Notas: Los escritos en letra cursiva pertenecen al punto de vista y pensamientos de cada personaje, además de la representación escrita de sonidos. Los escritos en letra cursiva y negrita son cartas, periódicos, etc.
LAS VUELTAS DE LA VIDA
III
Fiesta de etiqueta
Un rayo de sol le dio a Ginny en plena cara. Se despertó algo confundida. Al mirar a su alrededor y ver que no estaba en su cama, poco a poco fue recordando todo. Se encontraba en la Mansión Malfoy, "cuidando" de Draco Malfoy. Por Merlín… Se reprimió mentalmente por no haber cerrado el dosel de la cama. Fue al baño y se lavó la cara. Recogió su pelo en una cola alta, se cubrió con un camisón y se dispuso a salir. No había nadie en el pasillo y comenzó a caminar lentamente. Se sentía extraña al caminar por una casa que no era la suya. Decidió bajar al salón, ya que tenía hambre. Cuando llegó, llamó a la elfina.
-¿Elia?
Casi al instante salió por la puerta de la cocina.
-¿Me llamaba, señorita? -Contestó.
-Sí. ¿A qué hora se acostumbra a desayunar? -Le preguntó.
-Elia terminó de preparar el desayuno, señorita, pensaba subirlo a la alcoba del señor Malfoy, él ordenó la suya allí.
Se quedó pensando. Realmente debo subir a verlo y así comprobar que la poción ha hecho efecto. Meditó su idea y así se convenció a sí misma.
-Elia, ¿te importa que le suba el desayuno al señor? -Preguntó Ginny.
-Ohhh no, señorita, eso es trabajo de Elia, señorita, el señor se podrá enojar.
Mmmm… Ginny sopesó sus posibilidades, ¿valdría la pena intentarlo?
-Está bien pero, ¿te importa si te acompaño? -La elfina la miró, dudando.
-Está bien, señorita, voy a por la bandeja.
Elia desapareció detrás de la puerta de la cocina. Realmente pareciera que Malfoy me estuviera evitando, no baja a comer conmigo… aunque debido a su estado es normal. Su mente voló hasta la foto, pero en ese momento la elfina volvió a salir con una gran bandeja de comida. La siguió por las escaleras y llegaron hasta la puerta de la habitación de Malfoy.
Toc toc toc.
-Traigo el desayuno, señor -dijo la elfina.
-Pasa -se escuchó desde el otro lado de la puerta, la elfina abrió y entró.
Algo tensa, Ginny entró tras ella. Malfoy pareció, por un instante, sorprenderse de verla allí, pero al segundo siguiente, volvía a tener una mirada de indiferencia. Elia depositó la bandeja sobre la cama, se excusó y salió de la habitación.
-Buenos días -dijo Ginny- ayer no pasaste una buena noche. ¿Puedo ver tu herida?
-Supongo que sí, para eso estas aquí -contestó Malfoy agriamente.
Se acercó a él, ya llevaba la camisa del pijama puesta. Sintiéndose algo incómoda, desabotonó los primeros botones y miró la herida. Estaba mejor, pero aún quedaba una marca negruzca.
-¿Ha vuelto a sangrar? -Preguntó Ginny.
-No, está así desde que me levanté -contestó.
-Bien, voy a buscar un bálsamo para ponértelo, quizás desaparezca algo la señal.
Salió de la habitación y se dirigió hasta la suya. Cogió el frasquito y volvió a salir. Cuando se acercó a él de nuevo, estaba bebiendo zumo de calabaza.
-Voy a ponértelo -dijo ella.
Malfoy simplemente asintió y miró para otro lado. Con delicadeza, Ginny comenzó a extenderlo por la piel y vio como los pezones de él, se ponían algo rígidos.
-Ugghhh ¡Está frío! -Dijo él y, por un momento, Ginny se sonrojó.
-Mejor, así te aliviará la hinchazón.
Siguió poniendo la loción sobre la herida de Malfoy, cuando de repente las tripas de Ginny sonaron. Se volvió a sonrojar, aun más que la vez anterior.
-¿No has desayunado, Weasley? -Preguntó Malfoy, ella negó con la cabeza-. Coge algo de mi desayuno -dijo el señalando con la cabeza la bandeja.
Ginny miró primero la bandeja y luego a él. ¿Intentaba Malfoy, Draco Malfoy, ser amable? Se preguntó. ¿La verdad? No lo sabía, pero realmente estaba hambrienta.
-Vamos, Weasley, no lo he envenenado -dijo él arrogantemente.
Así que Ginny estiró su mano y cogió un pastel de la bandeja. Intentó comer despacio, pero el hambre pudo con ella, así que prácticamente lo devoró en segundos. Él sólo la miraba detenidamente.
-Te vas a atragantar -dijo.
Ella estaba tragando, así que hizo el intento de contestar, pero muy a su pesar, empezó a toser. Se había atragantado. ¿Para qué habrá abierto su boca Malfoy? Pensó. Apoyó una mano en la cama y se inclinó hacia delante. Siguió tosiendo. Malfoy elevó las cejas y le tendió su vaso de zumo. Ginny lo cogió y rápidamente le dio un buen trago. Cerrando los ojos y respirado gratamente, sintió cómo el bocado bajaba por fin.
-Gracias -dijo Ginny, con los ojos húmedos.
-Deberías tener más cuidado -respondió él.
Ginny lo miró con una expresión severa.
-Cuando alguien te dice gracias, se supone que tú dices "no hay de qué" o "de nada" -le contestó ella.
-No hace falta que me enseñes educación, Weasley, yo ya te había advertido que te atragantarías -contestó él, petulante.
Hubo un momento de silencio algo incómodo en el que Ginny lo miraba aún con una expresión recelosa, con enfado, pero el silencio fue roto por él.
-Puedes sentarte y coger algo más, si quieres. La enfermera eres tú y no sería apropiado que te desmayaras y yo tuviera que cargar contigo. -Terminó con cierto aire irónico.
Ginny asintió con la cabeza y se sentó. Recordó aquella vez en los pasillos del colegio cuando Malfoy tuvo que cargar con ella. Se sonrojó ligeramente y se le escapó una risita.
-¿De qué te ríes? -Preguntó él.
Entonces Ginny volvió a la realidad y lo miró.
-Me acordaba de algo gracioso. -Dijo ella simplemente, colorada hasta las orejas.
El la miró con una expresión dudosa y hasta un poco divertida.
-Tal vez si me lo cuentas me reiría yo también… Y puedes coger otro pastel. ¿Sabes? No muerden.
-Solo pensaba que no sería la primera vez que tuvieras que cargar conmigo. -Dijo Ginny mientras cogía un croissant de la bandeja.
¡Demonios! Pensó Draco, sintiendo cómo un leve rubor se extendía por sus mejillas mientras recordaba aquella vez en la enfermería. Siguieron comiendo en silencio durante unos minutos más, hasta que acabaron con la comida de la bandeja. Entonces Draco, gritó con una atronadora voz:
-¡ELIA!
Ginny se sobresaltó ante tal grito. Instantes después, la elfina apareció.
-¿Me llamaba, señor…? -Preguntó temerosa.
-Sí -respondió él- llévate esto -dijo señalando la bandeja ya vacía.
La elfina se acercó a la cama y recogió la bandeja haciendo una reverencia y caminó recorriendo la distancia entre la cama y la puerta.
-Elia -llamó Ginny- estaba muy bueno -terminó con una sonrisa.
-Gracias, señorita -dijo inclinándose.
Salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí. Ginny giró la cabeza para mirar a Draco.
-¿Por qué tratas tan mal a tu elfina? -Preguntó con el ceño fruncido.
-Es mi sirvienta. Debería darme las gracias, al menos nunca la castigo -contestó él.
Ginny lo siguió mirando de mala manera. No se podía negar que la trataba mejor que a su viejo elfo doméstico, Dobby, pero aún así, el trato con ella era muy indiferente.
-¿Vives sólo, Malfoy? -Preguntó Ginny cambiando por fin el semblante.
-¿A qué viene esa pregunta? -Contrarrestó él a la defensiva.
Ginny se sintió muy pequeña ante la actitud dominante de Malfoy, pero no iba a dejar que él la avasallara.
-Nada, sólo me lo preguntaba. No he visto a nadie más en esta casa.
El la miró y, aún levantando una ceja, contestó.
-Sí, vivo sólo… O al menos la mayor parte tiempo. -Contestó.
-No entiendo.
-Vamos Weasley, ni para ti debería ser difícil analizar el contenido de una frase.
-¡No pienso permitir que me...! -Empezó a exclamar muy enojada.
-Vamos, vamos, Weasley, tampoco es para ponerse así. Sí, vivo sólo excepto cuando recibo visitas -informó él rodando los ojos.
-¿Qué clase de visitas? -Preguntó Ginny.
-Me temo que no voy a contestar a eso, es algo... demasiado personal -dijo de manera sugerente.
Ginny se reprimió mentalmente por haber hecho esa pregunta, debería haber supuesto que las visitas eran mujeres, claro. Después de todo, incluso en Hogwarts, Draco tenía fama de haber estado con muchas y tener otras tantas detrás de él.
-Bueno me voy, he de darme una ducha. ¿Piensas bajar hoy a comer o tendré que hacerlo sola de nuevo? -Preguntó Ginny.
-Vaya, Weasley, yo juraría que acabas de comer acompañada. ¿Tan poco se nota mi presencia? -Preguntó Draco con una sonrisita de autosuficiencia.
-No, no me refería a eso -respondió- lo decía por la cena de ayer.
-Ya lo sé -dijo- no soy estúpido, solo bromeaba. Esta noche tengo una cena, así que temo que no podré regalarte mi presencia.
Ginny levantó una ceja. Se vería algo estúpida, pero le gustaba discutir hasta cierto punto, era una situación un tanto entretenida.
-Me temo que no será prudente, la herida podría abrirse de nuevo. -Espetó.
-Pues no puedo faltar, es una cena demasiado importante. -Aclaró con un aspaviento de sus manos.
Ginny meditaba las palabras de Draco. No era prudente que saliera, aunque dudaba que la herida se abriera, había preparado correctamente la poción, estaba segura, pero, qué diablos, ella era su invitada y era muy descortés dejarla sola en aquella Mansión tan abandonada.
-Está bien, pues te acompañaré -dijo.
-¿Cómo? -Preguntó anonadado Malfoy.
-Tú has pagado porque esté pendiente de ti las veinticuatro horas y si algo te ocurriera, la responsabilidad sería mía. No pienso permitir que arruines mis prácticas.
Draco la miró de arriba abajo, como evaluándola, y notó cómo ella se sonrojaba; se sentía muy observada. Finalmente, él volvió a fijar la vista en sus ojos.
-Está bien, puedes venir. Pero es una cena importante y no puedo ir acompañado con cualquiera. Esmérate en arreglarte, vamos a un sitio muy elegante... Yo necesito una ducha. Nos vemos en la comida.
Ginny volvió a lanzarle una mirada desafiante. ¿De verdad a insinuado que soy poca cosa?... ¡Já! Ya le demostraré que no, pensó ella.
-Ajam… Está bien. Te veo luego. Tendré que ponerte algo más de bálsamo -terminó diciendo ella, dirigiéndose hacia la puerta.
-Veo que disfrutas con ello -dio él socarronamente.
-No te preocupes -replicó ella con una mirada fría- soy muy profesional.
Y dicho esto salió de la habitación con un portazo más fuerte del que hubiera querido y se dirigió a su habitación resoplando. Necesitaba una buena ducha, así que sin más preámbulos se metió en el baño y mientras el agua caía por su espalda, confabuló por última vez; esta noche Malfoy verá lo que era una chica espectacular. Y, pensando en esto último, una pequeña sonrisa malvada apareció en sus labios.
…
Ginny pasó gran parte de la mañana en su habitación, estuvo ordenando sus cosas, mirando su ropa... Se sintió un poco frustrada, tenia ropa bonita, pero quería estar realmente despampanante. Esa noche debía ser especial y creía que necesitaba algo nuevo. Una chica, siempre que estrena algo nuevo, se siente más hermosa, pensaba ella. Estaba decidida. Se dirigió a la habitación de Malfoy.
Toc toc toc.
-¿Sí? -Contestó él.
-Soy yo, Malfoy, ¿puedo pasar? -Preguntó.
-Sí, adelante. -Se oyó desde el otro lado.
Abrió la puerta y pasó. Malfoy estaba sentado en su escritorio, escribía algo en un pergamino.
-¿Qué querías? -Preguntó él.
-Bueno… verás -cogió aire y habló-. ¿Podrías pagarme el sueldo de esta semana? -Preguntó.
Él la miró levantando una ceja.
-Juraría que el sueldo de una semana se paga cuando llevas siete días trabajando. Y me parece recordar que tú solo llevas aquí menos de dos días. -Le contestó.
-Lo sé, Malfoy, sé contar. Pero verás, tengo que hacer unas compras. -Dijo.
Él pareció pensárselo unos instantes.
-Está bien.
-Genial -contestó contenta-. Por cierto, hoy comeré fuera.
-¿Y? -Preguntó él despreocupado volviendo a escribir; ella se dirigió a la puerta y respondió.
-Pues que tengo que ponerte el bálsamo ahora, Malfoy.
No dejó que terminara de contestar. Salió y se dirigió de nuevo a su cuarto. Cogió el bálsamo y regresó rápidamente. Quería irse lo antes posible, no tenía tiempo qué perder.
-Venga, Malfoy, que no tengo todo el día -espetó ella desesperadamente.
-No me vengas con prisas, Weasley, que aquí el que paga soy yo. -Dijo mientras se apartaba del escritorio.
Cómo ya había hecho antes, le extendió la crema sobre la herida, aún estaba un poco negruzca, pero al menos había bajado la hinchazón. Sin duda había hecho bien su trabajo.
-Vaya, Malfoy, parece que ya va a mejor. Tienes una buena enfermera. -Habló ella sonriendo, más para sí misma que para él-. Por cierto, la cena de esta noche… ¿Es mágica o muggle? -Preguntó.
-Si lo dices por la indumentaria puedes llevar lo que quieras, pero lleva una capa por si hace fresco -contestó.
-Está bien, estupendo. ¿Me puedes pagar por favor? -Preguntó con una sonrisita.
-Aquí tienes -y le extendió una bolsa, sin duda llena de oro.
-Hasta la noche... ahhh, y gracias.
Se fue de allí muy contenta. Bajó a la sala de la chimenea y cogió un puño de polvos Flu del tarro que había sobre la repisa de la chimenea. Esparció los polvos y entrando en ella, dijo claramente:
-Al Callejón Diagón.
Después de unas cuantas vueltas apareció allí. Empezó a caminar contenta. Pensó en darse un capricho, así que entró a Florean Fortescue y se compró un gran helado de fresa y nata con sirope de caramelo. Se lo comió paseando mientras veía los escaparates de las tiendas. Cuando acabó el helado, entró en Madame Malkins. Miró las túnicas de gala y muy a su pesar, ninguna la convencía. Salió de allí un poco decepcionada y siguió mirando tiendas, pero nada. Una idea paso por su cabeza. Quizás… ¡Sí! no tengo nada que perder. Fue al Caldero Chorreante y salió al Londres muggle. Espera, que tonta soy... si no tengo dinero muggle, pensó. Volvió al Callejón Diagón y cambió algo de dinero en Gringotts antes de volver a salir nuevamente. Debería dejar de tener ideas tan precipitadas... Por Merlín, hay que pensar un poco antes Ginny, meditó mentalmente.
Estuvo un rato mirando tiendas y observó una que realmente le interesó, había vestidos preciosos. Se probó algunos de ellos y se decidió por uno. Lo compró y salió de allí muy contenta. Siguió paseando un rato mirando más tiendas y entró a una donde se compró unos zapatos bastante bonitos. Con un humor mucho más alegre y un estómago vacío, observó un sitio en donde comer. Se decidió por un lugar con muchas mesas dentro, acogedor, limpio y bonito. Entró y se sentó en la barra. Pidió un sándwich y como supuso, no tenían zumo de calabaza, así que tomó uno de piña. Comió y salió de allí para volver al Callejón Diagón, ya que aún tenía que comprarse una capa, pero estaba algo cansada de dar tantas vueltas, así que se sentó en un banco solitario, sacó un libro de su bolso y se puso a leer. Era romántico. Estos le gustaban mucho. A veces se le escapaba alguna que otra sonrisa mientras leía.
El tiempo pasó volando, ya eran las cinco y más le valía darse prisa. Antes que nada, entró en la lechucería para escribir a su madre y así decirle que estaba bien, ya que no se quedó muy convencida con la idea de ser enfermera de Malfoy. Entró de nuevo en Madame Malkins y echó un ojo a las capas. La señora Malkin amablemente le aconsejó algunas, Ginny le enseñó el vestido que había comprado y ella le propuso algunas que conjuntaban realmente bien. Eran más de las seis de la tarde y ya era hora de regresar, ya que quería descansar un poco y prepararse. El día había sido realmente agotador.
-A la Mansión Malfoy -dijo y apareció de nuevo en la conocida sala.
Tarareando por el camino y muy contenta, volvió a su habitación. Se tumbó unos minutos sobre la cama y después se dispuso a prepararse, ya que si no, se quedaría dormida. Se dio una reconfortante ducha. Después de arreglarse, ya estaba poniéndose el vestido cuando llamaron a la puerta.
Toc toc toc.
-¡No entre! ¡No estoy vestida! -Exclamó escandalizándose.
-Es Elia, señorita, sólo venía a decirle que el señor Malfoy la espera abajo a las nueve, señorita. -Respondió la elfina, temerosa.
-Ahhh -suspiró aliviada- gracias Elia, allí estaré.
Eran las nueve y diez cuando bajó. Las chicas tienen que hacer esperar aunque sea un poco, es ley, pensaba ella. Lo vio mientras bajaba por las escaleras. Llevaba un pantalón de vestir negro y una camisa negra también. La capa del mismo color, pero de una tela algo brillante, esta colgaba sobre su brazo. Él iba realmente elegante.
-Ya estoy, Malfoy. -Habló esperando su reacción.
-Llegas tarde -contestó seriamente sin girarse.
Ginny se quedó algo decepcionada por su falta de interés, pero aún así, terminó de bajar los escalones que le quedaban. En ese momento, él se giró. Y su cara le produjo a ella una satisfacción tremenda.
…
Llevo un rato esperándola. Cómo se atrevía a llegar tarde, le había dicho lo importante que era esa cena… De repente la oigo bajar. No le presté mucha atención, pero cuando me di la vuelta me quedé sin palabras. Llevaba una capa preciosa del mismo material que la mía, negra pero con unos detalles rojos muy oscuros. Era también más corta que la mía, por encima de la rodilla y sólo tenía un botón atado a la altura del pecho. Pude observar que debajo llevaba un vestido también negro. Pero sin duda lo que más resaltaba era su pelo. Rojo como el fuego y suelto. Muy liso y brillante, y las puntas tenían un ondulado hermoso. Su maquillaje era muy natural y sus labios estaban pintados del mismo color que su pelo, rojo intenso. Sus piernas... largas y esbeltas. Después de unos instantes... por fin logré reaccionar.
-Venga, Weasley, nos vamos -le dijo Malfoy.
Era justo lo que ella quería, que Malfoy se quedara sin palabras. Se dirigieron a la chimenea. Él cogió un puño de polvos Flu, lo esparció, dijo su destino y aparecieron en el hall de una lujosa Mansión, mucho más que la de Malfoy, si se puede decir. Un elegante elfo salió a recibirlos y los llevó por un pasillo hasta unas puertas de lo que parecía ser un gran comedor. Malfoy se colocó la capa antes de entrar y ella el pelo. El elfo abrió las grandes puertas y vieron a los invitados ya sentados en filas de mesas que se repartían por todo el espacio. Ginny no conocía a la mayoría, pero parecían ser muy ricos. Distinguió a algunos que le eran familiares. El ex-ministro de magia, Fudge, estaba allí. También reconoció a algún que otro ex alumno de Hogwarts. Ese es Adrián Pucey y aquel, Zabini… suerte que no estuviera Parkinson, pensó ella.
-Vaya, vaya… señor Malfoy, bienvenido. -Y dirigiendo una mirada interesada a Ginny- ¿No me presenta usted a su pareja? -Terminó.
Ella puso cara de extrañada y miró a Malfoy. Realmente parecían una pareja, ya que habían ido juntos y, además, llevaban una vestimenta bastante semejante. Qué situación más ridícula, pensó ella, parece que hasta vamos conjuntados. Qué casualidad que entre todas las capas, fuera yo a elegir esta.
-Esta es la señorita Weasley, es mi acompañante, no somos pareja -dijo Malfoy serio.
-¿Señores, me permiten sus capas? -Interrumpió un elfo.
Ambos se quitaron las capas y las depositaron en los brazos del elfo.
-Encantado, soy el señor Lamper, Gustav Lamper, mucho gusto en... -pero se quedó cayado mirando a Ginny de arriba abajo. Ella se sonrojó al ver cómo el señor Lamper y además, Malfoy, giraba la cabeza para mirarla.
…
Que le pasa a este estúpido. ¿Por qué la mira así? Giré la cabeza para ver qué pasaba y la vi. No me había fijado antes en los detalles de su vestimenta ya que tenía la capa puesta, pero ahora se veía todo mucho mejor. El vestido era corte sirena, dejaba ver a la perfección sus preciosas curvas y este le llegaba hasta las rodillas. Los tirantes del vestido estaban llenos de pequeñas piedras brillantes que parecían diamantes. Tenía un escote en forma de pico que resaltaba su busto. Mi mirada se desvió hasta la parte de atrás. Llevaba la espalda totalmente descubierta y los pequeños diamantes de los tirantes caían bordeando el vestido hasta el final de su espalda. Weasley se había lucido... ya entiendo porqué ese idiota de Lamper la mira tanto, está despampanante. Sublime. Preciosa.
Ejem ejem ejem.
Malfoy carraspeó. Lamper volvió a fijar su mirada en los ojos de Ginny.
-Encantada. Ginevra Weasley -dijo ella mientras estrechaba su mano.
…
La noche pasó sin más incidentes, si quitamos las miradas a Ginny por parte del público masculino y las insistentes miradas del señor Lamper. Las bebidas fueron dando paso. Desde la Hidromiel con especias, hasta el Whisky de Fuego. Ginny no quería que pensaran que ella no estaba a la altura y que sólo era una de esas chicas tontitas, así que bebió al igual que los hombres, pero manteniendo su dignidad. La cena terminó y algunos presentes, entre ellos Draco y Ginny, se dirigieron a otra sala más pequeña con muchos sillones y mesas bajas, dónde siguieron bebiendo y conversando. Más tarde, acabaron quedándose los dos casi solos. Siguieron bebiendo, ambos con los rostros sonrojados, hasta que el alcohol empezó a hacer efecto.
-Weasley, estás preciosa. -Dijo Draco mientras daba otro trago a su Whisky y la miraba a los ojos.
-Malfoy ¿me estas alagando? O… ¿intentas ser amable? Eso no parece propio de ti… Aunque tú también estás… impresionante -dijo Ginny con una sonrisa de lado.
En seguida se sintió culpable por hacerle un cumplido, pero en ese momento le importaba muy poco.
-No lo intento, solo digo la verdad -contestó él.
Ginny sonrió más ampliamente. La conversación siguió animándose mientras seguían bebiendo. Terminaron por entrar en temas más íntimos. Los dos contestaban preguntas del otro por turnos.
-Vale Malfoy me toca. A ver… ¿Qué pasó con la Veela? -Le preguntó ella muy intrigada.
Malfoy pareció pensarlo bastante, finalmente habló:
-Nos topamos por... casualidad en una fiesta con el ministro de Bulgaria. La invité a mi Mansión... digamos que intimamos un poco. Pero a mí no me gusta comprometerme, como ya te dije. A la mañana siguiente, ella parecía tener intención de quedarse, discutimos y el resto ya lo sabes… Se puso furiosa y me atacó. Supongo que cuando vio que me había herido, pensó que había sido suficiente y se fue... No la he vuelto a ver desde entonces.
Ginny abrió la boca con indignación, pero no dijo ni una sola palabra y miró hacia otro lado, pensando que Malfoy no la había visto, pero se equivocaba.
-¿Weasley, estás celosa? -Le preguntó.
-No seas ridículo. Además, no pienso responder a eso. -Contestó ella.
-Te recuerdo que te toca responder y yo acabo de responder a una pregunta tuya. -Espetó Malfoy, ella siguió sin hablar, pero su cara no cambiaba-. Tu mirada te delata. Daré por contestada mi pregunta -terminó él con una sonrisa.
-Bueno me toca preguntar a mí -dijo ella exasperada de repente- ¿Porqué me besaste en la enfermería de Hogwarts?
Draco palideció al instante. ¿Cómo demonios lo sabe? Allí no había nadie y ella estaba desmayada o ¿quizá no lo estaba? Se preguntaba él. Salió del trance en el cual se encontraba y respondió en un tono que podría demostrar indiferencia:
-Yo no he hecho tal cosa.
-¿Jugando sucio, Malfoy? Está bien, haré otra pregunta... -No sabía ni cómo se atrevería a hacer la siguiente pregunta, pero estaba decidida. Se llevó a la boca el vaso del que estaba bebiendo y de un trago, lo vació, pasó su lengua por sus labios y lo miró-. ¿Por qué tienes una foto mía de Hogwarts?
El poco color que le quedaba a él desapareció. Y una cara de sorpresa invadió su rostro. Pero la más sorprendida fue ella, ya que, con todo el tiempo del mundo, Draco se echó una copa más de Whisky de Fuego y se la bebió de un trago antes de contestar.
-Porque desde aquel simple beso en la enfermería... no he logrado olvidarme de ti. -Contestó mirándola a los ojos.
Ella se quedó en shock. En silencio. Mirándolo. Sus ojos… parecían sinceros, pensó ella. Quería responderle algo pero no tenia palabras.
-¿Interrumpo? -Dijo el señor Lamper-. Los invitados se van ya. Espero que hayan tenido una bonita velada. Y muchas gracias por venir.
Salieron de allí y fueron a la chimenea sin decir una palabra. Llegaron a la Mansión y cada uno se dirigió a su habitación. Ambos se despidieron en el pasillo con un tímido "buenas noches". Ginny entró en su habitación, cerró la puerta y se quedó apoyada detrás de ella. Demasiado perpleja como para hacer o pensar en cualquier otra cosa.
…
