¡Aquí está el sexto OS!

¡Disfruten!


Nick en FF: Miyu Takada

Summary: Con tan solo dos semanas antes de San Valentín Tomoka se exaspera al enterarse de que su mejor amiga sigue sin pareja con quince años, por lo que cuando aparece de la nada un templo del amor no duda en rezarle para que Sakuno encuentre su media naranja...

Primer concepto: Rojo.

Segundo concepto: Cupido.

Disclaimer: Prince of tennis le pertenece a Konomi Takeshi, la historia es de autoría de Miyu Takada.


"Amor" y "Deseo"

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Rojo.

Ese era el color del que Sakuno Ryuzaki veía el mes de Febrero.

Donde todos los demás lo veian rosa y lleno de corazones ella lo veía rojo. Rojo como la sangre.

-¡Sakuno-chan!- La chica se giró al escuchar su nombre salir de su mejor amiga, la cual se acercaba entusiasmada.

-Tomo-chan, pareces muy alegre.-

Su compañera apoyó las manos en la mesa y la miró fijamente durante unos segundos.

-Dime, Sakuno-chan ¿A quién le vas a regalar un chocolate este año?-

-Umm...- Se quedó pensativa unos segundos antes de contestar.- Supongo que haré chocolates para los integrantes del club de tenis, han trabajado muy duro y creo que se lo merecen.-

-No, no, no- La interrumpió zarandeando las manos de un lado a otro- ¡Me refiero a un "Honmei choco", el chocolate que se le da a la persona que amas!-

-T-Tomoka-chan, baja la voz.- La susodicha se giró para ver varias miradas posadas en su persona atraídas por el escándalo que estaba montando.

La chica se disculpó a regañadientes y bajó el tono un poquito.

-A-además-Tomoka miró a Sakuno.-No me gusta nadie.-

En ese momento el profesor de la siguiente hora apareció por la puerta finalizando la conversacion entre las dos amigas.

Con todo el jaleo de los estudiantes al salir de las clases lo único que escuchaba Tomoka era el sonido de sus pisadas al caminar sobre la nieve que cubría las calles de Japón.

Si bien los años anteriores no importaba tanto porque eran pequeñas en esta ocasion era diferente, ya que tenían quince años. No podía creer como su mejor amiga no se hubiera enamorado en su vida cuando ella ya llevaba varias relaciones contando con la que mantenía ahora con cierto novato del club de tenis que siempre alardeaba de tener ya cinco años de experiencia.

Suspiró con resignación.

"Ojalá pudiera hacer algo"

En ese instante la chica fue deslumbrada momentáneamente por un halo de luz rosado que provenía de un callejón.

Con los ojos abiertos como platos ante ese brillo repentino vislumbró un pequeño templo del que provenía dicho resplendor.

Con curiosidad miró a los lados antes de adentrarse en aquella calle.

Cuando llegó a la altura del mini-templo vio una nota que se encontraba sobre el mismo. La tomó y empezó a leerla.

"Templo del Dios del Amor. Pide tu deseo y te lo concederé.

P.D: Las monedas de cinco yens me motivan a cumplirlos y me hacen felíz"

Una gota de sudor recorrió la nuca de la chica al leer la posdata. Si hubiera sido una persona normal hubiese asumido que se trataba de una broma y habría pasado del templo. Sin embargo, por alguna razón decidió arriesgarse.

Dejó en el mini-templo la moneda de cinco yens y se colocó en frente del santuario. Dio dos palmadas y cerró los ojos.

"Dios del Amor, por favor, encuéntrale a mi mejor amiga Sakuno Ryuzaki un novio para que no pase este San Valentín sola. Gracias"

Tras dejar una ligera pausa de silencio tras su deseo, Tomoka se diriguió a su casa.

Hoy le tocaba cuidar de sus hermanos.

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El atardecer formaba el fondo perfecto para la ocasión. En la clase vacía se encontraban dos estudiantes mirandose frente a frente, el rubor de sus mejillas quedaba acorde con la puesta de sol.

La chica dio un paso adelante y con lágrimas exclamó.

-¡No puedo aguantarlo más, Mitsuki-senpai, llevo enamorada de tí desde el día que te conocí!- Inmediatamente la chica se encontró abrazada por su senpai, el cual emocionado comenzó a llorar.

-¡Yo también te quiero, Natsumi-chan! ¡Eres la luz que ilumina mi mundo!-

-¡Estaremos siempre juntos!- Exclamaron al unísono.

En ese momento el entorno se volvió rosa con un montón de flores y burbujas flotando al compás de la música que daba paso a los créditos.

Click

El cuarto fue envuelto por un súbito silencio cuando Sakuno apagó la televisión y se dedicó a mirar la pantalla durante unos minutos.

-Sakuno, si ya ha terminado la película, ¿Podrías ir a comprar unas cosas al supermercado, por favor?-

-Claro, abuela. Me pongo el abrigo y voy.-

-Muchas gracias, aquí tiene la lista y aquí el dinero.-

Su nieta asintió y tras guardar lo que le había dado se despidió cerrando la puerta tras de sí.

Mientras caminaba, Sakuno pudo ver a un chico durmiendo en un lateral de la calle, llevaba una camiseta de manga corta blanca sobre un mono vaquero. Tenía una gorra blanca con una "R".

Cuando vio como el niño solo llevaba eso se acercó y se arodilló, quedando a la misma altura que el pequeño, el cual cuando notó la sombra de la joven abrió los ojos y se la quedó mirando. Sakuno sintió como se perdía en la mirada felina del niño.

-Ah, perdona, espero no haberte despertado.- Apresurada se quitó el abrigo y lo puso sobre el niño.-Etto, me llamo Sakuno Ryuzaki.-

Éste se la quedó mirando antes de tomar el abrigo y ponérselo. Con algo de dificultad debido a que el abrigo le quedaba grande se levantó, se colocó la gorra y agarró la mano de Sakuno.

Esta parpadeó.

-Soy Ryoma y tengo 12 años.-

-Encantada, Ryoma-chan. ¿Quieres acompañarme a comprar unas cosas al supermercado?- Éste se limitó a asentir con la cabeza sin separarse de la chica.

Cuando terminaron de comprar Sakuno no dejaba de mirar al chico de reojo.

-Ne, Ryo-chan ¿No tienes dónde vivir?- Preguntó, a lo que él negó con la cabeza.

"¿Debería llevarlo a comisaría? Quiero decir, quizás ellos sepan que hacer con él. Igual encuentran algún familiar o algo"

-Sakuno-Onee-chan-

-¿Sí?- Ryoma se detuvo y desviando la vista su rostro se tornó triste.

-Puedes dejarme aquí, si quieres.- Sakuno sintió como el corazón se le rompía en pedazos, no podía permitir que un niño pequeño pasara la noche en la calle sin nada salvo un abrigo y poco más.

-¿Qué estás diciendo, Ryo-chan? No digas tonterías.- Los ojos del pequeño brillaron al recibir la sonrisa de la muchacha.-¿Te parecería bien si te quedas a vivir conmigo, al menos por esta noche?-

Ryoma escondió el rostro tras el flequillo y asintió apretando el agarre de la mano.

-Ya estoy en casa, abuela.- Anunció tras llegar a casa.

-Bienvenida, muchas gracias por pasarte por mí a por las cosas.- En ese momento la anciana se dio cuenta de la presencia del pequeño. -¿Quién es este chiquillo?- Preguntó.

-Oh, es el hijo de un compañero de clase, esta mañana me dijo que se iba con los padres a un lugar durante unos días que no era óptimo para su hermano pequeño, así que cuando me has pedido que fuera a comprar he aprovechado para recogerlo. Ya he llamado a los padres para avisar de que esta aqui ¿te importaría si pasa unos días en casa, porfa?- Sakuno no se sentía bien mintiendo a su abuela, pero todo era por una buena causa.

Tras meditar unos minutos, Sumire asintió.

-Muchísimas gracias, abuela.-

-De nada. Tengo preparado el baño como muestra de gratitud. ¿Por qué no os dais un baño los dos juntos?-

Las mejillas de Sakuno y Ryoma se pusieron ligeramente rojas. La chica lo miró de reojo y desvió la vista.

"¿Qué estás haciendo, Sakuno? Vamos, no te muestres tímida ante Ryo-chan. Tienes que demostrarle que puede sentirse seguro contigo."

Tomó una gran bocanada de aire antes de mirar con cara decidida al pequeño y tomarlo de la mano.

-Vamos a bañarnos juntos, Ryo-chan.- Su tono sonaba tan decidido que Ryoma no dijo nada.

Tras desnudarse y lavarse se metieron en la bañera. Sakuno llevaba en todo momento la toalla alrededor del cuerpo y Ryoma otra en la cintura.

-Echa la cabeza un poco más hacia atrás, Ryo-chan.-

-Hn- Las manos de Sakuno se movían a un compás tranquilo extendiendo el champú con cuidado de que no le cayera nada en los ojos al pequeño.

-Se siente bien...- Musitó Ryoma mientras dejaba que la chica le aclarara el cabello.

-Muy bien... así. Ya estás limpio.- Dijo triunfante dejando la alcachofa a un lado.-¿Ryo-chan?-

-Ne, Sakuno-Onee-chan.-

-Llámame solo Sakuno, no hace falta tanta formalidad.- Sonrió y el doceañero se ruborizó ligeramente. Inspiró con fuerza antes de girarse de forma abrupta a la adolescente, la cual pestañeó varias veces.

-De... déjame que ahora te limpie yo.-

-¿U-Uh?- Nerviosa, la joven notó como su cara se volvía roja como un tomate pero tras ver la decision del pequeño en su mirada solo pudo asentir.

Tratando de imitar los movimientos que hizo Sakuno antes, Ryoma limpiaba el largo pelo de la chica.

-Sakuno-chan, tienes el pelo demasiado largo.- La muchacha se giro e infló los mofletes, fingiendo indignarse le echó una mirada de reproche.-Debe de serte incómodo a la hora de jugar al tenis. He visto una raqueta en tu habitación, lo he deducido por eso- Respondió inmediátamente leyéndole la mente a la chica.

-M-mou... Ryo-chan, a mi me gusta de esta forma.-

Ryoma tomó la alcahofa y se puso a aclararle el pelo.

-Yo no he dicho que no me guste...-

Sakuno giró levemente el rostro.

-¿Has dicho algo?-

-Hn... no...-

-¿Ryo-chan?-

-Mada Mada Dane, Sakuno-chan-

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Después de cenar Sakuno diriguió al pequeño a su cuarto.

-Ven, ¿Te importa si dormimos juntos?- Le preguntó abriendo la cama y metiéndose en ella

Ryoma se quedó unos segundos de pie mirando el hueco que le dejaba la chica. Tras titubear un poco accedió y se colocó de frente. Sakuno no pudo evitar soltar una risita por lo bajo, a lo que el pequeño arqueó una ceja extrañado.

¿Se estaba riendo de él? Molesto se dispuso a darle la espalda cuando la adolescente se lo impidió, abrazando el pequeño cuerpo del chico y atrayendolo hacia sí.

-Perdona, Ryo-chan. No me estaba riendo de tí. Me reía porque me siento muy felíz de haberte encontrado. No me lo hubiera perdonado si algo llegara a pasarte... Si no me hubiera dado cuenta de que estabas ahi igual ahora estarías fuera, solo frente al frío.- Mientras hablaba acariciaba con cariño el pelo del chico.- Por eso me alegro mucho de haberte encontrado.-

Con cuidado, Sakuno le beso la frente para después cerrar los ojos.

Ryoma sintió como su corazón latía con fuerza. Nunca antes se había sentido así. Se llevó la mano al pecho. Sabía que no servía de nada decirle a su corazón que se calmara.

Tuvieron que pasar casi dos horas hasta que el pequeño pudo conciliar el sueño.

Los días siguentes ambos pasaban el tiempo juntos. Un día lo llevó al instituto porque según él tenía curiosidad por ver dónde estudiaba.

Al principio le parecía que el pequeño se limitaba a estudiar todos y cada uno de los chicos de su clase y tomaba notas mentales de todos y cada uno de ellos.

Algunas veces cuando algun chico se le trataba de acercar él le lanzaba una mirada asesina y se aferraba de la falda de su uniforme.

-Ne, Ryo-chan, no necesitas estar celoso.- Le dijo una vez cuando Ryoma le pegó en la espinilla a uno de los compañeros que trataron de abrazarla de broma. Ryoma tenía una mirada desafiante. Al ver que no le hacía caso, Sakuno le dio unas palmaditas en la cabeza y le regaló una sonrisa radiante.

-No tienes que preocuparte de nada, tú eres el único chico para mí, Ryo-chan.-

Los ojos del pequeño brillaron.

-¿En serio?-

-Claro, así que no te preocupes ¿Vale?.-

-Hn. Eso no es suficiente.- Con un movimiento rápido y descendente tiró de la camisa del uniforme de la joven y le plantó un beso en los labios.

Cuando se separó, Ryoma le dedicó una mirada fulminante a todos y cada uno de los chicos que se encotraban allí para después girtar.

-Ya lo habéis oído. ¡Esta chica es mía!- Exclamó alto y claro mientras sonreía con arrogancia y Sakuno se tocaba la comisura de los labios.

Durante las siguientes noches Sakuno se bañaba después de Ryoma y en la cama le daba la espalda. No era porque estuviera enfadada, sino porque estaba comenzando a sentir algo por el chiquillo de doce años al que encontró una noche por la calle.

El día antes de San Valentín, Ryoma se mostró más maduro de lo habitual por alguna razón, Sakuno sentía que el chico trataba de decirle algo, pero siempre terminaba desviando la mirada del reloj.

Esa noche, Ryoma le pidió a Sakuno que fueran a su cuarto, que tenía algo importante que decirle.

-¿Qué ocurre, Ryoma-chan?- Preguntó curiosa mientras iba con cuidado de no tropezarse mientras subía las escaleras y era diriguida por el niño de cabello verdoso a su cuarto.

Tras entrar en la habitación el pequeño cerró la puerta tras de sí y puso el pestillo.

-¿Ryoma-chan?-El recien nombrado la miró de reojo mientras con cuidado se acercaba a la chica.

-Túmbate en la cama.-

-¿Uh?-Sakuno parpadeó sorprendida ante la orden del chico.

-Túmbate en la cama.- Repitió. La adolescente sintió como los colores se le subían a la cabeza. Ryoma la estaba mirando con una intesidad que no era propia de un niño de su edad. Tragó saliva y asintiendo con la cabeza se recostó en la cama dejando los brazos reposar sobre su abdomen. El corazón de la chica se aceleró cuando sintió como el colchón cedía ante un peso extra, el cual con cuidado se detuvo a la altura de su cintura para inmediatamente sentir como la parte a los laterales de la cabeza también cedían.

-Ry-Ryoma-chan, estás demasiado cerca...- Musitó nerviosa.

Con una sonrisa de medio lado el chico de mirada ambarina dejó salir una leve risa arrogante.

-Lo sé.-

-E-Entonces aléjate un poco, po-por favor-Imploró nerviosa mientras trataba de alejarlo apoyando los brazos en el pecho del joven y ejerciendo presión.- M-Me estás haciendo sentir incómoda, Ry-Ryoma-chaaan...-

-Ese es el objetivo.- Respondió.

Sakuno sentía que se iba a desmayar de un momento a otro, cuanta más presión ejercía ella para alejarlo, más se acercaba él.

Cuando sus rostros estaban a centímetros de distancia Ryoma desvió la vista por primera vez desde que entraron en la habitación de ella para diriguirla al reloj electrónico que se encontraba sobre la mesita de noche al lado de la cama. La chica trató de aprovechar ese momento para escabullirse y salir de aquella situación que hacía que su corazón se le celerara tan rápido como si hubiera estado jugando al tenis durante veinticuatro horas seguidas.

En cuanto hizo el primer movimiento, la cama sonó, haciendo que a atención del chico volviera a centrarse sobre su persona de forma inmediata.

Con un rápido movimiento apresó las muñecas de ella con las suyas y acercó el rostro a su oído.

-Quedan doce segundos para que sea San Valentín.- Susurró.- Quiero que hagas la cuenta atrás ¿vale?- Explicó al ver la cara de confusión de la chica que se encontraba bajo su peso.

Sakuno trago saliva varias veces y comenzó la cuenta atrás mientras Ryoma no dejaba escapar ni uno de los intentos que hacía ella en vano por evitar que sus ojos se encontraran.

-diez, nueve, ocho, siete, seis...- Con cada número que anunciaba más sentía que su corazón se aceleraba y el rubor de sus mejillas aumentaba. Sentía curiosidad por saber qué es lo que tramaba Ryoma, pero a la vez no podía evitar sentir como la temperatura de su cuerpo y la atmósfera subía de una forma que no había sentido antes -...c-cinco... cuantro... t-tres... dos..-

Ryoma le tapó los ojos con una mano.

-...u-uno... c...-

Sakuno no pudo finalizar la cuenta atrás debido a que sus labios fueron sellados por los del chico.

Sorprendida trató de separase consiguiendo el efecto contrario, ya que el chico dejó posar su cuerpo sobre el de ella. Durante el beso pudo sentir como el cuerpo de él cambiaba, sin embargo, al tener los ojos tapados le era imposible ver que le estaba ocurriendo.

Durante un segundo donde el aire se hizo necesario se separaron unos milímetros.

-R-Ryoma-chan...- Aturdida y jadeante sus manos temblorosas se aferraron a las mangas de su camisa.

El chico apovechó para lamerle el labio inferior haciendo que soltara un leve gemido que usó para introducir su lengua en la boca de ella.

No pensaba dejarla ir. No tenía ninguna intención de separarse del lado de esa niña tímida, torpe e inocente.

-Me gustas, Sakuno, me gustas...- Susurraba entre beso y beso.

Cuando por fin se separaron Ryoma permitió que Sakuno pudiera ver apartando la mano que se encontraba reposando sobre sus ojos. Tras recuperar la respiración, la chica de trenzado cabello posó su vista no en el niño de doce años con el que entró en la habitación, sino con un adolescente de su edad con una mirada hipnotizante llena de emociones que ella habia creado sin darse cuenta.

-Sakuno...- Ryoma se podía ver reflejado en los ojos rojos de la chica ahora claramente confusos.

-¿Qu-quién eres?- Musitó a lo que él sonrió levemente.

-Soy Eros, el dios del amor.- No pudo evitar soltar una leve risa al ver la cara de asombro que estaba poniendo la chica que aún se encontraba debajo de él.

-Sé que parece una tontería, pero es la verdad.-

Ella nego con la cabeza.-Estoy ante un niño de doce años que se acaba de transformar en un adolescente de mi edad.- Tras decir esto soltó un pequeño suspiro nervioso. -Te creo.-

Con cuidado se sentó en el borde de la cama permitiendo que Sakuno se incorporara.

-¿Por qué apareciste ante mí de esa forma si eres un Dios?-

Ryoma posó su mirada ambarina en la figura de la chica antes de desviarla momentos después.

-Alguien rezó por tí. Esa persona quería que consiguieras encontrar tu media naranja este San Valentín. Se suponía que tenía que encontrarte un chico para tí, pero al final...-

Eros hizo una pausa para tragar saliva y rascarse la nuca antes de volver la vista en ella.

Sakuno pudo ver por primera vez como el rostro del Dios del Amor se ruborizaba y unas gotas de sudor comenzaban a caer por su rostro. No pensaba decirlo, pero tenía que admitir que era una visión adorable.

-...Al final me acabé enamorando de ti.- Finalizó, provocando que Sakuno escondiera el rostro tras su flequillo y comenzara a jugar con uno de los mechones de su cabello.

-Bu-bueno... la verdad es que...- Comenzó a decir con algo de dificultad.-...si bien al principio no estaba enamorada de tí, poco poco comencé a sentir cosas y... y...- El tono de la chica se iba haciendo cada vez más nervioso según proseguía con la historia, provocando que Eros sonriera de medio lado sin quitarle la vista de encima.-...me sentía mal conmigo misma, porque tu eras un niño pequeño y, y...- La verguenza pudo con Sakuno, la cual procedió a taparse la cara con las manos.

Inmediatamente Ryoma las apartó y con cuidado posó sus labios sobre los de ella para después abrazarla con fuerza.

Sintiendo por primera vez en su vida lo que era estar enamorado a pesar de ser el Dios del Amor, Eros cerró los ojos y disfrutó del momento.

Al rato, Sakuno alzó la mirada con gesto preocupado.

-¿Qué ocurre?- Inquirió el chico sin mirarla.

-E-es que... si tu objetivo era encontrar a alguien solo para este San Valentín... Eso significa que cuando termine el día de los enamorados te irás...- Volvió a esconder el rostro en el pecho del Dios y lo abrazó.

Eros se quedó callado durante unos minutos antes de reírse a carcajadas, haciendo que Sakuno hinchara los mofletes fingiendo indignación.

-Mada Mada Dane.- Dijo una vez se tranquilizó.- Es cierto que fui invocado con el objetivo de encontrar a tu chico ideal, pero nunca he dicho que fuera solo para ese día.-

La muchacha abrió los ojos sorprendida y sonriendo se abalanzó a sus brazos provocando que perdieran el equilibrio y terminaran recostados de mala manera en la cama.

Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Sakuno cuando notó como los dedos del Dios recorrían su espalda con movimientos rápidos y "peligrosos" que amenazaban su pureza e inocencia. Nerviosa trató de saltar de la cama para ser detenida por la cintura y volver a terminar debajo del cuerpo de Ryoma.

-¿A dónde crees que vas, Sa-ku-no? Hoy es San Valentín y la noche acaba de empezar. Deberíamos de aprovecharla, ¿No crees?-

Sonrojada no pudo evitar sentir como su corazón se le aceleraba cada segundo que pasaba.

-¿Cuál es el otro nombre por el que soy conocido?- Preguntó el muchacho de la nada. La chica lo miró confusa durante unos instantes antes de responderle.

-Hnn.. Era "Cupido" ¿Verdad?-

-Bingo.- La felicitó. -¿Y sabes el otro significado que tiene mi nombre "Cupido" aparte de "amor"?- Preguntó como si estubiera a punto de cometer una travesura dependiendo de la respuesta.

Sonrió con arrogancia cuando Sakuno negó con la cabeza. Lentamente se le acercó al oído y musitó:

-"Deseo"-

FIN

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Como siempre, dejadle galletita rica :'D Siempre es bienvenida ~

¡Hasta mañana!