- Espero que tengan una muy buena razón para haberme dejado angustiado durante días sin una llamada o un mensaje – fueron las primeras palabras de Balthazar al encontrarse de nuevo con ellos, luego de haberlos abrazado fuertemente durante casi un minuto. Jamás lo admitiría pero sus ojos estaban humedecidos al borde de las lágrimas.
- Lo siento, amigo, no queríamos preocuparte.
- Entonces no debiste haberte ido de esa manera, Dean, no alcanzas a imaginar lo que eso debió hacerle al pobre Cas, incluso lo dejó todo para ir a buscarte. Le importas mucho aunque quizás él no sabe cómo expresarlo, ten un poco más de consideración. Yo también estaba más que preocupado, se supone que somos amigos y los amigos no se van sin despedirse.
- No fue su culpa – le defendió Castiel.
- Sé que ustedes tuvieron una discusión y sé que probablemente todo fue culpa de Cas, pero esa no es razón para cometer un acto tan tonto como marcharse sin conocer la ciudad, las personas, ni nada en el mundo.
Balthazar estaba realmente enfadado, Dean nunca lo había visto de esa manera, lo cual era un poco escalofriante, pero comprendía que el hombre simplemente estaba preocupado, porque de alguna manera se interesaba por su bienestar.
- Mira, Balthazar, Cas tiene razón, nada de lo que sucedió fue mi culpa, tampoco suya. No te hemos hablado sobre lo que realmente ocurrió, acerca de quién soy en realidad.
- ¡Dean! – le reprendió Castiel, sabiendo que Dean actuaba de manera imprudente sin detenerse a meditar las consecuencias y no podían darse el lujo de exponerse de tal manera.
- Es nuestro amigo y si vamos a quedarnos en su casa entonces merece saber la verdad.
- Dean, entiende, es demasiado arriesgado – dijo en voz baja, como si Balthazar no estuviese escuchando lo suficiente.
- Confío en él, Cas ¿tú no? se supone que también es tu amigo.
Castiel suspiró agotado, frotándose las sienes con el augurio de una fuerte migraña - Deberíamos tener esta conversación en privado, es difícil decidir mientras Balthazar puede oír todo lo que decimos.
- ¡Hey, hey, hey, amigo! ahora que han comenzado tienen que decime qué demonios está sucediendo o no los dejaré en paz hasta saberlo y bien sabes que siempre cumplo lo que prometo, Cas.
- Oh Dean, mira lo que has hecho – dijo Castiel en un manojo de nervios, sintiendo que todo lo que habían logrado construir en las últimas horas se venía abajo de repente.
- Tal vez quieras sentarte para esto, Balthazar – pero Dean parecía demasiado seguro de lo que hacía y estaba determinado a hacerlo sin escuchar la opinión de Castiel, ni de nadie más.
- Sólo escúpelo de una vez – gruñó Balthazar, comenzando a impacientarse.
- Está bien, de acuerdo… ¿por dónde debería comenzar? – llenó sus pulmones de aire antes de hablar de nuevo – hay una razón por la que mi familia me mantenía encerrado y no fue realmente un secuestro.
- Oh Dios, Dean, sólo dile que es una broma – suplicó Castiel.
- Cállate, Cas, déjame hacerlo – lo fulminó con la mirada antes de continuar – escucha, Balthazar, no soy humano, no soy como ustedes. Papá temía que pudiese ser peligroso y por eso me mantuvo encerrado durante todo ese tiempo, pero te juro que no lo soy, tengo total autocontrol y jamás te haría daño, ni a ti, ni a Cas, ni a nadie.
- ¿Qué? ¿a qué te refieres con que no eres humano? – preguntó con una risa burlona y temerosa a la vez.
- Soy un licántropo ¿sabes lo que es?
- ¿Un hombre lobo?
- Sí, pero diferente, no me transformo con la luna llena, no pierdo el control sobre mi cuerpo… simplemente soy un cachorro inofensivo, nada a lo que debas temer.
Balthazar dejó escapar una ruidosa carcajada – oye, o estás completamente demente o esta es una muy mala broma… hombre, ni siquiera es gracioso, no deberías escuchar los consejos de Cas, es un bromista terrible.
- No es una broma – exclamó Dean, sintiendo desesperarse – te juro que es la verdad, de hecho, ya me has visto en mi forma animal ¿recuerdas el lobo en la cabaña de Cas? Fue hace un mes, Cas solía llamarme Max y solía creer que era un perro ¿lo recuerdas?
- Por supuesto que lo recuerdo, pero es imposible, el lobo escapó.
- No, simplemente regresé a mi forma humana y me vi obligado a decirle la verdad a Cas, fue difícil al principio, pero al final me aceptó, se dio cuenta de que no soy un peligro para él y esperaba que tu pudieras hacer lo mismo.
- ¿Estás con él en esto, Cas? – preguntó Balthazar levantando una ceja, esperaba que su amigo comenzara a reír y le dijera que se trataba de una muy estúpida broma, pero Castiel por el contrario asintió con la cabeza.
- No quería que te enteraras, entiendo lo difícil que es comprender algo así, pero Dean insistió y está diciendo la verdad.
- Oh vaya ¿qué les pasó a ustedes dos en ese viaje? Ambos perdieron la cabeza.
- Déjame mostrarte – le dijo Dean – voy a transformarme justo aquí y lo verás.
- Por supuesto, quiero ver eso – se cruzó de brazos como si le retara a hacer algo imposible.
- Tal vez quieras darte la vuelta.
- ¿Para qué puedas hacer un truco y engañarme? Por supuesto que no.
- Está bien, como quieras.
Dean suspiró y procedió a quitarse cada una de sus prendas. Los ojos de Balthazar se abrieron con sorpresa y vergüenza cuando comenzó a deshacer su cinturón.
- Muy bien, suficiente, Dean, esta broma ha llegado demasiado lejos – Balthazar le detuvo antes de que pudiera quitarse los pantalones.
- Deja que lo haga, Balthazar – dijo Castiel, apartando sus manos de Dean para que pudiese terminar de desvestirse.
- Pensé que esto te haría sentir celoso – comentó su amigo.
- Lo estoy, pero es necesario que lo veas.
Entonces Dean terminó de deshacerse de sus prendas, ignorando el notable sonrojo en las mejillas de Balthazar, quien no hacía ningún esfuerzo por desviar la mirada. Se inclinó en el suelo, mirando a su amigo directamente a los ojos y pudo ver como la mirada de Balthazar se llenaba de asombro, sorpresa y horror a medida que su cuerpo iba cambiando, a medida que el pelaje brotaba de su piel y el enorme hocico crecía en su cara.
- ¡Oh Dios mío! – Exclamó Balthazar llevándose ambas manos a la boca- creo que bebí demasiado o debí haber comido algo en mal estado, porque esto es una locura.
- Es la verdad – dijo Castiel con expresión serena.
El rostro de Balthazar había palidecido y tuvo que apoyarse en el respaldo del sofá para evitar caer al suelo. Entonces Dean comenzó a acercarse con cautela, queriendo demostrarle que seguía siendo él, pero Balthazar retrocedió, mirándolo con ese temor que Dean tanto odiaba ver en los ojos de quienes le importaban.
- No le temas – dijo Castiel – te aseguro que es completamente inofensivo. Su padre se dio cuenta de ello y por eso le concedió la libertad, por eso estamos aquí ahora.
Balthazar dejó escapar un suspiro entrecortado, se obligó a contar hasta 10 para calmarse y extendió su mano para acariciar la cabeza del lobo. Su pelaje era suave y a Dean parecía gustarle. Nunca antes había tenido la oportunidad de acariciar a un lobo de esa manera y debía reconocer que era una sensación increíble, el animal era grande y majestuoso, pero no era un animal, era su amigo.
- Dean ¿puedes entender lo que digo? – preguntó con voz temblorosa, llenándose de sorpresa cuando el lobo asintió con su cabeza, ladrando una vez.
- Al principio yo también estaba asustado- admitió Castiel – pero luego me di cuenta de que es adorable y Dean jamás podría hacernos daño.
Balthazar asintió, mientras acariciaba las orejas del lobo en silencio durante largos minutos. Dean movía su cola de un lado a otro, complacido de que Balthazar parecía habérselo tomado mucho mejor que todos los demás, tal vez por las palabras de Castiel, tal vez porque conocía a Dean lo suficiente, pero estaba feliz de que ya no pareciera tan asustado.
- Entonces en realidad Dean no escapó, no se marchó sin más – dedujo Balthazar.
- No, fue secuestrado por un cazador, lo que le hicieron… ya tendremos tiempo para contártelo, pero debes saber que el cazador que secuestró a Dean fue Jordan.
- ¿Jordan? ¿Jordan sabía sobre todo esto? – Castiel asintió y Balthazar sintió ganas de vomitar.
- Sí, pero no debes preocuparte porque ahora está muerto.
- ¿Lo mataste? – salió casi en un susurro horrorizado.
- No yo, pero fue necesario para rescatar a Dean, Jordan era una mala persona, debes entender.
- Oh Dios, esto es demasiado – se alejó de Dean y comenzó a caminar en círculos por la habitación – ahora entiendo por qué de repente quisiste dejar tu apartamento, ahora entiendo muchas cosas, sin embargo aún estoy demasiado confundido.
- Ya tendremos tiempo para aclarar tus dudas… porque no vas a corrernos ¿verdad? – preguntó Castiel, sus ojos azules reflejando el temor.
- Por supuesto que no, ustedes siguen siendo mis amigos y no puedo darles la espalda después de saber todo esto… sólo… necesito tiempo para asimilarlo.
- Claro, todo el que necesites.
- Ahora si me permites, estaré en mi habitación embriagándome hasta vomitar.
Balthazar se alejó, cerrando la puerta detrás de él, entonces Dean volvió de nuevo a su forma humana.
- No te preocupes, mañana volverá a ser el mismo – le aseguró Castiel, mientras cubría el cuerpo desnudo de Dean con su gabardina.
- Lo sé, sabía que lo entendería, es una buena persona después de todo y tiene una mente muy abierta. Lo siento, Cas, sé que fue arriesgado, pero no quiero seguir mintiendo a los que me importan, quiero ser aceptado tal y como soy.
- Lo entiendo, Dean, pero la próxima vez me gustaría hablarlo en privado antes de hacer cualquier cosa.
- Lo prometo – respondió con una sonrisa que pareció complacer a Castiel.
- Está bien, no hay de qué preocuparse, estoy seguro de que mañana lo habrá superado y estará hablándonos sobre los próximos lugares que visitaremos, aunque creo que algunos sitios tendrán que esperar hasta mis próximas vacaciones.
- No hay problema, tenemos unos 50 años por delante.
Castiel sonrió con melancolía acercándose a Dean para besar sus labios, tenían que aprovechar el poco tiempo que tenían, porque probablemente para Dean 50 años sería muy poco cuando tenía la posibilidad de vivir 200 más.
- Escucha, Cas. No quiero vivir 200 años solo e infeliz, prefiero estar contigo 50 años y pasar los mejores momentos de mi vida antes de morir voluntariamente, no te angusties por eso, aún tenemos mucho tiempo por delante.
Castiel asintió, entonces Dean atrapó su rostro en sus manos, besándole con pasión. Ambos cayeron sobre el sofá con los brazos y piernas enredados. Castiel se deshizo de la gabardina que cubría el cuerpo de Dean, para poder admirar su cuerpo desnudo de la manera en que lo merecía. Dean era hermoso, la criatura más bella que hubiera visto jamás y sus sentimientos eran intensos, estaba seguro de que tenía demasiada suerte de tenerlo. Se quitó su propia ropa, dejándolos a ambos desnudos, sintiendo la piel del otro, tibia y suave rozando contra su cuerpo. Sus manos exploraron todos los lugares que siempre imaginaron y sus bocas siguieron el mismo movimiento, adorando su cuerpo con sus besos y con su lengua durante horas, jamás imaginaron que pudiera sentirse tan bien las caricias de alguien más, hasta que todo era blanco, caliente y húmedo.
- Balthazar va a enfadarse por haber ensuciado su sofá – susurró Castiel al oído de Dean, pero Dean ya no lo escuchaba, sus ojos estaban cerrados y una sonrisa adornaba su rostro, Castiel lo observó con ternura, plantó un beso en su frente y lo envolvió en sus brazos susurrando un "te amo" mientras sus ojos se cerraban soñolientos.
- También te amo, Cas – susurró entre dormido, llenando de alegría el corazón de Castiel, jamás pensó amar a alguien de esa manera y jamás imaginó que los sentimientos podrían ser correspondidos. Nuevamente pensó en cuánta suerte había tenido al haberse encontrado con Dean, terco, impulsivo, tierno, valiente y tenaz, amaba cada cosa de él, cada aspecto de su cuerpo y su personalidad y podía ver el mismo amor reflejado en los ojos de Dean al mirarlo. Definitivamente era un hombre con suerte.
ooOoo
- ¡Oh Dios mío! – fue la exclamación horrorizada la que les despertó a la mañana siguiente. Ambos abrieron los ojos y se incorporaron apresuradamente para encontrarse con Balthazar, despierto, recostado en el marco de la puerta de su habitación mientras cubría sus ojos con sus manos. Entonces se dieron cuenta de que estaban desnudos y acurrucados en su sofá, en medio de la sala de estar.
- Por favor, no hagan que me arrepienta de haberles ofrecido mi casa, preferiría no acabar con un trauma psicológico – protestó Balthazar de manera dramática. Castiel se sonrojó, terriblemente avergonzado mientras cubría su cuerpo con la gabardina. Por otro lado, Dean se echó a reír, sin sentir ninguna clase de pudor ante la desnudez de su cuerpo, algo que para él se sentía natural, por lo tanto siempre encontraba divertidas las reacciones de los seres humanos al enfrentarse al desnudo.
Balthazar dejó escapar un gruñido de asco antes de correr al baño y vaciar su estómago - ¿tan mal me veo? – preguntó Dean confundido, esta vez haciendo sonreír a Castiel.
- Probablemente sea sólo la resaca. Él jamás lo admitirá pero días antes dijo que te encontraba atractivo.
- ¿De verdad?– fue todo lo que Dean pudo decir, sintiendo sonrojarse levemente.
- Deberías ir a bañarte, yo me encargaré de limpiar este desastre y buscarte ropa limpia.
Dean sonrió con gratitud, besando los labios de Castiel antes de correr al baño que aún estaba libre. Escuchó el sonido de la ducha correr antes de que Dean entrase en el baño y supo que Balthazar también estaba tomando un baño, así que se envolvió en su gabardina y comenzó a limpiar el desorden. Llevó la maleta a la habitación de invitados, sacó algunas prendas limpias para Dean y comenzó a desempacar sus pocas pertenencias. Aún tenía que recoger las cosas de su antiguo apartamento, pero lo haría más tarde con la ayuda de Balthazar, lo importante era que Dean no tuviera que acercarse más a ese lugar de nuevo.
Se dejó caer sobre la cama con un suspiro, frotando sus ojos para intentar apartar los malos recuerdos de los últimos días; Dean desaparecido, Jordan muerto, el incendio, los cazadores muertos, la discusión con sus hermanos, el repentino cambio de vida, cambio de apartamento y probablemente cambio de carrera, aunque aún no estaba muy seguro de ello, no faltaba mucho para convertirse en doctor y pensándolo bien, no era tan malo, al menos podría ayudar a las personas. Sacudió su cabeza, buscando reemplazar los pensamientos negativos por cosas agradables; ahora tenía a Dean a su lado, acababa de comenzar la mejor relación que podría haber deseado jamás y no quería arruinar aquella alegría con pensamientos deprimentes.
De pronto su teléfono sonó, haciendo vibrar el colchón y sacándolo de sus pensamientos. Se dio cuenta de que en realidad era el de Dean y el nombre de su padre estaba iluminado en la pantalla. La ducha todavía corría ruidosamente en el baño, mientras Dean cantaba una canción ligeramente fuera de tono; no había forma alguna de que fuera a contestar en poco tiempo, así que Castiel tomó la decisión de responder la llamada.
- ¿Sí? – preguntó tímidamente.
- Hey, Dean ¿cómo estás, hijo? Creo tener buenas noticias para ti – dijo John lleno de entusiasmo.
- Eeh… lo siento, no soy Dean – realmente lamentaba tener que decepcionarlo.
- ¿Castiel? – preguntó confundido - ¿dónde está Dean?
- Está en la ducha – Dean aún cantaba y no parecía tener deseos de salir.
- Ya veo, sé cuánto suele tardar cuando hay suficiente agua caliente – dijo con afecto y diversión - tal vez pueda contártelo a ti en su lugar, de todos modos tiene que ver contigo.
Castiel sintió la curiosidad crecer dentro de él y esperó a que John continuara – escucha, estuve investigando toda la noche sobre los licántropos… ya sabes que hay muy poca información disponible acerca de ellos y en los últimos días me he dado cuenta de que no sé nada de la especie de mi hijo así que quería aprender más sobre él. Pensé que no encontraría nada, pero entonces me topé con algunas cosas y descubrí algo que podría interesarles a ustedes dos – hizo una pausa, ordenando las palabras en su cabeza.
- ¿Y qué es exactamente? – preguntó Castiel, instándolo a hablar, sintiéndose curioso e impaciente por saber lo que tendría para decir.
- Escucha, al parecer los licántropos tienen la capacidad de transformar a los seres humanos en semejantes con el fin de conseguir compañeros con los cuales reproducirse y así preservar su especie ¿entiendes lo que eso significa, Castiel?
Castiel sintió su corazón saltar bruscamente dentro de su pecho, sin embargo aún no encontró alegría en la posibilidad, sólo una terrible confusión e incertidumbre – sí, comprendo… yo…
- Tal vez en esta ocasión el fin no sea reproducirse y preservar la especie, pero eres el compañero de Dean, la persona que eligió para pasar el resto de sus días, así que tienen la posibilidad de vivir juntos 200 años ¿no es una excelente noticia?
- Yo… ¿quiere decir que debo convertirme en un licántropo como Dean?
- Quiero decir que puedes hacerlo si tú lo deseas. Escucha, Castiel, no tienes que renunciar a tu humanidad si no quieres, pero se te está dando la posibilidad de vivir 200 años al lado de Dean ¿no quieres eso?
Castiel dudó largos segundos antes de hablar – quiero estar con Dean, quiero vivir con él tanto tiempo como sea posible, pero no estoy seguro de que quiera convertirme en licántropo o que quiera vivir 200 años, nunca pensé que fuera posible, así que no sé qué decir.
- Lo sé, comprendo, de verdad, sólo piénsalo, habla con Dean al respecto y decidan juntos, tómense el tiempo que necesiten… sólo no esperes hasta hacerte demasiado viejo.
- Sí, lo haré… gracias de todos modos – dijo Castiel, su voz distante como si su mente estuviera vagando en la distancia.
- De acuerdo, llámame cuando hayan decidido.
Ambos se despidieron cortésmente antes de colgar. Castiel dejó caer el teléfono sobre el colchón, dejando caer luego su cuerpo cansado con un suspiro, sintiendo una nueva preocupación acechar su mente. Abrió los ojos aún recostado en la cama, para ver la figura de Dean, cubierto con una pequeña toalla, mirándolo con confusión y sorpresa. No se había dado cuenta de cuando había dejado de cantar ni se había percatado del sonido de sus pies descalzos en el suelo.
- Cas ¿Quién era? ¿con quién hablabas? – parecía preocupado y confundido, haciéndole preguntarse si habría escuchado su conversación.
- Era tu padre, tenía noticias para nosotros.
- ¿Qué clase de noticias?
Castiel se incorporó en la cama para poder mirar a Dean directamente a los ojos - tal parece que encontró la manera de transformar a un humano en licántropo. Estuvo investigando toda la noche y quería hacérnoslo saber cuanto antes.
Los ojos de Dean se abrieron con sorpresa e incredulidad – ¿hablas en serio? ¿Estás seguro?
- Tu padre parecía muy seguro de lo que decía.
Dean permaneció en shock durante largos segundos antes de que su expresión sorprendida se transformara en una sonrisa - ¡Cas eso es asombroso! Es genial ¿por qué no parece alegrarte?
- Lo estoy, es sólo que estoy muy confundido, Dean – dijo sin mostrar su alegría en absoluto.
- ¿Qué pasa, Cas? ¿no quieres hacerlo?
- No lo sé, Dean, quiero estar contigo, quiero vivir 200 años a tu lado, maldición, incluso 200 años es poco…. pero… tengo miedo, tengo miedo de dejar de ser humano.
La expresión de Dean se suavizó un poco, comprendiendo el miedo de Castiel y se acercó a él, inclinándose a su lado junto a la cama – Cas, te aseguro que las cosas no cambiarán mucho. Está bien, tendrás que transformarte periódicamente, pero te juro que no duele; tu cuerpo será más fuerte, resistente a muchas enfermedades, sanará más rápido y te conservarás joven por mucho tiempo.
- Pero ¿qué hay de mi familia? Cómo voy a decirles, tendrán que saberlo algún día, van a preguntarse por qué nunca envejezco y van a darse cuenta tarde o temprano, tendré que ver a mi familia morir, a mis amigos, al mundo cambiar completamente y no sé si pueda soportarlo…. No lo sé, Dean.
- Pero estaremos juntos, visitaremos muchos lugares, tantos como queramos porque tendremos el tiempo a nuestro favor, podremos viajar como lobos o como humanos, como el ambiente mejor nos favorezca, podrás estudiar la carrera que desees porque tendrás el tiempo suficiente para terminarla y dedicarte a lo que quieras… podremos hacer cualquier cosa, Cas y si la gente comienza a sospechar, entonces nos mudaremos, cambiaremos de identidad e iniciaremos una nueva vida. En cuanto a tu familia, podremos hablar con ellos más tarde, quizás en un año o dos, cuando se hayan hecho a la idea de que vives conmigo ¿qué dices?
- No lo sé, Dean, tengo que pensarlo.
- Está bien, no voy a presionarte – Dean tomó las manos de Castiel en las suyas y besó sus nudillos antes de tomar su ropa y disponerse a vestirse. Castiel observó su cuerpo y se imaginó a él mismo convertido en un anciano, besando esos hombros pecosos llenos de juventud y belleza y sintió asco de tan sólo pensarlo… Dean no merecía algo como eso, pero renunciar a su humanidad era un precio demasiado alto.
.
.
.
Muchas gracias nuevamente por leer y por dejar comentarios, un abrazo.
