Capítulo III.-La voluntad y el delirio.
Despertó de golpe, produciendo un sonido ahogado.
Sus ojos estaban inyectados en sangre y las exhalaciones jadeantes formaban pequeñas nubecillas de calor.
-Tranquila.-Escuchó una voz suave.
Anna quiso articular palabra pero el adormecimiento general le provocaba un dolor inquietante.
-Todo está bien, o lo estará… El té de ventisca es excelente para estas situaciones y la pomada campante de trol va a complementar el tratamiento.-La bruja se acercó a ella para terminar de vendarle. Posó su blanca mano sobre la frente de la pelirroja, quien se estremeció al contacto gélido.-Aún tienes fiebre.-Elsa se hincó al lado de la cama improvisada que había hecho para la guerrera, con bastante esfuerzo intentaba mantener la delicada flama de fuego que calentaba un pequeño caldero, sirvió más del remedio en una taza cristalina, escuchó que hablaban con balbuceos, prestó más atención.
-P…Papá… Pa…-Las gotas de sudor empezaban a bañar levemente la piel.-El monstruo… El monstruo es…
-No hay ningún monstruo, Anna, calma.-Le dio a beber un sorbo del té, la mirada perdida parecía verle pero estaba vacía.
-De…debes decirle.-Elsa le miró confundida.-Decirle del monstruo. ¡Dile!.-Pareció rugir, el dolor comenzaba a encresparse.-¡Dile!
Su cara enrojecida por el esfuerzo ardía. La monarca de hielo profesaba una expresión muy tranquila, quiso llamar a su libro pero se detuvo, si utilizaba su magia de manera indistinta sólo lograría enfriar de más el ambiente y Anna lo resentiría, fue hasta él y con mano vivaz lo hojeó, se llevó la mano a la sien. Dio un suspiro largo.
"V treťomcykle,
rýchlo je našaprechádzka,
žemúdrosťľadu;
drakvšetkýchnebies,
nepretržitéučenie,
Ukážnámcestu."
De las entrañas que poseía su pedestal donde el viejo tomo reposaba, surgió una esfera cristalina que le recordaba a las míseras imitaciones de los pueblerinos místicos.
Elsa escuchaba con atención.
Anna seguía enfrascada en una lucha interna contra la infección que le impedía respirar adecuadamente y con la euforia de la fiebre.
"Debes estar muy desesperada para acudir a mí".-Una voz susurraba a través de la superficie de vidrio.
-Hablas como si no supieras que incluso las más grandes brujas tenemos un límite.-Susurró Elsa con cierta desgana.
"No es el límite de tu poder lo que me sorprende, si no el de tu vanidad"
La rubia siguió viendo a la ventisca azul que reposaba dentro del cristal.
"Y aún así, estás de pie con la única respuesta clara en la mente"
-¡No! Debe de haber otra manera.
"El tiempo apremia"
La pequeña tormenta de nieve que miraba se esfumó y Elsa con delicadeza hizo un movimiento de su mano.
-Bestia.-Dijo, y aunque Sven realmente no conocía las palabras supo que se dirigía a él.-Ven.-Se dirigió a Anna e hizo un espacio, las ropas de Anna daban cierto calor a su cuerpo.-Las tormentas han empeorado y considero que si te envío con ella al pueblo, perecerá.-Hizo una pausa viendo los grandes ojos del alce.-Sí, ya sé que es lo que quiere, pero hay cosas que deben hacerse antes.
Indicó el camino a Sven y este obediente se acostó a un lado de Anna, Elsa le movió teniendo mucho cuidado de no tocarle demasiado tiempo.
La infección no fue por el frío, ni por la amapola que de alguna manera conservó bien por cierto… las garras del oso son especialmente mortíferas, provocan el delirio de la fiebre porque la desata sin compasión.-Aunque se aseguraba que el alce la viera con atención hablaba más para sí misma.-Así que… encontrar la temperatura del cuerpo debe ser… precisa para que haya una mejora.-Se sentó lejos de ellos impasible.-Ni muy frío, ni muy caliente.
A veces paseaba con la mirada fija casi sin pestañear, también leía de vez en cuando la antigua obra que sabía de memoria, repetía por lo bajo las palabras mágicas, casi inaudibles para que los hechizos no se cumplieran, y cuando caían los rayos del sol frente al gran castillo de hielo que ella misma había forjado se apresuraba a ver a la guerrera solo para constatar que empeoraba.
-Siempre pensé que era un monstruo...- Dijo al día siguiente mientras cambiaba el vendaje ensuciado por las heridas, Elsa se detuvo al escuchar esas palabras con el carmín marchito en las manos.-Y le odié... pero al final...¿Qué somos nosotros...?
La leve risa que soltó la pelirroja no le provocó expresión alguna como era costumbre.
-¿No comparto yo la misma sangre...? Si mi padre estuviera aquí, ¿qué me diría?
-Probablemente que quemaran a la bruja.-La mano de Elsa le tocó la frente, Sven ya no se encontraba con ella, hacía unas horas que el cuerpo de Anna ya no pedía un poco de calor, porque ardía y el pobre animal a regañadientes tenía que separarse de su ama por la sed. La pelirroja sonrió al contacto fresco.
-No lo creo... Siempre había querido conocer a una.-Parpadeó y poso su mano en la mejilla de Elsa.-Ahh... Como verano.
-Todo es risas y diversión andante hasta que la bruja degolla a alguien.-La bruja siguió cambiando los vendajes.-
-No... Ya no, no lo hagas.-Anna tomó las manos de la rubia.-Vine aquí a esto.
-Parece que sigues delirando.
-Ya lo estaba haciendo antes, tú lo viste... El mundo es cruel, porque está vacío. ¿Qué nos queda a nosotros?.-Su mirada seguía opaca, fija en algún punto.-Un día eres gallardo, montando al lado de la leyenda, y al otro eres un vagabundo por el mundo cargando tu propio pasado, la traición a nosotros mismos es peor que la humillación a la que nos someten otros... La vida al final... Es ridícula.
-Tratar.-Concluyó Elsa, sin embargo Anna pareció no entender.-Al final sólo nos queda tratar y es ridículo no hacerlo.- Convalecía y por ende no podía reparar en las gotas de sudor que se mezclaban con sus lágrimas, sentía sus venas hervir y todo giraba entorno a ella, pensó cuando tocó a la hechicera que era como un soplo de brisa en el campo, extensiones verdes de vida, la vio alejarse, miró como susurró unas palabras a su fiel alce que salió tambaleándose, se preguntó si él había comido, no pudo recordar si ella misma había probado bocado, el sonido del pesado hielo al cerrar el castillo le fue insoportable.-Podría usar mi magia y enfriar este salón pero no es una ciencia exacta, ¿Sabes?.-Se llevó las manos sobre el cabello rubio y deshizo su magnífica trenza.-Tampoco lo es la vida, ni tenemos un camino fácil.- Pasó su mano sobre el antebrazo opuesto y debajo de sus dedos el vestido comenzó a desaparecer.-Yo no elegí esto y tú tampoco, nosotras fuimos engañadas por nuestro propio destino y tú estás ahí dispuesta a rendirte.-Pasó la mano por su pecho, su vientre.-Pero yo no voy a dejarte.
Caminó hacía ella con los últimos vestigios de su vestido mágico y Anna aún dentro de todo el caos de su mente sintió un calor distinto.
¿Sabes qué es más helado que el frío?.-Preguntó recostándose junto a ella con la nariz rosando su mejilla.-La bruja que lo crea.
Se paró con rápidez con una sensación de ardor en el cuerpo, quemaba. Exhaló con rapidez humo tibio, tomó su capa maltrecha y se cubrió con ella, de pie miró a su alrededor hasta recordar donde se encontraba, se llevó la mano a un costado donde recordaba el zarpazo culpable de una agonía indescriptible, tenía apenas unas marcas ligeras y una llamativa capa de escarcha gruesa, escuchó una respiración acompasada, la monarca de nieve yacía desnuda en el que había sido su lecho y tembló,no por el frío si no por la sensación insólita que nacía en ese momento. Mirando la piel nívea que resplandecía por el hielo, el marco delicado de su cabello, sintió que quería vivir.
Vivir y morir por ella.
NDA: A ver quién es el valiente que usa el traductor :p
