Transcurrieron semanas, quizás un mes desde entonces. Aún vivían en casa de Balthazar, aunque Dean había conseguido ya un empleo. Al principio le aterraba la idea de que las cosas salieran mal, pero luego se dio cuenta de que no era tan difícil cómo imaginaba; sólo se dedicaba a preparar café, servir comida y llevarla hasta las mesas, procurando sonreír y ser amable todo el tiempo, era realmente simple, trabajaba cerca de casa y recibía un buen pago por su labor, además había hecho buenos amigos y estaba orgulloso de ello. Balthazar había insistido en que podían quedarse hasta que Castiel terminase sus estudios y pudiese conseguir un empleo decente, después de todo, se sentía bien con su compañía a pesar de los ruidos desagradables en las noches, de los cuales prefería no hablar. Lo único malo de su situación, era el hecho de que con su empleo a tiempo completo y con Castiel de vuelta a sus estudios, quedaba poco tiempo para disfrutar juntos, pero al menos podían verse siempre en las noches, además, Castiel lo visitaba con frecuencia en la cafetería e iban a almorzar juntos, Dean estaba feliz de que ya no quisiera ocultar su relación ante los demás, que pudiera gritar a los cuatro vientos cuánto se amaban y cuán felices eran.
Habían planeado todos los lugares que visitarían juntos y todas las cosas que aún tenían por hacer. Balthazar se había incluido en muchos de sus planes junto a su nueva novia, con la cual no llevaba mucho tiempo y todos auguraban que su relación no duraría, sin embargo a Dean le agradaba, era una chica simpática y divertida, aunque a veces lamentaba tener que esforzarse por ocultar su secreto mientras estaban juntos.
No volvieron a hablar sobre el tema, Dean asumió que Castiel no renunciaría a su humanidad y prefería que Dean renunciara a cien años más de vida y terminara su existir cuando su vida humana se apagara. Sería egoísta pedirle lo contrario, no tenía derecho a cambiar la vida y la esencia de Castiel, después de todo, morir cuando Castiel muriera había sido su decisión y no algo impuesto por su pareja, así que se prometió no volver a hablar acerca de ello, convenciendo a su familia y a Balthazar de no hacerlo tampoco, si Castiel prefería fingir que nunca supo nada al respecto, entonces todos fingirían que así era, aunque eso no quería decir que no imaginara cada noche como sería el mundo al lado de Cas en unos cien años y no quería decir tampoco que no temblara de miedo al imaginarlo envejecer poco a poco, su salud deteriorándose sin poder hacer nada para evitarlo y finalmente muriendo en sus brazos algún día.
Su corazón comenzó a palpitar con fuerza nerviosa de tan sólo imaginarlo y sintió la necesidad de envolver el cuerpo de Castiel en sus brazos, sentir que aún estaba a su lado y que era real. Castiel reposaba a su lado en la cama, la luz de la luna se filtraba por la ventana y hacía ver su pálido rostro aún más bello, así que sin poder resistirse, Dean abrazó su cintura y posó su cabeza cerca de su cuello, inhalando su aroma fresco, podría permanecer así por siempre, sintiendo su piel suave y tibia y su rico aroma.
Castiel se movió en sus brazos para entrelazar los dedos de Dean entre los suyos, causando un poco de sorpresa en el más joven.
- Lo siento ¿te desperté?
- No te preocupes, estaba despierto.
- ¿No puedes dormir? – hacía mucho tiempo se habían ido a la cama y Dean esperaba que Cas estuviera profundamente dormido.
- No, tengo muchas cosas en mi mente ahora.
- ¿Ah sí? ¿de qué se trata? ¿no estarás pensando en alguien más, verdad?
Su voz salió teñida en celos y Castiel lo encontró adorable – No, Dean, por supuesto que no. Estaba pensando que quizás debería dejar que me conviertas en licántropo.
Dean frunció el ceño y se incorporó en la cama – has estado pensando en eso desde hace más de un mes y hasta ahora no te había robado el sueño.
- Es porque está vez creo que he tomado la decisión.
- ¿Crees? – levantó una ceja en interrogación.
- Me doy cuenta de que nunca podré estar lo suficientemente seguro sobre esto, pero estoy dispuesto a arriesgarme.
- Cas, no voy a hacerlo si no estás completamente seguro, porque una vez que lo hagamos no habrá marcha atrás.
- Está bien, Dean, no puede ser tan malo, he tomado decisiones antes sin estar seguro de lo que quiero y hasta ahora toda ha salido muy bien, si no me hubiera arriesgado en ese entonces no estarías a mi lado ahora y no sería tan feliz.
Dean sonrió complacido por su comentario, Castiel sabía cómo adoraba las palabras cursis aunque se empeñara en negarlo y sabía que con elogios podría convencerlo de cualquier cosa.
- Es sólo que no quiero que te arrepientas luego y que me odies por eso.
Castiel se incorporó también para tomar a Dean en sus brazos – jamás te odiaría, créeme, nunca podría hacerlo. Está bien, Dean, estoy seguro de que es la mejor decisión que podría tomar, simplemente aún no me atrevo a hacerlo porque estoy asustado, pero quizás sólo esté siendo estúpido.
- No creo que estés siendo estúpido, es normal que estés asustado, pero si dices que estás seguro entonces lo haré.
Castiel sonrió, recostándose de nuevo en la cama y llevando a Dean hasta el colchón – mañana llamaremos a tu padre y le preguntaremos al respecto, ahora intenta dormir un poco, yo dudo que pueda lograrlo.
- ¿Quieres que encienda la televisión? Tal vez eso ayude.
- De acuerdo, si no te molesta.
Dean tomó el control remoto de la mesita de noche y encendió la televisión, acurrucándose al lado de Castiel y permitiéndose calmar por el sonido de las voces, la música y los efectos de sonido, hasta que lentamente fue quedándose dormido entre los brazos de Castiel.
ooOoo
Hablaron con John Winchester al día siguiente para informarse acerca del ritual y el proceso de transformación. John estaba aliviado de saber que Castiel había aceptado someterse a él y ahora su hijo podría aprovechar el don de la vida larga y plena que se le había otorgado como licántropo. Al menos uno de ellos tendría la posibilidad de hacer lo que deseara con su vida, porque Dean no llevaba sangre Winchester, no era hijo de Mary y no había razón por la que debiera importarle su muerte, así que la caza no tenía que ser una atadura para él; el chico era tenaz y debía reconocerlo, era valiente, fuerte y haría lo que fuese para proteger a quienes amaba, pero se veía increíblemente afectado por las pérdidas, solía sentir demasiada compasión por su enemigo y carecía del entrenamiento necesario, además de la sed de venganza que en la mayoría de los casos acompañaba el propósito de un cazador, eso sin mencionar que Dean jamás sería aceptado entre la comunidad de cazadores, lo verían siempre como un monstruo y jamás lograría encajar en ningún lado, si se dedicara a la caza, sería perseguido y tendría que enfrentarse al rechazo. Definitivamente las cosas estaban mucho mejor de la manera en que iban, Dean siendo libre, feliz y teniendo una vida normal.
Sin embargo tuvieron que esperar un par de semanas más antes de poder llevar a cabo el ritual, puesto que debían esperar hasta que la luna llena estuviese en el medio del cielo nocturno, bañándolos por completo con su luz. El ritual debía realizarse a través del sexo, ya que el propósito de la transformación consistía en hallar un compañero con el cual reproducirse y preservar la especie, además, de esa manera habría intercambio de más de una clase de fluidos corporales necesarios para llevar a cabo el proceso.
Por lo tanto ahora se hallaban en medio de la montaña, completamente solos, con la única compañía del viento y la luna llena que pronto se acercaba al punto necesario en la mitad del cielo. Ambos jóvenes compartieron miradas nerviosas y llenas de ansiedad, sintiendo sus manos temblar con anticipación.
- Está bien, Cas, todo irá bien – susurró Dean a su oído de manera calmante, aunque no podía negar que sentía morir de temor de que algo saliese mal, de que pudiese perder a Castiel por el deseo de tenerlo a su lado durante siglos. Castiel lo miró y asintió, ofreciéndole una sonrisa reconfortante.
- Lo sé, confío en ti y estoy listo.
La luna se acercaba cada vez más al punto esperado en el cielo, entonces Dean y Castiel se ubicaron en el prado, justo donde esperarían a que la luna los iluminara. Compartieron sonrisas y miradas nerviosas, antes de juntar sus labios en un beso puro y casto. Las manos de Dean comenzaron a deshacerse lentamente de las prendas de Castiel, comenzando por su chaqueta, su camisa, luego su cinturón, todo sin separar sus labios. Recostó el cuerpo de Castiel en el suelo para deshacerse de sus pantalones y su ropa interior, sin poder evitar jadear al verlo completamente desnudo aunque no fuese la primera vez. Castiel permaneció aturdido en el suelo mientras Dean se despojaba de sus propias prendas, lenta y pausadamente, de manera tan seductora que hacía sentir su piel demasiado caliente bajo las caricias del viento frío de la noche. Dean se percató de la lujuria en los ojos azules de Castiel y sonrió complacido antes de regresar de vuelta a sus brazos.
- ¿Te gusta lo que ves?
- Sabes que sí - respondió Castiel, y no mentía, las pupilas de Dean estaban dilatadas, sus ojos oscuros de deseo, sus mejillas sonrojadas resaltando las pecas que tanto amaba, su cabello despeinado moviéndose con el viento y su piel blanca brillando mientras reflejaba la pálida luz de la luna, si existía algo más bello y perfecto que eso, Castiel no lo creería.
Volvieron a besarse esta vez con más pasión, Dean enredó sus dedos en el cabello negro y sedoso de Castiel y sin soltarlo se dio la vuelta, apoyando su espalda contra el pasto y atrayendo a Castiel sobre su cuerpo. Sus manos y sus dedos estaban por todas partes, acariciando, palpando y explorando cada lugar, haciendo crecer la lujuria y el deseo. Cuando la luna estuvo en su punto, Castiel se ubicó entre las piernas de Dean y muy lentamente se sumergió entre ellas, procurando no causarle dolor. Dean jadeó al principio y cerró los ojos, tratando de ajustarse a la nueva sensación.
- ¿Estás bien? – preguntó Castiel tímidamente.
- Estoy bien, no te detengas.
Era su primera vez, habían hecho cosas en la cama pero no habían avanzado aún hasta aquel nivel, querían reservarlo para el día de su transformación de modo que fuese aún más especial para ambos. Castiel vio la aprobación en los ojos de Dean y comenzó a empujar lentamente, aumentando poco a poco la fuerza y la velocidad, a medida que Dean movía sus caderas.
Como el ritual lo indicaba, mordió con fuerza el cuello de Dean, bebiendo de su sangre. Dean enredó sus dedos en el cabello de Castiel y acarició su espalda hasta que terminó de beber. Castiel gemía con disgusto hacia el sabor y Dean se sintió culpable por permitirse sentir aunque fuese solo un poco de placer ante la sensación de succión en su cuello, aunque el dolor y la pérdida de sangre le hacían sentir un poco mareado.
De esa manera llegaron al clímax, Casitiel dentro de Dean, con sus dientes clavados en su cuello, la boca cubierta de sangre mientras gemía su nombre, el sudor y otros fluidos impregnados en sus cuerpos, los dedos de Dean enredados en los cabellos negros y sus piernas atadas a la cintura de Castiel, todo mientras la luz de la luna los bañaba.
Cuando la luna se alejó del centro del cielo, ambos se separaron, compartiendo miradas confundidas - ¿sientes algo diferente? – Preguntó Dean, a lo que Castiel negó con la cabeza - ¿crees que no haya funcionado? Tal vez porque eres hombre y el ritual se hace con fines reproductivos o tal vez hicimos algo mal.
- No lo sé – la decepción teñía su voz al hablar – Vamos a vestirnos, ya lo averiguaremos.
Castiel se levantó del suelo sintiendo el peso de la decepción sobre su pecho y el dolor al ver la mirada triste en los ojos verdes de Dean, pero tan pronto como se puso de pie, un dolor ardiente atravesó su piel, haciéndole gritar y doblarse de dolor, sus rodillas cedieron e inmediatamente volvió a caer al suelo.
- ¡Cas! – Dean gritó lleno de terror, corriendo a su lado para atraparlo entre sus brazos - ¿estás bien?
Pero Castiel no le escuchaba, estaba gritando de dolor, el dolor más intenso que jamás hubiera sentido, sentía que estaba muriendo y eso le llenaba de pánico porque sabía que si moría entonces Dean estaría destrozado. Dean gritaba también y gruesas lágrimas brotaban de sus ojos, pero Castiel no entendía sus palabras. De pronto habían tres siluetas más a su lado, sabía quiénes eran, era la familia de Dean, quienes prometieron permanecer cerca en caso de que algo saliera mal, justo como ahora. Ni siquiera le importaba estar desnudo frente a ellos porque el dolor era tan fuerte que le impedía pensar en el pudor y otras cosas insignificantes.
Sintió sus huesos romperse y doblarse en ángulos extraños, finas agujas brotar de su piel, entonces se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo cuando su nariz se transformó en un largo hocico, sus orejas crecieron sobre su cabeza, sus extremidades se convirtieron en patas y una larga cola se desprendió de su columna; ahora era un lobo al igual que Dean.
Poco a poco el dolor desapareció y el aturdimiento se disipó lo suficiente para ver con claridad los rostros preocupados de John, Bobby, Sam y Dean. Quiso hablar, decirles que todo estaba bien, pero sólo un ladrido salió de su boca.
- ¡Cas! – Dean gritó lleno de alivio, abrazando al lobo fuertemente, enterrando su rostro en su cuello peludo – Dios, me asustaste, no vuelvas a hacer eso jamás.
Dean se apartó para mirarlo con detenimiento; Castiel era un lobo hermoso, su pelaje era grueso y brillante, de un color negro azabache, el cual combinaba perfectamente con sus ojos azul eléctrico, su tamaño era similar al de Dean y su pelaje abundante le hacía ver fuerte e imponente.
- ¡Funcionó, Papá, funcionó! – gritaba Sam lleno de alegría, casi saltando en su lugar.
Castiel se las arregló para ponerse de pie lentamente, sintiéndose torpe y aturdido; se tambaleó un poco en sus patas antes de atreverse a caminar, al principio encontró difícil coordinar sus extremidades, pero pronto comenzó a acostumbrarse. Entonces levantó la mirada para encontrarse con Dean, mirándolo a su lado, también en su forma de licántropo, moviendo su cola con emoción.
- Hey, Cas – escuchó la voz de Dean en su mente y creyó estar loco. Escuchó de nuevo las risas de Dean dentro de su cabeza – No, hombre, no estás loco, ahora eres como yo y podemos comunicarnos como los licántropos lo hacen ¿no es increíble?
Castiel dudaba que pudiera responderle, no comprendía como hacerlo, todo ahora era nuevo para él; podía escuchar el rugido del viento soplar más fuerte que nunca, los ruidos de la ciudad a lo lejos, el canto de los grillos, todo…también podía ver mejor que nunca, incluso en la oscuridad de la noche, miles de aromas inundaban sus fosas nasales, el olor del campo, el olor del pelaje de Dean, la colonia de Sam, el olor de la gasolina impregnada en las ropas de John… todo se sentía más fuerte y de una manera diferente. Había una chispa ardiente de energía recorriendo todo su cuerpo, no se sentía como la ansiedad que a veces lo agobiaba, no era algo desagradable, era más similar a la euforia y la alegría, recordándole aquella época cuando era un niño pequeño y no quería más que correr, jugar y explorarlo todo, así se sentía.
- Está bien, Cas, no te angusties, entiendo que todo es diferente ahora…tú eres diferente, tus sentidos son más agudos, tu salud es perfecta y estoy seguro de que ahora tu cuerpo tiene más energía. Será difícil y confuso al comienzo pero te acostumbrarás, lo haremos juntos. Papá, Sam y Bobby están a nuestro lado para ayudarte, también Balthazar y pronto tus hermanos lo comprenderán, sólo no pienses tanto y déjate llevar, disfruta.
Castiel encontró que Dean tenía razón, estaba asustado, era cierto, pero no tenía por qué angustiarse ahora, todo estaría bien y era un día para disfrutar, para celebrar su unión.
- ¿Dean? – intentó hablar en su mente sin estar seguro de que lo estuviese haciendo bien.
- Sí, Cas, aquí estoy, puedo escucharte – el lobo se acercó para inhalar el aroma de Castiel, como si quisiera grabar en su memoria el olor de su pareja en su forma animal.
- Dean, oh vaya, esto es… increíble.
- Lo es. Sé que sonará cursi, pero creo que no podría ser más feliz que ahora.
Castiel rio en su mente antes de hablar – yo creo que sí, aún nos falta un paso más para estar juntos por siempre… otro paso del ritual.
Dean se apartó confundido y Castiel estaba seguro de que si estuviese en su forma humana estaría frunciendo el ceño – ¿a qué te refieres?
- Dean ¿querrías casarte conmigo?
Castiel observó con ternura la reacción de Dean, su cola balanceándose rápidamente de un lado a otro y sus orejas en alerta, mientras saltaba con alegría sobre sus patas delanteras - ¿bromeas? Por supuesto que quiero – nunca en su vida había asistido a una boda, pero había visto la ceremonia en la televisión, en ese entonces en su mente no cabía imaginar cómo sería la alegría de los recién casados y lo mucho que aquel ritual significaba para ellos, pero ahora no podía evitar desear una boda tradicional como las que había visto tantas veces en las películas, con trajes, comida, decoración, tal vez en la playa, a la orilla del mar, compartiendo palabras cursis de amor, intercambiando anillos, dispuestos a vivir una vida perfecta. Tal vez era iluso al pensar que tendrían una vida perfecta pero no estaba de más soñar, de todos modos sabía que siempre y cuando estuviese al lado de Castiel, su ángel guardián, sería feliz.
Los Winchester no se enteraban aún de lo que acababa de ocurrir, no entendían la extraña interacción que parecía desarrollarse entre ambos licántropos, mirándose fijamente y moviendo sus colas; sólo los vieron corretear alegres por todo el lugar, persiguiéndose el uno al otro como cachorros, olvidando que hacía tan sólo unos minutos Castiel había estado gritando de dolor y Dean llorando por el miedo de perderlo. Pero eso ya no importaba ahora, lo importante era poder verlos a ambos felices, divirtiéndose, celebrando su unión y su libertad… John ya no se sentía culpable por haber encerrado a Dean por tanto tiempo, pues ahora sabía que tendría 200 años por delante para recuperar el tiempo perdido y tenía la oportunidad de ser feliz a lado de la persona que amaba… lo que los verdaderos y desafortunados Winchester probablemente jamás tendrían la oportunidad de lograr.
FIN
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Muchas gracias a todos por leer, especialmente a DCFE por todo su apoyo. Espero les haya gustado.
Nos leemos pronto.
