Card Captor Sakura
Sakura - Syaoran
Advertencia: mayores de 18 y OoC
Capítulo VIII
Sí, creo que tal vez es posible que me gustes.
El viaje de vuelta a casa fue tan rápido como un pestañeo, y lo agradecí enormemente, porque me sentía un tanto insegura ante la incertidumbre de no saber por qué mi corazón latía irregularmente y no era sólo eso, sino que las piernas me temblaban y era como si la garganta se revelara contra mí no permitiendo que nada pudiera pasar a través de ella. Incluso tragar mi propia saliva se había transformado en una tarea dificultosa. Creí que tal vez esa sensación extraña me abandonaría luego de dormir, pero al despertar seguía ahí. Sólo esperaba que fuera algo pasajero. No se sentía bien estar viviendo de ese modo.
En el trabajo no podía concentrarme por más que lo intentaba, pensaba en todo y a la vez en nada, y por supuesto para Yue eso no pasó inadvertido porque él no perdía oportunidad de visitarme en mi nueva estación de trabajo.
—Kinomoto – me llamó, haciendo que me sobresaltara.
—Con un demonio, Yue… deberías advertir de tu presencia — respondí sin poder ocultar que me había asustado— no confío en las personas sigilosas porque algo se traen.
—¿Eso quiere decir que confías en mí en primer lugar? — interrogó interesado.
—Tanto como le confiaría a un perro hambriento la cena — respondí.
Nos miramos desafiantes hasta que él habló e interrumpió el momento de silencio generado.
—Por un momento pensé que podías ser una humana normal y necesitar conversar con otro ser, de la en teoría, misma especie — contestó haciéndose el ofendido.
—Si así fuera no serías tú a con quien hablaría. Lo usarías en mi contra luego – aclaré y seguí intentando trabajar, fallando estrepitosamente.
Él se quedó observándome un momento y a mí el que estuviera ahí, junto ya con el hecho de que no podía enfocarme, era demasiado.
—¿Te puedes ir? — solicité tan amable como pude.
Él sopesó su respuesta un momento y finalmente negó con la cabeza.
—Hoy me acompañarás. Te vienes conmigo — dictaminó.
No tuve tiempo de negarme y apenas y si pude llevar mis cosas conmigo. Como era de esperarse él no me dijo a dónde íbamos pero la verdad me daba igual si no tenía que fingir que hacía algo.
Llegamos al centro comercial y nos encaminamos al sector en el cual se concentraban las marcas extranjeras más exclusivas e impagables para la gran mayoría del mundo. Era tan obvio que Yue era un estirado que no pude dejar de bromear con él al respecto; Según me dijo debía comprar unos zapatos nuevos para una importante cena el miércoles en la noche y necesitaba una opinión. Me reí por lo bajo porque pensaba que nadie podría ser una peor opción para opinar sobre el aspecto de alguien.
Él se probó distintos pares y yo seguía pensando que no notaba la diferencia entre uno y otro y Yue finalmente lo descubrió.
—No tienes la menor idea… — comprendió desanimado — Es mi culpa por darte crédito, para empezar.
Comencé a reír abiertamente porque era cierto y él también se contagió de mi repentino buen humor.
—Tengo una amiga que trabaja acá que podría ayudarte; voy a llamarla.
—Debí imaginar que no de un día para otro despertarías teniendo buen gusto— se burló.
—Acepto que me asesoran. Si me lo hubieses preguntado hubiese respondido con sinceridad — asentí.
Llamé a Tomoyo que prácticamente estuvo junto a nosotros antes de que terminara de decirle dónde nos encontrábamos. También tan pronto ella vio todo lo disponible, tardó treinta segundos en encontrar los adecuados para él. Ella de verdad era buena en eso.
Yue nos invitó a tomar un café en la por supuesto más elegante cafetería del lugar, pero Tomoyo declinó y dijo que debía volver y nos quedamos nuevamente solos. Sospeché entonces que ella había ido exclusivamente a conocer a mi jefe, porque por su mirada al despedirse supe que tenía cosas que decirme.
Elegí por el placer de hacerlo más que por gusto, lo más caro que ofrecía el lugar, esperando que él dijera algo al escoger eso en particular, pero él no dijo nada e imitó mi pedido y aquello me sorprendió porque siempre pensé que él era de gustos más salados que dulces, pero la felicidad con la que devoró aquel pastel que por el precio de seguro lo hacían con leche de doncellas vírgenes, habló por él. Había descubierto una debilidad en él.
Nos dirigíamos al estacionamiento cuando de pronto vi a Syaoran caminando frente a mí. Busqué inmediatamente en los alrededores a la chica con la que lo vi la última oportunidad, pero él estaba solo. Me tensé sin comprender por qué, tal vez porque no lo veía hacía más de un mes, recordé y de pronto me lo encontraba sin aviso previo. La debilidad en mis piernas se manifestó nuevamente, mi pulso se aceleró y las cosas que contestaba no parecían ser las apropiadas como respuestas a lo que Yue me estaba contando. Syaoran finalmente pasó por mi lado, ignorándome por completo, dejándome atónita y sintiéndome rara. Mi jefe no notó lo que había pasado, pero me preguntó si me sentía bien, a lo que respondí que si y nos devolvimos a la oficina, él con sus zapatos nuevos y yo con esa sensación que no comprendía por qué había vuelto, no obstante ya comenzaba a darme una idea de qué lo provocaba… O más bien quién…
Una vez en la casa y recapitulando los hechos acontecidos, la ausencia de Mei Ling volvió a afectarme, y tuve el impulso de hacer algo que no me había planteado antes, y la llamé. Yo no era casi nunca la que daba el primer paso para la reconciliación con nadie, pero podía ver perfectamente que en esa oportunidad era mi completa responsabilidad. El teléfono sonó, pero no contestó. Insistí muchas veces, después de un mes había tomado la resolución de que no podía seguir así, era mi amiga, la única que me había soportado por tanto y estaba dispuesta a pedirle disculpas y a cambiar lo que me había dicho que le molestaba de mi… además estaba por tener a su bebé y no estaba tan segura de que realmente tuviera más lugares a donde ir, excepto uno.
Syaoran…
Miré la hora, aún era prudente llamarlo, pero me convencía que "en cinco minutos más la haría" y la hora aceptable terminó por pasar. No sabía por qué estaba evitando tanto el llamarlo, quizá por la reacción que tuvo en el centro comercial, comprendía que no se detuviera a saludarme, pero de ahí a desconocerme fue algo completamente distinto. ¿Se había molestado conmigo también? Con más timidez de la que estaba acostumbrada a tener busqué su número en la agenda de contactos. Mi estomago se sentía raro. Al escuchar su voz no imaginé que comenzaría a temblar…
—Sakura… — lo escuché decir.
Me quedé callada no muy segura sobre qué decir. ¿Debía hablarle de lo que había pasado hace un mes? ¿De lo que pasó en la tarde? ¿De Mei Ling?
—¿Cómo estás? — consulté guiándome por lo básico para comenzar una conversación.
Él no respondió. ¿Por qué estaba costando tanto un simple intercambio de palabras? Entonces opté por ir directo al grano. No estaba acostumbrada a caminar sobre cáscaras de huevo…
—Estoy preocupada por Mei Ling… imaginé que tú podrías saber algo… — solté sin detenerme a pensar en lo que decía. Me faltó un poco de aire para terminar la oración.
El suspiró e inmediatamente supe que él tampoco tenía mucha más información que yo.
—Ella no habla conmigo — confesó él — Volvió a su casa.
—¿Y está sola con sus ocho meses y medio? — pregunté casi gritando horrorizada — ¡Debe estar por nacer el bebé ya!
—Lo sé… — dijo con pesar.
—Syaoran… las cosas entre nosotros están extrañas, lo sé… pero estoy preocupada. ¿Es muy loco si te digo que quiero que vayamos por ella? — musité con premura.
—¿Cuándo? – preguntó interesado en mi propuesta.
—Ahora — respondí.
—Paso por ti en treinta minutos — contestó y colgó.
En lo único que pude pensar fue en tomar un baño. Me esperaba un viaje de trescientos kilómetros junto a Syaoran con quien no estaba en buenos términos y además debía encarar a una muy enfada Mei Ling. Esa iba a ser una larga noche y por un momento me permití a mi misma lamentar por adelantado el que temprano por la mañana debía ir a trabajar.
La música estaba en un volumen más que moderado y era tan ambiental y sin alma como si fuera de ascensor, y el silencio incómodo en el que estábamos envueltos me recordó inevitablemente a nuestra primera cita, pero ahora la persona nerviosa, pero eso si contenida, era yo. Quería preguntarle tantas cosas que con su indiferencia y más que sobreactuada atención en el camino me indicaban que él no estaba con mucho ánimo de que si quiera le hablaran, por lo que me sorprendió que él fuera el que rompiera el glaciar… Ya había dejado de ser simplemente hielo unos cincuenta kilómetros atrás…
—¿Ese sujeto alto con el que te vi es tu nuevo novio? — indagó con sequedad.
—Dices "nuevo" como si hubiese reemplazado a alguien en primer lugar — repliqué.
No era lo que quería responderle, ni tampoco de esa manera. A veces lamentaba el tener un carácter que no me permitía ser sincera con mis propios sentimientos, no obstante no olvidaba que lo había visto con alguien también.
—Tienes razón, formulé mal la pregunta, pero ya tengo la respuesta — respondió indiferente.
No lo saqué del malentendido porque no le veía el caso. Consideraba que él no tenía ningún derecho de reclamar algo, pero me molestó su impasibilidad y el comentario que salió de mi boca fue más rápido que mi análisis sobre consecuencias y el pensar en las cosas que se dicen antes de soltarlas.
—No es como si tú hubieses perdido el tiempo tampoco con esa chica, la que es parte de tu grupo — acoté a modo de defensa.
Él se rió, pero no negó mi acusación. Tampoco había confirmado que tuviera una relación, y en ese momento prefería no saberlo. El tema iba a ser complicado si seguíamos por esa ruta; por un breve momento anhele que volviera el silencio envolvente de hacía un rato. Decidí que lo mejor era cambiar el tópico de la conversación y me desvié a un terreno neutral.
—¿Cómo crees que se tomará Mei Ling nuestra abrupta aparición en medio de la noche? — cuestioné insegura de su reacción.
—No estoy seguro. Es posible que se ponga a gritarnos hasta entrar en labor de parto — contestó él medio sonriendo.
—¿Y si tal vez volvió con ese sujeto?— sopesé desagradada.
—Ella no te dijo la verdad sobre él ¿cierto? — respondió con un tono que no supe etiquetar.
—¿Qué verdad? — inquirí insegura.
—Él tenía otra familia. Hizo de Mei Ling la amante. Ella lo desconocía al principio, pero luego de que se enteró de la verdad cerró los ojos a la realidad. Poco después descubrió que estaba embarazada y ya sabes el resto — desveló él con hastío.
¿Mei había escondido de mi información tan valiosa? ¿Y me había acusado a mí de hacerlo? ¿Por qué…? Comprendí el por qué muy pronto; por la misma razón que yo: A las dos nos importaba demasiado la opinión de la otra. Sonreí, ya tenía un arma que vencería su tozudez.
—Syaoran al llegar déjame hablar con ella a solas. Ella volverá con nosotros. Te lo aseguro.
Él asintió y me di cuenta de que quería preguntarme por qué estaba tan segura de que una persona tan llevada de su idea, como su prima lo era, haría lo que alguien más le dijera. No tenía la menor idea de por qué lo supe con solo verlo, pero tenía la completa certeza ante su expresión. Unos minutos más tarde él me lo preguntó y admito que me aterró… ¿por qué podía darme cuenta de lo que él quería expresar?
Era de noche, y aún faltaba poco menos de una hora para llegar a destino. Los letreros de advertencias me hicieron saber y eso significaba todo ese tiempo de incomodidad y de pronto recordé mi olvidado Nintendo. Ya no lo usaba tanto como antes, pero la vieja costumbre de llevarlo conmigo no la perdía.
—¿Vas a jugar mientras yo conduzco? — expresó incrédulo Syaoran.
—¿Y qué? Estoy aburrida y aún falta un poco… si no hago algo me quedaré dormida… — me excusé.
—No quiero que juegues ¡Me distraerás! – explicó molesto.
Esa fue la primera vez que él rebatió algo que yo deseaba hacer…
—¡No quiero seguir incomoda en este silencio sepulcral tampoco! — planteé seria.
—¡Tú fuiste quien hizo que las cosas se volvieran así! – exteriorizó ya evidentemente molesto.
Si me había impactado en cierta forma el que no me dejara hacer algo antes, el que se refiriera a la situación en la que estábamos llamó profundamente mi atención, porque no creí que sacaría el tema.
—Mei Ling… — empecé a justificar.
—No, no te excuses en ella. Dejaste de hablarme porque comenzaste a interesarte en mí — declaró con seguridad.
La desfachatez y seguridad con la que lo dijo fuera de enojarme, como en un principio sentí que debía sentirme, me causó gracia.
—Te has vuelto un comediante en estos días que no nos hemos visto — contesté a su aseveración.
—Cinco semanas no se pueden minimizar a la expresión de "días" — aclaró con fastidio.
—¿Las contaste? — dije un poco azorada y secretamente entusiasmada.
—No, sólo coincidió con un hecho importante — confesó.
—¿Cuál? ¿El día que oficializaste tu relación con tu compañera de grupo? — lo molesté.
—No, mi aceptación en la universidad en el extranjero se confirmó. Me voy — anunció.
Sentí un dolor lacerante en mi pecho y aquello me hizo enmudecer. No me lo esperé, aunque él lo había mencionado antes, que estaba en sus planes cursar un año afuera; casi deseé que me hubiese confirmado una relación con esa chica…
—Ah, ¡qué bien! Era lo que querías, ¿no? Te felicito — dije esperando que se escuchara menos falso de lo que me pareció que salió.
—Sí, eso era lo que quería… — dijo él lacónico.
Lo miré y parecía cansado. Tal vez debí preguntarle antes si estaba en condiciones de emprender un viaje a esas horas.
—¿Estás cansado? — consulté preocupada.
—Un poco… — aceptó él.
—Siento no haber aprendido a manejar, hubiésemos podido cambiar — me lamenté.
—No vale la pena pensar en supuestos, ya queda poco, tranquila — contestó él sonriendo.
Le sonreí de vuelta. Por fin se sentía menos tenso el ambiente.
—¿De verdad no sabes manejar? ¿A tu edad? — preguntó enfatizando en la segunda pregunta.
—¡Oye! No tiene nada de malo — me defendí.
—Si tú lo dices… — concedió él.
Después el viaje se hizo más corto cuando dirigimos la conversación a video juegos y a cosas triviales que me hicieron olvidar por un instante mis problemas con los Li.
Llegamos pasadas las once de la noche, y sólo se veía la luz de la habitación de ella encendida, pero en mi casa ella las colocaba todas… ¿un repentino ataque de austeridad?
Me bajé y la llamé, y no contestó, pero fui capaz de oír que el móvil sonó desde arriba. Puta zorra, me iba a escuchar.
—¡Abre esa jodida puerta Mei Ling! — grité sin un solo atisbo de vergüenza.
La luminosidad de la calle me permitió ver la cortina correrse muy mal disimuladamente. Ella iba a tener que intentar hacer más sigilosa si quería evitarme.
—Mei Ling, zorra doble estándar, abre la puerta o te juro que todos se van a enterar — la amenacé.
Sentí mi teléfono vibrar. El identificador de llamadas me advirtió que era ella.
—¿Qué mierda haces acá? ¿No estás ocupada a esta hora trabajando, jugando o quizás jodiendo con mi primo? — dijo soez.
—Estoy con tu primo, está en el auto esperándote. Arregla tus cosas, nos vamos a mi casa — le ordené.
—Vete a la mierda, ¡no haré lo que tú me digas que haga! — se negó de plano por pura rebeldía.
—Corta el rollo, Mei Ling, y lo digo en serio. Me apuntaste con el dedo por ocultarte algo y tu no lo haces mucho mejor tampoco. ¿Te sentías bien siendo la mujerzuela de alguien? ¿En serio? — le pedí respuestas.
No se escuchó nada por alrededor de un minuto.
—¿Si sabes que las llamadas no son gratis? — inquirí sabionda.
—Cállate y acomódate, porque tardaré en bajar — avisó ella.
—Tengo toda la noche para esperarte, pero piensa un poco en Syaoran, debe manejar todavía de vuelta — le informé.
—Y tú eres la más preocupada del bienestar de mi primo, ¿no? — respondió mosqueada.
La escuché gruñir y el sonido de la llamada cortarse. Volví al auto con una sonrisa triunfante.
—La sutileza entre ustedes me llama la atención — expuso él.
—No somos las personas más dulces, es cierto — acepté.
—Cuando dijiste que hablarías con ella no imaginé que sería a gritos y sin verla a la cara — dijo divertido.
Sonrió y volvió a tomar la palabra.
—Gracias por hacer esto — soltó él de pronto con seriedad — Hubiese venido por ella antes, pero tengo la seguridad de que ella no me hubiese hecho ningún caso… fue bueno no haber venido solo. Ojalá me odie un poco menos…
Lo miré un poco confundida por el repentino cambio de tono y por primera vez después de cinco semanas, como él bien había dicho, nuestros ojos se encontraron. Escruté en ellos sin querer dejar de sentir eso cálido que sentía en mi pecho mientras nos veíamos así de fijo. Recordé que se marcharía y desvié la mirada; me puse a jugar con la luz del móvil. Estaba confundida y temblaba. Podía notar que estaba muy sonrojada.
—¿Interrumpo? — nos asustó Mei Ling — No se están manoseando o algo ¿cierto?
—No te preocupes por eso, aunque quisiéramos no podría, porque cuando pienso en ti siento mi hambrienta intimidad secarse como el más árido de los desiertos — le contesté.
—Gracias por el dato. Y la imagen mental — respondió ella.
Ninguno agregó algo más y ella se sentó en el asiento de atrás.
—Me da miedo sentarme en este auto. Podría quedar embarazada de nuevo — se quejó asqueada.
—Ya basta, Mei Ling –, pidió Syaoran — Además, para tu tranquilidad no nos gustaba ocupar el auto para esos propósitos.
Ella detuvo sus ataques verbales, para mi asombro. Y sentí algo en el vientre al escucharlo reconocerme y no negarme...
—¿Qué hacen acá tan noche? — quiso saber ella con la voz un poco quebrada.
—Vinimos por ti. Ya tienes la cabeza del bebé asomándose por tu vagina. No puedes estar sola ni viajando como se te de la regalada gana — le expliqué.
—No voy a ser ni la primera ni la última mujer llevando sola un parto, Sakura — dijo ella secamente.
Mi rostro sonrojado ya por ese momento anterior con Syaoran, luego de decir lo que tenía que decir para convencerla, de seguro ardería como una antorcha.
—No tienes que pasar por todo eso sola, porque estoy yo para apoyarte. Tal vez tú puedas hacerlo sola, pero yo no soy capaz de permitirlo. Por favor… déjame estar contigo — le pedí con sinceridad.
Mei Ling se bajó del auto con más agilidad de la que pensé que tendría con ese abultado vientre y llamó a Syaoran para que subiera con ella para cargar sus cosas. No estaba segura de por qué, pero cuando iba a bajar ella me dijo que no. Veinte minutos más tarde nos encontrábamos los tres de vuelta a casa, con una muy quejona pasajera en el asiento de atrás.
Llegamos a mi casa cerca de las tres. Noté como Syaoran se revolvía incómodo en su asiento. Se seguro el manejar tanto rato sin mucho descanso lo había agotado. Subimos entre los dos las maletas gigantes de Mei Ling, que según supe después durante el camino de regreso, no las había deshecho en primer lugar, esperando a que fuéramos a buscarla. Nos encaró en algún momento por haber tardado en ir por ella, y prontamente se quedó en un estado comatoso luego del viaje.
—Syaoran, ¿quieres quedarte a dormir? Sé que estás cansado y aunque no vives demasiado lejos no creo que sea necesario que sigas manejando — ofrecí preocupada.
—¿Es eso una propuesta? — interrogó él divertido.
—No me malinterpretes… hay una habitación desocupada y lista para ser usada, si es que quieres, por supuesto – evidencié.
—Creo que tendré que aceptar esa invitación. Me está costando mantener los ojos abiertos — admitió él avergonzado.
Lo guié a la habitación, aún cuando sabía que él conocía perfectamente dónde se ubicaba.
—Buenas noches — lo oí decirme.
—Buenas noches — contesté alicaída.
Me dirigí hacia mi habitación a paso lento, esperando a que él hiciera la más mínima insinuación, sin embargo eso jamás sucedió, y me lastimó el ego y la autoestima… el chico que me perseguía ya no lo hacía más… justo cuando había notado que estaba más interesada en él de lo que me había percatado. Lo supe cuando me di cuenta de que no me era indiferente el que se fuera a ir lejos en unos pocos meses más. Puse la mano en el pomo de la puerta para atravesarla y mi corazón saltó cuando lo escuché llamarme:
—¿Sakura? — me llamó.
—¿Sí? — traté de opacar la repentina alegría que se apoderó de mi.
—Tengo sed ¿está bien si voy a la cocina y tomo agua? — preguntó tímido.
—Según lo recuerdo no te gustaba el agua… — recordé.
—¿Te acuerdas de eso? — expresó con sorpresa.
—Por supuesto que sí — repliqué extrañada.
—A veces parecía como si no estuvieras escuchando cuando te hablaba — recalcó él.
Me quedé callada y sentí un poco el haberle dado esa impresión, porque yo oía atenta a las personas, bueno no a todas, pero a él sí. Quizás lo que expresaba y lo que realmente sentía no estaban en sintonía…
Lo guié a la cocina, él siguiéndome de cerca y yo estando muy consciente de ese hecho, abrí el refrigerador que dejaba bastante que desear desde que se había ido mi amiga, pero tenía de los jugos exóticos que tanto me gustaban. Usualmente hubiese resentido un poco darle una a alguien de mi precioso líquido tropical, pero noté que con él no lo lamentaba ni un poco. Le extendí una lata y él no evitó el comentario.
—Parece que alguien se gasta el sueldo en gustos extravagantes — bromeó él.
—Todos se deben dar un gusto de vez en cuando — argumenté con una sonrisa.
—Te debe gustar bastante — acotó él.
Aproveché ese momento y con el estómago apretado, mirándolo de pies a cabeza, y sin desviar mis ojos de los suyos después de ese recorrido visual y respondí finalmente aceptando lo que hacía un tiempo me estaba negando a mi misma:
—Sí, me gusta mucho — reconocí.
Él no pareció darse cuenta del significado más profundo de esas palabras. Agradeció el líquido y observé cómo lo bebía con ganas. Me agradó que lo disfrutara.
—Muchas gracias… ahora si voy a dormir. Buenas noches, Sakura — se despidió.
—De nada… descansa — respondí.
—También tú… — contestó sin mirar atrás.
Esperé a que él llegara a la habitación y salí luego de eso de la cocina para ir directamente a la mía. Temí desviarme si no me enfocaba en ese objetivo.
En algún momento de la mañana llamé a Yue para notificar que no me presentaría a trabajar. Reclamó alrededor de diez minutos, pero aceptó que no fuera, con la aclaración de que no soñara con que no me descontaría el día. Lo encontré más que justo y además de la promesa de no volver a fallar.
Desperté como consecuencia de un excelente aroma en la casa. Mei Ling había vuelto, y por lo que se podía oler, con un muy buen humor.
Bajé y me la encontré con el delantal desabrochado. Ya no le cruzaba. No tuve que decirle de qué me reía.
—No te burles, algún día te pasará a ti también — aseguró.
—¿Qué cosa? ¿Engordar hasta que no me cruce un delantal? — le pregunté divertida.
—No… serás el cascarón de una nueva vida — habló metafóricamente.
—Por favor no hables como una anciana decrépita — solicité —, además no creo que él único propósito de una mujer sea convertirse en "el cascarón de una nueva vida".
Ella se carcajeó y se sentó de manera sospechosa frente a mí.
—Syaoran se fue no hace mucho — aclaró.
—¿Sí? No haberme levantado más temprano para despedirme… — contesté irónica.
Comprendí hacia dónde se dirigiría la conversación a partir de ese momento.
—¿Durmieron juntos? — preguntó sin anestesia.
Pensé un momento en cómo responderle, porque ella no me estaba preguntando sólo eso, ella estaba interrogándome acerca de mi relación con su primo.
—No, no dormimos juntos. Él estaba cansado, me sobraba una habitación y se la ofrecí — rebatí calmadamente.
—Sakura… ¿te gusta? — interrogó curiosa.
Toda la vida he evitado relacionarme con las personas para evitar preguntas tan directas como la que me acababan de hacer.
Iba a abrir la boca para responderle con la verdad, pero ella se me adelantó:
—Syaoran es un buen chico y tú también lo eres, en el fondo, muy muy en el fondo. A pesar de todo… Me gustaría que las cosas entre ustedes resultaran bien… — se sinceró.
—Entre él y yo no hay nada — clarifiqué.
—A eso me refiero precisamente… no quiero involucrarme, pero ambos son importantes para mí… y esto se lo dije a él también: si están buscando pasarlo bien, pásenlo bien, si buscan algo más serio, los apoyaré también… pero por favor aclárenlo; no quiero ver lastimado a ninguno de los dos por no estar ambos en la misma frecuencia...
—Mei… yo… — intervine en su discurso.
Ella no quiso escucharme y se ocupó de la comida. Supuse que no quería saber nada que la pudiera comprometer. Ella no se iba a entrometer y lo agradecí, así como también fui feliz con volver a comer algo decente y caliente.
Seis días después Mei Ling empezó con contracciones y estas comenzaron a ser más y más constantes, hasta que se volvieron más frecuentes y prolongadas, y yo sólo atiné a llamar a Syaoran, que no tardó en llegar para trasladar a Mei. Estaba un poco histérica, no me gustaba no poder hacer nada para ayudarla, y no sé cómo fue que las cosas se dieron de tal modo que todos terminaron creyendo que éramos una de esas familias modernas y que el bebé tenía dos madres. Me daba igual, fue más impactante ver finalmente al bebé de mi amiga fuera de su útero.
—Amiga está bien feo tu hijo —, le dije mirando al pequeño ser humano que ella atesoraba en su regazo —, es como una papa remojada en jugo de betarraga.
Ella se rió por mi comentario, pero actuó como si la hubiese ofendido personalmente. Ambas sabíamos que era verdad, un recién nacido no era lo más lindo del mundo, aunque no fuera socialmente permitido expresarlo.
Ella se quedaría dos días internada y yo me retiré junto con Syaoran, que había llegado tarde y no había alcanzado a entrar en el horario permitido para las visitas.
Esos días había compartido mucho con él y había notado que su presencia no alteraba mi vida, y aunque me gustaba la familiaridad que había alcanzado, de manera proporcional también me asustaba. Ya sabía que él no tenía ninguna relación con esa chica, porque escuché de Mei Ling que él no quería nada que lo atara a quedarse, y el saberlo y que me aliviara más de lo que imaginé, hizo que reconociera finalmente que la razón principal para ir y juntarme con Eriol había sido porque sentí celos. Eriol había sido una vía de escape para no enfrentar mis sentimientos por Syaoran… Cuando él dijo que había dejado de hablarle porque había comenzado a gustarme tuvo toda la razón…
Al bajarme del auto le pedí que entrara a la casa conmigo para entregarle lo que Mei Ling me había encargado. Él había quedado de ir temprano a verla y yo no podría por mi trabajo. Subió conmigo y me acompañó a la habitación de ella. Le entregué el cargador del móvil y su cálida mano y la mía hicieron contacto. Deseé prolongarlo más y no lo solté. Él me miró extrañado por mi desfachatez, pero yo estaba alienada como para notarlo o darle importancia.
—Pasa la noche conmigo — propuse con miedo de ser rechazada, sin embargo no lamenté decirlo.
Él no contestó de inmediato, aumentando la tensión del momento, y aunque no dejó de tocarme de inmediato, retiró su mano a los pocos segundos.
—Lo siento, pero no compliquemos las cosas. Todo funciona bien como está ahora… — respondió con caballerosidad.
Esa había sido la primera vez que yo sugería algo y no me había ido bien. Mi orgullo se sentía pisoteado. Asentí y con toda la dignidad del mundo le pedí que cerrara bien la puerta al irse. Me encaminé a la ducha para despejarme. El rechazo no se sentía bien, pero al menos no iba a quedarme en la incertidumbre, yo ya no le gustaba y aunque a mi él sí, al menos ya podía dar vuelta la página. Había hecho las cosas mal y uno no puede salir triunfante de todo y era tan cierto eso de que se aprecian las cosas cuando estas se pierden que estaba avergonzada de ser parte del jodido cliché… tuve que vivirlo para aprenderlo.
Al salir de la ducha casi me da un infarto al encontrarme con Syaoran un poco más allá, preparándose para tomar mi lugar bajo la regadera.
—Pero qué diablos… ¡Syaoran! — grité espantada
La reacción inmediata fue cubrirme con la toalla todo lo posible. Me sentía expuesta.
Syaoran me ignoró y terminó de desvestirse delante de mis ojos.
—¿Estaba bien el agua? — interrogó dubitativo.
—¿Qué estás haciendo acá? ¡Te habías ido! — inquirí confundida.
Entró a la ducha pasando de mí y mis preguntas, ante mi mirada atónita.
—Saldré en un momento — afirmó.
No entendía su comportamiento, pero por mí que se fuera al demonio. Me dirigí a mi habitación para colocarme pijama cuando apareció Syaoran sólo con una toalla a la cintura, con su cuerpo goteando y mojando el piso.
—Voy a pasar la noche contigo, como me lo pediste — dijo circunspecto.
Mi corazón se agitó, no obstante seguía lastimada por su rechazo.
—Lo siento, pero la oferta ya caducó — objeté.
Seguí vistiéndome tratando de aparentar que su presencia no me estaba perturbando como lo hacía. Me sentía más segura representado el papel de personaje obstinado que el de la chica que le gusta un chico y quiere su atención.
—De acuerdo, es válido retirar una oferta una vez que no tiene buena llegada, pero también es legítimo mi derecho de pedirte que me digas que ya no quieres mirándome a la cara — me desafió.
—Retiro lo dicho — respondí inexactamente.
—¿Qué cosa puntualmente? ¿Lo de pasar la noche juntos? ¿o lo de que retirabas lo que tú llamaste "oferta"? — dijo capciosamente.
—Vístete y vete — le exigí.
Me acerqué a él con la intención de echarlo de mi habitación, pero evité mirarlo todo el tiempo.
—¿Tan mal atendida te tiene tu novio que tienes que pedirle a otro que se haga cargo de lo que él no puede manejar? — inquirió molesto.
—Ya lo sabes, soy insaciable — contesté incisivamente.
—Lo que es raro es que nunca se le vea por acá — evidenció.
—Es una persona importante y ocupada — justifiqué.
—¿Es tan "importante" para ti que estás dispuesta a engañarlo? Permíteme dudarlo – dijo inquisitivamente
—Escucha, ya dijiste que no. No necesitas hacer este acto de moralidad, vete por donde entraste, ya conoces bien la salida — contesté cansada.
—¿Y qué harás con la excitación que puedo ver que estás sintiendo? — espetó mirando a mis traidores pezones.
—¿Excitada? ¿No has pensando en que tal vez sólo tenga frío? y en cualquier caso bien puedo llamar a mi novio… o hacerme cargo yo misma. No necesito a nadie que solucione las cosas por mí — declaré.
Entonces sentí sus labios sobre los míos, y por dignidad y obstinación me negué. No quería ceder. Syaoran dirigió su mano y sostuvo entre su índice y su pulgar mi pezón derecho, sensibilizándolo con sus caricias. Lo empujé al reconocer esa sensación conocida en mi entrepierna. También supe en ese momento que el que tenía el control de la situación era él.
—¿Cuándo reconocerás que ese sujeto y tú no tienen ninguna relación? No sé quién es, pero no volveré a caer en tu treta nuevamente. Tú estás tan soltera como yo — dijo el encarándome.
Inmediatamente pensé en mi amiga y su gran boca, porque tal y como me había dejado saber que Syaoran no tenía novia, no pensé que ella pudiera revelarle lo mismo a él. Sospeché inevitablemente de si lo que me había dicho sobre no inmiscuirse era tan cierto como decía. Mei Ling era demasiado inteligente como para caer esa clase descuido.
—¿Mei Ling es doble agente? — le pregunté dudosa.
—No estoy muy seguro de sus intenciones — reconoció él.
Yo que siempre estuve más que convencida, no pude seguir aparentando inmunidad a su cercanía y al bulto que comenzaba a evidenciarse sin problemas a través de la no tan gruesa toalla. Escuché su respiración entrecortada, al mismo tiempo que el débil amarre de la toalla que se sujetaba a su cintura se cayó — o lo soltó tan rápido que no lo vi —y mis ojos se fueron directo a su expuesta y más que dispuesta erección.
—Si estás aquí… y así ¿por qué me dijiste que no primero? — le pregunté notoriamente afectada por lo que veía.
Por el momento que no obtuve respuesta consideré que quizá no quería contestar a mi pregunta, pero terminé obteniéndola:
—No me gusta que se desprendan de mí con esa facilidad; yo también tengo orgullo. A nadie le gusta que lo rechacen… — desveló — y sigo enojado por la forma en la que actuaste después de que nos descubrieran.
Todo el tiempo cuando lo rechazaba nunca pensé en la posibilidad de que a él en realidad le afectara ¿no era eso acaso parte de su carácter? ¿No las trataba así a todas? Súbitamente una palabra vino a mí y el hasta entonces desconocido significado "empatía" comenzó a tener sentido.
—No lo volveré a hacer — me atreví a prometer.
Él me miró desconfiado y fue cuando tomé la iniciativa y emprendí un camino de besos que se inició a la altura de su pecho húmedo aún por la reciente ducha, y ascendí dirigiéndome a su cuello. Absorbí con gusto las gotas de agua que encontré en el camino, aunque como a él el agua no era algo que me agradara en demasía, pero acepté que en ese momento su inocuo sabor se me estaba haciendo de lo más aceptable. Quería sus labios, pero mi altura no me permitiría lograrlo a menos que él me diera permiso, y no parecía como si estuviera convencido de hacerlo. Una vez que me di cuenta de que no conseguiría con sólo una promesa, decidí que bebería todas las gotas de agua que estuvieran a mi alcance, y descendí acercándome peligrosamente a su miembro. Lo miré desafiante y cuando él cerró los ojos, preparándose para sentirse rodeado por mi cavidad oral, me alejé.
—Eso es crueldad — determinó él con decepción.
—No lo mereces — respondí.
Él sonrió y entonces fue que accedió a besarme. Sólo su lengua y la mía fueron las que entraron en contacto en ese beso, si se le podía llamar de esa forma, no hubo labios involucrados y fue jodidamente ardiente.
—¿Y ahora que te di lo que querías me darás a mí lo que quiero? — me interrogó con esa voz rasposa que adquiría en esas ocasiones.
—Ni hablar — dictaminé.
—¿Por qué? — indagó molesto.
—Porque no me diste lo que realmente quería — evidencié.
—¿Y qué es lo que buscas? — preguntó curioso.
Volví a acercarme y habiendo recuperado toda la confianza en mí luego de su aclaración sobre el rechazo del que fui víctima, sujeté con firmeza su miembro y lo miré sugerente. Estaba tan duro que podría asegurar que cuando lo solté rebotó.
—No traigo conmigo preservativos — me informó con seriedad.
Hice como que no lo escuché. Esa era la peor de las noticias que podía recibir en ese momento.
—¿Me escuchaste? — quiso asegurarse.
—Evitaba procesarlo — respondí sin ganas.
Sin ser capaz de detenerme sujeté su erección, ya no con el ánimo de imponerme, si no porque quería hacerlo.
—Hay otras cosas que podemos hacer sin que tengamos que usar condón — contesté.
—No he estado con nadie más durante este tiempo — reveló él, sorprendiéndome.
—¿Y qué se supone que significa eso? — dije incómoda e insegura hacia dónde quería llegar él.
—Estoy limpio — aseguró.
No me había hecho la pregunta pero era evidente que una confesión de ese tipo requiere una del mismo calibre como intercambio equivalente, sin embargo yo no quería responderle.
Lo besé y volví a descender por la misma conocida ruta hasta llegar a su tenso miembro y sin dejar de mirarlo, y así, él de pie y yo en una insinuante posición, lo tomé con mi boca, sorprendiéndome nuevamente con lo familiar que me parecía hacérselo. Él se sobresaltó al sentir mi lengua por el contorno de la punta y me concentré en hacerlo sentir bien, esperando que olvidara el tema. Era buena mintiendo, pero prefería no hacerlo y él se alejó cuando notó que mis felaciones se estaban volviendo en exceso peligrosas y es que admitía que no tenía mayores reparos en hacérselo. Me gustaba, pero me encantaba más cuando me lo pedía y yo "reacia" accedía… me hacía bien como mujer oírselo pedir y no dar por hecho que debía hacerlo.
—¿Y ese repentino cambio de opinión? – consultó dudoso pero complacido a su vez — Responde tú también… ¿crees que no me di cuenta de tu casi exitosa maniobra de distracción?
Me levanté y lo miré casi ofendida. No se suponía que me sintiera culpable por haberme juntado con otro hombre, porque no teníamos una relación, pero su mirada y el tono acusador de su voz me hacían sentir como si debiera sentirme mal por ello… me volteé y me sentí afortunada de tener puesto aún mi pijama. No quería contestar…
—¿Te gustó? — insistió él.
Percibí el enojo contenido en su voz.
—Te hice una pregunta — reiteró.
Me giré y lo enfrenté. Defendería mi posición… pero todo lo que venía a mi cabeza sonaban más bien a excusas que a una defensa real.
—¿Qué es lo que quieres escuchar? ¿Si me gustó estar con otro? ¿Si eres mejor que él? ¿Si me gusto sentir a otra persona tocándome? — jugué sabiendo que aquello podía ser peligroso fuego.
—¿Lo fue? – consultó sin expresión en el rostro.
—¿Por qué me haces esas preguntas? ¿Necesitas reafirmar tu hombría? ¿Eres así de básico? — lo encaré.
—Sí – respondió categóricamente.
Esa seguridad que demostró con esa respuesta terminó finalmente por derrumbar cualquier resquicio de reticencia hacia él, y estuve por primera vez completamente dispuesta a darle lo que quería.
—No — respondí ambigua.
—¿A qué es respuesta ese "no"? — preguntó.
—No me gustó estar con otro, no era mejor que tu y no me agradó sentir a alguien más tocándome — admití.
Syaoran luego de escucharme me besó tan extasiado y dedicado que me costó seguirle el ritmo. Estaba exigiéndome todo en ese beso y aunque yo estaba dispuesta estaba abrumada por no poder seguirlo, no obstante a él no parecía importarle o siquiera notarlo, y entre beso y beso llegamos a la cama. Él terminó sobre mí, justo como me gustaba, yo ya sin la protección del ahora lamentable pijama.
—¿Lo hubieses hecho sin condón con él? — buscó averiguar.
Me preguntó mientras sujetaba su firme miembro y me hacía sentirlo, consiguiendo que me humedeciera más de lo que creí alguna vez posible. Él no daba indicios de que fuera a dejar de interrogarme sobre lo que había hecho, y entonces revelé la verdad completa, porque hasta ese minuto él creía que había pasado algo que no en realidad no llegó a concretarse.
—Syaoran… no llegué a tener sexo con él — clarifiqué
Desvié la mirada y continué… quería que él lo supiera y no tuviera dudas; esperaba que me creyera, porque era la verdad.
—No desmiento que hice todo lo demás… — reconocí.
Él refunfuño.
—Pero hasta el día de hoy no he estado con nadie más que tú — terminé de hablar.
Lo sentí finalmente penetrarme y necesité ver la expresión en su rostro, él estaba con los ojos cerrados. Sus movimientos eran bruscos y más rápidos de lo habitual, podía ver que nuestro encuentro no iba a durar mucho. Lo sentía más excitado de lo usual y no me equivoqué, él terminó poco después. Sentí nuevamente esa cálida sensación dentro de mí. Él sabía que yo no había acabado y sin tardar se acomodó a mi lado y con su boca buscó mi pezón derecho, con su mano izquierda me sujetaba el pecho del mismo lado y con su mano derecha me hizo acabar después de un trabajo manual muy bien hecho. Terminé contrayéndome violentamente y sin nada de energía.
En algún momento de la noche fui yo quien despertó a Syaoran para otra ronda… y dos meses más tarde supuse que nunca sabría con precisión en cuál de esas dos oportunidades fue en la que me convertí en "el cascarón de una nueva vida"…
Continuará...
¡Hola! Espero sepan disculpar tantos días sin actualizar, pero la verdad es que he estado totalmente sin inspiración y a veces es mejor abstenerse, pero finalmente terminó saliendo un capítulo más largo de lo que nunca estimé.
A esta historia le quedan como mucho dos o tres capítulos, asi que espero que me digan cómo les parece que está evolucionando... muchas gracias por su tiempo.
Misifuz: ¡Hola! Disculpa que no te respondiera en el capítulo anterior, pero fanfiction tuve en ese tiempo muchos errores y no me salía tu review… de hecho ni notificación llegó al correo. Ojalá sigas leyendo esta historia y me dejes saber si sigues tan enamorada de Syaoran jajajaja
Estefire: ¡Hola! En esta oportunidad tardé más en actualizar… ¡Lo siento! Ojalá y te siga gustando la historia… ¡muchos saludos!
Camili: Tardé un montón… espero que te guste este capítulo… he escrito demasiado que cualquier pregunta siéntete libre de hacérmela de manera directa a donde tú ya sabes, por esta oportunidad. Ojalá te guste ;)
Kimi Deathberry: Bueno Sakura lo hizo y no con Eriol jajajaja. ¿Te sigue doliendo el "kokoro"? jajajja mil saludos y muchísimas gracias por tu apoyo incondicional :D
: ¿Sigues china? Ajajjaja me dio risa esa expresión. Ojalá te guste como se va desarrollando la historia y gracias por dejarme saber tu opinión. Muchos saludos.
sslove: tienes toda la razón al ser paranoica, hay mucho mensaje ambiguo ahí, estoy de acuerdo en eso.
-Tomoyo no creo que llegue a ocupar el lugar de Mei, es muy posible que se haga un lugar entre ellas. Pronto se conocerán Mei y Tomoyo.
-Sí, ¿cierto? Muchos años ahí en el aire la "relación" y era un tema que debía resolverse. ¿Te agradó como lidió Sakura con eso al final?
-Ese lugar de perfecto no tenía nada jajajaja, asqueroso, por lo demás.
Muchísimas gracias por tus reviews, espero seguirlos recibiendo. Saludos.
Sakura Kinomoto Amamiya 26: Sakura y Eriol tenían su historia, de hecho por esa misma historia fue que partió todo y terminó conociendo a Syaoran. Mei Ling sabe hacerse escuchar jajajaja. Gracias por tu preocupación y dejarme un mensaje privado al ver que no llegaban los reviews, en esas fechas fanfiction estaba experimentando muchas fallas y aunque marcaba que llegaban estos no aparecían, se ha solucionado, pero agradecí infinitamente el detalle. Gracias.
Lilac: ¡Hola! Gracias por darle una oportunidad a mi historia, y por el cumplido, por supuesto.
Es difícil atreverse a darle papeles nuevos a los personajes porque como bien dices hay canones bien marcados, y la verdad esta como un poco saturado y prefiero que recuerden mi historia por mala y distinta a que guste mucho pero que no puedan diferenciarla de cualquier otra que hayan leído… tu review fue muy significativo para mi autoestima aspirante a escritor. Infinitas gracias… espero también seguir sabiendo qué opinas sobre cómo evoluciona esto. Gracias.
Hasta el próximo capítulo...
