Odio el amor o te odio hermano
El día al parecer no había sido como Yuuri lo planeaba, en su cabeza, para esa noche ya tendría a su nuevo compañero de viviendo, al que llamaría maccachin, lo presentaría a su novio, comerían pizza y lo harían hasta quedar dormidos.
Pero eso no era para nada lo que pasaba, ahora mismo estaba dentro del auto de una de las personas que más detestaba en el mundo, aquel que lo acosó por largos 5 años de su vida universitaria.
Tal como Georgi le había dicho, la nevada empeoró y le fue imposible regresar por tren a su casa, las filas para taxis eran enormes; después de una breve discusión a media calle el segundo Nikiforov convenció al japonés de llevarlo, con la condición de que al más mínimo contacto este lo golpearía y saldría por la venta aunque el vehículo estuviera en movimiento.
- Y bien, ¿Qué quieres de mí?, de una vez te advierto que no tengo intenciones de tener cualquier tipo de relación contigo. –Yuuri ya estaba más que programado para las posibles cosas que diría el ruso.
- Sí, lo sé. Cinco años de rechazo me quedaron más que claros. Y por eso mismo vine.
- ¿Entonces?
- Sólo vine a pedirte disculpas, en nombre mío, de mis hermanos y mi familia. Te hemos dado más que suficientes problemas, así que lo siento mucho. Ya no te molestaré más. Por otro lado nuestras familias pronto tendrán que juntarse para los preparativos del proyecto de hoteles, no me gustaría que siguieran los problemas, podrían afectar a nuestro trabajo.
Al parecer los Nikiforov estaban cayendo cual moscas en sus intentos de seducirlo, le encantaba la idea, pero no dejaba de ser algo extraño. No hace mucho que la única Nikiforov también había declarado su derrota.
¿Eh?
Lo que oíste, ya no te molestaré más. De ahora en adelante, aunque sí cambias de parecer ahora que me ves perdido no tendré más alternativa que retractarme – dijo irónico.
Eso jamás…
Lo supuse –suspiró rendido.
Pero agradezco y acepto tus disculpas, yo estoy empezando una nueva etapa de mi vida. Me alegra poder empezarlo en paz…
Que bien, espero que los negocios sean fructíferos para ambos, muy bien, ya llegamos. Espero verte pronto y que te vaya bien –dijo cuándo el auto paro la marcha.
Sí, lo mismo y sabes… No eres mal sujeto, tal vez sólo debas moderar tu modo de expresar afecto… -dijo Yuuri antes de salir por completo del auto y ver que se encontraba en la entrada del edificio dónde vive.
Lo tendré en cuenta. –Y sin más el auto arrancó de nuevo.
"Espera… ¿Cómo sabe dónde vivo?" –pensó
Entró a su piso, tecleando la clave de acceso "512", escuchó el elevador llegar al lobby para abordarlo, antes de salir de la cabina su celular sonó.
Era Mari quién llamaba.
Hola Mari
Hola Yuuri ¿Cómo estás?
Bien, estuve buscando un perrito para mí, pero al parecer la burocracia ya alcanzó hasta los albergues de animales, estoy en una lista de espera enorme. Pareciera que pedí un trasplante de corazón y no un perro.
Jajajaja, supongo que la gente que los cuida sólo quiere lo mejor para los animales.
Eso pensé también, pero llené formularios todo el día. Por cierto ¿Pasa algo? Es raro que me llames a estas horas.
Ah, pues sí… en realidad sólo quería contarte algo… Puede que sean ideas mías o que me esté equivocando… Pero…
¿Pero…?
¿Víctor es gay o también le gustan las mujeres? – dijo directo
¡¿Qué?! ¡¿mari?! ¡Eso es privado! – gritó mientras entraba a su casa
Es tan sólo una duda, no tienes que ponerte a gritar. –dijo tranquila
Pues… que yo sepa, ha salido con mujeres antes de estar conmigo… Supongo que lo podríamos llamar "bi" –estaba tan rojo como tomate mientras pronunciaba esas palabras.
Para Yuuri no era nuevo saber que Víctor fue y es muy popular con las mujeres, el albino le contó que durante su tiempo en América tuvo varias parejas de las cuales la mayoría eran mujeres con algunas excepciones, pero que ninguna llegó a durar más de un par de meses.
¿Por qué de la nada te nació saber las preferencias de mi novio Mari? –dijo suspirando.
Yuuri, yo no quiero sonar como que estoy haciendo un chisme, pero… Espero estar equivocada…
Ya dilo
Hoy mientras estaba de compras vi a Víctor con una chica… Y pues se veían un tanto… amistosos, muy cerca uno del otro…
¿Eh…?
Puede que no sea nada, tal vez sea alguna conocida o familiar, perdón por decirte algo como esto, pero me pareció un poco sospechoso, no me gusta sospechar de él, pero mi interés es cuidarte a ti.
¿Estás de verdad segura de que era él?
Claro, incluso Andrey estaba conmigo. No es como que Víctor sea muy común de ver.
Mari yo, investigaré esto. Como dices, puede que sea algún familiar, alguien de su trabajo.
Lo siento mucho Yuuri tal vez debí callármelo.
No, está bien. Debo reconocer que estoy un poco sorprendido, pero sé que lo hiciste por mi bien y yo creo que Víctor no me mentiría nunca. Ya verás cómo esto tiene una explicación lógica. Igualmente, muchas gracias por preocuparte tanto por mí.
No es nada, sabes que tú eres prioridad en mi vida, así que nadie te va a hacer daño mientras yo pueda evitarlo.
Colgó el teléfono y se sentó en su sillón a oscuras. Víctor no lo engañaría ¿O sí?
Tomo aire, lo contuvo en los pulmones por unos momentos y lo soltó fuerte por la boca.
Era tonto dudar de Víctor, su relación estaba perfectamente bien. Se daban tiempos a solas, no eran invasivos con la vida del otro, tenían gustos en común, hablaban todos los días, pasaban sus ratos libres juntos, lo hacían hasta quedar cansados, su relación estaba funcionando bien. No habría quejas ¿cierto?
No planeaba ni creía soportar la angustia, así que pulso la pequeña pantalla de su teléfono, justo en el nombre de "Vitya 3 "esperó a que conectara para comenzar a hablar.
-Hola Víctor ¿Podemos vernos?
•
El amor es una farsa, no más que un engaño de las series y películas, cosas como esas no suceden, probablemente la más ridícula de ella era el amor a primera vista.
Es imposible amar a alguien con verlo, no conoces sus gustos, sus creencias, sus valores, su tipo de educación, simple y sencillamente algo así no pasará.
O eso pensaba Yuri Nikiforov hasta sus 18 años, antes de entrar a la universidad, misma a la que sus tres hermanos habían ido.
La vida escolar de Yuri no había sido lo más bello del mundo, incapaz de tener un verdadero amigo en el cual confiar, siendo siempre "el chico rico" lo que lo hacía prácticamente intocable, pero a la vez le preveía de una fuerte coraza de soledad.
Nadie estaba dispuesto a hacer enojar a uno de los herederos del imperio financiero que respaldaba el apellido Nikiforov. Claro, la personalidad del rubio no ayudaba mucho a que la situación mejorara.
"Tiene el carácter de su madre" – Solía decir su padre. Y era cierto, tanto él como Lilia no eran muy amenos con personas ajenas a la familia.
Pero un mes antes de iniciar clases el rubio se encontraba comprando ropa, uno de sus gustos más arraigados un hobby incluso, que hasta hace poco compartía siempre con su hermana Mila, pero tanto a ella igual que a los demás integrantes de su familia no compartían los mismo gustos en prendas y ni qué decir de los accesorios.
Estas compras en hermandad habían parado desde hace tiempo. Puesto que la tercera heredera de momento estaba en una disputa con Georgi por el afecto de un japonés que ambos conocían, como resultado ambos no hablaban más que de lo mismo, cosa que hartaba a sobremanera al rubio.
Yuri acaba de reconocer para sí mismo que no sentía verdadera atracción por las mujeres, lo probó durante sus años de escuela media, pero al final le habían dejado un hueco, no le satisfacía y tampoco le entregaba felicidad. En su mente se imaginaba más teniendo una relación con hombre, más no se atrevía a decirlo en voz alta.
En varias ocasiones había tratado de contarles a su familia, pero al final una pequeña voz en su cabeza lo detenía, esa pequeña voz de cobardía, de temor que solemos escuchar a menos de un segundo de confesar algo. Víctor, su hermano mayor estaba en américa estudiando, creía que sí alguien sabría sobre su situación debería ser él.
Pero regresando a sus compras, el joven llevaba varias bolsas cargando, dirigiéndose a pedir su vehículo en su celular, cuando fue rodeado de un par de chicos mucho más grandes y altos que él.
Lo último que Yuri vio fue como ese par se llevaba sus compras, su teléfono y su cartera.
"Maldita sea"
Le dolía la mejilla, en sus intentos por proteger sus pertenencias había tratado de dar la pelea, pero su pequeño cuerpo y nulas fuerzas no le habían ayudado de mucho; así que está noche regresaría a dormir con la mejilla hinchada y algunos moretones en el estómago.
Aunque en ese momento tenía una misión más relevante, ya era tarde, no tenía dinero, estaba comenzando a llover, sin teléfono no tenía como pedir auxilia a sus familiares, no se veían taxis en las cercanías pero lo más importante… Era un pequeño mimado que no sabía sí quiera como llegar a su casa a pie, ni mencionar usar el transporte público.
Hurgó un poco en sus bolsillos, encontrando unas cuantas monedas, recibos de compra y algunas pelusas, pudiera ser que con eso solucionaría su situación tomando algún bus que lo acercara un poco si quiera. Tal vez incluso se aventuraría a tomar el metro.
"No debe ser tan difícil"
Tras caminar un poco encontró una parada de bus, leyó cuidadosamente el mapa, sabía su dirección, con ello aprendió que su casa estaba en el área sur de la ciudad, anexa estaba la lista de rutas con nombres, líneas de colores que marcaban las rutas. Al no tener reloj con él no sabía con exactitud cuanto más tendría que esperar, pero al final no quedaban muchas opciones, no logró encontrar la terminal del metro, además no se atrevió a preguntar a extraños por su localización.
Pasaron 20 min en los que el frío aumentó, la lluvia no hacía mucha gracia en ese momento, tal vez en unas horas más aquello se convertiría en una nevada mientras él seguía cual gárgola sentado en la espera de su transporte, puso su capucha sobre su cabeza, apenas y lograba que se le viera la cara, pero era mejor eso a que el frío aire se colara directo por su nariz.
Cinco minutos más pasaron, notó cómo alguien se acercaba a la parada del bus, internamente rezaba porque no fuera alguien como los delincuentes que encontró tiempo atrás. Para su sorpresa era un chico, no se veía mucho mayor que él, tal vez era chino o coreano por su apariencia. Ambos se quedaron viendo al otro, al parecer el castaño se asustó al verlo, acto normal ya que el ruso tenía toda la cara cubierta por su chamarra.
Buenas noches… -Dijo el castaño sin escuchar respuesta.
A Yuri no le interesaba en lo absoluto tener una conversación con un desconocido en medio de la lluvia, así que opto por ignorarlo. Sí no le respondía la plática no avanzaría, simple y sencillo. Su día había sido terrible, no quería ni necesitaba agregarle una charla banal con alguien a quien nunca volvería a ver.
Ah, disculpa. ¿Sabes sí ya ha pasado el bus 352? –El japonés volvió a hablar
No, no ha pasado nada. – dijo seco. – Además yo espero el 213
Oh, ya veo… Que mal y con este frío…
Al parecer el neófito de la parada del bus no captaba las señales de "aléjate y no me hables" que lanzaba el menor.
Estaba a punto de responderle que no lo molestara más cuando vieron un par de luces acercándose a ellos, por fin el bus se tomaba la molestia de pasar frente a él.
Se levantó, esperanzado en que pronto estaría cerca de casa, llegaría a comer, bañarse y a recibir un sermón de todos por ser tan descuidado y mucho más por pelearse con ladrones. Pero no fue así, el bus pasó de largo a ambos dejándoles sólo una enorme ola de agua sucia y helada que los empapó por completo.
¡Con un demonio! ¡Lo que me faltaba! –gritó el ruso
Sí, ése sin dudas era el peor de sus días (hasta ahora) volteó a ver al otro chico, pero lo encontró en el suelo en medio del agua sucia.
Oye, ¿Estás bien? – no creía que una oleada de agua helada fuera a matarlo, pero igual era prudente preguntar.
¿Eh?, sí. Pero se me cayeron los lentes, no los veo. –decía mientras metía sus manos al agua buscando sus gafas.
Espera, te ayudo. – No era un completo desgraciado como para dejar a alguien prácticamente ciego sólo buscando sus lentes en agua sucia en plena noche. – Ouch – exclamó recordando sus previas heridas, agacharse de golpe no había sido la mejor se sus ideas.
¿Estás bien? – el castaño preguntó
Sí, sólo que hace rato unos idiotas me golpearon y pues, me duele el costado.
¡Oh por dios! No es necesario que me ayudes, mejor siéntate.
Cómo sí fuera a tan imbécil como para dejar alguien así, mejor buscamos entre ambos para cuando llegue el siguiente bus.
Está bien… Por cierto, mi nombre es Yuuri, Yuuri Katsuki ¿Y tú?
A pues yo me llamo… ¡Aquí están! – gritó mostrando las gafas azules del otro. – Toma –Le entregó sus pertenencias junto a un pequeño pañuelo para que los limpiara.
Muchas gracias… - sonrió
Cual sí hubiese sido una bala en el corazón de Yuri, al ver a la cara a ese chico, sintió por primera vez como sí todo su mundo hubiera cambiado. Esa sonrisa la había hecho olvidar que estaba en una terrible situación. Incluso el dolor de su rostro y cuerpo desapareció, por un instante sólo estaba sólo en el universo con ese chico, no con Yuuri.
No… fue nada –balbuceó.
Claro que sí – dijo levantándose –ven, te ayudo – extendió la mano para ayudar al ruso a pararse.
Cierto, tú nombre es Yuuri, mucho gusto soy…
¡Ahí viene tú bus! – gritó el castaño
El letrero luminoso marcaba 213. Cómo un rayo el castaño empujó al rubio al interior del transporte, diciéndole gracias a todo pulmón con una pequeña reverencia.
Yuri no pudo si quiera preguntar más, ya que el conductor cerró la puerta casi en sus narices y arrancó. Toda su cabeza daba vueltas, pero se sentía tan relajado, cómo si hubiera respirado la fragancia más deliciosa, como si estuviera en medio de un limbo de dicha y paz.
Llegó a su casa con la sonrisa de un idiota feliz, ni los regaños, ni los sermones habían hecho que su ánimo bajara. No sabía quién era ese chico, pero podía jurar que ahora su joven corazón le pertenecía. Sabía su nombre y con eso bastaba para poder encontrarlo así estuviera debajo de la nieva y las piedras.
Gracias a las redes esa misma noche lo encontró, más no se atrevió a enviar un mensaje o pedir que fueran amigos. Los nervios lo invadían, los mismo que cuando deseaba confesar sus preferencias, así que sólo se limitó a seguirlo (acosarlo).
Aprendió mucho de él, que estaba en la misma escuela a la que él entraría, que tenía una hermana, sus gustos en comida y por las caricaturas.
La ceremonia de ingreso llegó, con ello sus intenciones de cortejar al joven, qué más daba sí era algo mayor. Para el amor no hay edades ¿Cierto? Cuál fue su sorpresa de verlo en medio del campus, apuesto, vistiendo el uniforme y un enorme saco negro que lo hacía lucir perfecto. Pero algo no cuadraba del todo, ese chico, Yuuri, su Yuuri estaba muy alegre con un moreno que le mostraba lo que parecía un hámster.
De un momento a otro sus impulsos, sus celos, sus miedos, sus frustraciones, todos se unieron en su pierna y sin medir si quiera su fuerza pateó al japonés quien cayó directo al suelo. Seguido de una orden de:
"¡Tú eres mío cerdo! ¡Te guste o no!"
Después de eso trato a sus pésimos modos que el castaño lo notara, al parecer no lo recordaba de la parada del bus, en varias ocasiones trató de decirle que ellos se habían conocido antes. Pero su orgullo terminaba por decir cosas que ni él mimo pensaba.
"Esa boca será tú ruina, Yuri" – Le había dicho una vez su hermano Víctor. Y así fue, en vez de conseguir acercarse al dueño de sus afectos, no logró otra cosa que el japonés le temiera y lo odiara.
Sí, había sido una tristeza, sobretodo porque hace ya casi 7 meses que dejó de verlo por su graduación. Lo seguía vigilando en sus redes, peor aún, ya que por las cosas que posteaba y una foto algo sugerente le indicaba a Yuri que su amado ya había encontrado el amor en los brazos de otro.
Pero esta vez las cosas cambiarían, Mila le narró su último intento en la boda pasada, así que por su propia consciencia decidió firmar la paz con el japonés, pasó a una pequeña tienda compró un peluche de un pequeño gatito que sería un presente de disculpas para Yuuri, su plan era simple, pero representaba aplastar para siempre su orgullo.
Iría a verlo a su casa; que gracias a Georgi sabía dónde era, le pediría hablar, ofrecería una disculpa, le contaría sobre la primera vez que se vieron, tomaría todas las fuerzas de su alma y declararía su amor esperando que al menos después de abrir así su corazón tuviera aunque fuera una pequeña oportunidad de intentar conquistar al dueño de su insomnio.
Su hermano le había dicho que no debía ser cruel, mucho menos con alguien a quien quería, creía en su hermano y en sus sabios consejos.
Pasó la esquina de la casa de Yuuri cuando contempló la peor escena que podría existir en el mundo, su hermano Víctor, besando a Yuuri, ambos completamente acaramelados, abrazados y sonriendo.
Ese día el corazón de Yuri Nikiforov se rompió en mil pedazos.
Continuara...
Hola gente, les aviso que a esto le queda máximo unos 3 capítulos. Ya ni pido disculpas por la demora creo que ya se acostumbraron… Perdón de todas formas.
Para los que leen en wattpad ¿Han notado algo extraño en la portada del capítulo pasado?
Espero que lo hayan notado jejeje
Así que acá el fin del capítulo, espero sus likes, comentarios, kudos, votos etc.
Los amo
