Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 16

Abrí los ojos y al ver la hora en el reloj salí a toda prisa de la cama, grité un: ¡Edward, despierta que ya es tarde! Mientras corría rumbo al cuarto de baño quitándome el pijama de camino; en media hora Jane pasaría a buscarme pues teníamos que realizar una sesión de último momento, y si no estaba lista a tiempo, me mataría por hacerla esperar. Con los ojos cerrados para que no me entrara champú, tanteé en busca del bote de gel de baño pero no fue precisamente lo que encontré; ahogué un jadeo al sentir una traviesa mano deslizarse por mi espalda y unos labios mordisqueando desde mi hombro hasta mi cuello.

—¡Edward! —chillé cuando la mano traviesa bajó hasta mi trasero, apretándolo con suavidad—. Tengo que... Jane... la sesión... —balbuceé de forma incoherente, su otra mano se deslizaba con lentitud por mi vientre con un objetivo en mente: mi entrepierna.

Jadeé en anticipación y eché la cabeza hacia atrás apoyándola en su pecho al sentir sus dedos abriéndose paso, buscando mi clítoris que en este momento palpitaba ansioso por atención; más sin embargo el ansiado toque nunca llegó. En cambio, sus manos me guiaron bajo el chorro de agua y enjuagó mi cabello.

—¿Es en serio? —pregunté escéptica al verlo tomar el bote de gel de baño, él no podía dejarme así de... frustrada.

—Llevas prisa y no puedes hacer esperar a Jane, ¿verdad? —sus ojos brillaban llenos de diversión, así que quieres jugar Edward Cullen, pues juguemos; pensé tomando con una sonrisa el bote de gel que me ofrecía.

Sin dejar de sonreír vertí una buena cantidad del gel con aroma a vainilla en la palma de mi mano, dejé caer el bote al suelo y clavando mis ojos en los suyos, comencé a esparcir el jabón con ambas manos por mi cuerpo, con movimientos lentos y sensuales. Bastaron un par de segundos para que mi plan diera resultado, mi espalda chocó contra las frías baldosas de la pared de la ducha y los labios de Edward se posaron sobre los míos, su lengua delineó mi labio inferior pero no le di permiso de entrar, no todavía; apoyé las manos en su pecho y lo empujé rompiendo el beso.

—No puedo hacer esperar a Jane, ¿recuerdas? —una se sus sexys sonrisas torcidas apareció en su rostro, su brazo se enredó en mi cintura y me alzó unos centímetros del suelo orillándome a enredar las piernas en su cintura.

—Definitivamente Jane puede esperar —murmuró con voz ronca, movió sus caderas y su duro miembro rozó mi sexo arrancándome un sonoro gemido.

—No podría estar más de acuerdo contigo.

Eché la cabeza a un lado para darle un mejor acceso cuando sus labios comenzaron a recorrer la extensión de mi cuello, bajando hasta mis pechos donde se demoró un momento jugando y mordisqueando mis pezones hasta volverlos dos duras y pequeñas piedras. Impaciente comencé a mover mis caderas buscando un poco de fricción, lo necesitaba para calmar el fuego que amenazaba con quemarme ante la necesidad de sentirlo dentro; sus manos detuvieron mis movimientos, atrapó uno de mis duros pezones entre sus dientes y lo sentí sonreír antes de morder, lo suficientemente fuerte, como para que mi espalda se arqueara a consecuencia de la ola de dolor mezclado con placer, que recorrió mi cuerpo.

—Edward... por favor... ya no... más... —balbuceé luchando por moverme a pesar de su agarre en mis caderas.

—Te amo Bella, no tienes idea de cuánto te amo —la punta de su miembro rozó mi entrada y solté un entrecortado suspiro.

—Yo también te amo... te amo... te amo... —murmuré una y otra vez, apretando el agarre de mis piernas en sus caderas incitándole a continuar.

Mordí mi labio inferior ahogando un gemido y me aferré con fuerza a sus hombros cuando sentí su miembro comenzar a abrirse paso dentro de mí, y mis labios asaltaron sin piedad su boca, cuando la primera estocada llegó haciéndome retorcer de placer. El orgasmo nos alcanzó rápido pero no por eso menos intenso, jadeante escondí el rostro en el hueco de su cuello esperando a que mi respiración volviera a la normalidad, y mi cuerpo dejara de sentirse tembloroso como gelatina.

Terminé de vestirme y me calcé mis cómodas zapatillas deportivas, eran lo ideal para pasar un día de trabajo que sospechaba sería largo y agotador; sequé mi cabello con el secador y lo até en una cola de caballo alta, Jane ya debía estar esperándome y podía apostar a que había pensado por lo menos en una docena de formas distintas para asesinarme lenta y dolorosamente, por hacerla esperar más de media hora. Mi teléfono móvil comenzó a sonar y corrí a tomarlo, era un mensaje de texto, el cual me apresuré a abrir al ver quien lo mandaba.

"Los tengo, tu sospecha queda totalmente confirmada, así que te espero mañana a medio día"

Mis rodillas temblaron y tuve que tragar para deshacer el nudo que se formó en mi garganta, releí el mensaje una y otra vez pues aún no podía creer que fuera verdad. Edward salió del cuarto de baño abotonando su camisa y me apresuré a guardar el teléfono en uno de los bolsillos traseros de mis jeans, pero no fui lo bastante rápida como para que no viera el aparato y me diera una mirada interrogante.

—Era Jane, quería saber el motivo de mi retraso —saqué del armario mi equipo y tomé mi bolso—. Te veo después —me despedí con un apresurado movimiento de mano y salí de la habitación. Todavía no era momento de decirle, debía pensar en una buena forma de hacerlo.

Tal y como lo sospechaba, afuera de la casa me esperaba una enfurruñada Jane apoyada en su camioneta, nada más verme me fulminó con la mirada y en medio de un silencio sepulcral me ayudó a subir el equipo; me entregó un vaso de café antes de rodear la camioneta y subirse.

—Te traje café, si ya está frío como un jodido cubo de hielo no es mi culpa —abrí la puerta, tomé un pequeño sorbo e hice mi mejor esfuerzo para no escupir el liquido y hacer una mueca de desagrado, efectivamente estaba helado.

—Gracias, y lamento el retraso, pero me quedé dormida —me disculpé subiéndome a la camioneta y poniéndome el cinturón de seguridad.

—Sí claro, créeme que te entiendo a la perfección, cuando Gio viene a la ciudad yo también me quedo dormida con regularidad —dijo con una sonrisa pícara en el rostro. ¡Oh mi Dios! Iba a vengarse de mí por la espera, haciendo insinuaciones de su vida sexual con Giovanni.

—¿Sabes? Te agradecería no hicieras ese tipo de comentarios, te recuerdo que Gio es como mi hermano y su vida sexual no es algo de lo que quisiera tener información en exceso, muchas gracias —dejé el frío café a un lado y soltó una divertida carcajada.

La sesión se llevaría a cabo en Central Park, las fotografías eran para una popular revista de fitness y, tanto a Jane como a mí, nos pareció que lo mejor era hacer la sesión al aire libre.

Las sesiones al aire libre eran por mucho mis preferidas, aunque también eran las más agotadoras. Cuando terminamos ya era algo tarde, Jane y yo estábamos muertas de hambre y decidimos ir a comer al centro comercial que estaba a unas cuantas calles.

Mientras comíamos mi amiga no dejó de parlotear sobre Giovanni, podía darme perfecta cuenta de lo equivocada que estuve respecto a ellos dos, se notaba a kilómetros de distancia que entre ambos había nacido un lindo sentimiento que además era demasiado fuerte y lo más importante: eran felices juntos; contra todo pronostico, acaban de cumplir siete meses de feliz noviazgo y no tenían intensión alguna de separarse. No podían verse con la frecuencia que a ambos les gustaría, pasaban incluso meses sin verse pero eso no afectaba su relación, y apostaría a que en un futuro no muy lejano, terminarían llevando su relación al siguiente nivel. Oh sí, ya podía escuchar las campanas anunciando la próxima boda.

Terminamos de comer y le pedí a Jane que se llevara mi equipo, ya después pasaría por el a su departamento, en un principio se negó a irse y dejarme sola pues no traía mi coche, pero tras mucho insistir, logré convencerla de que estaría a salvo si me iba en un taxi; y es que aprovecharía que estaba en el centro comercial para comprar algo que necesitaba con urgencia. No me tomó mucho tiempo para encontrar la tienda que buscaba, más sin embargo, me tardé más de media hora e incluso necesité de la ayuda de una de las vendedoras, para encontrar el objeto indicado para la ocasión.

Con una sonrisa bailando en mis labios salí del centro comercial y caminé un par de calles en busca de un taxi, alcé la mano haciendo una señal para que alguno se detuviera cuando de pronto lo vi y mi sonrisa se borró en el acto.

Ahí, parado al otro lado de la calle y viéndome con fijeza, se encontraba James. El pánico me congeló de inmediato, sentía la sangre correr por mis venas como si fuera un río de hielo y podía sentir el acelerado martilleo de mi corazón en los oídos. Por un par de segundos no supe qué hacer, pero cuando vi que daba un par de pasos con toda la intensión de cruzar la calle y venir hacia mí, salí de mi letargo y di media vuelta más que dispuesta a echarme a correr; por fortuna en ese momento un taxi se detuvo y sin pensarlo dos veces, me subí gritándole desesperada al chófer que arrancara.

Una vez el taxi arrancó, volteé esperando verlo de nuevo pero ya no estaba por ningún lado. Cerré los ojos y respiré profundo varias veces en un intento por calmar los alocados latidos de mi corazón y el temblor de mi cuerpo, mientras pensaba una y otra vez, en si en verdad lo había visto o todo había sido producto de mi imaginación. Por un momento pensé en la posibilidad de decirle al taxista que me llevara a mi casa, pero no iba a permitir que el miedo me impidiera ir a ver a Edward y mostrarle lo que acababa de comprar.

Murmurando un: quédese con el cambio, me bajé del coche, con piernas temblorosas y en un estado de alerta prácticamente corrí hasta entrar al edificio. Di un respingo cuando las puertas del elevador se abrieron, salí y a paso rápido caminé los poco más de tres metros que me separaban del escritorio de la secretaria de Edward.

—¿Señora Cullen, se encuentra usted bien? —me preguntó nada más verme—. Se ve pálida y parece que de un momento a otro se fuese a desmayar

—Estoy bien Amber, sólo un poco cansada, eso es todo. ¿Mi esposo está ocupado? —pregunté ansiosa.

—Oh no señora, sabe que nunca está ocupado para usted —respondió con una amable sonrisa, traté de sonreí de vuelta y caminé hasta la puerta de la oficina de Edward.

Tomé una profunda respiración antes de girar el pomo y abrir la puerta, no podía permitir que Edward se diera cuenta de mi estado de nerviosismo y comenzara a hacer preguntas. Me sonrió al verme entrar, estaba al teléfono y me acerqué a la ventana mientras terminaba con su llamada. Un par de minutos después colgó el teléfono, se puso en pie y se acercó a mí, me abrazó por la espalda y dejó un cariñoso beso en mi mejilla, a pesar del susto anterior no pude evitar sonreír cuando sus manos se posaron con suavidad en mi vientre, sin siquiera sospechar de la existencia del pequeño ser que ahora crecía en ese lugar.

—¿A qué se debe esta sorpresa? —me giré y le mostré la bolsa que tenía en mi mano.

—Fui de compras y quería que vieras esto —sonrió y negó divertido.

—¿Tú de compras? ¿En serio? Creí que las compras no eran lo tuyo —me encogí de hombros y le ofrecí la bolsa, la cual abrió no sin cierto recelo.

Me alejé unos pasos y me senté en el borde del escritorio, abrió la bolsa y frunció el ceño confundido al ver el contenido, sacó el pequeño juguete en forma de mariposa y lo giró de un lado a otro examinándolo con la mirada.

—Es lindo —dijo con un tono desconcertado en su voz, metió de nuevo el juguete a la bolsa y me la regresó—. Es para Carolie, supongo.

—No, no es para ella —tomé la bolsa y la puse sobre el escritorio—. El dueño, o dueña, de ése juguete llegará en unos... ocho meses, aproximadamente.

Por un par de minutos no dijo nada, sólo clavó la mirada en mí como si esperara que de un momento a otro fuese a decirle que era broma, soltó un sonoro jadeo al ver que no tenía intensión de hacerlo y su rostro se puso totalmente pálido.

—¿Quieres decir que...? ¿Estás...? ¿Nosotros vamos a...? —balbuceó, de pronto se quedó quieto como si fuera una estatua, con la mirada perdida y hasta dejó de respirar.

—¡Edward, respira por el amor de Dios! —grité sacudiéndolo un par de veces, parpadeó y poco a poco una sonrisa se fue formando en su rostro.

—No estás jugando conmigo, ¿verdad? —mordí mi labio inferior y negué un par de veces.

—Esta mañana no fue un mensaje de Jane el que recibí, era de mi doctora. Comencé a sospechar que podía estar embarazada hace unos días, tenía un retraso de dos semanas y fui a verla, me mandó a hacer unas pruebas de sangre y esta mañana me envío un mensaje diciéndome que mis sospechas habían quedado confirmadas —acuñé su rostro entre mis manos y con lentitud murmuré—: Edward, vamos a ser papás.

Unos segundos después me encontraba en sus brazos y mis pies ya no tocaban el suelo, rodeé su cuello con mis brazos mientras giraba y ambos reíamos.

—Te amo, te amo tanto Bella —acarició casi con reverencia mi abdomen y mis ojos se llenaron de lágrimas—. Los amo a ambos.

—Y nosotros te amamos a ti —murmuré con voz ahogada escondiendo el rostro en el hueco de su cuello, tres meses después de tomar la decisión de ser papás por fin nuestro bebé venía en camino—. Tengo hora con la ginecóloga para mañana a medio día, me harán la primer ecografía y supongo que querrías acompañarme.

—¡Por supuesto que sí! Me muero de ganas por conoces a nuestro bebé.

—Yo también, quisiera que el tiempo se pasara volando y ya tenerle en mis brazos. Me serán una eternidad los meses que faltan para que nazca.

—Tenemos que darles la noticia a nuestros padres, les llamaremos para invitarles esta noche a cenar —asentí y con renuencia me separé de él tomando la bolsa.

—Yo me hago cargo de eso —besé sus labios con suavidad a modo de despedida—. Te veré en casa.

—Ah no Isabella Cullen, yo me voy contigo —se puso su saco y tomó su maletín.

—Pero aún tienes cosas que...

—No discutas conmigo, el trabajo puede esperar —dijo cortando mi replica.

Tomó mi mano entrelazando nuestros dedos y sin darme oportunidad de replicar, tiró de mi con suavidad incitándome a caminar y seguirlo fuera de la oficina.

—Amber, cancela los pendientes que quedan para hoy, me voy a casa con mi esposa y no tengo planeado regresar —le dijo sin siquiera detenerse un segundo.

—Así lo haré señor Cullen —respondió toda apresurada la pobre mujer, apenas si tuve tiempo de despedirme de ella con un escueto "hasta luego", pues Edward me llevaba a toda prisa.

De camino a casa no pude evitar que mi felicidad se viera empañada por el recuerdo de lo sucedido con James, realmente esperaba que todo hubiese sido una mala jugada de mi mente, él no podía estar en la ciudad y tan cerca de mí. Acaricié con suavidad mi vientre y con disimulo limpié una lágrima que rodó por mi mejilla, por qué tenía que pasar esto ahora, ahora que mi felicidad era completa con la futura llegada de mi bebé.

Tanto mis padres como mis suegros enloquecieron de alegría al saber que su primer nieto o nieta, estaba próximo a llegar; Esme y Renée inmediatamente comenzaron a hacer cientos de planes para comenzar a decorar la habitación del bebé, para comenzar a comprar ropa, mamilas, chupetes e incluso los pañales.

—Mamá, Renée, pueden comprar todo lo que quieran, pero de la habitación de nuestro hijo nos encargaremos Bella y yo personalmente —dijo Edward cortando con los planes de las mujeres, que le dieron una mirada resentida pero las ignoró—. Lo cual me lleva a lo siguiente, papá, espero que puedas ayudarme con el trabajo. Me gustaría pasar con Bella el mayor tiempo posible en casa.

—Cuenta con ello hijo, no tendrás que ir a la oficina a menos que sea realmente necesaria tu presencia —Edward sonrió, rodeó mis hombros con su brazo y besó el tope de mi cabeza.

—Bella, hija, me gustaría hablar contigo un momento.

—Claro mamá, vamos a la biblioteca —ambas nos pusimos en pie y tras disculparnos, dejamos la sala.

Nos sentamos en el sofá de cuero negro cerca de la ventana, Renée suspiró pesadamente antes de tomar mi mano y comenzar a hablar.

—¿Qué pasa Bella? Te noto... distraída.

—Lo vi, hoy lo vi mamá —solté sin rodeos y se tensó.

—¿Estás segura? —me puse en pie y comencé a caminar nerviosamente de un lado a otro—. Cielo, tal vez te confundiste y era alguien que se le parece. Sabes que James está...

—¡Ya lo sé mamá! Pero... ¿Y si en verdad era él? ¿Si no fue sólo una alucinación o alguien que se le parecía? —se puso en pie y me abrazó con fuerza.

—Hablaré con tu padre, averiguaremos si ese hombre ya está libre y si ha estado en la ciudad, de ser necesario nos convertiremos en su maldita sombra. Pero te juro que no permitiremos se acerqué de nuevo a ti —dejé que las lágrimas salieran, había estado evitando llorar desde que lo vi y ya no podía aguantar más—. Oh mi vida, no llores hija, todo va a estar bien.

—Tengo tanto miedo mamá, me aterra que algo pueda pasar, que quiera terminar lo que comenzó... —no pude terminar la frase, nada más pensarlo me provocaba nauseas.

—Debes decírselo a Edward, necesita saberlo —solté un pesado suspiro y me senté de nuevo en el sofá, al parecer el momento de decirle la verdad a Edward había llegado, pero no sabía cómo iba a decirle para que no terminara odiándome de nuevo.

Después de que nuestros padres se fueron en más de una ocasión traté de abordar el tema pero no pude hacerlo, estaba demasiado nerviosa y tenía que tranquilizarme antes de tener esta charla con él. Mañana será, me dije antes de caer dormida sintiendo la acompasada respiración de Edward a mi lado.

Poco a poco la conciencia volvió a mí, abrí los ojos y parpadeé un par de veces en un intento de aclarar mi visión, algo totalmente imposible dado que el lugar en el que me encontraba era por demás oscuro; ¿cómo llegué aquí? Me pregunté sintiéndome confundida, lo último que recordaba era estar en mi coche esperando a que la luz del semáforo cambiara y después... nada. Traté de moverme pero no pude hacerlo pues estaba atada de los pies y las manos, lo cual sólo podía significar una cosa: me habían secuestrado. Mi corazón comenzó a latir de prisa cuando mi cerebro proceso esta información, asustada empecé a gritar pidiendo ayuda pero como era de esperar nadie vino a sacarme de aquí.

Después de lo que bien pudieron ser horas, la puerta se abrió emitiendo un siniestro crujido que me puso los pelos de punta, crujido que fue acompañado por unos lentos y escalofriantes pasos que se detuvieron hasta llegar a mi lado.

Cerré los ojos esperando que mi captor se marchara creyendo que seguía inconsciente, pero no tuve esa suerte; una mano se cerró con fuerza en torno a mi cabello tirando con brusquedad obligándome a incorporar, chillé ante la ola de dolor que recorrió mi cuerpo y mis ojos se llenaron de lágrimas.

No, por favor... no me haga daño... por favor —murmuré con voz ahogada, buscando el rostro de mi captor pero tenía puesto un pasamontañas.

Todo ruego fue en vano, unos segundos después un puño se estrellaba con fuerza contra mi costado, seguido de más y más golpes.

Bella, despierta... ¡Despierta! —abrí los ojos sobresaltada, de un salto me puse en pie y corrí refugiándome en la esquina de la habitación—. ¿Qué pasa? Bella, ¿estás bien cariño?

—¡No te me acerques! —grité cuando intento acercarse a mí y se detuvo alzando las manos en señal de rendición. Pequeñas gotas de sudor cubrían mi rosto y pecho, mi respiración era agitada y mi corazón amenazaba con salirse de mi pecho.

—Tranquila amor, soy yo, Edward —parpadeé un par de veces y recorrí el lugar con la mirada dándome cuenta de un gran detalle, estaba en mi habitación con mi esposo, no en aquel oscuro y húmedo cuarto donde estuve secuestrada.

Mis piernas temblaron y antes de que cayera de rodillas al suelo, los brazos de Edward me sujetaron con fuerza, me aferré a su playera como si fuera una tabla salvavidas y dejé que mis lágrimas rodaran con libertad por mis mejillas.

—Shhhh todo está bien amor, fue una pesadilla —murmuró con voz suave frotando mi espalda en círculos.

—No... no fue sólo una pesadilla... es el recuerdo de... de lo que... pasó y... ya no puedo más... Edward no puedo soportarlo más... —se separó de mí lo justo para poder verme a la cara, cuando no pude seguir hablando.

—Tiene que ver con eso que no me has querido decir ¿cierto? —asentí y con una gentil caricia secó mis lágrimas, cerré los ojos tratando de tranquilizarme y dejar de llorar, lo cual logré pasados unos minutos—. Dímelo Bella, dime que es eso que te atormenta a este grado.

—Yo... yo... —tomé una profunda respiración y me alejé de él, me senté en el borde de la cama y Edward se arrodilló frente a mí—. Fue un infierno Edward, esas semanas fueron un verdadero infierno para mí y cada que tengo una de estas pesadillas es como si volviera a esos días, como si el tiempo no hubiera pasado y sugiera en ese lugar, encerrada a merced de esa maldita persona —pude sentir como su cuerpo se tensaba y su mirada se volvía dura, tomó mis manos entre las suyas dándoles un suave apretón en señal de apoyo—. Tenía dieciocho años, estaba por terminar mi primer semestre en la universidad cuando un día mi vida dio un giro inesperado, estaba esperando a que la luz del semáforo cambiara y de pronto alguien tapaba mi boca con un pañuelo. Cuando desperté estaba atada de manos y pies, encerrada en un cuarto oscuro.

Al final mi voz se rompió y comencé a llorar de nuevo, Edward se sentó a mi lado y me hizo mover hasta sentarme en su regazo, me refugié en sus brazos como lo haría una niña pequeña, asustada que busca sentirse a salvo; acarició con ternura mis cabellos sin dejar de murmurar palabras de consuelo, hasta que las lágrimas dejaron de brotar de mis ojos y los sollozos se apagaron.

—No... no tienes idea de lo... lo qué fueron esas... esas semanas —continué después de unos minutos en silencio, el brazo que se mantenía alrededor de mi cintura afianzó su agarre y besó mi frente—. No voy a decirte a detalle lo que me hizo, pues no quiero revivir esos recuerdos ahora; únicamente te diré que esa persona disfrutaba torturándome al grado, de que estuve a punto de morir en sus manos.

—¿Quién fue? —preguntó con un fiero siseo, un escalofrío recorrió mi cuerpo poniéndome la piel de gallina al notar la rabia en su voz.

—Eso ya no importa ahora —murmuré escondiendo el rostro en el hueco de su cuello.

—Importa, y mucho. Dímelo Bella, necesito saber quién fue el malnacido que te hizo eso.

—Edward, por favor no insistas —se puso en pie llevándome con él, se apartó de mí y comenzó a caminar de un lado a otro.

—Necesito saberlo, quiero hacerle pagar una a una tus lágrimas. ¡Maldita sea, Bella! ¡Quiero matarlo con mis propias manos! —gritó lleno de furia y me encogí asustada.

—No puedo... si te lo digo... vas a odiarme de nuevo... y no quiero que me odies... —balbuceé con voz temblorosa, al notar que mi estado de nerviosismo aumentaba respiró un par de veces para tranquilizarse.

—¿Odiarte? ¿Amor, cómo podría odiarte por algo de lo que no tuviste culpa alguna? —preguntó con voz suave, se acercó a mí y acarició con ternura mi mejilla.

—Sí lo harás... me odiarás de nuevo y... no podré soportarlo... pero ya no puedo callar más... —jadeé en busca de aire, pues de pronto me comenzaba a faltar y me sentía ahogar—. Fue... fue...

El piso bajo mis pies comenzó a moverse, la habitación me daba vueltas a una velocidad vertiginosa y un intenso chillido razonaba en mis oídos. Veía los labios de Edward moverse pero no era capaz de escuchar lo que me decía, de pronto mi visión se nubló por completo y sus brazos sosteniéndome, fue lo último que sentí antes de que la oscuridad me diera la bienvenida.

Continuará...


¡Hola! Aquí está el nuevo capítulo y espero que fuera de su agrado, Bella por fin abrió la caja de Pandora y le contó a Edward sobre su secuestro, ¿será que le dirá también quién fue la persona que la secuestro? De nuevo les pido paciencia, este capítulo salió casi sin darme cuenta y por eso he podido actualizar hoy, pero estamos entrando en la recta final de la historia y las cosas se me están complicando un poco. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, ahí estaré publicando imágenes relacionadas a la historia como también adelantos de la misma, les invito a unirsenos y si les interesa encontrarán el Link en mi perfil.

Muchísimas gracias a quienes agregaron la historia a sus alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se toman un momentito de su tiempo para dejarme sus lindos review's y alegrarme el día, no los respondo por falta de tiempo, pero sepan que los leo todos y cada uno de ellos.

¿Algún review? =)

¡Hasta el próximo capítulo!