¡Cuarto oneshot! :)
¡Que lo disfruten!


Summary: Estaba planeado hasta el mínimo detalle para ser el mejor San Valentín. El primero y el mejor. Sin embargo, los accidentes ocurren cuando uno menos se lo espera.

Nick en FF: Bet-sama

Primer concepto: Bufanda.

Segundo concepto: Carta.

Disclaimer: Prince of tennis pertenece a Konomi Takeshi, la historia es de autoría de Bet-sama.


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Accidentado San Valentín

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¡Amiga! Escuché que irás de vacaciones con Ryoma por San Valentín. No sabía que ahora se les llamaba 'vacaciones'. ¡No te perdonaré por no contarme a tiempo! Hubiéramos ido a comprar -ya sabes qué- para ese día tan especial […]

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Che'... —maldijo, Ryoma, entre dientes—. ¿Es tan tarde?

—Ryoma-kun duerme mucho —expresó, Sakuno, en una risa nerviosa.

—Ayer fue muy agitado. —Se rascó la cabeza, y emitió un bostezo.

—Yo nunca había tomado tantos aviones —comentó, curiosa—. Pensé que no llegaríamos.

—Es inusual que demore tanto el viaje —suspiró, cansado—. No importa. Iré a bañarme.

—R-Ryoma-kun —llamó, nerviosa, antes que cruzara nuevamente la puerta para ir a la habitación—. ¿D-Dormiste con la bufanda puesta?

—Mmm… sí. —Se rascó la mejilla, incómodo—. Es abrigadora.

Sakuno se sonrojó por la sinceridad de Ryoma. Lo vio entrar a la habitación, cerrando la puerta tras él.

Se sintió muy feliz que le gustara su regalo de San Valentín, tanto así que no se lo quitó en ningún momento, incluso para dormir. Sonrió cuando recordó el tiempo que le tomó confeccionarla, pues con todas las actividades y sorpresas del mes, se le hizo un poco difícil avanzarla. Siempre planeó entregársela el mismo catorce de febrero, que sería mañana, pero con la rapidez del viaje, tomó la decisión de dárselo ni bien salieron de Japón. Era invierno y la temperatura oscilaba entre los grados bajo cero. El regalo tendría más significado si lo usaba en todo el viaje a Estados Unidos y así evitar que se resfriara por los cambios de clima.

Un San Valentín diferente, en un 'Resort de invierno', exactamente en el estado de Utah, Estados Unidos.

Semanas atrás, Sakuno pensó celebrar San Valentín de manera tranquila. Tal vez salir a pasear a alguna provincia de Japón, a probar su comida favorita en un restaurante o hasta caminar de la mano con su novio por el parque. Ideas que involucraban actividades muy sencillas pero con mucho significado; pasar una fecha especial al lado de Ryoma. Su primer San Valentín, juntos.

En una visión soñadora, pensó en conversar con él para transmitirle alguna de sus ideas y así salir fuera de casa. Sin embargo, una tarde, Ryoma llegó a su apartamento con varios documentos entre manos, avisos muy vistosos de actividades de invierno, y por si fuera poco, cotizaciones de pasajes aéreos para dos personas. Le tomó por sorpresa su iniciativa de juntar todos aquellos papeles, que no supo cómo responder. En una voz casi autoritaria, le comentó que pasarían San Valentín fuera de Japón y le pidió elegir un destino a donde quisiera ir. Cualquiera que le gustara, no repararía en gastos.

Abrió la boca a causa de la sorpresiva propuesta. Miles de ideas le surgieron en la mente, principalmente las negativas que se centraron en su abuela y hasta en sus antepasados. ¿Qué pensarían de ella si salía de viaje con su novio? Fue una pregunta retórica y anticuada, pero que la inmovilizó por varios segundos antes de hablar. Ahora era independiente, lo único que necesitaba era informar en lugar de preguntar. Tenía veintidós años. Debía elegir por sí misma.

Quería pasar más tiempo con Ryoma. En Estados Unidos, Europa, la Antártida; el lugar era lo de menos.

En una aceptación de su parte y una llamada del teléfono de Ryoma bastó para que los pasajes se compraran. Después de eso todo se volvió una locura. El viaje estuvo programado para dos días posteriores, así que tuvo que apurarse en alistar sus pertenencias personales, terminar con sus asignaciones de universidad, y ayudar a su novio en preparar a Karupin para el largo viaje. No podía faltar la inseparable mascota de Ryoma.

El viaje fue agotador pero llegaron a salvo.

—Karupin —exclamó, Ryoma—. Ten cuidado.

Sakuno despertó de sus pensamientos. Volteó la cabeza hacia la habitación donde Ryoma salió con un par de toallas colgando de un brazo y con Karupin cogido fuertemente de su camisa. El gato había saltado hacia él, en un fuerte maullido, como si gritara su nombre.

Rió entre dientes ante la manifestación de cariño de Karupin. La noche anterior llegaron tan cansados al hotel, perteneciente al resort, que solo atinaron a caer en cualquier sitio de la cama, y quedarse completamente dormidos. Se olvidaron por completo de los mimos nocturnos que ahora exigía su incondicional mascota.

—Ryoma-kun. —Sakuno se levantó de su asiento—. Pensaba ordenar algo para desayunar.

—No es necesario —respondió, escuetamente—. El desayuno llegará en cualquier momento. —Miró su reloj de pulsera—. De ahí saldremos a las montañas para esquiar y en la tarde podremos conocer la ciudad.

Sakuno abrió la boca sorprendida.

—¿En quince minutos? ¿Esquiar? —preguntó en un tono irónico, mientras notaba lo cronometrado que resultó el viaje, supuestamente sorpresivo—. Mou… Ryoma-kun tuvo todo planeado. —Hizo un puchero con la boca.

—No lo llamaría plan. —Se rascó la sien, descompensado por la acusación—. Yo lo llamaría organizarse.

—¿Qué hubiera pasado si no aceptaba el viaje?

—Hubieras aceptado. —Ryoma lanzó una mirada determinante—. De eso no hay duda.

Sakuno no supo que contestar. Se sonrojó a causa de la respuesta tan directa y segura de su novio.

Después de unos segundos, el sonido de la puerta los alertó, quebrando aquella mirada tan intensa. Karupin saltó de los brazos de su amo y corrió hacia el responsable de la interrupción; también esperaba el desayuno con mucho anhelo.

No le dio la razón explícitamente, pero también ella dudaba de su negación inicial con respecto al viaje. Ryoma siempre sabía cómo convencerla.

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[…] Es emocionante saber que a Ryoma se le ocurrió algo tan romántico. Ya sabes, alejados del ruido de la ciudad, compartiendo momentos solos y disfrutando de la velada. ¡Solos! Parece de ensueño. Espero escuchar todos los detalles a tu regreso. TODOS […]

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Si algo debía aceptar era que Sakuno tuvo razón. Se trataba de un plan para llevársela fuera del país por San Valentín. Cortesía de un ostentoso plan personal en confabulación son su prima, Nanako.

Era de esperarse, que alguien como él, no supiera como pasar un día de San Valentín, porque era la primera vez que se veía inmerso en uno, como protagonista. Se preguntó si debía seguir los consejos de los comerciales que pasaban en televisión o los avisos en las tiendas de comercio. Todo involucraba comprar algo de todas maneras. No era un experto en estos temas, pero sintió que no era el camino correcto.

En su desesperación por pensar en algo, recurrió a su prima, una persona muy sentimental en estos temas. Cogió el valor necesario para consultarle que era lo que debía hacer. Fue una ardua tarea el apuntar todas las expectativas de una mujer con respecto a esas fechas, además, de una lista completa de ideas para pasar un buen San Valentín. Su prima le dio una cátedra que lo dejó más confundido.

Cuando pensó que no iba a ninguna parte, una frase lo iluminó, e hizo que pensara en el mejor plan: Crear nuevas memorias.

Estaban en medio de la globalización, no tenían por qué quedarse en Japón; esta vez, él movería el escenario para que se desarrollara en otro lugar, lejos del ruido de la ciudad. Con la ayuda de una entusiasmada Nanako, empezaron a fraguar el plan de secuestro (si fuese necesario) para que Sakuno lo acompañara. Los pasajes aéreos tan pegados a la fecha fue lo más fácil de conseguir, el hotel donde se hospedarían y hasta el desayuno que estuvo planeado de antemano. Nunca lo hubiera podido hacer solo.

Ese día que salieron del país, no le sorprendió que le regalara una bufanda como presente de San Valentín adelantado; era como si esperara algo hecho por ella. La bufanda le cayó como anillo al dedo, pues con todas las vueltas por los aeropuertos y el recorrido de un lugar a otro en medio de las calles cubiertas de nieve, hubiera pescado un resfriado. Los horarios de los vuelos comerciales se salieron de control varias veces y los hizo correr para no perder el siguiente avión. Llegaron tan cansados hacia el último destino, la habitación de hotel, que la cena fue cancelada.

Nimiedades que solucionaría con el pasar de los días.

—Ryoma-kun —llamó, Sakuno—. ¿M-Me ayudarías con las botas?

—¿Estas cansada?

—Sí —aceptó, sonriente—. Nunca había esquiado en mi vida. Es divertido.

—Lo estabas haciendo bien —expresó, nervioso, mientras se frotaba la nuca.

—G-Gracias.

En un asentimiento, Ryoma caminó a su lado y se arrodilló frente a ella. Le ayudó a ajustarse los broches de las botas de esquí. Después de un largo descanso, decidieron que era momento de seguir practicando en la montaña, así que ni bien terminaron de desayunar, se dirigieron a tomar el teleférico perteneciente al hotel que los llevó hacia las montañas. Todo estaba cubierto de nieve, y muchos visitantes aprovecharon para practicar su deporte preferido.

Pasaron tiempo en la cabaña, hasta que eligieron rentar el equipo para hacer Ski. Para él no fue nada nuevo porque cada vez que llegaba a Estados Unidos, en la temporada de invierno, terminaba en alguno de esos Resorts. Comprendió que para Sakuno era algo nuevo. Se tomó varias horas explicándole la secuencia de lo que debía hacer, usaron el camino de principiantes para que se acostumbrara al uso de la indumentaria, y por último, se atrevieron a lanzarse de una de las montañas más bajas.

Resultó bastante satisfactorio. Sakuno disfrutaba la experiencia de esquiar.

—Listo. —Ryoma se levantó—. Vamos.

—¿Te parece si vamos a la montaña de principiantes?

—Si estás más cómoda ahí, estará bien.

—Tal vez, mañana puedo hacerlo mejor, y… —explicó, jugando con la punta de una de sus trenzas— podamos ir a la montaña más alta.

—No tienes por qué ir rápido —resopló, Ryoma—. A tu ritmo está bien.

Sintió la mirada suave de Sakuno.

De alguna manera se veía adorable con toda la indumentaria de esquí encima.

Nada podría salir mal en su plan de San Valentín.

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[…] En fin. Es muy anticuado escribirlo de esta manera, pero nunca se sabe si la señal de red funcionará. Ya que no hemos tenido tiempo de platicar, sólo te dejo un par de consejos que serán de ayuda en tu viaje: ¡Deja la timidez y pórtate mal! Sabes a lo que me refiero, ¿cierto? ¡Deja tu marca! – Con cariño, Tomoka.

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Sakuno tomó el molde lleno de chocolate derretido, lo dejó dentro del pequeño refrigerador y cerró la puerta. Notando que todavía debía esperar unas horas más para que endureciera, caminó hacia la sala, acarició a Karupin que estaba tendido sobre el sofá y se sentó a un lado.

Sonrió ante la tranquilidad del lugar; movió los ojos hacia la ventana, fascinada por el cambio abrupto del paisaje. Ya no se encontraban en la montaña, disfrutando de la nieve y el frío, sino en un destino completamente diferente. Pudo sentir la brisa marina que movió las cortinas, el sol enrojeciendo poco a poco y las aves que volaban de un lado a otro. Se respiraba el verano en todo su esplendor.

Acarició el pelaje del felino con una mano y suspiró ante el vendaje que llevaba en el otro brazo.

Los accidentes ocurren cuando uno menos se lo espera.

Después de su aceptación por continuar su recorrido por las montañas, estuvo practicando con Ryoma su forma de esquiar. Comparado con los niños que se encontraban en la misma disyuntiva que ella, de lanzarse desde la montaña de principiantes, pensó que lo hacía bien. Incluso, las caídas sobre la nieve fueron menos frecuentes y sintió que estaba mejorando. Sin embargo, sus intentos llegaron a su fin. Mientras subían por la faja transportadora que llevaba a las personas al inicio de la montaña, una de sus botas no atinó a quedarse en la faja y se movió hacia la nieve. Perdió el equilibro ante la sorpresa; aunque Ryoma reaccionó rápido a ayudarla, fue demasiado tarde cuando cayó pesadamente sobre la nieve.

Pensó que solo se trató de un ligero accidente, hasta que intentó mover el brazo derecho. Según lo que explicó el paramédico que la atendió posteriormente, como acto reflejo puso el brazo para detener la caída, pensando chocarse contra algo duro, pero con el peso de su cuerpo sobre la nieve, se estiró un músculo. No era muy grave pero tardaría varios días en que volviera a la normalidad, así que debía estar en descanso hasta que mejorara.

Descansar no estaba en sintonía con deportes de aventura y montañas, mucho menos con el endemoniado frío de invierno. La solución hubiera sido quedarse las veinticuatro horas del día dentro de la cabaña o en el hotel. Situación no muy convincente para su novio que denotaba preocupación, a pesar que le dijera que estaba bien.

Las cosas cambiaron desde ese momento, o mejor dicho, Ryoma las hizo cambiar.

Con el fin de buscar un lugar adecuado donde pudieran tomar sus 'vacaciones' y ella se recuperara de forma tranquila, se canceló la estadía en el resort, cogieron sus pertenencias, a Karupin que odiaba la nieve, y tomaron el primer vuelo hacia un lugar que tuviera clima cálido. Una playa paradisiaca fue el siguiente destino.

Fue en ese transcurso que perdió la noción del tiempo y no estaba segura ni qué día era. Sólo tenía anotado en su calendario el catorce de febrero, así como lo sería mañana, y al día después de mañana; sumando quince días en total. Declarado por Ryoma, los quince días de San Valentín. No importaba si su recuperación tomaba menos de lo previsto, de todas maneras se quedarían en la playa esos quince días, contando a partir de ahora.

No hay mal que por bien no venga, o eso decía su abuela.

Acariciando aún al felino, que se acomodó sobre su, recordó la carta que le escribiera Tomoka. La carta yacía olvidada en el bolsillo de la chaqueta que llevaba cuando salió hacia el aeropuerto; no le dio tiempo de revisarla hasta esa tarde. Era de esperarse de su intrépida amiga que no perdía el tiempo en gastarle bromas de ese tipo. Tal vez cumpliría con la promesa tácita de contarle todo lo que sucedió en el viaje, porque uno no se dañaba el músculo del brazo todos los días o tomaba diferentes aviones cada cuatro horas; una aventura algo extraña sin lugar a dudas. Sobre la última líneas de la carta, todavía no sabía que pensar.

Tal vez se portaría mal, cuando se recuperara del brazo.

Un sonrojo invadió su rostro.

—¿Chocolate?

Sin darse cuenta, Sakuno apretó la cola del gato que maulló y saltó de su regazo.

—L-Lo siento Karupin.

—¿Algo malo?

—N-No. —Se levantó nerviosa—. Preparé chocolate, por la tradición, ya sabes… pero era sorpresa. —Hizo un puchero con su boca.

—No es sorpresa. —Sonrió, maliciosamente—. Huele hasta la habitación.

Sakuno iba a justificar su proceder cuando inspeccionó a Ryoma de pies a cabeza. El muchacho estaba vestido con pantalones cortos y camisa; muy a gusto a la estación de verano. Sólo un accesorio no iba en sintonía; la bufanda estaba en su cuello de manera holgada.

Sintió una calidez por dentro. A pesar del calor, seguía usando la bufanda que le dio por San Valentín. Se rió de manera abierta y se acercó a él para quitársela. A pesar que le gustaba como se veía, no podía dejarlo salir de esa manera.

—Ryoma-kun. —Contuvo la risa, y con una mano, asió la bufanda para desenroscarla de su cuello—. No puedes usar bufanda en verano.

—¿Quién lo dice? —cuestionó, extrañado, al detenerla.

—Estaremos en la playa, te van a mirar raro.

—Mada Mada dane.

Una simple mirada la desarmó. Fue como decirle que le importaba un santo pepino lo que opinaran de él. Es más, apretó más fuerte la bufanda sobre su cuello.

Sonrió tenuemente ante la acción y miles de mariposas volaron en su estómago. Sin bacilar, con la mano libre de vendajes, jaló la parte final de la bufanda. Aprovechando que la cabeza de Ryoma se inclinó por la fuerza, lo beso tendidamente. Sintió una felicidad absoluta ser correspondida de inmediato. Su timidez siempre le jugaba en contra muchas veces, ahora, no fue una de ellas.

Después de segundos interminables, se separaron lentamente. Ryoma le extendió la mano, y con un simple 'vamos', aceptó el ofrecimiento sin dudarlo.

Estaba segura que pasarían momentos inolvidables. Estados Unidos, Europa, la Antártida; el lugar era lo de menos.

-Fin-

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¡Espero que lo hayáis disfrutado! ¡No olvidéis opinar dejar opinión, pero nunca cosas destructivas ;)
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