Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 20

Me di una última mirada en el espejo y suspiré, llevaba puesto un vestido retro de los años sesentas, ajustado hasta la cintura, de falda amplia y larga hasta las rodillas, negro con lunares blancos y un delgado cinturón en color blanco; el cabello recogido en una coleta alta y maquillaje ligero. No sabía a dónde es que Edward me llevaría a cenar así que me decidí por usar algo sencillo pero a la vez elegante, suspiré una vez más y tomé mi bolso de sobre la cama, antes de salir de la habitación y bajar a la sala donde mi marido me estaba esperando con nuestros padres.

A las siete en punto Edward y yo salimos de casa dejando a Keily con nuestros padres, no estaba muy convencida de irnos y dejarla con ellos, sabía que no tenía nada de que preocuparme pues sus abuelos cuidarían bien de ella, pero sentía una extraña opresión en el pecho que no me dejaba tranquila; lo atribuí a que seguía nerviosa tras ver a James en mi casa, y como no quería arruinar los planes de Edward para esta noche, hice mi mejor esfuerzo para mantenerme serena y él no pudiera notar mi nerviosismo.

Casi tres cuartos de hora después llegamos al Inwood Hill Park, fruncí el ceño confundida y tomé la mano que Edward me ofrecía para ayudarme a bajar del coche; sonreí y negué un par de veces con la cabeza, al verlo sacar del maletero una canasta de picnic.

—Creí que iríamos a algún restaurante —por suerte no estaba usando zapatos de tacón alto y en su lugar llevaba unas bailarinas, definitivamente los tacones no serían algo precisamente cómodo para una noche de picnic.

—Quería algo un poco más íntimo —me enganché a su brazo y comenzamos a caminar.

—Bueno, si lo que querías era algo íntimo pudimos quedarnos en casa —caminamos un par de metros y nos detuvimos, sacó un mantel a cuadros en color rojo y blanco de la canasta y lo extendió sobre el césped.

—Amor, dos semanas después de que nació Keily fue nuestro tercer aniversario, no pudimos celebrarlo como era debido en su momento y creí que podríamos tener una celebración tardía —acuñó mi rostro entre sus manos y me besó con dulzura—. Nuestra hija está con sus abuelos y nada le pasará, disfrutemos de este momento juntos, ¿de acuerdo?

Asentí y me senté, desde que Keily había nacido no teníamos demasiadas oportunidades para pasar tiempo juntos como pareja; ambos estábamos felices por la llegada de nuestra hija y no cambiaríamos su presencia en nuestras vidas por nada del mundo, pero nos centramos de lleno en ella y puede ser que descuidáramos un poco nuestra relación.

Mientras cenábamos hablamos mucho, compartimos anécdotas de cuando eramos niños, de nuestra adolescencia y del tiempo antes de volver a encontrarnos. Terminamos de cenar y metimos de nuevo todo a la canasta, Edward se recostó sobre el mantel y lo imité unos segundos después apoyando la cabeza en su pecho.

—¿Recuerdas cuando estuvimos en el Biscayne? —pregunté y soltó una sonora carcajada.

—Por supuesto que lo recuerdo, fue una experiencia inolvidable.

—¿Sabes? Quería asesinar a Tanya por coquetear contigo cuando la conocimos —respiré profundo y agregué—: Odiaba pensar que tendría que hacerme a la idea de que saldrías con otras mujeres, aun después de casarnos.

—Me pasaba igual, únicamente podía pensar en encerrarte en mi habitación y tirar la llave por el desagüe para alejarte de todos los idiotas interesados en ti. Comenzando por Giovanni, claro —me moví lo suficiente como para verlo a la cara—. Nunca en mi vida había sentido celos hasta que te vi con Garrett en aquel bar, después en Napa con Giovanni y en el Biscayne con Alistair. No sabía qué diablos pasaba conmigo y llegué a pensar que estaba perdiendo la cordura, me negaba a creer que eran celos lo que sentía.

—¿Es eso verdad? —pregunté llena de curiosidad, esta era la primera vez que admitía abiertamente haber estado celoso. Pero no tuve una respuesta a mi pregunta de inmediato, en cambio acarició mi mejilla para después besarme, su lengua delineó mi labio inferior y entreabrí mis labios permitiendo que profundizara el beso.

—Es verdad —susurró sobre mis labios—, ahora sé que fue durante aquel viaje donde comencé a enamorarme de ti.

Volvió a besarme y antes de que me diera cuenta, me encontraba recostada con el cuerpo de Edward cubriendo el mío, pero sin dejarme sentir por completo su peso. Mordisqueó mi mentón, para después pasar a mi cuello donde dejó un camino de húmedos besos arrancándome unos cuantos suspiros entrecortados; una de sus manos comenzó a moverse por mi costado, bajando hasta colarse bajo la falda de mi vestido y fue cuando algo dentro de mi cabeza hizo click, recordándome que estábamos en un parque y por muy de noche que fuese, alguien podía pasar y vernos.

—Ed... Edward para —con algo de esfuerzo lo aparté de mí, ganándome una mirada confundida de su parte—. Cariño, no soy una exhibicionista y alguien podría vernos. Por nada del mundo voy a satisfacer la vena voyerista de algún pervertido —sonrió y besó mi mejilla.

—Entonces, vayámonos de aquí —asentí y me ayudó a poner en pie.

Nos apresuramos a regresar a donde estaba aparcado el coche, metió la canasta al maletero y antes de que pudiera abrir la puerta del copiloto para entrar, su mano se cerró en torno a mi brazo y me vi acorralada entre el coche y su cuerpo. Sonreí cuando sus labios atraparon de nuevo los míos, y enredé mis brazos en su cuello cuando profundizó el beso.

—¡Pero qué sorpresa encontrarles aquí! —nos separamos al escuchar esa voz a unos pasos de distancia.

—¿Qué haces aquí Sulpicia? James no me dijo que estuvieras en la cuidad —ignoró las palabras de Edward y me dio una mirada llena de odio.

—No entiendo... ¿Cómo es que pudiste casarte con la responsable de la muerte de Gianna? —Edward clavó la mirada interrogante en mí pero yo no podía hablar—. Oh, no te lo dijo. No te dijo que mi hija está muerta por su maldita culpa.

—Bella, ¿de qué diablos está hablando? —tragué con dificultad para deshacer el nudo en mi garganta y poder hablar.

—Eso no es verdad, Edward yo no tuve la culpa de que Gianna muriera, ella se...

—¡Cállate, maldita asesina! No ensucies su nombre mencionándolo —Sulpicia sonrió y su sádica sonrisa me causó escalofríos—. Vas a pagar Isabella, vas a pagar por la muerte de mi hija con lo que más amas.

—Llévame a casa —murmuré con tono de suplica viendo como Sulpicia se alejaba, no sin antes darme una última mirada; algo que trajo a mi cabeza el recuerdo de unos enloquecidos ojos azules a causa de la sed de venganza.

—Necesito que me expliques ¿qué mierda fue todo esto?

—¡Con un demonio, llévame a casa! —grité desesperada, necesitaba ver a mi hija y saber que estaba bien.

Edward no dijo nada más y subimos al coche, el camino de regreso a casa lo hicimos en medio de un incómodo silencio, nunca antes un trayecto se me había hecho tan eterno y cuando por fin llegamos, mi corazón se detuvo al ver las patrullas de policía fuera de mi casa y entonces lo supe, las palabras de Sulpicia no fueron una simple y vacía amenaza, algo le había hecho a mi hija.

Corriendo entré a la casa, sin detenerme a ver si Edward venía detrás de mí o no. Nada más llegar al recibidor mis piernas perdieron fuerza y caí de rodillas al suelo, mi padre y Carlisle hablaban con los policías, mientras mi madre y Esme lloraban sentadas en uno de los sofás siendo consoladas por unas nerviosas Kate y Jane; Giovanni y Garrett con gemelas expresiones de angustia en sus rostros, permanecían de pie cerca de la ventana. Pasaron un par de minutos antes de que unos fuertes brazos me ayudaron a poner en pie, sentí unas cálidas manos acuñar mi rostro obligándome a verle a la cara.

—Tienes que ser fuerte, ¿me entiendes Bella? —parpadeé alejando las lágrimas y me encontré con el preocupado rostro de Giovanni frente a mí, con manos temblorosas tomé el trozo de papel que me tendía y lo leí.

Ahora sabrás lo que es perder a una hija.

—Tienen a... mi niña y no... volveré a verla —murmuré entre sollozos, Giovanni me abrazó y me aferré a él con fuerza.

—¿Quiénes la tienen señora Cullen? —me preguntó uno de los policías y me aparté de Giovanni.

—Sulpicia y James Vulturi, estoy segura que ellos la tienen —mi padre le dio a los policías toda la información que la persona que vigilaba James había recabado.

Unos minutos después los policías se marcharon, diciendo que harían todo lo posible para encontrar a mi hija, que ahora tenían una pista que seguir y les sería más fácil dar con James, y él los llevaría hasta donde estaban Sulpicia y mi hija. La impotencia que sentía en ese momento era indescriptible, todo lo que estaba pasando era mi culpa por no haberle dicho a Edward nada sobre quién estaba detrás de mi secuestro y el consecuente odio de los Vulturi hacía mí, por haber callado mi hija ahora estaba en peligro a manos de James y Sulpicia... y si algo le ocurría no podría perdonármelo.

—Maldita sea Isabella —la furiosa voz de Edward me sacó de mis pensamientos, se plantó frente a mí y sus manos se cerraron con fuerza en torno a mis brazos, su respiración era agitada y me removí tratando de soltarme de su agarre pero no pude hacerlo—. Dime de una jodida vez, por qué demonios dices que Sulpicia y James secuestraron a nuestra hija.

—Suéltame, me estás lastimando —Giovanni se acercó con intención de intervenir, pero una fiera mirada por parte de mi marido lo hizo apartarse.

—¡Con un carajo! Estoy cansado de tantos secretos y necesito saber la verdad, necesito saber si lo que dijo Sulpicia sobre la muerte de Gianna es cierto. ¡Necesito que confíes en mí de una puta vez!

—Esa maldita perra tuvo justo lo que se merecía —Edward por fin me soltó y confundido frunció el ceño ante las ácidas palabras de Jane—. Bella se negó a decirte la clase de mierda que era tu amiguita y el daño que le hizo cuando...

—¡Basta Jane! Eso me corresponde decírselo a mí —tomé una profunda respiración y con voz temblorosa comencé a hablar—. Edward, Gianna no murió en un accidente como te hicieron creer. Ella... ella se suicidó... se suicidó y Sulpicia me culpa por ello.

—¿Qué quieres decir con eso?

—La encontraron muerta en su celda, un mes después de ser condenada a cadena perpetua... Gianna fue quien me secuestró —musité sin apartar la mirada de él, esperando a que las palabras fueran procesadas por su cerebro y entendiera lo que estaba diciéndole.

—No puede ser, Gianna no pudo cometer un acto tan... atroz. ¡No puede ser verdad! —comenzó a caminar de un lado a otro como fiera enjaulada, mascullando y maldiciendo por lo bajo.

Esme y Carlisle lucían sorprendidos ante la revelación, Jane se acercó a mí rodeando mis hombros con su brazo y me guió hasta uno de los sofás, como una autómata me senté y apenas si fue consciente de que ella se sentaba a mi lado. Sabía que llegado este momento Edward no me creería, por eso me negaba a tener que decirle la verdad; aun después de muerta Gianna seguía interponiéndose entre nosotros.

—¿Quieres parar de una buena vez con eso, Edward? —me sobresalté al escuchar el siseo de Giovanni—. Gianna era una maldita doble cara, y antes de que comiences a defenderla, debes escuchar lo que Bella tiene por decir.

Todos centraron su atención en mí a la espera de que comenzara a hablar, las lágrimas no paraban de rodar por mis mejillas y el nudo en mi garganta crecía amenazando con ahogarme; Jane se levantó y Garrett ocupó el lugar a mi lado, tomó mi mano dándole un suave apretón y alcé la mirada hasta clavarla en él, con una sonrisa de apoyo y un pequeño asentimiento me incitó a por fin terminar con todo esto.

Asentí y solté un tembloroso suspiro, antes de aclararme la garganta y comenzar a desgranar una parte de mi vida que no quería recordar más, una parte de mi vida que hubiese deseado desapareciera con la muerte de Gianna.

—Ese día las clases terminaron y yo...

Solté un suspiro de alivio cuando el profesor Williams dio por terminada la clase, el día de hoy había sido particularmente estresante y no ayudaba la tediosa forma en que él impartía la clase; guardé mis cosas en mi bolso con calma y fui de las últimas personas en dejar el aula.

Hola extraño, ¿me estabas esperando? —Giovanni sonrió al verme llegar a donde estaba aparcado mi coche, se acercó a mí y dejó un casto beso en mi mejilla.

Sí, de hecho te estoy esperando. Hace días que no te veo y tal vez te gustaría ir a comer conmigo —abrí la puerta del coche y lancé mi bolso dentro.

Lo lamento Gio pero hoy no puedo, mis padres salen de viaje esta noche y me están esperando para comer con ellos. Aunque... podrías acompañarnos.

Eso me gustaría —asentí y me obligué a apartar la mirada de esos brillantes ojos negros que me encantaban, pero no eran los verdes que amaba y ansiaba poder ver aunque fuera una vez más.

Perfecto, entonces te veré allá —besé su mejilla a modo de despedida y entré al coche.

Conocí a Giovanni hace poco menos de un año, aquel día llovía como si el cielo estuviera cayéndose a pedazos y en mis prisas por llegar a mi coche, choqué con él ocasionando que ambos termináramos tirados en el mojado suelo del estacionamiento. Recuerdo que me molesté con él por haberme tirado, algo totalmente injusto ya que la culpa había sido mía, me levanté ignorando la mano que me ofrecía para ayudarme a poner en pie y sin más me marché.

Un par de días después lo volví a ver, con una sonrisa se acercó a mí y me invitó a tomar un café, "me lo debes después de lo que me hiciste el otro día" me dijo cuando me había negado y no tuve más remedió que aceptar. Para mi sorpresa congeniamos de inmediato, teníamos muchas cosas en común a pesar de que él era un par de años mayor que yo y estaba en su último año en la carrera de agronomía; después de ese día quedamos un par de veces más y terminamos por hacernos buenos amigos.

Giovanni era un hombre realmente apuesto, cabello castaño, ojos tan negros como obsidianas y su piel tenía un color ligeramente tostado; en más de una ocasión traté de verlo más que como un amigo, pero nunca pude hacerlo, por muy estúpido que sonara seguía enamorada de Edward... aunque sabía bien que él nunca me correspondería o si quiera se enteraría de mis sentimientos.

De pronto el sonido de mi teléfono móvil inundo el interior del coche sacándome de mis pensamientos, aprovechando que el semáforo estaba en rojo tomé mi bolso y lo saqué, no me sorprendió ver que se trataba de mi madre y atendí la llamada.

Ya voy de camino a casa mamá, y es mejor que pongas un lugar más en la mesa ya que invité a Gio... —no pude terminar la oración, pues solté el teléfono cuando un pañuelo lleno de una olorosa sustancia cubrió mi nariz y boca.

Luché por librarme de mi atacante pero no pude, sentía como poco a poco mi cuerpo perdía fuerzas y antes de que la oscuridad me absorbiera, por el espejo retrovisor vi el rostro de mi atacante cubierto por un pasamontañas que únicamente dejaba a la vista un par de ojos azules.

Poco a poco la conciencia volvió a mí, abrí los ojos y parpadeé un par de veces en un intento de aclarar mi visión, algo totalmente imposible dado que el lugar en el que me encontraba era por demás obscuro; ¿cómo llegué aquí? Me pregunté sintiéndome confundida, lo último que recordaba era estar en mi coche hablando con mi madre y esperando a que la luz del semáforo cambiara y después... nada. Traté de moverme pero no pude hacerlo pues estaba atada de los pies y las manos, lo cual sólo podía significar una cosa: me habían secuestrado. Mi corazón comenzó a latir de prisa cuando mi cerebro proceso esta información, asustada empecé a gritar pidiendo ayuda pero como era de esperar nadie vino a sacarme de aquí.

Después de lo que bien pudieron ser horas, la puerta se abrió emitiendo un siniestro crujido que me puso los pelos de punta, crujido que fue acompañado por unos lentos y escalofriantes pasos que se detuvieron hasta llegar a mi lado.

Cerré los ojos esperando que mi captor se marchara creyendo que seguía inconsciente, pero no tuve esa suerte; una mano se cerró con fuerza en torno a mi cabello tirando con brusquedad obligándome a incorporar, chillé ante la ola de dolor que recorrió mi cuerpo y mis ojos se llenaron de lágrimas.

No, por favor... no me haga daño... por favor —murmuré con voz ahogada, buscando el rostro de mi captor pero tenía puesto un pasamontañas.

Todo ruego fue en vano, unos segundos después un puño se estrellaba con fuerza contra mi costado, seguido de más y más golpes. Me pareció que pasó una eternidad antes de que los golpes pararan y por fin se alejara de mí, mi cuerpo entero dolía como el infierno y sollocé con fuerza al ver que unos minutos después se acercaba de nuevo a mí, cerré los ojos esperando a que los golpes llegaran de nuevo más sin embargo no los hubo; sentí como una aguja se clavaba en mi muslo y poco después la obscuridad me daba la bienvenida otra vez.

La siguiente vez que desperté pude darme cuenta que estaba en un lugar distinto, no era como si pudiera ver algo ya que todo seguía obscuro pero podía escuchar gotas de agua caer que antes no escuchaba, por lo que deduje ahora estaba en un lugar bajo tierra. Me removí un poco buscando soltarme de la atadura en mis manos, pero desistí al sentir la ola de dolor que recorrió mi cuerpo ante el movimiento, las lágrimas no tardaron en aparecer y por primera vez en mucho tiempo recé, recé porque mis padres me estuvieran buscando y pudieran encontrarme pronto, algo que en el fondo sabía no iba a suceder.

El miedo me carcomía por dentro, quería gritar pidiendo auxilio pero no estaba segura de que alguien lograra escucharme y venir en mi ayuda. Después de todo, si hubiese alguien cerca ya habría venido al escuchar mis gritos cuando me golpeaban y lastimaban, porque sí, los golpes se habían convertido en una contante desde que estaba en manos de estos sádicos. Las lágrimas caían de mis ojos sin control y no dejaba de retorcer mis manos, tratando de liberarlas de la cuerda que las mantenía fuertemente sujetas por detrás de mi espalda, aunque eso ocasionara que las lesiones en mis muñecas empeoraran por el roce del áspero material y el lacerante dolor casi me dejara sin aliento.

No sabía cuánto tiempo había pasado desde que estaba encerrada aquí, pero lo que sí sabía era que debía encontrar una forma de escapar lo antes posible, antes de que terminaran por matarme, pues si lo que buscaran fuera un rescate mis padres ya lo habrían pagado y me hubiesen dejado libre; las personas que me mantenían cautiva estaban totalmente desquiciadas y querían torturarme antes de terminar con mi vida, y no sabía cuánto tiempo más tenían planeado alargar mi tortura.

La puerta se abrió y mi cuerpo entero tiritó a causa del pánico, mi corazón martillaba con fuerza dentro de mi pecho y los golpeteos aumentaron al escuchar unos ligeros pasos acercarse. No había iluminación en el lugar donde me tenían, y la luz que se colaba por la puerta abierta apenas si me era suficiente para distinguir la silueta de mi captor.

Isabella, tu fin está tan cerca y la muerte será tu pago final —nunca antes me había hablado y mis ojos se abrieron por la sorpresa al reconocer su voz, no podía ver su cara, pero estaba segura de que era quién yo creía.

¿Por qué me haces esto? —murmuré con voz ronca e hice una mueca de dolor, mi garganta estaba irritada y dolía a causa de los agónicos gritos que soltaba cuando era lastimada.

Caminó por la habitación y encendió la luz, mis ojos protestaron ante la iluminación, después de pasar tanto tiempo en medio de la obscuridad ya me había acostumbrando a ella.

¿Sabes qué es esto? —ignoró mi pregunta y agitó un pequeño frasco frente a mis ojos—. ¡Oh pero claro que no lo sabes! —se sentó a mi lado en el mugriento suelo y destapó el frasco—. Te daré una pequeña y educativa clase de química, así que escúchame con atención, ¿de acuerdo? No quisiera castigarte por no prestar atención a mis palabras. Bien, esto es ácido nítrico, un liquido viscoso y corrosivo que puede ocasionar graves quemaduras, una sola gota y disfrutaré como no tienes idea, escuchando tus patéticos lamentos.

¡No! ¡Por favor no lo hagas! —chillé llena de pánico y desesperación.

Vamos a divertirnos mucho, Isabella —con una de sus manos sujetó con fuerza mi rostro, posó el frasco justo por sobre mi cara y con lentitud comenzó a inclinarlo a un costado.

¡Para! ¡Para por favor! ¡Noooo! —grité sintiendo como mi garganta se desgarraba con cada uno de mis gritos.

Soltó una sonora carcajada y me soltó, pude ver como tapaba el frasco y una chispa de alivio nació dentro de mí.

Esto lo dejaré para después, ahora tengo prisa y no sería divertido usarlo —se puso en pie y sacudió su ropa—. ¿Sabes? Estoy de muy buen humor hoy, hablé con Eddie y me invitó a pasar unas semanas con él. Apuesto a que se alegrará al saber que me vengué por lo que nos hiciste, aunque tal vez lo decepcione no haber podido ser parte de esto.

Gianna, por favor... por favor dejame ir —le supliqué con voz apenas audible.

¡Nunca! De aquí saldrás solamente muerta, ¿entiendes?

Ya tuviste tu venganza y... —jadeé en busca de aire después de que me pateara con fuerza, estaba segura de que al menos tenía rotas un par de costillas.

Me voy, no quiero que arruines mi buen humor, además de que mis padres me están esperando.

Me ovillé tanto como el dolor me permitió. Edward, ¿en verdad le alegraría saber esto? Oh pero claro que le alegraría, había hecho de su vida un maldito infierno y le alegría saber que pagué por ello, que Gianna había cobrado venganza por ambos.

Mi cuerpo tiritaba y mis dientes castañeaban, tenía mucho frío y estaba casi segura de que tenía fiebre; también podía asegurar que tanto las lesiones en mis muñecas, así como la mayoría de los distintos cortes que cubrían mi cuerpo, estaban seriamente infectados por la falta de atención médica y la suciedad en mi entorno.

Desde hacía mucho que había perdido la esperanza de que alguien me encontrara, ya había pasado demasiado tiempo y sabía muy bien lo que eso significaba, sólo me quedaba esperar que Gianna tuviera un poco de piedad para conmigo y terminara de una vez por todas con esto. Prefería mil veces morir, que seguir viviendo en medio de este maldito infierno.

Me sobresalté cuando la puerta se abrió con un fuerte golpe que hizo eco por todo el lugar y Gianna encendió la luz, desde que me dejara saber quien era siempre encendía la luz al entrar; sentí nauseas al escuchar sus pasos acercarse a mí, no tenía una idea exacta del tiempo que pasaba, pero sospechaba que por lo menos habían pasado un par de días desde la última vez que estuvo aquí.

Apuesto a que me extrañaste y te alegra verme, odio los compromisos familiares que me mantienen fuera por tantos días —se acuclilló frente a mí y su sonrisa me heló la sangre.

¿Por qué no terminas de una buena vez con esto? Hazlo ya, mátame ahora; no tiene caso esperar más —de una pequeña mochila negra sacó un cuchillo y lo dejó a su lado en el suelo.

Oh no te preocupes más por eso querida, tendré piedad y por fin terminaré con tu sufrimiento. En dos días tomaré un avión que me llevará con Eddie, y tengo que acabar contigo antes de irme —acercó su rostro a mí y como si temiera que alguien le escuchara murmuró—: Pero antes de hacerlo, terminaré con algo que dejé pendiente. ¿Recuerdas esto?

Agitó frente a mi rostro un pequeño frasco, al reconocerlo, mis ojos se abrieron de forma desmesurada por el pánico y las lágrimas no tardaron en aparecer; era el mismo frasco con ácido nítrico que me mostró la última vez que estuvo aquí.

¡Veo que sí lo recuerdas! —chilló con desmedido entusiasmo.

Por favor, no lo hagas y mátame...

¡Cállate! No estoy de humor para escucharte, a menos que sea gritando de dolor, claro está —destapó el frasco y lo puso en el suelo.

Tomó el cuchillo, cortó la cuerda que sujetaba mis manos y solté un jadeo de dolor cuando jaló mi brazo. Pero eso fue nada comparado al agonizante dolor que inundó mi cuerpo, cuando la primera gota de ácido entró en contacto con mi piel.

El dolor era insoportable y no podía ni respirar, en medio de la nebulosa que me rodeaba me pareció escuchar voces y pasos acercarse, Gianna dijo algo que no fui capaz de entender y lo último que sentí antes de caer inconsciente, fue la fina y afilada hoja del cuchillo clavarse con saña en mi abdomen.

Abrí los ojos y parpadeé hasta acostumbrarme a la luz, me encontraba en una blanca habitación con olor a desinfectante, lágrimas de alivio comenzaron a rodar por mis mejillas al comprender que estaba en un hospital.

¡Oh cariño! Al fin despertaste mi cielo, tu padre y yo hemos pasado momentos horribles sin saber nada de ti —mi madre se acercó casi corriendo hasta la cama y quitó un mechón de cabello que caía por mi frente.

Mamá... mamá... mamá... —murmuré y me aferré con fuerza a ella cuando me abrazó.

Ahora estás a salvo, ya estás a salvo mi niña —murmuró entre lágrimas.

Una semana después dejé el hospital con mis padres, pero la pesadilla aún no estaba ni siquiera cerca de terminar. Tuve que presentarme a declarar contra Gianna en su juicio y en el de su hermano, James, quien había sido su cómplice en mi secuestro. No quise estar presente cuando días después les fue dictada sentencia, pero supe por mis padres cuál había sido el veredicto del juez: Gianna condenada a cadena perpetua por los delitos de secuestro, tortura e intento de asesinato; y su hermano fue condenado a pasar diez años en prisión por complicidad.

Hacía lo posible para olvidar lo que había vivido a manos de Gianna, pero conforme pasaban los días me era más y más difícil hacerlo, las pesadillas comenzaron y pronto me vi en la necesidad de tomar medicación para dormir profundamente y evitar así las pesadillas. Cuando mi madre se dio cuenta de lo que me estaba pasando insistió hasta el cansancio para que viera a un psicólogo, no desistió hasta que accedí y al día siguiente estaba en el consultorio de Zafrina. Las sesiones con Zafrina comenzaron a tener un efecto positivo en mí, poco a poco no necesité más medicación para dormir y las pesadillas, aunque no habían desaparecido por completo, ya no eran tan frecuentes.

Pero un día todo cambio, mi madre y yo habíamos salido a ver al doctor que estaba llevando el caso de la quemadura que cubría casi por completo mi antebrazo derecho, la cual Gianna había provocado con el ácido nítrico; cuando llegamos a la casa nos encontramos con Sulpicia que nada más verme, se lanzó sobre mí abofeteándome.

¡Maldita asesina! ¡Tú mataste a mi hija, por tu culpa Gianna está muerta! —me quedé en shock por las palabras de Sulpicia, mi padre salió alertado por los gritos y mi madre me llevó dentro de la casa.

¿Gianna está muerta? —mi madre soltó un sonoro suspiro y asintió.

Hace unas semanas la encontraron muerta en su celda, todo indica que se suicidó.

Con piernas temblorosas subí a mi habitación y me dejé caer sobre la cama, abracé una de mis almohadas y dejé que las lágrimas salieran de mis ojos, Sulpicia tenía razón y la única culpable de la muerte de Gianna era yo, si yo no hubiera hecho lo que hice ella no habría tenido motivos para buscar una venganza en mi contra y ahora estaría viva.

Enterarme de la muerte de Gianna desató una nueva etapa de depresión, dejé de asistir a mis sesiones con Zafina y me recluí en mi habitación. Me sentía culpable y la culpabilidad me llevó a tomar una drástica decisión, me senté en el borde de mi cama y sin detenerme a pensarlo dos veces, abrí el cajón de la mesita de noche y saqué las tijeras que estaban dentro; apoyé el filo en mi muñeca y antes de que pudiera cortar la fina piel, las tijeras desaparecieron de mi mano.

¿Qué crees que haces? —alcé la mirada encontrándome con el molesto rostro de Giovanni.

Yo no... no puedo más con esto Gio... ¡Ya no puedo más! —limpió con suavidad las lágrimas que rodaban por mis mejillas, sus brazos rodearon mi cuerpo y escondí el rostro en el hueco de su cuello.

No puedes seguir así Bella, no voy a permitir que te destruyas, no lo voy a permitir cariño —estrechó su abrazo y besó el tope de mi cabeza.

Ese mismo día Giovanni me sacó de mi casa, me llevó al aeropuerto y ambos nos montamos en un avión con rumbo a Napa, California; donde mi amigo era dueño de un viñedo. Fiel a su palabra no me dejó destruirme, día a día me ayudó a salir del abismo en el que estaba metida, me enseñó a montar y todos los días dábamos largos paseos por los campos del viñedo, no me dejó sola en ningún momento cuando decidí someterme a un tratamiento para quitar la cicatriz de la quemadura en mi antebrazo; pero sobre todo me ayudó a valorar de nuevo la vida, me ayudó a lidiar con mis demonios y recuperar las ganas de vivir.

—Pasé un año en Napa con Gio, en ese tiempo no sólo retomé el control de mi vida, si no que también le tomé cierto gusto a la fotografía y cuando volví a Nueva York decidí dedicarme a ello de forma profesional —un par de horas después terminé de contarles todo, Edward tenía las manos cerradas en apretados puños y veía algún punto frente a él—. Edward, lamento mucho que...

No me dio tiempo a terminar la oración, tomó una lampara y con furia la lanzó estrellándola contra la pared, sin decir nada a nadie salió visiblemente molesto y un par de minutos después Giovanni salió detrás de él

—Necesita tiempo para... para asimilar todo esto —me dijo una llorosa Esme y asentí.

—Deberías subir a tu habitación y tratar de descansar un poco, te avisaremos si sabemos algo sobre Keily —dijo Jane y no discutí, me puse en pie y salí del recibidor, necesitaba un poco de espacio después de haber desenterrado la parte más dolorosa de mi pasado.

Saqué del armario un pantalón de chándal y una playera de mangas cortas, me los puse y me recosté en la cama rodeando mi torso con mis brazos. Un teléfono móvil comenzó a sonar, lo busqué y lo encontré tirado en suelo junto a la cama, era un teléfono que no reconocía y me apresuré a contestar, estaba segura de que era Sulpicia.

—¿Dónde está mi hija? —le exigí en cuanto atendí la llamada y soltó una sonora carcajada.

He estado pensando mucho, y no es justo que una pequeña inocente pagué por los pecados de su maldita madre. Así que escucha con atención lo que vas a hacer —haría cualquier cosa que me dijera con tal de saber que mi hija estaría a salvo, si me la pidiera, le daría mi propia vida a cambio de la de mi pequeña Keily.

Continuará...


¡Hola! Tardé un poco pero al fin aquí está el nuevo capítulo y espero que les gustara. ¿Esperaban que Gianna fuera la mente maquiavélica detrás de secuestro de Bella? ¿Qué pasará ahora? Me gustaría saber sus teorías al respecto, y recuerden que estamos entrando en la recta final de esta historia. Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, ahí estaré publicando imágenes relacionadas a la historia como también adelantos de la misma, les invito a unirsenos y si les interesa encontrarán el Link en mi perfil.

Muchísimas gracias a quienes agregaron la historia a sus alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se toman un momentito de su tiempo para dejarme sus lindos review's y alegrarme el día, no los respondo por falta de tiempo, pero sepan que los leo todos y cada uno de ellos.

¿Algún review? =)

¡Hasta el próximo capítulo!