Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 22
EDWARD POV.
Recorrí con la mirada las distintas fotografías que se encontraban sobre la amplia mesa de cristal junto a la ventana, algunas eran de los distintos lugares que visitamos en aquel viaje que Bella y yo hicimos antes de casarnos, aquel viaje donde sin darme cuenta poco a poco me fui enamorando de ella; otras tantas eran de nuestra boda y los primeros dos años de nuestro matrimonio, también había fotografías de Bella embarazada de nuestra princesa, de nosotros dos preparando el cuarto de Keily, y por supuesto que también de nuestra hija cuando nació y sus primeros meses de vida.
Solté un pesado suspiro y tomé uno de los marcos de madera, caminé un par de pasos hasta llegar al sofá de cuero donde me senté y con añoranza acaricié la imagen con la punta de mis dedos, en ella aparecíamos Bella y yo sentados en el césped de nuestro jardín, ella estaba sentada entre mis piernas con la espalda apoyada en mi pecho y una radiante sonrisa iluminaba su rostro; mientras yo tenía apoyada la barbilla en su hombro y mis manos descansaban con suavidad sobre su abultado vientre de ya siete meses de embarazo. Sin duda volver a encontrarme con Bella y enamorarme de ella fue lo mejor que me pudo pasar en la vida, me enseñó a perdonar y el verdadero significado de lo que era ser feliz, me enseñó lo que era amar y ser amado, me dio el mejor regalo que pude haber recibido jamás en la vida: nuestra hija.
Dejé la fotografía a un lado en el sofá, resoplé con pesadez y cerré los ojos, dejando que los nada gratos recuerdos de aquel fatídico día me llenaran por completo.
—¡Bella no está! —gritó una agitada Jane entrando al recibidor.
—¿Cómo que no está? —pregunté y dejé a Keily en brazos de mi madre.
—La busqué en su habitación, el baño, la cocina, el jardín... ¡Maldición, no está en ningún lado! —no, no, no, por favor Dios que no sea lo que estoy pensado, rogué para mis adentros.
—Si esto es obra de mi madre... yo creo que sé dónde es que está Isabella —todos clavamos la mirada en James, esperando expectantes a que nos dijera en donde podía estar mi mujer—. La abandonada fabrica donde Gianna tuvo a Isabella secuestrada, estoy casi seguro que ahí están. Yo te llevaré.
—Hijo, puede ser que sea una trampa y...
—Mamá, no dejaré a Bella a manos de esa mujer —soltó un pesado suspiro sabiendo que no me haría cambiar de opinión, y no insistió más.
—Yo voy contigo —asentí, no iba a oponerme a que Giovanni me acompañara.
Sin perder más tiempo salimos los tres de la casa, Giovanni insistió que nos fuéramos en su coche pues yo estaba demasiado nervioso como para conducir y no repliqué, lo importante era llegar a donde Bella estaba lo más rápido posible. De pronto el teléfono móvil de Giovanni comenzó a sonar, se apresuró a contestar y por lo que pude entender era Jane.
—Avisaron a la policía y están de camino —dijo una vez terminó con la llamada—. Nos piden no hacer nada hasta que ellos lleguen, no sabemos con qué nos encontraremos y podemos poner en peligro a Bella en lugar de ayudarla.
Media hora después estábamos llegando a la fabrica, el lugar estaba completamente en ruinas y parecía que en cualquier momento se vendría abajo, algo que no ayudaba a que mi ansiedad disminuyera; nada más salir del coche quise entrar y buscar a Bella, pero debía mantener la calma para no ponerla en un peligro peor del que ya se encontraba.
Diez minutos después la policía y una ambulancia llegaron al lugar, trataron de impedir que entrara pero nada de lo que hicieran podría detenerme; escuché como James decía que lo más seguro era que estuvieran en el sótano y sin pensarlo dos veces corrí hasta llegar ahí, seguido por Giovanni y la policía. Me quedé parado en el umbral de la puerta, mi corazón se detuvo por un instante y la sangre se heló en mis venas al ver la escena dentro de aquel cuarto: Bella estaba en el suelo, mientras Sulpicia permanecía parada frente a ella apuntándole con una pistola.
Bella clavó la mirada en nosotros y sus ojos se abrieron con sorpresa, abrió la boca con la intensión de decir algo pero no tuvo oportunidad de hacerlo, pues en ese momento el sonido de dos disparos resonaron por todo el lugar. Por un momento me quedé sin saber qué hacer, un par de policías pasaron a mi lado y se acercaron con cautela a Sulpicia que no apartaba la mirada de Bella, la mujer no se resistió cuando le quitaron la pistola y la esposaron.
—¡Bella! —grité saliendo de mi aturdimiento, corrí hasta llegar a su lado y me dejé caer de rodillas.
—Ke-Keily... —murmuró con voz apenas audible.
—Ella está bien, amor, está a salvo en casa —mis ojos se llenaron de lágrimas y un par rodaron por mis mejillas, al ver como la sangre manaba de las dos heridas en su pecho—. ¡Dónde mierda están los paramédicos! —grité desesperado a Giovanni que parecía estar petrificado junto a la puerta, al escuchar mi grito, parpadeó un par de veces y salió corriendo.
—Edward... cuida a... nuestra hija... —volví a clavar la mirada en ella al escuchar sus débiles palabras, comencé a negar de forma frenética y tomé su mano entre las mías apretándola con fuerza.
—Ambos cuidaremos de ella, no puedes dejarnos. ¿Me escuchas, Isabella? ¡No puedes!
—Te... amo... —murmuró y con suavidad acarició mi mejilla, grité como un loco cuando su mano cayó sin fuerzas al suelo con un golpe sordo y sus ojos se cerraron.
—No Bella... no puedes dejarme... no puedes dejarme —murmuré tomándola en mis brazos y meciéndola como si fuera un bebé—. No me dejes... te amo, Bella... vamos, abre los ojos amor.
Apenas si fui consciente de que los paramédicos llegaban arrebatando a Bella de mis brazos, Giovanni me obligó a ponerme en pie y alejarme un poco para que pudieran atenderla. Me encontraba demasiado aturdido como para comprender del todo lo que estaba pasando, podía escuchar a los paramédicos diciendo cosas como: "Está perdiendo mucha sangre" "Sus signos vitales son muy débiles" "Llama al hospital e informa lo que ocurre, que nos estén esperando preparados para atenderla"
—Estará bien, ella es fuerte y... lo logrará —me dijo Giovanni y recé para que así fuera, pues no sabría qué hacer si es que llegaba a perderla.
Llegamos al hospital y me bajé de la ambulancia corriendo detrás de los paramédicos que llevaban a Bella en la camilla, nada más entrar un doctor se apresuró a acercarse y maldijo por lo bajo al comprobar su pulso.
—¡Rápido, está entrando en paro! —gritó y corriendo se la llevaron por un largo pasillo, traté de seguirlos pero un par de brazos me lo impidieron.
—¡Maldita se suéltame! —forcejé para soltarme de su agarre pero Giovanni no cedió.
—No hay nada que puedas hacer allá adentro para ayudarla, al contrario, sólo entorpecerías las cosas —después de unos minutos por fin me soltó, caí de rodillas al suelo y lo golpeé con mis puños.
Mis padres y mis suegros llegaron y fue Giovanni quien los puso al tanto de lo ocurrido, mi madre se acercó a mí y la abracé con fuerza, en sus brazos lloré como no lo hacía desde que era un niño, mientras ella murmuraba entre sollozos palabras de consuelo.
Me pareció una eternidad el tiempo que pasó antes de que el doctor saliera a darnos noticias de Bella, todos nos apresuramos a acercarnos a él cuando lo vimos aparecer, pero al ver la cara seria del hombre frente a nosotros, mi corazón se contrajo dolorosamente y me temí lo peor.
—Hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos, lamentablemente... —comenzó a decir pero no me quedé a escucharlo, no podía escucharlo decir que Bella no había resistido, que nos había dejado solos a nuestra hija y a mí; así que di media vuelta y salí corriendo del hospital.
Giovanni había dejado las llaves de su coche pegadas en la marcha, me monté en el coche y conduje por las solitarias calles de Nueva York hasta llegar a mi casa.
En cuanto entré Jane, Kate y Garrett corrieron a mi encuentro, me preguntaron por Bella pero no pude darles una respuesta, me limité a subir las escaleras y como un autómata entré a la habitación de mi hija; eché el seguro a la puerta y cuidando de no despertarla la tomé en mis brazos, me senté en la mecedora y dejé que las lágrimas se deslizaran silenciosas por mis mejillas.
—No sé si pueda seguir adelante si tu mamá no está con nosotros... pero por ti cariño... por ti intentaré hacerlo.
Tomé la fotografía y me puse en pie cuando escuché pasos acercarse, la dejé de nuevo en su sitio y con el dorso de mi mano sequé un par de traicioneras lágrimas que se escaparon de mis ojos. No necesitaba ser adivino para saber quién era, además, ella era la única persona que tenía una copia de la llave de la puerta de entrada.
—Hola cariño, ¿cómo estás? —me encogí de hombros y me acerqué a ella saludándola con un beso en la mejilla—. Sí, supongo que no fue la pregunta más acertada.
—¿Qué haces aquí mamá? —pregunté con más brusquedad de la que pretendía, soltó un sonoro suspiro y se sentó en el sofá donde poco antes yo había estado sentado.
—Vengo a ver a mi hijo y a mi nieta, ¿o es que acaso no puedo hacerlo? —preguntó enarcando una de sus cejas.
Un par de semanas después de lo ocurrido, mis padres se habían instalado en mi casa como si fuera la suya, no es que no agradeciera que se preocuparan por mi hija y por mí, pero necesitaba aceptar lo que estaba pasando y adaptarme a mi nueva vida sin Bella, así se los hice saber y les pedí que se marcharan; en un principio se habían negado a dejarnos solos aunque al final terminaron por rendirse. Claro que eso no evitaba que vinieran todos los días, para cerciorarse de que todo estuviera bien con Keily y conmigo.
—Por supuesto que puedes mamá —me senté a su lado y tomó mi mano dándole un suave apretón—. ¿Sabes? Nunca te agradecí que, a pesar de saber lo que ocurrió entre Bella y yo en la preparatoria, no te opusieras a la idea de papá de que me casara con ella.
—¿Cómo supiste tú sobre eso?
—Bella me lo contó poco después de casarnos —una triste sonrisa se posó en sus labios y clavó la mirada en la mesa de las fotografías.
—No conocía mucho a Bella en aquel momento, habíamos coincidido un par de veces e intercambiado sólo unas cuantas palabras, pero algo dentro de mí me decía que ella no era la misma y había cambiado para bien. La chica que sonreía y tomaba fotografías hasta de la cosa más insignificante, no podía ser la misma Bella que conociste en preparatoria —clavó sus ojos llenos de lágrimas en mí y se aclaró la garganta antes de agregar—: Me alegra que decidieras darle una oportunidad, que se dieran una oportunidad para ser felices juntos.
—La extrañó tanto mamá —murmuré con voz ahogada y acepté el confortante y maternal abrazo en el que me envolvió—. La extrañó tanto.
—Lo sé mi vida, todos la echamos mucho de menos —con suavidad me deshice de su abrazo, me puse en pie y respiré profundo un par de veces.
—Voy ir al...
—Yo me quedaré cuidando a Keily —me interrumpió y negué.
—Ella vendrá conmigo, mamá —frunció el ceño en desacuerdo y antes de que pudiera decir algo, salí del lugar rumbo a las escaleras.
Entré a la habitación de mi hija, que nada más verme, clavó la mirada en mí y sonrió dejándome ver los dos pequeños dientecitos inferiores que ya le habían brotado. Cuando sus dientes comenzaron a salir había pasado unos días terriblemente agotadores y estresantes, mi princesa estaba irritable por la inflamación y el dolor en su encía, tenía problemas para dormir y no quería comer; en ese momento deseé que Bella hubiese estado conmigo, compartiendo juntos una etapa más en el crecimiento de nuestra hija.
—Tú y yo, jovencita, iremos a visitar a mamá —la tomé en mis brazos y soltó una sonora carcajada, cuando dejé un ruidoso beso en su mejilla.
—Edward, no creó que sea lo más indicado que la lleves contigo —dijo mi madre entrando a la habitación.
—No quiero discutir sobre esto —me colgué al hombro la bolsa con las cosas de Keily y salí ignorando el llamado de mi madre.
Acomodé a Keily en su sillita y antes de que mi madre pudiera salir de la casa, me monté en el coche poniéndolo en marcha. De camino a mi destino hice una parada en la florería, donde compré un ramo de tulipanes rosas, los favoritos de Bella y los cuales le llevaba en cada una de mis visitas; por el espejo retrovisor le di un vistazo a mi hija que mordía con ahínco su mordedera y sonreí con nostalgia.
A su casi año de edad, Keily ya comenzaba a dar sus primero pasos sujeta a mis manos, también estaba comenzando a soltar algunas palabras y cada día que pasaba se parecía más a mi Bella, con la diferencia de que sus ojos eran verdes y tenía el cabello rubio de su abuela Renée; era tanto lo que Bella se estaba perdiendo en el crecimiento de nuestra hija, pero no perdía la esperanza de que pronto volvería a estar con nosotros.
—¡Edward, abre la puerta! —gritó Garrett aporreando con fuerza la madera, Keily se removió en mis brazos por el escándalo pero no despertó—. Si no abres, voy a tirarla y créeme que no estoy bromeando.
—Edward, por favor, sal para que podamos hablar —me pidió Jane con cierta nota de desesperación en su voz—. Es sobre Bella, Esme llamó y me dijo lo que ocurrió.
Cerré los ojos tomando una profunda respiración, besé la frente de mi hija y me puse en pie, con cuidado para no despertarla la dejé de nuevo en su cuna y abrí la puerta encontrándome con unas llorosas Jane y Kate, y con un cabizbajo Garrett.
—Bella está viva —me dijo Kate en cuanto me vio salir de la habitación.
—No, el doctor dijo que...
—¡Con un demonio, Edward! —chilló Jane interrumpiéndome—. Saliste del hospital corriendo como un loco, sin esperar que el doctor terminara de dar su explicación.
—Es verdad, Edward, Bella está viva —agrego Garrett rodeando los hombros de Kate con sus brazos.
Sacudí la cabeza alejando ese recuerdo, enterarme de que mi mujer estaba viva fue como un sorbo de agua fresca en medio del desierto, pero la noticia que me dieron después fue igualmente devastadora; sí, Bella estaba viva pero en coma desde hacía cuatro meses.
Entré al hospital y con calma caminé por el largo pasillo que me llevaría a la habitación de Bella, fruncí el ceño al ver a Renée fuera de la habitación, con la espalda apoyada en la pared cubriendo su rostro con ambas manos y su cuerpo se sacudía a causa de los sollozos; casi sin ser consciente de que las flores caían de mis manos me apresuré a llegar a su lado.
—Renée, ¿qué ocurre? —alzó el rostro al escuchar mi voz y me sonrió.
—Despertó... Bella despertó —murmuró entre lágrimas y cuando mi cerebro proceso esas palabras, quise entrar corriendo a la habitación pues necesitaba comprobar con mi propios ojos que era verdad—. Espera, ahora el doctor está revisándola y no puedes entrar.
Keily se removió en mis brazos y comenzó a balbucear llamando la atención de su abuela, que la tomó en sus brazos diciéndole que por fin su mamá estaba de nuevo con nosotros. Unos minutos después el doctor salió, nos informó que todo parecía estar bien con Bella pero que no podía descartar alguna secuela causada por el coma, hasta realizarle los exámenes pertinentes.
—Anda, entra tú —me dijo Renée quitándome la bolsa con las cosas de Keily, una vez el doctor se marchó autorizándonos para entrar a la habitación—. Yo me quedaré unos minutos aquí con mi nieta.
Asentí y solté el aire que de forma inconsciente había estado reteniendo, mi mano temblaba cuando la alargué y tomé el pomo de la puerta girándolo con lentitud. Al ver como un par de orbes color chocolate se posaban en mí, no pude contenerme y corrí, corrí hasta llegar a su lado y la abracé con fuerza temiendo que fuera un sueño, un sueño del que en cualquier momento despertaría encontrándome con que mi Bella seguía en coma.
—Dime que esto no es un sueño —me separé de ella lo justo para poder tomar su rostro entre mis manos, y apoyar mi frente sobre la suya.
—No lo es amor —sonreí al escuchar esa voz que tanto había echado de menos y dejé un casto beso en sus labios, por fin estábamos de nuevo juntos y a partir de ese momento todo estaría bien.
Semanas después...
Bella iba de un lado a otro por el jardín sin dejar de sonreír ni soltar su cámara, tomando montones de fotografías a Keily, nuestros padres y amigos que habían venido para celebrar con nosotros el primer cumpleaños de nuestra hija.
Nunca me hubiese siquiera imaginado ni en mis más locos sueños que algún día estaría aquí, casado con Bella, teniendo una hermosa hija juntos y enamorado de ella como un completo idiota.
Pasé años creyendo que la odiaba, y creyendo era la palabra clave, pues contrario a lo que las personas pueda llegar a decir, uno no se enamora de alguien a quien en realidad odia; así de simple. Es más, podía asegurar que incluso desde la preparatoria y a pesar de todo lo ocurrido sentía algo por ella, no iba a decir que era amor, pero sí podía asegurar que me sentía atraído por ella. Tal vez si las cosas se hubieran dado distintas entre nosotros en aquel tiempo hubiésemos podido intentar tener una relación, pero el destino tenía otros planes para nosotros y simplemente, nos encontramos en el momento en que debíamos hacerlo.
—¿En qué piensa, señor Cullen? —la voz de Bella y el sonido de la cámara siendo activada, me sacaron de mis pensamientos.
—Creo haberte dicho que podías tomarme cuantas fotografías quisieras, siempre y cuando tú también estuvieras en ellas —le reproché en tono de broma y negó con diversión—. Pensaba en lo mucho que te amo, y en que no cambiaría nada de lo que he vivido, si al final estamos juntos.
—A mí no me importaría cambiar un par de cosas, ¿sabes? —soltó un sonoro suspiro y bajó la mirada—. No debí haberte ocultado lo de Gianna, si te lo hubiese dicho tal vez...
—No pienses más en eso —la interrumpí con suavidad—. Ya es pasado, y como tal debe quedarse.
—Tienes razón. Anda, ven conmigo que es hora de cortar el pastel —se puso de puntitas y besó mis labios, enredé mis brazos en su cintura acercándola más a mí profundizando el beso.
—¿Crees que notarían nuestra ausencia si desaparecemos un par de horas? —acerqué mis labios a su oído y murmuré—: Me muero de ganas por hacerte el amor.
—¡Edward! —chilló dándome un manotazo en el brazo y solté una sonora carcajada, besé su mejilla y rodeé sus hombros con mi brazo, para después comenzar a caminar hacía donde nuestros invitados esperaban que el pastel fuera cortado.
Tomé a Keily en mis brazos y Bella encendió la vela del pastel, mientras todos cantábamos el cumpleaños feliz, me di cuenta de que tenía todo aquello que necesitaba para ser feliz, pero era malditamente ambicioso y quería algo más: un nuevo Cullen en nuestra familia. Esta noche, cuando todos se marcharan y Keily se durmiera, hablaría sobre ello con Bella; y si todo resultaba como lo tenía planeado, el próximo años los Cullen Swan estaríamos celebrando el cumpleaños de nuestra hija, con un nuevo integrante en la familia.
Fin
¡Hola! Pues este fue el final de esta historia, espero que les gustara un poquito y no terminaran odiándolo. Todavía nos queda el epílogo, así que aún no me despido.
Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, ahí estaré publicando imágenes relacionadas a la historia como también adelantos de la misma, les invito a unirsenos y si les interesa encontrarán el Link en mi perfil.
Muchísimas gracias a quienes agregaron la historia a sus alertas y favoritos, así como también un enorme gracias a quienes se toman un momentito de su tiempo para dejarme sus lindos review's y alegrarme el día, no los respondo por falta de tiempo, pero sepan que los leo todos y cada uno de ellos.
¿Algún review? =)
¡Hasta el próximo capítulo!
