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Primera Publicación: 20 de Enero 2012
Reedición: 21 de Noviembre 2017
Por Amor A Ti
Capítulo I
"Buscando un Semental"
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Las tardes de primavera eran ideales para que los niños jugaran en la plaza del centro de la ciudad. Columpios y toboganes eran ocupados por cientos de pequeños disfrutando de los juegos, sus padres desde las bancas les observaban felices, sentados en parejas entre abrazos y risas se sentía la gran calidez que emana el amor de una familia, una pelirroja deseaba hacer suya aquella hermosa calidez.
Todas las tardes iba al parque, le gustaba sentarse a ver como los niños jugaban. Aunque dentro de ella se desarrollaba un conflicto, un tormento que aumentaba cada día un poco más, sus ansias por tener un hijo se multiplicaban cada vez que se sentaba en aquel banco.
Tras la rutina diaria llegaba a su gimnasio para encontrarse con un silencio aterrador. No había nadie, aquel gimnasio tan grande completamente vacío, solo contaba con su presencia y su conflictiva mente y solitario corazón.
«Bienvenida a la soledad, Misty»
Así la saludaba cada vez que cruzaba aquella puerta de vidrio, para su desgracia no era más que la verdad, vivía sumergida en una soledad tan grande que solo podía pensar en una cosa.
—¡Quiero llenar este gimnasio de risas y llantos! —exclamó apretando sus puños con mucha fuerza— ¡Tengo que lograrlo!
«Y aquí vamos otra vez» Susurró su mente.
—¡Ya no me molestes quiero estar sola! —se gritó a sí misma, logrando que el eco del estadio repitiera el "sola" varias veces— Hasta mi gimnasio —bajó la mirada—, me molesta... —con los brazos extendidos hacia abajo y la cabeza gacha entró cabizbaja hacia la cocina a prepararse algo para comer.
Al llegar frente al refrigerador encontró cuatro fotos. En una de ellas sostenía a una niña de cabellos rojos, en otra sostenía a un niño de cabello azulado, en la tercera otra niña de cabello rosa. Sus sobrinos eran muy bonitos, y muy cariñosos.
—Mis pequeños —sonrió mirando las fotos—. No se parecen nada a mis hermanas, son tan lindos. —tomó otra foto, en ella había muchos niños, unos cinco muy parecidos, todos morenos de ojos achinados, por otro lado, había una niña de cabello verde claro sonriéndole a un niño de cabello azul, atrás de ellos una carismática niña de cabellos morados— Tantos niños —sonrió nuevamente con un poco de recelo— Los chicos han tenido mucha suerte. Brock es un gran doctor, y con ello logró que la Joy de ciudad Plateada lo aceptara. May parece que tiene un buen matrimonio con Drew y su pequeña hija. Dawn con Kenny y su hijo… E incluso Iris con Cilan y su pequeña muchachita —soltó un suspiro—. Haberme enamorado del solterón más cotizado del ambiente, me paso la cuenta.
«Ya, ahora échale la culpa a Ash también de que seas amargada»
—¡Cállate! —ordenó cubriendo sus oídos— ¡Déjame en paz! —decía agitando su cabeza, le era imposible tolerar aquella vocecilla, cada día se burlaba de ella y su miserable existencia.
«Y échale la culpa también de que en las citas que has tenido los chicos salgan huyendo de ti» continuaba en su tono burlón.
—¡No huyen de mi! —se reclamó— Sólo se incomodan cuando comienzo a preguntarles sobre posibles enfermedades congénitas o si alguien de su familia las ha tenido... —Sí, eran excusas estúpidas, pero no tenía nada de malo preocuparse por tener una familia saludable ¿o sí?
«No puedes estar buscando al padre de tu hijo así, espantas a todo hombre que se cruce por el camino. Una persona normal primero se casa y después tiene un hijo.»
—¡Tú no eres nadie para decirme lo que tengo que hacer Sra. Sabelotodo! —exclamó enojada saliendo de la habitación.
«Si puedo, soy tu conciencia» No importaba donde fuera siempre la perseguía. No importaba cuantas veces pelearán, podían seguir por horas y ella siempre por mucho que no quisiera, tenía la razón.
Cuando necesitaba calmarse, abría su notebook y continuaba con lo que la mantenía ocupada cuando no había retadores en el gimnasio, escribir. Su meta actual era sacar un libro, quería contarle al mundo sus aventuras de niña, sus encuentros con grandes y legendarios Pokémon. Y eso iba a hacer, cueste lo que cueste.
Abrió el programa que usaba para escribir cuando notó a su derecha un cartel que la incomodó bastante: «Ash Ketchum, acaba de iniciar sesión».
Rápidamente colocó su dedo índice en el mouse pad para cerrar su conexión al chat, cuando un sonido le confirmaba que le estaban hablando. Suspiró y abrió aquella ventana que la saludaba con un lindo emoticón.
"Veo que hoy no lograste cerrar la sesión a tiempo" salió escrito tras el "hola". Misty dejó caer su espalda contra la silla, y con un fuerte tecleo se dedicó a responder su mensaje.
—¿Por qué dices eso? —estaba tan enojada que repetía cada palabra que escribía en voz alta.
"Cada vez que me conecto, a los pocos segundos, sales desconectada, ya estaba pensando que me esquivabas"
—Ni que fueras tan importante —contestó cortante.
"Ay bueno, lo siento…" Envió, pero se notaba que aún seguía escribiendo, Misty comenzó a mover sobre su escritorio los dedos de la mano derecha rápidamente, el sonido sobre la madera le causaba molestias, sin embargo, era eso o lanzar la computadora. "Me comentó Brock que quieres adoptarle uno de sus hijos"
—¡¿Qué?! —el grito retumbó en todo su cuarto — Estúpido Brock, ¡¿Cómo se le ocurre contarle eso a Ash?!… —Se acomodó frente al computador y tras pensar que responder, escribió de la manera más calmada posible
— Obvio que es broma, es que sus hijos son muy adorables.
"Ah, yo ya había pensado que andabas muy desesperada por tener un hijo"
—¡Rayos! — Protestó Misty ante aquella frase.
«Ja, ja, ja» se reía su conciencia «Ash adivinó lo que estás haciendo»
—¡Cállate! —sacudió su cabeza y luego de respirar profundo, siguió contestando— ¿Sabes?, Es tarde voy a irme a acostar.
"¡Espera!" Decía el mensaje que apareció en la pantalla por lo que ella decidió esperar un momento, "Brock también me dijo que tienes algo que necesitas que te firme".
—Es verdad… —masculló recordando, dejó la pantalla de la computadora y buscó en el escritorio una carpeta, dentro contenía una hoja con sólo dos firmas; la de Tracey y la de Brock, nuevamente se sentó frente al computador y continuó escribiendo— Es por el libro que voy a publicar, necesito que me des permiso para usar tu nombre.
"¿Cuándo lo necesitas?"
—No es urgente, ahí hablaremos para acordar, buenas noches —se despidió.
"Está bien, buenas noches."
Cerró la sesión del chat y tras beber un poco del vaso de leche que tenía a un lado de su computador, continuó en su archivo: "Descubriendo Kanto" por Misty Waterflower. Ese era el título del primer volumen de las aventuras que iba a escribir, en su mente mantenía frescos los recuerdos de todo lo que había vívido afuera de las puertas de aquel gimnasio que ahora era más una cárcel para ella.
«Ash debería ser el semental que estás buscando» —sugirió su cabeza cuando Misty empezó a escribir su encuentro con él en la ruta 1 que une Pueblo Paleta con Ciudad Verde.
—¡Ash, no! —se negó ante la sugerencia—. No voy a tener un hijo de alguien que es más bajo que yo, más terco que yo y más insoportable que yo.
«¿Y por qué diablos te enamoraste de él cuando eras una niña, entonces?»
—Era una niña tonta, que se enamoró de la primera persona que la trató bien —bajó la tapa del notebook y se dispuso para ir a dormir— Mañana, tengo otra cita, si no me va bien, voy a tener que esperar otro mes, para seguir buscando —miró un calendario—. Me queda una semana para mis días fértiles.
«Niña tonta, piensas conseguir un novio y en una semana encamarte con él, rayos… Buenas noches, si es que puedes»
Misty estaba en un conflicto de guerra con su mente. Tenían dos puntos de vista muy distintos de lo que querían hacer, ella solo quería un rato de sexo sin importarle quien fuera, con tal de ser madre, ¿Eso estaría mal? Ella no lo creía así, ella creía que era lo correcto. Pero su mente, creía que lo normal era que a sus veintisiete años decidiera por fin, buscar a un hombre que la quiera realmente, uno con el cual pudiese formar una familia y traer al mundo un niño, uno con una familia normal.
Aquella mañana, Misty se arregló con un bonito vestido morado para salir a su cita del mediodía, estaba ansiosa porque había decidido aceptar una de las citas de sus pretendientes, que pasan de simple retadores a ser sus admiradores, había sido muy tonta en buscar por otro lado, si tenía varios chicos dispuestos a todo con tal de salir con ella.
Llegó al restaurante donde iban a ir a almorzar y ahí estaba el pretendiente de esta semana, un chico de cabello oscuro y ojos verdes, al verla en la entrada, se paró de su asiento y fue a su encuentro.
—¡Hola Misty! —exclamó al tomarle la mano derecha para darle un pequeño beso— Me halaga tener tan bella compañera para almorzar.
—¡Qué lindo, Tom, Gracias! —respondió con una sonrisa en sus labios— Vamos a comer.
El almuerzo era lo más hermoso y romántico que Misty había vivido en su vida, su acompañante parecía estar muy interesando en lo que Misty le decía hasta que salieron las palabras mágicas…
—¿Y tu familia? —preguntó dándole un sorbo a su café helado, el otro la miró.
—Bueno, ellos... —empezaba a responder listo para contarle ciertos momentos de su adorable infancia cuando la otra le interrumpió completando la pregunta anterior.
— ¿Algún problema con ellos?
—¿Uh?
—... ya sabes, enfermedades, ¿problemas hereditarios tal vez? ¿Algunos con antecedentes?
— ¿Qué?... —masculló el chico mirándola fijamente, Misty le devolvió una mirada seria, pero al mismo tiempo llena de esperanza. A los ojos del otro, parecía alguna chica loca de esas que salían por la televisión. Un momento de silencio surgió entre los jóvenes, la pierna de Misty había sido poseída por un tic nervioso. Observando su comportamiento el joven muchacho dejó su bebida y se compuso en la silla bastante incomodo.
—Discúlpame Misty —dijo señalando el baño— Ahora vengo —Y se retiró, unos diez minutos más tarde, Misty se había dado cuenta que el chico había huido también.
«Y con éste van dieciocho desde que iniciaste esta loca carrera por ser mamá»
—Déjame tranquila. —protestó buscando su tarjeta de crédito para pagar el almuerzo.
«Encima te toca pagar a ti, Misty por favor, esto te está saliendo muy caro, seguirás tomando leche y galletas de desayuno y cena de sigues así»
—¡Ya tranquila!
«Si, claro. Tranquilamente a estas alturas, ya hubieras podido hacerte el tratamiento de fertilización y te hubiera sobrado dinero»
—Pero si es mi dinero —reclamó—. Yo veo como lo gasto —miró su reloj y se dio cuenta que aún podía ir a la cita que tendría en la tarde—. Aún puedo llegar a ciudad Carmín a encontrarme con… —se quedó pensando el nombre de su siguiente cita—, ¿Cómo era?
«Lo que faltaba, que ahora te olvides de los nombres de tus pretendientes»
—¡Qué me dejes en paz! —llamó al camarero y le entregó su tarjeta para pagar la comida— Por suerte no comimos mucho —susurró ante la cuenta pagada— ¡Elías! —dijo contenta chasqueando sus dedos— Así se llama el que me invitó a ciudad Carmín —tomó sus cosas y pasó por la caja a buscar su tarjeta, al salir se fue camino a la terminal de bus para tomar el primero que saliera a la otra ciudad Costera.
Llegó a la ciudad justo a tiempo, en la terminal, la esperaba un hombre de cabello largo atado color carmesí y ojos azules. Éste se acercó a la líder, y ofreciéndole la mano, la guio hasta el lugar donde pasarían a servirse algo, era un pequeño bar en el puerto. Agradable a la vista de las personas, el caballero pidió un whisky doble y con eso ya no le agradó mucho a la pelirroja.
«Oh, lo que nos faltaba a la lista, un bebedor»
—Yo solo quiero un jugo —respondió algo incómoda—. Gracias.
—Y dime, preciosa, ¿Por qué querías verme?
—Es qué necesitaba salir un poco del encierro —contestó algo intimidada por el trato del hombre.
—Qué bueno, querida —continuó tratando de rodear a la chica con su brazo— ¿Y qué cuentas de nuevo?
—¿Puedo hacerte una pregunta? —Iría directo al grano, realmente este hombre la estaba desagradando, pero bueno tenía que hacer la pregunta de todas formas. Como éste accedió Misty preguntó— ¿En tu familia hay alguna enfermedad rara?
—Bueno —le produjo mucha risa, Elías bebió de un solo sorbo su vaso de whisky y respondió—, veamos, tengo un padre muerto por cáncer y una madre con problemas de autoestima. Sin contar que soy medio esquizofrénico —comentó entre risas, haciendo que la pelirroja empezara a temblar— ¿Por qué preguntas? ¿Quieres que te haga un hijo? —ante aquella última frase, la chica ni llegó a despedirse, desapareció entre la gente a pasos apresurados.
«Te dije que tarde o temprano ibas a encontrarte con alguien como este tipo loco.»
Misty ya no quiso seguir peleando con su conciencia, dejó que hablara y hablara todo el viaje hasta llegar nuevamente a casa, al gimnasio Celeste.
Con sus hombros caídos y la mirada en el suelo, prácticamente veía su sueño de ser mamá cada día más lejano. Al llegar frente al gimnasio, elevó su mirada y vio a alguien apoyado en uno de los pilares multicolor de la entrada, cabello corto oscuro y bastante alto. Trató de descubrir quien era, pero no lo lograba, acercó unos pasos hacia él haciendo que el otro se volteara.
—Disculpe...
