Sarada no perdía la sonrisa de su rostro. Estaba construyendo un castillo de arena, no muy lejos de donde sus padres estaba preparando un picnic. No podía creer que, después de un largo proceso de preguntarle a su madre si podían ir a la playa, estuvieran allí, disfrutando del sol y el agua de mar. Su padre tenía misiones muy largas, lo que no le permitía compartir mucho con él y su madre permanecería la mayoría del tiempo con ella, a menos que la necesitarán en el hospital de la aldea. No es que fuera malo, pero estar con ambos, como la familia que eran, hinchaba de euforia el corazón de la niña. Vestía un bañador rosa de una sola pieza y mantenía su cabello recogido en dos colitas, para evitar el bochorno que le provocaba el calor. Estaba tan concentrada, tratando de quitar el balde lleno de arena húmeda para crear el último torreón de su castillo, que no escuchó la ola que se acercaba a ella y su hermosa construcción. Cuando llegó hasta ella, llenándola de agua fría, su diseño se deshizo con demasiada rapidez. Pegó un grito de susto, intentando detener la destrucción de su castillo, más no pudo evitarlo. Fruncio el ceño enojada, clavando la pala en la arena con frustración.

- ¡Sara-chan! - escuchó a su madre llamarla.- ¡Ven, cariño!

Se levantó y corrió hasta la sombrilla que habían puesto en medio de la playa para protegerse del sol. Al llegar, encontró la manta extendida en su totalidad, permitiendo que los tres se pudieran sentar. Su padre, con una cara de total aburrimiento, le miró. Tenía el cabello recogido y su único brazo estaba apoyado en su pierna. Su madre, buscaba enérgicamente en una canasta, la comida que había preparado en la mañana.

- ¿Te has divertido, dulzura? - le preguntó su madre sacando un tupperware de la cesta. Ella usaba un traje de baño rojo y de dos piezas, más usaba una camisa blanca para proteger sus hombros del inclemente sol.

- El agua se ha comido mi castillo, mamá - le respondió la niña recibiendo un emparedado lleno de rodajas de tomate.

- Oh, lo siento, mi vida. Luego podremos construir uno juntas, ¿te parece? - la pelirrosa le entregó un emparedado igual a su esposo y le sonrió a la pequeña.

- Hmp - la niña mordió su comida con el ceño fruncido.

- O tu padre podría llevarte al agua, ¿cierto, Sasuke-kun? - la ojiverde codeó en las costillas al pelinegro con voz insinuante.

-Hmp - el padre imitó a su hija.

- ¿¡Hmp!? - gimió enojada la matriarca Uchiha.- Oh, no quiero volver a escuchar ese monosilabo. Ven, Sara-chan, nos vengaremos del señor mar.

- ¡Si!

Las dos mujeres se levantaron con un "¡Shannaro!" y Sarda corrió a tomar su flotador, se lo paso por las piernas y siguio a su madre, corriendo con el puño alzado y una determinación en los ojos, algo de lo que Sasuke no pudo evitar reírse. Sakura le enseñaba a Sarada como mantener chakra en sus pies para caminar en el agua. La niña se concentró y luego de varios intentos donde se mojó las piernas, logró mantenerse en pie. Buscó con la mirada a su padre, le sonrió cerrando los ojos e hizo la señal de victoria con la mano, aún sosteniendo su flotador. Al verla, Sasuke no pudo sentir más que orgullo tan grande que le demostró a la pelinegra con una pequeña sonrisa. Vio a Sakura dejarse caer en el agua con una sonrisa inmensa y a su hija imitarla con un grito de alegría al sentir el agua fría.

Sasuke se acercó a ellas, dándole las gracias a quien fuera por tener la oportunidad de redimirse y poder compartir con ese par de hermosas mujeres que eran su familia el resto de su vida.


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