El tiempo pesaba entre ellos como un oscuro velo. Había perdido la cuenta de las horas que llevaban atrapados en ese lugar, podrían ser días, podrían ser minutos.

Zoro seguía imperturbable, durmiendo o fingiendo que lo hacía mientras que la capitana se iba poniendo cada vez más nerviosa deseosa de salir al aire libre de una vez. Se armó de valor para hablarle sobre ello y preguntarle si tenían alguna oportunidad de sobrevivir allí pero en vez de eso, fue el espadachín el que abrió la boca de nuevo, sorprendiéndola.

- Nunca pude derrotarla.

El rostro de Tashigi demostraba que no había entendido la afirmación.

- ¿A quién?

- A Kuina, a mi amiga, siempre fue mejor que yo. La reté 2001 veces y perdí todos los combates.

La capitana abrió los ojos asombrada.

- ¿Todos?

Zoro esbozó una torva sonrisa y asintió.

- Nunca me atrevería a decir que las mujeres son débiles- puso los ojos en blanco- no soy como el cocinillas que siempre está corriendo tras sus "damas en apuros"- dijo con retintín- sé que podéis defenderos solas.

Tashigi se cruzó de brazos.

- Sigues sin responder a mi pregunta. Yo no soy ella.

El pirata levantó la mirada y alzó una ceja, tenía una mente sencilla, esas tonterías no eran para él.

- Ya pero me recuerdas a ella. Le prometí que derrotaría a Mihawk y después la vencería y que cuando lo hiciera no sería porque yo fuese hombre y que ella se hubiera debilitado por ser mujer sino que sería una batalla justa, entre los dos mejores espadachines del mundo.

- Y luego murió- murmuró la joven.

- Sí, luego murió.

Hubo otra pausa que fue rápidamente interrumpida por el espadachín.

- Murió y tú me recuerdas a ella, pero no lo eres. No eres débil pero no eres tan fuerte como ella lo habría sido a estas alturas.

- ¿Es por eso por lo que no quieres enfrentarte a mí, porque sentirías que estás haciendo trampa?

Él no respondió, tan solo le devolvió una mirada indescifrable. Ella se revolvió inquieta.

- Bueno pues eso es una estupidez.

Zoro se cruzó de brazos y cerró los ojos.

- Tú preguntaste. Insistentemente.

- ¡Pero eso ni siquiera es una razón lógica! ¡Soy una marine! ¡Tienes que luchar contra mí!- gritó furiosa levantándose de golpe.

- No veo por qué- comentó sin inmutarse por la rabieta de la otra.

Tashigi profirió una exclamación, frustrada.

Zoro la observó mientras ella se paseaba por el estrecho espacio gritando y gesticulando, salpicándole a cada paso. Era terriblemente irritante estar atrapado con esa mujer.

Una aguda voz interrumpió los sombríos pensamientos de los espadachines.

- ¡Zoro!

Ambos alzaron la mirada, ansiosos de que por fin alguien les sacara de ese espantoso lugar y de la horrible compañía.

- ¡Chopper! ¡Estamos aquí!

- ¿Chopper?- preguntó la marine intentando hacer memoria de los componentes de la tripulación de su odioso oponente- Ah claro, el renito, por eso estabas tan tranquilo, sabrías que podría seguirte el rastro.

Zoro no se molestó en asentir, su ceño seguía fruncido.

- ¿Chopper, estás bien?

Una pequeña cabeza se asomó por la abertura de su inusitada prisión.

- ¡Zoro! ¿Qué haces ahí? ¿Te has vuelto a perder? ¿Estás herido? – la vocecilla empezó a ponerse cada vez más nerviosa- ¡Ah un médico!- chilló corriendo en círculos.

- Estamos bien, Chopper-san, ¿te importaría sacarnos de aquí? ¿Tienes una cuerda o algo que pueda ayudarnos?- preguntó Tashigi esperanzada.

Zoro sin embargo, simplemente suspiró y se echó a un lado. No pasó mucho tiempo hasta que el animalillo se paró de golpe y su cuerpecillo se dejó caer hacia el interior del agujero.

Dando un sonoro planchazo, Chopper cayó de bruces sobre el agua que les cubría hasta las rodillas. Zoro resopló y lo agarró antes de que empezara a hundirse, estaba inconsciente.

- ¿Qué le ha pasado?- preguntó la joven sinceramente preocupada- ¿Está bien?

- Es un reno, esto es el desierto- afirmó el otro simplemente- aguantó más que la última vez.

Haciendo gala de una delicadeza que nadie nunca se habría imaginado en el demonio espadachín, Zoro se sentó en las rocas con su nakama en brazos y le desabrochó el sombrero. A falta de otro soporte mejor se lo arrojó a su compañera de cautiverio, que lo recogió al vuelo, sorprendida. Con cuidado, el mugiwara comenzó a echar agua sobre la cabeza de su nakama para intentar refrescarle.

Tras conseguir cerrar la boca, Tashigi intentó apartar la mirada de su enemigo que cada vez le parecía más humano y no un monstruo. Se sentó enfrente de ellos y se abrazó las piernas.

- ¿Y ahora qué hacernos?

Zoro inclinó la cabeza sin dejar de mirar a Chopper.

- ¿Qué hacemos de qué?

- Bueno- dijo ella intentando mantener su genio controlado- ¿Cómo nos encontrarán ahora? ¿Cómo saldremos de aquí?

- Ah, eso.

Tashigi se pasó la mano por la cara exasperada.

- ¿Cómo que "ah, eso"? ¿Te das cuenta de que podrías morir en este horrible lugar?

Zoro levantó una ceja, al parecer esa opción ni siquiera se había pasado por su mente.

- ¿Por qué iba a morir? No es como si algo así pudiera simplemente matarme.

La chica puso los ojos en blanco.

- Inanición, hipotermia, una espada en tu cuello…

Zoro esbozó una media sonrisa.

- Oh, ya veo, estás asustada.

- ¿Te estás burlando de mí?- preguntó poniéndose colorada.

- Sí- asintió él.

Los mofletes de la marine se pusieron más rojos que nunca y se cruzó de brazos furiosa. Zoro negó con la cabeza.

- Robin tiene puesto siempre un ojo encima de él cuando sale solo, literalmente. No tardará en encontrarnos. Luffy no nos dejaría atrás.

En ese momento, Chopper se despertó, salvando a Tashigi de tener que responder a esa declaración.