Card Captor Sakura
Sakura / Syaoran
Advertencia: OoC
Capítulo VII
Quién lo diría...
Escuchaba a lo lejos una molesta melodía y poco a poco esta se oía más y más próxima, hasta que caí en cuenta de que era mi teléfono móvil el que repicaba. Los ojos me quemaban y abrirlos fue casi doloroso. Me levanté buscándolo hasta que además de encontrar el objeto buscado, me encontré con un compañero en la cama; Llevé mi mano a mis ojos y me los refregué con violencia para ver si por el sueño todavía no enfocaba bien la visión, pero mis ojos estaban bien. La melodía no dejaba de sonar, terminando por despertarlo a él también. Lo miré directamente a los ojos, furiosa, desviando la mirada sólo para ver en pantalla quién llamaba. Era Yue.
—¿Se puede saber por qué no has llegado? Si no estás muerta no me sirve ninguna excusa— exclamó con indignación.
—¿Debía llegar a la hora?— respondí no entendiendo su enojo.
—¿De qué hablas? — preguntó con extrañeza.
—Si ya se terminó el periodo de prueba ¿para qué me necesitas allá tan temprano? — contesté.
—¿Qué entendiste de nuestra conversación ayer? — dijo dubitativo.
—Que no pasé la prueba — respondí simplemente.
Lo escuché suspirar, como si mi respuesta lo hubiese cansado.
—Escúchame, tú y tu inseguridad entendieron lo que quisieron entender. Nunca dije que no tuvieras trabajo hoy. Pon atención a lo que te voy a decir, ya que al parecer tienes problemas de comprensión: te quiero acá a las tres de la tarde en punto — dictaminó.
Posteriormente sólo escuché el clásico sonido molesto de un teléfono que había sido colgado.
Me senté en la orilla de la cama, miré la hora y dejé mi teléfono en la mesita de noche. Me costaba reaccionar, estaba un poco emocionada por lo que acababa de suceder y no sabía qué se hacía con esa clase de euforia, no es que hubiese celebrado esa clase de triunfos muy seguido, la verdad. Disfruté el momento hasta que oí alguien a mi espalda, recordándome repentinamente que no era el momento para disfrutar de aquel logro inesperado.
—¿Y qué pasó?— me interrogó.
Su pregunta despreocupada me exasperó, pero no podía alzar la voz.
—¿Que qué pasó? ¿En serio me preguntas eso? ¿Qué haces tú acá? ¡Se suponía que te irías temprano y ya son las diez de la mañana!— exclamé molesta.
Lo miré sonreír por mi llamada de atención y aquello me irritó más.
—¿Y qué hubiese pasado si Mei Ling decidiera que debía entrar a mi habitación? ¡Qué hubiese pensado! — expresé con horror
—Ella deduciría lo obvio, claramente — respondió sabiondamente,
Y eso a él no parecía importarle…
—No quiero que ella sepa que nosotros nos acostamos — le aclaré.
—¿Por qué?— buscó saber.
Traté de responder rápidamente a esa pregunta, según yo deberían existir muchas posibles razones de por qué no quería que mi amiga se enterara que tenía sexo con su primo, pero lo cierto es que no se me ocurrió ninguna que fuera un motivo realmente de peso.
—Sólo no quiero que lo sepa ¿puedes respetar eso? — consulté con hastío.
Él me miró serio y asintió.
—¿Puedes tú respetar el deseo que siento de ti ahora mismo? — susurró acercándose a mí.
Su mirada intensa me puso nerviosa y fue inevitable que su pregunta hiciera que mis mejillas ardieran. Reclamé distancia alejándolo.
—Vístete y vete — le indiqué con autoridad
Syaoran se levantó desnudo, ostentando una erección, miró desvergonzadamente por los alrededores buscando su ropa y fue cuando me di cuenta de que con la luz del día iba a darse cuenta de lo que no quería que nadie viera.
—Es una broma — dijo con asombro
Ya estaba sonrojada por su acercamiento anterior; El calor luego se me subió hasta las orejas… estaba viendo algo que era tan personal que no lo compartía con nadie.
—¡No! ¡En serio tienes la edición limitada de 1999! — exclamó más fuerte de lo que me hubiese gustado
Mi boca se abrió ante la sorpresa que me llevé por su comentario. No esperaba que lo supiera
Él parecía más feliz con lo que veía que yo.
—Sólo salieron doscientas cincuenta de estas ¿cómo te las arreglaste para conseguirla? — interrogó.
Pude ver como estiraba su mano con el claro deseo de tomar aquella figura que hoy en día era una reliquia, pero se contenía y la quitaba. Sus ojos brillaban con el descubrimiento, pero no terminó ahí, siguió viendo el estante que no tenía sólo esa figura de colección. Había harto que mirar si se sabía lo que era; alguien como Mei Ling sólo vería plástico pintado estrafalariamente.
—Mi padre… — contesté simplemente.
Syaoran quitó su nariz de mi estante y caminó hacia donde estaba yo, todavía desnudo y con una erección que parecía no avergonzarle estármela mostrando en lo más mínimo. A mí me costaba no mirarlo, no era una situación a la que estuviera ni siquiera mínimamente acostumbrada.
—Podrías vestirte, por favor — pedí un poco incómoda.
—Pero voy a volver a quitármela. No me sirve puesta en este momento — respondió.
Acto seguido, yo seguía sentada en la orilla de la cama y él me empujó y quedé acostada un poco curiosa por lo que haría él a continuación. Él no tardó en empezar a excitarme besándome en todos lados menos en los labios y rozando su intimidad con la mía con la clara intención de excitarme, lográndolo. Volvimos a tener sexo y fue corto e intenso y ya podía admitir que esa sensación que sólo conseguía cuando lo tenía dentro de mí era algo que me gustaba…
Salí de la habitación buscando a Mei Ling por la casa. No conocía su rutina porque desde que llegó yo no estaba para estudiarla; respiré aliviada cuando descubrí que no estaba por ningún lado. Se seguro pensó que yo no estaba y que había salido temprano, como todos los días. Syaoran fue capaz de usar el baño y asearse para luego vestirse. Le exigí que se marchara luego de eso, no dejando de rondar por mi cabeza el pensamiento de que eran demasiadas las atribuciones que se estaba tomando.
—¿Y no me vas a dar desayuno? — preguntó.
Lo miré iracunda y él sonrió, ignorándome de nuevo. En ese momento me di cuenta de que él era inmune a mis gestos de desagrado. Se marchó no sin antes darme un beso que me encendió tanto que comencé a pensar que la distancia del sofá más próximo eran dos o a lo sumo tres pasos, sin embargo fui capaz de sobreponer mi raciocino a mis recientemente demandantes impulsos sexuales.
Llegué al trabajo un poco antes de la hora señalada y Yue se encontraba disponible, por lo que pasé de inmediato.
—Con que aquí estás — dijo al verme.
—Buenas tardes, jefe — recalcando esa última palabra.
—Kinomoto, ven, acércate, que mis longevos ojos no alcanzan a verte desde esta distancia. Hazme el favor, ¿quieres? — dijo mordaz.
Aquella frase hacía clara alusión al incidente en el que lo llamé gay. Me sonrojé y me acerqué como él lo solicitó.
—Tu sueldo — explicó y me entregó un sobre —No tienes una cuenta por lo que no te lo deposité y considero que los cheques no tienen estilo; Tienes que firmar esto y hacerte una cuenta en algún banco como cualquier ser humano adulto. Ya no eres una niña.
Lo último en su frase estuvo demás, pero no reclamé porque mi atención estaba centrada en el sobre blanco en mis manos y la ansiedad picaba, porque contenía la primera remuneración que había ganado con mis propias habilidades; Estaba un poco emocionada, aún cuando sabía que en realidad no era una cantidad demasiado sustanciosa, pero no era eso, sino que había sido capaz de ganar mi propio sustento… y se sentía bien…
—¿No lo contarás? — preguntó curioso.
—Encuentro que es de mala educación, eso es como decir que no confío en ti en tu propia cara — contesté con simplicidad.
Observé que una curva se formó en sus labios por mi respuesta.
—Cuéntalo, ¿quieres? — espetó él con desagrado —, además si no cuidas de tus propios intereses nadie lo hará por ti. Mucho menos en el mundo laboral.
Asentí ante aquel consejo y abrí el sobre, me sentía contrariada por lo que hacía, que era contar el dinero y que era muy distinto a como pensaba, además estaba más que enterada de cuánto era el sueldo mínimo, y hacía más de un par de billetes atrás que ya había superado a la cifra de la cual yo tenía pleno conocimiento.
—Esto es más de lo acordado — le dije aún sin terminar de contar.
—Si no recuerdo mal te dije sueldo mínimo, ¿no?— dijo divertido.
—Sí, eso dijiste y esto es más del doble de esa cantidad — le expliqué mostrándole los billetes.
La curva de sus labios ahora ya no eran sólo una insinuación de sonrisa, porque él estaba claramente riendo.
—¿Me estás diciendo que aceptaste trabajar aún cuando creías que te pagaría el sueldo mínimo convencional? — su tono era inusual.
Esa pregunta me hizo quedar en evidencia, porque era obvio que así había sido, eso fue lo que pensé desde el comienzo.
—Sakura, el sueldo mínimo de un profesional no es el mismo sueldo mínimo básico estipulado para alguien que no tiene estudios — me dijo divertido.
Estaba impactada con la revelación que me acababan de hacer, Estaba feliz… tenía trabajo y además me pagaban más de lo que pensaba.
—Este es tu contrato, léelo con detenimiento y fírmalo… y Sakura… deberías empezar a informarte mejor sobre las condiciones laborales — sugirió.
Yo asentí con la cabeza y me entregó el papel con un montón de clausulas que a mi parecer más de algunas eran tan obvias que deberían darse por entendidas sin siquiera especificarlas en papel, pero claro, nada es válido si no está debidamente escrito.
El contrato terminaría en tres meses.
—Es el segundo periodo de prueba. Sigue como lo has estado haciendo y el próximo contrato será mejor— me halagó.
Me sentí muy bien conmigo misma ese día. Tenía trabajo, ganaba más dinero del presupuestado e inclusive mi jefe directo me había halagado.
Llegué a casa y Mei Ling no se encontraba, y guardándome las buenas nuevas para otro momento me fui a mi habitación, en la cual en algún momento me quedé dormida hasta que desperté con unos toques en mi puerta, que aunque sutiles eran insistentes. Me levanté a abrir intuyendo que la persona que iba a encontrar no iba a ser precisamente mi amiga. Y no me equivoqué, porque entreabrí y lo vi. Cerré la puerta de inmediato.
—Ábreme — solicitó.
—Esta noche quiero dormir — le aclaré.
—Yo también… ¿no es una casualidad? — insistió.
—Syaoran… — dije un poco cansada
—Sólo quiero verte, después de eso me iré — confesó en un tono sugerente.
—Ya me viste en la mañana — respondí secamente.
—Han pasado horas desde entonces… — acotó él.
Aquello me hizo reír, pero lo disimulé.
—Sólo vete, Mei Ling todavía debe estar despierta — rebatí.
—Ella está prácticamente en coma —declaró.
—¿Estás seguro de que se durmió? — interrogué insegura.
—Sí, vengo de dejarla en su habitación y esperé hasta que apagó la luz… — clarificó.
Mi corazón se agitó; sentía deseos de abrirle.
—Buenas noches, Syaoran — me despedí finalmente.
—No seas así… al menos déjame verte… — imploró.
—¿Seguro que sólo me verás y te irás? —concedí.
—Quizás te pida un beso — admitió.
Me reí con lo último, pero volví a ponerme seria para abrir la dichosa puerta y al hacerlo nos miramos, y ambos supimos que no estaba ahí sólo para verme, como yo bien sabía… y lo dejé entrar nuevamente a mi habitación…
Las cosas en el trabajo iban bien. No era tan demandante como en el primer mes, pero tenía más responsabilidades.
Mei Ling estaba cada día más notoriamente embarazada con sus siete meses. Nos veíamos menos de lo que se pudiera imaginar, por lo que no nos asesinamos con el transcurso del tiempo. Llevábamos la convivencia mejor de lo que nosotras mismas esperábamos. Ella se encargaba de la cocina y yo del aseo. Syaoran pasaba mucho tiempo en la casa con la excusa de acompañarla, y entre razones a veces inverosímiles él terminaba entrando a mi habitación… y en mi cuerpo.
Había pasado un susto a las pocas semanas de que empezamos a tener sexo con regularidad porque ninguno se cuidaba, por lo que empecé a tomar precauciones y le exigí a él lo mismo si es que deseaba que siguiéramos haciéndolo. A él no le gustaba mucho, por lo que tenía que estar atenta. Lo cierto es que el embarazo no era lo único a prevenir, y había sido considerablemente irresponsable en un comienzo, porque yo no me acostaba con nadie más, pero no podía estar segura acerca de él…
Syaoran comenzó a enviarme solicitudes para que confirmara que teníamos una relación en la red social en la que nos conocimos. En un principio me indignaba que lo hiciera, pero él no se detenía aún cuando lo rechazaba en cada oportunidad. Esa actitud insistente me irritaba, pero también reconocía que si él no fuera tan constante de seguro ya hubiese huido de mí, y al final con ello conseguía sacarme una sonrisa.
Todo estaba resultando muy bien y el tiempo pasó más rápido de lo percibí, por lo que faltaban pocos días para firmar aquella esperada renovación de contrato.
Syaoran y yo estábamos en mi habitación, ambos mirando el techo luego de una sesión un tanto maratónica de exploraciones mutuas. No sabía mucho de él y aunque a mi forma de ver las cosas seguía siendo innecesario ese conocimiento acerca de su vida, le pregunté acerca de sus estudios y él me habló del intercambio al que postularía el próximo año a otro país, y se jactó de ser el mejor de su cohorte. Sorprendentemente noté cuán seguro estaba acerca de lo que haría del futuro y como de contento se ponía al contarlo, a diferencia de mí, que aunque vislumbraba finalmente luces en mi oscuro túnel del desarrollo personal, seguía sintiéndome un tanto fuera de lugar. Él era un chico admirable.
—Pero todo eso puedo cambiarlo si te quedas junto a mi… —respondió.
No pude decir nada en referencia a eso que dijo acerca de un futuro que nos implicaba a ambos juntos. La verdad es que no era la primera vez que decía cosas acerca de nosotros con tanta simpleza. Pasaba de ellas porque me costaba creer en un futuro, más difícilmente si este implicaba a otra persona además de mi en él; nuevamente no era nada personal… esperaba sinceramente que esos deseos que expresaba con lo que etiquetaba como "emocionalidad espontanea juvenil" fueran sólo eso.
Mei Ling ese día tenía control médico, y yo licencia laboral por una tendinitis aguda en el codo. Iba a estar sola durante la mañana y mi amiga se suponía llamaría a Syaoran para que la fuera a buscar, ya que por su embarazo prefería no usar el transporte público, sin embargo no lo llamó y nosotros, al sabernos solos estábamos menos contenidos de lo usual. Hacía ya un tiempo que había descubierto que los placeres del sexo no estaban privados para mí, y él había aprendido a tocarme justo donde lo necesitaba para conseguir doblegar mi impetuosa voluntad a base de entretenimiento sexual. Él ya no tenía que esforzarse demasiado en convencerme de tener sexo porque yo cedía sin demasiados trámites, también buscando concretar con él. Me convencía a mi misma que tenía una deuda con mi cuerpo y que esta debía ser saldada por tanta espera; Tan concentrados estábamos en nuestro intercambio de fluidos que no escuchamos que ella llegó. Salimos de la habitación medio desvestidos, para dirigirnos a la cocina por algo de comer, cuando vi a Mei Ling tomando un vaso de agua, mirándonos a ambos con una inexpresiva mirada que no dejaba clara cuál era su real reacción ante lo que veía.
—¿Desde cuándo? — interrogó con tono inquisidor.
Su voz era seca y no se parecía a ninguna que hubiese usado antes para recriminarme. Eso era bastante decir, considerando que siempre tiene algo que decirme. Miré a Syaoran que parecía realmente serio por primera vez desde que lo conocí y él me devolvió la mirada, como preguntando qué era lo que debía responder.
—Syaoran, puedes dejarme a solas con Sakura, ¿por favor? — solicitó con sospechosa amabilidad.
Él hizo el amago de rebatir su petición, pero yo negué con la cabeza y le indiqué que se fuera. Si Mei Ling había pedido algo "por favor" eso indicaba que la cosa se pondría más tensa a partir de ese momento.
Finalmente Syaoran se marchó aún en contra de su voluntad, y fue cuando Mei Ling, sin exaltarse, comenzó a hablar:
—¿Me has visto la cara de tonta? ¿verdad? — consultó sarcástica.
—Esto no tiene que ver contigo — me defendí.
—¡Te estás tirando a mi primo! — expresó enfatizando lo obvio.
Me quedé callada, su acusación era cierta e innegable.
—Eso puedo disculparlo, Sakura, sin embargo me fallaste en dos aspectos importantísimos en los que yo creía que eran la base de nuestra amistad — espetó.
—¿De qué hablas? —quise saber.
—Tu no confías en mi ni siquiera lo suficiente como para contarme de que ya no eras virgen ¿tú sabes cuán importante era para mí saberlo? Me daba igual si te echabas encima a quien fuera, y eso incluye al baboso de mi primo, pero es el hecho de que es una experiencia que entre amigas como se supone que somos nosotras, se comparte. Tú no me hablas de tu vida ni de lo que piensas en verdad. He sido tu amiga todo este tiempo, pero eso es en teoría, porque hoy me di cuenta de que en realidad no sé nada de ti… — me miró con tristeza que me dejó gélida y continuó hablando —, eres una desconocida. Sólo eres una cáscara que se escuda en argumentos etimológicos vagos como la diferencia entre "omitir" y "ocultar". Me mantenías a tu lado en base a migajas de tiempo y secretos superficiales que no te comprometen en nada, y desde que has estado trabajando se ha puesto peor. No estoy aquí porque no pueda estar en otro lado, estoy aquí porque te necesitaba a ti apoyándome en este momento de mi vida. Eras la única que creí que no me tendría lástima por mi situación, pero eso es justamente lo único que obtengo de ti. Permites que me quede y con eso crees que tienes hecha tu buena obra para seguir siendo la gran mierda que sabes que eres — manifestó con calma, pero enfática.
Mi amiga se levantó y observé su patoso andar, el que usualmente me causaba gracia, pero en ese momento lo único que me provocó fue un vacío en el pecho. Había perdido a Mei Ling y lo sabía…
No tuve el valor de verla marcharse de mi casa unas horas después…
Syaoran me llamó por días después de ese incidente, y yo con toda la frustración que sentía decidí que el catalizador de toda esa situación había sido él, aunque ya sabía que en el fondo la única culpable era yo, pero necesitaba poner distancia. Las cosas se complicaron cuando en realidad nunca debieron haberlo hecho y mi relación con él, independiente de cuál fuera su naturaleza, había durado mucho más de lo que tenía previsto.
Había cometido un error con enorme con mi amiga y yo lo tenía más que en cuenta, y eso me tenía muy irritada; Ni siquiera luego de firmar el contrato que me subía aún más el sueldo inicial fue algo especial… Me hacía sentir peor el hecho de que no sabía dónde estaba y que cada día que pasaba era uno más cerca de la fecha de parto estimada.
La casa sin ella se sentía muy espaciosa…y un mes pasó desde que tuve noticias de los Li.
Me había hecho asidua a después del trabajo ir a la tienda de Tomoyo. A veces terminaba ayudándola y terminaba agotada, pero buscaba aquello para sólo llegar a dormir más tarde. Nunca había evadido antes el volver a mi casa, y fue en esos días, en los que me quedé hasta un poco después de la hora de cierre, cuando divisé pasar a Syaoran a través de la más que perfecta vitrina de la sofisticada tienda en la que me encontraba, junto con la misma chica de la vez anterior, riéndose, muy abstraídos de todo los demás y más cercanos de lo que caminan los amigos. Sonreí de medio lado al verlo, al menos ya sabía que él estaba más que bien.
Al volver a casa me encontraba sin sueño a pesar de lo tarde y de lo extenuante del día, y como dicen por ahí: "el ocio es la madre de todos los vicios" inicié sesión en esa red social que tan poca importancia le daba en los tiempos actuales, y como nunca cambié mi disponibilidad en el chat. No pasaron cinco minutos cuando una ventana se abrió y el fantasma de Eriol Hiragizawa volvió a penar.
"Tanto tiempo…"
Eso por decirlo de alguna manera. Habían pasado meses desde que se suponía que nos reuniríamos…
"Si, ¿verdad?"
Le respondí escuetamente a su más que esperable saludo.
"¿No tienes nada que decirme?"
Lo pensé con detenimiento y concluí que no. A él no le debía ninguna clase de explicación.
"No."
Pasaron varios minutos antes de volver a tener una respuesta de su parte.
"Me he estado tocando todos estos meses pensando en la noche que no llegó"
Después de un periodo sin sexo, tras haber sido todo lo activo que se podía, aquella frase renovó mi lujuria.
"¿Si? ¿Y qué te imaginas exactamente?"
"Lo que pudo haber pasado de habernos juntado…"
No habían sido pocos los años en esa extraña relación que nos esmerábamos en sostener… sus palabras si tenían efectos en mi cuerpo. Lo imaginé a él sobre mí y lo deseé…
"Juntémonos"
Le propuse decidida. Tenía ganas y me excitaba la mera idea de estar con él finalmente y responder tantas interrogantes acumuladas. La razón principal por la que no llegué a encontrarme con él ya no existía más, no había nada que impidiera que consumáramos aquellas perpetuas insinuaciones. Él no me creyó de inmediato, me costó un poco que volviera a hacerlo, pero siendo día miércoles, nos citamos para encontrarnos en la gran ciudad que se encontraba más o menos justo en medio de ambos, el sábado por la noche.
El día llegó, y todos esos días previos al encuentro no dejamos de hablar sobre lo que nos haríamos el uno al otro. Me encontraba ansiosa y mis piernas temblaban; si él arribaba y nos encontrábamos como estaba planificado, pensaba hacerme cargo de cada una de las promesas hechas sobre cómo procedería en la intimidad.
Escuché latir mi corazón en los oídos cuando lo vi apoyado en un pilar que se encontraba un poco más alejado de la vista. Nuestros ojos se localizaron y fue instantáneo el que al acercarnos me saludara con un beso que supo infinitamente distinto a lo que esperé. Respondí con toda mi disposición, no obstante la agitación era distinta a lo que en cada oportunidad que soñé con él experimenté.
Él me dijo que conocía el lugar "perfecto" y yo lo dejé guiarme. Lo observé mientras pensaba que el que él conociera un lugar "perfecto" para esos propósitos no me parecía nada de extraño, y la situación me parecía todavía irreal; era tan surrealista tanto lo que estaba viviendo, como estar con quien estaba. Pocas veces había vivido esa clase de situaciones en las que tenía que preguntarme a mi misma si era eso de verdad o parte de un sueño muy vívido.
Entrar a un lugar hecho para tener sexo me pareció sórdido y aquello comenzó a hacerme titubear.
Mientras él pagaba en una caseta en la que se leía "La discreción lo es todo", reparé también en la publicidad de distintos preservativos y lubricantes, para terminar decorando elegantemente con el permiso sanitario que aclaraba que no había ninguna clase de plaga en el recinto… ni quise analizar cuán cuestionables me parecieron los borrones que se apreciaban en la fecha de la última revisión. Un sonido un poco inusual interrumpió mis pensamientos, mientras observaba a Eriol acercarse, era un mensaje de texto en mi teléfono móvil. Raro… nunca me llegaban. Miré el remitente y decía Syaoran. No lo leí ¿podía ser más inoportuno?
Nos dirigimos a la habitación designada, mientras yo caminaba pensando en que aunque estaba al lado del hombre que toda la vida deseé, se sentía ajeno y como que no se ajustaba a cabalidad con la imagen de mi recuerdo. Suponía que yo tampoco lucía como él me recordaba y decidí obviar ese hecho.
Abrió la puerta y entramos ambos a la compacta habitación; Tuve unos segundos para recuperarme de la visión impactante de lo poco cuidado de la decoración, antes de que Eriol comenzara a demandar mi atención.
—Lo prometido es deuda — dijo con una mirada lujuriosa.
Sólo sonreí. No sabía bien qué contestar a esa exigencia a algo por lo que nadie me coaccionó. Inusual en mí.
—Eso dicen… — respondí neutral.
Él se acercó y comenzamos a besarnos y buscar la fricción inmediata de nuestra genitalidad. Mi cuerpo reaccionó a las estimulaciones brindadas, independiente de que mi cabeza estuviera trabajando tan razonablemente como lo estaba haciendo en un momento en que no recordaba que lo hiciera con tanta claridad. Estudiaba sus reacciones sin poder dejarme llevar del todo. Se asemejó un poco a esa incómoda primera vez, y recordé irremediablemente el mensaje de texto de Syaoran, y mientras besaba al hombre por el cual había accedido a estar con el chico que era menor que yo, me di cuenta de que pensaba en esa otra persona mientras besaba al que en un comienzo había sido mi principal objetivo, y fue inevitable que muchas interrogantes me abordaran súbitamente, pero la primordial fue: ¿habrá pensado Syaoran alguna vez en mi mientras estaba con esa otra mujer en lo mismo en lo que estaba yo ahora? Me dije a mi misma que no, ¿por qué él pensaría en mi si no estaba involucrada en el acto mismo? y tras esa respuesta autogenerada, mi cuerpo se esmeró en ser el protagonista esa noche, no mi cerebro. Empecé a cooperar con más esmero, mientras trataba de engañarme a mi misma diciéndome que no era en realidad en ese mensaje de texto, aún sin leer, en donde estaba mi mente…
Continuará...
Más pronto de lo que pensaron volví. Ojalá les guste esta actualización... Muchísimos saludos.
Cdpam: jajajaja no te preocupes que lo de Yue sólo es tensión sexual; él no tendrá relación alguna con ella. Sakura dictamina y promete cosas que no puede sustentar luego, como habrás comprobado en este capítulo. Ojalá te siga interesando esta historia. Gracias por tu tiempo y tu comentario… muchos saludos, espero este año seguir contando con ellos ;)
Sakura Kinomoto Amamiya 26: ¡Hola! Sí… jajajaja está bien loca esta Sakura. Muchos saludos… espero que estés bien. Gracias por tu comentario y tu tiempo.
sslove: qué bueno tener tu nick ahora, prefiero tu nick al simple "guest", sin lugar a dudas jajajaja ;)
–no te preocupes es posible que incluso yo olvidara a Eriol jajajaja ha pasado tiempo desde que salió
–Mei quizás con las hormonas ande un poco sentida con Sakura, como quedo en evidencia en este capítulo… igual es culpa de Sakura, no le contó ni siquiera que su padre murió, ni lo del trabajo, ni nada personal… se agotó un poco… ojalá vuelvan a arreglarse.
–Syaoran en esta historia la tiene difícil con esta Sakura ambivalente, tiene que ser bastante decidido si es que de verdad quiere algo con ella.
–Jajajaja le faltaba a ambos práctica, claramente no tienen problemas sexuales cuando están juntos ;)
Muchas gracias por tu tiempo y tus comentarios, nos estamos leyendo.
ValSmile: Quizás este capítulo se haga más corto porque tiene muchas menos palabras 8(
-Me avergüenzas con tus palabras siempre! me dejas en evidencia con lo de los escritos subidos de tono jajajaja
–tuviste razón acerca de las mañaneras… cosas que uno escucha por ahí jajajajja
– El no contarle a Mei Ling le costó caro eso si…
-jajajaja ese Yaoi explicito de Yukito y Touya no deja nada a la imaginación
oye! Leí el review cuando llegó y dije "más tarde leeré su fanfic" y ya pasaron días y sigo sin hacerlo. Me acabo de acordar al releer tu review… soy lo peor ;-; ¡disculpa! Me pondré al día.
En fin, cuídate, muchísimos saludos y ojalá que te haya buscado el capítulo.
Camili: Si sabes que lo de Yue y Sakura nunca se dará en una historia mia, ¿cierto? Jajajajaja
–yo creo que la única relevancia del padre del hijo de Mei Ling fue haberlo puesto en su útero y desaparecer luego.
–Mei Ling no supo de Tomoyo pero descubrió que su amiga le ocultaba todo… pobre Mei…
-jajajaja al parecer Sakura no habló del olor de Syaoran en este capítulo en ningún momento… quizás en el siguiente.
–Bueno Eriol volvió y Sakura y él se encontraron. Un poco mecánico todo, pero quién sabe que pueda suceder, la noche es larga…
- Gracias por los cumplidos acerca del lemon, siempre son bien recibidas esas aclaraciones porque es lo que más se cuida, al final al escribir ;)
Sé que este capítulo no es lo que esperabas jajajaja pero ojalá te alegre un poco. Saludos y como siempre, gracias por tu tiempo, tu review y tus animos.
Kimi Deathberry: ¡Gracias! Nunca tienes para mi otra cosa que lindas palabras. Muy agradecida contigo… ojalá te parezca bien este capítulo.
kirkXD: ¡Gracias por poner tu nick! Jajajaja, a veces hablar mucho puede arruinar buenos momentos, dicen por ahí, asi que por eso lo calló jajajaja –bueno aún no sabemos si Sakura y Eriol se divertirán, pero ella al parecer tiene toda la intención de hacerlo ¿se lo merece Sakura? Jajajaja ¿por qué? En fin, muchísimos gracias por tus comentarios y sugerencias, en serio las tomo en cuenta a la hora de escribir los siguientes capítulos.
