Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 17

¿Por qué diablos no se despierta, Marco? —la nerviosa voz de Edward se abrió paso en la nebulosa que cubría mi mente, quise abrir los ojos pero los parpados me pesaban toneladas—. No puedo seguir esperando más, ahora mismo la llevare a un hospital.

Tranquilizate Edward y recuerda que el doctor aquí soy yo, así que deja de estar entorpeciendo mi trabajo y hazte a un lado ¿quieres? —sentí el colchón moverse y una cálida mano acarició mi mejilla.

Lo siento, estoy muy nervioso, no quiero que nada le pase a ninguno de los dos —un fuerte olor inundó mi nariz sacándome de la oscuridad, poco a poco abrí los ojos y asustada traté de incorporarme de golpe al ver al hombre parado junto a la cama, pero las manos de Edward me detuvieron.

—Al fin despiertas Bella, aquí tu esposo estaba que se subía por las paredes a causa de la preocupación —dijo con voz suave alejándose un par de pasos.

—Amor, me has dado un susto tremendo —tomó mi mano y le dio un ligero apretón.

—¿Qué fue lo que pasó? —pregunté con voz rasposa y cerrando los ojos, aún me sentía mareada y estaba comenzando a sentir una nada agradable sensación de náuseas.

—Tu tensión arterial tuvo una baja considerable y te desmayaste —Marco, un doctor amigo de mi suegro y el cual ahora recordaba haber conocido el día de mi boda, guardo algo en su maletín—. Te recomiendo guardes reposo por unos días, evita alterarte y ve a tu doctor lo más pronto que puedas. Necesita hacerte un chequeo y descartar cualquier problema con la criatura.

—¿Puede haber algo mal con mi bebé? —murmuré con voz temblorosa y mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Eso no puedo decirlo yo pues está fuera de mi especialidad, por eso les recomiendo una visita con un especialista.

—Mañana... bueno, en unas horas más tenemos cita con la ginecóloga de Bella —Edward dejó un suave beso en mi frente y murmuró un: ahora vuelvo cariño—. Marco, gracias por venir a pesar de la hora —se puso en pie y le acompañó a la salida.

Un par de minutos después las náuseas volvieron con renovadas fuerzas y me puse en pie, tambaleante caminé lo más rápido que pude hasta llegar al cuarto de baño, me arrodillé junto al retrete y apenas si tuve tiempo de levantar la tapa antes de comenzar a vomitar de manera compulsiva. Al terminar, jalé la cadena justo cuando Edward entraba al cuarto de baño, se arrodilló a mi lado y me lancé a sus brazos llorando.

—No quiero que... le pase nada... a mi bebé —murmuré entre hipos y lágrimas, sus brazos rodearon mi cuerpo y besó el tope de mi cabeza.

—Estará bien, todo estará bien amor —cuando mi llanto se calmó un poco, me ayudó a poner en pie y me lavé los dientes. No puse resistencia cuando me cargó en sus brazos, al contrario, enredé mis brazos en su cuello y apoyé la cabeza en su hombro; con suavidad me acostó en la cama y me arropó con las mantas—. Bella, respecto a lo que pasó antes de que te desmayaras yo...

—Edward, por favor, ahora no es el mejor momento para seguir con esa charla —lo interrumpí, soltó un pesado suspiro y se sentó a mi lado en el borde de la cama.

—Necesito saber quién fue —dijo con aparente calma, pero el brillo rabioso en su mirada me confirmó que calma era lo menos que sentía—. Quiero estar seguro de que no podrá lastimarte de nuevo.

—Y no lo hará... no puede acercarse más a mí... ¡no puede! —grité alterada.

—Tranquila amor, recuerda lo que dijo Marco, yo... —pasó su mano por sus cabellos y respiró profundo un par de veces—. Perdóname, no debí traer ese tema a conversación de nuevo sabiendo cuanto te altera.

—Sólo no... no vuelvas a mencionarlo ¿de acuerdo? —le pedí, cerré los ojos y suspiré—. Sé que es importante para ti saberlo y te prometo que cuando nuestro hijo nazca te diré todo, pero por ahora olvidemos eso, por favor.

—Está bien, no volveremos a tocar ese tema por ahora, te lo juro —dejó un casto beso en mis labios, antes de ponerse en pie y acostarse.

Pasaron largos minutos antes de que me tranquilizara lo suficiente como para que el sueño volviera, cerré los ojos y antes de caer dormida, sentí el brazo de Edward rodear mi cintura y una suave caricia en mi vientre.

No podía evitar retorcer mis manos con nerviosismo mientras esperábamos a que mi turno en la consulta de Heidi llegara, la espera se me hizo eterna y cuando por fin íbamos a entrar al consultorio, me aferré con fuerza a la mano de Edward ya que mis piernas temblaban. Heidi comenzó por hacerme las preguntas de rigor, Edward se adelantó y le contó lo sucedido en la madrugada a lo cual ella frunció el ceño pensativa, algo que no me gustó para nada. Diez minutos después me encontraba recostada en una camilla, Edward me dio una sonrisa tranquilizadora y besó el dorso de mi mano; a pesar de la advertencia de Heidi sobre el frío gel, un escalofrío recorrió mi cuerpo al sentirlo entrar en contacto con mi piel.

Algunos minutos después lágrimas de alivio resbalaban por mis mejillas, mi bebé estaba en perfectas condiciones, su peso y medidas eran las indicadas para mis cinco semanas de gestación, así que podía estar tranquila. Aunque sin embargo Heidi me recomendó unas semanas de reposo, y evitar en medida de lo posible, las emociones fuertes y disgustos.

El timbre comenzó a sonar y Edward fue a abrir la puerta, hacía una semana desde nuestra visita al consultorio de Heidi y mi marido se había tomado muy en serio lo de un par de semanas de reposo, no me dejaba hacer nada y tuvimos una pequeña discusión cuando insistí en dejar la cama y trasladarme a uno de los sofás de la sala; me costó convencerlo, pero una hora después bajaba las escaleras en brazos de Edward y el cómodo sofá me daba la bienvenida.

—Hola cariño —mi madre me saludó con un beso en la mejilla y se sentó a mi lado, me recosté apoyando la cabeza en su regazo y acarició mis cabellos como cuando era niña.

—¿Quieres algo de tomar, Renée?

—Un café me vendría bien —Edward asintió con una sonrisa, tendríamos unos minutos para poder hablar antes de que regresara.

—¿Qué averiguaron sobre James? —pregunté una vez nos quedamos solas y soltó un pesado suspiro.

—Bella, hace cinco años que James está libre y vive en Oklahoma —en ese momento tuve un pequeño flash back, recordé cuando nos encontramos a Sulpicia en Colorado y ella dijo que James vivía en Oklahoma. No lo había creído pues sabía que él estaba en prisión, pero por lo visto no fue un invento de Sulpicia para evitar explicarle a Edward el por qué su hijo estaba preso.

—Entonces si fue él a quien vi aquel día —afirmé con voz tensa.

—No, según el informe que recibió tu padre hace unos días, James dejó Nueva York un par de días después de ser puesto en libertad y no ha regresado. Sus padres lo visitan cada pocos meses.

—¿Cómo es posible que esté libre?

—Consiguió una reducción de condena por buen comportamiento. Pero no tienes nada de que preocuparte hija, en estos cinco años no ha intentado nada y además tu padre le ha puesto vigilancia, no dará un paso sin que nos enteremos de ello —asentí y murmuré un gracias mamá.

Cuando Edward regresó con el café me incorporé sentándome de nuevo en el sofá, los tres nos sumergimos en una charla que giró en torno a mi bebé, lo cual logró distraerme lo suficiente como para no volver a recordar a James por el resto del día; al final mi madre se había quedado a comer con nosotros, y claro, ella había terminado por ser la cocinera a cargo. Aunque Edward no se salvó de tener que someterse a la tortura de ser su ayudante.

Los días comenzaron a pasar con normalidad y una reconfortante calma, mi embarazo iba de maravilla y casi ni tenía molestias, era una fortuna para mí que las náuseas no se hubieran hecho presentes como en la mayoría de las embarazadas. Al principio me había preocupado demasiado, pero después de hablar con Heidi y me asegurara que era totalmente normal, pues un embarazo no se daba igual en todas las mujeres, me quedé mucho más tranquila. El sonido de mi teléfono móvil me sacó de mis pensamientos, sonreí al ver el número de Giovanni y me apresuré a contestar.

—Hasta que recuerdas que tiene una amiga —fue lo primero que le dije y soltó una sonora carcajada.

¡Oh vamos Bells! He estado ocupado, la cosecha me ha tenido hasta el tope de trabajo. Ni siquiera he podido hablar con Jane en días.

—Suerte con eso, mi querido amigo. Por cierto, tengo dos noticias que darte —cambié de tema acariciando mi vientre de forma distraída—. La primera es que serás tío, ¡estoy embarazada!

Eso es... es... ¡fantástico! Pero no solamente seré tío de ese bebé, ah no, yo seré su padrino aunque tu marido se retuerza —no pude evitar reírme con ganas, sabía que aunque ambos lo negaran, ya no se detestaban como en un principio y estaban a un paso de ser amigos—. ¿Y cuál es la segunda noticia?

—Bueno, esa no es una agradable —tomé una profunda respiración y agregué—: James está libre. —Le conté todo, desde que me pareció verlo en la calle y la crisis nerviosa que me provocó, hasta lo que me contó mi madre unos días atrás.

Supongo que hablaste sobre ello con Edward, ¿cierto?

—Sí y no, por fin pude hablarle sobre el secuestro pero no pude contarle sobre quien lo hizo. Y antes de que digas algo, ambos llegamos a un acuerdo, después de que nazca nuestro bebé se lo diré.

Me parece bien, sobre todo teniendo en cuenta que lo más importante ahora es que mi ahijado esté bien —unos pasos acercándose me alertaron de que ya no estaba sola, y un par de segundos después, Edward apareció en mi campo de visión.

—Sabes que puede ser niña, ¿cierto? —Edward me dio una mirada interrogante y murmuré un: es Gio, a lo que frunció el ceño con fastidio.

Lo sé, y de ser así, me tendré que ver en la penosa necesidad de llegar a una tregua con tu marido. Necesitaremos unir fuerzas, para alejar a todos los chicos que quieran acercarse a ella —negué con diversión ante sus palabras—. Aunque no quiero hacerlo, tengo que colgar pues el deber me llama. Te quiero y cuidate mucho ¿okay?

—Claro que lo haré, también te quiero —a mi lado Edward gruñó molesto y rodeé los ojos con cierto fastidio.

¡Ah! Y dale mis saludos a tu marido —dijo de lo más divertido antes de cortar la llamada.

—Gio te envía saludos —dejé el teléfono a un lado y apoyé la cabeza en su hombro—. ¿Sabes? Deberías considerar la idea de que Gio es parte de la familia, sobre todo porque será el padrino de nuestro bebé.

—¡Por supuesto que no! ¡No permitiré tal cosa, jamás! —chilló casi con indignación, moví la cabeza hasta que mis labios rozaron su mandíbula donde dejé un húmedo beso.

—Amor, sabes que en el fondo Gio te cae bien —maldijo por lo bajo y me acurruqué entre sus brazos—. También sabes que no puedes negarme nada, así que Gio terminara siendo el padrino.

—Te amo, pero en esto no pienso ceder —dijo destilando seguridad, sonreí y por el momento no dije más, sabía que al final no iba a oponerse.

Para mi segunda cita con Heidi me dijo que podía continuar con mi vida normal, incluyendo continuar con mi trabajo, claro que teniendo los cuidados necesarios que toda embarazada debe tener; Edward intentó protestar a eso pero por fortuna, Heidi lo convenció de que no era un peligro ni para el bebé ni para mí. Además de que mi trabajo no requería un gran desgaste físico o estar fuera de casa ocho horas al día, los siete días de la semana.

Los días siguieron pasando, convirtiéndose en semana y estás en meses. Oficialmente estaba en mi semana número veinte de gestación, mi vientre plano se había ido de paseo y ahora parecía una gran pelota andante, pero no podría estar más feliz por eso, porque eso significaba que mi princesa estaba creciendo sana y fuerte; porque sí, en mi ultimo chequeo Heidi nos dio la noticia de que era una niña. Al saberlo mi madre y Esme comenzaron a comprar ridículas cantidades de ropa, mantas, juguetes, biberones y de más, todo en distintos tonos de rosa; a lo que tuve que ponerles un límite y recordarles que existía una extensa gama de colores, pues a ese paso, mi hija terminaría creciendo con un trauma.

Me encontraba revisando que todo estuviera listo para comenzar con una sesión fotográfica que teníamos pendiente, Jane llegó con los modelos y nos pusimos manos a la obra; mi rubia amiga estaba impaciente por terminar ya que su novio llegaba hoy a la ciudad, y quería estar libre, para poder ir a buscarlo al aeropuerto y pasar el resto del día con él. Como siempre me pasaba cada que tenía una cámara en las manos, me olvidé de todo a mi alrededor; estaba tan concentrada en mi trabajo que apenas fui consciente de la voz de Jane gritándome, segundos después era empujada y por fortuna uno de los modelos logró sujetarme antes de caer al suelo.

—¡Oh por Dios! Una ambulancia, llamen a una ambulancia —giré el rostro en busca de la persona que gritaba. Jane estaba tirada en el suelo, justo donde había yo estado parada segundos antes, gritando adolorida.

—¿Qué diablos pasó? —pregunté acercándome, abriéndome paso entre los curiosos que rodeaban a mi rubia amiga.

—Uno de los reflectores, se soltó y la ha golpeado —respondió uno de los asistentes de iluminación, al tiempo que alguien gritaba: la ambulancia ya viene en camino.

Cuando la ambulancia llegó yo fui con ella, me pidió que le llamara a Giovanni y le contara lo que había ocurrido; mi amigo ya estaba en el aeropuerto, le di el nombre del hospital al que nos dirigíamos y me dijo que llegaría tan pronto como pudiera.

Cuando llegamos al hospital tuve que quedarme en la sala de espera mientras revisaban a Jane, fue hasta entonces que la realidad me golpeó con la fuerza de una bola de demolición y me tuve que sentar en la silla más cercana, si ella no me hubiese empujado el reflector me habría golpeado a mí y... Un escalofrío recorrió mi cuerpo, ahora podría ser yo la que estuviera en su lugar y mi princesa... No, no debía pensar en eso, ahora lo que importaba era que Jane estuviera bien. Pero ¿cómo es que algo así pudo pasar? Los chicos de iluminación siempre se cercioran de que los reflectores queden bien sujetos, por lo tanto es poco probable que se... ¡Oh mi Dios! ¿Y si no fue un accidente? ¿Y si alguien dejó flojo el reflector con toda la intensión de éste que se cayera?

Con manos temblorosas busqué mi teléfono móvil dentro de mi bolso, llamé a una de las asistentes y le pregunté quién había sido el encargado de checar los reflectores. La verdad no me sorprendió que me dijera había sido un chico nuevo y el cual, al parecer, se había evaporado en el aire; con esa llamada comprobé que lo sucedido no había sido un simple accidente y ahora lo que quedaba por averiguar era quién y por qué lo hizo.

Resoplé con frustración cuando mi teléfono móvil comenzó a sonar, y vi que el nombre de Edward aparecía en la pantalla.

¿Ya terminaste con la sesión? —me preguntó en cuanto atendí la llamada.

—Sí, pero...

Perfecto, entonces paso por ti para ir a comer juntos —tenía que buscar una manera sutil para decirle donde estaba, sin que perdiera los nervios y sacara conclusiones apresuradas.

—Amor, no puedo ir a comer contigo. No te alteres por lo que te voy a decir, pero estoy en el hospital y...

¡¿El hospital?! Dime en cuál que ya mismo voy para allá —solté un sonoro suspiro y le dije donde estaba, era imposible tratar de razonar con él por teléfono.

Me puse en pie y comencé a caminar por el pasillo para distraerme un poco, tanto pensar en lo ocurrido me había provocado dolor la cabeza y estaba segura, que se convertiría en migraña cuando mi histérico marido llegara.

Unos minutos después el doctor que estaba atendiendo a mi amiga, se acercó a mí y me dijo que Jane tenía una clavícula facturada, que le habían tenido que suministrar un calmante para el dolor y dormiría por unas cuantas horas. Por suerte había sido una fractura limpia y sin mayores daños, así que no sería necesario recurrir a un tratamiento quirúrgico, únicamente tendría que utilizar una férula para hombro por cinco o diez semanas.

—¡Bella! —le agradecí al doctor y respiré profundo, antes de girarme al escuchar la alterada voz de Edward llamándome—. ¿Qué haces...? ¡Oh maldición! Traigan una camilla aquí, rápido —gritó y rodeé los ojos.

—No necesito una camilla, estoy perfectamente bien —dije pero me ignoró por completo.

—¡¿Dónde diablos está la maldita camilla?! —sentí los colores subir a mi rostro cuando las personas que pasaban, se quedaban viendo a Edward como si fuera un paciente que recién se había escapado del área de psiquiatría.

—¿Edward? ¿Qué ocurre? —preguntó Marco acercándose a toda prisa seguido de un par de camilleros.

—Todo está bien Marco —me apresuré a responder—. Mi marido se a alterado al saber que estaba en el hospital, y no me ha dejado decirle que estoy bien, que a mí no me pasado nada.

—Y no me tranquilizaré hasta que un medico te revise —Marco sonrió y despidió a los camilleros.

—Créeme que te entiendo Edward, soy padre y pasé por lo mismo que tú cuando mi mujer estaba embarazada. Pero si no te tranquilizas, me veré en la penosa necesidad de en verdad hacer uso de una camilla y darte un sedante —se despidió con una inclinación de cabeza y nos dejó solos.

—Si me hubiese dado la oportunidad de explicarte las cosas, nos habríamos ahorrado esto —Edward respiró profundo y apretó el puente de su nariz.

—Bien, dime ¿qué fue lo que paso?

—Jane tuvo un accidente, estábamos en medio de la sesión cuando un reflector se cayó y la golpeó.

—¿Y a eso le llamas no correr peligro en tu trabajo? —preguntó destilando ironía, abrí la boca para rebatir a sus palabras pero no me dio tiempo a hacerlo—. Dejarás tu trabajo, a partir de hoy no trabajarás más.

—No lo haré, fue un accidente y...

—¡Un accidente que bien pudo tocarte a ti! —gritó interrumpiéndome—. Debes entender que tu vida y la de nuestra hija corren peligro, si es que insistes en seguir con tu trabajo.

Algo detrás de Edward llamó mi atención y solté una nerviosa carcajada, ganándome una mirada resentida por parte de mi marido, al ver la pequeña multitud de personas que curiosas no perdían detalle de nuestra discusión; tomé una profunda respiración y me aclaré la garganta.

—No pienso seguir con esta discusión aquí, ya lo hablaremos en casa —le dije con seriedad señalando a los presentes y Edward les dio una fiera mirada, que los hizo huir despavoridos.

Cuando el lugar quedó despejado de curiosos, pude ver a un divertido Giovanni apoyado en la pared, sin dejar de sonreír se acercó a mí y me abrazó con suavidad.

—Edward, qué gusto verte —negó con diversión cuando mi marido lo ignoró y se cruzó de brazos molesto—. No deberías enojarte tanto que ya te están saliendo canas, ¡no quiero ni imaginarme cuando ni ahijada crezca y comience a salir con chicos!

—Jane está en la habitación docientos tres —le dije evitando así que Edward respondiera a su comentario, lo menos que necesitaba era que ellos dos terminaran discutiendo—. El doctor me ha dicho que tiene una clavícula rota, le dieron calmantes para el dolor y ahora está dormida.

—Ya estoy yo aquí así que no tiene caso que te quedes, ve a descansar y yo te mantendré informada.

—¿Sabes? Es lo más sensato que te he escuchado decir —no quise rebatir, y es que la verdad estaba cansada.

—Bien, te veré después y cualquier cosa llamame —Giovanni asintió y me despedí de él con un beso en la mejilla.

De camino a casa hicimos una parada para comer algo, Edward se mostró distante conmigo y no me dirigió la palabras, hasta que no llegamos a casa; y lo hizo sólo para continuar con la discusión que dejamos pendiente en el hospital. Al final terminamos peleados y es que no iba a ceder tan fácil, mucho menos ahora que Jane estaba en el hospital y teníamos trabajo pendiente por entregar; no dejaría mi trabajo porque él no quería que siguiera trabajando, teníamos un trato y tendría que respetarlo: dejaría mi trabajo seis semanas antes de que nuestra hija naciera, ni un día antes.

Al día siguiente regresé al estudio, debía terminar con la sesión que había quedado pendiente. Por fortuna no faltaba mucho y no me llevó más de tres cuarto de hora para terminar.

—Bella, ¿cómo está Jane? —me preguntó Diana, una de las asistentes, en cuanto terminamos la sesión.

—Tiene rota una clavícula pero se pondrá bien —respondí y soltó un suspiro de alivio.

—Todo el equipo está desconcertado por lo ocurrido, Matt trató de encontrar al chico que estaba encargado de revisar los reflectores pero no apareció.

—¿Cómo era ese chico? —pregunté intrigada.

—Matt dice que era alto, rubio y de ojos azules —asentí de manera distraída y tomé mi bolso.

Intercambiamos un par de palabras más, el equipo quería saber en qué hospital estaba Jane para ir a verla y se los dije; me despedí de los chicos y salí del estudio a buscar un taxi, no había traído mi coche pues amaneció con un neumático pinchado y Edward había salido de casa mucho antes que yo.

Matt dice que era alto, rubio y de ojos azules, me detuve en seco cuando esas palabras se repitieron en mi cabeza, se me puso la piel de gallina y mi corazón comenzó a latir de prisa. La descripción correspondía a James, pero ¿en verdad pudo ser él quién provocara el accidente? Regresé al estudio y le pedí a Diana que se pusiera en contacto con los clientes que teníamos pendientes, que se disculpara con ellos pues no podríamos hacer el trabajo; la chica asintió e inmediatamente se puso a ello.

Llamé a Edward y le pedí que viniera a buscarme, no puso objeción y media hora después llegó por mí. Nada más verlo me lancé a sus brazos, soltó un pesado suspiro y besó mi frente con cariño.

—Lo lamento, no debí inmiscuirme en una decisión que sólo que corresponde a ti. Si quieres seguir con tu trabajo no me opondré a que lo hagas —podía darme cuenta de que para él era difícil decirme esto, su pose tensa era un claro indicio.

—He tomado una decisión, voy a dejar el trabajo, quiero disfrutar en paz y contigo el tiempo que falta para que nuestra hija nazca —me dio una se sus hermosas sonrisas torcidas y buscó mis labios, que con gusto le dieron la bienvenida.

—Me quitas un gran peso de encima —murmuró sobre mis labios y sonreí.

—¿Me llevas a ver a Jane? —asintió y tomó mi mano guiándome hasta donde estaba su coche—. Tú no tuviste nada que ver con que mi coche amaneciera con un neumático pinchado, ¿verdad?

Se limitó a reír y guiñarme un ojo, no pude evitar sonreír y entré al coche. Si en verdad James había tenido que ver con el accidente, y yo era su objetivo, no descansaría hasta lograr su cometido; pero no le pondría las cosas fáciles. Le sería más difícil llegar a mí, si Edward y mi familia estaban conmigo.

Continuará...


¡Hola! Aquí está el nuevo capítulo de la historia y espero que les gustara. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, ahí estaré publicando imágenes relacionadas a la historia como también adelantos de la misma, les invito a unirsenos y si les interesa encontrarán el Link en mi perfil.

Muchísimas gracias a quienes agregaron la historia a sus alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se toman un momentito de su tiempo para dejarme sus lindos review's y alegrarme el día, no los respondo por falta de tiempo, pero sepan que los leo todos y cada uno de ellos.

¿Algún review? =)

¡Hasta el próximo capítulo!