Notas: Los escritos en letra cursiva pertenecen al punto de vista y pensamientos de cada personaje, además de la representación escrita de sonidos. Los escritos en letra cursiva y negrita son cartas, periódicos, etc.


LAS VUELTAS DE LA VIDA


X

Las buenas noticias

Draco y Ginny despertaron casi a las ocho de la mañana. Tomaron un baño, se vistieron y bajaron a desayunar. Durante el desayuno, habían decidido ir al Hospital San Mungo. Ya eran aproximadamente las nueve cuando fueron a la sala de la chimenea para irse. Se percataron de que una lechuza negra había llegado y extendía una pata a Malfoy. Él se la quitó, la abrió y la leyó. Cuando terminó, asentía imperceptiblemente con media sonrisa.

-¿Buenas… noticias? -Preguntó Ginny.

-Sí... al parecer Pemberton ya está condicionando el apartamento... y hacerlo perfecto para vivir en Londres, Ginny.

-¡Eso es fantástico! -Exclamó ella.

-Si gustas podemos ir después de San Mungo a verlo. -Dijo acercándose a ella, acariciándole la mejilla-. Pemberton me informó de que ya han empezado a hacer los cambios correspondientes, aunque sea nueva, hay que reorganizar algunas de las habitaciones. Después la amueblarán y por último harán las debidas protecciones… Tardarán menos de tres días.

-¿Tres días? Wooow -exclamó ella impresionada- eso es poco tiempo, pensé que sería una semana... o varios días.

-Últimamente me da la sensación de que se te olvida que eres una bruja, Ginny -dijo él soltando una carcajada. Ella sonrió. Haciéndose la ofendida le dio un golpecito en el hombro.

-No te rías, Draco. Realmente desconocía que se pudiera agilizar los trámites tan rápido. -Explicó-. Y no, prefiero verla cuando esté acabada, la sorpresa será mayor -dijo con una sonrisita.

-Está bien, pongámonos en marcha entonces.

Se acercaron a la chimenea. Ginny exclamó; "planta baja del Hospital San Mungo" y desaparecieron en un remolino. Inmediatamente después llegaron a su destino. Salieron por una chimenea al final del pasillo, que era utilizada sólo por los empleados del lugar. Había chimeneas en algunos de los despachos de los sanadores y medimagos, pero rara vez eran utilizados. Sin embargo, era la primera vez que ella utilizaba ese modo para llegar allí, ya que, al ser su antiguo departamento pequeño y este no tenía chimenea, solía llegar andando o apareciéndose. Avanzaron juntos hacia recepción, donde Aryth, la rubia recepcionista y bien entrada en edad, trabajaba.

-¡Buenos días, Aryth! -Dijo Ginny con una sonrisa- ¿Está el sanador Johnson en su despacho? -Preguntó.

-Hola, querida... ¡dichosos los ojos que te ven! -Dijo pasando la mirada de Ginny a Draco-. Sí, él está en su despacho. Creo que les podrá atender sin problemas.

-Gracias, iremos a verlo -respondió ella secamente. No había pasado desapercibido para ella, los ojitos que ponía la recepcionista a Draco. Él se despidió con una simple sacudida de cabeza y los dos marcharon al despacho del sanador.

Llamaron a la puerta. Una voz desde dentro de la estancia les indicó que podían pasar. La cabeza de ella apareció desde el umbral de la puerta y el sanador sonrió. Cuando los dos entraron y se hubieron sentado, hablaron sobre las prácticas que llevó a cabo en la Mansión. Johnson revisó junto a Ginny las ahora inexistentes heridas de Malfoy. Él no parecía cómodo con esa situación, pero cuando hubieron terminado, el sanador dio su completa aprobación del trabajo, desde luego, ella lo había hecho muy bien. Draco se retiró a la quinta planta, al salón de té, una vez acabado el tema de su recuperación. Dando por concluida oficialmente las prácticas, aunque todavía faltaba un día, ella y el sanador hablaban sobre el futuro trabajo. Él se dispuso a explicarle las cláusulas del contrato mágico al cual se vería vinculada si decidiera finalmente trabajar para San Mungo, prestando sus servicios como medibruja.

-Veamos Ginny... a lo largo de este año de prácticas, has estado en la planta baja de accidentes provocados por artefactos durante poco más de seis meses y estos seis últimos, en la primera planta de heridas provocadas por criaturas -dijo observando uno de los tantos pergaminos que tenía en la mesa-. Para lograr trabajar en las tres últimas plantas sin ningún tipo de inconveniente, ya que se requiere un nivel más avanzado de experiencia, San Mungo te ofrece lo siguiente… -dijo haciendo aparecer un pergamino oscuro con letras doradas y entregándoselo a ella.

Cogió el pergamino y leyó por encima, rápidamente un poco de todo, después con una cara que asemejaba más la incomprensión, alzó la vista.

-Verás, Ginny, te explicaré todo…

-Si por favor, no acabo de comprender algunas cosas -interrumpió ella.

-Es fácil -continuó él- como te dije antes, para que puedas trabajar en las plantas superiores, tienes que tener cierta experiencia previa. Trabajarás en la segunda planta, enfermedades mágicas, durante ocho meses -Ginny se sorprendió y el sanador prosiguió- sí, sé que es algo más que cuando estabas de prácticas pero el trabajo es ligeramente más complicado a partir de este punto. Después, en la tercera planta sólo trabajarás durante cuatro meses... Sólo los sanadores, los psicomagos y algunas enfermeras, tienen acceso a la cuarta planta, por lo tanto no será necesario que prestes tus servicios allí.

-¿Y cuando acabe? ¿Qué pasará? -Preguntó ella preocupada.

-Si lo deseas se podrá extender el contrato. San Mungo no te pondrá ningún inconveniente debido a que el Hospital no desea que su personal no esté a gusto con su trabajo. La responsabilidad y salud mental de cada empleado es muy importante a la hora de prestar servicios aquí. -Al no verse interrumpido prosiguió-. Veamos… tu horario de trabajo será... -dijo mirando una copia del contrato que le había pasado a ella- de lunes a jueves, de nueve de la mañana a tres de la tarde, y sábados de tres a siete. ¿Algún inconveniente?

-No desde luego, diez horas semanales para empezar es perfecto -dijo ella sinceramente con una sonrisa.

-Muy bien... Tu salario será de doscientos gal…

-¡DOSCIENTOS GALEONES! ¡Pero cuando estaba de prácticas ganaba cien! -Interrumpió irritada.

-Déjame terminar, Ginevra, por favor -dijo alzando sus manos con calma- doscientos galeones a la semana, un total de ochocientos galeones al mes.

Se quedó estupefacta. Más blanca de lo normal. Petrificada. Después de varios minutos en completo silencio, esbozó una sonrisa nerviosa.

-Lo siento de verdad Stuart… Wooow,es mejor de lo que me esperaba. Por favor no me taches de avariciosa ni nada por el estilo... es que por un momento pensé…

-No te disculpes, Ginny y claro que pensaste que era injusto, cualquiera lo haría dada las circunstancias -rió sinceramente-. Como te iba diciendo, todo es temporal, a medida que vayas trabajando para San Mungo, el salario se verá incrementado. Algunas veces anual y otras, cuatrimestralmente…

Juntos hablaron amenamente más términos del contrato mágico, como dónde se encontraría su despacho... la posibilidad de horas extras forzadas debido a accidentes urgentes... las condiciones de trato y conductas de los sanadores-sanadoras/psicomagos-psicobrujas/medimagos-medibrujas/enfermeros-enfermeras... las políticas de privacidad medimago-medibruja/enfermo… Después de veinte minutos de charla, se dispusieron ambos a firmar. Johnson como sanador y su ex tutor responsable de sus prácticas, ella misma como medibruja oficial y la rúbrica del director, que ya estaba allí para agilizar los trámites. La tinta de las firmas pasaron de negras a plateadas y el contrato se selló al instante, creando un vínculo mágico entre la medibruja y San Mungo.

-Enhorabuena, Ginny, eres oficialmente medibruja del Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas, te veo el lunes -dijo estrechándole la mano y dándole un abrazo.

-Muchas gracias, Stuart... de verdad que me ayudaste mucho para alcanzar este sueño -explicó ella al borde de las lágrimas.

-No las des, fue mi deber y un placer ayudarte.

Ginny salió de allí feliz, con ganas de comerse el mundo. Por fin su gran sueño se cumplió. Sin duda este era uno de los meses más felices de su vida. Tanto sufrimiento, agotamiento y algunos dolores de cabeza, tuvieron su recompensa. Tenía a su novio Draco, empleo, estaba bien con su familia y viviría en un nuevo hogar. Se dirigió al ascensor para ir a la quinta planta, Draco la esperaba allí. Al entrar lo divisó en una mesa cerca de un gran ventanal en el que se veía el Londres muggle. Este, al ver la gran sonrisa que ella portaba, sonrió también. Se levantó, la abrazó y se dieron un beso. Algunas personas que estaban por allí, vieron la escena y sonrieron con complicidad, unos no se dieron cuenta y otros simplemente los ignoraron. Draco se removió un poco incómodo, los dos estaban rojos hasta las orejas, y se sentaron cogidos de la mano. Este con su varita, hizo aparecer un ramo de flores azules, rojas y blancas.

-Las he comprado para ti, sabía que todo iba a ir bien -dijo él con una sonrisa tierna.

-Son hermosas, Draco, gracias -respondió ella acariciándole la mejilla.

Los dos se marcharon por la salida de visitas hacia el Londres muggle. Ella le contaba anécdotas a Draco mientras caminaban tranquilamente agarrados de la mano. Iban tan centrados en hablar, que entre las calles londinenses, terminaron en un gran parque. Detenían el paso y se besaban una y otra vez. Ginny le había dicho que se iba a quedar en la Madriguera hasta el domingo por la mañana, ya que el sábado había comida familiar y un cumpleaños que celebrar. Él, después de mostrarse visiblemente inconforme porque no podría verla durante dos días y medio, terminó cediendo. Aprovecharía para firmar los documentos de la compra del departamento, supervisar un poco la obra y atender algunos asuntos. Decidieron mudarse finalmente el domingo por la tarde para que ella pudiera descansar y estar lista en su primer día de trabajo el lunes. Ambos se dirigieron a un sitio apartado, se despidieron con un gran beso y desaparecieron individualmente. Ginny a la Madriguera y Draco a la Mansión. La llegada a la Madriguera transcurrió sin ninguna noticia, excepto que Molly iba de aquí para allá enviando lechuzas. Nerviosa al reunir para el sábado a toda la familia Weasley, parejas y amigos.

-Mamá, cálmate, mañana es viernes, podremos organizarlo todo a tiempo…

Es lo único que le decía Ginny para tranquilizarla, pero la señora Weasley no se aquietaba. Después de la comida, el postre y un merecido té para todos, ya que Molly había impacientado a los adultos, Ginny se dirigió con Iosif y los niños a la chimenea para ir a dar el prometido paseo al Callejón Diagón. Los niños iban de aquí para allá viendo los escaparates de las tiendas. Después de invitarles al tan ansiado helado, Ginny les regaló a ambos una escoba en miniatura. Y, a parte; a Sussy un osito de peluche que cambiaba de color y cantaba, y a Sam un pequeño jersey que también cambiaba de color, con un dragón Ridgeback Noruego dorado en la parte de atrás.

-No deberías mimarlos tanto, Ginny -decía Iosif con una sonrisa.

-No les regalo cosas a menudo, Sif, déjame disfrutar -reía ella.

Las horas pasaban y ya era tiempo de volver a casa. Fueron hasta el Caldero Chorreante, se metieron en la chimenea y llegaron instantes después a la Madriguera. La noche se acercaba y la cena transcurrió sin más. Se fueron todos a dormir, mañana viernes, sería todo un caos.

A la mañana siguiente decidieron que la celebración sería fuera, en el jardín, ya que tantas personas no cabían en la casa. Las lechuzas iban y venían. Iosif y Arthur desgnomizaban el jardín, mientras Ginny estaba con ellos, limpiando el lugar y adornándolo. De ese modo, los tres evitaban a Molly, que parecía estar poseída por una banshee, ésta varita en mano, limpiaba aquí y allá. Los niños jugaban a las orillas del lago. Ya de noche, cuando Ginny se encontraba en su cuarto descansando merecidamente después del día tan agotador por todos los preparativos, una lechuza gris entró por su ventana. Era la de Draco. La lechuza estiró la pata y ella cogió la carta.

Preciosa:

No han pasado ni un par de horas y ya te extraño .Estar lejos de ti es insoportable.

D.M.

Besó la carta y con una sonrisa y con un suspiro sonoro, la guardó. Convocó un pergamino, pluma y tinta y empezó a escribirle a él, ya que la lechuza se quedó allí aguardando la respuesta.

Huroncito:

Casi olvido lo romántico que eres… no desesperes, yo también te extraño.

Te quiere,

Gin

Draco estaba pasmado. Leyó la despedida una y otra vez. Era la primera vez que ella le decía, o en su caso, le escribía que le quería. Esbozó una sonrisa y después de unos minutos…

-Elia -llamó a la elfina, esta apareció un segundo después.

-¿SÍ, amo? ¿Necesita algo el señor Malfoy, señor? -Preguntó feliz la elfina.

-Sí, Elia, necesito un favor…

Ginny, que había estado leyendo un libro, al parecer se quedó dormida con él en el regazo. Se oyó un crack. De pronto, sintió unas manos taparle la boca y reaccionó dando patadas y manotazos al aire aún sin abrir los ojos.

-Ginny, cálmate.

¿Esa voz? Abrió los ojos. Impresionada. Apartó las manos de Draco y habló.

-Por Merlín, Draco, ¿qué haces aquí? Casi me da un infarto -dijo Ginny tocándose el pecho y tranquilizándose.

-Lo siento, no quería asustarte, es que no sabía cómo podías reaccionar si me vieras aquí -dijo aguantando inútilmente una carcajada.

-Shhhh…¡que nos van a oír! -Habló ella alarmada, pero casi en un susurro.

-No te preocupes... Elia se ha encargado de poner un potente hechizo silencioso a la habitación.

-¿Elia ha estado aquí? -Preguntó sorprendida.

-Le pedí que se apareciera invisible y encontrara tu habitación, fue a por mí y me trajo.

-Impresionante -contestó ella-. Y todo esto… ¿por qué?

Con un movimiento de varita, él agrandó la cama y se acurrucó junto a ella, sólo ahí se dio cuenta de que él tenía el pijama puesto. La abrazó.

-Te quiero -dijo él simplemente y ella entendió. Giró la cabeza y le dio un beso.

-Y yo a ti.

Con una sonrisa de oreja a oreja, los dos se quedaron dormidos. Juntos y acurrucados. Les esperaban unos días ajetreados, había que descansar.