Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 15
Solté un suspiró que empañó el vidrio de la ventana, apenas si podía creer lo rápido que pasaba el tiempo y mañana, Edward y yo, celebraríamos nuestro segundo aniversario de matrimonio.
Obviamente no todo en nuestra vida era miel sobre hojuelas, después de todo, ¿qué pareja en la vida real tiene una relación de ensueño? Obviamente que ninguna y quien diga lo contrario es un vil mentiroso; en estos dos años habíamos tenido nuestros altos y bajos como era de esperarse, pequeñas discusiones que por fortuna no pasaban a mayores y podíamos resolver sin mayor problema. Aunque tuvimos dos fuertes peleas que estuvieron a nada de terminar con nuestro matrimonio, la primera y la cual sin dudar podía decir había sido la peor para mí, sucedió dos semanas después de casarnos; cuando Victoria se presentó en nuestra casa y mantuvo una interesante charla conmigo.
Cerré las manos en apretados puños al ver la sonrisa hipócrita en el rostro de Victoria nada más abrir la puerta, respiré profundo y echando mano de todo mi control, me hice a un lado y la invité a pasar; después de todo le había dicho a Edward que al menos trataría de ser... educada con ella.
—Lamento mucho presentarme así, sin avisar —dijo sentándose, asentí y me senté en el sofá frente a ella—. Espero no ser inoportuna.
—Tal vez soy demasiado directa al preguntar esto, pero ¿qué diablos estás haciendo tú en mi casa? —pregunté sin intentar ocultar mi molestia y olvidando por completo mi papel como anfitriona, sus ojos brillaron con malicia y eso no me gustó nada.
—Necesito hablar contigo sobre algo muy importante. La paciencia nunca ha sido una de mis mayores virtudes, y ya estoy cansada de esperar a que Edward se decida a decírtelo él mismo —fruncí el ceño contrariada y ella rió de lo más divertida—. ¡Oh Dios, no creí que fueras tan ingenua Isabella! Apuesto a que le creíste cuando te dijo que te amaba, que después de que aceptaste casarte con él no volvió a tocar a ninguna otra mujer... Pero, ¿sabes qué? Todo fue mentira, parte de un plan que juntos armamos.
—¿Plan? —murmuré con voz temblorosa sintiendo las lágrimas agolparse en mis ojos.
—Sí, plan. Es de lo más sencillo a decir verdad, él te convencía de que te amaba y perdonaba por lo que le hiciste, para después restregarte en la cara cuánto es que te desprecia —parpadeé un par de veces alejando las lágrimas, no le daría el gusto de verme llorar—. Una vez conseguido su propósito, se divorciaría de ti y se casaría conmigo, como lo teníamos planeado antes de que aparecieras de nuevo en su vida.
—No te creo, Edward no sería...
—¿No sería capaz? ¡Por favor, Isabella! Tú no sabes de lo que puede llegar a ser capaz ése hombre, con tal de conseguir lo que quiere; no lo conoces tan bien como yo lo hago —me interrumpió soltando una sonora carcajada—. ¿Sabes? Edward y yo, en ningún momento hemos dejado de vernos. Fue él quién me dijo que estarían unos días en Florida, me rogó que lo alcanzara allá porque ansiaba verme y no soportaba más tu presencia; cuando regresaron a la cuidad pasaba los días contigo, pero sus noches eran todas mías. Incluso ahora que están... casados, siempre busca una oportunidad para estar conmigo y...
—Largo, vete de mi casa —siseé poniéndome en pie, no iba a permitir que la muy zorra siguiera restregándome en la cara que seguía siendo la amante de mi... marido—. Me importa una mierda lo que digas, soy la esposa de Edward y aunque te pese, así seguirá siendo hasta que yo lo quiera —me di el gusto de reír al ver la incredulidad reflejada en sus ojos—. Creíste que diciéndome todo esto iba a correr llorando desconsolada a pedirle el divorcio, dejándote así el camino libre para que, al fin, tú te convirtieras en la señora Cullen; pero te equivocaste. Yo también puedo hacer de su vida un maldito infierno.
—No puedes seguir con él después de saber...
—¡Fuera de mi casa! —grité tomándola con fuerza del brazo hundiendo con saña mis uñas en su piel, con toda la intensión de lastimarla, y prácticamente la arrastré hasta la puerta.
—¡Suéltame, me estás haciendo daño! —chilló pero no la salté, abrí la puerta y de un empujón la lancé fuera haciéndola trastabillar un par de veces—. Vas a arrepentirte de esto, te lo juro.
—No, la que se arrepentirá toda su vida serás tú —le cerré la puerta en la cara, con piernas temblorosas caminé unos pasos hasta la escalera y me senté en los primeros escalones.
Escondí el rostro entre mis manos y dejé que las lágrimas fluyeran con libertad por mis mejillas, estás semanas había vivido en medio de un maravilloso cuento de hadas, un cuento de hadas que demasiado pronto había llegado a su final y este no era precisamente uno feliz como me hubiese gustado. Edward quería destruirme y sin dudas lo había conseguido.
Un par de horas después cuando Edward regresó a casa, yo seguía sentada en el mismo lugar, con la mirada perdida en algún punto en el suelo, abrazando mis piernas con fuerza pegándolas a mi pecho y la barbilla sobre las rodillas; las lágrimas hacía rato que habían dejado de brotar, pero podía apostar a que mis ojos seguían rojos e hinchados.
—Bella, ¿qué ocurre amor? —preguntó con voz suave y cautelosa arrodillándose frente a mí.
—Sucede que soy tan, pero tan estúpida, que caí en tu juego sin siquiera sospechar nada —quiso tocarme pero de un manotazo alejé su mano, después de lo que acababa de enterarme, la sola idea que pudiera tocarme me provocaba repulsión—. ¡No me toques! ¡No te atrevas a volver a tocarme, nunca!
—Amor...
—Victoria estuvo aquí —le interrumpí sin apartar la mirada del suelo—. Tuvimos una charla de lo más... esclarecedora, me habló de cierto plan que tú y ella idearon para vengarse de mí —alcé la mirada clavándola en su rostro y sonreí con ironía al ver su expresión de asombro—. Dime Edward, ¿te sientes mucho mejor ahora, sabiendo que tu plan funcionó tal y como lo esperabas? ¿Te sientes mejor viéndome destruida, reducida a un puñado de pedazos?
Maldijo por lo bajo y se sentó a mi lado, frotó su rostro un par de veces con ambas manos y resopló con frustración antes de comenzar a hablar.
—No te voy a mentir Bella, es verdad que el plan del que te habló Victoria existió, pero me olvidé de el cuando me di cuenta que habías cambiado, que no eras la misma Isabella que conocí en la preparatoria —trató de tomar mi mano pero la alejé de su alcancé.
Ilusamente esperaba que él al menos tratara de negarlo todo, que me dijera que no era más que un vil invento de Victoria para separarnos, pero escuchar de sus labios que las palabras de ella eran verdad fue... total y absolutamente devastador para mí.
—Me dijo que sigues manteniendo una relación íntima con ella, ¿también eso es cierto? —murmuré, ¡oh diablos, además de estúpida también soy masoquista!
—¡Por supuesto que no! —exclamó ofendido, como si tuviera un motivo para estarlo. Y yo quise creerle, deseé con todas mis fuerzas poder creer en sus palabras pero no pude.
—Y por qué diablos habría de creerte a ti ¿eh? —me puse en pie y comencé a caminar de un lado a otro con nerviosismo, sintiendo mis ojos humedecerse otra vez—. Acabas de admitir que el plan en verdad existe, si Victoria no me mintió respecto a eso, ¡¿por qué lo haría al decirme que sigues acostándote con ella?!
—¡Maldición Bella! —se plantó frente a mí, sujetándome por los hombros deteniendo mi nervioso andar—. El plan ya no existe, dejó de existir desde la primera noche que dormimos juntos en aquella tienda de campaña.
—¡No me sigas mintiendo, Edward! —grité soltándome de su agarré y me alejé de él, traté de contener las lágrimas pero no pude hacerlo y comencé a llorar de nuevo—. Nunca debí casarme contigo, debí haber escuchado a Gio cuando me dijo que tú sólo me lastimarías, debí fugarme con él el día de la boda tal y como me lo pidió. Pero no, fui tan malditamente estúpida que seguí adelante y firmé mi propia sentencia al decir: sí, acepto.
—Bella, por favor déjame explicar... —trató de acercarse a mí pero no alejé negando de forma frenética.
—¿Sabes...? —tomé una profunda respiración para calmarme y poder seguir hablando—. ¿Sabes por qué no me fugue con Gio? ¡Lo hice porque te amaba, maldito idiota desgraciado! —sus ojos se abrieron con sorpresa, abrió la boca un par de veces sin llegar a emitir sonido alguno y volvió a sentarse en el primer escalón de la escalera.
—¿Me amas? —preguntó unos minutos después con apenas un audible susurro.
—En estos trece años nunca pude dejar de amarte —apoyé la espalda en la pared más cercana, solté un tembloroso suspiro y sequé mis lágrimas con el dorso de la mano—. Por más que traté de olvidarte no pude hacerlo; anda, puedes reírte de lo patética que soy.
Por un largo momento ninguno de los dos dijo nada más. Hubiese querido decirle que lo amaba en otras circunstancias, no en medio de una discusión que significaba el fin de nuestro matrimonio; porque sí, a pesar de lo que le dije a Victoria, no podía seguir casada con él después de enterarme de todo esto.
De pronto Edward se puso en pie como impulsado por un resorte y antes de que pudiera hacer algo para impedírselo, se acercó a mí y me cargó sobre su hombro. Pataleé, golpeé su espalda con mis manos cerradas en puños y le grité hasta que la garganta me dolió para que me bajara pero no lo hizo; salió de la casa y no sin esfuerzo me metió en su coche. Abrí la puerta con toda la intensión de bajarme, pero no fui lo bastante rápida y antes de que siquiera pudiera poner un pie fuera me sujetó del brazo, cerró de nuevo la puerta y puso el coche en marcha.
—Detén el coche, Edward —le exigí pero me ignoró por completo, sus manos se aferraban con fuerza al volante y mantenía la mirada fija en el camino, mientras conducía a una velocidad realmente alarmante—. ¡Con un carajo, Edward, detén el jodido coche antes de que nos matemos! —grité, pero ni siquiera pestañeó.
Cuando casi media hora después Edward estacionó el coche frente a una casa que no conocía, solté el aire que de forma inconsciente había estado reteniendo, asustada ante la idea de que hubiésemos podido morir en un accidente provocado por exceso de velocidad. Una vez estuvimos parados frente a la puerta, Edward alzó la mano y la aporreó con furia como si quisiera echarla abajo.
Una sorprendida y, hasta cierto punto, asustada Victoria abrió la puerta; su rostro perdió por completo el color al notar la mirada furiosa de Edward y trató de cerrar la puerta. Al mismo tiempo, yo intenté dar media vuelta e irme pero el brazo de Edward rodeó mi cintura con firmeza impidiendo mi huida, era el colmo que me hubiese traído precisamente aquí, a la casa de su amante.
—Tú te quedas —murmuró con voz afilada cortando cualquier replica de mi parte, mientras que con su mano libre detenía la puerta, evitando que Victoria la cerrara—. Y tú, quiero que frente a mí, repitas palabra a palabra todo lo que le dijiste a Bella.
—Edward... yo no... yo sólo quería... quería...
—¡Destruir mi matrimonio! ¡Eso es lo que querías! —casi, casi sonreí al verla encogerse como un animalito asustado ante los gritos de Edward—. Te creí cuando me dijiste que antes que nada eramos amigos, que te alegraba el echo de que pudiera tener una oportunidad de ser feliz con Bella. Pero no era más que una de tus farsas, una verdadera amiga no va apuñalando por la espalda, tal y como tú lo has hecho.
—¡Tú no puedes ser feliz con esta maldita perra! ¡Ella no te merece, no después de todo el daño que te ha hecho! —chilló viéndome con desprecio, sentí como el brazo que rodeaba mi cintura se apretaba un poco más deteniéndome cuando traté de lanzarme contra ella, no iba a tolerar que me insultara y se quedara como si nada—. Edward, nosotros somos tan parecidos que simplemente... somos perfectos para estar juntos.
—En primer lugar, no te permito que insultes a mi mujer —dijo con un fiero gruñido que hasta a mí me hizo tiritar nerviosa—. Y en segundo, amo a Bella, la amo y ni tú ni nadie podrá hacer nada para cambiarlo —apoyé la cabeza en su pecho y le di mi mejor sonrisa de triunfo a la zorra. Oh sí, seguía molesta con él, teníamos mucho que aclarar todavía y no sabía a dónde es que llegaríamos, pero por ahora disfrutaría viendo como la ponía en su lugar—. Te juro Victoria, te juro que si vuelves a tratar de meterte entre nosotros, haré de tu vida un puto infierno ¿entiendes?
—Tú me... me dijiste que... que no... —se quedó callada y un par de lágrimas rodaron por sus mejillas.
—Lo sé, pero si algo tengo que agradecerte, es el que me abrieras los ojos y así pudiera darme cuenta que estaba enamorado de Bella —dijo un poco más tranquilo, soltó un pesado suspiro y agregó—: No quiero que vuelvas a cruzarte en nuestras vidas, me conoces y no querrás tenerme como enemigo ¿cierto?
Con un brusco movimiento de su mano secó la humedad de sus mejillas, dio un seco asentimiento y antes de cerrar la puerta murmuró un: No volverán a saber nada de mí, se los prometo.
Después de ése día, tal y como lo prometió, no volvimos a saber nada de Victoria; hasta hace un par de meses atrás que nos enteramos se había casado con un importante empresario francés, veinte años mayor que ella. Habían pasado un par de semanas para que volviera a confiar del todo en Edward, me explicó a detalle cómo había maquinado su malévolo plan y cómo fue que se había venido abajo; día a día con pequeños detalles me demostró que en verdad me amaba y terminamos por dejar atrás aquel mal episodio, y disfrutar de nuestra vida juntos.
El sonido de mi teléfono móvil me hizo pegar un bote sobresaltada, corrí y lo tomé antes que la persona que dormía plácidamente en mi cama se despertara. Era un mensaje de Jane, avisándome que se tomaría un par de días más de vacaciones y que regresaría a la cuidad acompañada por su sexy novio. El sexy novio de Jane, cuando cuatro meses atrás me enteré quién era su novio me alteré bastante, provocando la segunda discusión seria entre Edward y yo.
—No puedes estar hablando en serio, Jane —dije sintiendo la tensión apoderarse de mi cuerpo poco a poco.
—Hablo muy en serio Bella, Giovanni y yo nos estamos dando una oportunidad como pareja —se removió incómoda y suspiró—. Él y yo hemos estado en contacto desde hace ya algún tiempo, pero cuando estuvo aquí la semana pasada nosotros... hablamos y decidimos intentarlo.
—No, no y no. ¡Por Dios, tú y él no pueden estar saliendo! —me negaba a creerlo, Jane podía ser una de mis mejores amigas pero sé que no es la mujer indicada para él, no es la indicada para hacerlo feliz—. Jane, yo sé que Gio es un hombre con maravillosas cualidades, es inteligente, dulce, cariñoso, guapo y cualquier mujer se sentiría malditamente afortunada de poder estar con él. Pero merece ser algo mucho más que tu pasatiempo.
—Es increíble que tú pienses eso de mí, creí que me conocías mejor.
—Porque te conozco es precisamente que lo digo. ¡Vamos Jane! Conoces un hombre de tu vida diferente cada semana —me dio una mirada llena de resentimiento y se puso en pie.
—¡Pero con Giovanni es diferente! Siento algo por él que nunca antes nadie había despertado en mí, yo... ¡Me estoy enamorando de él! —gritó moviendo las manos al aire—. Lo que pasa es que tú eres una perra egoísta, estás casada con Edward, pero al mismo tiempo temes que Gio se olvide de ti y sea feliz con alguien más.
—Eso no es verdad —repliqué poniendo en pie también—. Sería la primera en felicitar a Gio si encuentra a una buena mujer que lo haga feliz.
—¿Estás diciendo que yo no soy una buena mujer? —murmuró con incredulidad y me apresuré a negar.
—Jane, eres una mujer excepcional pero...
—Pero no lo suficiente excepcional como para que Gio se enamore de mí —terminó la oración por mí con acritud—. ¿Sabes Isabella? Todo ese lío de mierda que tuviste con Edward en la preparatoria te cegó, te aferraste a la idea de estar enamorada de él y lastimaste a hombres maravillosos que se acercaron a ti, entre ellos a Giovanni.
—Eso no es...
—¡Déjame terminar! —chilló y no pude hacer más que abrir los ojos sorprendida, nunca antes la había visto así de molesta conmigo—. No sé si en verdad estés enamorada de Edward o si sólo sea un capricho para ti, capricho que nació a raíz de que no cayera rendido a tus pies cuando te conoció; pero lo que sí sé, es que estás malditamente celosa de que Giovanni se llegue a enamorar de alguien más que no seas tú.
—Jane, estás siendo irracional y...
—No, si alguien está siendo irracional aquí eres tú. No lo voy a dejar Bella, no lo haré mientras él quiera estar conmigo, y me importa una maldita mierda si te gusta o no —tomó su bolso y se fue mascullando por lo bajo, solté un pesado suspiro dejándome caer en el sofá donde minutos antes había estado sentada.
Esto no había salido para nada bien, cuando Jane me llamó para decirme que quería hablarme sobre su nuevo novio, nunca me hubiese imaginado que terminaría así.
—No entiendo por qué te molestas tanto —cerré los ojos y maldije por lo bajo al escuchar la voz de Edward, justo hoy tenía que llegar temprano a casa y escuchar mi discusión con Jane—. ¿Sabes? No es algo agradable que mi esposa muestre ese tipo de reacciones, al enterarse que su amigo tiene una relación.
—¡Oh mi buen Dios! ¿También tú piensas que estoy celosa? —abrí los ojos cuando se sentó a mi lado, su rostro no mostraba emoción alguna pero estaba aprendiendo a conocerlo bien y sabía que estaba molesto, y mucho a decir verdad.
—No sé qué pensar Bella, simplemente no lo sé.
—Es verdad que no me sentó nada bien el enterarme de esa relación, pero no es porque esté celosa o algo parecido. Gio es alguien muy importante para mí, no quiero verlo herido si es que lo que hay entre él y Jane no llega a funcionar —me estaba comportando como una madre sobre protectora, lo sabía de sobra pero no podía evitarlo. Le debía mucho a Giovanni y me sentía con la obligación de intentar protegerlo, tal y como él siempre lo había hecho conmigo.
—Bella, tu amigo ya está lo bastante mayor como para enfrentar las consecuencias de sus actos, no necesita que tú vayas detrás de él cuidándolo como si fuera un niño de tres años —tiró de su cabello con frustración y clavó sus endurecidos ojos en mí—. Necesito que me aclares algo, ¿en verdad vez a Giovanni como a un amigo y nada más? —y en ese momento perdí la poca paciencia que me quedaba y exploté, ¿les era tan difícil de entender, a él y a Jane, que detrás de mi negativa no había ningún interés romántico?
—¡Con un demonio, cuántas veces tendré que repetirte que no estoy enamorada de Gio! —me puse en pie y comencé a caminar de un lado a otro bajo la molesta mirada de Edward—. Le tengo un gran cariño y no lo voy a negar, él fue mi mayor apoyo cuando más lo necesité, me ayudó a salir del abismo en el que estaba metida y me protegió, incluso de mí misma, después de que Gi... —detuve mi nervioso andar y me callé de golpe, al notar la barbaridad que estuve a punto de cometer.
—¿Después de qué? ¡Maldita sea, dímelo de una jodida vez Bella! —negué un par de veces y con un brusco movimiento se puso en pie, acercándose a mí me sujetó por los brazos con fuerza lastimándome con su agarre—. Sé que hay algo que me ocultas, y me está volviendo loco no saber qué diablos es.
—No te oculto nada, y por favor suéltame que me lastimas —froté mis doloridos brazos cuando me soltó.
—Sí, sí lo haces, y sinceramente Isabella, no sé cuánto más pueda seguir soportando esta situación. Confías es todo el mundo menos en mí, que soy tu esposo —me dolió ver el sentimiento de traición reflejado en sus ojos, pero no podía decirle la verdad, no podía.
Después de esa discusión Edward no me dirigió la palabra para nada durante días, salía de casa al trabajo lo más temprano que podía y regresaba ya entrada la noche, incluso se había cambiado a dormir a una de las habitaciones de huéspedes dejándome con un sentimiento de soledad horrible. Al día siguiente de mi discusión con Jane, recibí la llamada de un molesto Giovanni, me riñó por mi reacción y terminé peleándome con él también. Habían sido días difíciles y lo pasé realmente mal. Pero al final, tras darle muchas vueltas al asunto, comprendí que Edward tenía razón; mi amigo ya no era un niño así que yo debía respetar y aceptar su decisión. Hablé con Jane y le pedí una disculpa, así como también a Giovanni y les deseé la mejor de las suertes.
Pero sin embargo arreglar las cosas con Edward no había sido una tarea fácil, terminé por confesar que sí, efectivamente le escondía algo y trató de persuadirme para que le dijera el qué era, le expliqué que no estaba lista aún para hablar sobre ello y le pedí tiempo; después de repetirle una y otra vez que mi secreto no tenía nada que ver con estar enamorada de Giovanni, aceptó darme el tiempo que necesitara para poder hablar sobre el tema.
Salté y ahogué un gritó al sentir un par de conocidos brazos rodeando mi cintura, había estado tan metida en mis pensamientos que no noté en que momento Edward entró a la habitación y se acercó a mí.
—Hola cielo, hoy llegas temprano —murmuré apoyando por completo mi espalda en su pecho.
—Y no pienso volver a la oficina, voy a quedarme en casa para ayudarte a cuidar de nuestra huésped —un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando dejó un suave beso en la unión de mi cuello con la clavícula, me pregunto si es que algún día mi cuerpo dejará de reaccionar de esa manera ante su toque—. Debiste decirme que vendría hoy, de saberlo no hubiese ido a la oficina.
—Voy a ponerme celosa —dije en broma dándome la vuelta quedando de frente a él.
—Deberías, Carolie es una dulzura —no podía rebatir a eso, nuestra pequeña ahijada era una dulzura y nos tenía embobados a ambos.
—Si no te dije nada fue porque no lo sabía, Rosalie y Emmett tuvieron que ir al hospital a recoger a la mamá de Rose, hoy por fin le dan el alta; los hospitales no son precisamente el lugar adecuado para una bebé de cinco meses y no quisieron llevarla. El pequeño Danton tiene varicela y no la han podido dejar con Alice, así que me ofrecí a cuidarla por unas horas —unos suaves gimoteos que terminaron por convertirse en un llanto desconsolado, nos hizo centrar nuestra atención en Carolie.
Me apresuré a acercarme a la cama y con sumo cuidado la tomé en mis brazos, cada que la cargaba el temor de que pudiera resbalar de mi agarre y caerse me invadía a tal grado, que las manos me temblaban y casi comenzaba a hiperventilar; y es que no tenía mucha experiencia cargando bebés, apenas si había cargado un par de veces a Danton antes de que comenzara a caminar y otras pocas a Carolie.
Dejé a Edward cuidando de nuestra pequeña ahijada mientras yo bajaba a la cocina y preparaba la mamila. Al regresar y verlo caminar de un lado a otro por la habitación meciendo con suavidad a Carolie para calmar su llanto, una sensación de calidez me envolvió; hasta la fecha no habíamos hablado sobre la posibilidad de tener hijos, aunque admito que en más de una ocasión he pensado en ello y me hacía mucha ilusión.
Tal vez ya era momento de que Edward y yo pensáramos en la posibilidad de pasar a ser tres.
—Aquí está la mamila —tomé a Carolie de nuevo en mis brazos y me senté en el borde de la cama, acerqué la mamila a su boca y comenzó a succionar con avidez, dejando de llorar al instante.
Rosalie y Emmett llegaron a recoger a una dormida Carolie, que cayó rendida después de que Edward y yo pasáramos jugando con ella un buen par de horas.
Durante la cena estuve tentada a traer a conversación el tema de los hijos, pero a último momento no me atrevía; parecía encantado con nuestra ahijada pero no podía estar segura de que quisiera tratáramos de tener un hijo, y siendo sincera, me aterraba la sola idea de pensar en que él se negara.
Cuando salí del cuarto de baño Edward ya estaba acostado, tenía la mirada fija en el techo y el ceño levemente fruncido, justo como cuando pensaba en algo de suma importancia. Me metí bajo las mantas y sonreí cuando sus brazos rodearon mi cintura, tirando de mí con suavidad hasta que mi cabeza descansó sobre su pecho, comenzó a frotar en círculos mi espalda y estaba por caer dormida, cuando de pronto dijo algo que para nada me esperaba.
—¿Sabes? Hace días estuve pensando en algo, hoy con la visita de Carolie he vuelto a pensar en ello y... ¿Qué piensas sobre aumentar a tres nuestra pequeña familia? —pateé las mantas a un lado y me moví hasta acomodarme a horcajadas sobre él.
—¿Lo dices en serio? —murmuré emocionada y se incorporó sentándose, sonrió y quitó un mechón de cabello que caía por mi rostro casi cubriendo mis ojos.
—Totalmente, amor, quiero que tengamos un hijo —sin pensarlo dos veces lo besé, lo besé transmitiéndole con ese beso el cúmulo de sentimientos que me embargaban, sentimientos que iban desde la felicidad hasta el miedo—. ¿Debo tomar eso como un sí?
—¡Oh sí, es un sí definitivo! Desde mañana dejaré de tomar la píldora.
—Entonces... deberíamos poner en practica el método de concepción, ¿no crees?
Su mano se metió bajo la parte superior de mi pijama, acariciando con suavidad la piel de mi espalda al tiempo que sus labios reclamaban los míos; solté una exclamación de sorpresa que murió en su boca cuando mi espalda chocó contra el colchón y Edward rompió el beso. Con un movimiento fluido sacó su playera por sobre su cabeza lanzándola a alguna parte de la habitación, con la punta de mis dedos acaricié su abdomen, soltó un sexy gruñido y volvió a besarme. La ropa estorbaba, pronto fue lanzada lejos y solté un ahogado gemido ante la sensación de plenitud al sentirle dentro de mí.
Un rato después Edward dormía tranquilamente a mi lado pero yo no podía dormir, no podía dejar de pensar en ese pequeño ser que aún no existía y al cual ya ansiaba tener entre mis brazos.
Continuará...
¡Hola! Lamento mucho la tardanza con el capítulo pero he tenido algunos problemas que me impidieron ponerme a escribir, aclaro que NO voy a dejar la historia botada a medio terminar, sólo les pido que me tengan un poquito de paciencia y poco a poco iré retomando el ritmo con las actualizaciones. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, ahí estaré publicando imágenes relacionadas a la historia como también adelantos de la misma, les invito a unirsenos y si les interesa encontrarán el Link en mi perfil.
Muchísimas gracias a quienes agregaron la historia a sus alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se toman un momentito de su tiempo para dejarme un review y alegrarme el día, no los respondo por falta de tiempo, pero sepan que los leo todos y cada uno de ellos.
¿Algún review? =)
¡Hasta el próximo capítulo!
