Los derechos de autor de Harry Potter le pertenecen a J.K. Rowling
-¿De qué hablas, Hermione?-intento defenderse Cho.
-No creas que soy una tonta-dijo Hermione, quien seguía gritando-. ¡Vi perfectamente como le ponías algo a la copa de Harry!
Nadie había visto antes a Hermione tan enojada. Y es que, en realidad, posiblemente nunca lo había estado tanto.
-¡Pruébalo!-exclamo Cho, desesperada.
Hermione se levantó y rodeo la mesa hasta llegar al lado de Cho y, antes de que la pobre si quiera se diese cuenta de que estaba haciendo, le arrebato de la mano la pequeña botella que hacia un minuto había contenido la poción de amor. En cuanto Hermione la levanto en alto, todos exclamaron sorprendidos.
-¡Eso no significa nada!-Cho ya tenía ya lagrimas rodando por sus mejillas. Esperaba que si la veían como una víctima de Hermione, le creerían a ella.
Harry estaba extrañamente callado. Cualquiera habría pensado que se levantaría reclamándole a Cho, pero no. Tan solo la observaba completamente serio. Pero cualquiera que conociera realmente a Harry, se daría cuenta de que estaba a punto de explotar.
-Traiga esa copa para acá, Granger-exigió Snape.
Hermione, con paso decidido, se acercó a la mesa de profesores y le entrego la copa a Snape. El profesor saco de uno de los bolsillos de su túnica una botella que contenía un líquido transparente como el agua. Todos observaban expectantes como depositaba una sola gota en la copa de cristal, aunque no alcanzaron a ver como el agua se tornaba de un rosa chillón. Snape sonrió burlonamente y le dijo a Cho:
-Me parece que va a tener un muy largo castigo, Señorita Chang. Eso de darles Amortentia a otros estudiantes está en contra de las reglas.
Todos soltaron una gran exclamación. Pero nadie tuvo tiempo de hacer algo más, porque una mata de cabello pelirrojo se lanzó sobre Cho.
-¡PERRA! ¡¿COMO ERES CAPAZ DE HACER ALGO ASI?! ¡ESO HA SIDO ALGO BAJO, INCLUSO PARA TI! ¡¿CREIAS QUE PODIAS DARLE UNA POCION DE AMOR A MI NOVIO Y SALIR TAN CAMPANTE?! ¡PUES NO!
Todo eso lo grito Ginny, mientras que le halaba el cabello a Cho y le pegaba a lo muggle. Estaba tan furiosa que hacia magia involuntaria, por lo que en cuanto alguien se acercaba a intentar separarlas, salía expulsado a metros de distancia. Cho gritaba como loca, mientras intentaba quitársela de encima, sin mucho éxito. El único que pudo acercarse fue Harry, quien inmediatamente rodeo a Ginny con sus brazos y se la llevo mientras la chica intentaba resistirse.
-¡Harry James Potter! ¡Suéltame! ¡Déjame darle su merecido a esa perra!
Pero por mucho que intento, Harry no la soltó. La sostuvo pacientemente hasta que ella se quedó quieta y dijo:
-Ya puedes soltarme. Ya estoy calmada.
Harry la soltó. Ginny, sintiéndose un poco avergonzada por su comportamiento, se retiró hasta los dormitorios, no sin antes dirigirle una mirada de odio a Cho.
Harry se giró y observo fríamente a Cho. Parece ser que él tenía un don parecido al de Dumbledore, porque Cho hubiera preferido que le gritara en vez de que le mirara de esa manera.
-No vuelvas a dirigirme la palabra-fue todo lo que dijo, antes de seguir a Ginny a los dormitorios.
Antes de que alguien pudiera agregar algo más, Cho desapareció de la misma manera en que lo hizo Umbridge. Y tal como en la última vez, todos soltaron un grito.
-Y ese es el motivo por el cual estoy yo aquí-dijo Hermione F. quien tenía la varita levantada. La mujer se veía también enojada, aunque no tanto como la Hermione del presente.
Todos se quedaron en silencio. Eran demasiadas sorpresas para tan poco tiempo.
-Wow… Eso fue…Intenso-dijo Ron, rompiendo el silencio.
Eso pareció sacar a todo el Gran Comedor de su shock, así que, una vez más, empezó el alboroto en él.
Mientras que en el Gran Comedor reinaba el caos, en los dormitorios de los Gryffindor reinaba la calma. Harry y Ginny se hallaban en el cuarto del primero. Ambos estaban en el suelo, aunque Harry estaba acostado con la cabeza apoyada sobre las piernas de ella. En cuanto la encontró en la Sala Común, Harry intento disculparse con ella, pero ella le callo, diciéndole que estaba siendo estúpido y que él no tenía la culpa de nada. Después de eso, como si lo hubieran acordado mentalmente, se dirigieron al cuarto de los chicos de quinto año. Se hicieron en el piso, pero no dijeron nada más. Ella le acariciaba el cabello y el en la pierna, pero ambos estaban inmersos en su propio mundo. Y fue asi, hasta que Harry comento:
-¿Te das cuenta que acabas de declarar frente todo Hogwarts que yo soy tu novio?
Ginny se sonrojo como si no hubiera un mañana, recordando ese "pequeño detalle".
-¡Lo lamento! Sé que queríamos que esto se quedara en secreto por un tiempo, pero…
Pero al bajar su mirada se dio cuenta de que Harry no estaba enojado, sino que estaba divertido.
-Quitando el hecho de que tus hermanos me van a matar, me gusta que ya no sea un secreto. Ya estaba cansado de fingir que no quiero besarte cada minuto-Y como para comprobar este último, se levantó para darle un beso un poco más apasionado que los que le había dado antes. Ginny acepto el beso con la misma intensidad.
-Y pienso lo mismo-dijo ella cuando acabaron y Harry se encontraba en su posición original-. Y no te preocupes por mis hermanos. Puede que no lo parezca, pero los tengo enredados en este dedo-dijo levantando su dedo meñique. Harry rio.
-Bueno, eso es algo que tengo en común con ellos (N.A: Creo que me estoy pasando de cursi con este capítulo. Bah, ¿Qué seria del mundo sin un poco de amor juvenil tal vez demasiado apresurado?)
-Unas cuantas palabras mías, y creo que te dejaran en paz-dijo ella, ignorando el comentario del chico, aunque le había hecho sonrojar aún más.
-¿Crees?-pregunto el chico levantando una ceja.
-No prometo nada-dijo la chica.
Después de unos cuantos minutos más, ambos decidieron hacer como si no hubiera pasado nada y bajaron hasta la sala común. Pero sus planes se vieron fracasados, porque abajo les esperaban todos los hermanos Weasley. Excepto Percy, quien no creía que meterse en la vida amorosa de su hermana fuera una buena idea.
-Oigan, por favor, no hagan de esto un drama-intento Ginny, hablando con cautela.
-Lo siento, hermanita, pero esta es una conversación que no te incumbe-dijo Fred.
-Así que puedes irte por las buenas o por el malas-término George.
-¿Perdón? ¿A qué se refieren con que no me incumbe?-exclamo la chica incrédula. Los hermanos se vieron entre sí.
-Por las malas, entonces-dijo Ron.
Entonces Bill se acercó y cogió a Ginny, poniéndola sobre su hombro. Por mucho que la chica pataleo, Bill era mucho más fuerte que ella, así que con un poco de esfuerzo por las resistencias de Ginny, metió a la chica en un armario, para luego sellarla con magia. Después, hechizo la puerta para que se insonorizara, para que Ginny no escuchara nada de lo que ellos hablaran.
-Ahora podremos tener una conversación civilizada-dijo Charlie.
Poco a poco los hermanos empezaron acercarse a Harry, rodeándolo. El pobre chico ya estaba preparándose mental y físicamente para recibir la paliza de su vida. Cuando ya le tenían rodeado por todos los flancos, cerró los ojos. Pero entonces…
-¡Bienvenido oficialmente a la Familia Weasley!-exclamaron todos al mismo tiempo, haciendo un gran abrazo grupal, que le dio una gran sorpresa a Harry.
-Pero… ¿No iban a golpearme?-pregunto, incrédulo.
-Si hubieras sido cualquier otro, si-dijo Ron.
-Pero eres tú-dijeron los gemelos al mismo tiempo.
-Creemos que ya nos has demostrado por muchos años que eres merecedor del corazón de nuestro hermana-continuo Charlie.
-Sin embargo, tenemos unas cuantas condiciones y advertencias-termino Bill, poniéndose repentinamente serio, al igual que los otros cuatro.
-Primero: manos donde las podamos ver-dijo Ron, haciendo que Harry se sonrojara.
-Segundo: si se demoran más de diez minutos a solas, tenemos el completo derecho a entrar en la habitación-continuo Fred.
-Tercero: Si por algún motivo Ginny queda embarazada antes de una boda, considérate muerto-continuo George, haciendo que Harry se sonrojara aún más.
-Cuarto: si llegas a hacerle daño, te lo devolveremos por cinco-continuo Charlie.
-Quinto: Hazla feliz-concluyo Bill.
-Solo, y solo si estás de acuerdo con estos cinco puntos, tienes nuestra autorización para salir con nuestra hermana-dijo Charlie.
-Estoy de acuerdo-dijo Harry resignado, sabiendo que de nada serviría rebatir.
Hubo un nuevo abrazo grupal, antes de que de que Ron dijera:
-Por cierto, esta conversación es confidencial. No le digas nada a Ginny.
Harry asintió.
Bill le abrió la puerta a Ginny, quien le recibió con un moco-murciélago. Después de darles la cantaleta a sus cinco hermanos presentes sobre no encerrarla en armarios, se giró hacia Harry preguntándole que había pasado mientras ella estaba encerrada. Se enojó mucho cuando este le dijo que no le iba a decir nada, sin embargo al ver que no tenía signos de ningún daño físico, lo dejo pasar por el momento, aunque ya se las ingeniaría para sonsacárselo.
Mientras ellos estaban dentro, afuera se apostaba sobre lo que los hermanos Weasley le harían a Harry. Aproximadamente un 90% decía que le golpearían, así que perdieron su dinero cuando salieron del cuarto entre bromas y sin ningún signo aparente de peleas.
Además de las apuestas, los nuevos temas de conversación era lo sucedido con Cho y la nueva, aunque obvia, relación de Harry y Ginny. Solo unos pocos seguían con el tema del libro. Hermione esperaba impacientemente a que todos salieran de los dormitorios, ya que había intentado detener a Ron, creyendo también que golpearía a Harry.
Cuando los siete se volvieron a sentar en sus sillas correspondientes, Dumbledore creyó conveniente continuar con la lectura.
-¿Quién quiere continuar con el siguiente capítulo?-pregunto levantando el libro.
-Yo-exclamo Bill, levantando la mano.
Fue a recoger el libro y después de hacer el hechizo de ampliación de la vozempezó a leer:
-El siguiente capítulo se llama: Plata y Ópalos.
¿Dónde estaba Dumbledore, y qué estaba haciendo?
-Es sorprendente el número de veces que todos nos hemos preguntado eso-dijo la Profesora McGonagall.
Harry vio al director sólo dos veces en las semanas siguientes.
Los estudiantes se miraron extrañados. Dumbledore normalmente se encontraba en su asiento a la hora de la cena, el desayuno y, a veces, el almuerzo.
Ahora ocasionalmente aparecía en las comidas, y Harry estaba seguro de que Hermione tenía razón cuando pensaba que se estaba yendo del colegio por días a veces. ¿Habría Dumbledore olvidado las lecciones que le tendría que estar dando a Harry?
-Lamentablemente, nuestras clases no pueden ser tan seguidas, Harry-dijo Dumbledore-. Para poder hacerlas, necesito algunos materiales que tengo que conseguir. Además, la idea es que reflexiones lo más que puedas con cada recuerdo que te muestre.
Harry asintió, comprendiendo al Director.
Dumbledore había dicho que las lecciones iban a llevar a algo que tenía que ver con la profecía; Harry se había sentido alentado, confortado, y ahora se sentía un poco abandonado.
Algunos miraron a Harry con compasión. Resultaba obvio que el chico quisiera saber más acerca de la profecía.
Harry se hundió en su asiento. Ya se estaba cansando de todas las miradas de compasión que le dirigían con este libro, por muy buenas intenciones que tuvieran.
A mediados de octubre llegó la primera salida a Hogsmeade del curso.
Los estudiantes de tercer año para arriba celebraron como si les hubieran dicho que ese mismo fin de semana hubiera salía a Hogsmeade.
Harry se había estado preguntando si estos paseos iban a seguir permitidos, por todas las medidas de seguridad alrededor del colegio, y se alegró de que se llevaran a cabo
Al igual que los demás estudiantes. Hogsmeade era una manera de olvidarse momentáneamente de la escuela, de los deberes, de los profesores… Y simplemente divertirse por una tarde.
Siempre era bueno salir del área del castillo por unas horas.
Todos estuvieron de acuerdo con Harry, incluyendo a los profesores.
Harry se despertó temprano la mañana del paseo, que amaneció tormentosa, y pasó el tiempo hasta el desayuno leyendo el libro de Pociones Avanzadas.
Hermione gruño con la simple mención de ese libro.
Generalmente no se quedaba en la cama estudiando
-¡Te has ido al lado oscuro!-exclamaron los gemelos, mientras fingían llorar.
Ese comportamiento, como decía Ron acertadamente, era indecente en todos menos Hermione
Hermione, en vez de parecer ofendida, se vio muy orgullosa.
Quien era rara en ese sentido.
-¿Así que soy rara?-pregunto Hermione a Harry.
-Mmm… Rara en el buen sentido-le respondió este rápidamente.
Sin embargo, Harry pensaba que la copia del Príncipe Mestizo de Pociones Avanzadas difícilmente podía ser considerada como un libro de estudio. Cuanto más leía Harry ese libro, más se daba cuenta cuánto había en él, no solo las pistas y atajos en las pociones que tan buena reputación le estaba dando con Slughorn, sino también las imaginativas fórmulas y maleficios garabateadas en los márgenes, las cuales, Harry estaba seguro por las tachaduras y revisiones, habían sido inventadas por el Príncipe.
A las personas les gustaba cada vez menos ese libro.
Harry ya había intentado unos pocos de los hechizos inventados por el Príncipe.
-No es posible inventar hechizos-intervino rápidamente Hermione-. Puede que por una época pase de moda y después vuelvan con aun más fuerza, pero no se pueden inventar nuevos.
-Claro que se puede-dijo Luna-. Mi mama se dedicaba a crear nuevos hechizos-se puso un poco triste al recordar a su mama, pero no lo demostró físicamente.
Hermione estuvo a punto de contestar, pero después recordó que era prácticamente imposible discutir con Luna.
Hubo uno que hacía que las uñas de los pies crecieran alarmantemente rápido (éste lo había probado en Crabbe en el pasillo, con resultados muy entretenidos)
Crabbe crujió sus nudillos amenazadoramente, aunque Harry ni siquiera le prestó atención, ya que se estaba riendo junto con muchas otras personas.
Otro que pegaba la lengua al paladar (que había usado dos veces, aplaudido por todos, en un desarmado Argus Filch)
Filch le gruño sonoramente a Harry, pero los demás lo miraban como si fuera un héroe.
Y, quizás el más útil de todos, Muffliato, un hechizo que llenaba los oídos de todos en los alrededores con un zumbido inidentificable
-Debes aceptar que ese hechizo es verdaderamente útil-Harry intento hacer razonar a Hermione.
Ya que no tenía ningún argumento contra eso, Hermione se quedó callada, aunque era bastante obvio que seguía pensando que aquel libro de Pociones Avanzadas tenía algo oscuro detrás de él.
La única persona que no lo encontraba entretenido era Hermione
-Como siempre-comento Ron, logrando que Hermione le dirigiera una mirada enojada.
Que ponía una expresión rígida de desaprobación durante el hechizo y se negaba a hablar si Harry había usado el Muffliato en alguien alrededor.
-¿No crees que tal vez estés exagerando un poco?-le pregunto Ginny de manera cautelosa.
-¡Claro que no!-exclamó la chica en su defensa.
Los adultos en general aprobaban el comportamiento de la chica (con algunas excepciones, claro)
Incorporándose en la cama, Harry dio vuelta el libro para examinar más de cerca las garabateadas instrucciones de un hechizo que parecía haberle costado un poco al Príncipe. Había muchas tachaduras y alteraciones, pero finalmente, abarrotado en una esquina de la página, estaba el garabato:
Levicorpus (nvbl).
-Apuesto a que amabas ese hechizo, ¿No, Quejicus?-le pregunto Sirius burlonamente.
-Sirius-advirtió Hermione F.
Sirius no agrego nada más. Ya le habían perdonado una vez, no sabía si lo harían otra vez, así que prefería quedarse callado a que lo echaran como a Cho Chang o Umbridge.
Severus le dirigió una sonrisa burlona. Todos pensaban que parecían dos niños peleándose.
Mientras el viento y aguanieve caían implacablemente en las ventanas y Neville roncaba fuertemente, Harry miraba fijamente las letras entre paréntesis. "Nvbl". Eso tenía que significar "No verbal". Harry en realidad dudaba que pudiera realizar ese hechizo; seguía teniendo dificultades con los hechizos no verbales, algo que Snape había comentado frecuentemente en cada clase de Defensa contra las Artes Oscuras.
Los profesores miraron desaprobatoriamente a Snape.
-Sabes que los hechizos no verbales son muy complicados, Severus. A algunos les se les complica más que a otros-le regaño McGonagall.
Snape solo rodo los ojos.
Harry estaba un poco enojado consigo mismo. Era frustrante no poder ir al nivel que le pedían. Solo rogaba que los hechizos no verbales terminaran de la misma manera que la oclumancia: en un completo fiasco.
Por otro lado, el Príncipe había probado ser mucho mejor profesor que Snape hasta ahora.
Snape tuvo que contener una carcajada. Si supiera….
Señalando hacía nada en particular, agitó su varita y pensó: "¡Levicorpus!".
En ese instante dos golpes llegaron a la cabeza de Harry.
-¡Auch!-exclamo-. ¿Qué diablos les pasa?-le pregunto a Ginny y Hermione, quienes eran las que le habían pegado.
-¿Cómo se te ocurre probar un hechizo sin sabes que hace?-le pregunto Hermione desaprobatoriamente.
Fue en ese momento cuando Harry se dio cuenta que los adultos le miraban de la misma manera.
-¡Aaaaaaaaaaaaaahh!
Hubo un flash de luz y el cuarto se llenó de voces: Ron había lanzado un grito y todo el mundo se despertó.
-¡¿Lo ves?!-pregunto Hermione, un poco en pánico.
La Señora Weasley se veía completamente preocupada por su hijo, mientras que los que sabían que era lo que hacia aquel hechizo no podían evitar reírse, ganándose feas miradas.
Harry lanzó el libro de Pociones Avanzadas por el aire en pánico; Ron estaba balanceándose de cabeza como si un gancho invisible lo tuviera agarrado del tobillo.
Todos empezaron a reír por lo ridículo de la situación, incluyendo a Ron. Todos, excepto, la Señora Weasley y Hermione.
-¡Tienes suerte de que solo haya sido eso!-regaño una vez más Hermione a Harry.
-Ya no hagas tanto drama, Hermione. Fue una broma-le dijo Ron un poco exasperado con el comportamiento de la chica.
-Ron, Harry, comprende que ese hechizo fácilmente podría tratarse de algo mucho más oscuro-defendió la Señora Weasley a Hermione.
-Ya lo comprendí, Señora Weasley-respondió Harry, también un poco exasperado-. Prometo que no lo volveré a hacer.
La Señora Weasley pareció satisfecha con esa respuesta, pero Hermione no. Sin embargo, no comento nada más.
-¡Perdón!- grito Harry, mientras que Dean y Seamos reían a los gritos, y Neville se levantaba del piso, porque se había caído de la cama–. Espera, te voy a bajar.
Se agachó para levantar el libro de texto y lo recorrió en pánico, tratando de encontrar la página correcta; al final lo hizo y descifró la palabra encogida abajo del hechizo, y rezando que ese fuera en contra-maleficio, Harry pensó "¡Liberacorpus! Con toda su fuerza. Hubo otro flash de luz, y Ron cayó de un solo golpe en su colchón.
- Perdón…-repitió Harry débilmente, mientras Dean y Seamos continuaban riéndose.
Ron miro mal a Dean y a Seamus por reírse, sobre todo a Dean. Aun no le perdonaba que saliera con su hermanita (ignorando que, primero eso no había sucedido aun y, segundo, su mejor amigo era el que estaba saliendo con ella).
-Mañana–dijo Ron con una voz bromista-preferiría que pusieras el despertador.
Algunos rieron por la broma del pelirrojo, pero Hermione le miraba desaprobatoriamente.
Cuando terminaron de vestirse, abrigándose con varias capas de los sweaters tejidos a mano de la señora Weasley
La Señora Weasley sonrió. Sabía que, en el fondo, a sus hijos en realidad si les gustaba los sweaters que ella les tejía.
Y cargando capas, bufandas y guantes, el shock de Ron se había disipado y había decidido que el nuevo hechizo de Harry era muy entretenido; tan entretenido, que no perdió tiempo y le contó a Hermione la historia mientras tomaban el desayuno.
-Eso fue un grave error…-dijeron los gemelos al mismo tiempo. Todos les dieron la razón, adivinando con anticipación la reacción que tendría Hermione.
…¡Y entonces hubo otro flash de luz y aterricé en la cama otra vez!- masculló Ron, tomando unas salchichas.
Hermione no había sonreído ni una vez durante la anécdota, y ahora se volvió a Harry con una expresión de gélida desaprobación.
-¿Por casualidad ese hechizo era otro de ese libro tuyo de pociones?-preguntó.
Harry le frunció el ceño.
-¿Siempre piensas lo peor?
-¿Era del libro ese o no?
-Bueno… si, era de ese libro, ¿y qué tiene de malo?
-¿O sea que solo decidiste probar un maleficio escrito a mano, desconocido, y ver qué pasaba?
-¿Qué importa que sea escrita a mano?-dijo Harry, evadiendo el resto de la pregunta.
Es importante porque seguramente no ha sido aprobada por el Ministerio de Magia- dijo Hermione-y además–agregó mientras que Harry y Ron revoleaban los ojos- porque estoy empezando a pensar que este Príncipe estaba un poco loco.
Severus gruño sonoramente a la chica. Nadie paso por alto eso. ¿En qué le afectaba a Snape que Hermione llamara loco al Príncipe? ¿Acaso…? No. Imposible. El Príncipe parecía ser una persona agradable y Snape, obviamente, no lo era. Aunque tenía un poco de sentido… Pero aun así, era imposible.
Ambos chicos le gritaron al mismo tiempo.
-¡No le deben gritar a una chica!-les regaño la Señora Weasley.
-¡Fue un chiste!-dijo Ron, levantando la botella de kétchup sobre sus salchichas- solo un chiste Hermione. ¡Eso es todo!
-¿Balancear a la gente patas para arriba por el tobillo?-respondió Hermione-¿Quién gasta tiempo y energía en inventar hechizos como ése?
Sirius, Remus, Fred, George y Tonks levantaron la mano "inocentemente". Aunque en realidad, Remus no la levanto por sí solo, sino que fue Sirius el que se la levanto.
-Fred y George-dijo Ron, encogiéndose de hombros
Los gemelos se levantaron e hicieron reverencias ante el comedor, como si fueran actores frente a su público.
Es la clase de cosa que ellos harían y…
-Mi padre-dijo Harry. Recién en ese momento recordó.
Solo los adultos comprendieron exactamente lo que quería decir Harry, solo que tuvieron diferentes reacciones. Sirius y Remus se vieron algo nostálgicos, recordando las "ligeras" bromas que le hacía James a Snape. Los maestros recordaban con nostalgia/desaprobación las incontables veces que habían castigado a James por utilizar ese hechizo. Y por último Snape. Es demasiado obvio que era lo que pensaba él. Recordaba con odio y rencor todas aquellas veces que había sido humillado por James Potter. Y eso era en definitivo algo que no deseaba que Harry Potter supiera. ¿De dónde diablos había sacado ese mocoso esa información?
-¿Qué?-dijeron Ron y Hermione al unísono.
-Mi padre uso ese hechizo-dijo Harry-Yo… Lupin me dijo.
-No pareces muy seguro de tu respuesta, Harry…-comento Ron con sospecha.
-A mí no me preguntes nada, que aún no he hecho nada-se defendió Harry.
Ésta última parte no era verdad en realidad
Ron miro a Harry como diciendo "Lo sabía…"
Harry había visto a su padre usar ese hechizo sobre Snape,
Eso sorprendió mucho a todos, por dos motivos: el hecho de que alguien colgara de los tobillos a su profesor de pociones, y el hecho de que Harry haya visto a alguien muerto mandarle un maleficio a alguien.
-Pero… Harry… ¿Cómo es posible que hayas visto a tu padre haciendo eso?-le pregunto Ginny.
-Créeme, Ginny, yo tampoco lo entien…-pero se paró en la mitad de la frase. Si se le ocurría una manera de poder haberlo visto: el Pensadero. Sin embargo, si así fuera, ¿A quién pertenecería el recuerdo que había visto?
Snape, por su parte, le enviaba miradas asesinas a todo aquel que se atreviera a mirarlo a los ojos de manera sorprendida. Por dentro, maldecía de todas las maneras posibles a Potter. ¿Acaso habría alguna manera de evitar aquella humillación?
Pero nunca les había contado a Ron y Hermione sobre esa excursión particular en el Pensadero.
-¿Qué es un Pensadero?-pregunto en voz alta una estudiante de Gryffindor.
-Es un objeto mágico que se utiliza para poder ver las memorias y recuerdos de otras personas-fue la sencilla respuesta de Dumbledore.
Todos aquellos que no conocían la existencia de este objeto quedaron sorprendidos. ¿Era eso siquiera posible? Los más observadores se dieron cuenta que en el libro dijeron "excursión particular", por lo que estas personas asumieron que Harry había visto los recuerdos de esa persona sin su permiso.
Ahora, no obstante, se le ocurrió una posibilidad extraordinaria. ¿Podría el Príncipe mestizo ser…?
Harry, quien también había caído en la misma deducción, miro esperanzado a Remus y a Sirius, quienes a su vez le miraron con un poco de diversión.
-Lo sentimos, Harry. Pero tu padre nunca se hizo llamar "Príncipe Mestizo", a menos de que haya tenido una vida secreta…-contesto Sirius.
Harry no pareció muy decepcionado. No había tenido muchas esperanzas.
- A lo mejor tu padre lo usó, Harry. Pero él no fue el único. Hemos visto mucha gente usarlo, por si se te había olvidado. Balancear gente en el aire, hacerla flotar en el aire, soñolienta.
Los que habían presenciado lo ocurrido en el Mundial de Quidditch se estremecieron un poco. Ese fue un momento realmente aterrador de sus vidas.
Harry la miro fijamente. Con una sensación enfermiza, el también recordó el comportamiento de los Mortífagos en la Copa Mundial de Quidditch. Ron fue en su ayuda.
-Eso fue diferente–dijo Ron robustamente-. Ellos estaban abusando del hechizo. Harry y su padre solo estaban bromeando.
Todos le dieron la razón. Hermione parecía un poco avergonzada por haber comparado una situación con la otra.
-Lo lamento, Harry.
-No te preocupes-le respondió el chico.
A ti no te simpatiza el Príncipe, Hermione
-Dinos algo que no sepamos ya-comento Ginny divertida.
–agregó, señalándola amenazadoramente con una salchicha
-¡Wow! ¡Pero que amenazante!-se burló la chica, haciendo que el pelirrojo se sonrojara.
Porque te supera en Pociones y…
-¡No tiene nada que ver con eso! –dijo Hermione, sonrojándose
-Tienes que aceptar que eso aporta un poco-presiono un poco Harry.
Hermione solo soltó un bufido.
Solo me parece que es muy irresponsable empezar a practicar hechizos cuando no sabemos siquiera para que sirven
Los profesores le dieron la razón.
Y dejen de hablar del "Príncipe" como si fuera su título, apuesto a que es solo un estúpido apodo, ¡y no me parece que haya sido una persona muy amigable!
Si lo supieras, Granger fue el malicioso pensamiento de Snape. Ya pasado un poco su enojo por lo del libro de Pociones Avanzadas, ahora tenía un poco de curiosidad de saber cómo reaccionaran todos cuando sepan que él era el Príncipe Mestizo.
- ¡No sé de donde sacas eso! -dijo Harry enojándose
Para Snape era verdaderamente bizarro escuchar a Potter defendiéndole (aunque técnicamente no lo sabía).
Si el Príncipe hubiera sido un mortifago no hubiera estado pavoneándose de ser "mestizo", ¿o no?
Todos le dieron la razón a Harry. Poco a poco todos estaban empezando a crear sus propias teorías de quien era el Príncipe Mestizo. Sobra decir que nadie se había acercado en lo más mínimo.
Mientras decía eso, Harry recordó que su padre había sido de sangre pura, pero sacó ese pensamiento de su mente, ya se preocuparía por eso más tarde…
- No todos los Mortífagos pueden ser de sangre pura, ya no hay tantos magos de sangre pura–dijo Hermione con bronca-
-Quien-No-Debe-Ser-Nombrado odia la mescla de sangre. Es lógico que como requisito para entrar en sus tropas debas tener una larga línea de sangre mágica, ¿No?-pregunto Neville un poco confundido.
-Si. Sin embargo, posiblemente haya algún mortifago mestizo colado sin que él se dé cuenta-le respondió Hermione, sin mencionar el hecho de que el propio Voldemort era mestizo.
Yo creo que son todos mestizos que pretenden ser puros. Solo odian a los nacidos de muggles, estarían contentos de que tú y Ron se unan.
- ¡Nunca me dejarían ser un mortifago! –Dijo Ron indignado, antes de que un pedazo de salchicha volara escapándose del tenedor que estaba blandiendo hacia Hermione y le pegara a Ernie Macmillan en la cabeza.- ¡Todos en mi familia son "traidores a la sangre! ¡Para los mortífagos eso es tan malo como ser hijo de muggles!
-Y estamos realmente muy orgullosos de serlo-aclaro el Señor Weasley fríamente al ver la mirada de burla que tenía Malfoy. Su esposa y sus hijos asintieron solemnemente, completamente de acuerdo con él.
- Y les encantaría tenerme a mí –dijo Harry sarcásticamente- seríamos mejores amigos si no trataran de matarme.
Ese comentario hizo reír a más de uno, pero otros (los que se tomaban todo en serio) miraron desaprobatoriamente a Harry por bromear con algo como eso.
Este comentario hizo reír a Ron; hasta Hermione sonrió desganadamente, pero Ginny llego y desvió la atención.
- Hola Harry, tengo que darte esto.
Era un rollo de pergamino con el nombre de Harry escrito sobre él en una letra sencilla, familiar.
Todos adivinaron rápidamente que se trataba de la próxima clase de Dumbledore. Todos estaban curiosos de saber si el recuerdo que le había mostrado Dumbledore a Harry sería el único o si todas sus clases tratarían de eso. La mayoría pensaba que Dumbledore debería enseñarle algo más productivo a Harry, como técnicas de combate o magia avanzada, sin embargo nadie podía adivinar muy bien el verdadero motivo por el cual Dumbledore le enseñaba todo eso.
- Gracias Ginny… ¡Es la próxima lección de Dumbledore! –les dijo Harry a Ron y Hermione, desenrollando el pergamino y leyendo rápidamente su contenido - ¡El domingo a la noche! –de pronto se sintió ligero y feliz-. ¿Quieres venir con nosotros a Hogsmeade, Ginny? – preguntó.
Harry se sonrojo. Era obvio que todos sabían ya que él y Ginny estaban saliendo, pero eso no significaba que le agradara la idea de que todos pudieran saber cosas íntimas de su relación con ella. Lo único que podía hacer era rezar porque el libro no se detuviera demasiado en ese tipo de detalles. Eso, o que por lo menos los hermanos Weasley no le maten.
- Voy con Dean, quizás los veo ahí –respondió ella, saludando con la mano mientras se alejaba.
Harry no pudo evitar bufar. No sabía cómo sería capaz de pasar todo el libro sin enviarle un hechizo a Dean por los celos. Ginny observaba algo feliz ese pequeño gesto. No hacía mucho que habían empezado su relación, pero desde ese instante ya podía decir con seguridad de que le gustaba ese Harry celoso.
Filch estaba parado en la puerta principal de roble como siempre, cotejando los nombres de los alumnos que tenían permiso para ir a Hogsmeade. El proceso fue todavía más largo que lo normal ya que Filch chequeaba a todo el mundo tres veces con su Sensor de Secretos.
-¿Qué importa si alguien intenta sacar algo oscuro? ¿No deberían preocuparse más por que no intenten introducir algo oscuro?-pregunto Sirius confundido. Nadie le respondió.
- ¿Que importa si contrabandeamos cosas oscuras para AFUERA? –denunció Ron, mirando el largo, angosto Sensor de Secreto con aprehensión- ¿No tendrían que estar controlando lo que traemos de vuelta ADENTRO?
-¿Ven?-pregunto Sirius, resaltando lo obvio.
Su comentario le ganó unas pasadas extras del Sensor, y todavía estaba haciendo muecas de dolor cuando salieron al viento y aguanieve.
Algunos rieron por eso, pero Ron miraba con dagas en los ojos a Filch.
La caminata en Hogsmeade no fue agradable. Harry se envolvió con su bufanda la parte baja de la cara; lo expuesto se sintió rápidamente entumecido. El camino a la aldea estaba lleno de estudiantes doblados ante el viento despiadado.
Los estudiantes hicieron muecas. Nadie negaba que Hogsmeade era un pueblo donde te lo podías pasar realmente bien, pero cuando era invierno, a veces era una mejor opción quedarse en una calentita Sala Común.
Más de una vez Harry se preguntaba si no hubieran disfrutado más el tiempo en la cálida Sala Común, y cuando finalmente llegaron a Hogsmeade y vieron que la tienda de bromas de Zonko había sido cerrada
Al principio todos se veían confundidos. Zonko se enteraba cuando eran las salidas de Hogwarts a Hogsmeade para asegurarse de que abrieran en ese día, ya que era en ese entonces cuando tenía más ganancias. ¿Por qué esta vez no fue así? Fue entonces cuando se dieron cuenta de la verdad: Zonko no había abierto porque posiblemente El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado le había hecho algo a sus dueños. Los rostros de todos se oscurecieron un poco.
Harry lo tomó como una confirmación de que ese viaje no estaba destinado a ser divertido. Ron señaló con una mano gruesamente recubierta de guantes hacia Honeydukes, que estaba misericordiosamente abierta, y Harry y Hermione subieron los escalones yendo hacia la abarrotada tienda.
Todos los estudiantes que habían ido alguna vez a Hogsmeade se alegraron de eso. Honeydukes era en definitiva uno de los mejores lugares para visitar de Hogsmeade.
- Gracias a Dios –dijo Ron temblando cuando entraban y se sentían envueltos en un aire cálido, con perfume a caramelo.- ¡Quedémonos aquí toda la tarde!
-Eso sería algo así como el paraíso-dijo Ron soñadoramente. Sus amigos se rieron. Ron sin pensar en comida, simplemente no sería Ron.
- ¡Harry, mi chico! –dijo una voz detrás de ellos.
- Oh no –musito Harry.
-Adivinare: Slughorn-dijo Sirius.
Los tres se dieron vuelta y se toparon con el Profesor Slughorn
-¡Lo sabía!-exclamo Sirius.
-Nadie dijo lo contrario-le respondió Tonks.
Sirius hizo un mohín.
Quien vestía un sombrero peludo, un abrigo de piel con collar de piel que hacía juego y agarraba un bolso de piña cristalizada, y ocupaba al menos un cuarto de la tienda.
-Es obvio que quiere pasar desapercibido-bromeo Fred.
- Harry, ¡Ahora son tres las pequeñas cenas que te perdiste! –Dijo Slughorn, empujándolo cordialmente en el pecho- Eso no funcionará, mi chiquito, ¡Estoy determinado a tenerlo conmigo! A la señorita Granger le encantan, ¿no es así?
-Apuesto a que son aburridas hasta la muerte-le dijo Ginny a Hermione.
-Ni siquiera he ido allá todavía, pero eso te lo puedo asegurar-le respondió Hermione.
-Pues yo si he ido, y puedo confirmarlo-interrumpió Hermione F.
Las tres mujeres se rieron.
- Si –dijo Hermione desamparadamente- son realmente…
- Entonces, ¿por qué no vienes Harry? –exigió Slughorn.
Hermione bufo. ¿Para qué le preguntaba algo si al final no le deja responder?
- Bueno, he tenido practica de Quidditch, profesor –dijo Harry, quien realmente había programado prácticas cada vez que Slughorn le había mandado una invitación violeta, adornada con un moñito.
-Lo que cualquiera habría hecho-comento Bill.
Esta estrategia significaba que Ron no era dejado afuera
Ron le sonrió a su amigo, quien le devolvió la sonrisa.
Y generalmente se reían con Ginny, imaginándose a Hermione callada con McLaggen y Zabini.
Hermione miro con los ojos entrecerrados a los tres.
-¡No es divertido!-exclamo.
-En realidad… Si lo es-le respondió Ginny.
-Y mucho-completo Harry.
- Bueno, ¡Entonces espero que ganen el primer partido después de tanto esfuerzo! –dijo Slughorn
-Lo mismo esperamos nosotros-dijeron todos los integrantes del equipo de Quidditch, sabiendo por anticipado que Harry les haría trabajar muy duro.
Pero un poco de recreación nunca le hizo mal a nadie. Bien, ¿Qué tal el lunes por la noche? No es posible practicar con este clima…
- No puedo, profesor, esa noche tengo… eh… una cita con el profesor Dumbledore.
-¡Ginny! ¡Harry te es infiel con el Profesor Dumbledore!-exclamo Fred.
Todos rieron, incluyendo al Profesor Dumbledore.
-Espera… ¿La reunión con Dumbledore no era el domingo por la noche?-le pregunto Hermione.
-Bueno…
- ¡Sin suerte otra vez! –Lloriqueo Slughorn dramáticamente- Oh, bueno, ¡No me podrás evadir para siempre Harry!
Y con un saludo cordial se deslizo fuera de la tienda, fijándose tan poco en Ron como si él hubiera sido una exhibición de cucarachas garapiñadas.
Ron volvió a bufar.
-No puedo creer que te saliste de otra más –dijo Hermione, sacudiendo la cabeza- no son tan malas, sabes… A veces son hasta divertidas…
-Eso no te lo crees no tu misma-le acuso Harry.
-pero en ese momento se dio cuenta de la expresión que llevaba Ron- Oh, miren, tienen plumas de azúcar de lujo, ¡Esas que duran horas!
-Te pareces a Hagrid cuando intenta cambiar de tema-le acuso Ron, logrando que los dos se sonrojaras (aunque en Hagrid no se notó demasiado por su abundante barba)
Harry, contento de que Hermione haya cambiado de tema, mostró mucho más interés en las nuevas plumas de azúcar extra-grandes, pero Ron seguía viéndose confundido y un poco encogido cuando Hermione le pregunto a donde deseaba ir después.
- Vayamos a Las Tres Escobas –dijo Harry- Allí estará templado.
-Las Tres Escobas siempre es un buen lugar para resguardarse del frio-comento Sirius, recordando con un poco de nostalgia su época de estudiantes, cuando iba a las Tres Escobas con James, Remus y Peter.
Remus pareció adivinar en que estaba pensando, ya que él también tenía la misma mirada nostálgica.
Nuevamente se envolvieron con las bufandas alrededor de las caras y salieron de la tienda de dulces. El viento frío era como cuchillos sobre las caras después de la tibieza azucarada de Honeydukes. La calle no estaba muy transitada, nadie se preocupaba en charlar, solo se apuraban en llegar a sus destinos. La excepción eran dos hombres parados delante de ellos, justo delante de la puerta de Las Tres Escobas. Uno de ellos era muy alto y flaco; escudriñando a través de sus gafas empañadas por la lluvia, Harry reconoció al cantinero que trabajaba en el otro bar de Hogsmeade, La Cabeza del Cerdo.
Dumbledore se tensó ante la mención de su hermano, Aberforth. No había hablado con él desde hacía tantos años… Nadie se dio cuenta de la mirada que expresaba el dolor que sentía su director. El daría todo lo que tenía por cambiar las cosas. Por no haber cometido aquel fatal error que no solo le separo de su hermano, sino que también se llevó a su hermana. Si tan solo no hubiese conocido a Gellert… Pero ya no había nada por hacer. Por el simple hecho de desear que todo cambiara, no iba a lograr nada.
A medida que Harry, Ron y Hermione se acercaban, el cantinero se ajustó más su capa alrededor del cuello y se alejó caminando, dejando al hombre bajito tomando torpemente algo en sus brazos. Estaban poca distancia de él cuando Harry se dio cuenta de quién era el hombre.
- ¡Mundungus!
-Al parecer el viejo Mundungus tiene algunos negocios con el cantinero de Cabeza de Puerco…-comento Tonks distraídamente.
-¡No me digas, genio!-exclamo Sirius con burla.
Remus le pego en un brazo. No le gustaba que le hablara de esa manera a Tonks. Ella le envió una sonrisa de agradecimiento, que el recibió gustosamente.
El hombre de piernas cortas con pelo largo, desordenado y del color del jengibre dio un salto y dejó caer un portafolio antiguo, el cual se abrió, liberando lo que parecía toda la vidriera de una tienda de chatarra.
- Oh, hola Harry –dijo Mundungus Fletcher, con una disconforme puñalada en el aire- Bueno, no se detengan por mí...
Y empezó a rasguñar el piso para recuperar el contenido de la maleta con toda la apariencia de un hombre que se quería ir de allí.
-Esto es muy sospechoso…-dijo Tonks, nuevamente distraída-. Sirius, ¿Crees que hayan algunas protecciones en los objetos del Numero 12 de Grimmauld Place?-pregunto, con sus instintos de Auror en marcha.
-Mmm… Honestamente no lo sé… ¿Por qué lo…?-Sirius cayo en cuenta-. ¿Crees que Mundungus me ha robado algo?
-Es solo una suposición-le contesto la chica, no muy segura.
- ¿Está vendiendo esto? –pregunto Harry, mirando como Mundungus levantaba objetos que lucían sucios.
- Oh... Bueno... Hay que vivir de algo-dijo Mundungus
-Pues sería preferible que se buscara un trabajo de verdad en vez de hacer eso-opino la Señora Weasley, sin superar del todo las muchas veces que Mundungus había llevado mercancía robada a Grimmauld Place para esconderla.
¡Dame eso!
Ron se había agachado y levantado algo plateado.
- Espera, esto luce familiar...
Sirius parecía cada vez más enojado. Podía ser que odiara con toda su alma Grimmauld Place, pero eso no significaba que le gustara que Mundungus robara las reliquias familiares y objetos personajes.
- ¡Gracias! –dijo Mundungus, arrebatándole el cáliz de la mano de Ron y meciéndolo de nuevo en su maleta- Bueno, los veré a todos en – ¡Auch!
Harry había empujado a Mundungus contra la pared del bar por la garganta.
Todos miraron impresionados a Harry. Casi siempre parecía un chico tan pacifico que cuando se enojaba era algo un poco impactante de ver.
Sosteniéndolo con una mano, desenfundó su varita.
- ¡Harry! –chillo Hermione
-Tomaste eso de la casa de Sirius –dijo Harry
-Lo sabía-dijo Tonks, enojada con Mundungus, al igual que gran parte del Gran Comedor.
-Cuando acabemos estos libros tendré una larga charla con ese enano-dijo Sirius entre dientes.
Lo que más le molestaba era que si Mundungus le hubiese pedido todos esos objetos, lo más probable es que Sirius se los hubiese dado, ya que en realidad no los quería: les parecía basura acumulada por sus antepasados.
Quien estaba casi nariz con nariz con Mundungus y respiraba un desagradable olor a tabaco viejo y alcohol.
Todos pusieron caras de asco. Para los que no lo conocían, Mundungus parecía ser una persona realmente desagradable.
-Eso tenía escrito "Familia Black" encima.
- Yo... no... ¿Qué? –mascullo rápidamente Mundungus, quien lentamente se estaba poniendo violeta.
-Harry, querido, ¿No crees que es mejor que lo sueltes?-pregunto la Señora Weasley, quien también estaba un poco sorprendida con la reacción del chico.
-Claro que lo hare, Señora Weasley-contesto Harry, quien estaba igual de furioso que Sirius-. Pero creo que sería bueno primero darle un "pequeño susto"
- ¿Qué hiciste, volviste la noche que murió y vaciaste el lugar? –gruño Harry.
-Con lo miserable que es esa artimaña, es capaz-gruño Ron.
- Yo... no...
- ¡Dámelo!
Fue entonces cuando Sirius recordó que él le había dejado todo a Harry, por lo que esos objetos eran de Harry. Así que Mundungus le estaba robando a Harry. Eso le hizo enojar aún más.
- ¡Harry, no deberías! –chilló Hermione, mientras Mundungus seguía cambiando de color, ahora a azul.
A pesar de que estaban muy enojados, los miembros de la orden se empezaron a preocupar por Mundungus.
Hubo un ¡bang!, y Harry sintió que sus manos volaban a la garganta de Mundungus. Jadeando y mascullando, Mundungus vio que no tenía caso, se oyó un ¡crack! Y había desaparecido.
Todos gruñeron.
-Ese hijo de…-Hermione alcanzo a taparle la boca a Ron antes de decir la palabrota.
Harry maldijo tan fuerte como podía, dando vueltas en el lugar para ver a donde se había ido Mundungus.
- ¡Vuelve, ladrón de...!
Hermione, por reflejo, le tapo también la boca a Harry, a pesar de que el en realidad no estaba diciendo nada, causando las risas de quienes notaron eso.
- No tiene caso, Harry –Tonks había aparecido de la nada, con su pelo marrón mojado por el aguanieve.
Remus volvió a preocuparse por Tonks. Él sabía que ella no era así. ¿Qué sería lo que le tenía así? ¿Realmente era por su duelo por Sirius? Sintió la fuerte necesidad de abrazar a la Tonks del futuro hasta que su cabello tuviera otra vez su estrambótico color rosa. Pero apenas si se sentía capaz de abrazar a la Tonks del presente.
Mundungus seguramente estará en Londres a esta altura. No tiene caso gritar.
- ¡Se llevado las cosas de Sirius! ¡Robado!
-No te preocupes, Harry. En cuanto terminemos los libros le daré una buena pali… Charla-se corrigió Sirius al ver la mirada de la Señora Weasley.
- Si, pero igual... –dijo Tonks, quien parecía nada sorprendida por esta información
-Es Mundungus. No es una sorpresa que este robando algo-dijo Tonks con resentimiento.
Deberían ir a algún lugar caliente.
Ella los miró mientras entraban a Las Tres Escobas. En el momento que estaban adentro, Harry explotó;
- ¡Se estaba robando las cosas de Sirius!
-No hay necesidad de gritar, Harry-dijo Hermione tranquilamente.
-Lo siento-se disculpó el chico, consciente de que muchas veces su genio le hacía reaccionar de una manera muy agresiva.
- Lo sé Harry, pero por favor no grites, la gente nos está mirando –murmuró Hermione-. Ve y siéntate, te llevare algo para tomar.
Harry seguía molesto cuando Hermione volvió a la mesa unos minutos después con tres botellas de cerveza de mantequilla.
- ¿La Orden no puede controlar a Mundungus? –exigió Harry a los otros dos en un susurro furioso.
-Lo hemos intentado-dijo Sirius, entre divertido y enojado-. Pero no ha servido de nada.
¿No pueden al menos impedir que se robe todo lo que no está pegado al piso cuando esta en el cuartel general?
-Aunque, técnicamente, él no ha robado nada de Grimmauld Place mientras esta sigue siendo el cuartel general de la Orden-comento Remus razonablemente.
-Simplemente espero a que estuviera completamente sola-dijo Sirius.
- ¡Sh! –dijo Hermione desesperadamente, mirando alrededor para estar segura que nadie estaba escuchando
-Hermione, honestamente, Las Tres Escobas esta abarrotada de gente, ¿Crees que alguien se parar a escuchar lo que estamos diciendo?-pregunto Ron.
-Nunca está de más asegurarse. Posiblemente hayan personas espiándonos, o algo así-exclamo la chica.
Había un par de brujos sentados cerca que miraban a Harry con gran interés, y
Zabini estaba apoyado en una columna no muy lejos.
Hermione le dirigió otra vez su mirada de "te lo dije".
-Eso no significa que nos estén espiando-dijo Ron con las orejas coloradas.
Harry, yo estaría molesta también, yo sé que son tus cosas las que se está robando...
Fue entonces que todos comprendieron (o creyeron comprender) él porque estaba Harry tan enojado: aquellos objetos eran de Harry.
Como siempre, un egoísta engreído pensó Snape con rencor.
Harry tomo un trago de cerveza de manteca; se había olvidado por un momento que era el dueño del número 12 de Grimmauld Place.
-Pero, entonces, ¿Por qué estás tan enojado?-pregunto una estudiante de Hufflepuff confundida.
-Porque se estaba robando los objetos de Sirius-respondió Harry, dándoles una mirada extraña.
Eso volvió a confundir a Snape. Su seguridad en que Harry era exactamente a James comenzaba a flanquear. Tal vez solo se parezca físicamente… Tal vez en realidad se parece más a ella… Nunca te has tomado el trabajo de analizarlo bien… ¡Deja de pensar estupideces! Ese mocoso es igual a Potter: Arrogante, engreído, egoísta, grosero,… y su retahíla de insultos hacia los dos Potter continuo por un largo tiempo, sin prestar atención a la lectura.
- ¡Si, son mis cosas! –dijo-. ¡Con razón no se alegró de verme! Bueno, le diré a Dumbledore lo que está pasando, él es el único al que Mundungus le teme.
-¡Al fin crees que la mejor opción es buscar a un profesor!-exclamo Hermione, recordando las incontables veces en que Hermione sugería buscar a un profesor para que les ayudara, pero Harry siempre se negaba, dejando como consecuencia que el quedara en peligro y al borde de la muerte.
- Buena idea –susurró Hermione, claramente contenta de que Harry se tranquilice- Ron, ¿qué miras?
- Nada –dijo Ron, sacando la vista precipitadamente de la barra, pero Harry sabía que estaba tratando de encontrar a la atractiva cantinera, Madame Rosmerta, para quien había guardado largamente un lugar.
Algunos alumnos silbaron. A Ron se le pusieron sus orejas rojas como su cabello.
-No te avergüences, hermanito-le "tranquilizo" George-. Todos alguna vez hemos tenido nuestras pequeñas fantasías con esa mujer…
Eso hizo avergonzar más a Ron.
-Serán cerdos…-dijo Hermione en voz baja.
- Creo que 'nada' estará allá atrás consiguiendo más whisky de fuego –dijo Hermione antipáticamente.
-No estarás… Celosa, ¿O sí?-le pregunto Fred.
-¿Yo? ¿Celosa? ¿De ella? ¿Y porque lo estaría?-pregunto ella a la defensiva.
-Por nada, Hermione. Por nada…-concluyo Fred sospechosamente.
Las sospechas aumentaron cuando Fred y George empezaron a susurrarse entre sí. Era demasiado obvio que Ron y Hermione se gustaban mutuamente. El reto era que uno de ese par de ciegos tomara la iniciativa. Si ellos no tenían cierta… ayuda, se quedarían estancados en donde estaban por mucho tiempo. El nuevo plan de los gemelos trataba de aquella "ayudita"
Ron ignoró ente comentario, dando sorbos a su bebida en lo que evidentemente él consideraba un silencio dignificante. Harry estaba pensando en Sirius, y en cómo, al fin y al cabo, había odiado esas copas de plata.
-Así es, Mini-Cornamenta. No hay necesidad de que te mortifiques tanto por esas baratijas-le dijo Sirius con una sonrisa.
Hermione tamborileaba los dedos en la mesa, con los ojos alternativamente entre Ron y en la barra. En el momento en que Harry termino su botella dijo, "Entonces, ¿Damos la visita por terminada y volvemos al colegio?"
-No fue una visita muy larga, ¿No?-pregunto Luna.
-Creo que la respuesta es obvia-le respondió Harry, algo triste. Era obvio que después de las primeras visitas Hogsmeade dejaba de ser igual de emocionante que la primera vez, pero aun así recordaba con nostalgia aquella primera impresión que había tenido del pueblo.
Los otros dos asintieron; no había sido un paseo divertido y el clima se estaba poniendo peor a medida que pasaba el tiempo.
-¿Acaso podía empeorar?-pregunto Ginny incrédula.
-Las cosas siempre pueden empeorar, aunque creas que han llegado al límite-respondió Dumbledore-. Pero debes recordar que así como empeoran, siempre pueden mejorar un poco más.
Esta respuesta hizo reflexionar a más de uno.
Nuevamente se ajustaron las capas, reacomodaron las bufandas, se pusieron los guantes y siguieron a Katie Bell y una amiga afuera del bar y para arriba por la Calle Principal. Los pensamientos de Harry se perdieron hacia Ginny mientras caminaban penosamente por el camino congelado hacia Hogwarts.
-De una manera u otra siempre terminas pensando en ella…-murmuro Ron, entre divertido e irritado. Era muy divertido ver a su amigo enamorado, pero no se olvidaba de que era de su hermanita. Sin embargo, viendo el lado positivo del asunto, era que ya que tenían esos libros él y sus hermanos tenían la oportunidad de darse cuenta cuales eran sus verdaderas intenciones con ella, y por lo que habían leído hasta ahora, parecía que eran muy buenas.
No se había encontrado con ella, indudablemente, pensó Harry, porque ella y Dean estaban acogedoramente abrazados en la Casa de Té de Madame Puddifoot, ese refugio de parejas felices.
-¿Y tú como sabes que ese lugar existe?-le pregunto Ginny divertida.
-Honestamente… No sabía que existía-contesto el chico, confundido.
Para sorpresa de todos, Hermione F. soltó una carcajada.
-En nuestro universo, en tu quinto año (ósea este), fuiste ahí con… alguien-contesto ella, creyendo que lo mejor era no nombrar a Cho, ya que posiblemente desataría la Tercera Guerra Mundial.
-Con… ¿Alguien?-pregunto Ginny mirando a Harry, intentando esconder sus celos.
-Créeme, no tengo ni idea de quien se trata-respondió el chico con honestidad (N.A: Recuerden que al Harry de este universo nunca le gusto Cho)
Ginny observe a Hermione F.
-Es una chica a la que al Harry de nuestro universo le gustaba, pero a este Harry nunca le gusto-repondio ella señalando a Harry con la cabeza-. No te preocupes por eso.
Eso pareció aliviar a Ginny.
Arremetió con la cabeza hacia la arremolinada aguanieve y siguió caminando penosamente.
Pasó un rato hasta que Harry se dio cuenta de que las voces de Katie Bell y su amiga, que eran traídas por el viento, se habían vuelto más fuertes y chillonas.
Katie y Leanne se miraron confundidas, sin saber muy bien porque parecía que se estuvieran peleando. Ellas no eran de ese tipo de amigas que se peleaban… Posiblemente algo grave hubiese estado pasando.
Harry escudriñó en sus figuras indistintas. Las dos chicas estaban discutiendo por algo que Katie estaba sosteniendo en la mano.
- ¡No tiene nada que ver contigo, Leanne! –Harry oyó decir a Katie.
Dieron la vuelta en la esquina de la calle, el aguanieve les caía encima, gruesa y rápida mente, empañando las gafas de Harry.
Harry bufo.
-Esa es solo una de las múltiples desventajas de utilizar gafas-dijo.
-Pues a mí me encanta como se ven en ti-le susurro Ginny al oído, logrando que Harry se sonrojase.
-¿Qué es lo que tanto se murmuran?-pregunto Ron con sospecha.
-Nada-respondieron los dos al mismo tiempo, aumentando las sospechas de Ron.
Justo cuando levantó su mano enguantada para limpiarlos, Leanne lo hizo para tomar lo que Katie estaba sosteniendo; ésta tiró de él paquete hacia atrás y éste cayó al suelo.
En ese momento, Katie se levantó en el aire
-¿Qué?-preguntaron todos, confundidos. ¿Acaso alguien le había enviado una maldición?
No como Ron antes, suspendido cómicamente por el tobillo, sino con gracia, con los brazos extendidos, como si estuviera a punto de volar.
-¿Ahora te crees pájaro?-bromeo Leanne, intentando ocultar el pánico que estaba sintiendo en ese momento.
Sin embargo había algo fuera de lugar, algo misterioso... Su cabello era azotado a su alrededor por el viento feroz, pero tenía los ojos cerrados y su cara estaba inexpresiva.
Snape, quien tenía experiencia con la magia oscura, reconoció aquella maldición. Al parecer Dumbledore también lo sabía. Sin embargo, la pregunta era: ¿Cómo había llegado aquella maldición a Katie? ¿Tenía algo que ver aquel desconocido paquete por el cual Katie y Leanne se habían peleado anteriormente?
Harry, Ron, Hermione y Leanne se habían quedado duros, mirando.
Entonces, seis pies por arriba del suelo, Katie lanzó un terrible grito.
Todos estaban realmente muy asustados y confundidos. ¿Qué diablos le estaba pasando a Katie?
Katie era, obviamente, la más asustada de todos.
Lo que fuera que estaba viendo, o sintiendo, claramente le estaba causando una terrible angustia.
-Si… era lo que me temía…-murmuro Dumbledore preocupado por su estudiante. Sin embargo, aún se preguntaba cómo era que la Señorita Bell se había librado de la maldición real.
Gritó y gritó; Leanne comenzó a gritar también y tomó los tobillos de Katie, tratando de bajarla al piso.
Snape y Dumbledore negaron con la cabeza, sabiendo que no serviría de nada.
Las lágrimas empezaban a resbalar por las mejillas de Leanne y Katie. Ambas estaban abrazadas, apoyándose mutuamente.
Harry, Ron y Hermione corrieron a ayudarla, pero cuando estaban deteniendo las piernas de Katie se les cayó encima; Harry y Ron pudieron atraparla, pero pesaba demasiado, apenas podían mantenerla en esa posición. En vez, la bajaron al suelo, y ella empezó a golpear y gritar, aparentemente no reconocía a ninguno de ellos.
Todos estaban cada vez más preocupados y asustados. ¿De demonios le estaba pasando a Katie?
Harry miro alrededor, el paisaje parecía desierto.
- ¡Quédense aquí! –les gritó a los otros por sobre el ruidoso viento- ¡Iré en busca de ayuda!
Los profesores asintieron de acuerdo con la decisión del chico.
Comenzó el camino hacia el colegio; nunca había visto a nadie comportarse como Katie lo había hecho y no se le ocurría que lo podría haber causado; dobló por una curva en la calle y chocó con lo que parecía ser un oso en sus patas traseras.
-Esa descripción solo puede corresponder a una persona: Hagrid-dijo George, intentando calmar al comedor con un poco de humor. No funciono.
- ¡Hagrid! –jadeo, desencantándose del pensamiento en el que había caído.
George estuvo a punto de decir algo más, pero se dio cuenta que no sería muy prudente de su parte.
-¡Harry! –Dijo Hagrid, quien tenía aguanieve en sus cejas y barba, y usaba su gran capa ancha de piel de topo- Vengo de visitar a Grawp, se está comportando tan bien que...
- Hagrid, alguien se lastimó más allá, o fue hechizado, o algo...
- ¿Qué? –dijo Hagrid, agachándose para escuchar lo que Harry le estaba diciendo a pesar del ruidoso viento.
- ¡Alguien ha sido maldecido! –gritó Harry
- ¿Maldición? ¿Quién ha sido maldecido? ¿Ron? ¿Hermione?
- No, ellos no, Katie Bell. Por acá...
Juntos corrieron de vuelta al punto donde Harry había dejado a los otros. No les llevo mucho tiempo encontrar un grupo de gente alrededor de Katie, quien seguía gritando en el suelo
Leanne abrazaba a Katie como si su vida se fuera en ello.
Ron, Hermione y Leanne trataban de tranquilizarla.
-No servirá de nada…-dijo Dumbledore con tristeza, logrando que a muchos le dieran escalofríos.
- ¡Abran paso! –Grito Hagrid- ¡Déjenme verla!
- ¡Algo le ha ocurrido! –Jadeo Leanne- No sé qué...
Hagrid miro a Katie por un instante y después, sin una palabra, se agachó, la tomó en sus brazos, y salió corriendo en dirección al castillo.
Después de eso pudieron respirar un poco más. Por lo menos en Hogwarts tendría atención médica y después la enviarían a San Mungo.
En unos segundos, los gritos de Katie se habían dejado de escuchar y el único sonido era el rugido del viento.
Hermione se apuró a consolar a la amiga de Katie que se estaba lamentando y puso su brazo sobre su hombro.
Leanne le envió una mirada de agradecimiento a Hermione. Si tan solo el hecho de leer lo sucedió lograba que entrara en pánico, no podía imaginarse como se sentiría en la situación real.
- Tu nombre es Leanne, ¿no?
La chica asintió.
- Ocurrió de repente, o...
-Fue cuando ese paquete se rompió –soltó Leanne, señalando el ahora roto paquete envuelto en papel marrón que yacía en el suelo, que se había partido revelando una cosa brillante y verdosa. Ron se agacho con el brazo extendido
-¡No lo toques!-exclamaron todos.
-¿Acaso eres tonto, Ronald Weasley?-le regaño su madre.
-¿No acabas de escuchar que fue por ese paquete que Katie se puso así?-le pregunto Hermione mientras le jalaba la oreja.
-¡Ya entendí, ya entendí! ¡No hace falta que me jales la oreja! Ya te pareces a mi mama…-con este comentario Ron logro que Hermione le soltara la oreja.
-¡Pues entonces no te comportes como un niño!
Harry negó con la cabeza. Otra vez regresaban las discusiones por estupideces…
Pero Harry se dio cuenta y lo tiro para atrás.
-Por lo menos hay alguien con sentido común-le dijo Hermione ácidamente a Ron.
Ron parecía cada vez más confundido. Antes Hermione estaba furiosa con el sin ningún motivo, después llegaba y le daba un beso en la mejilla, ¡Y ahora volvía a enojarse con el!
-Mujeres…-murmuro él.
- ¡No lo toques!
Se volvió al suelo. Asomando del papel, se veía un collar de ópalo muy adornado.
-Esperen…-murmuro Harry, quien parecía concentrado en algo-. Me parece conocido… Si es lo que yo creo que es, lo vi hace unos años, en Borgin & Burkes.
-¿Qué hacías tú en Borgin & Burkes?-le pregunto una estudiante de Ravenclaw con desconfianza.
-Eso no es de tu incumbencia-le respondió Harry fríamente, avergonzado de tener que aceptar que había llegado allá en su primer viaje en Polvos Flu. Ante esta respuesta, varios estudiantes comenzaron a pensar cosas oscuras respecto a Harry.
- He visto esto antes –dijo Harry, mirándolo-. Estaba en la vidriera de Borgin y Burkes hace años. La etiqueta decía que había sido maldecido. Seguramente Katie lo tocó. –miró a Leanne, quien había empezado a temblar descontroladamente-. ¿De dónde sacó esto?
Sera un buen Auror… Es directo y sabe que preguntas hacer… Pensaban Ojoloco y Tonks.
- Bueno, por eso estábamos discutiendo. Volvió del baño de Las tres escobas con él, diciendo que era una sorpresa para alguien en Hogwarts y ella tenía que entregarlo.
-Pero… ¿A quién?-se preguntó Neville en voz alta.
-Si nos dejaras leer, gordito, nos daríamos cuenta-le dijo Pansy con malicia.
Neville bajo la mirada, mientras que sus amigos le enviaban miradas envenenadas a Pansy.
Parecía divertida cuando me contaba... ¡Oh no!, ¡Apuesto a que estaba bajo el Imperius y yo no me di cuenta!
-No te culpes, Leanne-le dijo Katie, adivinando la mirada que tenía su amiga-. La maldición Imperius no es muy fácil de detectar…
-¡Pero soy tu amiga!-exclamo Leanne-. ¡Debí haberme fijado que actuabas de una manera distinta!
A Katie le costó un poco, pero después de cinco minutos logro convencer su amiga de que ella no era la culpable de nada.
Leanne sacudía la cabeza resoplando. Hermione acariciaba su hombro cariñosamente.
- ¿No dijo quién se lo había dado, Leanne?
- No... No me quería decir... y yo le dije que estaba actuando como tonta, que no lo llevara al colegio, pero no me escucho y... y entonces trate de sacárselo de la mano y... y...
Leanne largó un lamento desesperado.
- Deberíamos volver al colegio –dijo Hermione, con el brazo alrededor de Leanne-. Podremos averiguar como está. Vamos...
Harry dudo un momento, luego se sacó la bufanda e, ignorando el resoplido de Ron, envolvió el collar en ella y lo levantó.
Todos estaban tensos. ¿Y si le asaba lo mismo que a Katie?
- Necesitaremos esto para mostrárselo a Madame Pomfrey –dijo.
-Dudo mucho que yo pueda hacer mucho-dijo Madame Pomfrey, quien estaba uy pálida. Ella, junto con los demás, llego a la conclusión de que aquello debió haber sido magia muy oscura. Lo mejor era que se llevaran a Katie a San Mungo.
Mientras seguían a Hermione y Leanne subiendo por el camino, Harry pensaba furiosamente. Empezó a hablar cuando habían entrado a los suelos del castillo, incapaz de guardar sus pensamientos para sí más tiempo.
- Malfoy sabe de este collar.
Malfoy se puso más pálido de lo normal. El recordaba aquel collar, sin embargo no lo había comentado a nadie. En su cabeza se empezó a formar la teoría de que él fue el que le entrego aquel collar a Katie, como parte de la misión que le entrego Voldemort. Sin embargo… ¿Cómo diablos había sabido Potter que él conocía la existencia de ese collar?
-Acaso… ¿Estas sospechando de Malfoy?-le pregunto Hermione en voz baja.
Harry asintió. Nadie que no estuviera cerca de ellos escuchaba esta conversación.
-Tiene sentido-contesto Harry-. Todos sabemos que Quien-Tu-Sabes le asigno una tarea, pero seguimos sin saber muy bien que es. ¿No podría ser maldecir a Katie?
-¿Y porque querría Quien-Tu-Sabes maldecir a Katie?-se preguntó Ron.
Esa pregunta los dejo pensando durante un rato.
-Leanne dijo que Katie se lo llevaba a alguien…-reflexiono Harry-. Entonces el collar no iba para ella. Solo fue una portadora.
-Pero entonces, ¿A quién iba dirigido el collar?-pregunto Hermione.
Antes de que alguno de ellos pudiera aportar algo más, se fijaron que tenían las miradas de todos en sus espaldas.
-¿Qué es lo que tanto susurran?-pregunto la Profesora McGonagall.
-Nada, profesora-contestaron los tres al mismo tiempo.
-Claro, y yo un hada del bosque-respondió Tonks con sarcasmo.
Lo dejaron pasar por el momento. Tenían otras cosas en que pensar.
-Señor Malfoy, ¿Es cierto que usted conocía la existencia de ese collar?-pregunto la Profesora Sprout.
-No. No tengo ni idea de que está hablando Potter-fue el débil intento de Draco para defenderse.
Obviamente, nadie le creyó, sin embargo no le discutieron.
-¿Y usted como esta tan seguro de que el Señor Malfoy conoce la existencia de ese collar, Señor Potter?-le pregunto el Profesor Snape.
-Estoy seguro de que lo dirá en el libro-dijo Harry, enojado de no poder tener secretos gracias a esos libros.
Estuvo en una caja en Borgin y Burkes por años, yo lo vi mirándolo detenidamente mientras me escondía de él y de su padre.
-¡Eres un maldito metiche, Potter!-exclamo Draco furioso. ¿Cómo no se había dado cuenta de que Potter estaba ahí?
-Ok… Ya me perdí-dijo Ginny confundida.
-En mi segundo año, cuando iba a ir al Callejón Diagon, utilice por primera vez los Polvos Flu-empezó a explicar Harry-. Por eso me equivoque al decir la dirección, por lo que acabe en Borgin & Burkes. Antes de que pudiera salir, entraron Malfoy y su padre. Me escondí y lo observe todo. No hay más misterio.
Los adultos parecían horrorizados por la idea de un niño de doce años en Borgin & Burkes. Los demás miraban a Malfoy detenidamente. La mayoría empezaba a sospechar de él.
¿Es que acaso no se pueden meter en sus propios asuntos? Se preguntó Draco, ya furioso con la manera en que todos le observaban.
-No olviden la regla numero dos-intervino Hermione F.- "No juzgar a nadie hasta acabar los dos libros"
Nadie comento nada más, pero seguían pensando que Malfoy era el culpable.
¡Esto es lo que estaba comprando ese día que lo seguimos! ¡Lo recordó y volvió por él!
Todos concordaron en que tenía sentido. Sin embargo, a pesar de que el mismo lo había propuesto, Harry pensaba que Malfoy había comprado algo más en Borgin & Burkes.
- No... No lo creo... –dijo Ron dudoso-. Mucha gente va a Borgin y Burkes... y ¿no dijo esa chica que Katie lo había sacado del baño?
-Alguien fácilmente pudo haberla hechizado en el baño-dijo Ginny.
-Sí, ya lo sé. Es solo que es muy difícil imaginar que alguien tan idiota como Malfoy haya logrado algo-le respondió Ron en voz baja, logrando que ella se riera.
- Dijo que volvió del baño con él, no necesariamente lo sacó del baño...
- ¡McGonagall! –dijo Ron atento.
Harry miró para arriba. De seguro, la profesora McGonagall bajaba los escalones de piedra cubiertos de escarcha para encontrarse con ellos.
Todos se sintieron un poco más aliviados. Por lo menos ahora un adulto llevaba la situación.
- Hagrid dice que ustedes cuarto vieron lo que le pasó a Katie Bell. ¡Suban a mi oficina ahora por favor! ¿Qué tiene en la mano, Potter?
- Es lo que toco Katie –dijo Harry
- Santo Dios –dijo la profesora McGonagall, alarmada, sacándole el collar de las manos a Harry-. No, no, Filch, ellos están conmigo –agregó molesta, cuando vio a Filch caminando con ganas a través del Hall Central con el Sensor de Secretos
-Esa es otra cuestión… Si fuera Malfoy, ¿Cómo logro sacar el collar sin activar en Sensor de Secretos?-pregunto Hermione, una vez más solo a sus dos amigos.
-Tal vez se encontró con alguien en Hogsmeade para que le entregara el paquete-aporto Ron.
Llévele este collar al profesor Snape rápido, pero asegúrese de no tocarlo, ¡Déjelo envuelto con la bufanda!
Harry y los otros siguieron a la profesora McGonagall escaleras arriba hacia su oficina. Las ventanas cubiertas de aguanieve se confundían con sus marcos y la habitación estaba fresca a pesar del fuego en la chimenea. La profesora cerró la puerta y se deslizo alrededor de su escritorio para enfrentar a Harry, Ron, Hermione y a la todavía confundida Leanne.
-¿Por qué ustedes tres siempre terminan en mi oficina?-pregunto la Profesora McGonagall exasperada.
-Cuando usted sepa la respuesta, por favor díganosla-le respondió Ron.
- Bueno –dijo tajantemente- ¿Qué paso?
Intranquila, y con muchas pausas para controlar su llanto, Leanne le contó a la profesora McGonagall como Katie había ido al baño en Las tres escobas y había vuelto sosteniendo el paquete sin nombre, también como Katie le había parecido un poco rara y como habían discutido por la conveniencia de entregar el objeto desconocido. Siguió con la culminación de la discusión cuando se les resbaló el paquete y se rompió. En este punto, Leanne estaba tan nerviosa que no se pudo sacar otra palabra de ella.
- Muy bien –dijo la profesora McGonagall, cálidamente- Leanne, ve a la enfermería por favor, y pídele a Madame Pomfrey que te dé algo para el shock.
Leanne le sonrió a la profesora McGonagall, a pesar de que en ese momento lo que as deseaba era saber cómo estaba su amiga. Seguía sintiéndose culpable por no haberse dado cuenta de que algo malo estaba pasando.
Cuando había salido de la habitación, la profesora se volvió a Harry, Ron y Hermione.
- ¿Qué fue lo que paso cuando Katie toco el collar?
- Se levantó en el aire –dijo Harry, antes que Ron o Hermione pudieran decir nada- y comenzó a gritar, y se desplomó. Profesora, ¿puedo ver al profesor Dumbledore, por favor?
-¿Para qué quieres ir a ver al Profesor Dumbledore?-le pregunto Ron.
-Me imagino que para decirle mis sospechas sobre Malfoy-contesto Harry.
-¿Y porque no puede decírmelo a mí?-le pregunto esta vez la Profesora McGonagall, algo dolida.
-Bueno… Profesora… No creo que usted vaya a creerme mucho…-esto último lo dijo en voz baja.
La Profesora McGonagall no agrego nada más, porque sabía que Harry tenía razón: A menos de que le presentara pruebas (que no tenía) ella no le creería. En cambio, el Profesor Dumbledore siempre escuchaba a los estudiantes hasta que se demostrara que estaban equivocados.
- El director no volverá hasta el lunes, Potter –dijo la profesora, luciendo sorprendida.
Eso les hizo recordar a los demás que el Profesor Dumbledore se encontraba afuera. ¿Acaso no podía haber salido en peor momento?
- ¿No está? –repitió Harry enojado.
- No, Potter, ¡No está! –bramó la profesora McGonagall- ¡Pero todo lo que tenga que ver con este suceso horrible me lo puede decir a mí, me imagino!
Por un instante, Harry dudó. La profesora McGonagall no parecía la indicada para las confidencias; Dumbledore, aunque de muchas maneras era más intimidante, parecía más renuente a despreciar una teoría, por más salvaje que fuera.
Los estudiantes que habían por algo ligeramente parecido a lo que le había pasado a Harry (aunque nunca algo tan grave) le dieron la razón a Harry.
Esta era una cuestión de vida o muerte, y no había tiempo de preocuparse por si se iban a reír de él.
- Creo que Draco Malfoy le dio ese collar a Katie, profesora.
-Creo que fuiste un poco… Directo ¿No crees?-le pregunto Remus con una mueca.
-Igual a James-dijo Sirius con orgullo.
De un lado de él, Ron se frotó la nariz avergonzado; en el otro, Hermione sacudió sus pies como queriendo poner distancia entre ella y Harry
Sus dos amigos miraron avergonzados a Harry.
-Lo sentimos-dijeron al mismo tiempo.
-No se preocupen. Al fin y al cabo, en ese tiempo, es solo una suposición que apenas si tiene fundamentos. En cambio, en este tiempo tenemos pruebas…-esto último lo dijo mirando fijamente a Malfoy.
Draco no sabía cómo sentirse. Se sentía enojado, porque todo el mundo le estaba juzgando por un crimen que aún no cometía. Confundido, porque no entendía porque había tenido que maldecir a Katie. Frustrado, por no saber con exactitud cuál era aquella misión que le había otorgado el Señor Tenebroso.
- Esa es una acusación muy seria, Potter –dijo la profesora, después de una pausa alarmante-. ¿Tiene alguna prueba?
- No –dijo Harry-, pero...
-Bueno, tengo que aceptar que parece que solo quisiera inculpar a Malfoy…-dijo Harry en voz baja.
Y le contó sobre cuando habían seguido a Malfoy hasta Borgin y Burkes y la conversación que habían oído entre él y el señor Borgin.
Cuando había terminado de hablar, la profesora McGonagall parecía un poco confundida.
-¿Cómo esperabas que estuviera?-le pregunto Ginny divertida.
Harry se encogió en hombros con una sonrisa.
- ¿Malfoy llevó algo a Borgin y Burkes para ser reparado?
- No, profesora, solo quería que Borgin le explicara como reparar algo, no lo tenía con él. Pero ese no es el punto, la cosa es que compro algo en ese momento, y me parece que era el collar...
- ¿Usted vio a Malfoy salir del negocio con un paquete similar?
- No, profesora, le pidió a Borgin que se lo guardara en la tienda.
-Pero Harry –interrumpió Hermione- Borgin le pregunto si se lo quería llevar en el momento y él dijo que no...
- Obviamente, ¡Porque no quería tocarlo! –dijo Harry enojado.
- Lo que dijo exactamente fue: "¿Cómo me vería llevando esto por la calle?" –termino
Hermione.
- Bueno, parecería un tonto llevando un collar –objeto Ron.
-El que parece tonto eres tú, Weasley, diciendo comentarios tan estúpidos como ese-dijo Malfoy con una mueca burlona-. Aunque en realidad no lo pareces… Lo eres.
Muchos levantaron sus varitas en dirección a Malfoy. Todos estaban furiosos con él por lo de Katie (aunque aún no se había confirmado) y solo necesitaban un detonante para poder descargarse sobre él.
Sin embargo, antes de que alguien pudiera lanzar la primera maldición, de repente todas las varitas que estaban levantadas en dirección a Malfoy volaron de las manos de sus dueños, en dirección a Hermione F. Al final todas terminaron justo en frente de ella. En total había una treinta, entre ellas las de Harry, Hermione, Ron, Ginny, los gemelos, Bill y Charlie.
-Parece que siempre se olvidan que yo estoy presente-dijo ella severamente-. Recuerden que cuando llegue les dije que mi deber aquí es hacer que las reglas que se les otorgaron antes de empezar a leer se cumplan.
Todos se quedaron en silencio por unos segundos, antes de que se empezaran a quejar para que les devolvieran sus varitas. Para la mayoría de ellos se sentía como si les quitaran un brazo o algo así.
-Les devolveré sus varitas cuando se acabe el capítulo-su rostros demostraba lo decidida que estaba en su decisión.
Todos volvieron a quejarse, pero una sola mirada de ella hizo que se callaran.
-En serio, compadezco a sus hijos-dijo Ron en voz baja, olvidando por completo que Hermione estaba ahí.
-¿Perdón?-le pregunto ella alzando la voz.
-Que me preguntaba si te habías cambiado el peinado. Te vez más linda así-dijo Ron nerviosamente mientras que bajaba la cabeza.
El comentario logro hacer que Hermione se sonrojara. ¿En serio lo había notado?
- Oh, Ron –dijo Hermione en desacuerdo-, ¡Hubiera estado envuelto, así que no tendría que haberlo tocado, y sería muy fácil de esconder bajo la capa, así que nadie lo hubiera visto! Yo creo que lo que sea que reservo en Borgin y Burkes era ruidoso o abultado, algo que él sabía que iba a llamar la atención si lo llevaba en la calle,
-Una muy buena deducción, Señorita Granger-dijo Kinsgley, quien había hablado muy poco durante la lectura (N.A: Mejor dicho, me había olvidado que lo había llevado también)
Y en cualquier caso –mantuvo su voz alta, antes de que Harry pudiera interrumpirla- yo le pregunte a Borgin por el collar, ¿No lo recuerdan?
-Era obvio que Borgin te iba a mentir, Hermione. Eres muy mala mintiendo-dijo Ginny.
Cuando entré a averiguar qué era lo que Malfoy le había pedido que guardara, yo lo vi ahí. Y Borgin me dijo el precio, no me dijo que estaba reservado ni vendido...
- Bueno, estabas siendo muy obvia, se dio cuenta en segundos lo que tenías en mente, por supuesto que no iba a contártelo. De cualquier manera, Malfoy podía haber ido a buscarlo...
- ¡Es suficiente! –dijo la profesora McGonagall, cuando Hermione abrió la boca para responder, con expresión furiosa-. Potter, aprecio que me cuente esto, pero no podemos señalar al señor Malfoy solamente porque visito la tienda donde este collar puede haber sido comprado. Lo mismo hizo centenares de personas...
-Sí, pero esos centenares de personas no tenían una misión de Voldemort-le replico Sirius, aparentando no fijarse en los estremecimientos que tenían algunas personas por el nombre.
-¿Y cómo esperaba que yo supiera eso?-le respondió la Profesora McGonagall enojada.
-Yo solo decía…-murmuro Sirius mientras se hundía en su asiento.
- Eso es lo que yo dije... –murmuró Ron.
- Y en cualquier caso, hemos colocado rigurosas medidas de seguridad este año. No creo que el collar haya podido entrar al colegio sin que lo sepamos...
-Hay que recordar que se trata de Voldemort, Minerva-dijo Dumbledore-. Si él quiere introducir algo a la escuela, el encontrara la manera de hacerlo.
-Pero… Profesor Dumbledore… Esas protecciones las ha puesto usted… ¿Cómo sería capaz Quien-Tu-Sabes burlar todas las protecciones?-dijo la Profesora McGonagall sorprendida.
-No soy completamente infalible-fue la única respuesta de Dumbledore.
Eso dejo un poco inquietos a los estudiantes.
- Pero...
- Y además, -agregó la profesora McGonagall, con un aire de finalización- el señor Malfoy no estaba en Hogsmeade hoy.
Eso ultimo dejo sorprendidos a todos, incluido el propio Draco.
-Entonces… ¿Quién le hecho la maldición a Katie?-pregunto Leanne temblorosa.
-Eso solo lo sabremos si continuaos con la lectura-interrumpió Dumbledore antes de que todo el mundo empezara a hablar al mismo tiempo.
El Trio de Oro estaba cada vez más confundido. Muchas preguntas se habían sumado a la lista. ¿En realidad Malfoy no había ido a Hogsmeade? Y si era así… ¿Quién le había echado la maldición a Katie? ¿Por qué? ¿Acaso un mortifago?
Harry la miró boquiabierto, desinflándose
- ¿Cómo lo sabe, profesora?
- Lo sé porque estaba cumpliendo un castigo conmigo. No había hecho la tarea de
Transformaciones dos veces seguidas. Así que, gracias por contarme su sospecha, Potter, -dijo mientras se marchaba-, pero necesito ir a la enfermería para ver cómo sigue Katie Bell. Buen día a todos.
Mantuvo abierta la puerta de su oficina para que todos salieran. No tuvieron opción más que salir sin decir otra palabra.
Harry estaba enojado con los otros dos por ponerse del lado de McGonagall
Ron y Hermione miraron una vez más a Harry con vergüenza. Sin embargo, una vez más, Harry les dijo con la mirada que no debían preocuparse por eso. En realidad, si él estuviera en su posición, haría lo mismo… O tal vez no. Pero aun así no culpaba a sus amigos por nada. Solo esperaba que el Harry del futuro no se enojara por mucho tiempo con ellos. Recordaba con tristeza aquellas semanas en que él y Ron estuvieron enojados, durante su cuarto año. No quería que aquello se repitiera.
Sin embargo, no pudo contenerse en participar de la discusión de lo que había pasado.
- Así que, ¿A quién piensan que le tendría que haber dado el collar Katie? –pregunto Ron, mientras subían las escaleras a la Sala Común.
Algunos empezaron a decir sus teorías en voz alta. El nombre que más se repetía era, obviamente, el de Dumbledore.
- Solo Dios lo sabe –dijo Hermione-, pero quien sea se escapó por poco. Nadie podría haber abierto ese paquete sin tocar el collar.
- Puede haber estado pensado para mucha gente –dijo Harry-. Dumbledore –a los mortífagos les encantaría que desapareciera, debe ser uno de sus objetivos principales.
-Eso no lo dudo-dijo Dumbledore, quien no parecía muy preocupado por este hecho.
O Slughorn. Dumbledore sabe que Voldemort lo necesitaba y no le puede haber caído bien que se alineara con Dumbledore. O...
- O tú –dijo Hermione, con expresión preocupada.
-Tienes razón…-murmuro Ginny, preocupada. Estaba segura, junto con muchos otros, que el objetivo principal de Quien-Tu-Sabes, después de Dumbledore, era Harry.
-No te preocupes-le susurro Harry al oído, para que nadie más escuchara-. Estoy seguro de que no era para mí.
-Pero si…-empezó Ginny, pero Harry le callo con un apretón de manos.
-No te preocupes innecesariamente-le aconsejo mientras le giñaba un ojo.
Algunos miraban a la pareja un poco extrañados. En realidad, hasta que no habían empezado a leer los libros, nunca se habían imaginado que al Elegido le gustara Ginny Weasley (exceptuando a Hermione, claro. Ella lo sospechaba desde hacía unos meses). Sin embargo, algunas personas parecían tener cierto problema con la pareja… Michael Corner y Romilda Vane, entre ellos.
-No lo creo –dijo Harry-. Si fuera así Katie solamente tendría que haberse dado vuelta y dármelo, ¿no? Estuve atrás de ella todo el camino desde Las Tres Escobas. Tiene más sentido entregar el paquete afuera de Hogwarts, con Filch controlando todos los que salen y entran. Me pregunto por qué Malfoy le dijo que lo llevara dentro del castillo.
- ¡Harry, Malfoy no estaba en Hogsmeade! –dijo Hermione, pegándole al piso con frustración.
Algunos rieron por el pequeño acto infantil de la chica, pero se quedaron callados con la mirada de furia que les dirigieron las dos Hermione.
- Entonces debe haber usado un cómplice –respondió Harry-. Crabbe o Goyle
-Ese par de idiotas con una sola neurona no serían capaces de hacer algo así-dijo Astoria, sin demostrar ningún miedo a las miradas amenazantes de Crabbe y Goyle.
O, ahora que lo pienso, otro mortífago, debe tener muchos compañeros mejores que Crabbe o Goyle ahora que es parte de ellos...
-Eso tiene mucho más sentido-termino Astoria.
Crabbe y Goyle parecían a punto de levantarse y golpearla, sin importarles que fuera una mujer, sin embargo, Draco les dirigió una mirada tan fría, que ellos simplemente se volvieron a sentar.
Draco no sabía muy bien porque sentía aquella extraña necesidad de proteger a Astoria. Debe ser solo porque es una chica pensó, quitándole importancia al asunto.
Ron y Hermione intercambiaron miradas que significaban "no tiene caso discutir con él".
-Cuando se trata de Harry, siempre es así-dijo Hermione, entre divertida y molesta.
-Nos hemos dado cuenta-respondieron muchos al mismo tiempo, logrando el sonrojo de Harry. No era tan terco… ¿O sí?
- "Dilligrout" dijo Hermione firmemente cuando llegaron a la Señora Gorda.
El cuadro se abrió para dejarlos entrar a la Sala Común. Estaba llena y olía a ropa húmeda; mucha gente parecía haber regresado de Hogsmeade temprano por el mal clima.
-Eso era obvio-comento Neville.
Sin embargo no había murmullo de miedo o especulación; claramente las noticias de Katie no se habían esparcido todavía.
-Eso es algo extraño, teniendo en cuenta lo rápido que corren las noticias en Hogwarts-dijo Bill.
-En eso estoy de acuerdo-dijo Harry, recordando las veces en que todos se enteraban de las aventuras que tenía junto a sus amigos.
- No fue un ataque muy pulido, si lo piensas –dijo Ron sacando casualmente a un chico de primer año de uno de los sillones cómodos cerca del fuego para sentarse-.
Hermione le dirigió una mirada molesta a Ron.
La maldición ni siquiera llegó al castillo. No es lo que llamarías a prueba de tontos.
-Además, Filch hubiese podido detectar el collar con su Sensor de Secretos-dijo Luna.
-¿Cómo es posible que Lunática diga algo con sentido?-pregunto Ron en voz baja, ganándose dos collejas por parte de su hermana y su amiga.
- Tienes razón, -dijo Hermione, pinchando a Ron con su pie de la silla y ofreciéndosela al de primero otra vez-
Los profesores miraron aprobatorios a Hermione.
No estaba nada bien planeado.
- ¿Pero desde cuando Malfoy es una de las mentes más brillantes del mundo?
-Desde nunca-respondieron muchos al mismo tiempo.
Ni Ron ni Hermione le respondieron.
-Este es el final del capítulo-dijo Bill.
Una vez le entrego el libro a Dumbledore, este anuncio que ya era hora de almorzar.
-Espere… ¿Y nuestras varitas?-pregunto un estudiante de Ravenclaw enojado.
-¡Oh, lo siento! Lo había olvidado-dijo Hermione F. y con un suave movimiento de manos, todas las varitas volvieron hacia sus dueños.
Todos empezaron a almorzar. Todos, menos los gemelos Weasley, quienes estaban en un rincón del Gran Comedor.
-Así que, Feorge, ¿Qué idea tienes para juntar a la parejita?-le pregunto Fred a su hermano.
-Bueno, creo que tengo una. Pero tenemos que esperar a que sea de noche…
Y así comenzó una conversación que les llevo casi todo el almuerzo. No fue hasta que su madre les regaño por no comer que volvieron al comedor, aunque con unas sonrisas que hacían que todos se preguntaran que estaban planeando. Ron y Hermione se sentían muy nerviosos al ver que las sonrisas de los gemelos se acentuaban cuando se dirigían a ellos.
Una vez todos terminaron de comer, Dumbledore se levantó.
-Ahora, ¿Quién desea leer?-pregunto.
-Yo-dijo la Señora Weasley.
La Señora Weasley se levantó y se dirigió hasta la mesa de los profesores, donde le ofrecieron un asiento. Después de hacer el hechizo de amplificación de voz, empezó a leer.
-El siguiente capítulo se llama: El Riddle Secreto.
