Notas: Los escritos en letra cursiva pertenecen al punto de vista y pensamientos de cada personaje, además de la representación escrita de sonidos. Los escritos en letra cursiva y negrita son cartas, periódicos, etc.


LAS VUELTAS DE LA VIDA


VI

Decepciones

Abrí los ojos y parpadeé un par de veces. Sabía dónde estaba. Podía reconocer perfectamente el techo de mi habitación. Sentía una mezcla algo confusa de sensaciones; estaba hambriento, me dolía el pecho y sabía que había algo allí que no estaba donde debería estar. Me senté sobre la cama y me quedé petrificado.

-Weasley. -Le dije tocándole el hombro. Nada, ni se inmutó-. Weasley. -La zarandeé un poco. Abrió los ojos y me miró algo avergonzada-. ¿Qué haces en mi cama? -Le pregunté.

-No me hables en ese tono, Malfoy... ayer entré a ver cómo estabas y te encontré… haaahh -bostezó- …tirado en el suelo y sangrando. Deberías darme las gracias.

-Vaya, perdona, Weasley, pero… eso no explica por qué estás en mi cama -le dije. Ella se sonrojó. Pero continuó hablando.

-Anoche perdiste mucha sangre, no quería arriesgarme a que te pasara algo -dijo y yo noté como algo cálido me recorría por dentro-. No dejaré que se estropee mi carrera por un paciente algo descuidado -dijo algo enfadada.

Esta niña estaba aprendiendo rápido, pensé. Era casi tan fría e indiferente como yo; me encanta.

-Lo que tú digas, Weasley… Gracias, pero si no te importa, me gustaría ducharme y bajar a desayunar. -Le dije.

-Vale, Malfoy, te veo abajo. No te olvides que tengo que ponerte el bálsamo. -Me dijo y se levantó de la cama. Cogió una camisa que había encima de la almohada y me preguntó:

-Por cierto, Malfoy... ¿esta camisa es tuya?

-Sí, claro. Por norma general, en mi habitación la ropa de hombre que hay, es mía. -Le dije. Ella me miró frunciendo el entrecejo y ya muy cerca de la puerta me contestó.

-Pues ya me explicarás por qué me desperté con ella sobre mis hombros ayer.

Y se fue. Me fijé en la camisa. Se la había dejado cuando estábamos en el jardín. Me di un golpe en a frente... ¿cómo demonios no me di cuenta? Definitivamente iba a tener problemas para salir de esta. Pero ya me preocuparía de eso después. Me levanté de la cama y fui al baño. Me acerqué al espejo y me miré. Volví a sorprenderme. Mis labios estaban delicadamente manchados de carmín rosa. Sin lugar a dudas, yo no era el único que tenía algo que explicar... Sonreí. Me metí a la bañera y me di un buen baño. El agua realmente era reconfortante. Bastante caliente, me encantaban los vapores. Me relajaba. Salí, me vestí y bajé al salón. Había una lechuza parda apoyada sobre el sillón y no era la mía. Cogí la carta de su pata y leí:

Estimado señor Malfoy:

Debido al éxito de la cena del pasado jueves en mi Mansión, tengo el placer de invitarle, junto a la señorita Ginevra Weasley, mañana sábado a un evento similar en el mismo lugar. Esperamos su asistencia a las nueve de la noche.

Atentamente,

Gustav Lamper

Pufff... otra cena, pensé. Realmente no me apetecía ir, pero era importante guardar las apariencias. Creo que no tenía remedio. En ese momento oí ruidos en las escaleras y vi cómo bajaba Weasley vestida con ropa informal y con algunos cacharros en la mano.

-Weasley, mañana tengo una cena. El señor Lamper te ha invitado a ti también. -Le informé.

-¿Tienes que ir? No quiero comprarme otro vestido. -Contestó.

Ella sabía que tenía la obligación de ir, no me dejaría solo por si pudiera pasarme algo, estaba seguro que anoche se tuvo que llevar un buen susto...

-No hace falta que te pongas un vestido, arréglate un poco y ya está. No creo que nos quedemos mucho rato. -Le dije.

-Está bien -contestó- pero ahora ven, tengo que ponerte el bálsamo y deberías beberte esta poción. Te ayudará a reponer sangre y a cicatrizar la herida -me explicó.

Me solté los primeros botones de la camisa y ella como siempre me extendió el bálsamo. Parecía algo distraída en sus pensamientos.

-Malfoy... ¿te importaría que hoy pasara el día en mi apartamento? Estaré aquí a la hora de ponerte el bálsamo. -Me preguntó.

-Sí claro, no veo porqué no. Te veo luego, Weasley. -Contesté un poco apesadumbrado.

-Gracias -dijo simplemente.

Volvió a subir las escaleras y tras un breve traqueteo, volvió a bajar, ahora con un bolso y una chaqueta. Se acercó a mí y me dio un frasco con algo líquido dentro.

-Tómatela después de desayunar. -Me dijo.

Y dicho esto se acercó a la chimenea y desapareció. Estuve toda la mañana algo distraído. Desayuné, tomé la poción y me senté en el sofá a descansar un rato. Creo que conseguí dormir, pero ya iba siendo hora de hacer algo de trabajo. Subí y entré a mi despacho. Había algunos papeles sobre mi mesa, pero sabía que alguien se encargaría de todo. Yo no tenía que trabajar por estar enfermo, pero algo me decía que tendría mucho trabajo cuando volviera. Estuve ojeando los papeles un rato pero era imposible, no podía concentrarme. Me pase la tarde de aquí para allá ordenando papeles, mirando informes, enviando lechuzas…

Me fijé en la ventana, un radiante sol dio paso a una luna menguante. Serían las ocho y media cuando un ruido me hizo saber que por fin el silencio de la casa se había roto. Weasley había vuelto. No la oí subir a su habitación, pero cuando a las nueve bajé a cenar, ella ya estaba sentada en la mesa.

-Buenas -me dijo cuando entré en el salón.

-Hola -le contesté.

Elia trajo la cena y comimos prácticamente en silencio. Estaba acostumbrado a situaciones así, pero no con ella, ella solía transmitir felicidad y alegría, pero hoy estaba callada. Tenía ganas de preguntarle qué le pasaba, pero algo me lo impedía. Podría mandarme a meterme en mis asuntos o fingir que no me escuchaba, la cuestión es que quería preguntárselo.

-¿Te pasa algo, Weasley? -Le pregunté después de mucho pensar, cuando casi estábamos acabando la cena.

-¿Qué? Ahhh, no, no pasa nada, Malfoy... voy arriba a por las pociones.

Dijo y se levantó, dejándome atónito. Estaba claro que algo le pasaba, empezaba a preocuparme. No pasó mucho tiempo cuando ella volvió a bajar. Me pasó dos botes con pociones.

-Tómatelas las dos. Una es para la herida y la otra para dormir sin soñar -me dijo- no creo que quieras volver a tener pesadillas.

-¿Cómo sabes que tengo pesadillas, Weasley? -Le pregunté algo extrañado.

-Gritas en sueños. ¿No lo sabías? -Me preguntó indiferente.

-Está claro que no -contesté.

-Ya veo. Bueno... buenas noches, Malfoy -me dijo y empezó a subir las escaleras.

-Hasta mañana.

El día siguiente pasó sin más novedad, siguió poniéndome el bálsamo un par de veces al día y únicamente hablamos a la hora de la comida, aunque más bien, creo que eso no fue hablar, precisamente.

-¿Recuerdas que hoy es la cena en la Mansión Lamper, no? -Le pregunté

-Sí claro -contestó.

-Te esperaré aquí a las nueve.

-Está bien.

Y esas fueron nuestras únicas palabras casi en todo el día. La tarde pasó lentamente pero cuando me vine a dar cuenta, era hora de prepararse. Me puse unos pantalones negros con una camisa morada bastante oscura. Me peiné, me perfumé y bajé al recibidor para esperarla. Pero para mi sorpresa ella ya estaba allí, vestida con unos pantalones negros algo ajustados. Una camisa azul oscura algo ceñida, con un escote en pico y con encajes. Unos tacones a juego con la camisa. El maquillaje más natural y el pelo en una coleta alta. Estaba muy sencilla y natural, pero preciosa.

-Que puntual, Weasley. ¿Nos vamos? -Le pregunté.

-Sí, vamos. -Me dijo secamente.

Salimos por la chimenea y llegamos a la Mansión Lamper. Un elfo vino a recibirnos y tras él, el dueño de la casa.

-Mucho gusto en recibirle, señor Malfoy. -Dijo teniéndome una mano, la cual yo estreché sin mucho entusiasmo-. Y veo que viene bien acompañado… Señorita Weasley -dijo inclinando la cabeza y besándola en la mejilla.

No pude evitar sentir un pinchazo de celos en mi estómago. A mi ella nunca me saludaba con un beso en la mejilla.

La cena fue muy tranquila, había mucha más gente que en la otra ocasión. La mayoría de clase alta y sangre limpia, mestizos adinerados y otros de pequeñas fortunas. De edades variables, pero abundaba la gente joven. Empezamos bebiendo Hidromiel en la cena, pero Lamper nos ofreció Whisky de Fuego de reserva, realmente caro, por lo que pude apreciar. Por el rabillo del ojo, vi como Weasley, sentada a mi derecha, lo rechazaba. No había estado muy comunicativa, pero la sorprendí dialogando animadamente con Lamper.

Más tarde, nos dirigimos hacia otra sala, distinta a la anterior. Me encontraba en la barra. Una botella de Whisky dio paso a otra y a otra... y así, hasta pasó algo más de una hora...

Los hombres habían bebido bastante. El señor Lamper era de los que menos había bebido, porque estaba demasiado ocupado ofreciendo a sus invitados. Yo no quería beber, al menos hasta que aclarara lo que pasó en la anterior cena, porque todavía no tenía nada claro. A eso de las once, el señor Lamper abrió una puerta corredera en uno de los lados del salón y nos invitó a pasar a la otra estancia. Era bastante grande. Tenía una barra con muchas bebidas y sólo había algunos sofás. En el centro había mucho sitio libre y lo que parecía ser una pista de baile.

-Me he permitido variar un poco de las cenas comunes... y espero que hoy disfrutéis de esta pequeña sorpresa -dijo el señor Lamper.

Entonces hizo un repentino movimiento de varita y las luces bajaron. De la nada sonó una música muy animada para bailar. No sabía qué hacer exactamente, así que fui a la barra a pedirme una cerveza de mantequilla. Un elfo se encargó de dármela y me senté mientras miraba hacia la pista. Pronto, entablé conversación con el señor Lamper.

-¿Cómo lo pasas, querida? -Me preguntó.

-Bien... -mentí- no está mal -sonreí.

-No parece que lo pases muy bien... -me dijo- ven, te presentaré a un par de chicas de tu edad.

Caminamos hacia otros sillones y me presentó a dos chicas. Eran bastante guapas y aunque dudaba tener mucho en común con ellas, al menos no estaría sola.

-Voy a ver como están los demás invitados, enseguida estoy contigo… -Me dijo el señor Lamper mientras se iba.

Mantuve una pequeña conversación con las chicas, tuve razón al pensar que no eran como yo, pero eran agradables después de todo.

-Y tú, Ginevra... ¿estás casada? -Me preguntó una de ellas.

-No, no, soy soltera. -Le contesté.

-Vaya suerte, maja. Yo a tu edad ya estaba casada desde hace un par de años... y te puedo asegurar que no es una experiencia agradable -me comentó- y dime, querida... ¿sales con Malfoy? -Arqueó las finas líneas que tenía por cejas.

-No, no, que va... sólo somos amigos. -Contesté y desvié la mirada hacia donde él estaba.

Las veces que pude verlo seguía bebiendo en la barra. Tenía la cara algo roja, así que intuí que debía haber bebido bastante.

Las muchachas que me acompañaban, propusieron ir a bailar y yo acepté, después de todo, no me vendría mal algo de diversión. Bailamos un rato cuando pasó el señor Lamper diciéndome:

-Vaya, te veo más entretenida, querida.

-Sí, la noche parece haber mejorado algo... ¿No baila? -Le pregunté ofreciéndole mi mano. Después de todo, él había sido amable conmigo. Me sonrió y me tendió una mano, pero sentí una sacudida por mi espalda, alguien me había empujado hacia Lamper.

-Baila con él, Weasley. -Dijo Malfoy empujándome de nuevo con fuerza hacia el señor Lamper. -Venga, Weasley, baila.

-¿Qué haces, Malfoy? -Dije confundida. Entonces me cogió fuertemente por detrás y agarró mis brazos arrastrándome de nuevo hacia Lamper, éste se encontraba atónito, ni pestañeaba.

-Malfoy, me haces daño. ¡Suéltame! -Le dije siendo lo más dura que podía. Pero no me soltaba, seguía apretando mis brazos y pegándome empujones.

-¡Que bailes! -Me gritaba él. Empecé a asustarme.

-¡Malfoy, suéltame! -Dije, pero mis palabras no surtían efecto ninguno sobre él.

Desesperada intenté darle codazos, intentaba soltarme, pero fue inútil porque él tenía demasiada fuerza. Le mordí un brazo. Nada, parecía ser de acero. Cada vez más asustada y con ganas de llorar le supliqué:

-Malfoy, suéltame… Por favor.

Para mi suerte, la gente se empezó a dar cuenta y junto a un aturdido señor Lamper, consiguieron quitármelo de encima y lo alejaron de mí. Aguantando las ganas de llorar y buscando la manera de mantener mi dignidad, salí de la sala, pedí al elfo mi bolso y me fui por la chimenea. Recogería mis cosas y me iría de su Mansión. No iba a consentir que me humillara de esa manera, ni que se pusiera violento conmigo. De ninguna manera. Subí rápido las escaleras y entré en mi habitación. Cerré la puerta y en un acto reflejo me tiré sobre la cama. Apreté la almohada con fuerza. No quería perder mis prácticas, mi carrera era muy importante para mí. Mi sueño era convertirme en medibruja... Pero esta situación no era tolerable. Sin quererlo, me dormí profundamente sumergida en mis pensamientos.

Cuando desperté el sol ya se asomaba por la ventana. Me duché, me vestí y en silencio recogí mis cosas. Bajé las escaleras con mucho sigilo y algo de temor. No quería encontrármelo. Oí un ruido cerca. No por favor, que no sea él, pensé, pero por suerte era la elfina. Miró mis maletas y me preguntó:

-¿Ya se va, señorita?

-Sí Elia, tengo que irme ya -le contesté casi en un susurro.

-Qué pena, señorita, Elia lo lamenta. ¿Quiere algo para desayunar antes de irse? -Me preguntó.

-No, gracias, Elia. Adiós. -Le contesté con pesar. Aquella elfina se ganó mi cariño. Siempre me trató bien.

Caminé hasta la chimenea y miré a atrás. No se lo merecía, pero no me gustaba hacer a las personas sufrir, yo no era como él. Sobre las manos de la elfina, puse dos botellas de poción y bálsamo suficiente para unas semanas.

-Llévale esto a... al señor Malfoy. -Le dije.

-Sí, señorita -dijo asintiendo con la cabeza.

Esperé a que la elfina desapareciera, me di media vuelta, cogí polvos Flu y entré a la chimenea. No es que no me apeteciera ver a mi familia, pero necesitaba estar sola.

-Al Caldero Chorreante. -Dije finalmente.