-¿Quién? Amor ¿A qué te refieres?

-Es él, quien me raptó… es Santiago…

-¿Estás segura?-

-Sí, es él -Albert se dirigió a la puerta para observar un pasillo.

Albert sacó su radio y solicitó que lo siguieran discretamente

Terry pidió que los guardias privados lo detuvieran a la entrada, él había deseado este momento al igual que yo… pero no sabía cómo comportarse conmigo en la presencia de Albert. Se pasaba sus manos por su aleonado cabello y sacó un cigarrillo que no prendió, lo puso en sus labios, maldijo en voz baja y lo deshizo con sus dedos.

Santiago se marchó con Susana y dejó a su padre quien no sabía que era lo que pasaba, estaba bien que su hijo llevara prisa pero no para tanto alboroto.

Todo pasó tan rápido… -Albert los niños! – Mi mente se imaginaba lo peor

Una llamada bastó para alertar a Karen.

Mi mundo se removía bajo mis pies. Por un lado tenía al hombre que amé con todas mis fuerzas, por quien sufrí, por quien deseé volver únicamente para estar con él y a mi otro lado estaba el hombre al que amo y con quien soy feliz, quien pintó mi mundo nuevamente de color y por delante nuestro está aquél maldito que marcó nuestras vidas para siempre…

Es tan difícil, pero si no hubiera pasado esto no tendrías estos dos maravillosos niños, Albert y tú no se hubieran conocido… Ningún comentario tenía sentido ante la sed de justicia que mi alma reclamaba.

Si tan sólo lo hubiera dejado ir…

Albert re abrió el caso.

Terry me suplió los días necesarios dando lo mejor de sí y manteniéndose sobrio…

Parecía un infierno sin final…

Albert y sus colegas no se detuvieron.

Santiago hizo lo mismo; el señor Gabriel estaba apenadísimo con nosotros y colaboraba del lado de la justicia, lo que nos sorprendió es que su hijo no es casado y tampoco tiene hijos… ¿Entonces en esa ocasión que lo vi fuera de la escuela de los niños…? Dios santo! Me aterra la idea que se llevara a otro pequeño.

No, no era posible. Él no secuestraba, él tenía gente desamparada, personas a las que nadie buscara o reclamara… yo fui su excepción… Él no pidió rescate por mi vida a mi familia y desconozco si él supo quién era yo y por ello me cambió de residencia…. No sé qué pensar

Albert tuvo madurez para tratar con Terry.

Terry no tuvo la suficiente confianza para acercarse a mí, todo fue a través de Albert.

El acontecimiento que me arrebató de los brazos de uno y me arrojó a los brazos del otro, y ellos estaban frente a frente.

Mis padres se llevaron a mis hijos, yo luchaba entre dos pensamientos, quería estar al lado de mis hijos y al mismo tiempo no quería dejar solo a Albert, -Que alguien más se encargue de esto, vámonos con mis padres, a Londres… a otro lado

-No, hemos seguido varias pistas pero ninguna como ésta, ese infeliz sabe lo que hizo y ahora sabe quién eres…

-Vámonos, saquemos a nuestros hijos de aquí, la casa de Inglaterra es amplia, por favor, te lo ruego.

-Comprende mi amor.

Le rogué, le supliqué… pero él no desistiría tan fácilmente

Muy a su pesar me quedé con él. Él le pidió a mi padre que me obligara a irme con ellos –No, no papá, me quedaré aquí con Albert…

Pasaron dos meses sin noticias. Terry no sabía en dónde más buscar a Susana.

Las investigaciones arrojaron que estaban en el país y la ciudad de Nueva York… Aunque es fácil despistar en auto y más porque en ese momento aún no giraban las órdenes de aprensión.

Estaba intranquila porque no había más noticias de ellos, como si la tierra se los hubiera tragado… hasta aquella tarde en la que llamaron a la casa preguntando por mi esposo

-Sabemos en donde se encuentra Santiago, señora

-Bien, pues llamen a la policía, este es un domicilio particular…

Albert me pidió tener cuidado y precaución. Les indicó a familiares y amigos que no llamaran a la casa que nos encontrarían en los móviles.

Las llamadas no cesaron en casa y en la oficina.

Se hacían movilizaciones de elementos y culminaban en falsas alarmas. – Ese infeliz nos está desquiciando… lo que está tramando es que no le creamos cuando dé su golpe final

-¿Qué más puede hacer?

-No lo sé, pero con Susana a su lado esto ya se está convirtiendo en algo más personal

-Albert, vámonos

-Cariño, huir no es la solución, sino atraparlo y que pague por sus delitos.

-Tengo miedo, quiero ver a mi hijo Jonah, es tan pequeñito y lejos de nosotros, nos debe extrañar mucho. Le pediré a Karen que solicite que te excluyan del caso, que lo resuelvan otros…

-Me parece bien, gracias por preocuparte por mí, pero ella no puede solicitar nada porque no es mi superior, yo soy superior a ella… -Me miró, suavizó sus expresiones, me abrazó y besó -Prepara todo para que esta noche vayamos a casa de tus padres, esto me está volviendo loco y no quiero que nos afecte como familia

Su móvil sonó, lo respondió y me dijo. Volveré por la noche para irnos

Mi corazón sufrió al verlo partir. Corrí tras él cuando vi la puerta cerrarse, el ascensor estaba ocupado y bajé lo más rápido que pude por las escalinatas. Al llegar al estacionamiento grité con todas mis fuerzas Albert te amo detuvo su auto y bajó corriendo hasta mí… No se quedó más tiempo ya que tenía un deber qué cumplir.

Tomé una valija, coloqué nuestros documentos personales, los documentos bancarios, el oso de felpa de Jonah, no me quería llevar ropa porque en casa de mamá teníamos algunas cosas y podíamos comprar en caso de necesitar.

Coloqué lo que creí conveniente. Añadí los sobres con los títulos de propiedad de la Mansión que me dejó Elroy, de los dos departamentos y de la casa de verano, en eso convertimos el regalo de su madre, los papeles de los autos y las pólizas de los seguros….

Abrí la puerta porque alguien tocó el timbre. –Eres una maldita ¿cómo sabes en dónde vivo?

Rió y le arrojé la puerta. Se cansó de llamar a la puerta y yo llamé a Albert para que viniera.

Me coloqué a la puerta para escuchar y todo estaba en silencio.

Albert prometió llegar pronto, mi móvil sonó y de nueva cuenta era Susana –Maldita, hoy será tu fin.

-Dime qué te he hecho para que me odies tanto, tienes a Terry, su fortuna, tienes todo lo que te interesó de él… déjanos en paz, mi familia no tiene la culpa de tu odio.

-Umm, nada de eso me satisface, lo que me haría en realidad feliz es que Terry nunca más te vuelva a ver, por eso te quiero decir que tú y tus vecinos dejarán de existir en menos de diez minutos.

Corrí, tomé mi valija y soné las alarmas contra sismos e incendio, todos bajamos haciendo un caos en el estacionamiento…

-Albert, no vengas – Le expliqué como pude –Voy conduciendo…

No sé si Susana y Santiago lo planearon de esa manera pero únicamente fue una pequeña explosión… daños materiales no tan costosos….

Corre lo más rápido que puedas aunque yo te llevo ventaja -El mensaje que recibí en mi móvil llenó mi corazón de miedo.

Albert llegó al mismo tiempo que yo a la estación de policías.

Una llamada más… otra… interceptaron mi móvil para dar con su ubicación y los teléfonos de la comandancia no dejaban de sonar

-Esos malditos están jugando con nosotros… -Quedaban pocos elementos, algunas secretarias.

-Tenemos la ubicación Sainz, Kleis comanda un equipo y se dirigen para allá – mencionó un uniformado.

-Dame la dirección – Dijo Albert.

Karen y su equipo le llevaban ventaja a Albert y sus hombres… -No, no están allí… -Dije nerviosa

-¿Qué? – Dijo Sainz porque los había interrumpido – Andrew llévate a tu esposa a casa, está alterada

Albert lo ignoró y me preguntó, con ese amor que sólo él podía profesar -¿Qué viene a tu mente?

Están en la iglesia de St. Paul… o cerca de ella… -Cerré mis ojos intentando recrear aquellos momentos cuando pedía dinero.

Se cerraron las calles atravesando patrullas, acordonando la zona y sacando a la gente de los comercios, restaurantes y cafeterías….

Caminé y un grupo de policías iba detrás de mí, me pusieron un chaleco antibalas y me custodiaban…Albert no me dejó sola y Sainz se integró ante la petición de su mejor amigo.

Caminé guiándome por olores, sonidos y con los ojos cerrados… ¿Por qué no pensé hacer esto antes?

Toqué con las manos una enorme puerta de madera… habíamos llegado

Albert me tomó por los hombros y me retiró poniéndome en un lugar a salvo, -No vayas…. – Le rogué una vez más.

Sainz ordenó ingresar.

Tiraron la puerta…

Albert me besó Te amo Cerró la puerta de la patrulla, ésta echó a andar, mi esposo tenía excelente condición física y prontamente se alejó en dirección contraria

No creí que fuera tan fácil S.M. El mensaje era claro de parte de Susana –Detén el auto…

Me bajé y creí que correr era más rápido que pedir que me regresaran Vamos Albert, responde marcaba su móvil sin recibir respuesta

Vi a Karen de lejos y le llamé a ella mientras corría gritando que era una emboscada que salieran pronto…

La calle se llenó de fuego, humo, heridos…El estruendo del estallido ensordeció mis oído… parecía una dimensión alterna…

Sirenas de bomberos, patrullas, ambulancias aturdían a todos los presentes, parecía que nadie sabía qué hacer… aunque todos hacían algo.

Me mordía el labio para no llorar, mi corazón presagiaba el final

Me abría paso como podía…

Los paramédicos y bomberos no se daban abasto –Señora, no puede pasar

-Mi esposo y mi amiga están allá adentro, se lo ruego

Me permitieron acompañarlo en la unidad médica de traslado, su cuerpo sangraba, sentía mucho dolor pero no quiso ningún tipo de anestesia –No llores, amor – Me dijo con gran dificultad

-Tienes que ponerte bien, resiste mi amor, pronto llegamos y te darán la mejor atención

-Siempre amé tu sonrisa y tu fortaleza, nunca dejes de hacerlo, pase lo que pase…

-No hables así, te lo ruego – Sostenía su mano y limpiaba los manchones de sangre de su rostro

-Sonríeme

Sequé mis lágrimas con el dorso de mi mano y le dije con una sonrisa –Te amo

Intentaba no quejarse y yo quería atrapar la vida que se le escapaba. Quería tener la fuerza de aferrarla a su cuerpo, a su ser.

Centré mi mirada en sus ojos verdes y canté la canción que nos unía. –No me dejes, Albert te necesito

Acarició mi mejilla juntando toda su fuerza. –Estoy tranquilo, Santiago no te hará más daño…

Lloré sobre su sólido pecho.

Ya no había más el latido que amaba escuchar siempre que me recostaba en él. El calor de su cuerpo poco a poco fue dejando introducir el frío de la muerte.

Te amo le dije más de mil veces deseando que esas palabras le regresaran a la vida pero nada pudo devolvérsela...

Los electrochoques no fueron suficientes.

Mis gritos, mis reclamos, mis te amo… nada fue suficiente.

Llamé a mis padres, no demoraron en llegar.

Pusieron en resguardo domiciliario al padre de Susana y al señor Gabriel mientras se seguían los procedimientos de la investigación…

-Papá! –Lloré inconsolablemente. Mis manos tenían sangre seca de Albert, al igual que mi ropa…

-Candy ¿Qué pasó? – Mamá me ayudó a tomar asiento. No podía hablar del dolor que sentía, mis balbuceos no eran legibles, aunque no era necesario decirles lo que ellos ya sabían…

Karen estaba luchando por su vida. Mark lloraba preocupado a mi lado. Los Grandchester se unieron a nuestro dolor y pérdida.

No podía ingresar a mi apartamento por la explosión unas horas antes…

Lo despidieron entre honores, tal y como se despiden a los héroes, junto a sus diez hombres que lucharon hasta el fin y entregaron sus vidas en cumplimiento de su deber. Su mejor amiga, su novia, la madre de su hijo le alcanzó en su viaje… quería con todo mi ser cambiar mi lugar con ella.

Todo perdió importancia a excepción de mis hijos.

Annie llevaba en brazos a Jonah, Cami y Will cada uno a mi lado.

¡Qué difícil es consolar a los demás teniendo el corazón destrozado! Me pasaba mi llanto con cada trago de saliva amarga por la hiel y el odio que sentía en mi corazón.

Cuando pusieron la plancha de concreto sobre él y lo cubrieron con pasto dejé que mis hijos lloraran y despidieran a su padre, si tuviera la edad de ellos haría lo mismo, sacar el dolor en medio de gritos, lágrimas, y aferrarme hasta el último momento junto a él.

Me permitieron ingresar a nuestro departamento aunque había restricción para los demás…

Lloré por cada uno de los rincones, me envolví en su camisa favorita que tomé del cesto de ropa por lavar… olía a él, puedo decir que sentía su calor aunque eso es un rico placebo.

Mi padre tuvo que ingresar por mí acompañado de un agente, forcejeamos porque no me quería salir de mi casa. –Déjame aquí, estoy en casa… esta es mi casa, es mi hogar….

Rechacé la invitación de papá de mudarnos con ellos, tomé a mis hijos y nos fuimos a la casa de verano en Nueva Jersey. Ingresaron a un colegio y yo me refugié en cada uno de mis estados de ánimo. Decidí, por el bien de mis hijos, llorar en mi interior la muerte de mi esposo. No quería la lástima de nadie disfrazada de consuelo.

No quería saber de nada, de nadie. Así que en casa no se recibían visitas, nuestras navidades, días de gracias, vacaciones, todo los días de cada año permanecíamos unidos como la familia que somos, mis hijos para mí y yo para ellos.

Jonah ingresó al colegio. Los años eran difíciles para él.

En mis momentos de soledad recorría cada parte de la casa. Recordaba todas las historias que Albert nos contaba cada vez que íbamos de fin de semana, de vacaciones…

La historia de aquél árbol… mi hermana Grace….

Mi madre en aquella cerca… cuando la pintamos

El lago… pasto… animales… mi padre…

Conocía los detalles hasta del más pequeño clavo que soportaba el peso de esta vieja pero restaurada casa

-Mamá

-¿Sí, Camila?

-Emm… ¿puedo usar minifaldas?

-¡Estás loca! No

-¿Por qué no? –Yo quería ver en mi niña a la pequeña de su papá y no me daba cuenta que mi hija ya tenía casi dieciséis años. cinco más desde la muerte de Albert. –Porque no…

-Mamá, todas en el colegio usan minifaldas menos yo…

-Vamos mami, dale permiso, es simplemente una falda

-No te metas en esto William, he dicho que no y ya… Jonah siéntate bien y deja de jugar con la comida, baja los codos de la mesa…

-Anda, mami, me ha gustado una rosa con unas aplicaciones…

-Comprende que te he dicho que no y no hablaremos más –Se retiró de la mesa con los ojos llorosos

Will me miró –Ni hablar de la universidad ¿Verdad? - comió en silencio.

No tenía pretexto de tratar así a mis hijos pero no podía con el dolor. Era en momentos así que sentía una profunda rabia en contra de Albert, pero al mismo tiempo sentía que era egoísta con él, pensar que me había dejado sola con los niños…

No la pasábamos mal económicamente sino anímicamente. Hablaba muy poco con mis padres y hermanas, pero mis niños sí tenían buena relación con ellos.

Era tan injusto que no pudiera tener consuelo en mi dolor, cuando mis hijos le lloraban yo les daba consuelo, cuando le extrañaban yo luchaba por llenar su vacío.

Cuando Albert estaba entre nosotros, antes de irse a la cama pasaba a darles el beso de las buenas noches, casi siempre estaban dormidos cuando él pasaba y les decía Siempre estaré con ustedes ¿Por qué hizo promesas que jamás iba a cumplir?

Esa noche tomé la determinación de seguir su ejemplo. Pasé por la habitación de cada uno de ellos y antes de ingresar me acerqué a la puerta, Camila sollozaba mientras hablaba con su papá –Te extraño mucho papito, la vida no es la misma sin ti… papá te amo – Le contó su día y su deseo de cambiar su forma de vestir; me esperé con los ojos cerrados, tal vez me acusaría con su papito pero no, le dijo que a pesar de mi dolor era la mejor madre del mundo y que él le enseñó a confiar en mis decisiones sabiendo que eran y siempre serán las mejores pensando en ella.

Caminé de puntitas sofocando nuevamente mi llanto y me detuve en la puerta de Will, Le decía que lo echaba de menos, que le gustaría ser detective como él entregando su vida con valor para cambiar la historia de lo malo para dar esperanza de lo bueno… le habló de sus hermanos y que cumplía la promesa que le hizo de cuidarlos en todo y que aunque él no le prometió cuidarme sabía que tenía una responsabilidad conmigo –Eres el mejor padre del mundo! Y eres mi padre… te amo, papá.

Jonah no se quedó atrás, le decía que aunque él no lo disfrutó mucho tiempo sus hermanos le hablaban cada día de él, que habían ido al lago en donde él nadó cuando vivía en Nueva Jersey, que lo amaba…

Lloré en mi recámara y después de media noche entré a sus habitaciones para darles su tan añorado beso de las buenas noches… mis tres hijos tenían el retrato de su padre entre sus brazos. Albert jamás se había apartado de ellos.

A la siguiente mañana les preparé el desayuno. El resto de la madrugada pensaba en ellos y no en mí, haría por ellos lo que Albert siempre soñó para sus vidas, la felicidad y los buenos valores rodeados de sus seres queridos –hoy será un día diferente, de pronto no irán a la escuela.

Sus miradas pasaron entre ellos -¿Pasa algo, mamá?

-Sí, quiero que vayamos al departamento de Massachusetts… creo que es tiempo de volver, papá está allá y vamos a estar allá con él

-Síiiiiiiiiiii, aunque papá está en nosotros, queremos volver. Hemos estado lejos de todos, de nuestros tíos, de los abuelos.

-No sé qué opinen, pero quiero que tengamos las cenizas de papá en casa

-Mamita, nos duele estar sin él.

Nuevamente, aunque lloraba, debía ser fuerte por ellos –Vamos, partimos en dos horas…


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