Los derechos de autor de Harry Potter le pertenece a J.K. Rowling
-¿Quien desea leer ahora?-pregunto Dumbledore.
-Yo-dijo Sirius. Se adelanto a la mesa de los profesores, agarro el libro y leyó siguiente capitulo se llama-hizo una mueca-Horace Slughorn
Todos (menos los profesores y ex-alumnos) se preguntaron quien era Horace Slughorn.
A pesar del hecho de que se había pasado cada momento que estaba despierto en los últimos días esperando desesperadamente que Dumbledore en verdad viniera a buscarlo, Harry se sintió extrañamente incómodo mientras se alejaban por la calle Privet Drive juntos.
Casi todos le dieron la razón. A pesar de ser un gran mago y persona, era algo intimidante estar a solas con Dumbledore.
Nunca antes había tenido una conversación como Dios manda con el director fuera de Hogwarts, usualmente había un escritorio entre los dos. El recuerdo de su último encuentro cara a cara continuaba molestándolo y hacía aumentar el sentimiento de vergüenza en Harry; había gritado bastante en esa ocasión, sin mencionar que había hecho lo posible por destruir varias de las posesiones más preciadas de Dumbledore.
Todos miraron sorprendidos a Harry. ¿Qué había hecho que se descontrolara tanto?
Harry solo se tuvo los mismos sentimientos que el Harry del libro.
Pero Dumbledore en aquel momento parecía completamente relajado.
-Mantén tu varita al alcance de tu mano, Harry- dijo con tono alerta.
-¿Cree que los vallan a atacar, profesor?-pregunto preocupada Mcgonagall.
-Lo dudo mucho-dijo este tranquilamente-. Pero no esta de más estar preparado para cualquier accidente o ataque.
-¿Pero pensé que no se me permitía hacer magia fuera del colegio, señor?
-En caso de un ataque- dijo Dumbledore-, te doy permiso de usar cualquier maldición o contramaldición que se te venga a la mente. Aunque no creo que debas preocuparte por ser atacado esta noche.
-¿Por qué no, señor?
-Estás conmigo- dijo Dumbledore simplemente-. Con eso bastará, Harry.
-Modestia aparte-dijo Sirius, haciendo reír a los demás.
Se detuvieron abruptamente al final de Privet Drive.
-No has, por supuesto, pasado tu examen de Aparición- dijo.
-No- dijo Harry-. Pensé que tenía que tener diecisiete.
-Cierto- dijo Dumbledore-. Así que necesitarás sujetarte firmemente de mi brazo. El izquierdo, si no te importa. Como debes haberlo notado, el brazo de mi varita está un tanto frágil de momento.
-Sigo preguntándome lo que le paso en el brazo-comento Harry con voz distraída.
-Creo que todos nos lo preguntamos-dijo Hermione sorprendiendo a Harry, ya que este no se había dado cuenta de que lo haba dicho en voz alta.
Harry se sujetó del antebrazo que le extendió Dumbledore.
-Excelente- dijo Dumbledore-. Bien, aquí vamos.
Harry sintió el brazo de Dumbledore retorcerse e intentar librarse, y se sujetó aún más fuerte; lo siguiente que supo, fue que todo se volvió negro; estaba siendo apretado fuertemente por todos lados; no podía respirar, habían bandas de hierro apretándose alrededor de su pecho; sus ojos estaban siendo forzados hacia el interior de su cabeza; sus tímpanos estaban siendo empujados más adentro de su cráneo y entonces…
Los que aun no se habían aparecido se asombraron al ver lo incomodo y doloroso que sonaba. Con razón la gente prefería la Red Flu…
Los que ya habían pasado por esa experiencia, solo hicieron muecas de disgusto.
Tomó grandes bocanadas del frío aire de la noche y abrió sus ojos llorosos. Se sentía como si acabara de ser forzado a pasar a través de un muy estrecho tubo de goma. Le tomó unos segundos darse cuenta que Privet Drive se había desvanecido. Él y Dumbledore estaban ahora parados en lo que parecía ser una plaza desierta de un pueblo, en el centro del cual se erguía un antiguo monumento conmemorativo de guerra y algunos bancos. Su comprensión se puso a la par de sus sentidos, y Harry se dio cuenta que acababa de Aparecerse por primera vez en su vida.
-¿Estás bien?- le preguntó Dumbledore, mirándolo con preocupación-. Uno se demora un tiempo en acostumbrarse a la sensación.
-Estoy bien- dijo Harry, frotando sus orejas, que se sentían como si hubieran abandonado Privet Drive a la fuerza -. Pero creo que prefiero las escobas…
-Yo también-dijo Charlie, haciendo sonreír a Mcgonagall, quien extrañaba a Charlie en su equipo de Quiddicht.
Dumbledore sonrió, se ajustó su capa de viaje un poco más suelta alrededor de su cuello, y dijo:
-En esta dirección.
Comenzó a caminar a paso rápido, dejando atrás una posada vacía y algunas casas. De acuerdo con el reloj en una capilla cercana, era casi medianoche.
Todos se seguían preguntado a done lo había llevado Dumbledore y porque. Otros ya habían adivinad que tenia que ver con Horace Slughorn.
-Así que, cuéntame, Harry- dijo Dumbledore-. Tu cicatriz… ¿te ha estado doliendo?
-¿Qué quiere decir eso?-pregunto Molly preocupada-. ¿Te ha estado doliendo la cicatriz?-pregunto esta vez directamente a Harry.
Harry solo asintió con la cabeza, ya que estaba un poco intimidado por las miradas que le dirigían los estudiantes.
-¿Qué quiere decir eso?-pregunto Remus, también preocupado.
Dumbledore suspiro. No quería decirle esto a toda la sala, pero tendría que hacerlo ya que igualmente en el libro aparecería…
-Existe una conexión entre la mente de Harry y la de Voldemort-todos soltaron gritos ahogados, incluso Harry-. El porque no lo se-mintió. Una cosa era hablarles sobre la conexión entre Harry y Voldemort, y otra era hablarles sobre los Horcruxes-. Cada vez que Voldemort tiene una emoción fuerte, Harry lo puede sentir, haciendo que le duela la cicatriz.
Harry estaba impresionado. Obviamente ya tenia una idea de que todo se trataba de Voldemort, pero no pensaba que fuera tan serio…
El resto lo miraba con compasión. Entrar en la menté de Quien-No-Debe-Ser-Nombrado… Algunos incluso se estremecieron con la idea.
Algunos, muy pocos, sintieron miedo de Harry.
Luego de 5 minutos, Sirius reanudo con la lectura.
Harry, inconscientemente, alzó una mano a su frente y frotó la marca en forma de rayo.
Lo mismo hizo el Harry actual. Este gesto no paso inadvertido para los demás, pero lo dejaron pasar.
-No- dijo-, y me he estado preguntando sobre eso. Pensé que me estaría quemando todo el tiempo ahora que Voldemort se está volviendo tan poderoso nuevamente.
Alzó la vista para mirar a Dumbledore y notó que su expresión era de satisfacción.
-Yo, por otro lado, pensé lo contrario- dijo Dumbledore-.
Todos miraron extrañados al profesor.
-Ya lo verán-dijo Dumbledore, tan satisfecho como el Dumbledore del libro.
Lord Voldemort al fin se ha dado cuenta del peligroso acceso a sus pensamientos y sentimientos del que has estado disfrutando.
-Disfrutando no es el termino que yo usaría-se quejo en Harry en voz baja.
Al parecer ahora está empleando la Oclumancia contra ti.
-Bueno, no me quejo- dijo Harry, quien no extrañaba ni los perturbadores sueños ni las súbitas e inesperadas visiones dentro de la mente de Voldemort.
Doblaron en una esquina, pasaron una cabina telefónica y una estación de autobuses. Harry miró nuevamente a Dumbledore.
-¿Profesor?
-¿Harry?
-Este… ¿Dónde estamos exactamente?
-Al fin lo preguntas-dijo Ron en voz alta, haciendo que varia cabezas se voltearan hacia el, logrando que se sonroje un poco.
-Esta, Harry, es la encantadora villa de Budleigh Babberton.
-¿Y qué estamos haciendo aquí?
-Ah, sí. Por supuesto, aún no te lo he dicho- dijo Dumbledore-. Bien, he perdido la cuenta del número de veces que he dicho esto en años recientes, pero, una vez más, nos hace falta un miembro entre los profesores.
-¿Cuándo aceptara que ese puesto esta maldito?-le dijo Harry a sus amigos.
Ahora todos estaban felices ya que al parecer Umbridge no pudo romper la maldición y se había ido.
Estamos aquí para persuadir a un viejo colega mío de salir de su retiro y regresar a Hogwarts."
-Espera, Albus-dijo Mcgonagall confundida-. Pero Horace enseña pociones.
-Estoy tan confundido como tu, Minerva-dijo Dumbledore, pero por dentro tenía la sensación de que Severus al fin había conseguido lo que tanto había ansiado: El puesto de Defensa Contra las Artes Oscuras.
-¿Y cómo puedo ayudar con eso, señor?
-Oh, me parece que podremos encontrar algún uso para ti- dijo Dumbledore vagamente-. A la izquierda aquí, Harry.
Procedieron a subir por una inclinada y angosta calle delineada por casas a ambos lados. Todas las ventanas estaban oscuras. El extraño frío que había permanecido sobre Privet Drive por dos semanas persistía aquí también. Pensando en los dementores, Harry dirigió una mirada por sobre su hombro y cerró el puño alrededor de su varita, dentro de su bolsillo.
-Profesor, ¿Por qué no pudimos simplemente aparecernos directamente a la casa de su antiguo colega?
-Porque eso sería tan grosero como derribar la puerta principal a patadas- dijo Dumbledore-. La cortesía indica que debemos ofrecer a nuestros compañeros brujos la oportunidad de negarnos la entrada. En cualquier caso, la mayoría de los hogares mágicos están protegidos contra visitas indeseadas que deseen aparecerse dentro. En Hogwarts, por ejemplo…
-… no puedes aparecerte en ningún lugar de la construcción o en los terrenos- dijo Harry rápidamente-. Hermione Granger me lo explicó.
Hermione parecía sorprendida.
-¿Ustedes realmente me escuchan?
-Claro que si-dijo Ron-. Casi nunca lo recordamos, pero si te escuchamos.
Ella sonrió complacida.
-Y ella tiene toda la razón.
-Como siempre-dijeron la mayoría de los que la conocían, haciendo que esta se sonrojara.
Doblamos a la izquierda, nuevamente.
El reloj de la iglesia tocó las doce a sus espaldas. Harry se preguntó por qué Dumbledore no consideraba grosero el despertar a su viejo colega tan tarde en la noche, pero ahora que una conversación había sido establecida tenía preguntas más importantes que hacer.
-Señor, leí en el diario El Profeta que Fudge fue despedido…
Fudge puso mala cara. Pero no dijo nada.
-Correcto- dijo Dumbledore, ahora doblando hacia una inclinada calle lateral-. Ha sido reemplazado, como estoy seguro que también te has enterado, por Rufus Scrimgeour, quien solía ser Jefe de la oficina de Aurores.
-¿Es el… piensa usted que está bien?- preguntó Harry. -Una pregunta interesante- dijo Dumbledore-. Él es capaz, ciertamente. Una personalidad más decisiva y fuerte que Cornelius.
Fudge miro mal a Dumbledore.
-No me mires así, Cornelius-dijo con su característica tranquilidad-. Sabes que es cierto.
El Ministro no dijo nada, pero muy en el fondo le dio la razón a Dumbledore.
-Sí, pero yo me refería a…
-Sé a qué te referías. Rufus es un hombre de acción y, habiendo luchado contra brujos oscuros durante la mayoría de su vida de trabajo, no subestima a Lord Voldemort.
Harry esperó, pero Dumbledore no dijo nada acerca del desacuerdo con Scrimgeour que El Profeta había reportado, y no se atrevió a insistir sobre el tema, así que decidió cambiarlo.
-Y… señor… leí sobre Madame Bones.
-Sí- dijo Dumbledore suavemente-. Una terrible pérdida. Era una gran bruja. Justo ahí arriba, creo- auch!
Había apuntado con su mano herida.
-Profesor, ¿qué le pasó a su-?
-No hay tiempo para explicarlo ahora- dijo Dumbledore-.
Todos se preguntaban con curiosidad que le había pasado a la mano de Dumbledore. Estaba claro de que había sido magia oscura, pero, ¿Qué había pasado?
Es una historia emocionante, espero hacerle justicia.
Le sonrió a Harry, quien entendió que no estaba siendo callado abruptamente, y que tenía permiso para seguir haciendo preguntas.
-Señor- recibí un folleto vía lechuza del Ministerio de Magia, acerca de las medidas de seguridad que deberíamos tomar contra los mortífagos…
-Sí, yo mismo recibí uno- dijo Dumbledore, aún sonriendo-. ¿Te pareció útil?
-En realidad, no.
-No, eso me imaginaba. No me has preguntado, por ejemplo, cuál es mi sabor favorito de mermelada, para estar seguro que en verdad soy el Profesor Dumbledore y no un impostor.
Algunos miraron a Dumbledore con incredulidad, otros solo rieron.
-Yo no…- comenzó Harry, sin estar seguro por completo si estaba siendo regañado o no.
-Para futura referencia, Harry, es frambuesa… aunque, por supuesto, si fuera un mortífago, podría haberme asegurado de averiguar mis propias preferencias sobre mermelada antes de pretender ser yo mismo.
-Er… correcto- dijo Harry-. Bien, en panfleto, decía algo sobre los Inferi. ¿Qué son exactamente? El panfleto no era muy claro al respecto.
-Son cadáveres- dijo Dumbledore con calma-. Cuerpos muertos que han sido encantados para seguir la voluntad de un brujo oscuro
Algunos se estremecieron. Había magia realmente oscura que ellos no podían ni pensar que existían…
Aunque los Inferi no han sido vistos en mucho tiempo, no desde la última vez que Voldemort estaba en el poder… Asesinó a suficiente gente para hacer su propio ejército de ellos, por supuesto. Éste es el lugar, Harry, justo aquí…
Se estaban aproximando a una pequeña casa de piedra ubicada en su propio jardín. Harry estaba demasiado ocupado digiriendo la horrible idea de los Inferi como para prestar mucha atención a todo lo demás, pero al llegar a la reja, Dumbledore se detuvo abruptamente y Harry chocó contra él.
-Oh, Dios. Oh, Dios, Dios, Dios.
Todos se tensaron. ¿Qué había sucedido?
Harry siguió su mirada a través del bien cuidado camino que llevaba a la casa y sintió su corazón detenerse. La puerta principal estaba colgando de los goznes.
Los profesores y Dumbledore estaban muy preocupados por Horace. Puede que sea casi insoportable, pero ellos no le deseaban nada malo…
Dumbledore miró a uno y otro lado de la calle. Parecía completamente desierta.
-Saca tu varita y sígueme, Harry- dijo en voz baja.
La tensión en la sala crecía.
Abrió la reja y caminó rápida y silenciosamente por el sendero de piedra del jardín, con Harry pisándole los talones, y empujó la puerta frontal muy lentamente, su varita alzada y lista para cualquier hechizo.
-Lumos.
La punta de la varita de Dumbledore se encendió, proyectando su luz por el estrecho corredor. A la izquierda, otra puerta también estaba abierta. Sosteniendo su varita iluminada en alto, Dumbledore caminó hacia la sala de estar con Harry justo detrás suyo.
Se encontraron con una escena de devastación total frente a sus ojos.
Los profesores estaban cada vez mas desesperados. ¿Qué le había pasado a Horace?
Un reloj de péndulo yacía destrozado a sus pies, el vidrio roto, su péndulo arrojado en el piso un poco más allá como una espada caída. Un piano estaba de costado, sus teclas esparcidas por el piso. Los restos de un candelabro yacían cerca, aún moviéndose y tintineando. Los cojines estaban deshechos, las plumas asomándose por la tela desgarrada; fragmentos de vidrio y porcelana estaban como polvo encima de todo. Dumbledore levantó su varita aún más en alto, de modo que la luz iluminara también las paredes, donde algo rojo y pegajoso estaba salpicado sobre el papel tapiz. Dumbledore dio la vuelta al escuchar la exclamación de sorpresa de Harry.
Los presentes en la sala soltaron la misma exclamación. Era obvio que alguien había ido a buscar a Horace, pero, ¿Quién? ¿Los Mortífagos? Casi todos pensaban que ellos eran los responsables.
-Nada lindo, ¿verdad?- dijo con pesadez-. Sí, algo horrible ha sucedido aquí.
Dumbledore se movió con cuidado hacia el centro de la habitación, escudriñando la destrucción a sus pies. Harry lo siguió, mirando a su alrededor, medio asustado de lo que podría encontrar detrás de lo que quedaba del piano o del sofá, pero no había señal alguna de un cadáver.
-¿Quizá hubo una pelea y… se lo llevaron arrastrando, Profesor?- sugirió Harry, tratando de no imaginar qué tan herido debía estar una persona para dejar ese tipo de manchas esparcidas por la mitad de las paredes.
-No lo creo- dijo Dumbledore silenciosamente, asomándose detrás de un sillón dado vuelta.
-¿Quiere decir que él-?
-¿… aún está por aquí, en algún lado? Sí.
Sin ninguna advertencia, Dumbledore se abalanzó, enterrando la punta de su varita en el asiento del sillón, al cual gritó:
-¡Auch!
Todos se miraron confundidos. ¿Un sillón había dicho "auch"? Dumbledore parecía ser el único que entendía, ya que este tenía una sonrisa aliviada.
-Buenas tardes, Horace- dijo Dumbledore, parándose derecho nuevamente
Ahora todos estaban aliviados, aunque algunos miraban curiosos al profesor. ¿Cómo lo había adivinado?
-Ya había usado ese disfraz antes-dijo cuando se dio cuenta de cómo lo observaban. Por dentro seguía algo preocupado, ¿Qué había obligado a Horace a esconderse?
La boca de Harry se abrió por sí sola. Donde hacía menos de un segundo había un sillón ahora se encontraba un enormemente gordo, calvo, y anciano hombre quien se estaba masajeando la barriga y mirando a Dumbledore a través de un lloroso y agraviado ojo entrecerrado.
-No había necesidad de enterrar la varita tan fuerte- gruñó, gateando para ponerse en pie con cuidado-. Eso dolió.
La luz de la varita se reflejó en su brillante coronilla, sus prominentes ojos, su enorme, plateado bigote similar al de una morsa,
Algunos rieron por la comparación.
Y los pulidos botones de su chaqueta de terciopelo marrón que usaba sobre un par de pijamas de color lila.
Harry levanto las cejas. ¿Cómo alguien que tenia que esconderse utilizaba terciopelo y seda?
La cumbre de su cabeza apenas le llegaba a Dumbledore al mentón.
-¿Qué me delató?- preguntó mientras se tambaleaba para ponerse en pie, aún frotando su barriga. Parecía remarcablemente desvergonzado para alguien quien acababa de ser descubierto pretendiendo ser un sillón.
-Mi querido Horace- dijo Dumbledore, pareciendo divertido-, si los mortífagos en verdad hubiesen estado aquí, la Marca Tenebrosa estaría flotando en estos momentos sobre la casa.
Algunos miraron al profesor como diciendo ¿Es que acaso se tiene que dar cuenta de todo?
-La Marca Tenebrosa- murmuró-. Sabía que había algo… oh bien. No hubiera tenido tiempo de todos modos, acababa de terminar de poner los toques finales a la tapicería cuando entraste en la habitación.
Suspiró fuertemente, haciendo que los bordes de su bigote se movieran.
-¿Te gustaría mi ayuda para limpiar?- preguntó Dumbledore amablemente.
-Por favor- dijo el otro.
Se pararon espalda con espalda, el alto y delgado brujo y el bajito y redondo, y agitaron sus varitas en un idéntico movimiento.
Los muebles regresaron volando a sus lugares originales; ornamentos se reformaban en el aire, plumas regresaban al interior de los cojines; libros destrozados se reparaban solos mientras volaban a las repisas; lámparas de aceite flotaron hasta las mesas y se reencendieron; una vasta colección rota de marcos plateados para fotos voló destellando a través de la habitación y aterrizaron, completos y sin marca alguna, en un escritorio; agujeros, grietas y desgarros eran arreglados por todos lados, y las paredes se limpiaron solas.
La mayoría estaban sorprendidos, ya que al principio parecía un lugar horrendo.
-¿Qué tipo de sangre era esa en las paredes, por cierto?- preguntó Dumbledore fuertemente por sobre el repicar del nuevamente completo reloj de péndulo.
-¿En las paredes? De dragón
Charlie hizo una mueca.
-Tranquilo, hermano-dijo George, quien ya había casi superado la futura muerte de su hermano-, no es la sangre de tu escamosa novia.
Los Weasley (menos Charlie, claro) rieron por eso. Los gemelos siempre hacían bromas de Charlie por estar obsesionado con los dragones.
Gritó el brujo llamado Horace, mientras que, con un tintinear ensordecedor, el candelabro se atornillaba nuevamente al techo.
Hubo un estruendo final proveniente del piano, y luego silencio.
-Sí, dragón- dijo el brujo a modo de conversación-. Mi última botella, y los precios están por los cielos en este momento. Aún así, puede ser reutilizable.
Se dirigió a la repisa colgada en una de las paredes, recogió una pequeña botella de cristal y la levantó para mirarla a través de la luz, examinando cuidadosamente el líquido en su interior.
-mmm. Un poco polvorienta.
Volvió a dejar la botella en la repisa y suspiró. Fue entonces que sus ojos se posaron en Harry.
Harry hizo una mueca. Odiaba ser el centro de atención.
-Oho- dijo, sus enormes ojos rápidamente se dirigieron a la frente de Harry y a la cicatriz en forma de rayo que portaba-. ¡Oho!
-Éste- dijo Dumbledore, avanzando para hacer las presentaciones-, es Harry Potter. Harry, él es un viejo amigo y colega mío, Horace Slughorn.
Ahora todos entendían el motivo por el cual Harry había ido ahí.
Slughorn giró hacia Dumbledore, con expresión astuta.
-Así que es cómo pensabas convencerme, ¿no es así? Bien, la respuesta es no, Albus.
Pasó al lado de Harry, apartándolo, su cabeza girada hacia un lado resueltamente con el aire de un hombre tratando de resistir la tentación.
-¿Supongo que al menos podemos beber algo?- preguntó Dumbledore-. ¿Por los viejos tiempos?
Slughorn dudó.
-De acuerdo, un trago- dijo sin gracia.
Dumbledore le sonrió a Harry y lo dirigió hacia una silla no muy diferente a la que Slughorn estaba imitando recientemente, que se encontraba justo al lado del fuego encendido de una lámpara de aceite que brillaba fuertemente. Harry tomó el asiento sugerido con la fuerte impresión que Dumbledore, por algún motivo, deseaba mantenerlo lo más visiblemente posible.
Dumbledore sonrió, ya que en realidad eso era lo que intentaba hacer. Era en realidad muy importante que Horace valla a trabajar a Hogwarts. Era elemental conseguir ese recuerdo…
Ciertamente cuando Slughorn, quien había estado ocupado con los vasos y decantadores, giró hacia el centro de la habitación nuevamente, sus ojos cayeron inmediatamente en Harry.
-Mmm- dijo, apartando la mirada como si estuviese asustado de herir sus ojos-.
-Oh, vamos-dijo Ron divertido-. Sabemos que Harry es feo, pero tampoco es para tanto.
Todos rieron, aunque Hermione le dio un golpe en la nuca y Harry en el hombro.
Aquí tienes- le entregó un vaso a Dumbledore, quien se había sentado sin invitación, empujó la bandeja hacia Harry, y luego se hundió entre los cojines del sofá reparado en silencio. Sus piernas eran tan cortas que no alcanzaban a tocar el piso.
-Y bien, ¿cómo has estado, Horace?- preguntó Dumbledore.
-No tan bien- dijo Slughorn de inmediato-. Pecho débil. Jadeante. Reumatismo también. No me puedo mover como antes. Bien, pero eso es de esperarse, con la edad. Fatiga.
Todos rodaron los ojos al notar que ese hombre soltaba bastantes quejas.
-Y aún así te moviste bastante rápido para preparar esta gran bienvenida para nosotros en tan corto tiempo- dijo Dumbledore-. ¿No puedes haber tenido más de dos o tres minutos de advertencia?
Slughorn dijo, medio enfadado y medio orgulloso.
-Dos. No escuché la alarma de mi encantamiento contra intrusos, estaba tomando un baño. De todos modos- agregó seriamente, al parecer tratando de arreglarse-, aún está el hecho de que soy un hombre viejo, Albus. Un cansado hombre viejo que se ha ganado el derecho a una vida tranquila y unas cuantas comodidades.
Ciertamente tenía aquellas cosas, pensó Harry, mirando la habitación a su alrededor. Era sofocante y desordenada, pero nadie podía decir que era incómoda; había sillas suaves y taburetes, bebidas y libros, cajas de chocolates y acolchonados cojines. Si Harry no hubiese sabido quién vivía allí, hubiera pensado que se trataba de una rica y quisquillosa anciana.
-Pues se acerca-dijo Mcgonagall con una mueca. Nunca le agrado demasiado Horace, y no entendía porque Dumbledore tenia que contratarlo exactamente a el, habiendo tantas personas mas capacitadas para enseñar.
-No eres tan viejo como yo, Horace- dijo Dumbledore.
-Bueno, quizá deberías pensar en retirarte tú mismo- dijo Slughorn directamente.
Los profesores y algunos estudiantes pusieron mala cara. Las cosas serian muy extrañas sin Dumbledore, por no decir que peores.
Sus pálidos ojos color de oliva se fijaron en la mano herida de Dumbledore-. Los reflejos ya no son lo que solían ser, por lo que veo.
Y todos se volvieron a hacer la misma pregunta, ¿Qué le había pasado a Dumbledore en la mano?
Lo que no sabían es que Snape tenía sus sospechas, pero no estaba completamente seguro, Y si así fuera, seria muy malo…
-Tienes toda la razón- dijo Dumbledore serenamente, apartando su manga para revelar la punta de las negras quemaduras en sus dedos; era una visión que hizo que la parte de atrás del cuello de Harry cosquilleara desagradablemente-. Sin duda soy más lento de lo que era antes. Pero por otro lado…
Se encogió de hombros abrió sus manos ampliamente, como diciendo que la edad tenía sus compensaciones, y Harry notó un anillo en su mano sana que nunca antes había visto a Dumbledore usar: era grande, hecho toscamente de lo que parecía ser oro, y estaba decorado con una gran piedra negra que se había quebrado por la mitad.
Dumbledore abrió los ojos como platos. ¿Era posible que…? Luego, sonrió complacido, al parecer había conseguido otro Horocrux. Pero luego se preocupo, ¿Por qué lo tenia puesto? Estaba seguro de que había sido ese anillo el que le había puesto el brazo así.
Los estudiantes no notaron los cambios de humor del profesor, pero el Trío Dorado si notaron que el anillo seria importante en la historia, pero decidieron no preguntaron nada ya que sabían la respuesta: Esperen a terminar la lectura.
Los ojos de Slughorn también se detuvieron en el anillo por un segundo, y Harry vio que por un momento frunció el entrecejo levemente.
-¿Así que, todas estas precauciones contra intrusos, Horace… son debido a los mortífagos o a mí?- preguntó Dumbledore.
-¿Piensa usted que los Mortífagos están en busca de Horace, profesor?-pregunto Arthur algo preocupado. El le había enseñado pociones, por lo que le había llegado a tener afecto.
-Posiblemente-dijo Dumbledore.
-¿Qué querrían los mortífagos con un pobre, inútil y viejo lustrabotas como yo?- demandó Slughorn.
-Me imagino que querrán transformar tus considerables talentos a coerción, tortura, y asesinato- dijo Dumbledore-. ¿En verdad me estás diciendo que aún no han intentado reclutarte?
Slughorn miró a Dumbledore siniestramente por un momento, y luego murmuró:
-No les he dado la oportunidad. Me he estado moviendo de un lugar a otro por un año. Nunca permanezco en un lugar por más de una semana. Voy de una casa Muggle a otra casa Muggle.
Ahora todos sentían lastima de Slughorn. Debía ser muy difícil tener que vivir así, sobre todo cuando, obviamente, se esta acostumbrado a la comodidad.
Los dueños de esta casa están de vacaciones en las Islas Canarias. Ha sido muy agradable, voy a lamentar tener que marcharme. Es bastante fácil una vez que sabes hacerlo, un simple Hechizo Congelante en esas absurdas alarmas contra robos que usan en lugar de chivatoscopios, y asegurarse que los vecinos no te vean metiendo un piano.
-Ingenioso- dijo Dumbledore-. Pero suena como una exhaustiva existencia para un inútil y viejo lustrabotas como tú que busca una vida tranquila. Ahora, si regresaras a Hogwarts…
-¡Si vas a decirme que mi vida sería más pacífica en ese colegio pestilente, puedes ahorrarte el aliento, Albus!
Ahora todos gruñeron por como hablaba de su escuela. Para la mayoría de ellos Hogwarts fue y es un segundo hogar, y les molestaba que hablaran mal de el.
¡Puede que haya estado escondiéndome, pero me llegaron algunos rumores bastante raros desde que Dolores Umbridge se fue!
Todos se preguntaban que le había pasado a Umbridge para que se haya ido, ya ue ella parecía muy empeñada en "arreglar" el colegio, por lo que algo muy malo debió pasarle…
En realidad los únicos que lamentaban su partida eran la Brigada Inquisorial, que habían disfrutado de los beneficios de ser los preferidos de Umbridge.
Si es así como tratas a tus profesores estos días…
-La profesora Umbridge tuvo un desagradable encuentro con nuestra manada de centauros- dijo Dumbledore-
Todos estaban asombrados. ¿Umbridge había enfrentado a los centauros?
El mas impresionado era Fudge. Siempre había creído que Dolores era una persona sensata, pero enfrentarse a los centauros era la cosa mas estupida que ella pudo haber hecho.
-¿Y esta era a persona mas apropiada para el puesto de Defensa?-pregunto sarcásticamente Mcgonagall Fudge, quien estaba cabizbajo.
Creo que tú, Horace, hubieras sido lo suficientemente inteligente como para no internarte en el bosque y llamar a los centauros unos 'sucios híbridos.'
Todos abrieron los ojos como platos. ¿Acaso esa mujer estaba completamente loca?
-¿Con que eso fue lo que sucedió?- dijo Slughorn-. Esa mujer estúpida. Nunca me agradó.
Harry soltó una carcajada y Dumbledore y Slughorn se giraron para mirarlo.
-Lo siento- se apresuró a decir Harry-. Es sólo que… a mi tampoco me agradaba.
-A nadie le agradaba-comentaron varios al unísono.
Dumbledore se levantó de su asiento súbitamente.
-¿Ya te marchas?- preguntó Slughorn rápidamente, luciendo esperanzado.
-No, me preguntaba si me sería posible usar tu baño- dijo Dumbledore.
Dumbledore sonrió al reconocer la intenciones de su otro yo al dejar solos a Harry y Horace.
-Oh- dijo Slughorn, claramente decepcionado-. Por el pasillo, segunda puerta a la izquierda.
Dumbledore salió dando largos pasos de la habitación. Una vez que la puerta se cerró detrás de él, reinó el silencio. Después de unos momentos, Slughorn se levantó pero parecía no saber qué hacer consigo mismo. Le dirigió una mirada furtiva a Harry, entonces cruzó la habitación hacia el fuego y le dio la espalda a éste, calentando su amplio trasero.
-No pienses que no sé por qué te trajo- dijo abruptamente. Harry meramente miró a Slughorn. Sus húmedos ojos pasaron sobre la cicatriz de Harry, esta vez tomándose el tiempo de apreciar el resto de su rostro. -Te pareces mucho a tu padre.
-Sí, eso he escuchado- dijo Harry.
-Excepto por tus ojos. Tienes…
-Los ojos de mi madre, lo sé-
El Harry del presente también lo dijo rodando los ojos. ¿Es que nunca se cansarían de decirlo…?
Mientras tanto Snape recordaba con nostalgia los ojos de Lily. Siempre le habían gustado, pero ahora era casi insoportable observar esos mismos ojos en el cuerpo de alguien que odiaba… Pero una vez más, no se permitió seguir.
- Harry lo había escuchado muchas veces y le parecía un tanto fastidioso.
-Sí, bueno. Como profesor no debes tener favoritos, por supuesto, pero ella era una de mis favoritas. Tu madre- agregó Slughorn, en respuesta a la mirada inquisitiva que Harry le dirigió-. Lily Evans. Una de las brujas más brillantes a quien le haya enseñado. Vivaz, sabes. Era una niña encantadora. Solía decirle que debería haber estado en mi Casa. También solía obtener respuestas bastante atrevidas.
Sirius y Remus se sentían cada vez más tristes y nostálgicos. Lily también había sido su amiga. Sirius nunca se perdonaría haber considerado a Peter el guardián del secreto.
Snape trataba de mantener a raya la mueca que quería escaparse de sus labios.
-¿Cuál era su Casa?
-Yo era el Jefe de Slytherin- dijo Slughorn-. Oh, vamos-. Se apresuró a decir, viendo la expresión en el rostro de Harry y agitando un grueso dedo en su dirección-. ¡No puedes culparme por eso! ¿Me imagino que eres un Gryffindor, como ella? Sí, usualmente eso sucede en las familias.
Pero no siempre. ¿Alguna vez has oído hablar de Sirius Black? Estoy seguro que debes haber escuchado de él, ha estado en los periódicos por un par de años. Murió hace algunas semanas…
Harry hizo una mueca. Seguía sin poder asimilar la futura muerte de su padrino. Pero entonces sintió que alguien le apretaba la mano bajo la mesa. Ginny le había cogido la mano…Cualquier mas sentimiento se evaporo, convirtiéndose en pura emoción.
La única persona que se había dado cuenta del contacto fue Hermione, quien solo sonrió satisfecha.
Era como si una mano invisible hubiera retorcido los intestinos de Harry y los apretara fuertemente.
-Bien, de todos modos, él era un gran amigo de tu padre en el colegio. Toda la familia Black había estado en mi Casa, ¡Pero Sirius terminó en Gryffindor! Lástima, era un muchacho muy talentoso. Su hermano, Regulus, estuvo en mi Casa después de un par de años, pero me hubiese gustado tenerlos a los dos.
Sonaba como un entusiasmado coleccionista a quien le hubieran ganado una pieza importante en un remate. Aparentemente perdido en sus recuerdos, mantuvo la vista fija en la pared opuesta, girando lentamente en el lugar para asegurarse de calentarse el trasero parejamente.
-Tu madre era hija de Muggles, por supuesto. No podía creerlo cuando me enteré. Pensé que debía ser de sangre pura, era tan inteligente.
-Una de mis mejores amigas es hija de Muggles- dijo Harry-, y es la mejor en nuestro año.
Hermione miro a Harry agradecida.
-Gracias, Harry.
-Yo solo dijo la verdad-dijo Harry con una sonrisa mientras abrazaba a su amiga.
Ron observaba celoso la escena, aunque nadie lo noto. El resto solo los observaba con ternura, aunque los Slytherin los miraban con asco.
-Curioso como eso sucede a veces, ¿no es verdad?- dijo Slughorn.
Ya casi todos estaban seguros de que Slughorn era un defensor de los Sangre-limpia. Los únicos que aprobaban esta creencia eran la mayoría de los Slytherin.
-No realmente- dijo Harry fríamente.
Slughorn lo miró con sorpresa.
-¡De seguro no pensarás que soy prejuicioso!- dijo-.
Harry levanto las cejas sorprendido. ¿Realmente no era un defensor de la sangre?
¡No, no, no! ¿Acaso no acabo de decir que tu madre era una de mis estudiantes favoritas? También estaba Dirk Cresswell, un año detrás de ella. Ahora es Jefa de la Oficina de Enlace con los Duendes en el Ministerio, por supuesto. ¡Otra hija de Muggles, una estudiante muy talentosa, y aún me da excelente información reservada acerca de lo que sucede en Gringotts!
Rebotó suavemente de arriba abajo, sonriendo satisfecho consigo mismo, y apuntó a las muchas fotografías enmarcadas en el escritorio, cada una mostrando a sus diminutos habitantes.
-Todas de antiguos estudiantes, todas firmadas. Puedes fijarte en Barnabas Cuffe, editor de El Profeta, él siempre está interesado en oír mi opinión sobre las noticias del día. Y Ambrosius Flume, de Honeydukes: un canasto cada cumpleaños, ¡Y todo porque lo presenté a Ciceron Harkiss, quien le dio su primer trabajo! En la parte de atrás… La verás si tan sólo tuerces un poco el cuello… está Gwenog Jones, quien por supuesto es capitana de los Holyhead Harpies. ¡La gente siempre se asombra de que yo trate a los Harpies de tú, y tengo boletos gratis cuando quiera!
Todos estaban sorprendidos de lo presumido que era ese hombre con sus antiguos estudiantes.
-No hay de que alarmarse-dijo Dumbledore algo divertido-. Puede que sea algo presumido, pero Horace siempre ha sido una muy buena persona.
Esto parecía alegrarlo inmensamente.
-¿Y toda esa gente sabe dónde encontrarlo, dónde enviarle cosas?- preguntó Harry
-Buena pregunta…-murmuraron algunos, mirando a Harry sorprendidos de que halla notado ese detalle.
Quien no podía evitar preguntarse por qué los Mortífagos aún no habían encontrado a Slughorn si canastos de dulces, boletos para juegos de Quidditch, y visitantes que buscaban su opinión y consejos podían hacerlo. La sonrisa se borró del rostro de Slughorn tan rápido como la sangre de las paredes.
-Por supuesto que no- dijo, mirando fijamente a Harry-. No he estado en contacto con ellos por un año.
Harry tenía la impresión que las palabras sorprendieron a Slughorn mismo; parecía bastante perturbado por un momento. Luego se encogió de hombros.
-Claro que esta bastante perturbado-dijo Dumbledore, sorprendiendo a varios-. Horace esta acostumbrado a las comodidades, le gusta estar rodeado de personas importantes. Debe ser muy difícil para el desprenderse de tantas cosas para tener que vivir escondido.
Todos le dieron la razón, sobre todo los Slytherin, quienes también estaban acostumbrados a ese estilo de vida.
-Aún así… los brujos precavidos mantienen su cabeza agachada en estos tiempos. ¡Muy fácil para Dumbledore hablar, pero aceptar un puesto en Hogwarts justo ahora sería el equivalente declarar mi alianza pública a la Orden del Fénix! Y aunque estoy seguro que son gente muy admirable y valiente y todo lo demás, yo, personalmente, no aprecio la tasa de mortalidad…
-No tiene por qué ser parte de la Orden para enseñar en Hogwarts- dijo Harry, quien no pudo mantener un tono de burla fuera de su voz por completo: era difícil simpatizar con la consentida existencia de Slughorn cuando aún podía recordar a Sirius, agachado y escondido en una cueva, viviendo de ratas-
Los que no sabían como había sido la vida de Sirius durante esos años, lo miraron sorprendidos y compasivos.
Este al notar que lo miraban solo pudo decir:
-Fue un tiempo muy difícil para mi. Sin embargo hoy en día estoy bien. Encerrado… pero bien-su voz tenia un tono de amargura que nadie pudo pasar por alto.
La mayoría de los profesores no están en la Orden, y ninguno de ellos ha sido asesinado… bueno, a no ser que cuente a Quirrell, y él obtuvo lo que se merecía por trabajar con Voldemort.
Aunque ya lo sabían, la mayoría se estremeció al escuchar eso.
Harry había estado seguro que Slughorn sería uno de esos brujos que no podían soportar oír el nombre de Voldemort en voz alta, y no estuvo decepcionado: un escalofrío recorrió a Slughorn y dio una pequeña exclamación de protesta, la que Harry ignoró.
El mismo sonido hicieron varias personas en la sala, haciendo que los integrantes de la Orden rodaran los ojos.
-Me imagino que los profesores estarán más a salvo que la mayoría de las personas siempre que Dumbledore siga siendo director; se supone que él es el único a quien Voldemort ha temido, ¿No es así?- continuó Harry.
Slughorn miró al espacio por un momento o dos: parecía estar considerando las palabras de Harry.
-Bueno, sí, es cierto que El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado nunca ha buscado una pelea con Dumbledore- admitió a regañadientes-.
-Y si lo hiciera, estoy segura de que llevaría las de perder-dijo Mcgonagall mirando al director orgullosa.
-¡Profesora Mcgonagall, va a hacerme sonrojar!-dijo Dumbledore haciendo que todos rieran.
Sirius continúo leyendo:
Y supongo que uno podría decir que como no me he unido a los mortífagos, El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado de seguro no me cuenta entre sus amigos… en cuyo caso, puede ser que me encuentre más seguro cerca de Albus… no puedo pretender que la muerte de Amelia Bones no me asustó… si ella, con todos sus contactos en el Ministerio y la protección…
Dumbledore volvió a entrar en la habitación y Slughorn dio un salto como si hubiera olvidado que se encontraba en la casa.
-Oh, ahí estás, Albus- dijo-. Te demoraste bastante. ¿Estás mal del estómago?
Todos rieron ante la idea de que su profesor este "mal del estomago". Aunque la verdad, la mayoría también habían olvidado que Dumbledore estaba allí.
-No, simplemente me entretuve leyendo las revistas Muggles- dijo Dumbledore-. Me encantan los patrones para tejer.
Algunos miraron al profesor incrédulo, pero no comentaron nada.
Bien, Harry, nos hemos aprovechado de la hospitalidad de Horace por bastante tiempo creo que es hora de marcharnos.
No adverso a la idea, Harry se puso en pie de un salto. Slughorn parecía sorprendido.
-¿Ya se van?
-Sí, efectivamente. Me parece que reconozco una causa perdida cuando la veo.
-¿Perdida…? Slughorn parecía agitado. Comenzó a jugar con sus gordos pulgares mientras observaba a Dumbledore abrochar su capa de viaje y a Harry cerrar su chaqueta.
-Bien, lamento que no quieras el trabajo, Horace- dijo Dumbledore, alzando su mano que no estaba herida en un gesto de despedida-. A Hogwarts le hubiera gustado tenerte de regreso nuevamente.
-Si, claro-dijeron sarcásticamente los profesores.
A pesar de las estrechas medidas de seguridad, siempre podrás visitar el castillo si así lo desearas.
-Sí… bien… muy amable… como yo digo…
-Hasta la vista, entonces.
-Adiós- dijo Harry.
Ya estaban frente a la puerta principal cuando escucharon un grito detrás de ellos.
-¡De acuerdo, de acuerdo! ¡Lo haré!
Para todos era obvio que iba a aceptar.
-Lo que no entiendo-dijo Ron ya calmado de su ataque de celos de antes-, es que pinta Harry ahí.
-Es obvio, ¿no?-respondió Hermione, pero al ver que no lo era, aclaro-. A Slughorn le gusta coleccionar estudiantes famosos o excelentes. Harry seria la punta de su pirámide: El-niño-que-vivió, El Elegido, etc.
Harry y Ron le dieron la razón, aunque Harry a regañadientes.
Dumbledore se volteó para ver a Slughorn parado y sin aliento en el umbral que daba a la sala de estar.
-¿Saldrás de tu retiro?
-Sí, sí- dijo Slughorn con impaciencia-. Debo estar loco, pero sí.
-Maravilloso- dijo Dumbledore, sonriendo alegremente-. Entonces, Horace, te veremos el primero de Septiembre.
-Sí, me atrevo a decir que así será- gruñó Slughorn.
Mientras caminaban por el camino de piedra del jardín, escucharon la voz de Slughorn detrás.
-¡Y quiero un aumento, Dumbledore!
Dumbledore rió. La reja del jardín se cerró detrás de ellos, y se dirigieron colina abajo a través de la oscuridad y la niebla.
-Bien hecho, Harry- dijo Dumbledore.
Los que aun no habían entendido el papel de Harry se miraron extrañados. .
No hice nada- dijo Harry, sorprendido.
-Oh, sí que lo hiciste. Le mostraste a Horace exactamente cuánto puede ganar si regresa a Hogwarts.
El entendimiento llego a los antes mencionados. Era verdad (aunque a muchos no le agradaba), Harry lo había hecho, Dumbledore apenas si había hablado.
¿Te agradó?
-Este…
Harry no estaba seguro si Slughorn le había agradado o no.
-Mismo sentimiento-murmuraron varios a la vez.
Suponía que había sido agradable en cierto modo, pero también le había parecido vano y, aunque hubiera dicho lo contrario, demasiado sorprendido que una hija de Muggles hubiese resultado ser una buena bruja.
-Yo pienso lo mismo-dijeron varios Slytherin al mismo tiempo, ganándose una fea mirada d las otras casas.
-A Horace- dijo Dumbledore, ahorrándole a Harry la responsabilidad de decirlo-, le gusta la comodidad. También gusta de la compañía de aquellos que son famosos, los que son exitosos y los que son poderosos. Le agrada saber que tiene influencia sobre esa gente. Nunca ha deseado ocupar el trono él mismo, prefiere el asiento trasero… más espacio para estirarse, sabes. Solía elegir a sus alumnos favoritos en Hogwarts, algunas veces por su ambición o su inteligencia, otras veces por su encanto y talento, y tenía la extraña habilidad de escoger a aquellos que llegarían a sobresalir en sus diferentes campos. Horace formó una especie de club de sus favoritos con él mismo al centro, haciendo las presentaciones, forjando contactos útiles entre los miembros, y siempre cosechando algún tipo de beneficio, ya sea una caja gratis de su piña confitada favorita o la oportunidad de recomendar al siguiente miembro de la Oficina de Enlace con los Duendes.
Ya todos se habían dado cuenta de lo mismo que Hermione. Y en realidad, cuando lo pensaban de esa manera, era muy obvio.
Harry tuvo una súbita visión mental de una enorme e hinchada araña, tejiendo una red a su alrededor, moviendo un hilo por allí y por allá para traer a las jugosas moscas un poco más cerca.
Todos miraron a Harry, quien se había ocultado detrás de Hermione (quien estaba riendo por lo bajo). Ron se estremeció, sin embargo dijo:
-Amigo, honestamente, eres muy raro.
Termino ganándose un golpe de Hermione, una fea mirada de Harry y risas de los demás.
-Te estoy diciendo esto- continuó Dumbledore- no para ponerte en contra de Horace... o, como debemos llamarlo de ahora en adelante, profesor Slughorn… sino para que estés en guardia. Sin duda intentará incluirte en su colección, Harry. Tú serías la joya de su colección, 'el Niño-Que- Vivió'... o, como te están llamando en estos días, 'el Elegido'.
Harry y Ron miraron a Hermione impresionados, ya que había dicho lo mismo que el profesor pero con otras palabras.
Con estas palabras, lo recorrió un escalofrío que no tenía nada que ver con la niebla que los rodeaba. Fue recordando las palabras que había oído hacía unas semanas, palabras que tenían un horrible significado para él: Y ninguno puede vivir mientras el otro sobreviva…
Todos en la sala se estremecieron también.
Dumbledore había dejado de caminar al llegar al nivel de la iglesia que habían pasado anteriormente.
-Con esto bastará, Harry. Sujétate de mi brazo.
Preparado esta vez, Harry estaba listo para la Aparición, pero aún así la encontró desagradable
-Con el tiempo te acostumbras-dijeron los adultos.
Cuando la presión desapareció y descubrió que una vez más podía respirar, se encontró a sí mismo en un camino en medio del campo parado al lado de Dumbledore y mirando a lo que parecía ser la silueta de su segunda favorita construcción en el mundo: la Madriguera.
Los Weasley parecían bastante sorprendidos. Molly miro a Harry como si quisiera llorar.
-Gracias, Harry.
Para sorpresa de todos, Harry se levanto de su asiento para abrazar a la Señora Weasley y susurrarle:
-Gracias a ustedes por tratarme como si fuera parte de la familia.
Eso hizo que Molly empezara a derramar lágrimas, diciendo con voz temblorosa:
-Eres parte de la familia.
Todos miraron enternecidos la escena. Se necesitaron aproximadamente 10 minutos para que la Señora Weasley dejara de llorar. Cuando Harry se volvió a sentar, Ginny le volvió a coger la mano. Fue ahí cuando se dio cuenta de que el también había soltado una lagrima. Se la limpio rápidamente, esperando que nadie lo haya notado.
Una vez calmada la conmoción, Sirius (el cual también se había emocionado) volvió a leer:
A pesar del sentimiento de aprehensión que lo invadió, su ánimo no pudo evitar elevarse al verla. Ron estaba ahí… y también la señora Weasley, quien cocinaba mejor que cualquier otra persona que conociera…
-En eso tiene razón-dijo Tonks-. Por cierto, Señora Weasley, ¿Cuándo me dará la receta de su torta de melaza?
-Cuando volvamos a casa, querida-dijo la Señora Weasley, feliz por los halagos.
-Si no te importa, Harry- dijo Dumbledore, al pasar a través de la reja-, me gustaría tener algunas palabras contigo antes de despedirnos. En privado. ¿Quizá aquí dentro?
Dumbledore apuntó al cobertizo en deterioro donde los Weasley guardaban sus escobas
Ron hizo una mueca: Ese lugar estaba lleno de arañas.
Un poco sorprendido, Harry siguió a Dumbledore a través de la puerta que crujía hacia un espacio un poco menor en tamaño a una alacena regular. Dumbledore iluminó la punta de su varita para que brillara como una antorcha y le sonrió a Harry.
-Espero que me perdones por mencionarlo, Harry, pero estoy complacido y un poco orgulloso de lo bien que pareces estar lidiando con todo lo sucedido en el Ministerio. Permíteme decir que pienso que Sirius estaría orgulloso de ti.
-Siempre-se interrumpió Sirius mirando orgulloso a Harry, quien le dio una mirada agradecida.
Harry tragó, su voz parecía haberlo abandonado. No pensaba que pudiera soportar hablar de Sirius, había sido bastante doloroso escuchar a su tío Vernon decir '¿Su padrino está muerto?' y aún peor el escuchar el nombre de Sirius lanzado al aire tan casualmente como lo había hecho Slughorn.
-Fue cruel- dujo Dumbledore suavemente- que tú y Sirius tuvieran tan poco tiempo juntos. Un final brutal de lo que debería haber sido una larga y feliz relación.
Ahora todos miraban con compasión a Harry y Sirius, quienes intentaban no prestar atención a esas miradas
Harry asintió, sus ojos fijos resueltamente en la araña que ahora subía por el sombrero de Dumbledore. Podía darse cuenta que Dumbledore entendía y que incluso podía sospechar que hasta la llegada de su carta, Harry había pasado casi todo el tiempo en casa de los Dursley recostado en su cama, rechazando comidas, y mirando a la ventana empañada por la niebla, lleno del congelante vacío que había llegado a asociar con los dementores.
Todos (menos los Slytherin) se sentían muy tristes por Harry. Debe de querer mucho a su padrino como para deprimirse de esa manera.
Harry también se sentía muy triste, aunque no paraba de recordarse a si mismo que eso no sucedería; que Sirius estaba ahí, a su lado.
-Sólo es difícil- dijo Harry finalmente con voz grave- darse cuenta que no volverá a escribirme nunca más.
Sus ojos ardieron de pronto y parpadeó. Se sentía estúpido por admitirlo, pero el hecho de saber que tenía a alguien fuera de Hogwarts quien se preocupaba de lo que le pasaba, casi como un padre,
Esta vez que Sirius se interrumpió a si mismo y miro sorprendido a Harry.
Harry solo se encogió de hombros algo avergonzado. Sirius solo dijo:
-Tú también eres como un hijo para mí.
Luego siguió leyendo como si nada hubiese pasado. Pero para Harry el día no podía ser mejor. Nunca se había sentido tan querido como ahora. Estaba tan metido en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando Sirius comenzó a leer.
Había sido una de las mejores cosas de haber descubierto a su padrino… y ahora las lechuzas nunca le traerían esa consolación nuevamente…
-Sirius representaba mucho para ti que nunca habías tenido alguien como él antes- dijo Dumbledore con gentileza-. Naturalmente, la pérdida es devastadora…
-Pero mientras estaba en la casa de los Dursley…- interrumpió Harry, su voz volviéndose más fuerte-, me di cuenta que no podía aislarme o… o flaquear. Sirius no hubiera querido eso, ¿o si?
-Claro que no-dijo Sirius.
De todos modos, la vida es demasiado corta… Mire a Madame Bones, mire a Emmeline Vance… yo podría ser el siguiente, ¿verdad? Pero si así fuera- dijo con fiereza, ahora mirando fijamente los ojos de Dumbledore que brillaban con la luz de su varita- voy a asegurarme de llevarme conmigo tantos mortífagos como pueda, y también a Voldemort si puedo lograrlo.
Todos parecían asombrados por las palabras tan maduras que había dicho. Harry se sonrojo al ver que sus amigos lo observaban con admiración, pero se volvió aun más rojo al notar la mirada de anhelo de Ginny.
-¡Dicho como digno hijo de tu padre y tu madre y como el ahijado de Sirius!
Los que los habían conocido, asintieron en señal de acuerdo.
Dijo Dumbledore, dándole una palmada de aprobación a Harry en la espalda-. Me quito mi sombrero ante ti… o lo haría si no temiera arrojarte arañas encima.
Ron se volvió a estremecer, sin embargo se relajo por completo Cuando Hermione le abrazo para calmarlo.
-Y ahora, Harry, en un tema enormemente relacionado… ¿Presumo que has estado recibiendo El Profeta Diario durante las últimas dos semanas?
-Sí- dijo Harry y su corazón comenzó a latir un poco más aprisa.
-¿Entonces seguro te habrás dado cuenta que no ha habido muchas goteras tanto como torrentes en lo que concierne a la información sobre tu aventura en el Salón de las Profecías?
Ahora todos prestaban atención. Querían saber que había pasado exactamente ese día, aunque en realidad dudaban mucho que lo dijeran ahí.
-Sí- dijo Harry nuevamente-. Y ahora todos saben que yo soy el que…
-No, no lo saben- le interrumpió Dumbledore-. Sólo hay dos personas en todo el mundo que conocen el contenido completo de la profecía hecha sobre ti y Lord Voldemort, y los dos están parados en este apestoso cobertizo lleno de escobas y arañas. Aunque es verdad que muchos han adivinado correctamente que Voldemort mandó a sus mortífagos a robar la profecía y que ésta hablaba sobre ti.
-Ahora, ¿Creo que estoy en lo correcto al decir que no le has dicho a nadie que conozcas lo que dice la profecía?
-No- dijo Harry.
Ron y Hermione miraron dolidos a Harry. ¿No se los había dicho? Este solo los miro avergonzado y murmuro un "lo siento"
-Una sabia decisión después de todo- dijo Dumbledore-. Aunque pienso que deberías relajarte con tus amigos, el señor Ronald Weasley y la señorita Hermione Granger.
Los mencionados le dirigieron una mirada agradecida a Dumbledore, quien solo les sonrió.
Sí- continuó cuando Harry pareció sorprenderse-, creo que ellos deberían saberlo. Les haces daño al no confiarles algo tan importante para ellos.
-No quería…
-¿… asustarlos o preocuparlos?
-Claro, porque es la primera vez que sucede algo así-dijo Ron sarcásticamente, ganándose una mirada de preocupación de su madre.
- dijo Dumbledore, observando a Harry por sobre el borde de sus anteojos de media luna-. ¿O quizá, confesar que tú mismo estás preocupado y asustado? Necesitas a tus amigos, Harry.
Eso es cierto pensó Harry mientras observaba con cariño a sus amigos.
-En una nota diferente, pero relacionada, es mi deseo que tomes clases privadas conmigo este año.
Todos abrieron los ojos con sorpresa. ¿Clases privadas con Dumbledore? ¿Qué le enseñaría?
-Privadas… ¿con usted?- dijo Harry, olvidando su preocupación debido a la sorpresa.
-Sí. Pienso que es hora que yo tome un rol mayor en tu educación.
-¿Qué me enseñará, señor?
-Oh, un poco de esto, otro poco de aquello- dijo Dumbledore ligeramente.
Miraron a Dumbledore con sospecha. ¿Qué le enseñara?, ¿Por qué no o quiere decir?
Harry esperó pacientemente, pero Dumbledore no dijo nada más, así que le preguntó sobre algo más que lo había estado molestando un poco.
-Si voy a tener clases con usted, no voy a tener clases de Oclumancia con Snape, ¿o sí?
Harry abrió los ojos como platos. ¿Había tenido clases de oclumancia con Snape? Y en todo caso, ¿Qué era oclumancia?
Los que sabían que era, pensaron que estaba muy bien que Harry tomara clases, pero no con Snape. El resto parecía confundido.
-¿Qué es la oclumancia, profesor?-pregunto un estudiante de tercer año.
-Consiste en el arte de proteger los propios pensamientos de invasores no deseados-dijo Dumbledore-. Harry debe de tomar las clases para que Voldemort no entre más en su mente.
Todos estaban de acuerdo con que Harry haya utilizado la oclumancia contra Voldemort, pero con Snape…
-Profesor Snape, Harry…
Algunos rodaron los ojos.
Y no, no tendrás clases con él.
-Bien- dijo Harry, aliviado-, porque fueron un…
Se detuvo, con cuidado de no decir lo que estaba pensando.
-Creo que la palabra 'fiasco' sería adecuada en esta ocasión- dijo Dumbledore, asintiendo
Dumbledore frunció el ceño. No le agradaba que Harry no pudiera practicar la oclumancia, pero era algo muy difícil, por lo que no culpaba a Harry de no haberlo logrado.
Los pensamientos de Snape eran completamente opuestos. Pensaba que por ser un vago como su padre, Potter no podía proteger su mente.
Harry rió.
-Bien, eso significa que no veré al Profesor Snape muy a menudo de hoy en adelante- dijo-, porque no me dejará continuar en Pociones a no ser que consiga un 'Sobresaliente' en mis TIMOS, y estoy seguro que no lo logré.
Dumbledore sonrió, ya que estaba seguro de que Snape ya no daría Pociones, sino Defensa Contra las Artes Oscuras. Los otros profesores también tenían sus sospechas. Incluso Snape tenía una desagradable sonrisa en su cara.
-No cuentes tus TIMOS antes que te sean entregados- dijo Dumbledore gravemente-. Lo que, ahora que recuerdo, debería ser un poco más tarde este mismo día. Ahora, dos cosas más, Harry, antes de despedirnos.
-Primero, deseo que tengas tu capa invisible contigo a todo momento, desde ahora en adelante. Incluso en Hogwarts.
A todos les parecía extraña la petición, pero no comentaron nada.
Sólo para estar seguros, ¿me comprendes?
Harry asintió.
-Y finalmente, mientras dure tu estancia aquí, la Madriguera ha sido provista con la mayor seguridad que pudo proveer el Ministerio de Magia.
Los Weasley hicieron una mueca. Harry, al darse cuanta, hizo una mueca.
Pero Ginny pareció leerle el pensamiento, por lo que negó con la cabeza, dándole a entender a Harry que ellos no lo culpaban. Eso hizo relajar un poco a Harry.
Estas medidas le han causado algunos inconvenientes a Arthur y Molly…
Harry le envió una mirada de disculpa a los Señores Weasley, quienes le sonrieron e hicieron un gesto con la mano como diciendo "no importa"
Todo su correo, por ejemplo, está siendo revisado en el Ministerio antes de ser entregado. Pero a ellos no les importa en lo más mínimo, pues su única preocupación es tu bienestar.
Ahora Harry los miro agradecido, pero esta mirada no se comparaba con la de Sirius, quien se sentía feliz de que alguien se preocuparía de Harry si el no estuviese.
Pero sería una pobre forma de pagarles si arriesgaras tu cuello mientras estés con ellos.
-Lo entiendo- Harry se apresuró a decir.
-Deberías acordarte de eso-murmuro Ron por lo bajo.
-Muy bien, entonces- dijo Dumbledore, empujando la puerta para abrir el cobertizo y dando un paso en el jardín-. Veo una luz en la cocina. No privemos a Molly un minuto más de la oportunidad de lamentarse sobre lo delgado que estás.
Molly se sonrojo un poco mientras los demás reían.
-Eso es todo-dijo Sirius cerrando el libro.
-Muy bien-dijo Dumbledore-, otro capitulo, después cenaremos y nos iremos a dormir.
Nadie se había fijado que ya era de noche (solo en el comedor, ya que afuera solo habían pasado unos pocos minutos).
-¿Quién desea leer ahora?
Nadie se sorprendió cuando Hermione levanto la mano. Estaba muy curioso sobre todo lo que ocurriría, por lo que quería leer ella misma. Se levanto, agarro el libro, y se volvió a sentar leyendo con voz solemne:
-El siguiente capitulo se llama-hizo una mueca de confusión y asco- "Un Exceso de Flema"
