Llenamos la camioneta con nuestras cosas.
Intenté hacer el viaje cómodo y no dar cabida a la nostalgia.
Después de seis años me encontraría nuevamente con mis padres y hermanas, ellos fueron muy respetuosos de mis necias decisiones pero sin negarme el amor que me ofrecieron desde pequeña.
Eliza había regresado de Inglaterra con sus dos pequeños hijos.
Annie esperaba al primero de sus hijos.
-Pasaremos a casa de los abuelos, les daremos una sorpresa.
-¿No les dijiste que vendríamos?
-Umm nop. Recién lo decidí por la mañana.
-Será una grata sorpresa!... ummm ¿Qué pasará si no están en casa?
-Seguiremos nuestro camino
-Mamá ¿estás enfadada con los abuelos?
-No, pero no quería a nadie en nuestra familia, nuestro dolor de perder a Albert era eso, nuestro dolor. Quise mantener a la familia junta honrando su memoria, que nadie nos dijera cómo debíamos vivir nuestro dolor o como dejar de sentirlo…
-¿Has pensado que a papá no le hubiera gustado esa decisión?
-Sí, pero sé que me apoyaría.
-Papá te amó tanto y sé que tú a él, pero esto de vivir lejos de la familia…
-Aún lo amo y ahora comprendo que no fue la mejor decisión, Will.
-Mami – dijo tímidamente Camila, con precaución la miré por el retrovisor – En todo este tiempo sin papá ¿Has pensado en el príncipe?
-¿Cuál príncipe? – Con la muerte de Albert todo en mí cambió.
Tengo 34 años y tres hermosos hijos. Muchas personas no conocieron a mi esposo y en los festivales de los niños en la escuela algunas personas hacían comentarios mordaces a Cami, ¿Por qué permite que su hijo tenga por novia a una emmm chica de color? En realidad mi hija es ella, el padre de mi abuelo era un hermoso hombre fortachón de piel oscura… en otras ocasiones me sugerían apartarla de Will, porque no sabían que educación tendría… La mejor, sus primeros años los forjó el hombre más maravilloso, su padre, mi amado esposo.
Me aislé de todos y seguía con mi rutina como cuando él vivía, no me hacía falta el dinero que me daban como viuda de un elemento muerto en su deber, pero era el fruto de su entrega, de su servicio, de la pasión por hacer las cosas correctas así que lo aceptaba, mis hijos y yo decidimos usar ese dinero para sus estudios, Albert seguiría presente en su formación y educación.
Los demás gastos yo los cubría con los ingresos que generaban mis múltiples proyectos.
Ahora, ante la pregunta de Camila, no, no había querido pensar en él, no quería nombrarlo ni con el pensamiento porque sentía que le fallaba a Albert – Vamos, mami, haz memoria…
-¿Cuál príncipe, Cami? – Preguntó Jonah
Will se viró para ver a su hermano, ya que iba conmigo de copiloto – Había una tierra encantada en la cual existía una bella, hermosa princesa de ojos esmeralda que había sido encantada por una malvada bruja de cabellos rojos y el alma negra… un dragón que escupía fuego y un noble paje de armas Ulises el gran guerrero – Sonreía ante el relato que Will contaba recordando el tiempo en el que ellos eran mis ojos y yo su fuente de imaginación.
-Había un príncipe de ojos como el mar y el cielo juntos… velozmente y sin detenerse desenfundó su espada…
-El castillo estaba lleno de enormes lenguas de fuego que consumían todo a su paso… -Lenguas de fuego consumieron nuestra felicidad… Albert, es tan difícil vivir sin ti.
Camila y Will se alternaban, sin entorpecerse entre sí e hicieron un nuevo relato – El príncipe Terrence de Grandchester, al vencer todo obstáculo, llegó hasta donde se encontraba la princesa White…
-Con un tierno beso, su padre, el Rey Albert, dio su bendición para que la princesa se casara con el príncipe
Miré a Cami por el retrovisor y su mirada se encontró con la mía – Ese no es el final, Cami…
-Siempre fue el mismo final, Terry y White vivieron felices para siempre, mamá.
-Es emocionante! El Rey se llama como papá y mamá se llama, White, como la princesa… ¿Por qué no se casaron en el cuento como en la vida real?
-Porque eso hace la diferencia entre la realidad y la fantasía…
-Mami ¿Existe el príncipe?
-Sí, si existe – Se apresuró a responder Camila
-Entonces creo que a papá le dará gusto de entregar a su reina
-Nop - Contesté
-Creemos que sí – Mencionó Will
-Jonah, eres muy pequeño para saber muchas cosas que a tus hermanos y a mí nos tocó vivir, pero te las contaré a su debido tiempo.
No niego que sí pensé en Terry al escuchar el relato de mis hijos fantasiosos…
¿Cómo estará? ¿Se habrá casado de nuevo? ¿En dónde residirá? Terry, ahora puedo decir que lo que sentía por ti no era amor, no sabía amar cuando nuestras vidas se unieron… Albert me enseñó a amar, a entregarme sin reservas, a confiar y brindar confianza… en fin… no regreso deseando encontrarme con él, su esposa me hizo el mayor daño que pudo nadie jamás me haya querido hacer.
Aunque Santiago, su amante, murió en la explosión, junto a cuarenta personas en condición de calle, ella quedó viva, sin su belleza y aunque su madre abogó suplicando que por causas de salud mental y física lo mejor fuera enviarla a un psiquiátrico; el juez determinó que sería cadena perpetua.
Yo no logro perdonarla y aunque mi abogado dijo que podíamos pedir la pena capital no hay mayor castigo que vivir en las condiciones precarias en la que está.
Su madre me rogó suplicándome misericordia, ¿Cómo pretendía que le perdonara cuando ella nunca la mostró para mí?
No tendría ningún día de paz y de tranquilidad.
Su padre les abandonó al saber que Susana estaba relacionada en actos ilícitos, su madre prefirió quedarse al lado de su hija.
-Mami ¿Podemos ver al príncipe?
-No. Es más, no nos detendremos en casa de los abuelos, ya habrá más tiempo para verlos, ahora viajaremos hasta Massachusetts a casa…
-Noooooooooooooo- Dijeron en coro –Por favor, ya nos habías emocionado – Dijo Cami
Pensaba decirles nuevamente que no pero en ese momento la camioneta tuvo una falla que hizo orillarnos y perder tiempo. –Llama al abuelo, que venga por nosotros ya falta poco para Nueva York, vamos, estamos perdiendo tiempo….
-El soporte mecánico no tardará en llegar
-Promete que pasaremos la noche en casa de los abuelos
-Desconozco los planes de mis padres, Will, como para asegurarles eso
-Llámales
-No, hace mucho que no hablo con ellos y no les llamaré para decirle estoy varada en carretera, ¿podrías venir por mí? Papá ¿podemos pasar la noche en tu casa? … no, no tenía planes de visitarles pero la camioneta ha tenido una falla y no sé qué hacer…. Claro que no, seremos visitas y a la hora que decida salir rumbo a casa nos iremos… - Fingí tener una conversación telefónica con papá.
-Mamá, no te predispongas… les dará gusto vernos... al menos unos días para que valga la pena
-Mañana tenemos que ver lo del cambio de sus colegios… podría ser que no encuentre lugar para que ustedes estudien… no sé, hay cosas que hacer…
-Puedes ser la próxima semana y así nos quedamos lo que queda de esta con los abuelos
-No, no me convence esa idea
-yo tengo una mejor
-¿Cuál, Jonah?
-Nosotros nos quedamos con los abuelos y tú viajas a Massachussets y haces lo que tienes que hacer
Cami, Will y yo nos quedamos callados. La insistencia de mis hijos mayores siempre fue pensando en todos como una unidad y no en fraccionarnos. La idea de estar juntos en todo fue lo que me hizo soportar la soledad sin Albert. –No digas eso, Jonah – Will me miró y comprendió mi sentir sin que yo mencionara cosa alguna –Siempre estaremos juntos
-cariño, yo sé que un día ustedes se casarán y tendrán su familia y yo seré una abuela amorosa y cariñosa, pero mientras ese día llega yo quiero disfrutarlos en todo tiempo y que podamos contar unos con otros. Tal vez Jonah tenga razón, yo soy responsable de ustedes y no puedo tenerlos atados a mí… no es la vida que deseé para ustedes al faltar su padre.
La charla se interrumpió porque llegó el apoyo vial - ¿Qué fue lo que pasó?
-Hizo un ruido extraño y únicamente me dio la oportunidad de orillarme
-¿Tiene combustible?
-Sí. El miércoles pasado le hicieron el servicio completo…
Abrieron el capote, revisaron cables… la subieron a la plataforma y nos brindaron un transporte al cual pasaron nuestras valijas.
Había planeado llegar en el transcurso de la mañana, pero el inconveniente y llenar el papeleo del seguro, nos llevó toda la mañana y casi toda la tarde – Mami, muero de hambre
-Vamos a comer algo y de ahí a casa de los abuelos
-Mejor a casa de los abuelos.
-Jonah tiene hambre
-Me la aguanto, mami, y espero hasta llegar con los abuelos
-¿Seguro?
Will me miró y sonrió, dio unos pasos hasta mí y me abrazó -¿Recuerdas cuando comíamos una vez al día?
-Sí, jamás lo olvidaré
-Gracias por ser mi mamá
-¿Alguna vez fueron pobres?
-Sí, muy pobres… pero vamos, hay que darles la sorpresa a los abuelos.
La aseguradora nos brindó un auto en lo que nos entregaban la camioneta y llegamos a casa de mis padres.
¡Vaya sorpresa que nos llevamos!
Mis niños estaban emocionados por llegar pero yo tenía mis reservas. Tan sólo pensar en estar aquí muchas cosas se removían en mi interior.
Sentía una gran nostalgia y no sabía cómo debía actuar.
Desconocía la manera de comportarme, era la primera vez que vería a mis padres en tanto tiempo y aunque ellos sostenían relación con los niños e iban a verlos yo no participaba en sus encuentros. Yo sabía que ellos no eran culpables de nada de lo acontecido, en todo caso fue mi culpa por enamorarme y entregarme al ser más hermosos sobre esta tierra, pero existía algo en mí que me hizo aislarme, alejarme de todo y todos.
No sé si debía abrazarles y estar sonriente, o llegar con la actitud fría e indiferente tras la que me escondí todos estos años.
Llamamos a la puerta, mis hijos no podían estarse quietos debido a la emoción –George!
-Señorita Cami! Muchachos, Candy!
-Shhhhhtttt, queremos darle la sorpresa a mis abuelos ¿Están en casa?
-Están en la terraza
-Bien – Camila se echó a correr en dirección de la terraza trasera. Yo sabía que a mi padre le gustaba recibir a sus invitados allí aunque mi madre prefería el gran salón
-Camila, seguro tu abuelo tiene visitas.
-Son los Grandchester, seguramente les dará gusto verles… permítame, les ayudaré con sus cosas.
Como si les hubiera contado hasta tres, mis hijos corrieron hasta llegar a la presencia de sus abuelos. Ellos eran así… Albert y yo los dejábamos ser así, expresivos, felices.
Apresuré mis pasos para darles alcance.
Papá había abandonado su lugar y abrazaba fuertemente a Will, mamá, aun sentada llenaba de besos a Jonah. Richard, Eleonor, Eliza y Antonie también estaban presentes. Yo me quedé observando la escena llena de dicha y de felicidad desde el interior de la sala…
Había muchas risas, preguntas…
Mamá mandó poner más lugares a la mesa.
-Bienvenida – Me susurró al oído, él también estaba presente. Pasé de la sorpresa a la alegría y de ésta al enojo. No quería verlo, bueno sí pero no estaba lista para hacerlo
-¿Qué haces aquí?
-También me da gusto verte –Ironizó, sonrió de lado, levantó la ceja y caminó en dirección de los demás con las manos dentro de los bolsillos.
Me di la media vuelta y subí a la que fue mi habitación. La que mi padre me había permitido remodelar para tener en donde llegar cuando les visitábamos con Albert y los niños.
¿Qué esperaba? ¿Encontrar todo igual?
¿En dónde estaban nuestras cosas? ¿Quién se atrevió a mover, a quitar, a sacar nuestras pertenencias? ¿Quién les dio el derecho?
Me enfurecí.
Bajé las escaleras corriendo en dirección de mis padres.
Pensé en decirles muchas cosas, en reclamarles…
Los brazos extendidos y la sonrisa de papá me desarmaron y lloré… toda la nostalgia golpeaba mi ser – No puedo quedarme, papá, tengo que ir a Massachusetts –Inventé una excusa que ni yo me creí
Mis hijos suplicaban con la mirada que no insistiera en irnos, recién habíamos llegado…
Pasamos al despacho de papá, Eliza se quedó atendiendo a los invitados, que más que extraños eran parte de nuestra familia, su presencia era constante y común en casa.
Las paredes no podían soportar mi desesperación por sacar tanto dolor acumulado.
No comí y lamenté arruinarles su momento.
Mamá me ofreció otra habitación para aminorar mi dolor, los niños se quedaron juntos y Cami en la habitación que fuera de Annie.
Papá regresó a atender a sus visitas quienes comprendieron perfectamente lo que estaba pasando Mark tiene esos mismos pensamientos Aun no asimila la falta de Karen
Aun no despuntaba el alba cuando alguien irrumpió en mi habitación.
Encendió la luz y me arrancó las cobijas –Cámbiate la ropa
-Eres un idiota ¿Qué rayos haces en mi habitación?
-Vine por ti
-Lárgate o gritaré
-Apúrate, que no tengo tu tiempo
-Estoy casi desnuda, vete
-¡Por Dios, Candice! Te conozco bien… date prisa.
Por instinto, porque en realidad así lo quería… no sé, pero le obedecí.
Me enfundé en unos jeans y en una cazadora. –Le avisaré a mis padres –Le dije, enfadada, mientras bajábamos por las escalinatas.
-No es necesario, charlé con ellos acerca de esto.
No sé por qué diablos lo acompañaba, tal vez aún estaba soñolienta y aturdida.
-Entra – Dijo mientras abría la puerta de su auto.
-¿A dónde vamos?
-Ya lo verás
-Mis hijos se preocuparán
-Estarán bien
No nos dijimos nada más durante el camino.
Dormité un momento –Hemos llegado, baja
-¿En dónde estamos? –Miré a mi alrededor -¿Estás loco? – Le grité y mi encendí en furia contra él -¿Qué te pasa? ¿Qué pretendes?
-Ven, acompáñame – Dijo tomándome del brazo y obligándome a caminar a su lado
Nos detuvimos hasta llegar al sepulcro de Albert. Endurecí mi corazón, si Terrence quería lastimarme una vez más no se lo permitiría. –Eres un completo malnacido
-Candice, no hay malnacido por partes…. Dile lo que sientes.
No pude resistir caer de rodillas y cubrir con mis manos la mayor parte de mi rostro –Albert – Dije suspirando
-Así no, vamos grítale ¿Por qué te dejó? ¿Por qué no te llevó con él?
-Cállate, tú qué sabes de mi dolor, no eres más que un maldito arrogante
-Vamos, Candice, dile ¿y qué es lo que no sé del dolor de perder a alguien?
-Es por culpa de tu mujercita que yo estoy así, que mi esposo está ahí – Dije poniéndome sobre mis pies y señalando el lugar en donde yacía el cuerpo de mi esposo
-Comprendo tu dolor porque yo también deseaba la muerte cuando me dijeron que estabas muerta, también lloré de rabia y te maldije por dejarme solo, por irte así, por dejar un gran vacío aquí – dijo golpeando fuertemente su pecho –Vamos dile que lo odias, que lo amas… que estás confundida y que lo extrañas….
-Cállate – Extendí mi mano sobre su rostro dejando una gran marca rojiza en él – Te he dicho que no digas más. Tú no sabes lo que estoy sintiendo, las veces que tuve que ser fuerte y salir adelante por mis hijos, ser fuerte sin él, creyendo que aún estaba conmigo… no sabes las veces que …
-Que deseaste que la puerta se abriera y ver a la persona que amas ingresar en por ella. Abrir los ojos y desear con todas tus fuerzas que esté ahí … ¿Qué no lo sé? No me puedes decir que no lo sé… te lloré, te odié, te amé, te extrañé… cada maldito día de esos dos años… sé lo que significa que la persona que amas no volverá nunca más… pero la vida sigue…
-Tú no sabes lo que siento ¿Crees que una maldita medalla al valor me devolverá a mi esposo? ¿Una placa conmemorativa llenará los vacíos de mis hijos y los míos? ¿Quién, sino nosotros, se acuerda del homenaje en honor a los caídos de esa noche trágica? Te puedo asegurar que nada de eso me devolverá a mi esposo
-Quise decirte muchas cosas, te escribí durante muchas noches acerca del gran amor que te tenía. Si la vida me diese una segunda oportunidad contigo… ¿Para qué sirvió rogarle a la vida una segunda oportunidad? Te vi, hermosa, pero con él… preferí estar muerto… estaba muerto en vida… ¿Y me dices que no sé qué es lo que significa?.. Un día rogué tanto que no comprendí la magnitud de mis palabras, le dije al cielo que no importaba si jamás volvías a ser mía con tal de verte de nuevo… me lo concedió, lo que pedí me lo dio, nunca me arrepentí, si tú eras feliz yo sería feliz por ti…
Lo abracé y lloré. Él me ofrecía su consuelo, sus brazos –Terry, lo echo mucho de menos
-Lo sé, en verdad lo sé, Candy- Suavizó sus palabras
-No te quiero lastimar… pero Albert me hace mucha falta
-Te comprendo
Hablé con Albert y después con Karen.
Lloré todo el día. Él estuvo a mi lado.
Saqué todo mi coraje, mi rencor, mi odio, mis sentimientos… -Llévame a casa, mi familia debe estar preocupada
-Lo haré, pero más tarde, aún hay un lugar a donde debemos ir
-Está bien.
Llamó a alguien y entramos a la prisión. No me sentía lista para ver a Susana, en todo el proceso que se llevó en su contra no quise asistir – No estoy lista para esto
-Candy, no quiero que te enfrentes a ella, pero sería bueno que la vieras para cerrar este ciclo de dolor… pero está bien si no quieres – Echó a andar el motor de nuevo.
-No, sí quiero. He imaginado muchas noches este momento, no quiero postergarlo más tiempo.
-Bien.
Al principio no comprendí porqué Terry me trajo a ver a Susana. Tal vez, como él mismo mencionó, para cerrar ciclos, pero eso era algo que a mí me correspondía hacer, no a él.
Por otro lado no sabía cómo solicitar una audiencia con ella. Quería gritarle que el daño que nos hizo no podía ni pagarlo con su vida… en fin… muchas cosas.
Cuando iniciamos nuestro proceso de duelo las indicaciones de nuestro psicólogo familiar fueron precisamente estas, pero no hay mejor momento para hacer las cosas que cuando las oportunidades se presentan sin buscarlas… bueno, eso creo yo…
-Por aquí señora Andrew
-Gracias.
-¿Quieres estar a solas con ella?
-Sí, es lo mejor
-Te esperaré afuera.
-Terry, gracias por esto… por este día
Me sonrió
Entrelacé mis dedos sobre la mesa… y mientras tenía la cabeza inclinada miré la puerta abrirse, un par zapatillas deportivas con los listones sucios ingresó a paso lento debido a los grilletes en los tobillos, una larga cadena unida a las hierros en las manos… -¡Jesús! – Susurré
-Hola Candice – Sonrió
-Susana – su aspecto me impresionó tanto que todas mis palabras se escondieron entre mis dientes y mi paladar.
Su aspecto era horrible, la piel quemada del rostro le había cerrado, casi por completo, el ojo derecho, no tenía su hermosa y larga melena sino algunos mechones de cabellos disgregados por el cráneo, su piel parecía de una ancianita por las quemaduras -¿Has venido a reírte de mí? Pues hazlo, me tiene sin cuidado
-No, en realidad no. Tenía el deseo de decirte que todas tus acciones me atormentaron durante este tiempo, pero en realidad gracias… porque al separarme de Terry me hiciste conocer el amor en Albert y me brindaste la oportunidad de conservar a mis dos angelitos… y ahora tengo la oportunidad de estar cerca de Terrence porque lo tuyo con él quedó disuelto en cuanto huiste con Santiago…
-A la única que deseaba muerta era a ti, no sé por qué a Santiago le tembló la mano para hacerlo… Terry jamás me amó como a ti… tu padre, que en realidad no es tu padre te amaba más que el mío a mí y mi madre… ni hablar de ella.
-No sé por qué me odiabas tanto, acaso ¿No pensabas que yo era una infeliz huérfana? ¿Entonces?
-Tenías todo lo que yo siempre deseé
-Susana, yo creí que amabas a Terrence pero no es así, te faltó amor para ti misma y para que puedas amar a otras personas y ¿sabes qué es lo peor? Que nunca podrás olvidar esto, en mis manos estuvo acabar con tu sufrimiento, enviarte a la pena capital porque lo que hiciste juntamente con Santiago es parte de una red de trata de personas… pero no, como agraviada lo único que deseo es que cada día recuerdes esa noche, al mirarte sepas que llevas las marcas de tu odio, celo, coraje y envidia hacia mí. Que jamás olvides que llevas en tu piel la huella del sufrimiento de personas inocentes…
-Vete Candy, si has venido a verme, pues bien, ya lo hiciste… y no, no me arrepiento de lo que hice… nunca me arrepentiré…
-Yo sé que sí, porque estás en donde menos quieres estar, sola, sin tu belleza, sin tus millones, sin nada. En cambio yo, yo tengo el resultado positivo de tu maldad. Mis preciosos hijos y un amor inolvidable y unos padres que amo con todo mi ser…
Se levantó y gritó al guardia que viniera por ella – Adiós, Candice…
Todas los posibles argumentos que planeé durante todo este tiempo no tuvieron lugar en nuestro encuentro. No me arrepiento porque lo que le dije fue la verdad, me quedo con lo positivo de su maldad… tuve la fortuna de conocer a Terrence, amarlo y ser feliz a su lado, es lógico que no deseaba apartarme de su vida ni que él se apartara de la mía pero si puedo quedarme con lo mejor de esta amarga experiencia lo haré.
Me quedo con el amor de mis hijos y de Albert en lugar de recordar las noches de miedo y angustia por no recaudar el suficiente dinero para entregarle a mis captores…
Me quedo con el consejo de Albert de hacer siempre las cosas de la manera correcta aunque esto signifique experimentar la paciencia y la confianza en alguien más.
Me quedo con la oportunidad de poder sonreír aunque las cosas no se pinten bien y sea difícil hacerlo…
En fin… me quedo con la oportunidad de perdonar, de disfrutar, de recordar, de ser mejor persona
-Gracias, Terry
-Vamos a comer algo, seguro debes tener hambre
-Sí, que sería capaz de comerme un elefante enterito
-No te creo
-En verdad
-¿Dónde te gustaría que vayamos?
-A cualquier lugar donde vendan hamburguesas
-Tus favoritas
-Sip, mis favoritas.
Pedí mi hamburguesa con papas.
Estaba dispuesta a darle la vuelta a la página. Albert nunca dejará de ser parte de mi vida, con él tuve tres hermosos hijos y una vida y hogar feliz. Con él aprendí a ser feliz.
Volví a sonreír al comprender lo que Albert hizo por mí. No estaba enojada contra él sino contralas circunstancias, contra Susana y Santiago…
Reconocí que había descargado en las personas incorrectas todo mi dolor y eso, agradecí al cielo, la oportunidad que me da para corregirlo.
Enfrentarme a Susana y hablar con Albert fue lo mejor.
Ella pagará hasta el día de su muerte lo que hizo, en caso de no arrepentirse vivirá con profunda amargura y dolor.
Albert me hizo recordar que es mejor sonreír que llorar…
Él siempre estará en mi corazón y en mis pensamientos…
