Los derechos de autor de Harry Potter le pertenece a J.K. Rowling
-Ahora, sin más demoras, el primer capitulo: El Otro Ministro.
Fudge entrecerró los ojos, pero lo dejo pasar.
Era cerca de medianoche y el Primer Ministro estaba sentado solo en su oficina, leyendo un memorando largo que resbalaba por su cerebro sin dejar el más mínimo rastro de significado.
-¿Por qué crees que empiece hablando del primer ministro muggle?-le pregunto Hermione a Ron, pero este se encogió de hombros. La mayoría de las personas presentes tenían la misma pregunta.
-Estaba esperando una llamada del Presidente de un país lejano, y mientras se preguntaba cuándo llamaría el desgraciado, trataba de suprimir recuerdos desagradables de lo que había sido una semana muy difícil, larga y agotadora, no había espacio en su cabeza para nada más. Cuanto más trataba de concentrarse en la página que tenía ante él, mas claramente veía la cara burlona de uno de sus oponentes políticos. Este oponente en particular había aparecido en las noticias ese mismo día, no sólo para enumerar todas las cosas terribles que habían ocurrido la semana pasada (como si alguien necesitase que se lo recordaran) sino también para explicar el por qué cada una de ellas era culpa del Gobierno.
El pulso del Primer Ministro se aceleró con sólo pensar en estas acusaciones, pues no eran ni verdaderas ni justas. ¿Cómo diablos se suponía que su gobierno iba a parar el colapso de ese puente? Era ofensivo que alguien sugiriera que no estaban gastando lo suficiente en puentes. El puente tenia menos de diez años, y los mejores expertos estuvieron desconcertados al tratar de explicar porqué se partió claramente en dos, enviando una docena de autos a las aguas profundas del río que estaba debajo. ¿Y cómo se atreve alguien a sugerir que fue falta de policías lo que condujo a esos dos asesinatos horripilantes y tan bien publicitados? ¿O que el gobierno debió haber previsto de alguna forma el huracán tan absurdo que golpeó al oeste del país, y causó tanto daño a la gente y a sus propiedades? ¿Y era su culpa que uno de sus Ministros subordinados, Herbert Chorley, haya elegido esta semana para actuar tan peculiarmente que ahora iba pasar mucho más tiempo con su familia?
- Un humor sombrío se ha apoderado de la ciudad- concluyó el oponente, apenas escondiendo su amplia sonrisa.
Y desafortunadamente, era perfectamente cierto. El Primer Ministro lo sentía en sí mismo, la gente realmente se veía mas desgraciada que lo habitual. Hasta el tiempo estaba deprimente, toda esa niebla helada a mediados de Julio... No estaba bien, no era normal.
-Dementotes-murmuraron todos los que conocían los efectos de esos seres.
Volvió la segunda página del memorando, miró cuan largo era, y lo abandonó como si fuera un trabajo tedioso. Estirando sus brazos por sobre su cabeza echó un vistazo a su oficina desoladamente. Era una linda habitación, con una fina chimenea de mármol en frente de las largas ventanas, firmemente cerradas ante la niebla fuera de estación. Con un pequeño escalofrío, el Primer Ministro se levantó y fue hasta la ventana, mirando el vapor fino que se apretaba contra el vidrio. Fue entonces, cuando estaba de espaldas a la habitación, que oyó una tos suave detrás de él.
Fudge sonrió al saber que pronto haría su aparición.
Se congeló, nariz a nariz con su propio reflejo asustado en el vidrio oscuro. Conocía esa tos. La había escuchado antes. Se volvió lentamente para enfrentar la habitación vacía.
¿Hola?- dijo, tratando de sonar más valiente de lo que se sentía.
Algunos adivinaron lo que pronto pasaría. Y otros rieron al ver lo poco valiente que era ese muggle.
Por un momento breve, se permitió la esperanza imposible de que nadie le contestara. Sin embargo, una voz respondió de inmediato, una voz dura, decisiva, que sonaba como si estuviera leyendo un anuncio preparado. Provenía – como el Primer Ministro supo desde la primera tos – del hombrecito de aspecto de rana que usaba una peluca larga plateada, quien estaba pintado en un óleo pequeño y sucio en un rincón alejado de la habitación.
Al Primer Ministro de los Muggles. Nos reunimos urgentemente. Sea tan amable de responder de inmediato. Sinceramente, Fudge.
Ahora todos entendieron que era lo que pasaba.
El hombre en la pintura miraba inquisitivamente al Primer Ministro.
- Ehh... - dijo el Primer Ministro - Escuche... No es un buen momento para mí... Estoy esperando una llamada telefónica, como verá... del Presidente de...
-Esa no es una excusa valida-dijo Fudge sonriendo, aunque por dentro estaba preocupado: el no visitaba al Primer Ministro muggle a menos de que fuera algo grave.
- Eso puede arreglarse –dijo el retrato de inmediato. El corazón del Primer Ministro se hundió. Había temido eso.
- Pero realmente esperaba hablar...
Nos encargaremos que el Presidente se olvide de llamar. Sin embargo, lo llamará mañana a la noche- dijo el hombrecito- Sea tan amable de responder inmediatamente al Sr. Fudge.
-¿Qué será eso tan urgente que necesita decirle Fudge?-le pregunto Ron a Harry y Hermione.
-También me estaba preguntando eso-respondieron a la misma vez.
-Yo... eh... muy bien- dijo el Primer Ministro débilmente -Si, veré a Fudge.
Volvió deprisa a su escritorio, enderezándose su corbata. Cuando apenas había llegado a su asiento, y adoptado una expresión que esperaba que fuera relajada y despreocupada, llamas verdes cobraron vida en la chimenea vacía bajo su estante de mármol. Observó, tratando de no delatar un destello de sorpresa o alarma, al tiempo que aparecía un hombre corpulento girando tan rápido de las llamas como un trompo. Segundos después, salía a una fina alfombra antigua, sacudiéndose las cenizas de los puños de su capa larga rayada con su sombrero en forma de hongo color verde lima en su mano.
-Ah... Primer Ministro, -dijo Cornelius Fudge, avanzando hacia él con su mano extendida. -Es un placer verlo de nuevo.
El Primer Ministro no podía devolverle el cumplido honestamente, así que no dijo nada. No estaba ni remotamente contento de ver a Fudge, cuyas apariciones ocasionales, aparte de ser totalmente alarmantes en si mismas, generalmente significaban que estaba a punto de oír noticias muy malas. Además, Fudge se veía claramente preocupado.
-Creo que ya se sabe la verdad-dijo Harry por lo bajo-. Por eso esta tan preocupado.
El Fudge del presente se veía como lo describía el libro, ya que solo se le ocurría un motivo por el cual visitara al Primer Ministro muggle: Quien-tu-sabes había vuelto.
Estaba más flaco, más calvo y grisáceo, y su cara tenía un aspecto demacrado.
El Fudge actual gruño por la descripción.
El Primer Ministro había visto esa clase de aspecto en políticos anteriormente, y nunca auguraba nada bueno.
- ¿En que puedo ayudarlo? –dijo, estrechando muy brevemente la mano de Fudge y yendo hacia la mas dura de las sillas delante del escritorio.
- Es difícil saber por donde empezar, -dijo Fudge en voz baja, corriendo la silla, sentándose, y poniendo su sombrero de hongo verde en sus rodillas -. Qué semana... qué semana...
- También tuvo una muy mala, ¿verdad? –preguntó el Primer Ministro con dificultad, esperando sugerir con eso que tuvo suficiente sin ninguna ayuda extra de Fudge.
Si, por supuesto -dijo Fudge, frotándose sus ojos cansinamente y mirando irritado al Primer Ministro. –Tuve la misma semana que usted tuvo, Primer Ministro. El puente Brockdale... Los asesinatos de Bones y Vance... sin mencionar la conmoción en el oeste del país.
Susan Bones soltó un grito ahogado, mientras que los demás la miraban con compasión.
Usted... ehh... su... Lo que quiero decir, su gente estuvo…. Estuvo involucrada en esas….en esas cosas…. ¿No es cierto?
-Desafortunadamente, casi siempre estamos involucrados-dijo Dumbledore.
Fudge miro muy severamente al Primer Ministro.
- Claro que estuvo involucrada- dijo- Seguramente se habrá dado cuenta de lo que esta pasando.
Yo... -balbuceó el Primer Ministro.
Era precisamente esta clase de comportamiento la que hacia que le desagradaran tanto las visitas de Fudge. Después de todo, él era el Primer Ministro y no le gustaba que lo hicieran sentir como un escolar ignorante. Pero, por supuesto, había sido así desde su primera reunión con Fudge en su primer día de Primer Ministro. La recordaba como si fuese ayer y sabía que el recuerdo lo perseguiría hasta el día en que muriera.
-Pero que exagerado-murmuraron los sangre limpia, pero los hijos de muggles pensaban igual: nunca olvidarían su primer contacto con el mundo mágico.
Estaba parado solo en su oficina, saboreando el triunfo que había logrado tras muchos años de soñar y planear
-No se por que me recuerda a Percy-le murmuro Ron a sus amigos, los cuales se empezaron a reír.
Cuando oyó una tos detrás de él, como esta noche, y se volvió para encontrarse con ese retrato horrible que le hablaba, anunciándole que el Ministro de la Magia iba a llegar para presentarse.
Naturalmente, supuso que la campaña larga y la tensión nerviosa de las elecciones lo habían vuelto loco. Estaba completamente aterrorizado al ver que un retrato le hablaba, pero eso no fue nada con respecto a cómo se sintió cuando un hombre que se auto proclamó mago saltó de la chimenea y estrechó su mano. Había quedado sin habla durante la explicación amable de Fudge acerca de que había brujas y magos que aun vivían en secreto por todo el mundo y sus garantías de que no debía hacerse problema por ellos mientras el Ministro de la Magia asumiera toda la responsabilidad por la Comunidad Mágica y previniera a la población no-mágica de averiguar sobre ellos. Era, dijo Fudge, un trabajo difícil que comprendía todo desde regulaciones para el uso responsable de las escobas, hasta mantener la población de dragones bajo control (en este punto el Primer Ministro recuerda haberse agarrado del escritorio para no caerse). Fudge le había dado unas palmaditas en el hombro en forma paternal al anonadado Primer Ministro.
No hay que preocuparse –había dicho- Es probable que nunca me vea de nuevo.
-Si, claro-murmuraron algunos estudiantes, ganándose una horrible mirada de Umbrige, que se había no había hablado durante todo el capitulo.
Sólo lo molestaré si pasa algo realmente serio, algo que pueda afectar a los Muggles... la población no- mágica, debo decir. De todas formas, es vivir y dejar vivir. Y debo decir que se lo está tomando mucho mejor que su antecesor. Trató de tirarme por la ventana, pensando que era una broma planeada por la oposición.
Fueron pocos los que rieron por la broma.
Ante esto, el Primer Ministro por fin encontró su voz.
¿No es... no es una broma, entonces?
Había sido su última esperanza desesperada.
- No -dijo Fudge gentilmente. -No, me temo que no. Mire.
Y transformó la taza de té del Primer Ministro en un jerbo.
- Pero, -dijo el Primer Ministro sin aliento, mirando su taza de té masticando la esquina de su próximo discurso- ¿por qué, por qué nadie me dijo?
- El ministro de la magia solo se revela al actual Primer Ministro Muggle -dijo Fudge, jugueteando con su varita en su chaqueta- Encontraremos la mejor manera de mantenerlo en secreto.
Pero entonces –se quejó el Primer Ministro, -¿Por qué ningún Primer Ministro anterior me ha advertido...?
Ante esto, Fudge había soltado una carcajada.
Mi querido Primer Ministro, ¿alguna vez le va a decir a alguien?
-Definitivamente no-dijeron los hijos de Muggles, recordando que cuando recibieron su carta, creían que estaban completamente locos.
Todavía riéndose, Fudge había tirado un poco de polvo en el hogar, había entrado en las llamas color esmeralda y había desaparecido con un siseo. El Primer Ministro se había quedado parado ahí, sin poder moverse y se había dado cuenta que nunca, en toda su vida, se hubiera atrevido a contarle ese encuentro a ningún alma viviente, ¿Quién diablos iba a creerle?
El shock tardo un momento en disiparse. Por un tiempo, trató de convencerse que Fudge había sido una alucinación producida por la falta de sueño durante la ardua campaña electoral. En vano trató de borrar todos los recuerdos de ese encuentro tan incómodo, le dio el jerbo a su encantadora sobrina y le dio instrucciones a su secretaria privada de que quitara el retrato del desagradable hombrecito que había anunciado la llegada de Fudge. Sin embargo, para desencanto del Primer Ministro, el retrato fue imposible de sacar. Cuando varios carpinteros, uno o dos constructores, un historiador de arte, y el Canciller del Fisco trataron sin éxito de sacarlo de la pared, el Primer Ministro abandonó todo intento y resolvió simplemente esperar que la cosa permaneciera sin moverse y silenciosa en la oficina por el resto de su gestión.
Ocasionalmente podría haber jurado que de reojo veía que el ocupante del retrato bostezaba, o se rascaba la nariz; o sino una o dos veces simplemente se iba del marco y dejando el retrato vacío, solo con un lienzo marrón y enmohecido de fondo. Sin embargo, se había acostumbrado a no mirar mucho el retrato, y siempre se decía firmemente que sus ojos le jugaban trucos cuando algo de esto pasaba.
Después, tres años atrás, en una noche como la de hoy, el Primer Ministro estaba solo en su oficina cuando el retrato de nuevo anunciaba la llegada inminente de Fudge, quien salió de repente fuera del hogar, todo mojado y en un estado considerable de pánico.
¿Qué sucedió ahora? Fue el pensamiento de la mayoría de las personas presentes.
Antes de que el Primer Ministro pudiera preguntarle por qué estaba chorreando el Axmister, Fudge empezó a hablar muy enojado de una prisión de la que el Primer Ministro nunca oyó hablar, de un hombre llamado "Serious" Black
-¿"Serious"? ¿En serio?-pregunto Sirius haciendo un puchero.
Hasta ahora nadie le había prestado atención, por lo que cuando todos se dieron cuenta de quien era, se formo el desorden.
-¡Es Sirius Black! ¡Atrápenlo!-gritaban enloquecidos Fudge y Umbrige.
-¡Esperen!-Grito Dumbledore callando a todos en el acto-Este hombre que esta aquí es Sirius Black, pero el es completamente inocente de los cargos que le imponen.
Ante esto todos quedaron impresionados (exceptuando a los que ya sabían la verdad).
-¿Y que pruebas o testimonios nos puede dar de que semejante mentira es cierta?-pregunto Umbrige con una sonrisa infantil.
-La de nosotros-dijeron los Weasley, Harry, Hermione, Lupin, Tonks, Kinsgley Minerva y, para sorpresa de todos, Snape.
-¿Tu?-pregunto Sirius con sorpresa.
-Que te odie no quiere decir que me agrade la injusticia-dijo Snape.
-Su testimonio no cuenta para nada-dijo Fudge con furia-. Es públicamente sabido que todos ustedes están en contra del ministerio.
-¿Por qué no dejamos discusión y proseguimos con el libro?-dijo Dumbledore zanjando de una vez la discusión.
De algo que sonaba como a "Hogwarts" y de un niño llamado Harry Potter
-¿Vez? Hasta en el mundo de los muggles te conocen-se burlo Ron de su amigo, el cual solamente rodó los ojos.
Nada de lo cual tenía el más mínimo sentido para el Primer Ministro.
-Recién vengo de Azkaban- resopló Fudge tirando una gran cantidad de agua de extremo de su sombrero de hongo en su bolsillo- En el medio del Mar del Norte, usted sabe, un vuelo terrible... los Dementores están muy alborotados –tembló- Nunca tuvieron una fuga de un recluso. De todas formas, he venido a usted, Primer Ministro. Black es un reconocido asesino de Muggles y tal vez esté planeando reunirse con Usted Sabe Quien... ¡Pero por supuesto, usted ni siquiera sabe quien es Usted Sabe Quien! – Miró desesperadamente por un momento al Primer Ministro, luego dijo- Bueno, siéntese, siéntese, mejor lo pongo al día... Tómese un whisky…
El Primer Ministro hubiera preferido que no le digan que se siente en su propia oficina, que no le ofrecieran su propio whisky, pero de todas formas se sentó. Fudge sacó su varita, hizo aparecer dos vasos llenos de líquido color ámbar, puso uno en la mano del Primer Ministro y acercó una silla. Fudge habló por más de una hora. En cierto punto, rehusó mencionar cierto nombre en voz alta y en vez de eso lo escribió en un pedazo de pergamino, que puso en la mano que tenia libre el Primer Ministro. Finalmente cuando Fudge se paró para irse, el Primer Ministro se paró también.
-Entonces usted piensa que…-escrutó el nombre que tenia en su mano izquierda-. Lord Vol…
-¡El Innombrable! – tembló Fudge. - Lo siento… ¿Entonces usted cree que el Innombrable aún esta vivo?
-Bueno, Dumbledore dice que lo está –
-Y yo le creo-dijo la mitad de la sala, mirando mal al Primer Ministro.
–Dijo Fudge, al tiempo que abotonaba la capa rayada bajo su barbilla- Pero nunca lo encontramos. Para mi no es peligroso a menos que tenga apoyo,
-Siempre habrán magos tenebrosos que deseen ayudarle-dijo Dumbledore mirando fijamente a Fudge-. Y si no los hubiera, el encontraría el modo de convencerlos.
Así que es por Black que deberíamos preocuparnos. ¿Pondrá ese aviso, verdad? Excelente. Bueno, ¡Espero que no nos veamos de nuevo, Primer Ministro! Buenas noches.
Pero si se vieron de nuevo. Menos de un año después un Fudge muy preocupado apareció de a nada de un armario para informarle al Primer Ministro que habían ocurrido terribles incidentes en el Campeonato Mundial de Cuiditch (o algo por el estilo)
-¡¿No sabe que es el Quiddicht?!-gritaron los fanáticos (entre ellos Harry).
Los demás solo rodaron los ojos.
Y que había varios Muggles involucrados, pero que el Primer Ministro no se tenía que preocupar, el hecho de que la Marca Tenebrosa del
Innombrable haya sido vista de nuevo no significaba nada, Fudge estaba seguro de que era un incidente aislado
-Y luego dice que no hay señales de que Voldemort halla vuelto-dijo Tonks en voz alta, haciendo que varios soltaran gritos ahogados y se estremecieran.
Fudge, mientras tanto, estaba sonrojado de la ira. ¿Cómo reaccionarían todos si en verdad Quien-Tu-Sabes estaba vivo? ¿Pedirían su destitución?
, y mientras ellos hablaban, la Oficina de Enlace Muggle se estaba encargando de sus memorias.
-¡Ah! Y casi me olvido –agregó Fudge- Estamos por traer tres dragones extranjeros y una esfinge para el Torneo de los Tres Magos, solo una rutina, pero el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas me dice que está escrito en el reglamento que debemos notificar si traemos criaturas altamente peligrosas al país.
- Yo... ¿Qué?... ¿Dragones? –dijo excitadamente el Primer Ministro.
-Si, tres –dijo Fudge- Y una esfinge. Bueno, que tenga un buen día.
El Primer Ministro había deseado con toda esperanza que los dragones y esfinges sean lo peor de todo, pero no. Menos de dos años después Fudge apareció de nuevo del fuego, esta vez con la noticia de que había habido una fuga en masa de Azkaban.
-¿Una fuga en masa?-repitió roncamente el Primer Ministro.
Tonks volvió a mirarlo, pero no dijo nada. Pero los otros estaban sorprendidos. Una fuga era preocupante, pero una fuga en masa… No sabían que pensar.
-Sucederá este año-dijo Hermione.
Esto hizo que todos empezaran a murmurar. Ya muchos empezaban a sospechar que en realidad Quien-Tu-Sabes había vuelto. Eran demasiadas pruebas. Estas personas miraban a Harry con arrepentimiento ¿Cómo no pudieron creerle? Harry estaba dividido en dos: preocupado por que el futuro n parecía nada bueno, pero feliz por que al fin todos sabrían la verdad.
-¡No hay que preocuparse! ¡No hay que preocuparse! –Gritó Fudge, con un pie en las llamas- ¡Los atraparemos pronto, solo pensé que debía saber!
-¿Cuándo se dará cuenta de que si hay que preocuparse?-rugió Molly enfadada.
Fudge solo se hundió lo más que pudo en la silla. Nadie se salvaba del temperamento de la Señora Weasley. Umbrige estaba ofendida ¿Cómo podía hablarle así al Primer Ministro? Al mismo tiempo estaba un poco decepcionada de el, ya que no se defendía.
Y antes de que el Primer Ministro pudiera gritar ¡No, espere un momento! Fudge había desaparecido en una lluvia de llamas verdes.
Sea lo que sea que la prensa y la oposición pudieran decir, el Primer Ministro no era un hombre tonto. No se le había escapado que, a pesar de las garantías de Fudge en su primera reunión, estaban viendo mucho uno del otro ahora, y notaba que Fudge se volvía más nervioso con cada visita. Aunque le gustaba un poco pensar en el Ministro de la Magia (o, como siempre lo llamaba en su cabeza, el Otro Ministro), el Primer Ministro temía que la próxima vez que Fudge apareciera sería con noticias más graves. La visión de Fudge saliendo nuevamente de la chimenea, luciendo desgreñado, preocupado y severamente sorprendido que el Primer Ministro no supiera por qué exactamente él estaba ahí, fue casi una de las peores cosas que podría haber ocurrido en esta semana extremadamente deprimente.
-¿Cómo sabría lo que esta ocurriendo en… ehhhh… la Comunidad Mágica?.-espetó el Primer Ministro en esta ocasión- Tengo una ciudad que dirigir y muchas preocupaciones sin que...
-Tenemos las mismas preocupaciones –interrumpió Fudge- El puente Brockdale no colapsó. Lo que pasó al oeste del país no fue un huracán realmente. Esos asesinatos no fueron cometidos por Muggles. Y la familia de Herbert Choey estará más segura sin él. Estamos haciendo arreglos para que lo trasfieran al Hospital San Mungo de Heridas y Lesiones Mágicas. El traslado será realizado está noche.
-¿Qué es lo que…? Me temo... ¿Qué? – protestó el Primer Ministro.
Fudge dio un suspiro hondo y largo y dijo:
-Primer Ministro, siento mucho tener que decirle que ha vuelto. El Innombrable ha vuelto.
La desesperación y el pánico se esparcieron en la sala como un virus. Nadie decía nada porque nadie podía salir del shock en el que se encontraban. Pero para sorpresa de todos, Umbrige se levanto de su asiento y le arrebato el libro de las manos de Dumbledore.
-Esto es una asquerosa broma-bramo mientras que se ponía verde, resaltando aun más su parecido con un sapo-. ¿Fueron ustedes? ¿Cierto?-pregunto mientras señalaba al trío dorado. Estos se miraron algo asustados, ya que sabían lo cruel que podía llegar a ser Umbrige si se lo proponía.
-¡Dolores!-grito Dumbledore-¿Cómo puedes inculpar a estos jóvenes? ¡Deja las ridiculeces y devuélveme el libro!
Todos lo miraron asombrados, ya que era muy raro verlo así de enojado. El siempre mantenía una compostura tranquila, pero si había algo que el no soportara, era que se metieran con sus estudiantes.
-Albus, ¿Cómo te puedes creer todo esto?-pregunto Fudge.
-Tengo que acabar con esto-dijo Umbrige decidida, y para terror y sorpresa de todos apunto al libro con su varita diciendo-. Reducto.
El libro quedo en cenizas. Todos se quedaron en silencio hasta que…
-¡Maldita Perra!-grito McGonagall-¡Acaba de destruir nuestra oportunidad de poder ver nuestro futuro! ¡Posiblemente acaba de arruinar vidas y familias! ¿Cómo se atreve…?
Pero antes de que pudiera decirlo, Umbrige simplemente desapareció. Esto pareció sacar del shock a los estudiantes, quienes empezaron a soltaron un grito ahogado, tanto por el acto de Umbrige, como por su desaparición.
Entonces, los chicos del futuro hicieron su aparición con cara enojada.
.-Maldita cara de sapo-murmuro James, quien parecía ser el más enojado. El le tenía un odio inmenso a Umbrige desde que su padre le había contado lo que esta le había hecho en su quito año.
-Por su acto completamente infantil-empezó a decir Hugo-, Umbrige ya no estará en la lectura. Se le borrara la memoria y nadie le podrá decir nada de lo que suceda en esta sala.
-Gracias a Merlín nosotros tenemos 3 copias de los libros, ella acaba de destruir una.
Lily se acerco a la mesa y le entrego otra copia del libro a Dumbledore. Todos en la sala respiraron tranquilos. Por un momento parecía que ya no existía ninguna posibilidad de que pudieran leer el libro.
-A Fudge no lo podemos sacar de la sala-dijo Albus-por que es necesario que el sepa todo lo que sucederá.
-Ahora, por favor, sigan con la lectura-se despidió Rose. Y tan repentinamente como llegaron, se fueron.
-Si queremos respuestas, tenemos que leer-dijo Dumbledore mas calmado-. Así que si no hay objeciones, voy a seguir leyendo.
-¿Ha vuelto? Cuando dice "ha vuelto"... ¿Está vivo? Quiero decir...
El Primer Ministro escrutó en su memoria los detalles de la conversación horrible que tuvieron tres años atrás, cuando Fudge le había contado acerca del mago más temible de todos, el mago que había cometido cientos de crímenes antes de su misteriosa desaparición quince años atrás.
-Sí, vivo –dijo Fudge – Eso es... no sé... ¿Un hombre está vivo si no puede quitársele la vida? No lo entiendo realmente y Dumbledore no me lo explicó bien, pero, de todas formas, ciertamente tiene un cuerpo, y está caminando, hablando y matando, por lo que supongo, para el propósito de nuestra discusión, que está vivo.
Algunos se estremecieron. Aun no se hacían a la idea de que Quien-Tu-Sabes estaba vivo.
El Primer Ministro no sabía qué decir ante esto, pero el hábito persistente de aparentar estar bien informado en cualquier tema que surgiera lo hizo escudriñar detalles de en lo que podía acordarse de sus conversaciones anteriores.
- ¿Está Serious Black… eh…con el Innombrable?
-Y dale con "Serious"-dijo Sirius rodando los ojos.
Ya la mayoría estaban convencidos de que el era inocente. Primero porque Dumbledore lo decía, y se había comprobado que lo que el dice era verdad. Y segundo por que su actitud no parecía la actitud de un asesino, sino la de un niño.
-¿Black? ¿Black? -dijo Fudge distraídamente, haciendo girar rápidamente su sombrero de hongo en sus dedos - ¿Se refiere a Sirius Black? Por las barbas de Merlín, no. Black está muerto.
-NOOO-gritaron Harry, Hermione, los Weasley y Lupin al mismo tempo.
Sirius solo abrió los ojos como platos y abría la boca como un pez fuera del agua. Cuando se recupero del shock inicial, solo pudo decir:
-No se preocupen. Estoy seguro de que podemos evitarlo. ¿Por algo enviaron estos libros no?-dijo enviándole una sonrisa tranquilizadora a Harry, quien tenia los ojos rojos, como si quisiera llorar.
-Pero…Canuto… No lo voy a permitir-dijo Remus-. Tú no puedes morir. Eres como mi hermano.
-Lo mismo te digo, lunático-dijo Sirius.
-Creo que voy a seguir leyendo-dijo Dumbledore, que aunque no lo demostró, le dolió la futura muerte de Sirius.
Resultó ser que... eh... estábamos equivocados acerca de Black.
-Creo que es un poco tarde para arrepentirse-dijo Hermione, mirando con odio a Fudge.
Los otros estaban de acuerdo con ella, incluso algunos Slytherin. Pero Fudge no demostraba estar arrepentido.
-No habían pruebas de que el en realidad fuera inocente. Actué como debía actuar-dijo.
Era inocente después de todo. Y tampoco estaba en contacto con el Innombrable. Quiero decir…-agregó defensivamente, haciendo girar más rápido el sombrero de hongo – toda la evidencia presentada… tuvimos más de cincuenta testigos… pero de todas formas, como dije, de hecho está muerto. En el edificio del Ministerio de la Magia.
-¿Cómo es posible que halla sucedido en el ministerio?-pregunto Minerva enojada. Nadie respondió. Ella, a peras de no demostrarlo, le tenía un especial cariño a Sirius.
Va a realizarse una investigación…
Para su gran sorpresa el Primer Ministro sintió un poco de lástima por Fudge. Sin embargo, fue eclipsado casi inmediatamente por un rapto de arrogancia al pensar que, a pesar de que no servia para materializarse fuera de las chimeneas, por lo menos nunca había habido un asesinato en ningún edificio del gobierno bajo su cargo... no todavía, por lo menos.
Fudge continuó, mientras el Primer Ministro tocaba supersticiosamente la madera de su escritorio.
-Pero Black ya es historia.
Algunos gruñeron por la frase y la manera en la que lo dijo.
El punto es que estamos en guerra, Primer Ministro, y hay que tomar medidas.
-¿En guerra?-repitió nerviosamente el Primer Ministro- Seguramente eso es un poco exagerado.
-El Innombrable se ha unido con los seguidores que se escaparon en enero de Azkaban –dijo
Fudge, hablando más y más rápido y girando su sombrero de hongo tan rápido que era un destello verde lima- Han estado creando problemas desde que se escaparon. El puente Brockdale… él lo hizo, Primer Ministro, amenazó con hacer una matanza masiva de Muggles a menos que yo me pusiera de su lado y...
Mira hasta donde ha llegado tu avaricia y odio, Tom pensó Dumbledore con melancolía.
-¡Cielo Santo! ¡Entonces es su culpa que murieran esas personas y yo voy a tener que responder preguntas acerca de soportes y uniones oxidadas y qué sé yo qué más! –dijo el Primer
Ministro furiosamente.
-¡¿Mi culpa?! –Dijo Fudge poniéndose colorado- ¿Me esta diciendo que debería de haber aceptado semejante chantaje?
-Quizás no –dijo el Primer Ministro parándose y cruzando la habitación- ¡Pero hubiera puesto todos mis esfuerzos en atrapar al chantajista antes de que cometiera semejante atrocidad!
-¿Realmente piensa que no estaba haciendo ningún esfuerzo?-le espetó Fudge acaloradamente- Cada Auror del Ministerio estaba... y está... tratando de encontrarlo y atrapar a sus seguidores, ¡pero estamos hablando del mago más poderoso de los últimos tiempos, un mago que ha logrado escaparse de ser capturado por casi tres décadas!
-Entonces supongo que me va a decir también que fue él quien causó el huracán en el oeste del país ¿Verdad?-dijo el Primer Ministro, con su ira incrementándose rápidamente. Era irritante descubrir la causa de todos esos desastres terribles y no poder decirle a la gente, casi peor de que después de todo hubiera sido culpa del gobierno.
-Eso no fue un huracán –dijo Fudge miserablemente.
-¡Discúlpeme! –Explotó el Primer Ministro, ahora definitivamente encolerizado caminando enérgicamente de un lado a otro- Árboles arrancados de raíz, techos arrancados, postes de luz doblados, heridas horribles...
-Fueron los Mortífagos –dijo Fudge - Los seguidores del Innombrable. Y... y sospechamos que han incluido algún gigante.
El Primer Ministro paró de caminar de repente como si hubiera una pared invisible.
-¿Qué han incluido?
Fudge frunció el ceño.
-Usó gigantes la última vez, cuando quiso apostar por un efecto mayor –dijo- La Oficina de
Desinformación ha estado trabajando en el reloj, tenemos fuera grupos de Obliviators tratando de modificar la memoria de todos los muggles que vieron lo que pasó realmente, tenemos la mayoría de los del Departamento de Cuidado y Control de las Criaturas Mágicas corriendo por Somerset, pero no podemos encontrar al gigante. Ha sido un desastre.
-¡No me diga! –dijo furiosamente el Primer Ministro.
-No le voy a negar que la moral esta bastante baja en el Ministerio –dijo Fudge- Con todo eso,
Y luego perdimos a Amelia Bones.
Hubo otro sollozo por parte de Susan Bones. Amelia era su tía favorita.
-¿Perdimos a quién?
-Amelia Bones. Jefa del Departamento de Seguridad Mágica. Creemos que el Innombrable la puede haber asesinado en persona, porque era una bruja muy buena y... toda la evidencia indica que opuso una verdadera resistencia.
Fudge se aclaró la garganta y al parecer, con esfuerzo, dejo de girar su sombrero de hongo.
-Pero ese asesinato estaba en los periódicos –dijo el Primer Ministro, momentáneamente apartado de su ira- Nuestros periódicos. Amelia Bones... solo decía que era una mujer de mediana edad que vivía sola. Fue una… una muerte horrible ¿verdad? Tuvo mucha publicidad. Como verá, la policía está perpleja.
Fudge suspiró.
-Claro que lo están –dijo- Asesinada en un cuarto que estaba cerrado desde adentro, ¿No es cierto? Por otro lado, nosotros sabemos exactamente quién lo hizo, aunque eso no nos acerca en nada para atraparlo. Y también estaba Emmeline Vance, probablemente no oyó acerca de ese…
Los parientes de ella soltaron gritos ahogados.
Todos estaban horrorizados. Había muchas muertes y tenían miedo por sus familias. ¿Quién seria el siguiente?
- ¡Oh, si escuche! –Dijo el Primer Ministro- De hecho, sucedió aquí a la vuelta. Los periódicos tuvieron un portentoso día con eso "Quiebre del orden y la ley en el patio de atrás del Primer
Ministro..."
-Y como si fuera poco –dijo Fudge, apenas escuchando al Primer Ministro- tenemos
Dementores por todo el lugar, atacando gente a la derecha, a la izquierda y centro...
Todos los que conocían la sensación de ser atacados por un Dementor se estremecieron. Era aterrador saber que en un futuro no muy lejano estos se pasearan con libertad por todas partes atacando a diestra y siniestra.
Érase una vez un tiempo feliz en el que esta frase hubiera sido inteligible para el Primer Ministro, pero ahora era más sabio.
-Pensé que los Dementores cuidaban a los prisioneros de Azkaban –dijo cautelosamente.
-Lo hacían –dijo Fudge débilmente- Pero ya no. Abandonaron la prisión y se unieron al Innombrable. No pretenderé que eso no fue explosivo.
-Pero –dijo el Primer Ministro con un sentimiento creciente de horror- ¿No me había dicho que eran las criaturas que sorbían la esperanza y la alegría de las personas?
-Eso es correcto. Y están aspirando. Eso es lo que causa toda esta niebla.
El Primer Ministro se hundió en la silla más cercana, con las rodillas flojas. La idea de criaturas invisibles aspirando por las ciudades y el campo, esparciendo en sus votantes desolación y desesperación, lo hicieron sentir muy débil.
-¿No ve, Fudge? ¡Tiene que hacer algo! ¡Es su responsabilidad como Ministro de Magia!
-Mi querido Primer Ministro, ¿Realmente piensa que todavía sigo siendo Ministro de Magia después de esto?
Fudge se puso muy pálido. Su peor temor se había cumplido: Lo habían despedido.
-Cornelius, lamento tener que decirte esto, pero era obvio que te iban a despedir-dijo Dumbledore con calma.
Todos se habían quedado callados, pero no sorprendidos. De un modo u otro, todos sabían que lo iban a despedir.
¡Fui despedido hace tres días! Toda la comunidad Mágica ha estado reclamando por mi renuncia durante una quincena. ¡Nunca los vi tan unidos en todo mi mandato! –dijo Fudge con un breve atisbo de sonrisa.
El Primer Ministro se había quedado momentáneamente sin palabras. En vez de indignarse ante la posición en la que lo habían puesto, todavía sentía pena por el hombre encogido que estaba delante de él.
-Lo siento mucho –dijo finalmente- Si hay algo que puedo hacer...
-Es muy amable de su parte, Primer Ministro, pero no. Fui enviado aquí está noche para ponerlo al día de los eventos recientes y para presentarle a mi sucesor. Pensé que estaría aquí ahora, pero por supuesto, está muy ocupado en este momento, con todo esto que está pasando.
Fudge miró el retrato del horrible hombrecito que tenia la peluca larga y enrulada de color plateado, que estaba escarbando su oreja con una pluma. Viendo que Fudge lo miraba, el retrato dijo:
-Estará aquí en un momento, está terminando una carta para Dumbledore
-¿Quién crees que sea el nuevo ministro?-le pregunto Harry a Hermione.
-No lo se, solo espero que este sea mas eficiente que Fudge-respondió. Sus amigos asintieron en señal de que estaban de acuerdo.
-Le deseo suerte –dijo Fudge, con voz amarga por primera vez- Estuve escribiendo a Dumbledore dos veces por día durante las últimas dos semanas, pero nada. Si ha estado preparado para persuadir al chico, podría ser... Bueno, tal vez Scrimgeour tenga más éxito.
-¿Persuadir al chico?´-pregunto Harry-¿Creen que estén hablando de mi?
-Creo que si-respondió Ron- ¿Pero, persuadirte para que?
Fudge se hundió en lo que era claramente un silencio molesto, pero fue roto casi inmediatamente por el retrato, que habló de repente con su voz dura y fría.
-Al Primer Ministro de los muggles. Se requiere una reunión. Urgente. Sea tan amable de responder de inmediato. Rufus Scrimgeour, Ministro de la Magia. –
-Rufus es un buen hombre-dijo Dumbledore-. Pero demasiado severo y directo.
Nadie dijo nada, ya que casi nadie lo conocía.
-Si, si, está bien –dijo el Primer Ministro distraídamente y apenas se movió mientras las llamas se tornaron verde esmeralda de nuevo, crecieron y revelaron un segundo mago que giraba en su centro, depositándolo luego en la antigua alfombra.
Fudge se paró y el Primer Ministro hizo lo mismo luego de un momento de vacilación, mirando al recién llegado que se enderezaba, limpiaba su capa negra larga y miraba alrededor.
El primer pensamiento tonto del Primer Ministro fue que Rufus Scrimgeour se parecía a un viejo león. Había líneas grises en sus rizos color ocre y sus tupidas cejas, tenía ojos amarillentos y una mirada intensa tras sus gafas de armazón metálico, era muy alto y se movía con gracia a pesar de que caminaba con una leve cojera. Daba una impresión inmediata de astucia y dureza, y el Primer Ministro pensó que comprendía porque la Comunidad Mágica prefería a Scrimgeour en vez de Fudge como un líder en estos tiempos peligrosos.
Fudge miro ofendido al libro, pero no dijo nada.
-¿Cómo está usted? –dijo el Primer Ministro educadamente estirando su mano.
Scrimgeour la estrechó brevemente, con sus ojos escrutando la habitación, luego sacó la varita de su capa.
-¿Fudge le dijo todo? –preguntó caminando hacia la puerta y golpeando la cerradura con su varita. El Primer Ministro oyó la traba.
-Eh... si –dijo el Primer Ministro. –Y si no le importa preferiría que esa puerta quedase sin llave.
-Y yo preferiría no ser interrumpido –le espetó Scrimgeour -o espiado -agregó apuntando con su varita a las ventanas, de modo que las cortinas se corrieron- Bien, soy un hombre ocupado, así que vayamos al grano. Primero que nada, tenemos que discutir su seguridad.
El Primer Ministro se irguió y replicó:
- Estoy perfectamente bien con la seguridad que tengo, muchas...
-Bueno, pero nosotros no -le cortó Scrimgeour – Seria un peligro para los Muggles si su Primer Ministro cae bajo el maleficio Imperius. El nuevo secretario en la oficina de afuera...
-No voy a deshacerme de Kingsley Shacklebolt
El mencionado solo sonrió a las personas que lo voltearon a ver. Pero por dentro solo pensaba que hacerse pasar por muggle no era muy divertido.
Si eso es lo que está sugiriendo –Dijo el Primer Ministro acaloradamente- Es altamente eficiente, hace el doble de trabajo que el resto...
-Eso porque es un mago –dijo Scrimgeour, sin un atisbo de sonrisa -Un Auror altamente entrenado, que le ha sido asignado para su protección.
-¡No, espere un momento!– Declaró el Primer Ministro- No pueden poner gente en mi oficina, yo decido quien trabaja para mí...
-Es un poco bipolar ¿no creen?-dijeron a la misma vez los gemelos Weasley a El Trío Dorado, quienes solo sonrieron.
-Pensé que estaba contento con Shacklebolt –dijo Scrimgeour fríamente.
-Lo estoy… es decir… lo estaba.
-Entonces no hay problema, ¿o sí? -dijo Scrimgeour.
-Yo… bueno mientras el trabajo de Shacklebolt siga siendo excelente –dijo el Primer Ministro, pero Scrimgeour apenas parecía escucharlo.
-Ahora, acerca de Herbert Chorley, su Ministro subordinado, -continuó. –El que ha estado entreteniendo al publico por imitar a un pato.
Sirius y los gemelos rieron por esos, mientras que Molly solo los miraba como diciendo "no es un buen momento para eso"
-¿Qué pasa con él? –pregunto el Primer Ministro.
-Claramente es la reacción a un maleficio Imperius muy mal hecho. –Dijo Scrimgeour.- Alteró su cerebro, podría ser peligroso...
-¡Solo hace cuac! –Dijo el Primer Ministro débilmente – Seguramente con un poco de descanso... Con un poco de cuidado con la bebida...
-En este momento, un grupo de Sanadores del Hospital San Mungo de Heridas y Lesiones Mágicas lo están examinando. Hasta ahora, solo ha tratado de estrangular a tres de ellos. –Dijo Scrimgeour- Creo que lo mejor será que lo apartemos de la sociedad muggle por un tiempo.
-Yo... bueno… estará bien ¿verdad?-dijo el Primer Ministro ansiosamente.
Scrimgeour se limito a asentir, yendo hacia la chimenea.
-Bueno, eso es todo lo que tenía para decir. Lo mantendré informado de algún avance, Primer Ministro, o por lo menos si estoy muy ocupado para venir personalmente, le enviaré a Fudge. Ha accedido a quedarse como consejero.
¿Cómo es posible que haya caído tan bajo? Pensó Fudge. Su sueño siempre había sido convertirse en ministro de magia, y por unas malas decisiones, todo se iba por el agujero… Los otros solo lo miraron con lastima.
Fudge intento sonreír pero sin éxito, dando la impresión de que simplemente tenía un dolor de muelas. Scrimgeour ya estaba revolviendo en su bolsillo en busca del polvo misterioso que trasformaba verde al fuego. El Primer Ministro los miró esperanzado por un momento, luego las palabras que había luchado para reprimir brotaron de repente:
-¡Pero por todos los cielos! ¡son magos! ¡Pueden hacer magia! ¡Seguramente pueden conjurar!.. Bueno... ¡cualquier cosa!
-Es por eso que nos mantenemos en secreto-dijo Mcgonagall-. Los muggles piensan que tenemos una respuesta para todo. Hay cosas que ni siquiera la magia puede hacer.
Todos estuvieron de acuerdo con la profesora.
Scrimgeour se volvió lentamente e intercambió una mirada de incredulidad con Fudge, quien pudo manejar su sonrisa esta vez al tiempo que decía amablemente:
-El problema es que el otro lado también puede hacer magia, Primer Ministro.
-Esa es una buena respuesta, Cornelius-dijo Dumbledore. Fudge solo asintió.
Y con eso, los dos magos caminaron uno detrás del otro hacia las llamas verdes brillantes y desaparecieron.
-Este fue el final del primer capitulo-dijo Dumbledore-. Profesora Mcgonagall, ¿desea leer usted el siguiente?
-Por supuesto, profesor Dumbledore-respondió esta agarrando el libro que Dumbledore le tendió-. El siguiente capitulo se llama: La Calle de la Hilandera
