-Candy, quédate quieta
-Lo siento es que…
-Un poco más y quedarás lista
-Sí, perdón…
Las dos semanas pasaron rápido.
El caso se había detenido por un par de días en favor de Albert.
Tuvimos la oportunidad de platicar con Karen. –Karen, de mujer a mujer ¿Amas a Albert?
-Albert, sabes que por ti siento un afecto entrañable, fuiste mi mejor amigo y el novio perfecto, pero no tengo un sentimiento mayor que la gratitud y un profundo cariño por ti y deseo que seas inmensamente feliz junto a Candy, los dos se lo merecen
-Gracias Karen, es importante para mí llevarme bien con la madre de mi hijo. Es el mejor regalo de bodas que pudiste pensar – Los tres reímos.
Albert me había dejado en claro que no tenía ninguna intensión con ella más que ayudarla, también le unía un fuerte lazo de amistad y cariño.
-En ustedes está decirle a Ulises, bueno a William Albert que es su hijo.
-No sé cómo enfrentar esto, es más fácil correr tras un delincuente que enfrentar la verdad – Sonrió Karen.- Pero tienes razón, nos asesoraremos con un especialista y le diremos que somos sus padres, le explicaremos que las cosas entre los adultos no siempre funcionan y que él tendrá el hogar que merece junto a ustedes. Estoy feliz por ello.
…
Caminé firme y nerviosa ante todos nuestros invitados.
Nuestros hijos iban por delante de mí con sus canastas de pétalos de rosas que el tío Anthonie nos dio al momento de adornar con hermosos arreglos florales, en donde abundaban y destacaban las rosas.
Frente a Dios juramos nuestro amor y sellamos nuestro compromiso con un tierno beso.
En el brindis papá nos deseó lo mejor.
Richard, quien asistió junto a su esposa y con gran sorpresa para mí, Marc, nos deseó inmensa felicidad.
Mis hermanas, sus novios… todos nos desearon lo mejor, nos llenaron de consejos y de bromas…
Fotos, muchas fotos…
Lo que yo planeé como algo sencillo e íntimo papá lo convirtió en lo más extravagante, según él había mucho qué celebrar y agradecer…
El vals… - Te ves hermosa, sigues siendo hermosa
-Terry, gracias
-¿Sabes? Es la segunda vez que bailamos esta pieza, y tú vestida de novia
-No digas más
-Sí, déjame, porque pronto terminará y quiero que sepas que cada día intento cumplir la promesa de ser feliz pero no logro conseguirlo como tú, aún te amo
-También te quiero, pero no como la forma en la que esperas que te corresponda
- Me alegro por ti, que seas inmensamente feliz, lo mereces
-Tú también, por eso te pido que luches cada día por serlo
-Ya no tengo esperanzas contigo y me gustaría decirte que si tuviera una segunda oportunidad lucharía hasta conquistarte nuevamente, que me amaras de nuevo y
-No digas más. Soy feliz con Albert y mi deseo es hacerlo feliz así como él a mí.
Puedo decir que el cariño que siento por Terry es único y especial. Ojitos azules
Otra sorpresa fue la reacción de Marc con Karen y la de ella con Marc. No se separaron toda la noche. Ambos merecían una oportunidad y ser felices.
Los niños estaban felices de pasar dos semanas con sus abuelos.
Ellos gozaban de una educación de paga en uno de los mejores colegios al que mis padres y nosotros aportamos, en donativos, una fuerte cantidad mensual y nos casamos en verano para no interferir con sus estudios.
Albert tenía deseos de conocer Europa y yo quería aprovechar para ver los negocios que tenía por allá, aunque no iba exclusivamente a ello pero quería integrar a mi esposo en cada área de mi vida.
No importaba quien tuviera más recursos o quien tuviera menos, todo era para todos los integrantes de la familia Andrew Andry . ¿Recuerdas al Señor Leagan?
-Sí, es un gusto encontrarnos en otras circunstancias
-Lo sé y éstas son mejores, sin lugar a duda… Él es mi hijo Neil y es un gran apoyo para mí.
- Señor Leagan, mi esposo se integrará en la parte de acciones que me corresponde
-¿Fraccionarás tus acciones?
-No, pero quiero que la firma y decisión de mi esposo sea importante al igual que la mía. Como sabe recién hemos contraído matrimonio y deseo dedicarme a mi hogar, a mis hijos, a mi esposo.
-Con gusto le apoyaré, Richard regresará en un par de meses para radicar de nueva cuenta aquí… en América se quedará su hijo Terrence para hacerse cargo…
-Bien, es bueno saber. Habrá momentos en los cuales Albert tendrá que viajar y representarme en todo en tanto que se familiariza con nuestros negocios.
-Sí, también quería informarte que Neil se integrará al equipo de Asia de forma permanente eso nos ayudará bastante
-Me parece perfecto.
La historia, el clima, la gente, la mansión… todo… Albert estaba fascinado con todo pero no sentía en su corazón dejar su amada América y menos su apasionante y arriesgado empleo.
-Cariño, ¿es pronto para hablar de hijos?
-¿Pasa algo con los niños?
-Amor…
-Oh por Dios!
-Quiero tener un bebé, que seamos papás tú y yo de un hermoso bebito o bebita
-No es pronto, podemos comenzar a hacerlo…-Sonrió.
Me cargó en sus fuertes brazos y subimos a mi recámara.
Me depositó en la cama y comenzó a besarme.
Mi cuerpo se estremecía clamando de deseo por el cuerpo apasionado de Albert.
Nuestros cuerpos desnudos y febriles se acoplaron a la perfección en la pasión que nos unía.
Cada una de nuestras entregas era única. Ninguna se repetía.
Podíamos practicar las mismas poses pero la pasión e intensidad así como el amor cada día era mayor.
-Princesa mía, te amo – Dijo mientras se removía en mi interior. Deseaba poder abrirme más para recibir más de él.
Sus labios en mis senos.
Mis labios recorriendo su piel.
La explosión de nuestro éxtasis.
…
Todo principio tiene un fin y nuestro viaje de bodas experimentó el suyo.
De regreso a América había cosas que concluir.
Miraba a cada uno de los delincuentes detrás del cristal –No lo podré reconocer
-Les haremos algunas preguntas para que puedas escuchar sus voces, necesitamos que te concentres lo más que puedas
-Sí. -Cerré mis ojos y me concentré lo más que pude. Por un momento vacilé entre el tres y el cinco… - Es el cinco!
-¿Estás segura? –No permitían a Albert estar conmigo en este proceso pero yo estaba confiada en que al fin se iba a hacer justicia.
-Sin lugar a dudas, es él, el número cinco – Al fin mis ojos veían a uno, de nuestros captores, a la cara… Ese malnacido me había robado parte de mi vida, de mi felicidad… de mi amor por Terry…
Los niños también lo identificaron, ellos sí lo habían visto –Es quien nos daba de comer – Dijo Cami. Tenía razón. Él era quien nos aventaba la comida como si fuéramos un contenedor de basura ya que hasta los animales merecen un trato justo y digno.
-El vigilaba en la iglesia de St. Paul – Mencionó Albert Jr. – Él nos cuidó varias veces…
Se inició el proceso para el juicio. Él es como los insectos, por cada una que veas hay cien que no ves.
Comenzaba a sentir temor por los niños, por mí, por Albert, por mi familia…. Entraba en momentos de pánico e insomnio tan sólo de imaginarme que pudieran tomar represalias -¿Amor?
-Sí, cielo, ya regreso a la cama en un momento
-Ven mi amor, no me gusta que te desveles… que estés preocupada
-Tengo miedo, no puedo dormir
-No tengas temor de hacer lo que es correcto.
-Si le hacen algo a los niños, me volveré loca
-No pasará nada, para eso estamos tú y yo, para protegerlos.
-No quiero que pase nada
-Ven a la cama, conmigo, pasará si sigues levantándote de madrugada, lograrás enfermarte
Me senté a su lado, odiaba que se levantara, por mi culpa, en las madrugadas, la labor de Albert era desgastante. A veces salía muy de mañana, otras regresaba a casa muy noche, a veces no terminaba de comer cuando su móvil sonaba.
-¿Me abrazas?
-Sí –Me envolvía en su cálido cuerpo, solamente en sus brazos podía sentir paz y tranquilidad.
Aun nos faltaba un tema que tratar con Ulises, Albert Jr., como le decía papá; y cada día era más difícil.
-Mami ¿Por qué te ves enferma?
-No he dormido bien, cariñito… anda toma tu leche para que papá los lleve a la escuela.
-Yo me quedo a cuidarte, hice una promesa y soy Sir William Albert… no puedo faltar a mi promesa.
-Yo también me quedo, te contaré un cuento mami para que te sientas mejor
-Entonces yo no iré a trabajar, me quedaré y entre los tres haremos que mamá se sienta mejor.
-Les agradezco su preocupación pero deberán cumplir con sus responsabilidades
-Así es, papá y Cami deberán ir al trabajo y escuela, yo cuidaré a mamá
La mirada hermosa de mi esposo y la mía se unieron en un punto y reímos – Está bien, Cami, Will ha hablado, así que toma tus cosas que te llevaré a la escuela
-Yo quiero quedarme con mamá
-Yo también, pero Will la cuidará
En realidad quería tumbarme en la cama y dormir. No sería justo de mi parte que por mi culpa Albert durmiera poco y aún así fuera a trabajar… caminé hacia la puerta de la cocina y dije – Es una gallina patas chuecas el que llegue de último a la cama – Y corrí por todo el pasillo.
Albert cargó a Cami en los brazos y corrió unos cuantos pasos, cuando Will (como le decíamos de cariño a Albert Jr.) intentó rebasar a su padre, éste le arrojó a Cami para entorpecer su avance.
Con el control de mando, Albert programó algunas películas familiares para los niños, él y yo dormimos al menos una hora y media…
La tv se quedó prendida largo rato porque los niños se quitaron zapatos y uniformes y se acurrucaron entre su papá y yo.
Pasando el medio día me levanté para apagar la tv y me dirigí hacia la cocina para preparar algo para la hora de la comida – Ven con nosotros a la cama, amor, pediremos comida o saldremos a comer, este día es nuestro…
-Al menos recogeré los trastes del desayuno
-Lo haremos más tarde.
Si mi madre pudiera ver la forma en la que mis hijos están creciendo me retaría… mis hijos no solamente suben los codos a la mesa, o hablan mientras comen, muchas veces se llevan su plato de cereal frente a la tv que está en la sala de estar, en otras ocasiones se sirven cereal sin leche, no les gusta la comida por tiempos, Cami dice que se puede evitar lavar tantos trastos si le hace un ladito en su plato a la ensalada… Albert opina que eso es sano y normal aunque me apoya cuando deseo formar en ellos el buen comportamiento a la mesa cuando hay visitas o cuando vamos a casa de sus abuelos, a mantener en orden y limpia la casa; aunque son pequeños, pero no unos bebés, tienen sus propias responsabilidades.
-Gracias, amor. Creo que he cogido una fuerte gripa
-¿Quieres que te lleve al médico?
-No, con descanso y cariñitos me curaré.
-Entonces, te haré muchos cariñitos. – Se acercó y me abrazó.
Dormimos más tiempo. No importaba si por la noche se desvelaban, nuestros únicos planes para mañana sábado eran llevarlos al cine por la tarde y comer fuera.
Mi malestar se prolongó una semana más y no tenía ánimo de salir de casa, pero existían responsabilidades que no se podían posponer –Tengo que presentarme para el juicio
-Karen solicitó que, de no ser necesario, no se llamen a los niños como testigos.
-Amor, tengo mucho miedo.
-Confía cariño, estás haciendo lo correcto, lo que debes hacer como ciudadana de este país. Por otro lado contamos con suficientes pruebas en su contra
-Dudo que sus cómplices se queden tranquilos
-Puede ser que no, pero los atraparemos. Quédate tranquila
-Sí. Te prometo estar tranquila.
Mi papá solicitó que su grupo de abogados se involucraran en el caso. Yo no quise dejar de contar con los servicios del que me asignó la corte cuando tenía falta de recursos. Papá contaba con un abogado penalista y un criminalista dentro de su bufete porque en algún momento fueron indispensables dentro de sus tratos.
Nos pusimos sobre nuestros pies para recibir al Juez…
Declaraciones de los testigos.
Parece mentira cómo la fiscalía pudo ofrecerle un abogado defensor…
Mi turno para declarar… moría de nervios
La corte entra en receso
Se reanudó la sesión
… tres días más… pero en diferentes semanas…
Resolución: Sentencia: culpable….. sin derecho a….
-Una gran loza cayó de mi espalda.
-Es un pequeño paso, esperemos que todos los integrantes puedan ser capturados
-Candy – Karen se acercó a mí – El proceso ha concluido, son libres…
-Sí – la abracé – Ahora tenemos otro pendiente de igual o mayor importancia…
-Ufff. Sí….
-¿Podemos vernos mañana?
-Está bien.
Papá regresó a casa juntamente con mamá. Los abogados se quedaron un poco más de tiempo para algunos trámites y no sé qué más.
-Amor, por fin
-Sí, Al. Por fin esta pesadilla llega a su desenlace.
-Ya podrás estar tranquila.
-Lo estaré siempre y cuando tú estés con nosotros.
-Mi amor, -Me abrazó – Jamás, escúchame bien, jamás los dejaré, son mi vida, mi especial tesoro.
-Me siento dolorida de mi cuerpo, creo que he estado en mucho estrés
-Ya pasó todo, ahora podrás relajarte
-Sí… aunque aún nos queda un tema pendiente con Karen. Acordamos reunirnos mañana.
-Solicitaré permiso para ausentarme, esto es importante
Tomé las llaves de mi camioneta familiar y fui por los niños a la escuela, Albert los llevaba por la mañana y yo me encargaba de recogerlos, mi esposo había accedido a mi petición de contratar el servicio del transporte escolar, no quería exponerlos a ningún peligro.
-Buenas tardes, Mis Grey.
-Señora, qué bueno que la veo ¿Tendría un tiempo para entrevistarse con la rectora?
-¿Pasa algo?
-Le hemos mandado citatorio con Candy Camila pero ya que está usted aquí podríamos aprovechar.
-Claro, pasaré con la rectora.
Mi corazón dio un vuelco al escuchar una voz familiar –Buenas tardes Mis, vengo por mis hijos
Volteé a ver inmediatamente de dónde provenía esa voz… mi memoria se trasladó casi cinco años en el pasado Sube al auto Clint Mi bolso Sube al auto
Lo único que vi fue a un papá sonriente y joven que iba por su pequeño. Sacudí la cabeza para sacar esos pensamientos, tal vez estaba vulnerable a lo ocurrido en todo este tiempo
-¿Se siente bien? De pronto ha palidecido
-Estoy bien – Sonreí a Mis Grey – Pasaré a la rectoría.
Me anunciaron y las profesoras de mis hijos los llevaron hasta la rectoría mientras me desocupaba.
-Candy Camila está fuera, ¿Podría llamarle? –Solicité
-Sí, señora, aunque el protocolo de este colegio consiste en que los padres atiendan la disciplina en casa
-No dude que así será, pero debo conocer la versión de mi hija en presencia de usted, por alguna cosa que no esté en claro
-Bien
MI niña pasó con la cabeza inclinada. Tenía la blusa del uniforme desfajada y las calcetas manchadas de zumo.
-Candy Camila, explícale a tu madre lo ocurrido –Habló con severidad la rectora. Camila comenzó a llorar en silencio.
Me incliné hasta estar a su altura y la abracé. Sabía que la rectora reprobaría mi manera de disciplinar a mi hija. Cami, ¿Qué pasó?
Hablaba entre sollozos –snif, snif…. Una niña de quinto grado… snif, snif
-Cami, no te puedo entender, tranquilízate y me dices
-Camila, tu madre espera la versión de los hechos, deja de llorar
Miré a la rectora a los ojos, no le contradije para no restar autoridad delante de mi hija y que ésta le perdiera el respeto –Mami, una niña dijo que yo era negra y que papá y tú no me querían, tampoco mi hermano porque son blancos, que estoy fea y derramó jugo en mis pies… yo, yo le golpeé la cara con mi mano
-¿De quién se trata hija?
-De Lois Penélope Powlis
-Dirás que fue con la mano empuñada y le has dejado una gran marca en el rostro a tu compañera.
Miré nuevamente a la rectora pero ahora con mayor severidad. –Cami, sabes que eres mi adoración, que tu padre te ama y te adora tal y como eres, te amamos por quien eres. No permitas que nadie, en especial gente con malos sentimientos, te dañe de esta manera, todos en casa somos una familia y eres nuestro latir, ¿Lo comprendes?
-Sí mamá – Se arrojó a mis brazos apretando su agarre –Te amo, mamá
-Y yo a ti, mi amor… ahora ve con tu hermano que espera afuera. Termino de hablar con la rectora e iremos a casa.
Sonreí al ver a mi hija salir de la rectoría, le seguí con la mirada hasta que cerró la puerta –Mi hija ya no es una bebita, lo sé, en casa le enseñamos a hacer lo que es correcto, su padre cada día les dice que deben hacer lo correcto y de la manera correcta… Camila tiene ocho años y la niña que ha ofendido a mi hija deberá tener al menos unos diez años, y no le ha herido en la mejilla, le ha herido el corazón, el racismo es algo penado en este país y mi familia adora a esa niña negra a la que usted y Mis Grey han agredido al juzgarla y enviarle un citatorio. No dudo de mi hija y de que ella haya querido explicar las cosas a tiempo y en verdad, mi hija no llora por cualquier cosa sino cuando se siente intimidada, y eso no pasa en casa.
-Señora Andrew, este es uno de los mejores colegios de Massachusetts, le pido cordura
-Mire, es uno… pero no el mejor… usted cree que porque la niña que ofendió a mi hija tiene más recursos que nosotros, porque mi esposo es un detective al lado de la nieta del dueño de los restaurantes más importantes de esta ciudad se equivoca, los valores que Camila recibe en casa valen más que un platillo excéntrico servido en aquél lugar. Le ruego que Lois Penélope le dé una disculpa a mi hija
-No puedo hacer eso, Louis no se portó como una salvaje como Camila, no sé qué tipo de educación le puedan brindar en su hogar, pero estoy convencida que sus hijos son una amenaza para los niños distinguidos de nuestra sociedad…
-Bien, me llevaré a mis hijos a otro colegio.
-Agradezco que lo haya comprendido
-Mis padres también lo comprenderán así como mi esposo. Nos retiramos de su colegio con los beneficios económicos de la Familia Andry de Nueva York y de la Familia Andrew de este lugar. Que tenga buena tarde.
-Espere, señora… podemos llegar a un acuerdo… la familia Andry es muy generosa
-Lo sé… y es la educación que le brindan a mis hijos.
Sentí el disgusto alojado en la cavidad estomacal, respiré y tomé la mano de Cami.
Debido a mi malestar no hablé con los niños camino a casa y ellos pensaron que estaba enojada.
Pasamos por Albert porque así habíamos dispuesto desde la mañana.
Bajé de la camioneta y él caminó hacia mí sonriente -¿Qué pasa?
Lo abracé –Me siento un poco enferma, ¿podrías conducir?
-Sí, claro.
Todos iban en silencio. Cerré mis ojos y recargué la cabeza en la ventana. Me sentía afiebrada.
Llegamos a casa. -¿Qué pasa?
Los niños corrieron a sus habitaciones sin dar explicaciones – Camila se peleó en la escuela…
-¿Por qué?- Caminamos hacia el interior y él me ayudó con las bolsas del súper.
-Porque la ofendieron y ella se defendió… debemos buscar un nuevo colegio a los niños
-¿Tan grave fue?
-¿Lo que hizo Cami?... ummm no, pero lo que le hicieron a ella sí y sé que me apoyarás en esa decisión.
-Sí, confío en ti y sé que lo que decidiste es lo mejor
Le comenté a Albert lo que pasó y le pedí que hablara con ella para infundirle nuestro respaldo pero que pelear no era la manera de resolver las cosas.
-Papá, ¿Podemos ir con los abuelos el fin de semana?
-Sí, Will… ¿Cami, no te emociona ir con tus abuelos? –Le preguntó al verla callada y cabizbaja
Dijo que sí con un movimiento de su cabecita.
-¿Algo que quieras decirle a papá?
Para darles privacidad le pedí a Will que me ayudara a poner la mesa. Alcancé a escuchar la narración de Cami a su papá y la forma en la que Albert manejó la situación – Hija, ven, dame un abrazo… no puedes resolver las cosas a golpes. Hacer lo correcto no significa que tomes la justicia por tu propia mano, para eso existen las autoridades, si tus profesores no te hacen caso, acude a la rectora y a nosotros…
-Sí, papá.
-Bien, ahora que está todo aclarado vamos a ayudarle a mamá y Will
El semblante de Camila había cambiado, nuevamente estaba radiante. -¿Iremos en el mismo colegio? - Albert y yo cruzamos miradas –Mis amigos están en este colegio y no quiero dejarlos.
-El nuevo colegio te gustará
-Harás nuevos amigos.
-Camila fue quien se peleó, no fui yo, que ella se vaya al otro colegio… -Cruzó sus brazos
-Hey! Campeón! Como familia siempre debemos estar unidos ¿Sabes por qué se peleó tu hermana?
-No.
Albert le explicó sin hacer sentir mal a Camila por su color, hermoso, de piel. –Ahora ¿entiendes?
-Sí, papá… perdóname hermanita, no sabía que Lois había sido tan grosera contigo, prometo cuidarte más.
-Eso es lo nuestro mayor deseo que puedan permanecer unidos como la familia que somos.
