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Primera Publicación: 24 de Marzo 2012
Reedición: 17 de Enero 2018
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Lo sabía perfectamente, había salido de aquel lugar como un ladrón, en medio de la noche con su maleta en mano, tratando de hacer el menor ruido posible; estaba seguro que era la mejor opción, antes de que alguno de los dos se lastimase. Aprovechando unos pendientes que recordó gracias a su celular, regresó a Kanto para ponerse al día, si es que quería aclarar su situación con Misty de una vez por todas.
La amaba, no le quedaba ninguna duda. Después de aquellas semanas donde habían sido cegados por una pasión desbordante, estaba más que seguro que era la persona con la que quería pasar el resto de su vida. Deseaba tanto poder abrir sus ojos cada mañana y encontrarse con esa chica a su lado, mirarla dormir y poder decirle todos los días que ella era lo más importante para él.
Pero eso no iba a pasar.
No, claro que no iba a pasar, esa mujer había cambiado mucho con el paso de los años, trató desesperadamente encontrar a su amiga en aquellos ojos esmeraldas, pero muy pocas veces la halló. Si algo valía conocerla, era el poder asegurar que algo le pasaba, más allá del simple y egoísta deseo de ser madre.
Eso era lo que tenía que averiguar.
Llegó a ciudad Verde, subió hacia la pequeña oficina que manejaba desde que representaba a la Liga y saludó con una sonrisa a su secretaria, la cual no lucía muy contenta con su desaparición.
—Lo siento —se disculpó muy apenado, haciéndole una pequeña reverencia—. Prometo ponerme al día con todas las cosas que tengo atrasadas.
—No sé preocupe, la liga no lo ha necesitado aún. —la señora mayor de cabellos violetas le sonrió—. Señor Ketchum —le entregó unas carpetas—, esto son los pendientes más importantes. ¿Desea algo más?
—Sí —afirmó con su cabeza—. Necesito que encuentres a Daisy, a Violeta o a Lily, las antiguas lideres del gimnasio Celeste, en cuanto encuentres a alguna, me la comunicas por favor.
—Esta bien… —Ash estaba por ingresar a su oficina, cuando se detuvo y volvió hacia su secretaria
—Mejor no, ya sé a quien llamar… —apresuró sus pasos al escritorio, dejó las carpetas y se sentó tras tomar el teléfono, marcó unos cuantos números y se lo llevó a la oreja—. Espero que esté en casa —giró el sillón hacia el ventanal con una sonrisa cuando del otro lado contestaron — Hola Sakura… tanto tiempo… Así que no te sorprende mi llamada —comentó poniéndose serio—. Entonces, será más fácil conversar del asunto…
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Por Amor a Ti
Capítulo 06: "El pacto de dos amigos"
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Nuevamente una tormenta azotaba la cabaña en donde estaba refugiada la líder del gimnasio Celeste; la pelirroja tenía su mirada perdida en los surcos que creaban las gotas de lluvia sobre la tranquila laguna. Llevaba ya una semana sola, sin saber ni siquiera donde estaba para regresar a su hogar.
La salida a escondidas de Ash, le había abierto una herida que creyó tener sellada por el paso del tiempo. Su despedida hace más de diez años; esa despedida al finalizar su viaje por Johto. Sé sentía un poco infantil, pero esas semanas con él, habían sido las mejores de su vida en años…
«Y tú arruinaste todo» se quejó, para variar, su conciencia.
La chica sólo suspiró sin quitar la mirada del ventanal.
— Esta cabaña sin Ash, es muy aburrida…
«Trata de escribir» le propuso su mente.
Pero, ¿qué iba a escribir? Sí la mayoría de sus aventuras fueron al lado de él. El sólo hecho ver aquellas letras «A-S-H» ubicadas en la misma línea del teclado, le producía mucha melancolía, una melancolía que tenía un significado que no estaba dispuesta a aceptar.
—¡Ash! ¡Ash! ¡Ash! —se repitió entre suspiros, cerró sus ojos mientras negaba con su cabeza— Realmente eres muy fastidioso, llegas a mi vida, la alborotas y luego te vas… Es la segunda vez que me haces lo mismo…
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El cielo oscuro salpicado de infinitas estrellas titilantes, era lo único que iluminaba el trayecto del hombre de cabellos oscuros hacia su casa en las afueras del pequeño pueblo Paleta.
—Ya estoy en casa —comentó afligido cuando cruzó el marco de la puerta, estaba sumamente agotado. había tomado el tren bala hacia Johto ni bien se puso de acuerdo con la chica de ciudad Ecruteak, y recién había podido regresar a la calidez de su casa, aunque…
—¡Te crees que porque ya eres mayor de edad puedes aparecer y desaparecer de la casa a tu antojo! —levantó la mirada para encontrarse con su madre, aquella mujer de cabellos castaños atados por una simple coleta estaba más que indignada con el muchacho.
—Hola mamá —balbuceó con un suspiro.
—¿Sé puede saber donde estabas? Se supone que te regale ese celular para que me llamaras sin que estuviera preocupada por ti. Ya va a hacer un mes que te fuiste a confesártele a Misty, y en vez de eso, te desapareces.
Su madre estaba muy enojada, por lo que iba a ser muy difícil poder hablar con ella.
—Mamá —trató de calmarla, pero fue totalmente inútil.
—La única forma de que me calmaría, sería si me dices que si lo hiciste y te perdiste con Misty por ahí todo este tiempo. —continuó su madre, pero al sentir el angustiante silencio que se generó en la habitación, abrió sus ojos para mirar a su hijo —Ash… —tragó saliva al ver los gestos en su rostro, se veía extraño, si aquellas palabras eran ciertas, debería estar feliz y no traer esa cara de velatorio. Se quedo un rato en silencio hasta que no aguanto más —. ¿Te rechazo? —preguntó con sus ojos caramelo abierto al máximo—. ¡Te lo dije! —volvió a perderse en su discurso—. ¡Después de años te decides confesar! Te dije que iba a ser tarde, claro, pero tú sabes más que tu madre… Si ya decía yo, dejar el amor para el final. Ahora no deberías quejarte si ella no te hace las cosas fáciles.
—¡Ya me está haciendo las cosas difíciles por dejarla para el final! —le gritó para que le prestara atención—. Misty lo único que quiere de mí, ahora, son mis genes, sin las complicaciones que trae el amor…
—¿Qué? —una mueca de espanto se generó en la cara de Delia mientras el moreno daba un largo suspiro.
—Misty cambió, no quiere atarse a nadie, no quiere una persona a su lado, no quiere nada más que no sea un hijo. Un hijo que me comprometí a darle —declaró dejando en blanco la mente de su madre— ¡Mamá! —se apuró a tomarla entre sus brazos mientras la veía desfallecer— ¡Por todos los cielos! —exclamó dejándola en el largo sillón amarillo de la sala, luego fue por un vaso con agua—. Mujeres… era más feliz cuando no estaba interesado en ellas.
—Te escuché Ash Ketchum —murmuró su madre con un hilo de voz, éste le paso el vaso con agua y se lo bebió completo—. Dime que escuche mal.
—Lo siento mamá… pero la vida es así.
—Pero… pero —trataba de encontrar una respuesta lógica a las palabras de su primogénito sin hallarlas, suspiró y se puso de pie—, la vida no puede ser así… no a menos que tú quieras vivirla de esa forma.
—Esa mujer está desesperada —declaró Ash con los ojos cerrados y empuñando sus manos con fuerza, una fuerza que controlaba la ira acumulada en sus entrañas—. Si no la ayudo yo, será capaz de meterse vaya a saber con quien… De sólo imaginármela, me da vuelta el estómago…
—Ash… —susurró Delia mirándolo con pena.
Él no dijo más nada, subió a su habitación y se dejo caer en la silla del escritorio tirando su cabeza para atrás. Comenzó a moverse de un lado hacia el otro con los ojos cerrados, tratando de pensar que era lo mejor…
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Eran las diez de la mañana cuando por fin había terminado de actualizar cada uno de los papeles que su secretaria le había pasado el día anterior. Aunque parecían pocos, eran muy importantes por lo cual prácticamente no había dormido nada esa noche, estaba cansado. Se levantó de su asiento y se dejo caer sobre el sofá a un lado de la oficina, llevó sus manos a la nuca y decidió dormir un rato.
El teléfono comenzó a sonar insaciablemente, en ese momento maldecía haberle dado el día libre a su secretaria. De mala gana se levantó y respondió la llamada.
—Buenos días.
«Buenas tardes» respondió la voz del otro lado.
—¿Tardes? —confundido, miró el reloj de pared, eran más de la una de la tarde.
«Ash, ya estoy libre, si quieres podemos vernos en Ciudad Goldenrod mañana»
—Me aparece bien —afirmó tomando un papel para anotar la dirección que le pasó—. Ahí nos veremos. Gracias Sakura…
«Sólo accedí hablar contigo, porque mi amiga está sufriendo, aunque no quiera admitirlo»
Con aquella última frase se despidió y Ash suspiró, eso era obvio, no tenía ni que decírselo. Dejó acomodados todos los papeles sobre su escritorio, tomó su chaqueta y salió con destino a ciudad Azafrán para poder abordar el tren bala hacia Goldenrod.
Cuando llegó a la lejana ciudad de la región Johto, buscó un hotel para pasar la noche e ir a ver a su amiga al otro día. Esas horas parecían eternas para él, pero estaba seguro que valdría la pena.
Nueve de la mañana, restaurante "Camino Dorado". Ese fue el punto de encuentro entre Ash y Sakura, se reunirían para desayunar juntos y de paso conversar.
El moreno la reconoció de inmediato, aunque ya era una mujer adulta, mantenía el peinado de dos colas de caballo a los costados de su rostro, con la diferencia del largo. La chica de ojos azules y cabellos violetas lo esperaba levantando la mano derecha.
—¡Sakura! —exclamó cuando se acercó a ella para saludarla y sentarse en la silla de enfrente— ¿Esperaste mucho?
—No —respondió con una sonrisa—. Llegué un poco antes de lo previsto.
Ambos pidieron sus respectivos desayunos, y comenzaron el tema que los convocaba: Misty.
—¿Cuál es la novedad? —preguntó Sakura tras bajar la taza de café con leche— Aquí tenemos a una persona que sufrió mucho Ash, desde pequeña. Una persona que encontró la dicha y la desgracia en el mismo hombre que tanto ama.
—¿Por qué me dices eso? —molestó mordió un trozo de su sándwich— Cómo si yo fuera el único culpable aquí.
—Ash, Misty vio como toda la gente que la rodeaba se fue alejando, no porque no la quisieran si no por el hecho de ir cada uno encontrando su rumbo en la vida. Mientras se iba quedando completamente sola a la espera de un amor que nunca llegó.
—Pero…
—Misty —lo volvió a interrumpir—, esperó pacientemente el momento que tú te decidieras a hacerla parte de tu vida, te esperó por unos cinco largos años. Y nunca encontró en ti, lo que tanto esperaba. Ya tenía veinte años, todas sus hermanas tenían sus vidas formadas, por lo que se aburrió, empezó a evitar los lugares donde tú frecuentabas, a faltar a las reuniones de grupos. Realmente estaba desesperada por quitarte de su vida de una vez por todas, para intentar al menos poder ser feliz dentro de lo posible —Sakura aspiró y exhaló en un suspiro de rabia—. Ella quiere tener un hijo, lo sé. Le he dicho miles de veces y de todas las formas posibles que es una locura, que sola no iba a poder con todas las responsabilidades que conlleva criar a un hijo, pero se niega a oírme.
—Eso es porque… —trataba lentamente de procesar aquella oleada de cruel verdad que golpeaba en su cara con cada palabra escupida por los labios de Sakura.
—Ella es consciente que en esta vida no va a poder amar a nadie como lo ha hecho contigo. Pero se cansó de esperarte, se sofocó de la perfecta ilusión de que tú llegarías a su gimnasio, disculpándote por la demora, pero jurándole que ya nunca te irías de su lado.
—Pero… —volvió a insistir, mas la mirada furiosa de la menor del quinteto Eevee, lo hizo callar.
—No hay peros en estos momentos Ash, Misty cambió, lo sé, lo he vivido en carne propia cada vez que le decía que lo que estaba haciendo no estaba bien… pero… —bajó su mirada con pena, sus ojos comenzaron a cristalizarse, no quería llorar en ese lugar, levantó su mirada soltando las pequeñas lágrimas de sus ojos, le sonrió — Tú te quejas de mi amiga, pero sabes Ash, tú también has cambiado mucho.
—¿Yo? —se señalo incrédulo.
—Si tú. Cuando yo te conocí hace años, Ash Ketchum era una persona muy amable, siempre pensando en el bien de sus amigos. Amigos que dieron todo de si mismos para ayudarte a llegar a la cima en donde hoy te encuentras… Amigos de los que tú te olvidaste, amigos que dejaste botados u olvidados, en el mismo rincón donde botaste a mi amiga. Dime Ash, ¿encontraste la verdadera felicidad en ese puesto en la liga Pokémon? ¿Por ese puesto que causó miles de lágrimas en el rostro de mi mejor amiga, por el puesto que causó que ella se secara por dentro y dejara de ser una persona animosa para pasar a ser una persona fría, amargada y sin corazón? —el mencionado no respondió, sólo se dignó a terminar de comer— Ya veo… —respondió con un chasquido de su lengua— ¡qué pena!
—Sakura —pronunció tranquilamente cuando termino de comer, levantó su mirada y la fijo en los ojos azules de la chica—, ¿estás diciendo que es todo culpa mía? ¿Qué yo fabrique esta Misty?
—Así es —respondió con la misma serenidad, mientras secaba sus ojos con un pañuelo rosado— Tú la dejaste para el final Ash, tú esperabas que ella no cambiara, que te esperara hasta que tu decidieras que era su turno… ¿Eso no es ser egoísta?
—Puede que tengas razón… —musitó para sus adentros, pero Sakura alcanzó a oírlo, dibujando una pequeña sonrisa en sus labios— No debí dejarla para el final, quizás me confié de su amor siempre tan visible… que…
—¿La amas? —soltó de golpe la chica, logrando que el rostro de Ash fuera invadido por el color rojo.
—Si —afirmó sin titubeo.
Sakura se paró de su asiento, colocó la servilleta sobre la mesa y le sonrió —Entonces, no te rindas… porque yo sé perfectamente que bajo esa coraza que se inventó, aún te ama…
—Gracias… —le dijo con una sonrisa, aquellas palabras fueron quizás dichas de manera dura, pero eran la mejor manera para que él reaccionara.
—Si de verdad estás agradecido, haz que mi ahijado nazca en una familia normal… —miró hacia a otro lado— Si es que con ustedes puede existir eso… —fingió tos y volvió a mirarlo extendiendo su mano derecha— Ahora todo esta en tus manos Ash, confió en ti.
—No te arrepentirás.
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Sacudió su cabeza para salir de sus pensamientos, aquellas palabras lo habían regresado de un golpe a su realidad. Había sido muy tonto creyendo que Misty lo esperaría toda su vida, por egoísta ahora tenía que pagar el precio por su comportamiento.
Para distraerse un poco, prendió el notebook que había sobre su escritorio, llevaba tiempo sin usarlo; lo comprobó al ver la fina capa de polvo que lo cubría.
—Eso significa que mi mamá está cumpliendo su promesa de no entrar a mi cuarto —se dijo para si mismo sonriendo.
La pantalla terminó su carga y le salieron miles de mensajes de actualizaciones y otras cosas raras, le dio a cerrar a todo e ingresó a su bandeja de entrada.
—Nueve correos… —se dijo a si mismo, abrió el primero…
"¿Aún en la casa de tu madre? Súper ofertones de departamentos en…" —no terminó de leer, el emisor de ese mensaje era Gary Oak, era obvio que era una broma de su parte.
—Borrar —comentó ejecutando la operación— Siguiente…
"Sexy Profesor Regional, busca mujer para experimento…" —rápidamente le dio nuevamente a eliminar.
—Gary, deberías dejar de enviarme tanto spam —protestó, siguió viendo los otros mensajes, uno que otros de la liga, informaciones mensuales, hasta que llegó al último de ellos, era de Misty bajo el título «Sin Asunto». Rápidamente lo abrió y leyó en grande la palabra «COBARDE»— ¿Cobarde yo? —exclamó sorprendido y la calma que mantuvo desde que subió a su habitación desapareció.
"¿Se puede saber por qué saliste como un ladrón de la cabaña y me dejaste sola en el medio de la nada? Ni siquiera te dignaste a decirme donde estábamos para poder regresar a ciudad Celeste. Siempre es lo mismo contigo Ash, ya deja de jugar con mi vida a tu antojo.
Misty"
Aquellas palabras, lo molestaron mucho, demasiado se podría decir si se escuchaba el golpeteo de sus dedos sobre el teclado. No lo pensó mucho, ingresó al chat y la vio conectada.
"Hasta q al fin das la cara" —apareció escrito automáticamente en la ventana— "¿Se puede saber dónde estás? ¬¬"
—Estoy en mi casa —respondió y luego se cruzó de brazos esperando la respuesta de la pelirroja.
Misty estaba muy furiosa acostada en la cama, con su notebook sobre sus piernas- Tenía tantas ganas de escribirle unas cuantas verdades, pero no, si lo hacia le pegaría tanto al computador que le dolería las piernas.
"A mi también me gustaría estar en mi casa" —envió algo molesta.
—Lo siento —respondió— creo que soy tan "cobarde" que no me importa nadie más que no sea yo —agregó.
—Veo que leíste mi mensaje —preguntó, saliendo de la cama para colocarse boca abajo para poder escribir mejor en el portátil que quedó sobre la almohada.
—Sip.
"Supongo q vas a volver para sacarme de aquí."
—Supones bien, voy a volver en cuanto me desocupe.
"Ya veo… Ash…"
—¿Qué?
"Quiero proponerte algo."
—¿Proponerme algo? —leyó varias veces esa línea, lleno de curiosidad— ¿Q cosa?
"Quiero que tú y yo, hagamos un lindo recuerdo de esto."
—¿Lo dices en serio? —Ash se acomodó frente al notebook sorprendido.
"Si, pero quiero decirte otras cosas más. Pero… tiene q ser en persona."
—Esta bien Misty, trataré de volver cuanto antes.
"Te espero ^^ Adiós."
—Adiós Misty —se desconectó rápidamente dejándose caer sobre el respaldo de la silla. Suspiró abrumado. Aquella conversación terminó bastante distinta a como había comenzado.
La chica en la cabaña lucía algo emocionada, estaba planeando algo para aquellos últimos días a solas, tenía una idea genial para sorprenderlo…
El chico mientras tanto, aún permanecía con la cabeza tirada hacia atrás, esperando por un milagro que lo iluminará…
—¿Qué debo hacer?
—Ash —lo llamó su madre de repente golpeando la puerta.
—Pasa mamá.
—Lo siento hijo —ingresó a su habitación mirándolo seriamente —, pero tenemos que hablar.
—Lo sé —declaró el moreno afirmando con su cabeza—. Lo sé mamá…
