De todos los perros entrenados para guiar a un invidente tenía que tocarme el que no podía dejar a un lado su naturaleza… ¡Vaya! – Le agradezco su amabilidad pero no puedo aceptar su ayuda.
-Sube al auto- Ordenó
-No, si no se aleja gritaré tan fuerte que todos mirarán hacia aquí
-Hazlo, la avenida está desierta… ya! No me hagas perder el tiempo y sube.
-No. Aléjese de mí – Me apretó el brazo. Me jaló y aventó en la parte trasera de su auto.
Grité con todas mis fuerzas pero no recibí la ayuda
El ruido del motor se escuchaba diferente al sonido del auto de Terry
No sé hasta dónde me llevaron, pero sentí el recorrido largo… tampoco iba sola ya que alcanzaba a escuchar el sollozo de alguien pequeño.
Intenté hablar, reclamar… pero recibí un par de bofetadas y opté por quedarme en silencio.
-¡¿Estás loco?! ¿Para qué diablos nos puede servir una ciega? – El lugar era maloliente y frío
-¿No te das cuenta de la pinta que tiene? Esta hermosura nos puede servir para varias cosas, podemos divertirnos con ella… o pedir rescate para entregarla…
-¡Eres un idiota! Eso nos podría meter en problemas…
-Ya sé! – Mencionó una tercera voz – Que cuide a los diablillos
-Es una inútil, no nos sirve para nada, lo malo es que no podemos soltarla porque es ciega, no muda y seguro que irá a delatarnos… quítale el bastón y métela en aquella habitación, mientras se me ocurre que hacer con ella.
No tenía ni la menor idea de dónde me encontraba, pero sí sabía que estaba en un gran peligro. Me quité mi sortija de compromiso y la de matrimonio y las escondí en zapato, en el espacio que está en el puente de la planta del pie… lo mismo hice con la cadena que Terry me había regalado con el dije en forma de llave… ¡Terry! Mi corazón se invade de tristeza y preocupación por él…
Desconocía el lugar en el cual me encontraba y permanecí de pie sin moverme para ninguna dirección.
Pasaron varias horas porque los pies dolían de tanto estar sobre ellos.
La puerta se abrió ingresando varias personitas, lo supe por su voz inmadura y el llanto teñida en ella – Ya no quiero pedir dinero en la entrada de la iglesia, quiero irme con mi mamá
-No llores, porque vendrán y te golpearán
-Quiero irme con mi mamá
-Yo también quiero irme con mi mamá
-No sean nenitas, ya verán como un día nos podremos librar de ellos y nos iremos a casa
Intervine- ¿Quiénes son ustedes y cuántos años tienen?
-No hablaremos contigo, seguramente eres como ellos, eres de los grandes que cuidan a los niños para que no hablemos con los policías, sí eres de los que nos cuidan de lejos…
-No! También me han traído aquí a la fuerza
-Estás muy grande para que te hayan traído como a nosotros.
-No puedo ver, les digo la verdad
-¿No puedes ver? ¿Eres ciega?
Aunque esa palabra era dura de asimilar era mi realidad –Sí.
-A ver, ¿Cuántas camas hay aquí?
-¿Cómo crees que nos dirá? No sabemos contar –Se escuchó una vocecita de una niña, además ella es bonita, no creo que sea mala
-Es mala, como ellos, ahora nos cuidarán mientras dormimos.
-Al igual que ustedes, quiero regresar a mi casa.
-¿En dónde dormirás? Camila duerme en la cama de allá con Ulises, Peter y yo dormimos en la que está aquí y no tardarán en regresar Tonya y Cesia… No hay lugar para ti
Una manita se tomó de mi mano, estaba fría – Ulises y yo te daremos un lugarcito en nuestra cama, serás como nuestra mamá – Su vocecita se llenó de llanto.
Estiré mi mano y agudicé mi sentido del oído para orientarme, con dificultad me agaché hasta ponerme, en lo que consideré, sería su estatura, envolví en mis brazos a ese pequeño cuerpecito y acaricié su cabeza, pude sentir su cabello grueso y enmarañado en pequeñas ondas – Te prometo que te llevaré con tu mamá muy pronto
-No tengo mamá, ella murió y la señora que me cuidaba me entregó a Santiago, él me tienen aquí porque dice que nadie me quiere
Conque se llama Santiago uno de estos tipos –Entonces, yo seré tu mamá
-¿Cómo vas a ser su mamá, ella es una negra y tú eres blanca como nosotros- Esa voz, aunque era de un pequeño, demostraba que se había convertido en el líder de estos pequeños infortunados como yo.
-Para el amor no existe las diferencias… -Le respondí -¿Cuál es tu nombre, princesita?
-Soy Camila
-¿Cuántos años tienes?
-Así – Me imaginé que me mostraba con su manito porque no me dijo un número, así que a tientas encontré su mano y conté sus deditos
-1-2-3… ¿Tienes cuatro años? Eres muy pequeñita
-Por eso le dan mucho dinero, Santiago dice que debemos ser como ella…
-Entonces ustedes piden dinero a las personas
-Así es y también tú lo harás porque si no puedes ver, no sirves para nada más.
La noche fue larga… Me recosté con Camila y Ulises en una pequeña cama, Camila se subió a mi regazo y Ulises buscaba mi calor… No pasaban de más de seis años…
Andrés, quien se sentía el líder, tenía ocho años, cinco de estar con este grupo de delincuentes.
-Levántense- Gritó una voz femenina – No sean holgazanes, el pan no les caerá del cielo…. –Gritó nuevamente tirando las gastadas y sucias sábanas… - Tú debes ser la nueva… con esa ropa no te darán ni un centavo y no queremos sospechas, así que te pondrás esta, - Sentí el golpe en el rostro de unos trapo – Y me darás la que tienes puesta, con una lavadita alguien nos podrá dar algo por ella.
-No se atreva a tocarme – Dije firme aunque temerosa
-Mira, estúpida… - Rió fuerte – Lo lamento, olvidé que estás ciega – Mencionó con sorna – Harás lo que yo diga
-Ella irá a la iglesia de San Paul, lo hablamos anoche y cuidará de Camila y Ulises – Intervino serenamente Andrés
-¿Ya se pusieron de acuerdo? – Rió fuertemente – Está bien, ten cuidado con quien hablas y lo que dices… te estaremos vigilando
Guardé silencio.
No nos dieron de desayunar, solo teníamos derecho a un alimento por día, en caso de trabajar bien…
Cada día que pasaba sentía más odio por estas personas. No era por los gritos o maldiciones con los que nos trataban. Sino por su falta de moral al hacerles creer a estos pequeños que ellos cuidaban de sus vidas porque no había nadie más en el mundo que se hicieran cargo de ellos.
Su corta edad, la falta de algún familiar o la comodidad de estar entre estos rufianes permitían que estos niños se mantuvieran a su lado.
En la habitación en la que me quedaba al menos había seis niños más- Son muchas escalinatas para llegar hasta la entrada, ahí una señora nos da un pan cada día…
-Bien, vamos a contar las escalinatas y les enseñaré a hacer cuentas con ellas… 1-2-3…19-20..30 … ¿cuántas contamos?
-30 escalones
Les enseñé los múltiplos e hicimos grupos de números para que ellos pudieran comprender las adiciones.
Me llevó el primer mes enseñarles las sumas… el primer mes lejos de mi familia, de mi esposo, sin poder hablar con nadie y a usar ropa sucia, a bañarme una vez a la semana con agua fría y sin peinarme, únicamente me pasaba los dedos entre los gajos de mi cabeza para desenredar un poco y me ponía una goma… Terry ¿Qué estarás haciendo ahora? Dios mío no permitas que se preocupe por mí, en lo que cabe estoy bien… guarda su corazón y su mente con tu paz infinita y ayúdame a volver a estar juntos… guía sus pasos hasta mí…. – No recuerdo con exactitud cuándo fue la última vez que me había acercado al Creador de manera sincera, pero esta era una buena oportunidad para que la fe sea ese consuelo que mi alma atribulada necesita.
-Si le quitamos un escalón, ¿cuántos nos quedan?
-Ummm diez
-Camila, tienes que contarlos… así, mira – Escuché a Ulises correr mientras contaba, así que me imaginaba sus pasitos bajando o subiendo los peldaños – Son veintinueve – Dijo agitado
-Sí! Bien, lo has hecho muy bien
-Ya entendí! Las restas es quitarle los números que nos dices
Al segundo mes ya sabían sumar, restar y comenzamos con multiplicaciones…
Han pasado cinco meses y el avance académico de mis niños ha ido en aumento. En momentos mis esperanzas se suman a la de ellos, en otros se restan mientras las de ellos se mantienen y a veces cada quien toma su parte de nuestra suerte.
-Entonces te caíste de un caballo
-Sí, me golpeé fuertemente esta parte de la cabeza y desde ese día dejé de ver.
-Camila ¿Por qué lloras?
-Porque no es bonito estar siempre sin ver… yo lo intenté el otro día y me estrellé contra la pared y me dolió.
-Y ¿Por qué lo intentaste? Tú tienes tus ojitos bien, debes cuidarlo
-Es que yo quiero ser como tú, quiero que tú seas mi mami.
-Yo seré tu mami y tú serás mi princesa
-Yo también quiero que seas mi mami
-Tú serás mi príncipe- Nos dimos un fuerte abrazo grupal y estábamos llorando, los tres llenábamos el gran vacío que nuestros corazones tenían.
Como cada seis meses, según los niños más grandecitos, nos cambiaron de lugar, no nos dejaban por más tiempo y en todo ese período nunca se nos acercó autoridad alguna para saber por qué mendigábamos en la vía pública, jamás nos preguntaron si nos encontrábamos bien o si necesitábamos algún tipo de ayuda.
-Si juntamos la S con la E tenemos la sílaba SE.
-La "S" parece un gancho
-No, parece una lombriz
-Parece una viborita…
Ahora pretendía enseñarles a leer, era difícil porque únicamente podía corregirles cuando pronunciaban mal y no podía saber si estaban leyendo algo real o no – Te está mintiendo, mamá, no hay ningún letrero que tenga una "T"
-Ulises, no seas tramposo
-Es que la palabra es difícil…
-¿Cuáles son las letras que forman la palabra?
-Es M-A-D-A-G-A-S-T-A-R
-Es una C y no una T
-Oh! Ma DA Gas Car … Madagascar…. Ya lo pude leer!
-Mamá ¿Qué es Madagascar?
-Es un país africano, cerca de Mozambique
-¿Ahí hay pingüinos?
-No, no hay pingüinos, es un lugar cálido y esos animalitos viven en el frío…
-Entonces ¿Por qué ese dibujo tiene pingüinos? Y dice Madagascar
-Ummm… no lo sé, hay que averiguarlo
-Mamá, ¿Tú te sabes historias bonitas?
-Ummm algunas
-Cuéntanos una, mientras la gente sale, antes de pedir…
-Está bien… "Había un príncipe que era muy bien parecido pero era muy serio, sus ojos eran color del cielo…
-Si era bien parecido, entonces es como yo
-Tú no tienes los ojos como el cielo… mamá ¿De qué color es el cielo?
-Es azul – La nostalgia me invadió pero no quise llorar delante de mis hijos al recordar a mis ojitos azules.
-Los tuyos son como los de mamá, Ulises.
-¿De qué color son tus ojos, mamá?
-Verdes, Ulises ¿Tus ojos son como los míos?
-Sí, también el cabello y los puntitos sobre la nariz.
-Yo tengo los ojos como el cielo, mamá. El príncipe bien parecido es mi papá.
-Sí, mi amor, es tu papá… El príncipe de los ojos azules se llama Terrence De Grandchester, vive en Inglaterra y tiene muchas riquezas. Su padre, el rey Richard tiene una hermosa esposa… la reina Eleonor… -Cada día les narraba un pedacito de mi historia de amor, había partes llenas de amor y romanticismo y otras de fantasía.
Había pasado el primer año, tres meses… lo sabía porque, en cuanto tenía oportunidad pasaba al confesionario, James, quien nos cuidaba se acercaba mucho a la puerta para escuchar lo que pudiera o no decirle al sacerdote – Bendígame Padre, porque he pecado
-El Señor está en tu corazón para que te puedas arrepentir y confesar humildemente tus pecados
-Señor, tú lo sabes todo; sabes que te amo…. Pido perdón porque he pecado con el pensamiento creyendo que Dios ha sido injusto conmigo y con los que amo…
No sé cómo Dios podía confiarme la vida de dos personitas, los demás también necesitaban afecto y protección pero estos dos angelitos eran, ahora, míos…
El tiempo pasaba rápido, lento… nos condenaban a dormir en el frío si no juntábamos lo necesario para ser tratados bien… o nos premiaban con algo dulce cuando nos rebasábamos la cuota establecida… - La bruja que era mala
-¿Cómo se llama la bruja?
-Es Susana, la del cuento pasado, sigue mami… y tú Ulises ya no interrumpas…
En mis cuentos les había introducido a mis angelitos el deseo de ser libres, de que existía una vida mejor lejos de nuestros captores. Muchas veces les hacía preguntas retóricas deseando que ellos reflexionaran acerca de lo que debían hacer para salir adelante, y otras ocasiones les preguntaba de manera directa qué se les ocurría hacer.
Ulises siempre fue el príncipe o el rey en apuros… el valiente de la historia
Camila, era la princesa atrevida y valiente que no tenía ni conocía límites…
-Hoy cumples seis años, mi amor y tú siete
-Tú también cumples años, mami
-Sí, y nos vamos a comprar un pastelito para celebrar…
-James nos acusará
-Esta es nuestra aventura para poder comer un pastel, lejos de ellos… vamos a pensar qué haría el príncipe Terry y la princesa White para salir de este problema
-Si tuviera un caballo…
-Podemos correr rápido…
-¿Por qué te quedas callada, Cami?
-Porque tú, no puedes ver, mami, tal vez no corras muy rápido
-Ya sé, vamos a pensar cómo podemos escaparnos para comernos nuestro gran pastel… -Mi hermosa sortija seguía segura en mis zapatos, por la noche la guardaba en mi ropa interior. Este sería un buen momento para pagar un pequeño gusto.
Aunque en muchas ocasiones pensé sobornar a alguien con ella para que me escuchara y me ayudara, en cuanto tuve alguna oportunidad me aferraba al recuerdo de Terry cuando la puso en mi mano pidiéndome compartir mi vida con la de él. - ¿Qué hora es, Cami?
-Las seis menos quince, mami.
-La gente pronto saldrá y en lugar de pedir, correremos para las 7:00 son veinte pasos y dos escalinatas
-No te soltaremos mami.
-Bien. Vamos a estar listos y acerquémonos para aquél lado y estemos listos
-Sin miedo, que aquí está el príncipe Terry para defenderlas, My Lady
-Gracias, su majestad – Le regalé a mi príncipe una sonrisa y una reverencia.
Las campanas comenzaron a sonar… sonar… -Dos… tres… Ahora!
Corrimos, contaba mentalmente imaginándome cada paso… Si lográbamos alejarnos y escondernos tal vez jamás volveríamos a estar bajo el yugo de aquellas personas malas.
-Corre más rápido, mamita
-Viene tras nosotros…
-¿Aún hay gente?
-Estamos en medio del parque, mamita, todos nos mirar correr… Date prisa
-Denme un segundo. –Me detuve- ¿Qué tan cerca está y cuánta gente más o menos?
-Como veinte y ya casi nos alcanza, corre mami
-Ahora! –Tomé casi todas las monedas que habíamos juntado en todo el día y algunos billetes y los arrojé para que la gente se aglomerara y le entorpeciera el paso a Jame… Funcionó!
Corrimos hasta donde nuestros pies y aire en los pulmones nos lo permitieron.
-Es la estación del subterráneo, mamita
-Bien, bajemos con cuidado. Ulises cuenta cuánto dinero nos quedó
-Creí que lo arrojaste todo
-Solo lo suficiente para que la gente le impidiera el paso a James… creo que funcionó
-Compraré los tikets y nos iremos lo más lejos que podamos.
Lo esperamos nerviosas –Ya, mamá. Dijo la señorita que solamente tú pagabas que Cami y yo viajamos gratis por ser menores.
-Uff! Qué suerte…
Viajamos…
Nos cambiamos de vagones y rutas varias ocasiones… hasta que nos creímos seguros.
-Buscaremos una pastelería y un lugar a donde pasar la noche
Fue una rica cena en la banca de un parque
El problema estuvo en cuanto puse en el mostrador mi sortija –Venga conmigo
-¿Qué pasa?
-Es un policía, mami
-Gracias a Dios! –Podía narrar mi historia y regresar a casa…
-Tome asiento y dígame ¿De dónde obtuvo esa sortija?
-Bien, mi nombre es Candice White Andry, soy americana y radiqué en Inglaterra… me raptaron por dos años… es mi sortija de compromiso
-Realizaremos la investigación, por lo pronto iremos a la comandancia para que se levante el reporte.
Nos subieron a una patrulla.
Mucho tiempo sentados… sin mi sortija… lo bueno es que ya habíamos cenado… Cami se quedó dormida en mis brazos…
-Lamento que le hayan hecho esperar tanto tiempo, venga por aquí.
Ulises tomó mi mano y con la otra sujetaba a Cami –Hay un escritorio a las 9:00 mami
-Oh! Lo lamento, permítame ayudarle… -Caminamos, escuché una puerta cerrarse tras nosotros-Soy el comandante Sainz, le ruego que me narre los hechos… -A contar todo de nuevo hasta que fuimos interrumpidos. – Albert, hazte cargo de este caso… todo suena a una trágica novela – Dijo con sorna.
Hubo un silencio que no supe si nos quedamos solos o esperar a que me hicieran más preguntas… esperé.
-Soy el teniente Ardley… he leído el expediente y tengo una duda.
-Dígame
-¿Por qué esperó tanto tiempo?
-Intenté escapar en varias ocasiones y recibí el castigo de mis secuestradores… dejé de intentarlo y opté por cuidar a mis angelitos.
-Servicio social se hará cargo de ellos ahora
-No, no puede quitármelos, son parte de mi vida
-¿Ha llamado a algún familiar?
-No, recién pudimos escapar, nos metimos al subterráneo y no tengo la menor idea en donde esté; soy de Nueva York y no sé en donde me encuentro…
-Estás en el estado de Massachusetts; en Cambridge… condado de Middlesex…
-No estoy tan lejos de casa…
-¿Quieres llamar a tu casa?
-Sí, ¿podría?
-Tienes derecho
-El número es 646-275… -el tono en altavoz aceleraba el ritmo de mi corazón… -Residencia de la familia Andry…
-George, gracias al cielo… soy Candy… necesito hablar con…
-La familia ha sufrido por bromas como esta, le ruego que tenga consideración del dolor de esta familia – un largo bipppppppppp bip bip… terminó la llamada.
-¿Tienes algún otro número? – Este agente estaba lleno de paciencia y también de consideración…
-Sí, llamaré a casa de mi esposo. ¿Podría marcar el número 646-582… -De nuevo la emoción palpitante….
-Hola?!
-Emmm. Hola, ¿Se encuentra mi esposo, Terrence?
-¿Quién le busca?
-Candy
-El señor no se encuentra, y deje de hacer bromas con la memoria de la Señora…
-Creo que alguien está mintiendo.
-Le juro que todo lo que estoy diciendo es la verdad… necesito hablar con mi padre o con mi esposo…
-Bien, Candy, haremos algo… Servicio Social se encargará de los pequeños y
-Se lo ruego. Olvide todo. No me quite a mis niños… -Ulises se aferró a mi brazo y yo apreté en los míos a Camila
-No puedes tenerlos contigo pero te aseguro que no se darán a ninguna familia y cuando todo se solucione en tu vida yo te ayudaré apara que los adoptes y sean tuyos para siempre
-Por favor.
-Comprende, es lo mejor en estos casos…
Entre mucho llanto nos despedimos con la promesa de vernos cada día.
-No sé qué haré sin ellos…
-¿Tienes en dónde quedarte?
-No
-Solicitaré un permiso de custodia, pasarás la noche en mi casa
-No, prefiero quedarme aquí
-Vamos no seas desconfiada – Su voz tenía gracia –No te haré nada, estoy para cuidarte.
