitud como algo personal, intentando comprender todo aquello por lo que estaba atravesando, porque él mismo se sentía de la misma manera en ocasiones, porque su vida monótona y aburrida también había cambiado radicalmente en las últimas semanas… pero eso estaba bien con él, porque gracias a eso ahora tenía un hombre maravilloso a su lado y tal como lo había dicho Dean, podrían superarlo todo juntos.
Bobby y John regresaron el fin de semana, momento que Cas y Dean encontraron oportuno para marcharse. No quedaba mucho tiempo antes de que las clases de Castiel comenzaran de nuevo, así que debían aprovechar al máximo el poco tiempo libre que les quedaba.
La despedida fue emotiva, con abrazos, miles de consejos, promesas y palabras de aliento. Bobby se había ofrecido a llevarlos en su coche y ahora observaba sus rostros nerviosos desde el asiento delantero, porque esta vez no irían al apartamento de Castiel; habían decidido que si su plan era vivir juntos de ahora en más, su primer paso sería comunicárselo a los hermanos de Castiel y en caso de no tener su aprobación, ya verían que hacer entonces, porque ni montones de dinero, ni un cómodo apartamento, ni siquiera una carrera en una de las universidades más prestigiosas del país, se comparaban con la dicha de tener a Dean.
El auto se detuvo casi una hora más tarde en frente de una lujosa casa de ensueño, con hermoso jardín y cercas blancas. Dean fue el primero en bajar, tomando aire con nerviosismo.
- Mejor los espero aquí, chicos, les deseo suerte – dijo Bobby, pues aún guardaban las pertenencias de Dean en el maletero y debían llegar más tarde al apartamento de Balthazar. Bobby por su puesto se había ofrecido a acompañarlos hasta el final, cuidando de que todo saliera bien hasta su regreso a casa.
Dean le sonrió en señal de gratitud y caminó con Castiel hasta el enorme portón, tocando la pesada puerta de madera un par de veces. Tras una larga espera, esta se abrió, revelando la imponente figura de un hombre, alto, tan alto como Sam pero mucho más musculoso, de cabello negro y rizado al nivel de los hombros, piel pálida y ojos azules como los de Cas.
- Miguel – saludó Castiel con voz áspera antes de aclarar su garganta.
- Hermano – saludó el otro con una leve sonrisa, siendo no mucho más expresivo que su hermano menor – pensé que no vendrías a visitarnos durante las vacaciones.
- He tenido algunos inconvenientes – explicó – pero he venido a decirles algo importante.
Miguel parecía confundido e intrigado, pero era un hombre paciente y no se apresuró a los hechos – de acuerdo, entonces pasa, por favor ¿quién es tu amigo, por cierto?
- Soy Dean – dijo con entusiasmo, extendiendo su mano para que el otro la estrechara.
- Es un placer – respondió cortésmente – Castiel nunca había traído un amigo a casa además de Balthazar, me alegra saber que al fin se esté relacionando.
El interior de la casa era mucho más llamativo que su fachada, decorado con muy buen gusto, con un piso de madera pulido, paredes blancas relucientes y todo perfectamente organizado, sin mencionar que parecía ser enorme.
- ¿En dónde están los demás? – preguntó Castiel.
- Están arriba inmersos en sus tareas ¿quieres que los llame?
- Por favor – Respondió, Miguel asintió y se excusó, desapareciendo escaleras arriba.
- Parece muy amable – comentó Dean, tomando asiento en uno de los enormes sillones blancos.
- Tiene buenos modales, sin embargo no sé cómo pueda tomarse nuestra relación, ni siquiera le he dicho que soy gay.
No pasó mucho tiempo antes que Miguel regresara, acompañado por dos hombres más, uno de ellos ligeramente más alto que Dean, con un corte de cabello similar, de color castaño y una sonrisa burlona grabada permanentemente en su rostro; el otro de baja estatura, cabello dorado y rasgos graciosos, aunque amables.
- Gabriel, Lucifer – saludó Castiel.
Dean no pudo evitar reír por lo bajo, preguntándose qué clase de padre llamaría a su hijo "Lucifer" el hombre pareció notarlo y lo fulminó con la mirada, enviando escalofríos por su piel.
- Te he dicho que no me llames así – refutó Lucifer a su hermano.
- ¡Cas! Mi querido hermano, te he echado de menos – saludó Gabriel con alegría, corriendo directamente a los brazos de su hermano menor - ¿Quién es tu apuesto amigo?
- D-Dean – repitió de nuevo, sintiéndose repentinamente nervioso ante el escrutinio de los hermanos.
- ¿Eres uno de sus compañeros de clase? ¿un futuro doctor? Porque te verías realmente bien llevando un delantal blanco.
- Yo… gracias, pero no soy su compañero de clase.
- Eso imaginé – respondió Lucifer – pareces algo joven para eso ¿qué estás estudiando, Dean?
- Nada… por el momento.
Ambos hermanos compartieron miradas de disgusto y Dean comprendió que acababa de arruinarlo, probablemente la educación era un elemento fundamental para ellos.
- Si no me equivoco ya deberías haber comenzado la universidad – comentó Miguel - ¿por qué no estás estudiando aún, Dean?
Dean y Cas compartieron miradas, antes de que Dean se atreviera a hablar – Simplemente no he tenido la oportunidad, solía vivir en un lugar muy alejado de la ciudad, pero acabo de mudarme con la intención de comenzar mis estudios.
Era una pequeña mentira piadosa, pero pareció complacer a los hermanos – ¿y qué quieres ser, Dean?
- Yo… eh… veterinario – respondió, aunque no era del todo una mentira, amaba a los animales y la naturaleza.
- Al igual que Balthazar – observó Gabriel – tal parece que nuestro hermanito tiene un raro fetiche con los veterinarios.
- Bueno, supongo que no has venido hasta aquí para hablar de los estudios de Dean ¿Verdad, Castiel? - preguntó Miguel desviando el tema, no tenía mucho tiempo libre y sabía lo pesados que podían llegar a ser sus hermanos.
El corazón de Castiel saltó en su pecho, más pronto se llenó de valentía para hablar – No, en realidad no. Hay algo importante que deben saber y quiero que sean los primeros en enterarse, es realmente importante para mí dado que ustedes son mi familia.
Los rostros de sus hermanos se tornaron serios y se dispusieron a escuchar atentamente las palabras de su hermano menor, al que siempre habían protegido y ayudado después de la muerte de sus padres.
- Tal vez esto los tome por sorpresa, pero deben saber que Dean y yo… Dean y yo estamos juntos… como una pareja y queremos vivir juntos a partir de ahora – confesó mientras tomaba la mano de Dean firmemente en la suya.
El silencio reinó en la habitación a la vez que el ambiente se tornó tenso y pesado. La boca de Gabriel estaba abierta con sorpresa, Miguel había palidecido notablemente y Lucifer dejó escapar una risa llena de incredulidad.
- Esto tiene que ser una broma – dijo Lucifer.
- No lo es – aseguró Dean – y no deberían enfadarse porque les aseguro que no es un capricho, es algo realmente importante para nosotros.
- Sí claro – respondió Miguel con tono sarcástico - ¿Cuándo descubriste que eres homosexual, Castiel? ¿hace un mes? ¿Quizás una semana?
- Lo he sabido desde siempre, sin embargo no me había atrevido a confesarlo antes. No esperaba que entendieran.
- ¿Y por qué esperas que sea diferente ahora? – preguntó Lucifer, cruzándose de brazos de manera intimidante.
- Porque estoy enamorado y dispuesto a hacer mi vida al lado de alguien.
- Al lado de alguien que apenas conoces ¿Hace cuánto que se conocieron? Porque nunca antes habíamos escuchado hablar sobre ningún Dean.
- Eso no es relevante, Lucifer, lo importante es que nos amamos realmente, no necesitamos conocernos durante décadas para saberlo. De hecho, Dean se ha estado quedando conmigo durante las últimas semanas, sé lo que se siente convivir con él.
- Entiende que es demasiado apresurado, Castiel, este chico ni siquiera tiene en qué caer muerto – refutó Miguel llenándose de ira, su pálida piel había enrojecido considerablemente y una gruesa vena en su frente había saltado a la vista – tal vez puedo aceptar el hecho de que seas homosexual pero no aceptaré que nadie quiera quedarse con nuestro dinero.
- ¿Crees que me importa su dinero? – exclamó Dean ofendido – Castiel es todo lo que me importa, no necesito su maldito dinero.
- Sabes que Castiel no tiene una fuente de ingresos propia ¿verdad? – le dijo Miguel – le damos todo lo que necesita, pagamos su renta, su comida, su ropa, su carrera y no estamos dispuestos a alimentar una boca más, una boca que probablemente sólo busca aprovecharse de nosotros, porque de no ser así ¿Por qué querrías apresurar las cosas y mudarte tan pronto con mi hermano?
- Porque necesito estar con él, porque lo amo ¿necesitas otra razón? Escuchen, buscaré un trabajo de medio tiempo, iré a la universidad, conseguiré un título y un día ganaré mucho dinero, lo prometo.
- No tienes que suplicar, Dean – dijo Castiel con voz fría y cortante – no necesito su dinero, buscaré la forma de trabajar, pagar nuestra propia renta y conseguir nuestro propio dinero. Hermanos, en verdad les agradezco todo lo que han hecho por mí, pero soy lo suficientemente mayor para hacer mi vida al lado de quien quiero y no necesito su consentimiento, así que llegó el momento de ser independiente.
- Te arrepentirás de esto, Castiel – le dijo Lucifer, no como una amenaza, sino como un augurio – te estás apresurando demasiado y vas a lamentarlo.
- Estoy seguro de que no, confío en Dean con mi vida. Por cierto, estoy dejando mi apartamento, me mudo con Balthazar mientras consiga el dinero suficiente para pagar una nueva renta.
- Has lo que quieras entonces, ya te hemos advertido, hemos cumplido con nuestro trabajo – dijo Miguel antes de darles la espalda y marcharse. Estaba disgustado, por eso quería huir antes de que pudiese perder la calma.
- Eres demasiado terco – suspiró Lucifer – así que si te rompen el corazón y terminas perdiendo todo lo que tienes, no vengas a buscarnos.
- No lo haré – prometió Cas – porque estoy seguro de que eso nunca pasará.
Lucifer sonrió con amargura antes de seguir el camino de su hermano mayor, entonces Castiel tomó la mano de Dean y se levantó del sofá, guiándolo hacia la puerta con pasos firmes y furiosos.
- ¡Espera, Cas! – Gritó Gabriel, quien aún no había pronunciado una sola palabra desde el inicio de la discusión y aún seguía de pie en medio del gran salón. Castiel se detuvo para enfrentarse a su hermano, mirándole con ojos aguados y llenos de decepción.
- Si me preguntas, yo no pienso igual que ellos; no voy a negar que todo esto me genera un poco de desconfianza y no te lo tomes personal, Dean-o; pero no voy a quitarte mi apoyo cuando más lo necesitas, tal vez no sea suficiente, pero seguiré enviándote dinero hasta que estés en una situación estable.
Castiel suspiró, sintiendo el alivio crecer en su pecho. Gabriel siempre había sido su hermano favorito y su apoyo siempre sería el más importante de todos – Gracias, hermano, significa mucho para mí.
- No hay de qué. No te preocupes por los otros, algún día cuando vean que eres feliz e independiente, se darán cuenta de que Dean nunca estuvo detrás de nuestro dinero y vendrán a suplicarte perdón.
- Ellos esperan que suceda lo contrario – comentó Dean con pocas esperanzas.
- Y yo espero por tu bien que ellos no tengan la razón – Dean sintió aquello como una amenaza y sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal.
- Pensé que iban a enfadarse cuando les hablara sobre mi sexualidad, pero sólo se preocupan por el dinero – dijo Castiel – lo demás ni siquiera lo escucharon.
- No es eso, Cas, ya sospechábamos que eras gay desde mucho tiempo atrás, es un poco obvio, pero eso nunca nos importó, de hecho, creo que Lucifer ha salido con un par de chicos en el pasado y Miguel lo sabe, creo que el único que aún siente vergüenza por ello eres tú.
Castiel asintió con una sonrisa, su hermano tenía razón, había sufrido tanto bullying y discriminación a causa de su sexualidad que aún le costaba un poco acostumbrarse, pero ahora que tenía a Dean a su lado, tenía una razón para sentirse orgulloso en lugar de sentir vergüenza.
- Ya no – dijo Castiel con orgullo mientras sostenía en alto la mano de Dean, haciendo sorprender al joven y haciendo sonreír a su hermano.
- Me alegra escuchar eso, ven aquí – Gabriel extendió los brazos para recibir a Castiel en un abrazo corto y fuerte, pero lleno de sentimientos – tú también – le dijo a Dean una vez que Castiel se alejó y Dean aceptó a regañadientes – espero que sigan en contacto, recuerden que no soy un banco o una máquina de dinero, tengo sentimientos también.
Castiel sonrió y asintió – lo haremos. Gracias de nuevo, Gabriel.
Salieron de la enorme mansión para encontrarse con Bobby, esperando soñoliento dentro de su coche, con su permanente ceño fruncido aún más acentuado que de costumbre, formando más arrugas en su rostro – pensé que jamás volverían – dijo con tono malhumorado – debo sentir alivio de que al menos estén vivos.
- Sí, no fue tan malo como imaginé – reconoció Castiel – tengo el apoyo de uno de mis hermanos, eso es lo que importa, a los demás sólo les preocupa el dinero y si ese es su único problema , ya lo superarán.
- Y si no lo hacen, quiere decir que son unos idiotas – añadió Dean, ocasionando que Castiel lo fulminara con la mirada, eran sus hermanos después de todo.
- Lo siento… pero es cierto.
Castiel suspiró y sonrió, resignándose al hecho de que Dean siempre expresaba sus pensamientos en voz alta sin importarle nada más, así que en lugar de estar enojado, lo único que pudo hacer fue besarlo, besarlo con todas sus fuerzas porque lo había extrañado, porque estuvo a punto de perderlo y ahora no podía sentir más que alivio por tenerlo a su lado.
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Gracias por leer, les deseo un feliz comienzo de año ;) por cierto, la historia está por llegar a su fin, espero aún sigan disfrutando
