Card Captor Sakura

Sakura y Syaoran

Advertencia: OOC


Capítulo IX

Sí, definitvamente me gustas

Era ya la tercera vez que escuchaba al hijo de Mei Ling llorar en un transcurso de una hora. Miré el reloj y todavía faltaba para tener que levantarme… y eso no había dejado de pasar en las últimas dos semanas. Estaba honestamente cansada de escuchar llantos, y recordaría a mí misma ligarme las trompas para no tener que sufrir el calvario de tener un niño llorando sin que aparentemente hubiesen explicaciones. El hijo de Mei Ling cumpliría dos meses en un par de días y su apariencia había mejorado considerablemente, ya se le podía apreciar como un pequeño ser humano y no un muñeco muy mal hecho. Tenía sentimientos encontrados con él… era el hijo de mi mejor amiga y vivía en mi casa, pero me costaba verlo todavía. Existía, estaba ahí, pero no sentía nada especial por él, sin embargo yo si le gustaba a él, y Mei Ling había descubierto que conmigo dejaba de llorar… nunca debí tomarlo en primer lugar… fastidiada y frustrada por el mal dormir que hace días estaba padeciendo, entré en la habitación de Mei Ling, le quité el mocoso llorón de los brazos, me acosté en su cama y lo dejé sobre mi pecho, y el bebé por arte de magia se detuvo. Mi amiga estaba llorando junto con él, sólo que menos sonaramente y con sus ojos acuosos me lo agradeció.

Había aceptado que me gustaba Syaoran y no perdí tiempo en hacérselo saber. Empezamos una relación que sabíamos que terminaría el día en que él se marchara, porque se lo dije claramente: yo no iba a sobrellevar una relación a larga distancia. Él no se lo tomó bien en un comienzo, pero dos días después llegó y lo aceptó. Syaoran era oficialmente mi novio y no tenía idea de qué es lo que se supone que se esperaba de mí siendo la novia de alguien, pero de él yo sólo esperaba fidelidad y sexo, sin embargo no esperaba que por añadidura me fuera a buscar a mi trabajo casi todos los días, ni que me acompañara a comprar mercadería, ni que fuera por mí a la farmacia cuando necesitaba algo o que simplemente que cuando le dijera que quería algo de la cocina y fuera él por mi tener que pedírselo… era reconfortante tener a alguien que me acompañara en cosas tan poco trascendentales como otras más importantes. Por otro lado habían cosas que a mí no se me ocurrían con naturalidad, pero él tenía paciencia y me las explicaba, y trataba de mejorar día a día y al parecer él estaba conforme con mi esfuerzo. Aún trataba desesperadamente de que él no fuera totalmente necesario en mi vida, pero él se esmeraba en demostrarme que no era necesario mi ahínco, no dándose cuenta de que me dejaría defectuosa una vez que se marchara, porque era inminente… él se iría en unos meses, y me era imposible cerrar los ojos a esa verdad.

Llegué a mi trabajo y me encontré con una escena que no esperaba ver: Yue estaba junto a mi hermano. Él me vio y solo me dirigió un gesto con la cabeza a modo de saludo. No veía a mi hermano hacía tanto tiempo que había olvidado lo nerviosa que me ponía tenerlo cerca… y ese sentimiento de añoranza del pasado que me despertaba en cada oportunidad.

—¿No me preguntarás qué era lo que él estaba haciendo acá? — preguntó Yue.

—No son mi problema los asuntos de mi jefe — respondí.

En el fondo me moría de ganas de saber que se traían esos dos… no podía ser nada bueno.

—¿Ya te da lo mismo que tu hermano sea gay? — consulté.

—¿Y a ti? — contraatacó él.

—No es como si fuera mi problema — dije sabionda.

—Hoy nada es tu problema, ¿no? — consultó él un poco molesto.

—¿Qué puedo decir? Me está yendo bien — respondí con orgullo.

—Sí, eso parece. Eso pasa cuando le extraes la vitalidad a la gente más joven — dijo él.

—¿Tienes algo que decirme? — inquirí.

—Asalta cunas — me insultó.

Me reí, era cierto después de todo. Yue me interrogó sobre quién era el que me iba a buscar a diario y le conté; quizás debí guardarme el detalle de la edad…

—Ya dime qué hacía Touya acá — solté de pronto.

—Quiere que me reconcilie con mi hermano — dijo con pesar.

—Da lo mismo lo que prefiera tu hermano ¿no? Después de todo el culo es de él — dije soez.

—Das por hecho que tu hermano es el activo — dijo él con desdén.

—¿Es que te cabe alguna duda? — dije con seguridad.

Yue salió indignado por mi comentario y a mí sólo me causaba gracia que le molestara tanto. La homosexualidad de Touya me tomó completamente por sorpresa, porque mi hermano no parecía del tipo convencional de gay, pero después comprendí que mi hermano no era que prefiriera los hombres por sobre las mujeres, porque había tenido muchas novias; mi hermano se enamoraba de la persona, era un pansexual.

Mei Ling odiaba a Tomoyo y eso me había traído varios dolores de cabeza, porque no podía comprender por qué mi amiga tenía que ser tan desagradable con ella cuando iba de visita, aun si no le caía bien no había necesidad de hacerla sentir incómoda. No comprendía la antipatía de ella, hasta que Tomoyo me dijo que era porque temía que ella la alejara de mi… como si no hubiese intentado deshacerme de ella antes sin haber podido lograrlo… por lo que cuando ese noche llegué y me las encontré conversando como si nada hubiese pasado, traté de no exteriorizar mi conmoción y actué como si esa fuera la escena más familiar de la vida… busqué al bebé con la mirada y comprendí lo que había pasado: Tomoyo la había comprado con lo que de seguro ambas pensaban que era lo más encantador existente como ropa de bebé… vomité de los colores del arcoíris.

Faltaban tres semanas para el viaje de Syaoran, y por más que traté de parecer impávida, cada día se me hacía más difícil imaginar no tenerlo en mi vida. Era un año que él estaría afuera y si lo pensaba con detenimiento no era tanto tiempo, trataba de acompañarlo en los trámites relacionado con el viaje con una sonrisa en el rostro, pero a medida que se acercaba la fecha el vacío en mi estómago se hacía más y más grande y sólo lograba compensarlo atiborrándome de chocolate y sospechaba que me convertiría en una bola de chocolate de seguir sintiéndome así de extraña, me sentía ansiosa y miedosa. Había costado un montón darle espacio en mi vida a Syaoran, y ahora él se iba a ir, dejando un espacio más grande del que le había dado en un comienzo.

El domingo por la mañana recibí una llamada de un teléfono que no conocía; usualmente no lo contestaba, pero ese día me encontró completamente desprevenida. Syaoran dormía a mi lado y se despertó cuando de golpe me levante al reconocer la voz del otro lado y comencé a caminar inquieta por mi habitación, aun después de colgar la llamada.

—¿Qué pasa Sakura? — preguntó él preocupado.

—Era mi madre — revelé.

—¿Tu madre? — dijo él con sorpresa

—Sí… — confirmé.

Se quedó callado, al parecer él no sabía que yo tenía más familia; no sabía si agradecerle a Mei Ling el que respetara mi intimidad u odiarla por no ahorrarme ese incómodo momento.

—Mi madre y mi padre se separaron… ella se fue junto con mi hermano y bueno… no hemos estado en contacto por años — le expliqué.

¿Está bien si te pregunto la razón? — dijo el dudoso.

Me acerqué a él un poco conmovida de que fuera tan respetuoso con mi espacio personal.

—No tienes que preguntarme si puedes hacerlo, sólo hazlo — expuse.

Syaoran me miró sonriente y tomándome bruscamente de mi pijama hizo que nuestros labios se encontraran sin que yo lo viera venir.

—Soy una decepción para mi madre porque elegí quedarme con mi padre… no soy nada de lo que ella esperaba que fuera — le dije con un dejo de tristeza.

—¿Y qué esperaba que fueras? — consultó dubitativo.

—No estoy segura, nunca me lo dijo… pero si sé porque mi hermano no me soporta… — relaté.

—¿Tienes también un hermano? — preguntó asombrado.

—Uno mayor — aclaré.

—¿Y por qué te odia tu hermano? — quiso averiguar.

—Porque no soy nadie… porque no haré nada de mi vida; porque viví bajo el alero de mi padre sin hacer nada más que vivir a sus expensas — declaré.

Él se quedó callado y me abrazó por un largo rato. Quizás él pensaba que aquello me afectaba, pero hacía rato que no. No era que no lo pensara a veces, pero al igual que las cicatrices las ves y se sabe que se tuvo un accidente, pero no vives recordándolo o pendiete de ellas una vez que estas sanan.

—Tu padre falleció hace meses ya y sigues viva ¿no? — quiso demostrar que estaba equivocada.

—Porque él me dejó esta casa y también algunos otros bienes a los que Touya renunció. Tal vez si mi padre estuviera vivo yo seguiría como ellos creen que sigo siendo — confesé apagadamente.

—¿Crees que has cambiado? — interpeló él.

—En esencia sigo siendo la misma, pero me he visto obligada a hacer cosas que no hubiese hecho antes de no haber sido así — acepté — mi padre y yo teníamos una relación cercana pero a la vez distante…

A veces hay cosas que catalizan el cambio; yo no sé si sería el mismo si mis padres no hubiesen muerto hace muchos años atrás… el punto es que no importa lo que fuiste, si no lo que vas a hacer en el futuro. No tiene sentido que no tengas una relación con tu familia si esta existe — habló él condescendientemente.

Lo besé yo ardorosa y satisfecha de oírlo hablar sin emitir juicios sobre mi relación con mi familia, solo dando su opinión neutral.

—¿Crees en las relaciones a larga distancia Syaoran? — deseé saber de pronto.

Él se quedó callado y me miró dudoso.

—¿Estás pensando en qué pasará nosotros? — dilucidó él.

—Un poco — reconocí.

—No lo sé… quisiera decirte que creo en ellas, proponerte que demos todo de nosotros, esperando que vaya a funcionar; un año no es tanto tiempo ¿verdad? — sostuvo él — pero… ¿qué pasaría si en el transcurso de ese año tú conoces a alguien o las circunstancias cambian? ¿qué hay si quiero quedarme a terminar mis estudios allá? No quiero nunca pensar que te sientes atada a mi o que le debemos explicaciones al otro por decisiones que se toman pensando en el futuro... Una relación a distancia puede ser como estar arrastrando un muerto contigo…

Sentí como si una viga se hubiese caído justo en mi pecho sin que hubiese advertido el peligro.

—No te comprendí en un principio cuando aceptaste salir conmigo hasta el día que partiera, pero ahora lo hago y hasta ese día no voy a reprimirme, voy a dar todo de mí para que nos quedemos con los mejores recuerdos el uno del otro… pero después de ese día creo que lo mejor es que nos distanciemos, y si por las casualidades de la vida nos reencontramos y seguimos gustándonos nos lo replanteemos — manifestó.

Si dijera que no me dolió escucharlo hablar así, estaría mintiendo. Había imaginado que él me diría que sí, que lucháramos por lo nuestro… que él estaba interesado en mi como para al menos intentarlo… y de todas las cosas que había imaginado, la posibilidad de que él extendiera su periodo de tiempo en el extranjero y terminara sus estudios allá, nunca fue una. Y fue la primera vez que sentí los cuatro años que nos llevábamos se interponían, porque yo había cumplido un año más ya; él ni siquiera había terminado sus estudios. Él era menor y tenía otros intereses…

—Tienes razón — respondí con una sonrisa.

Comprendí que siendo yo misma la que había puesto fecha de caducidad a nuestra relación, había terminado siento yo la más involucrada en ella.

—Quizás cuando vuelvas, y considerando mi edad, yo ya esté casada y con hijos — bromeé.

—O cuando vuelva Mei Ling y tú habran reconocido que lo que se esconde entre ustedes es en realidad tensión sexual y que Joushiro en realidad es tu hijo — agregó él.

—Muy gracioso… muy gracioso — contesté — No me agradan los bebés.

—A mí tampoco — reconoció él.

Me levanté y fui al baño. Tomé una larga ducha y me vestí; ese día mi madre me había invitado a su casa almorzar. Me había dicho que llevara a mi novio (o novia, había tenido la sutileza de darme a entender que no le importaba) si quería… pero yo deseé ir sola y no le extendí la invitación a Syaoran, quien insistió en ir a dejarme.

—Te vengo a buscar… tú sólo llámame, vendré por ti — ofreció con amabilidad.

Le dije que lo haría, pero supe que no lo iba a llamar en ese mismo instante. Iba a empezar a tomar distancia, preparándome para lo que se avecinaba.

—¿Quién era ese? — preguntó mi hermano que llegaba a la casa cargando unas bolsas.

—Nadie que te importe — contesté.

—¿Tienes novio? — insistió Touya.

—Sí — respondí secamente.

—Quién lo diría… pensé que morirías virgen y sola — comentó desagradable.

—Tu solo muere gay y sin descendencia — rebatí con enojo.

Mi hermano y yo nos miramos furiosos y como si fuéramos enemigos declarados, y sin que nada se moviera en los alrededores la tensión aumentó, y súbitamente la puerta se abrió y vi salir a mi madre de ella, acercándose a mí con cautela y haciendo que olvidara la absurda disputa con Touya.

—Sakura… — dijo ella.

El tono de voz que usó me recordó un poco al condescendiente que usaba conmigo cuando estaba enferma de pequeña. Sentí algo raro.

—Mamá… — repliqué.

El momento fue un poco frío porque yo no sabía cómo debía actuar… habían pasado años desde que la había visto la última vez y sin embargo ella lucía tal y como esa vez que no quise despedirme de ella cuando se fue de la casa pregonando que ya se le había acabado el amor por mi padre.

—Pasa por favor — solicitó con una sonrisa.

La casa era extrañamente similar en la decoración a la mía… no comprendía cómo podía se eso posible.

Mamá me habló de su vida y supe que no estaba con nadie, vivía sola, trabajaba en una consulta médica y se encontraba bien de salud. Me di cuenta de que me sentí bien de poder contarle que trabajaba y que tenía una relación, como una persona normal. Lo que ella y mi hermano nunca esperaron de mí. Lo malo fue cuando nos fuimos a sentar para almorzar.

—Esto era tu favorito de niña — dijo ella feliz.

La visión de aquella lasagna me dejó anhelante de probarla; habían pasado al menos seis años desde que había comido algo hecho por mi madre y además se veía delicioso, sin embargo la visión no se acercaba a lo que me hacía sentir el olor y es que se me estaba haciendo difícil soportarlo. Siempre había sido muy sensible con los olores y esa cosa olía a rayos.

—Hija, ¿estás bien? — consultó mi madre al verme.

—Sí — respondí.

No podía creer que me estuviera sintiendo mal ante un plato que evidentemente ella se había esmerado en hacer especialmente para mí.

—¿Sakura? — habló mi hermano.

Había podido soportarlo apenas sin haberlo probado, pero una vez habiéndolo hecho no pude tolerarlo.

Baño – verbalicé apenas.

—A tu derecha, la primera puerta del pasillo — respondió mi madre perpleja.

Vomité hasta lo que no había comido aún. Me sentía horrible, física y psicológicamente… no podía creer que el día en que me reuniera con mi madre fuera el mismo en el que como nunca me enfermara del estómago… de seguro habían sido esos chocolates demás que tragué anoche cuando Syaoran se había quedado dormido…

Salí después de asegurarme que no quedara nada en mi cuerpo, sintiéndome mejor, al menos físicamente.

—Lo lamento tanto mamá — le dije avergonzada.

—No te preocupes – dijo ella tranquila — tus gustos no han cambiado ¿no?

—No… me sigue gustando la lasagna — respondí.

—Sí… eso imaginé — dijo con una mirada extraña.

—¿Y Touya? — consulté al no verlo.

Fue a la farmacia — me informó seria.

—No era necesario, de seguro me sentiré mejor pronto — me sentí culpable.

—No estoy tan segura de eso — dudó.

No comprendí su comentario, pero cuando Touya no mucho después volvió con una bolsa comprendí a que se refería.

—Ve al baño y lleva esto contigo — me pasó toda la bolsa — trata con las dos para estar seguros.

Miré el contenido de la bolsa y no creo nunca haberme sentido más acalorada en la vida. Eran dos pruebas de embarazo caseras.

—¡Pero yo no…! — intenté hablar.

—¿Tú no qué? Por favor, que no tienes trece años para avergonzarte así… tienes novio y aunque te cuides no importa si no te abstienes — dijo ella con naturalidad.

Estaba abochornada como no creía haberlo estado nunca, estaba yo sentada en el baño en la casa de mi madre, tratando de orinar en unos palitos tal como decían las instrucciones que nunca en mi vida había leído.

—¿Todo bien allá? — consultó mi madre.

—Sí… — dije apenas.

Diez minutos más tarde salí llorando. Una podía haber salido mal… pero no las dos; ambas positivas. No tuve que decirle a mi madre nada, ella me abrazó tan pronto salí.

¡No quería mamá! ¡yo no lo había planeado así! No quiero esto…— lloriqueé

Cálmate un poco, es la primera impresión — me consoló.

¡No soporto los bebés! Huelen mal, son demandantes, requieren tiempo, salen por la vagina… lloran mamá ¡toda la noche lloran! — dije con asco y temor.

Estaba haciendo un berrinche a mis veintiséis años sobre cuánto odiaba estar esperando un bebé, pero no importaba cuando llorara y detestara la idea, porque ya estaba ahí.

—Sakura, escúchame… esas pruebas son efectivas hasta cierto punto, pero debes hacerte una prueba de sangre si quieres estar segura. Siempre pueden ser falsos positivos — me recomendó ella.

—De seguro no llorabas así mientras hacías ese bebé — soltó mi hermano.

—De seguro ese lubricante con sabor a fresas que salía en la boleta que dejaste en la bolsa tendrá un buen uso hoy — lo contradije.

La cara de Touya se contrajo de rabia y sin embargo aquello no lo sentí como una victoria. Tenía algo más importante en qué pensar.

—Basta ustedes dos. Touya deja de molestarla. Sakura, la vida sexual de tu hermano a nadie le importa — espetó con firmeza.

Había salido de mi casa con la intención de reencontrarme con mi familia… no con la convicción de que pronto yo tendría una propia…

—Mañana ven a mí a trabajo, yo te conseguiré la orden y que te lo hagan de inmediato ¿de acuerdo? — propuso ella.

Asentí esperanzada de que tuviera mi madre razón y las pruebas fueran de mala calidad y fueran sólo falsas alarmas. Quería creerlo. Mi madre lo tomó con completa calma, más que yo, por supuesto, porque después de eso no conseguí concentrarme en nada más.

—Touya ve a dejar a tu hermana por favor — le pidió mi madre.

Aunque tuve la impresión de que sonó más a mandato.

—Nos vemos mañana, Sakura… Descansa — se despidió.

En el auto con mi hermano fue todavía peor, no sabía por qué estaba tan enojado conmigo. Mi vida era mía ¿qué le importaba si me pasaba la vida jugando Play Station?

—¿Tienes algún problema con que sea gay? — preguntó él de pronto y directo.

Estaba abstraída mirando el paisaje, pensando en las infinitas posibilidades que mañana tendría que sopesar en caso de que las cosas se volvieran difíciles… Syaoran se iría, él era menor, él no tenía su vida resuelta… todavía le quedaba por experimentar ¿cómo lo iba a atar a mí de esa manera? Él dijo que no quería ataduras… yo muy metida en mis pensamientos y repentinamente mi hermano sale con eso.

—Me importa una mierda si eres gay o si te gusta dar o que te den — le dije mordaz.

—¿Por qué respondes así? — preguntó descolocado.

—Porque te has empeñado en decirme cosas desagradables toda mi vida y justo ahora, en este momento de mi vida no lo necesito. Si me siento atacada yo ataco también — le expliqué.

—¿No quieres ser madre? — preguntó lo que se supone no se le pregunta a una mujer.

—No — respondí honesta.

—¿Si sabes que hay opciones, verdad? No es el fin… — dijo él cauteloso.

—Ni hablar… no soy tan abierta de mente como para sopesar esas posibilidades — acepté.

El silencio volvió a llenar todos los espacios, pero había dejado de ser desagradable.

—No me importa si eres gay o heterosexual, en serio me da igual — dije finalmente — ¿Mamá y tú han estado bien?

—Sí – respondió simplemente — Mamá te ha extrañado.

Me quedé callada, no sabía qué responder. Si bien los había extrañado, nunca me dediqué demasiado a pensar en ellos… creía que eran ellos los que no me querían a mí en sus ejemplares vidas.

—Estoy orgulloso de ti, Sakura. Discúlpame por haber sido demasiado duro contigo — pidió Touya seriamente — Nunca me ha avergonzado ser tu hermano.

Sus palabras fueron suficientes como para sacarme unas lágrimas, sutiles, pero lágrimas al fin y al cabo.

—Tenemos una vida para compensarnos los malos ratos — respondí.

—Sí… — estuvo de acuerdo él.

—Ya llegamos… — avisó él.

—Sí…— contesté.

—Algún día preséntame a tu novio — requirió.

—Y tú el tuyo — respondí.

El bufó y comprendí que no era así como lo llamaba. Luego lo averiguaría.

—Ya conoces a su hermano — respondió él.

—No hay muchas cosas buenas que decir de él… — bromeé.

Su hermano es todo lo contrario — me contó tímido.

—Un encanto de persona, en ese caso — contesté sonriendo.

Touya sonrió.

Mañana avísame como va todo ¿está bien? — solicitó sincero.

—Sí — respondí.

—Es en serio… para lo que sea llámame — ofreció.

Y le creí en ese momento que él estaría para mí desde ese día.

Entré en la casa y me encontré con Mei Ling mirando a su hijo embelesada. No creo haber visto esa mirada en ella jamás en la vida. Miré al bebé, miré mi vientre y no me imaginaba que algo como eso pudiera estar viviendo dentro de mí.

—¿Te fue bien? — me interrogó Mei Ling.

—Sí… todo bien — contesté rápidamente

—¿Sí? Qué bueno… — dijo contenida. Quería saber detalles.

—Gracias… — hice como que no me di cuenta.

—He estado pensando un poco y creo que es hora de nos vayamos a nuestra propia casa — dijo Mei Ling al verme pasar

Por favor… no más emociones ese día.

—¿Pero por qué? — inquirí.

Estaba subiendo las escaleras medio derrotada cuando escuche a mi amiga hablar con algo que distinguí como tristeza.

—Es solo que creo que he importunado tu vida lo suficiente. Me has ayudado cuando lo he necesitado y siento que estoy abusando — expuso.

—Mei Ling escucha, de verdad este no es el momento para hablar de esto; si bien ha sido agotador hasta cierto punto, la convivencia ha ido mejor de lo que esperaba en un comienzo. ¿Quieres esperar un poco más para hablar de esto? No te estoy echando y yo comprendo que en algún momento se tendrán que ir; sólo que por favor… no ahora — requerí implorante.

Mi amiga me quedó mirando con extrañeza pero de seguro me encontraba en un estado tal que ella percibió que lo mejor que podía hacer por mí era dejarme subir a la soledad que sólo me brindaba mi habitación.

—Por favor no quiero llamadas ni visitas. Sin excepción — imploré.

Aquello tenía implícito el mensaje de "ni siquiera Syaoran" y ella asintió.

Mi cama olía a él y me dio rabia. No quería saber nada de él en ese momento y me fui a la habitación de mi padre, que Mei Ling mantenía impecable y sin aromas que me recordaran a nadie a quien no quisiera tener presente en esa oportunidad. Lleve las manos hacia mi vientre y yo lo supe en ese momento, que no importaba cuantas pruebas me hicieran mañana, yo ya sabía el resultado. Debí haberlo notado, porque tuve mis sospechas hacía un mes cuando mi menstruación se retrasó unos días, siendo que no era habitual que sucediera, pero dejé de preocuparme cuando me llegó, aunque había notado que había sido más corta que las otras, pero le resté importancia. También estaba mi casi inexplicable necesidad de chocolates con rellenos que nunca me habían gustado antes. Quizás había habido más señales y yo no los había sabido interpretar y eso que incluso había visto programas donde exponían que las mujeres llegaban a la sala de parto sin siquiera saber que esperaban un bebé con anterioridad y yo me había preguntado cómo había sido posible, pero si no hubiese sido porque mi madre lo sospechó yo hubiese seguido como si nada… No quería ser madre, no me sentía preparada; no quería dejar de dormir hasta la hora que quisiera, de hacer lo que estimara conveniente. A duras penas y podía con mi vida como estaba ¿cómo iba a poder responsabilizarme de otra totalmente dependiente? ¿Y qué le iba a decir a Syaoran? Nuestra relación iba a terminar en poco tiempo más ¿cómo iba a llegar y decirle: "oye no nos cuidamos y como consecuencia serás padre"? Me puse en su lugar y yo me odiaría a mí misma por haber sido la que lo sujetara del tobillo. Económicamente podía sustentarlo, sin duda…pero y todo lo demás ¿podría dárselo una persona tan incompleta como yo? No soportaba el bebé de Mei Ling al punto de nunca haberlo llamado por su nombre, odiaba oírlo llorar y ni siquiera hablar de las arcadas que me daban los pañales sucios… apenas si me consideraba apta para cuidar a un gato que ni siquiera quería ser cuidado…

En algún momento con mis cavilaciones me quedé dormida y no recuerdo haber soñado nada esa noche, pero si recordé lo temprano que me levanté en la mañana, cuando más tarde con resultado en mano se confirmaba lo que yo tan pronto sospeché supe.

No podía pensar en nada, todas las decisiones que había tomado el día anterior anteponiéndome en un caso u otro, no tenían sentido ahora que ya no habían dudas acerca de mi estado: estaba embarazada. Arrugué el papel y me recosté sobre mi escritorio.

—¿Kinomoto? — escuché.

Me levanté sin reconocer la voz que me hablaba y me encontré con una compañera de trabajo que me avisaba que Yue había estado buscándome.

—¿Qué es eso de andar enviando gente a buscarme? Si lo hubieses intentado siquiera me habrías encontrado en mi escritorio, como siempre — me expresé molesta.

—No estás de buen humor hoy ¿no? — se percató él.

—No — negué de plano.

—¿Te pasó algo? — curioseó.

—Estoy embarazada — solté de golpe.

—¿Estabas esperando firmar el contrato definitivo para embarazarte? — dijo sagaz.

—Si, Yue. Es justo como lo planeé. Acabo de revelar mi golpe maestro — contesté harta.

—Asi que no es planificado… —concluyó.

—No molestes — le pedí.

Bueno, todavía puedo sacarte el sudor. No esperes que sea considerado contigo porque decidiste colaborar con el planeta y procrear – respondió indiferente.

—No lo hagas — odiaba la idea de ser tratada distinto — ¿para qué me buscabas?

—¿Aceptarías ser mi cita para el reencuentro con mi pasivo hermano? — dijo con hastío.

Sonreí por cómo se había referido a su hermano. Él de verdad estaba tratando.

—¿Por qué te molesta tanto? — averigüé.

—Porque creí que tendría sobrinos, que mis hijos tendrían primos… — habló con pesar.

—Yo pensé que tú eras un ser asexual — exclamé fingiendo sorpresa.

Yue levantó su dedo del medio en un gesto poco adecuado para una oficina, pero tan pronto lo mostró lo escondió.

—No sé, es extraño… pero quiero más a mi hermano que a mis quizás insostenibles prejuicios — suspiró con pesadez.

—Eso es más maduro de lo que nunca pensé que serías — reconocí — ¿cuándo?

—Te diré en cuanto lo sepa. Gracias… no sé si podría hacerlo solo — admitió.

—No te preocupes, yo también quería conocer al novio de mi hermano — sonreí.

Observé como se sensibilizó cuando dije "novio" pero oculté la risa.

Syaoran me estaba llamando por tercera vez en el día. Anoche lo había intentado dos veces. Pensar en él me crispaba los nervios y de tan solo imaginar que lo vería utilicé mi buena relación con Yue para conseguir salir veinte minutos antes.

—Por favor — le rogué.

—¿Problemas en el paraíso? — me tomó el pelo.

¿Quieres ir solo a encontrarte con ellos? — dije mirando mis uñas indiferente.

—Solo vete — me permitió.

No deseaba volver a casa aún. Mi madre me dijo que podía ir a la suya cuando quisiera pero no me sentía completamente cómoda con eso, así que decidí ir a ver a Tomoyo.

—¡No! ¿Y qué piensas hacer? — me preguntó cuándo le conté todo.

—Vine con la esperanza de que me pudieras ayudar — musité.

—Lo siento, no lo sé. Además de apoyarte en lo que decidas y estar contigo cuando me necesites no sé qué más hacer por ti; esa es completamente tu decisión — se desentendió de mi drama.

Ella tenía razón, yo sólo estaba esperando ganar tiempo que en realidad no tenía para hacer lo que debía hacer.

—¡Qué emoción! Una pequeña Sakura — gritó emocionada.

Ciertamente ella estaba más feliz que yo. Mientras balbuceaba cómo quería vestirla… como si la fuera a dejar.

Al llegar a casa no me sorprendió encontrarme con Syaoran y Mei Ling en la cocina. Él mecía con el pie la carriola del bebé sin demasiado entusiasmo. Suspiré.

Él al verme se levantó y casi me da un beso delante de mi amiga, pero lo detuve. Aquello estaba completamente fuera de discusión y Syaoran lo sabía.

—Te llamé — me informó.

—Tengo problemas con el teléfono móvil — me excusé.

—¿Lo llevo a que te lo arreglen? — se ofreció.

—No te preocupes, lo haré yo — desestimé su ayuda.

—¿Tienes hambre? — consultó mi amiga.

—No, tengo trabajo que hacer. Si me disculpan — decliné.

No podía ni mirarlo a los ojos.

Mei Ling me dirigió una mirada cuestionadora y yo sólo me encogí de hombros. Le di un beso en la mejilla a Syaoran a modo de despedida y le hice un gesto a mi compañera de casa.

Anhelaba una ducha con la vida, sentirme bañada de agua cálida y reconfortante y mientras tomaba esa ansiada ducha miré mi vientre aún sin ninguna clase de diferencia aun y por más que traté de ver algo a través no fue posible ¿Cómo iba a serlo? ¿Cómo iba a poder confiar que algo que saliera de mi pudiera ser algo bueno? Me permití llorar una última vez bajo el agua, porque había decidido dejar de recriminarme por el hecho de estar esperando un bebé; era una adulta ya y yo sabía desde un comienzo lo que hacía, nadie me obligó.

Salí de la ducha que había sido un poco más larga de lo convencional, y me dirigí a mi habitación y mientras caminaba esos pasos pensé en que tal vez sería bueno que me cambiara a la habitación que había sido de mi padre, esa tenía baño propio y era más grande, además el bebé iba a necesitar su propio espacio… y al abrir la habitación me encontré con Syaoran sentado en mi cama.

—Pensé que nos habíamos despedido abajo — hablé.

—¿Estás enojada conmigo? — consultó en un tono un poco grave.

—Creo que no estoy llevando demasiado bien el hecho que te vas a ir… tal vez es bueno que tomemos un poco de distancia a partir de ahora — expresé sin saber si era eso lo que quería o no.

—Si hubiese sabido que íbamos a estar juntos nunca hubiese postulado a esa beca — confesó.

Mi corazón sufrió una punzada de dolor.

—Da lo mismo, las cosas como son ahora — dije — si fuéramos adivinos viviríamos esperando las cosas que sabemos que nos van a pasar sin vivir realmente.

—¿No quieres estar conmigo ahora? Ambos sabíamos que esto pasaría… lo comprendería… pero no me gusta que no me respondas o seas indiferente; prefiero que seas clara conmigo — desembrolló él.

Él hablaba de sus sentimientos con tanta facilidad…

—No sé lo que quiero — contesté en ese momento — me siento perdida.

Syaoran me abrazó y buscó mi boca con desesperación y yo le respondí ávida de cariño y de atención. En ese momento y sólo rodeada por mi toalla sentí sus manos en buscando dejarme desnuda.

—No deseo tener sexo esta noche — fui clara.

—Está bien — respondió él — ¿puedo secarte el cabello?

—No sabía que te gustaba hacer eso — respondí un poco desconcertada.

—Nunca lo he hecho, pero quiero hacerlo. Tú sólo dime cómo — me pidió.

Jamás esperé que él fuera tan cuidadoso con los cuidados en mi cabello. Lo secó, lo peinó, me acarició; me acicaló en el amplio sentido de la palabra. No imaginé que terminaría excitada por eso.

—No era mi intención lograr que me aceptaras de esta forma esta noche — dijo él posicionado desde atrás.

—Ni la mía aprobarlo — agregué yo.

Syaoran estaba siendo especialmente cuidadoso en su penetración. Lo sentía entrar y salir muy lento y profundo. Ambos sabíamos que no estábamos teniendo sexo por sólo querer sentir placer, de algún modo estábamos entregándonos los mensajes que eran difíciles de decir, pero no tan complicado si se demostraban en vez de eso.

—¿Quieres que me vaya? — me preguntó.

Nuestras respiraciones se habían normalizado, también la frecuencia cardiaca. Habíamos pasados unos minutos callados una vez que habíamos acabado.

—No sé lo que quiero — volví a responder.

—Me aprovecharé de que no sabes lo que quieres y voy a decidir por ti — me informó — me voy a quedar contigo hasta el día que me tenga que ir.

—Entonces hazlo — lo autoricé.

Syaoran así lo hizo. Los días comenzaron a pasar rápidamente y yo no me sentía distinta en lo referente al embarazo. No había experimentado nauseas matutinas, ni mareos… quizá me costaba un poco más levantarme, pero no sé si le atribuía a la nueva vida que gestaba o al padre, que se volvía demandante de madrugada. No le conté a Mei Ling acerca de mi estado porque no quería que de ninguna manera influenciara en su primo para que se quedara conmigo. Le contaría tan pronto él abordara el avión y esperaba que ella no lo tomara mal y comprendiera mi posición.

Había sido extraño ir al médico y ver que en realidad alguien vivía en mí. Ya era tan real como podía serlo. También aquel ácido fólico que escondía en mi bolso.

La noche de la cita para conocer a Yukito yo y Yue a Touya, había sido concertada para esa noche, y yo sólo le dije a Syaoran que saldría. Nunca imaginé que se molestaría tanto al volver a ver a Yue.

—¿Y por qué tanto alboroto porque sólo me vinieron a dejar? Es mi jefe — le expliqué.

—¿Qué clase de jefe sale a cenar con su empleada? ¡Yo pude haberte ido a buscar si me lo hubieses dicho! — vociferó molesto.

—Eso es absurdo. Él podía hacerlo y no le costaba nada ¿a qué ibas a ir tú allá? — dije sin comprender su posición.

—¿Te gusta tu jefe? — me encaró.

—Él no es sólo mi jefe ¿de acuerdo? — esclarecí el panorama — ¿Y qué si me gustara? ¡Tú te vas a ir en cinco días! ¡Y tú mismo lo dijiste! Nosotros vamos a estar juntos sólo hasta que te vayas. Lo que haga a partir de entonces es exclusivamente mi problema.

—¡Pero aún no me voy! — bramó alterado.

—¡Tal vez ya deberías hacerlo! — me enfadé. No estaba acostumbrada a dar explicaciones.

Observé su mirada y pude ver que lo había lastimado. La discusión se había salido de mis manos y él se largó cerrando la puerta sonoramente.

—Nunca había escuchado a Syaoran tan enojado — comentó Mei Ling.

El portazo había despertado al bebé que no se callaba. Se había asustado. Lo tomé de sus brazos, subí la escalera y me encerré con él en la habitación.

Lo miré con cuidado y tomé sus pequeñas manos. Observé sus dedos perfectamente formados en tamaño miniatura, sus uñas… ¿cómo podía ser alguien tan suave? Joushiro me miraba como si no hubiese estado llorando, pero los surcos húmedos en su rostro lo delataban, se los sequé y él sonrió. Había leído que las sonrisas de en los bebés tan pequeños eran sólo reflejos, pero de algún modo su sonrisa me tranquilizó y calmé mis inquietudes; pasara lo que pasara yo iba a estar bien.

Mei Ling después de lo que pienso que fue media hora golpeó mi puerta y entró, y me encontró con el bebé sobre mí, con una mano metida en medio de mis senos.

—No entiendo por qué le gustas — dijo mi amiga — a ti no te cae bien.

No era que yo no fuera muy evidente en cuanto a mi desapego por el bebé, pero fue triste oírlo decir de parte de mi amiga.

—Mei Ling… — traté justificarme, pero no tenía cómo.

—No tienes que decirlo, no te preocupes. Todo va a estar bien — dijo Mei tocándome la cabeza.

Ella tomó a Joushiro y se lo llevó con ella y ese día acepté que un bebé era también persona y no sólo un ser que comía, lloraba y defecaba. Ya me sentía capaz de dirigirme a él por su nombre.

Syaoran no apareció al día siguiente, ni tampoco al otro.

Era ya el día de su viaje. Tenía la misma sensación de vacío en mi pecho y en mi estómago que me habían dominado hacía unas semanas. La hora de su vuelo era en la noche y aún era muy temprano por la mañana. Mi amiga no me decía nada, pero su mirada se quedaba más tiempo del usual en mi persona. Hice mi vida normal, sin embargo la presión en mi pecho aumentaba conforme pasaban las horas y se acercaba el momento. Él ya estaba en el aeropuerto porque tenía que estar horas antes en caso de cualquier eventualidad. Había tratado de obviar el hecho de que él se iba a ir y no iba a volver pronto y que producto de nuestra irresponsabilidad una vida se gestaba, además de que si él se iba y no habíamos quedado en buenos términos, como habíamos acordado que sería, una ruptura limpia para que sanara sin problemas. Me fui tan calmadamente como pude al aeropuerto, sin pensar demasiado en lo que hacía porque me iba a acobardar si me detenía a recapacitar, pero a medida que me iba acercando sentía una necesidad mayor de llegar pronto y verlo. Lo busqué y no lo podía encontrar. Me estaba empezando a desesperar un poco. Miré la hora y todavía me quedaba tiempo, sólo tenía que encontrarlo.

Seguí buscando hasta que finalmente lo encontré, en realidad ambos nos vimos al mismo tiempo. Sus ojos castaños brillaban y él tenía una sonrisa en rostro que invitaba a que me acercara con confianza.

—Viniste… — expresó apenas.

—Sí... no quería que termináramos así… peleados — le expliqué.

—Gracias — dijo él simplemente.

Parecía dubitativo sobre la proximidad que estaba bien mantener entre ambos. Yo también estaba dudosa acerca de qué hacer.

—Vine a desearte un buen viaje, Syaoran — hablé con más seguridad.

Él no hablaba mucho, estaba como mudo y eso hacía que las palabras que nunca había realmente pensando que le diría salieron con más dificultad.

¿Está bien si me acerco a ti? le pregunté ¿puedo darte un abrazo?

Él asintió y nuevamente no dijo una sola palabra. Me acerqué y le di un abrazo que él no tardó en responder. Hacía ya más de un minuto que estábamos así, sin decir nada. Traté de soltarme, pero él no me dejo.

—Sólo para dejarlo claro… a mí no me gusta Yue… él es el hermano de mi cuñado — le dije.

—Creí que tenías sólo un hermano — dijo con voz quebrada.

—Así es. Las conclusiones que saques son las acertadas — musité.

El abrazo se volvió más apretado y la presión de su abrazo consiguió sacarme las palabras que me estaba tragando, pero que moría por exteriorizar.

—Sé que te va a sonar egoísta y no me odies por esto… no te vayas, Syaoran — le pedí con toda la sinceridad que tenía en mi corazón

Él me soltó de pronto y me sentí mal. No había querido decirlo pero no pude contenerme. Miré el suelo encontrando que este brillaba tanto que casi podía reflejar con completa claridad mi expresión penosa. Me quedé así, frente a él, lamentando haber dichos estas palabras.

—Discúlpame — le pedí — ten un buen viaje.

Quise decirle "ten una buena vida" pero no pude. Me volteé pero no fui capaz de avanzar más que un paso ya que sus brazos me rodearon desde atrás.

—Pensé que no ibas a decirlo nunca — me habló en el oído.

Las lágrimas se acumulaban en mis ojos pero no ibas a dejarlas caer. No debía ser así, no se suponía que llorara por un hombre… q- ¿qué había dicho…?

—¿Qué dijiste? — interpelé bruscamente.

—No quería irme… No quiero irme; no quiero dejarte — reveló él, soltándome.

Sus palabras eran infinitamente más cálidas de lo que esperé todo ese tiempo oír, pero si él quería quedarse ¿por qué no sólo lo dijo? Quería reclamarle por eso, por haberme hecho pasar por todo eso, pero no era el lugar ni mucho menos el momento. Daba igual eso al final…

—Quédate conmigo — le pedí nuevamente.

—No, tú quédate conmigo — rebatió él.

—¿Te vas a meter en muchos problemas si es que no te vas? — fisgoneé.

—Unos pocos – reconoció.

—¿Estás seguro que deseas quedarte? — insistí.

—¿Estás segura que deseas que me quede? — refutó él.

Sonrojada asentí. De verdad quería que se quedara junto a mí, no quería que se fuera ni mañana ni pasado y posiblemente tampoco demasiado pronto.

—Sí — acepté sin ninguna duda.

—Yo puedo terminar mis estudios acá, ese era el plan inicial… puedo ser bueno sin tener que irme de donde realmente quiero estar — narró él.

—No te arrepientas luego — le pedí.

—No hagas que lo lamente — dijo él a modo de petición.

—Te lo prometo — respondí suntuosamente.

Lo besé yo, delante de todo el mundo sin importarme que no estuviéramos solos y no había sido el fin del mundo. No sentí vergüenza ni tampoco había nadie mirándonos; a nadie le importábamos. Nos fuimos del aeropuerto tomados de la mano, algo que en mi vida había hecho.

Syaoran me invitó a un hotel que me hizo recordar cuan diferente era todo en comparación con Eriol; con él había sido todo escondido, sucio, puramente sexual y de muy mala clase. Me sentí halagada de que mi novio me consintiera de esa forma, de que él considerara que debíamos ir al mejor lugar que podía costear.

—Yo te lo había dicho, Sakura, que podía cambiarlo todo si te quedabas junto a mí — expresó él una vez que entramos a la habitación.

Traté de recordar esas palabras que me había dicho y las remembré apenas.

—De hecho no lo recordaba. La gente dice todo el tiempo cosas que no piensa ni siente en realidad. No te creí — admití.

—¿En serio? – constató él — ¿por qué? Nunca te he mentido.

Recordé el hecho de que él me mintiera en un principio acerca de su relación con Mei Ling y de que me conocía desde el principio, pero aquello no había sido una mentira propiamente tal, había sido una omisión; algo en lo que yo era muy buena, una medicina hecha a partir de mis propios anticuerpos.

—No lo sé, no creo que alguien espere algo de mí. Mucho menos querer algo de mí — reconocí.

—Lo quiero todo de ti, desde niño. Desde que te vi cuando tenía doce y viniste a mi casa a la piscina… a cuidarme acompañando a Mei Ling ¿lo recuerdas? Ni siquiera me viste nunca… pero yo te conocía y te observaba. Te quería para mi… — dijo cautivado — pero no tenía nada a mi favor, soy menor que tú, era más bajo que tú en ese tiempo. Mi prima era tu mejor amiga; No tenía por donde ganar… un día comentaste algo en el perfil de mi prima y te agregué sin pensar en que pudieras aceptarme, pero lo hiciste y experimentamos esas cosas que cuando las recuerdo me pongo duro… pero seguías sin tomarme en serio.

Él nunca me había hablado acerca de eso y estaba asombrada de que él hablara de mi esa forma, demostrándome que lo que él sentía era menos superficial de lo que nunca esperé. Él llevaba diez años pensando en mí…

—No sé qué decirte… esto no me lo esperé — convine.

—No digas nada, sólo no vuelvas a dudar de lo que siento por ti — solicitó — de lo que alguien pueda llegar a sentir por ti…

Le creí, pero quise darle una última oportunidad de escapar de lo que se venía.

—¿Estás seguro de que crees que podemos llegar a tener algo más duradero? — quise averiguar más.

—Las personas cambian, las circunstancias también, solo hay que estar dispuesto a cambiar con ellas y adaptarse — respondió con madurez.

Quise darle distancia, porque iba a soltar lo que llevaba guardándome unas semanas.

—Tienes razón, las circunstancias cambian y yo tengo algo que decirte… — empecé.

—No te arrepientas tan pronto… al menos déjame vivir este momento — rogó.

Sonreí quizás el que se arrepentiría era él.

—Estoy esperando un hijo tuyo — dije sin argucia.

Él buscó en mi rostro algún indicio de que estuviese bromeando, pero aquello había dejado de ser una para mi hacía tres semanas.

—¿Es cierto eso que me estás diciendo? — quiso rectificar.

—¿Ya sientes el pesar de tu decisión? — me burlé.

—Un poco — reconoció.

Eso no lo vi venir ni tampoco que lo reconociera con tanta facilidad.

—Estoy arrepentido de haberte dicho que no me gustaban los bebés lo pasaste mal por eso ¿cierto? — dijo indulgentemente.

Asentí y me dejé consentir por él. Le conté que supe hacía semanas, le recordé breve conversación que habíamos tenido al respecto y también cómo me había afectado lo de su viaje.

—Sigo pensando que no me gustan los bebés — murmuré.

Él se rio conmigo y me abrazó.

—Aprendamos a que nos gusten juntos entonces…

Asentí nuevamente y me dejé querer. No sabía lo que me esperaba en el futuro y no quería saberlo, había aprendido que la edad no era un indicador de madurez, que cuando menos se esperaba las cosas podían mejorar o empeorar, que por compensar una cosa podía terminar ganando otra. Agradecí que Eriol fuera un imbécil, y por sobretodo que si no me tomaba bien y ordenadamente las pastillas anticonceptivas y no se usaban preservativos para compensarlo podía terminar embarazada sin estarlo buscando; intentaría recordarlo la próxima vez, ya era tarde para lamentarlo… ya sólo me quedaba darle la bienvenida a esa nueva vida que había creado y trataría de hacerlo lo mejor posible junto al chico que no esperé terminar queriendo como había terminado haciendo...

FIN


Bueno esta historia ha llegado a su fin. Muchísimas gracias por todo el apoyo que me dieron no sólo con este fanfic de Sakura, sino con todos los que escribí de este hermoso anime/manga. En serio, les agradezco su tiempo y todo lo que me han dicho. Me devolvieron la confianza perdida y no lo olvidaré, pero ha llegado el momento de despedirme de este fandom. Me aceptaron y me sustentaron cada una de mis locas ideas y los llevaré en mi corazón. Gracias, sólo gracias por las personas que conocí aquí, sobretodo a ti ya sabes quien eres. Te dedico el capitulo final aunque no tiene lo que sé que esperabas jajajajaj

Hasta siempre, fans de Sakura :)

Estaré atenta a sus opiniones (disculpen el largo... como que me anduve emocionando jajajaja)