Notas: Los escritos en letra cursiva pertenecen al punto de vista y pensamientos de cada personaje, además de la representación escrita de sonidos. Los escritos en letra cursiva y negrita son cartas, periódicos, etc.
LAS VUELTAS DE LA VIDA
IV
Agua y flores
Mi cabeza daba vueltas, pero se debía más que nada al alcohol. ¿Por qué le pregunté eso? Por Merlín. Y su respuesta… "Desde Hogwarts". No quiero ni pensar qué hubiera ocurrido si no nos hubieran interrumpido… Quizás haya sido lo mejor, porque no tenía ni la menor idea de qué contestarle o decirle después... Y mañana. ¿Qué cara pongo mañana? En que situación me he metido; no podré ni mirarlo a la cara.
Me aparté de la puerta y me quité los zapatos. Me estaban destrozando los pies. Sí, eran preciosos, pero cuánto dolían los condenados. Caminé ya descalza lentamente hasta la cama y me tumbé. Qué vueltas me daba todo. Resoplé y cerré los ojos. Vaya, aún peor, creo que esa no era la solución… Pero algo tengo que hacer. Me levanté de la cama. Una cosa era clara, no podía estar tumbada. Dichoso Whisky de Fuego. No debería haber jugado a hacerme la dura. Pero también es verdad que después de la quinta copa, aún me sentía yo misma y las siguientes entraban solas; me habían sentado muy bien. Paseé por la habitación un rato. ¡Por Merlín! ¡Qué calor! Me quité la capa. Necesitaba estar más ligera. Fui al aseo y me lavé la cara. El agua estaba muy fresquita. Me eché algo de agua en la nuca. Eso esta mucho mejor, aunque mi cabeza sigue dando vueltas sin parar.
-Madre mía, esto es mareante.
Ya no sabía ni qué hacer. Pensé en darme una ducha, pero al instante recapacité: no sería capaz de estar de pie dentro de la resbaladiza ducha. No, lo que realmente necesitaba era darme un baño. Salí de la habitación procurando hacer el menor ruido posible, pero cada vez que tropezaba con algo, una pequeña risita floja se me escapaba. Recorrí todo el pasillo. La elfina me había dicho que había otro baño por aquí y acorde con el resto de la casa tendría que ser más grande que el mío, supuse. Después de abrir algunas puertas lo encontré. Qué difícil había sido dar con él. Estaba segura de que otro día cualquiera no me hubiera costado tanto. Abrí la puerta y lo miré. Realmente espectacular. Estaba muy bien decorado, con colores pastel claros. Todas las piezas eran de mármol blanco y una gran bañera, en la que podían haberse metido cómodamente cuatro personas, destacaba en el centro. Además, había un gran ventanal al fondo. A lo lejos, se veía la luna y las estrellas.
-Woow, que preciosidad.
Fui hasta el ventanal y me asomé. Entonces la vi. Una gran piscina con grandes cascadas de agua caían sobre las piedras. Suavemente iluminada con una luz azulina que reposaba en los bordes del fondo. Parecía el paraíso.
-Creo que acabo de tener una idea…
Salí del baño. Cuando iba por la mitad del pasillo tropecé con algo.
¡PLAFF!
Un ruido llenó el pasaje. Diablos, ¿por qué tenía que haber tan poca luz? Era un adorno, suerte que no se había roto. Lo coloqué en su sitio y seguí caminando más rápidamente. Bajé las escaleras como pude y salí a los terrenos. Qué delicia, caminar sobre la hierba húmeda acariciándome suavemente los pies. Sonreí. Pero enseguida hice una mueca: debía de haber muchos bichos por ahí, así que prácticamente corrí, riñéndome a mi misma por haber estropeado ese bonito momento pensando en bichos. Fui hasta el borde de la piscina y me mojé los píes. El agua estaba algo fría pero me sentaría bien. Me encantaban ese tipo de locuras. Deslicé el vestido por mi cabeza y lo dejé sobre la hierba junto a mi varita. Ya habría tiempo de recogerlo después. Sin pensármelo, me tiré de cabeza a la piscina.
…
Entré a mi habitación algo confundido con lo que acababa de pasar. Ni yo mismo sabía por qué le había dicho eso; bueno saberlo sí lo sabía. Si se lo dije, fue porque era cierto, pero de pensarlo a decirlo cambiaban muchas cosas. ¡Maldición! Necesitaba darme una ducha fría. Me senté sobre la cama y me quité los zapatos. Escuché un ruido fuera. Eso eran… ¿pasos? La elfina no salía de su armario por las noches, así que sólo podía ser una persona. Abrí la puerta y salí, después de todo, muchas de las cosas que hiciera esta noche estaba seguro de que mañana no las repetiría. Miré a ambos lados del pasillo y, aunque estaba oscuro, no vi a nadie. Me sentí un poco decepcionado así que pensé en mi anterior idea de darme una ducha. No estaba tan seguro ahora, así que fui al baño grande. Lo que necesitaba era un gran baño. Un largo, frío y relajante baño. Abrí la puerta y entré. La luz de la luna iluminaba suavemente el habitáculo. Era un lugar muy cómodo y placentero. Pero había algo que no me cuadraba. La ventana estaba abierta y tampoco me apetecía coger una pulmonía. Me acerqué a cerrarla. Tomé unos instantes para mirar por la ventana y...
-¿Pero qué demonios?
Estaba flotando inerte en la piscina. No se movía. Sentí pánico y saliendo del baño, corrí por el pasillo con un único razonamiento; por favor que no sea demasiado tarde… Por el camino tropecé con algo:
-¡Mierda!
Me caí al suelo y escuché el inconfundible ruido de la porcelana rota. Cientos de galeones tirados a la basura. Pero de eso ya me preocuparía mas tarde. Seguí corriendo tan rápido como mis piernas me dejaban. Bajé las escaleras de dos en dos y por fin llegué a la puerta principal. Fui corriendo por el césped de camino a la piscina. La hierba me hacía cosquillas en los pies.
-Jijijiji… -Reí-. ¡Demonios! ¡Que no es momento para risas!
Ya llegaba. Divisé la piscina y corrí más fuerte. Ella aún flotaba boca arriba con los ojos cerrados. Sólo llevaba unas braguitas negras… pero no era momento de admiraciones.
-Que no sea tarde por favor. Que no sea tarde.
Llegué al borde y sin pensármelo dos veces me lancé de cabeza a la piscina. No había tiempo para quitarse la ropa, eso no era importante. Salí a la superficie del agua y levanté la cabeza buscándola.
…
Se escuchó un estruendo tremendo y Ginny se sobresaltó maldiciendo a lo que sea que hubiera interrumpido su momento de paz.
-¡AHHHHHH! -Gritó.
Apoyó los pies en el fondo, giró la cabeza para todos lados y entonces lo vio. Malfoy, dentro de la piscina, totalmente empapado y con la ropa de la fiesta aún puesta.
-¡Por Merlín, Malfoy! ¿Qué demonios haces aquí? -Dijo mientras bajaba la vista, ya que se acordó de que no tenía sujetador, se tapó su busto rápidamente como pudo y gritó- ¡Malfoy! ¡Yo no estoy... no estoy vestida! -Él hizo una mueca.
-Lo siento, Weasley -balbuceó.
-¿Me vas a explicar qué diablos haces aquí? -Exclamó indignada.
-Esta es mi casa. ¿Por qué no iba a poder estar aquí? -Contrarrestó él.
Ella estaba empezando a perder la paciencia, realmente la estaba sacando de sus casillas y empezaba a ponerse furiosa al más puro estilo Molly Weasley.
-¡No me refiero a eso! ¡Quiero saber qué haces en la piscina, justo ahora! ¿No podías esperar? ¿No has visto que estaba ocupada? -Preguntó ella muy enfadada- ¿O es que además de ciego eres idiota? -Terminó.
Malfoy sólo la miraba. Por su bien, más le vale tener una buena explicación para todo ese numerito. Que poco caballeroso, pensó ella.
-Yo… Yo... -Balbuceó-. Diablos, Weasley. ¡No me mires así! Iba a darme un baño y vi desde la ventana que estabas flotando en la piscina. ¡Maldición! Pensé que te habías ahogado... ¿Qué demonios querías que hiciera? -Concluyó.
En ese mismo instante, ella se sonrojó. Era una buena explicación, y muy lógica. Ginny no omitió el pequeño detalle de que se hubiera preocupado por ella. Era el momento de una disculpa por su parte.
-Vaya... -habló visiblemente avergonzada-. Lo siento, Malfoy. Estaba flotando en la piscina y supongo que me dormí. Siento haberte asustado. Disculpa por ponerme así.
El respiró hondo, realmente parecía haberse llevado un buen susto. Pero ahora parecía más tranquilo.
-Mierda, Weasley, es que me has dado un susto de muerte. Tranquila, no te preocupes -señaló- deberías tener cuidado, eres una chiquilla algo imprudente.
-Yo no soy una chiquilla, Malfoy y tú deberías haberte asegurado antes de montar una escena. -Le explicó intentado controlarse.
Al momento se dio cuenta de que había sido demasiado dura. Después de todo, él se había preocupado por ella y había ido a ver si le había pasado algo. Estaba claramente preocupado y bastante asustado. Mientras ella se perdía en sus pensamientos, él, claramente abatido, se dio la vuelta y salió lentamente de la piscina caminando despacio el trecho que había entre esta y la casa.
-¡Espera Malfoy! -Le gritó.
Él se dio la vuelta y se acercó hasta el borde de la piscina. Ella se acercó también y se dispuso a salir, pero necesitaba los brazos y no iba a quitarlos de dónde los tenía, eso estaba claro.
-¿Podrías…? -Dijo mientras señalaba con la cabeza el vestido posado en la hierba.
El giró la cabeza y lo vio.
-Ahhh... si, si claro -asintió algo confundido mientras cogía el vestido y se lo acercaba.
-Emmm... ¿Te importaría...? -Empezó a preguntar, algo fortuita.
-¡Ahhhh! Sí, sí, claro, ya me doy la vuelta.
Entonces dejó el vestido en el borde de la piscina y se giró. Ella salió de la piscina algo nerviosa. No iba a ponerse el vestido ahora, así que simplemente lo cogió con las manos y se cubrió el pecho. Llevaba unas braguitas así que, aunque se sintiera algo incómoda, sabía que por eso no había problemas.
-Ya está -indicó.
El se limitó a mirarla. No sonreía, al contrario, tenía un gesto serio. Ella no sabía que decirle. Suerte que fue él quien rompiera el hielo.
-Vamos dentro, no quiero coger una pulmonía -ordenó serio.
Caminaron juntos sin hablar hasta la Mansión, cerró la puerta y se dirigió a la sala en la cual estaba la chimenea. El calor se sintió casi al instante y mejor así porque toda la historia de la piscina le había dado un poco de frío a los dos. Ella se acercó al fuego con la intención de calentarse, había pasado unos momentos un tanto incómodos. Se quedó mirando el fuego, parecía hipnotizada por la manera en que las llamas cambiaban de color y crepitaban suavemente. Se dio la vuelta para ver qué hacía él. Se estaba quitando la camisa mojada y se fijó en su pecho. Su herida volvía a estar más negruzca, algo hinchada y sangraba.
-Por Merlín ¡Malfoy!.. ¡Tu herida! Voy a subir a buscar la poción y el bálsamo. -Señaló y salió de la habitación.
Subió las escaleras decentemente, aunque aún notaba el suave bamboleo dentro de su cabeza. Ya que estaba arriba, decidió cambiarse y se puso la bata rosa que llevaba la noche anterior y, rápidamente, cogió de la mesita el frasco con la poción y el bálsamo. Volvió a bajar tan apresuradamente cómo había subido y lo encontró pensativo junto al fuego. Él también se había cambiado, llevaba una camisa gris desabotonada y los pantalones del pijama haciendo conjunto, pero eran de un gris más oscuro. Se acercó por su espalda y le dio un toque en el hombro.
-Malfoy... toma.
Ella le dio la poción para que se la bebiera, mientras, puso un poco de bálsamo sobre su mano y lo extendió sobre la herida de su pecho. Tenía un tacto suave pero estaba muy frío.
-Malfoy, estás helado.
Parecía que estaba algo melancólico. Pero aunque ella se moría de ganas por preguntarle, no pudo, así que esperó a que él hablara:
-Tengo más frío el corazón… -su tono de voz fue suave y taciturno.
Ella se quedó callada. Cómo odiaba eso, ese silencio por su parte, pero no tenía nada que decir, o más bien, no sabía que decir. Terminó de extender la crema por su pecho, en silencio y con la cabeza agachada, no podía mirarlo a los ojos. Se dio ánimos a sí misma y enmendó su error. Dejó el frasco sobre la mesita y lo miró. Sus ojos no eran tan fríos, durante los años en Hogwarts, ella siempre pensó que era una persona sin sentimientos. Que pensamiento más ridículo, todas las personas sienten.
Él le sostuvo la mirada unos instantes, pero volvió a mirar al suelo. Entonces ella se decidió, se acercó lentamente y lo abrazó. Él pareció sorprendido, pero le devolvió el abrazo. Ella tenía sus brazos alrededor de su cuello y él, uno en su cintura y otro sobre su espalda. Ella se sentía tremendamente segura con él y, pese a ser una situación desconcertante, le gustó.
-Gracias por lo de antes. -Le susurró ella al oído.
-Ha sido un placer -le contestó él.
Ella sonrió y, aunque no veía su cara, tuvo la certeza de que él también lo hizo. De repente, ella sintió un escalofrío. La mano que tenía él sobre su espalda empezó a moverse en círculos con delicadeza, con extrema suavidad. Como respuesta a su agradable gesto, ella pasó una mano sobre su pelo. Estaba húmedo, pero era extremadamente suave. Si de ella hubiera dependido, se habría quedado para siempre así, sintiéndose tan segura, tan simple, tan especial. Pero él se separó lentamente de ella y dijo:
-Ven, quiero enseñarte algo. -Ella asintió y lo siguió.
Él salió por la puerta principal pero se desvió por el lado opuesto a la piscina, rodeando la Mansión. Ella lo seguía. Llegados a un punto, él se dio la vuelta y le dijo:
-Cierra los ojos.
Le hizo caso y los cerró. Súbitamente notó como la mano de él cogía la suya. Él tiró de la mano y ella lo siguió, caminando temerosa pero demasiado metida en la situación como para tener cualquier pensamiento. La hierba le acariciaba los pies. Caminaron durante un rato y luego, se pararon.
-Abre los ojos -le susurró.
Haciéndole caso, ella los abrió y no pudo evitar quedarse con la boca abierta. Estaban en un jardín. Pero no en un jardín cualquiera, aquel era el jardín más hermoso que ella había visto en su vida. Estaban rodeados de grandes setos verdes que no le permitían ver lo que había alrededor, pero con las maravillas que les rodeaban, tampoco les hubiera hecho falta. Ella distinguió un arco podado en el seto, que era la única entrada a aquel jardín, por el que caían como lianas unas flores blancas. Todo a su alrededor era un festival de colores. Las flores nacían de la hierba y poblaban cada rincón. En el medio del jardín, había un pequeño estanque de aguas cristalinas y en el centro del estanque, un pequeño islote con un gran árbol rodeado de muchas rosas que parecían brillar, eran de un rojo muy intenso con algunos destellos blancos. Ginny miró al cielo. La luna y las estrellas embellecían el lugar haciéndolo maravilloso, de ensueño. Malfoy aún no la había soltado de la mano y la llevó a la pequeña islita. Caminaron hasta el centro. Los destellos de las flores resultaron ser pequeñas hadas juguetonas. El lugar era mágico. No tenía otra palabra.
-Malfoy, esto es… es maravilloso -le indicó ella con ojos brillantes.
-Lo sé. Este lugar, siempre me recuerda a ti -contestó.
Ella sonrió. Era impresionante pensar que un lugar tan puro le recordaba a ella. Se sentía eternamente alagada y sumamente especial. Sus manos aún estaban juntas. Él movía delicadamente sus dedos sobre la mano de ella. Se estremeció, tanto por su caricia, cómo por la brisa que súbitamente acompañó el ambiente. Literalmente se le puso la piel de gallina. Él quitó su mano de la suya. El momento pareció romperse, pero para sorpresa de ella, él se quitó su camisa y la puso sobre sus hombros. Lo miró y le sonrió.
-Gracias. -Él la miró y sonrió también-. En la fiesta... ¿Hablabas en serio? -le preguntó.
-Sí, estabas preciosa. -Contestó serio.
-No me refiero a eso, Malfoy...
-Ya lo sé… -le respondió-. Habíamos bebido bastante… -ella sintió marchitarse por dentro y bajó la vista, pero él continuó hablando-. Pero fui sincero como nunca lo he sido. –Le respondió-. Nunca pude olvidarme de ti.
Entonces ella volvió a fijar sus ojos en los suyos. Tan atrayentes, misteriosos, pero francos y reveladores. Ella cogió sus manos con las suyas. Él agradeció el gesto y poco a poco se fueron acercando. Cuando ya no había distancia entre los dos, él besó suavemente la frente de Ginny. Ella levantó la cabeza y se encontró con sus labios. Se posaron lentamente sobre los suyos, dándole el beso más dulce y más sincero que había recibido en su vida. Se separaron. Él acarició su mejilla con una de sus manos y ella llevó la suya a la cintura de él. La miró unos instantes más y la volvió a besar. El besó creció con tanta pasión, pero delicadeza a la vez, que supo que ese era el beso que siempre había estado esperado. Se separaron de nuevo, él la miró, no dejó pasar un segundo y la abrazó. Era un abrazo que expresaba tanto… sentimientos, protección. Ginny respiró profundamente y él la acercó más a su cuerpo. Podía sentir su respiración en su pelo y cada latido de su corazón. Se sentaron sobre la hierba, rodeados de hadas, flores y un paraíso. Y así, entrelazados, entre besos y caricias desapareció la luna dando lugar al amanecer más hermoso que los dos hubieran visto en sus vidas.
…
