Notas: Los escritos en letra cursiva pertenecen al punto de vista y pensamientos de cada personaje, además de la representación escrita de sonidos. Los escritos en letra cursiva y negrita son cartas, periódicos, etc.


LAS VUELTAS DE LA VIDA


VII

Correspondencia

Después de unas cuantas vueltas, Ginny apareció en el Caldero Chorreante. Se acercó hasta la barra y le dijo a Tom, el tabernero, que quería una habitación. La llevó hasta una en el primer piso con vistas al Londres muggle. Saltaba a la vista que la habitación no era nada lujosa comparada con la que tenía en la Mansión, pero se sentía acogedora. Se tumbó en la cama y no hizo gran cosa en todo el día. Durmió algo inquieta, pero después de todo, descansó. A la mañana siguiente, bajó a desayunar.

-Buenos días, Ginevra, ¿qué deseas? -Preguntó Tom.

-Mmmm... Con un sándwich mixto estará bien, Tom. Y zumo de calabaza, por favor.

Al rato trajo el desayuno y ella lo devoró con ansia, como hacía últimamente. Dio una vuelta por el Callejón Diagón, tomó un helado y poco más. Ya se sentía algo apática y distraída. Para su sorpresa, cuando llegó a su habitación, había una lechuza sobre el escritorio. Era del señor Lamper.

Estimada señorita Weasley:

Lamento lo ocurrido en la noche del pasado sábado, ruego acepte mis disculpas por el lamentable espectáculo que tuvo lugar allí. La esperaré encantado en la próxima celebración.

Atentamente,

Gustav Lamper

-Vaya, esto sí que no me lo esperaba -se dijo ella.

Es un detalle bonito por su parte, después de todo, él no tenía culpa ninguna de que el estúpido de Malfoy no supiera beber y se pusiera agresivo, pensó. Sin quererlo se le agitó la respiración, se había puesto muy furiosa. Respiró hondo y siguió a lo suyo.

Habían pasado varias noches desde que salió de la Mansión Malfoy y le asustaba que no pudiera quedarse mucho tiempo más, el dinero ya se le acababa. Recordó lo ocurrido la segunda noche, cuando recibió una carta de Malfoy;

Lo siento. ¿Dónde estás?

D.M.

Por supuesto que ella no le contestó. Al día siguiente recibió una carta muy parecida, de él, también;

Perdóname. ¿Dónde estás?

D.M.

Definitivamente, no era muy original escribiendo cartas y por más que alardeaba, no tenía mucho don de palabra, pensó ella. Habían pasado cuatro días, cuando recibió una carta que realmente la sorprendió. Era de su madre;

Ginny, querida:

¿Qué tal estás? ¿Dónde te encuentras? El señor Malfoy vino a casa ayer a buscarte, ¿no estás en su casa? Contesta cielo, que estoy muy preocupada por ti.

Te ama,

Mamá

Junto a la carta, había una gran caja de pasteles y dulces, lo que agradeció bastante, ya que como la comida de casa, no había nada. Se reprimió mentalmente por no haberse comunicado con su madre el mismo día que salió de allí. Le respondió y le dijo que estaba bien, que no se preocupara porque estaba pasando unos días fuera.

-¿Malfoy en la Madriguera? Eso sí que era extraño. -Se dijo.

Siguió recibiendo cartas suyas, cada vez parecía más nervioso;

Diablos, Weasley:

¿DÓNDE ESTÁS? Ya te he perdido perdón, ¿qué más quieres que haga? Por favor, contesta.

D.M.

Pero no, Ginny no era tan tonta y no pensaba perdonarlo tan fácilmente, para nada. Se encontraba asomada a la ventana, mirando a la gente pasar por las calles del Londres muggle, cuando una cabellera dorada le sorprendió.

-¿Malfoy? -dijo.

Y como si de sólo mencionar su nombre y él la oyera, Malfoy levantó la cabeza hacia su ubicación, ella en un acto reflejo, se tiró al suelo y se escondió debajo de la ventana rezando por que no la hubiera visto. ¿Qué hacía por aquí? Pensó. Se levantó un poco sobre una esquina para mirar, él estaba entrando en el Caldero Chorreante.

-Por Merlín... Que no se parara por favor, que siguiera al Callejón Diagón. -Se repetía una y otra vez.

Se acercó a la puerta y pegó el oído a ella, incluso aguantaba la respiración para conseguir un silencio absoluto. Era ridículo, ya que no escuchaba nada, así que se tumbó en la cama y se puso a leer intentando pensar en otras cosas. Pensar en su sola presencia le ponía nerviosa.

Toc toc toc. Llamaron a la puerta. Haré como si no estuviera, eso siempre funciona, pensó. Toc toc toc. Volvieron a llamar. Se quedó callada.

-Vamos, Weasley, abre, sé que estás ahí -se oyó la voz de Malfoy al otro lado.

TOC TOC TOC TOC. Él ya estaba, literalmente, aporreando la puerta.

-Weasley, por favor, no seas ridícula... ¡Abre! Tenemos que hablar. -Dijo él.

Ginny pensó hablar pero se quedó callada sobre la cama. Él tocó un par de veces más y la habitación volvió a quedar en silencio, ya había dejado de insistir. Ella tenía miedo de que él estuviera al otro lado de la habitación, así que simplemente no salió de allí. Comió los pasteles que le había enviado su madre y así pasó la tarde.

A la mañana siguiente, como ya no tenía apenas dinero, pensó en visitar la Madriguera. Muy seguramente, su madre estaría preocupada. Pensó en aparecerse, así que cerró los ojos y pensando en la puerta de la Madriguera, crack… apareció en la puerta, tan destartalada como siempre. Sonrió, por fin estaba en casa.

-¡Hola mama! ¡Soy yo! -Gritó y abrió la puerta para entrar.

-¡Estoy en la cocina, querida! -Dijo su madre a voces.

Dejó su bolso en el sofá y abrió la puerta de la cocina. Se quedó petrificada. Su madre tomaba café, junto con Malfoy. No pudo dar ni un solo paso. Su madre se levantó, se acercó a ella y le dio un abrazo. Que ella no le pudo devolver, estaba paralizada.

-Ay, Ginny, qué ganas tenía de verte, estaba tan preocupada por ti. ¿Cómo te vas así, sin avisar? ¡Podría haberte pasado algo! -La regañó Molly. Tenía las manos en la cintura como era característico en ella, pero parecía demasiado contenta viéndola, como para empezar una discusión, así que después de la regañina, sonrió.

-Lo… lo siento, mamá, pero me apetecía estar sola -contestó. Su mirada se paró fugazmente en Malfoy. Él también la miraba a ella-. ¿Qué haces aquí, Malfoy? -Le preguntó iracunda.

-Ginny, por favor, no le hables así, ¿acaso no te hemos dado tu padre y yo una educación? -Volvió a regañar Molly. Ginny se enfadó ligeramente con su madre por meterse, pero se quedó callada-. El señor Malfoy ha venido aquí buscándote los últimos días. Como tampoco sabía dónde estabas, no sabía qué decirle. Ahora mismo hablábamos de ti. -Ginny asintió con la cabeza. Malfoy solo la miraba.

-Señor Malfoy, tengo que verle la herida... ¿Mamá, te importa dejarnos solos? -Le dijo a su madre evitando la mirada de Malfoy.

-Sí claro, cariño, estaré en el salón. -Y dicho esto su madre salió de la cocina, dejándolos solos.

-¿Qué haces aquí, Malfoy? -Le preguntó ella nuevamente.

-¿Acaso no es obvio? Te estaba buscando. Llevas días huyendo de mí. -Le contestó él.

-Bueno pues… ya me has encontrado. ¿Qué quieres? -Le preguntó duramente.

-Dis... disculparme -dijo.

-Ajamm, pues muy bien, ya lo has hecho. ¿Podrías marcharte de mi casa? -Dijo ella intentando ser amable, pero de forma irónica.

-Vamos, Weasley... -Le dijo- ¿Qué más quieres que te diga?

-Nada, Malfoy, no quiero que me digas nada, así que por favor, lárgate. -Contestó Ginny.

-Yo… -empezó a decir él, pero se vio interrumpido por ella.

-Diablos. ¡QUE TE VAYAS! -Gritó.

Todo amenazaba con ponerse peligroso, los ojos de ella empezaban a ponerse brillantes. Se dio la vuelta. No soportaba mirarlo a la cara. Sentía demasiada decepción. Él seguía ahí parado sin decir nada. Demasiado perplejo como para reaccionar. Pero ella no podía más, no aguantaba la presión. Salió por la puerta de atrás de la cocina, corriendo al jardín hasta llegar a los árboles. Apoyó la espalda sobre uno, bajó hasta sentarse en el suelo, rodeó con los brazos sus piernas y se puso a llorar silenciosamente. No podía entender cómo esa situación la hacía sufrir tanto, se sentía humillada, dolida y muy confundida por todos los acontecimientos recientes.

La última vez que sintió algo así, fue cuando Harry, su "amor" adolescente, la dejó después de decirle que no la quería, que no quería hacerle daño, que sólo la veía como una amiga... no podría cargar con una culpa así y que ella no merecía que la lastimara en una relación sin amor. Ella pensaba que lo amaba, pero al ver la facilidad con la que se olvidó de él, mucho tiempo después, logró comprender que sólo era una especie de capricho para ella y terminó en amistad, antes que él decidiera partir a Alemania, distanciándose del mundo mágico de Londres.

Después de todo, trabajar para Malfoy, era un completo reto para ella, pero lo supo sobrellevar bien, mejor de lo que creía. Hasta él le caía mejor y sentía simpatía por él, a pesar de su humor y hasta de su arrogancia, pero después de lo que pasó aquella noche en la que se emborrachó y de la que después no recordaba casi nada de lo que había pasado, todo cambió. Pero las cosas empeoraron cuando Malfoy, la trató tan bruscamente, en la última fiesta a la que habían asistido. Sus pensamientos eran un completo caos. ¿Qué siento por Malfoy? ¿Por qué esta presión en el pecho? Mitad indignación, mitad desilusión. ¿Por qué esta situación me afecta tanto? Se preguntaba ella. De pronto, oyó pisadas a su espalda. ¿Es que acaso no entiende que no tengo ganas de verlo?

-¡TE HE DICHO QUE TE VAYAS! -Gritó sin darse la vuelta.

-Ginny, cariño, ¿qué dices? -Era la voz de su madre- ¿Estás llorando? ¿Qué te pasa? -Le preguntó.

Mientras todo eso sucedía y oyó la voz de su madre, ella se levantó deprisa, se secó las lágrimas con disimulo y se arregló la ropa.

-No, mamá, no me pasa nada. -Le dijo forzando una sonrisa-. Ven, vamos a casa.

Entraron a la casa y tomaron café, Ginny ya empezaba a estar más tranquila, se sentía mejor. Habló con su madre de sus hermanos y de su padre y le contó las noticias que se había perdido las últimas semanas. Cuando Ginny ya se había olvidado casi del tema, su madre le dijo:

-Por cierto, Ginny, el señor Malfoy dejó algo para ti. Lo he dejado en tu cama.

-Vale mamá. Voy a subir a acostarme un rato. -Le contestó ella.

Subió a su habitación. Cuando la abrió, se llenó de recuerdos de su infancia. Esta seguía como la última vez que la había visto. Se sintió bien y sonrió para sí misma. Encima de la cama había un sobre. Lo cogió y lo abrió. Era una carta bastante breve, a decir verdad.

Soy un indeseable, lo sé, pero dame la oportunidad de explicarme, por favor. Ven a mi casa a cenar esta noche, estaré esperándote.

D.M.

-Bufff, este hombre no entiende nada. -Dijo.

Ginny no sabía si tenía ganas de hablar con él, pero no quería que la estuviera persiguiendo eternamente. Supongo que tendré que ir, así zanjaré el tema de una vez por todas y podré retomar mi vida donde estaba antes de encontrarme con él.

Respiró hondo. Esa noche sería muy larga. Después de un relajante baño, fue a su armario y lo abrió, era hora de elegir la ropa. Un dilema se presentó ante ella, estaba claro que no quería ir mal vestida y desarreglada, pero por otro lado, ir muy bien vestida podría hacerle pensar que se había puesto así por él y para nada ella dejaría que pensara eso. Se puso unos pantalones vaqueros blancos. En la parte de arriba, una camiseta de tirantes roja escarlata que le llegaba hasta el ombligo y por encima, una camisa negra que tenía abrochado sólo los tres últimos botones, tapando así la parte baja de su estómago descubierto. Se puso también unas sandalias negras y se hizo una cola alta, aunque dejó algunos mechones sueltos. Prácticamente no se maquilló. Perfecto. Ni exagerada, ni muy sencilla. Normal, básica y cómoda. Metió en un bolso las cosas esenciales, entre ellas su varita, por si Malfoy se ponía inaguantable. Ella sabía que en la Mansión se cenaba a las nueve, pero no le iba a dar el gusto de llegar puntual, así que se asomó por la ventana. Era un paisaje precioso. Grandes extensiones de verde césped, matorrales, árboles, a lo lejos una pradera y un pequeño lago rodeado de flores y mucho más allá, en el horizonte, estaban las colinas y las montañas. Pasó allí muchos momentos de su infancia, rodeada de sus hermanos. Desgnomizando el jardín... robándole la escoba a sus hermanos para aprender a jugar Quidditch... y ya cuando ya ninguno estaba casa, daba grandes paseos por los alrededores. No se sabe cuánto tiempo estuvo en silencio mirando por la ventana, se respiraba mucha tranquilidad. Le gustaría haberse quedado allí para siempre, pero no podía seguir huyendo, tenía que enfrentarse cara a cara con la realidad. Y esa realidad era Malfoy. Bajó al salón y se encontró a sus padres sentados tomando té.

-¡Ginny! Preciosa, ya estás despierta -dijo su padre abrazándola.

-¡Hola papá! -Sonrió.

-Mi niña, se echan de menos los jaleos en casa. -Contestó con una gran sonrisa-. ¿Hasta cuándo estarás aquí? -Le preguntó él.

-No lo sé papá, depende de cómo vayan los asuntos de mi trabajo.

-Entiendo... ¿a dónde vas tan guapa? -Le preguntó su padre sonriendo-. Estás hermosa.

-A cenar con mi jefe, papá... me voy ya, creo que llego tarde. -Dijo ella mirando el reloj de la cocina.

-Está bien. Adiós Gin -le dijo él. Ella se acercó a su madre y le fue a besar la mejilla, pero ella la aferró contra sí y le dio un fuerte abrazo.

-Suerte, querida -le susurró a Ginny al oído.

Su abrazo fue muy gratificante, pero la dejó algo asustada. ¿Suerte? ¿Para que se supone que quería yo suerte? Yo juraría que lo tengo todo controlado. Pondría a Malfoy en su sitio y volvería derechita a casa. Finalmente se puso un poco nerviosa, después de todo, quizás no tuviera tan controlada la situación. Notó un nudo en el estómago. No me gusta nada esta sensación, estoy segura que no tenía nada que ver con asuntos de mujeres, ni dolores de barriga, pensó. Se paró delante de la chimenea. Respiró hondo. Se metió dentro, cerró los ojos, muy fuerte y, mientras echaba los polvos Flu, dijo claramente:

-A la Mansión Malfoy-. Después de unas cuantas vueltas, apareció en el mismo lugar de siempre. Pero Malfoy no estaba allí.