Era profundo, lo bastante para que hubiera agua cubriéndoles hasta las rodillas, lo suficiente como para que les fuera imposible salir sin ayuda.

Tashigi resopló frustrada y se dejó caer en el suelo con un chapoteo. Sus manos golpearon la superficie del agua con rabia.

- ¿¡Por qué nunca puedo deteneros!? ¡¿Por qué siempre tiene que pasar algo así?!

- No es mi culpa que seas torpe.

Avergonzada, la capitana se cruzó de brazos y desvió la mirada con brusquedad. Aún estaba furiosa con ese tipo. Podía protegerse sola, al intentar hacerse el héroe solo había impedido que les fuese imposible salir de ese lugar. El pueblo se encontraba demasiado lejos y sus compañeros desperdigados por las tabernas… si por lo menos hubiese llevado un den-den mushi podría haber contactado con Smoker pero se lo había dejado encima de la mesa, justo debajo de la nota que ponía claramente "no olvidar llevarlo".

Roronoa parecía tranquilo, de pie y apoyado contra la pared de piedra. Un rato antes había intentado subir por la fuerza, escalando en un lugar donde claramente no había suficientes asideros a los que agarrarse e intentando cortar… no había entendido muy bien esa parte… ¿qué había intentado cortar ese idiota? ¿Acaso pensaba que todos los problemas se solucionaban cortando cosas? Era evidente que sí. Habría sido una buena idea intentar utilizar las espadas para escalar la pared pero las cuatro estaban demasiado afiladas para eso.

Aun así estaba demasiado tranquilo, quizás supiera algo que ella no, quizás sus nakamas estuviesen por la zona. No le gustaba la idea de ser rescatada por piratas pero la otra opción era morir de hambre en ese lugar y no estaba dispuesta a eso. No sin haber cumplido su sueño.

Activó su Haki de Observación para intentar averiguar si había alguien en las cercanías, pero no, no había nadie. Tampoco le sorprendió, poca gente se atrevería a caminar por el desierto a esas horas del día. Lo que si la asombró fue el nivel de fuerza que percibió de su acompañante, pero no se iba a dejar intimidar por ello.

- ¿Por qué no luchas conmigo?

Zoro abrió su ojo, la miró y se pasó una mano por la cara con exasperación.

- Oh no, no vamos a tener una conversación.

- ¡¿Acaso tienes algo mejor que hacer?!- gritó ella enfadada.

- Dormir, por ejemplo.

- ¿Cómo vas a dormir conmigo aquí? ¡Somos enemigos! ¡Podría matarte!

Pero el hombre ya había cerrado los ojos de nuevo, recostado contra la fría pared. El silencio furioso de la capitana les envolvió mientras esta pensaba en cómo convencer a los nakamas del pirata que su muerte había sido un accidente desafortunado.

- Si piensas tan alto te van a oír desde el pueblo- gruñó Zoro sin abrir los ojos.

- ¿No es esa la idea?

El espadachín chasqueó la lengua malhumorado.

- No creo que las mujeres sean débiles.

Tashigi levantó la cabeza sorprendida. En realidad nunca había esperado que él le contestase.

- ¿Qué?

- Que no me parecen débiles, he luchado contra mujeres más fuertes que muchos hombres y tengo por nakamas a una mujer y una bruja usurera que lo demuestran. Ninguno de mis nakamas es débil, ya no.

- Pero tú las derrotarías fácilmente.

- También derroto fácilmente a la mayoría de los hombres, eso no quiere decir que sean débiles, si no que yo soy más fuerte. Además nunca me enfrentaría a ellas.

La marine notó como se le subía la sangre al rostro.

- ¡¿Y por qué no?! ¡Dices que podrías vencerlas pero no te enfrentas a ellas para demostrarlo! ¿Ves como eres un machista? ¡Si es que hasta tú lo admites!

Zoro pestañeó sorprendido.

- No me refería a eso. No me enfrentaría jamás a Robin porque ella pelea desarmada y no sería justo- afirmó mientras en su mente se dibujaba a la arqueóloga maltratando la hombría de Franky a la salida de Water Seven. Reprimió un escalofrío, quizás no pudiera vencerla tan fácilmente como intentaba hacer ver.- Y Nami simplemente es aterradora.

El enfado de Tashigi se evaporó de golpe dejando paso al desconcierto.

- Y entonces ¿por qué no peleas conmigo? Soy una espadachina, como tú, y resulta obvio que no te doy miedo.

- Lo tuyo es diferente- contestó simplemente.

- ¿Es por tu amiga? ¿La que se parece a mí?

Un nuevo silencio les envolvió y la capitana maldijo para sus adentros, se había sobrepasado, casi había conseguido tener una conversación pacífica con él y ahora lo había estropeado. Aunque no era que a ella le importara lo que él pensara, claro.