Cap. 4. Nuevas formas de invertir.

Terminé de ducharme y me disponía a descansar.

Debido a las actividades de papá no había tenido mucho tiempo de familia como había imaginado el recibimiento que me darían.

-Candy ¿Estás despierta?

-Pasa, mamá, sí, aún estoy despierta

-Te traje mantas.

-Gracias, Dorothie ha hecho muy bien la cama, sabe que me gustan las térmicas…. Toma asiento.

-Candy presta atención a lo que te diré, aunque le prometí a tu padre no decirte más acerca de la forma en la que me honrarías con tu comportamiento

-Mamá ¿ahora qué hice mal?
-Llamar al señor Grandchester por nombre, eso es una falta de educación grave

-¿Por qué? Él me lo pidió, él me ve como una hija

-Es un hombre casado, su hijo menor estaba presente, se pudo prestar a malas interpretaciones

-¿Hijo menor?-En realidad lo único que sabía de mi socio era que casado con una americana y que él era inglés… jamás había preguntado por su familia, integrantes u otra cosa-Mamá, conozco bien a Eleonor, ella también me ha permitido llamarle por su nombre

-Está bien, no te diré más. Se lo he prometido a tu padre.

-Gracias, mamá, por todo – Le di un abrazo y ella me arropó al acostarme.

No se me interrumpió más y pude descansar riquísimo, con la paz y tranquilidad de saber que mis padres estaban cerca de mí, que yo estaba en su casa, en familia.

Cerré los ojos, me acomodé y toda tensión salió de mi ser.

Aunque mi cuerpo comenzó a descansar mi mente no podía permanecer quieta, en el interior de mis párpados podía ver su rostro, sus cejas juntas, su sonrisa, parecía que volvía a escuchar su voz… sus hermosos ojos azules…

Aun por la mañana mientras la calidez de la ducha mojaba mi cuerpo desnudo, sonreía bobamente al recordar la mancha de la cátsup en su manga, él sentado junto a mí… sonreía y mantenía los ojos cerrados. –Buen día, nana

-Buen día, hija ¿Vas a desayunar?

-Sí, nana, un poco de fruta y cereal

-¿Quieres que te sirva en el comedor?

-¿Mamá está en casa?

-Están todos, nadie ha bajado a desayunar

-Desayunaré aquí en la cocina, llevo algo de prisa

-Entonces, ahora te sirvo

-Nana, ¿podrías sentarte a desayunar conmigo?

-Hija, sabes que nosotros desayunamos hasta que toda la familia lo ha hecho.

-Por favor, ¿Sí? – Parpadeé repetidas veces mientras le miraba, ella sonrió y tomamos un delicioso desayuno juntas, me dio algunos consejos prácticos, y me contó algunas anécdotas personales.- Si alguien pregunta por mí les dices que fui de compras.

-Sí, solamente ten mucho cuidado

-No desconozco tanto la ciudad, pero lo haré.

Quería hacer de Overseas Business la mejor transnacional, ya íbamos por el mercado en Asia y estar aquí me inquietaba para posicionarnos como una agencia de corretaje de la Bolsa de Valores.

No quería arriesgar el capital de mis socios y tampoco lo había consultado con ellos, pero era una muy buena oportunidad para arriesgar un poco de lo mucho que me dejó mi tía.

Llegué a Wall Street, respiré profundo y uff, me recibió un mar de gente.

Manos levantadas, llamadas por teléfono, muchas pantallas, gente caminando, detenida viendo los números correr por las pantallas…

No tenía idea por dónde comenzar, a quién preguntarle…

-Disculpa, no me fijé por donde caminaba –Dijo un chico al estrellarse en mi espalda por estar consultando su portátil

-Está bien, no te preocupes –Intentó seguir su camino –Espera, ¿podrías ayudarme?-Le pregunté con verdadero interés.

-Emm… sí… creo… ¿Qué necesitas?

-Asesoría…

Levantó las cejas, y fijó su mirada en mi rostro -¿Qué clase de asesoría? -No le llevó tiempo entender de lo que se trataba, sacó su móvil, marcó un número y mientras hablaba sostenía su mirada en mis ojos. -¿Tienes tiempo? En 30 minutos vendrá el Señor Brower por ti para una reunión de negocios.

-Así ¿Tan rápido?

-Sí, él es la persona indicada para ayudarte.

-En verdad te lo agradezco mucho.

Esperé junto al chico amable y observaba todo lo que hacía, lo que decía, la forma de concretar las ventas y las compras… -Ven conmigo –Dijo después de recibir una llamada

--Dije caminando a su lado. Cada uno surfeaba a la persona que se encontraba a su paso hasta llegar a la salida en donde nos esperaba un brillante auto color gris plata. A su lado estaba un caballero vestido elegante pero casual, era una mezcla rara de atuendos pero le daba un toque especial.

El otro chico se despidió y regresó al interior de la Bolsa –Hola, mi nombre es Anthonie Brower-Dijo estirando su mano para saludar y sonriente

-Candice Andry- Correspondí al saludo

- ¿Andry?- preguntó sonriente y achicando la mirada como intentando recordar algo- Conocí a dos Andry cuando estudié en el colegio, a Eliza y su hermana menos Annie, creo que sí, así se llaman

-¿Eliza y Annie Andry?- Respondí con una pregunta

-Sí, si gustas vamos a comer, hablamos de negocios y tal vez ellas y tú se conozcan.

-Emmm, dime en donde comeremos para solicitar un taxi

-Vamos, ¿Me crees capaz de hacer algo malo?

-No lo sé, me sentiré más tranquila

-Está bien, tomaremos un taxi, le llamaré a John para que se lleve mi auto a la oficina, dame un par de minutos.

-Sí, gracias por comprender

Antes de ponernos de acuerdo en dónde comeríamos le pregunté acerca de mis hermanas –Son personas amables, nos perdimos la pista al ingresar a la universidad, salimos un par de veces… ¿Las conoces?

-Creo que sí, mis hermanas se llaman igual que tus amigas

-Entonces, tú eres la hermana que vivía en Europa

-¿Te hablaron de mí?

-Un poco, Eliza siempre organizaba fiestas y nos invitaba, pero una ocasión nos canceló porque viajarían a Inglaterra para pasar el verano con su hermana, la verdad me imaginé que eras mayor.

Sonreí ante el comentario –Creo que comienzo a recordarte un poco

-¿Alguna vez estuviste en las fiestas de Eliza?

-¿Quieres pistas?

-Esto se pone interesante… venga la primera

Comenzaba a recordar sus gestos y su mirada así que quería que él reconociera que su trato no fue el mejor aquella ocasión en la que nos vimos – Fuente de sodas.

-No! –Dijo sonriendo, casi botaba la risotada, se tapó la boca con una mano mientras parecía recordar aquella ocasión en la que preguntó por qué Eliza me conocía. –No, no es posible…

-¿Quieres más pistas?

-Sí, por supuesto que sí… es que… no, no puede ser-Decía sonriente

Su sonrisa y actitud eran contagiosas y al igual que él tenía una gran sonrisa –Fiesta de primavera… cocina… hielo… soda… hielo…atención…. Hielo…

-Para, para….-Rió

-¿Mencioné hielos?

-Es increíble, ¿Por qué no me dijiste que estaba en un error? ¡Me muero de pena!

-¿En verdad, mueres de pena?

-Claro, no te traté como debía

-¿Sientes pena porque yo era una Andry y me confundiste con una mucama?

-Por el trato que te di, fueras quien fueras, no debí, eso me sirvió para comprender que tenía que ser mejor persona, me ayudaste mucho.

Me sentí satisfecha y en confianza, así que mi cuerpo se destensó al pensar que estaba teniendo confianza de más al viajar con un desconocido. Sabía que podía meterme en problemas pero en una asignatura un profesor nos dijo que todo se logra bajo grandes riesgos. –Te agradezco a ti porque de no haber ocurrido esa situación yo no estaría aquí intentando aprender cómo invertir en la Bolsa.

-Antes de hablar de eso ¿Te apetece comer algo en especial?

-Quiero ir al Crystin, amo la comida italiana.

-Al Crystin, entonces. –Solicitó un taxi y comimos delicioso.

Me explicó con mucho detalle en qué consistía ser una agencia corredora de la Bolsa y la forma en la que él me podía ayudar; en esta ocasión eran mis propios recursos los que yo estaría invirtiendo así que no dudé y acepté su oferta.

-Voy a ver a mi padre a su despacho, ¿Me acompañas?

-Primero tendría que cancelar algunas citas o pedirle a alguno de mis primos que se encarguen

-Me lo he pasado muy bien y ahora me toca a mí invitarte a otro lugar.

-¿Es una cita?

-Es tu castigo por tratarme mal aquella ocasión… morirás de aburrimiento mientras voy de compras y tú me acompañas –Dije irónicamente

-Nooooooooooooo ¿Por qué? ¿Por qué? – Dijo dramático

Nos recibieron amablemente al llegar a las oficinas de papá, siempre un apellido te abre o cierra puertas, llevaba unas zapatillas de tacón de punta que generaban mucha inseguridad en el piso de mármol, Anthonie me ofreció su brazo hasta llegar al ascensor. –Debí venir con otro tipo de calzado.

-Esos zapatos te vienen bien, se te ven hermosos.

-Gracias.

Anthonie es apuesto y simpático pero no es como ojitos azules. Bastó una mirada de él para saber lo que me atrae de él, y su temperamento es algo que me ha cautivado. Aunque sé que él trabajará para papá no sé si en este lugar lo podré o no encontrar de nuevo.

Richard y papá se conocen de tiempo atrás, al igual que Terrence con mis hermanas, verlo con Eliza es muestra de su amistad y eso me pone en desventaja