Capítulo V
Sesshoumaru miró desde el umbral de la puerta como la niñera que había contratado hacia unos días intentaba con sonidos y palabras tranquilas para que Karin; sentada en su sillita de bebé, abriera la boca para introducir papilla en ella, pero todo lo que hacia era en vano. Hacia una semana en la que había llevado a la bebé a la mansión de la familia Taisho y el mismo tiempo en el que la pequeña no dejaba de llorar, siempre estaba de mal humor y pocas veces habían logrado que comiera un poco más que unas cucharadas de comida.
El primer día creyó que solamente estaba asustada por estar en un lugar diferente y desconocido y que pronto se terminaría acostumbrando a su nuevo hogar y a las nuevas personas que le rodeaban. Pero mientras pasaban los días nada había cambiado.
El día anterior la había visto recostada boca abajo jugando con unos juguetes en el piso, pero cuando se acercó para estar cerca, ella alzo su pequeña carita lo miro fijamente con aquellos ojos ámbares y había comenzado a llorar en seguida. Parecía que lo culpaba de haberla arrebatado de los brazos de su madre.
Dejo salir una maldición entre dientes. Nada estaba saliendo como lo había planeado.
Primero su madre no había cumplido con su parte del contrato huyendo con su hijo en el vientre, el medico se había equivocado al fecundar a una niña en vez de un niño, lo cual no lamentaba ya que sabía que una mujer empresaria en muchos aspectos era mejor que un hombre, y ahora su hija no le permitía ni siquiera estar a unos metros cerca de ella.
―Si no haces algo, pronto enfermara― su padre hizo que saliera de sus pensamiento, se colocó a un lado de él mirando con rostro serio a su hija.
Alzo los hombros restando importancia.
―Solo es cuestión de tiempo para que se acostumbre― espetó manteniendo una expresión indiferente.
Su padre lo miraba fijamente, conocía a su primogénito a pesar de aquella actitud de soberbia y frialdad, sabia lo realmente preocupado que se encontraba por el bienestar de la pequeña. Nunca antes Sesshoumaru había salido temprano de la oficina o cancelado una reunión importante, solamente para llegar a casa y ver como se encontraba su hija.
Inutaisho se dirigió hasta la pequeña y con un ademan hizo que la joven niñera frente a su nieta saliera de la habitación, tomando el lugar en donde se había encontrado.
―Vamos linda, abre la boquita para abuelito― intento dirigiendo la cuchara a la boca de su nieta, la cual al tenerla cerca volteaba su cara a otro lado. ―Solo di "aaah"― volvió a insistir logrando solo manchar el rostro de la pequeña, haciendo que esta comenzara a llorar. ―Tranquila nena, no llores― dijo apresurándose a tomándola en brazos y mecerla.
Sesshoumaru que hasta entonces se había encontrado mirando; ajeno de la situación, se dio la vuelta para alejarse. Sabia que solo había una forma para que Karin volviera ha se una bebé feliz, y aquella era Kagome Higurashi.
―Vamos Kagome, no puedes quedarte toda la vida en cerrada― trató de sacarla de la cama, al quitarle la sabana de encima.
Llevaba una semana encerrada en aquella habitación sin salir o siquiera tomar un baño, todo lo que podía hacer era lamentarse. Sango ya no podía soportar ver a su amiga en aquella situación. Sabía lo mucho que Kagome sufría por la separación de su hija, pero era momento de que se levantara y tratara de continuar su vida.
―Es hora de levantarse― dijo moviéndola con insistencia, sin lograr que se moviera ― ¡Esta bien, quédate en la cama, ya no me importa!― comenzó a sentirse irritada, no podía hacer nada para lograr animar a su amiga.
Kagome escucho como la puerta se cerraba para después quedará la habitación en silencio, desde hacia varios días que ya no lloraba, no podía hacerlo ya que era como si las lagrimas se habían secado en ella. Sentía como si su vida había perdido sentido desde que había entregado a su bebé, sin embargo no se arrepentía. Karin merecía todo aquello que Sesshoumaru podía ofrecerle.
Ella por su parte, había hecho todo lo que se encontraba a su alcance para retener a su hija a pesar de las circunstancias. Se arrepentía por haber firmado aquel estúpido contrato, pero no por haber dado la vida a aquel maravilloso ser, el cual le enseño que no estaba completamente sola y que la vida podía tener grandes cosas esperándola.
Karin era muy pequeña y olvidaría por siempre su rostro, pero ella; aun en el día de su muerte, nunca olvidaría el de su hija.
Se sentó en la cama donde había pasado tanto tiempo, Sango tenia razón no podía quedarse más tiempo en cerrada en cuatro paredes, además las facturas no iban a pagarse solas. Tenía que salir a buscar un trabajo y a pesar de lo difícil debía de continuar con su vida. Se dio un baño y se cambio de ropa para después salir de la habitación, para luego dirigirse a la cocina donde Sango se encontraba cocinando y el pequeño Kohaku estaba en su sillita dando grandes risas cuando golpeaba la bandeja enfrente de el con un pequeño juguete.. El pequeño alzo la vista y sonrió mostrando orgulloso unos pequeños dientes; a pesar del agudo dolor que le atravesó el pecho, se obligó a devolverle la sonrisa y acaricio con una mano su cabello mientras que el siguió jugando.
Se acercó a Sango la cual estaba en la cocina y sin decir nada comenzó a cortar con el cuchillo unas verduras que utilizaría para la comida. Su amiga la miro con tristeza y alegría a la vez, después de todos esos días al fin había dado el primer paso para retomar su vida. Sin embargo no podía imaginar el dolor por el cual estaba pasando, si alguien le quitara su hijo estaba segura que se volvería loca.
Las pequeñas risas de Koharu armonizaban aquel incomodo silencio hasta que el sonido del timbre de la puerta lo interrumpió.
―Yo iré― pronuncio levemente antes de dirige a la entrada.
Y lo que vio al otro lado de la puerta la dejo helada. Ahí estaba la fuerte y robusta figura de Sesshoumaru, llevaba un traje como todas las veces que lo había visto antes, pero esta vez iba con su corbata suelta y su cabello alborotado.
El la miraba directamente de los ojos con un semblante exasperado e irritado. Kagome no podía pensar la razón por la que estaba ahí, ya tenía lo que había querido, ¿O acaso venía a anunciarle que había iniciado una demanda en su contra por no haber cumplido con su parte del trato?
―Antes de cualquier cosa, déjame decirte que no te devolveré a la niña― vio la confusión en la cara de la mujer enfrente de él, a lo que se apresuró a añadir ―Necesito que vengas solamente un par de días a Tokio, antes de alejarte para siempre de la vida de mi hija.
Kagome lo miró directamente a los ojos, tratando de procesar las palabras que acababa de escuchar. ¿Quería que viera a su hija y despedirse de ella? ¿Por qué quería aquello?
―No entiendo― pronuncio mientras se recargaba en el marco de la puerta con los brazos cruzados y su vista perdida ―Te la he dado, ¿Qué más puedes necesitar de mí?
Antes de decir algo Sesshoumaru la examino con la mirada deseándolo no haberlo hecho ya que con sus brazos cruzados inconscientemente había hecho que sus pechos se alzaran. A pesar de que estaba más delgada y en sus ojos habían unas leves pero visibles ojeras. Sus labios tenían solo un débil tono color carmín. Entorno los ojos, reprimiéndose por estar observándola de esa manera, ¿Qué podría importarle como se encontraba aquella mujer? solo había ido a verla por una sola razón.
―No te equivoques mujer― pronuncio con un tono indiferente y ácido ―Por desgracia es mi hija la que te necesita. Pero no será por mucho tiempo te lo aseguro.
Ella se irguió abriendo los ojos sorprendida ¿Karin la necesitaba? Su pequeña quería verla y ella también deseaba con todo su ser verla de nuevo. Pero por lo que le había dicho Sesshoumaru no la quería más tiempo cerca de ella.
Había cumplido con su parte del trato, le había entregado al bebé por el cual le habían pagado. Sesshoumaru tenía todo mientras que a ella no le había quedado nada.
―No― respondió con voz apagada, pero no lo suficiente para que él no la escuchara.
― ¿Qué quiere decir con "No"?― dijo mirándola con calculadora expresión.
Kagome lo miro directo a los ojos con una posición desafiante. No se dejaría intimidar.
―No iré contigo así que puedes marcharte.
Iba a cerrar la puerta pero Sesshoumaru coloco su cuerpo como un fuerte muro impidiéndole que lo hiciera. Sintió un frio recorrer su espalda cuando miro el semblante de aquel hombre, su expresión daba miedo.
― ¿Acaso no te preocupa lo que le suceda?
― ¡Claro que me preocupa!― replico en voz firme ― Pero no puedo entrar y salir de su vida, ¿Crees que se sentirá mejor después de que la abandone otra vez?...Ya que todavía es una bebé, solo es cuestión de tiempo para que se olvide de mí.
Su argumento era bueno, pero no lo suficiente para hacer cambiar de parecer a Sesshoumaru, iría con él quisiera o no.
La tomo con fuerza del brazo caminando a dirección de su auto deportivo, mientras que con su mano la sujetaron con firmeza como si de un firme grillete se tratara, Kagome intento zafarse del agarre, pero la fuerza de Sesshoumaru era mucho mayor a la suya que en cuestión de segundos sus piernas comenzaron a caminar tras de él.
― ¡Suéltame!―Con su mano libre trato en vano a que soltara su brazo. En un impulso arrebatado, marco sus uñas en la mano de Sesshoumaru con fuerza, sintiendo como estas se enterraban en su piel.
― ¡Maldita sea!― Rugió Sesshoumaru soltándola.
Ella aprovecho para salir de su alcance, corrió hacia la entrada pero antes de llegar a la puerta Sesshoumaru la sujeto tomándola bajo de su brazo, como si fuera una pelota de basquetbol.
Kagome comenzó a golpearlo con los puños cerrados, el abrió la puerta de su automóvil y como si fuera una maleta la arrojaba en el asiento de copiloto, ella se enderezo en seguida para salir del auto, pero la figura de Sesshoumaru se encontraba cubriéndole el paso como un fuerte muro.
―Ni se te ocurra escapar por que de nuevo te traeré aquí― le dijo con una voz amenazadora y una mirada que asustaría a cualquiera.
Su rostro se encontraba demasiada cerca del de ella que su aroma a colonia masculina le inundo los sentidos. Pero sus facciones se encontraban duramente marcadas con un semblante serio. Kagome tuvo que tragas saliva, por el miedo y la proximidad de aquel ejemplar masculino.
― ¿Qué es lo que quieres de mí?
―No deseaba nada más que tus servicios de madre de alquiler― dijo escupiendo entre dientes ― Pero ya que las cosas no pasaron como estaban planeadas debes de hacerte responsable del daño que causaste a mi hija.
―Yo no hice nada para dañarla― replico ella.
―Oh, ¡Claro que lo hiciste! Si no hubiera salido huyendo en vez de seguir el contrato ella no estaría sufriendo. Así que aunque no quieras vendrás conmigo.
Cerro la puerta con tanta fuerza, que asombró a Kagome que el cristal no se hubiera roto en añicos, él se subió al auto y al instante arranco. Ella no protesto, y a partir de ese momento solo el incómodo silencio se hizo presente, ninguno hizo ningún comentario.
Ella se inclinó hacia su hombro derecho para darle la espalda, mirando a la ventana como se estaban alejando de la zona que conocía. Sesshoumaru manejo tomando fuertemente el volante hasta que sus nudillos se pusieron blancos, la actitud de esa mujer le molestaba de sobre manera. Por eso había hecho todo aquello, tener un heredero sin que mujer tuviera algún derecho sobre él; a su parecer, las mujeres solo en la cama eran una excelente compañía. "Qué ironía" pensó, ahora tenía a una pequeña mujercita en casa la cual en esos momentos le estaba dando un gran dolor de cabeza. Miro de reojo hacia Kagome, ella era la culpa de ella hacia hecho que su hija lo viera como un completo extraño.
La ciudad de Tokio se veía a lo lejos, manejo hacia la mansión Taisho, la cual se encontraba lejana a todo el ruido de aquella ruidosa y transitada ciudad. Condujo hacia una pequeña avenida y en un par de minutos más entro a un camino donde se podía ver demasiada vegetación alrededor.
Kagome abrió desmesuradamente sus ojos al ver la gran mansión de color beige en donde Sesshoumaru se estaciono. Era imposible que eso fuera una casa. No, aquello era un palacio. Tuvo que sacudir la cabeza para evitar desconcentrarse, no estaba ahí para admirar la riqueza de ese hombre. Su hija la necesitaba.
Sin darse cuenta cuando Sesshoumaru abrió su puerta para que bajara, con una semblante serio le ofreció una mano para ayudarla a bajar. Ella lo miro con ojos entornados y bajo sin recibir ninguna ayuda. El rodo los ojos. Aquella mujer lo volvería loco.
Caminaron hacia la entrada y la puerta fue abierta casi al instante dejando ver a un hombre de avanzada edad de estatura baja y vestido de traje.
―Bienvenido Joven Amo― dijo el mayordomo haciendo una pequeña reverencia.
Se percibía el respeto con el que veía y trataba a su jefe, pero cuando la vista se fijó en la joven que lo acompañaba sus ojos se entornaron y un gesto de desagrado se hizo presente. Kagome noto como la miraba, sus mejillas tomaron un tono sonrojado. Bajo la vista y miro la forma en la que estaba vestida. Tenía unos jeans los cuales se notaban a primera vista que estaba deslavados y una blusa blanca muy poco fina o elegante. Desencajaba en ese lugar.
― ¿Dónde está mi hija? Jaken ― dijo Sesshoumaru exigente.
― ¡Oh! Hace poco que la niñera la llevo a su habitación.
Sin siquiera dar las gracias se dirigió a una grande escalera color blanco, ella lo siguió un paso atrás. Todo a su alrededor parecía de hace dos siglos. Todo estaba tan limpio y pulcro que daba la impresión que vivía ahí. ¡Parecía sacada de una casa de revista! Tuvo que caminar rápidamente ya que las largas zancadas de Sesshoumaru la estaban dejando atrás. Se dirigieron a un pasillo, pasaron de largo las primeras puertas cuando de pronto se él se paró en seco tan abruptamente que Kagome choco con él, sin siquiera moverlo ni un centímetro.
Abrió la puerta sin tocar, dejando ver una habitación de color azul y blanco, la cual estaba decorada con animales en las paredes y estantes con peluches y libros infantiles. Había una pequeña cuna de madera en el centro de la habitación. Pero los ojos de Kagome se posaron en la pequeña que se encontraba sentada sobre la alfombra. Sentido como los ojos se le nublaron, ahí estaba su hija.
―Karin― pronuncio débilmente.
La pequeña estaba jugando con uno cubos sin prestar atención a su alrededor, pero cuando escucho la voz de su madre levanto la vista y sus ojos se iluminaron. Soltó el juguete que sostenía en su mano y comenzó a gatear hacia ella. Kagome correo para tomar entre sus brazos a su hija acunándola en su pecho. Beso una y otra vez sus regordetas mejillas mientras que la bebé hacia pequeños gorgoritos inentendibles.
Sesshoumaru miro con el ceño fruncido aquella escena. Odiaba que Kagome lo hubiera privado de todo aquello. Su hija estaba acostumbrada a ella, mientras que a él lo veía con recelo y resentimiento. Pero estaba seguro que le haría pagar muy caro todo aquello.
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Hola a todos otra vez! Aquí les traigo un nuevo capitulo de esta historia esperando que sea de su agrado. Quiero agradecerles a todo por sus comentarios, realmente me animan a seguir escribiendo. Me esforzaré para poderles traer cada semana la continuación de esta historia. Nos vemos en el siguiente capitulo.
(respuestas a todos sus mensajes)
okita kagura: Me alegra que te haya gustado y aunque fuera un poco pude transmitirte algún sentimiento, muchas gracias por tu mensaje :)
LadyPentakill: Disculpa la demora, he trabajados mucho para poder subir un capitulo cada semana y últimamente me he vuelvo muy minuciosa con la escritura ya que escribo y releo para que el capitulo quede lo mejor posible, aunque en algunos momentos creo que se me escapan un par de cosas :(. No soy una escritora perfecta, pero trato de que darle lo mejor de mi. Trataré de de extenderme mas y hacerlos un poco mas largo. Espero que este capitulo sea de tu agrado y sabes que puedes dejarme cualquier tipo de observación. Saludos :)
Rochy Ramoss: Hola! Muchas gracias por seguir esta historia, voy a trabajar para que los capítulos queden terminados y subidos cada fin de semana. Nos leemos pronto!
sandra sirake: Verdad que Kagome y Sexymaru hacen la pareja perfecta? No se como a Rumiko-san no se le ocurrió :( jajaja. Nos leemos el próximo capitulo.
Gleycce: Espero que el capitulo haya sido de tu agrado. Me esforzaré mucho para no defraudarlos y tener un capitulo cada semana. Saludos
Linithamonre77: Ya Karin esta de nuevo con su madre! La verdad que pobre Kagome, siempre le toca la peor parte. Espero y puedas seguir esta hitoria y ver como se desarrolla la relación entre el corazón de hielo y Kagome.
pame.30: Muchas gracias por tu mensaje. El carácter de Sesshoumaru es un misterio, el salvaje y tierno a la vez (creo que por eso nos gusta tanto).
yessi-chibi: Gracias por seguir leer. Espero este capitulo haya sido de tu agrado. Saludines
Yuli: Tienes toda la razón, una madre siempre hará lo mejor para su hijo. Pero siempre necesitara en su vida el apoyo de sus dos padres. Vamos a ver como se resuelve todo este embrollo :) Nos leemos en el próximo capitulo.
zabitam1975: Owww! Tu mensaje me hizo sentirme importante. Fans!no le sigas que me la creo jeje :) Muchas gracias por tu mensaje. Trabajare duro para poderles traer pronto el siguiente capitulo.
joh chan: Obrigado pela sua mensagem. Espero que possamos em breve ler. saudações
catcrime: Muchas gracias por tu mensaje y una disculpa por mi otro fics en Creando el Destino no he podido escribir ni un solo capitulo. Espero pronto poder salir de mi obstáculo mental y poder seguir también con el. Saludos
Fati: Espero que te haya gustado este capitulo. Gracias por tu mensaje. Nos leemos prontito.
: Disculpa por ser tan mala :( Espero ya no hacerlos sufrir mas. Nos vemos en el siguiente capitulo.
damalunaely: Ya tenemos nuevo capitulo! Gracias por tu mensaje.
Titita: Ya hasta yo me sentí mal por entristecerlos con el capitulo anterior:( pero al mismo tiempo me da gusto de poder transmitirles sentimientos en esta historia. Nos leemos pronto
Anglica: Muchas gracia por tu mensaje. Espero poder traerles un capitulo nuevo cada semana. Saludos y nos leemos en el próximo capitulo.
