Disclaimer: Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen, desgraciadamente mi nombre no es Masami Kurumada. Sólo me pertenece la idea de esta historia y su trama.

Geia! Trayendo tarde el capítulo 3, lo sé. Pero bueno, un día no hace daño, ¿ne?

Como siempre, espero que disfruten y se diviertan.


Capítulo 3 ~ Don't speak in other languages


El sol salió y lo primero que se despertó fue su adolorida espalda. Emitió un ligero gemido de queja e intentó moverse de forma lenta para no torturar demasiado a su espina dorsal. Sus hebras lilas se esparcieron frente de él. Resopló en un vano gesto de apartarlas de su rostro.

No supo en qué momento se había quedado dormido, aunque tal parecía que aquella noche Hypnos le había ganado la pelea y dejado un rato dentro de su reino.

Harto, se quitó el cabello de la cara y se sentó, sintiendo varios de los huesos de su espalda tronar, como cascarones de huevo al ser pisados. Hizo una mueca de dolor por cada crujido que proviniera de su piel.

Observó a uno de sus lados, en el cual dormía profundo Afrodita, con una sonrisa en el rostro. Mu le admiraba que viera siempre el lado positivo de todas las cosas a todas las aventuras y locuras en las cuáles él los metía a ambos.

Pero debía haber control en ellos, por lo que debía existir alguien pesimista. Y ese era el trabajo de Mu. Siempre viendo los riesgos de cada cosa que realizaban y replicándole a Afrodita cuando resultaba tener la razón.

Bostezó. A pesar de que se negaba a seguir durmiendo tampoco podía resistir al llamado del dios de los sueños. Se recostó, mantuvo los ojos abiertos por un par de minutos hasta que se decidió por levantarse.

Se tronó la espalda, esta vez sin que se escuchara mal ni que pareciera matraca lo que se escuchaba. Sino de una forma más suave y menos… mal, de cierta forma.

Listo, ya estaba despierto y con energías… ¿Y ahora que es lo que podría hacer? Aquella cuestión derrumbó los inexistentes ánimos que se haya hecho del día y se quedó pensando por un largo rato hasta que su amigo despertó.

-¿No has vuelto a dormir? – fue el "hermoso" saludo que recibió de su parte. Mu bufó y negó con la cabeza.

-"Buenos días Mu" – respondió imitando la voz de Afrodita – "¿cómo has despertado? Apenas y veo que estás despierto." Pues muy bien la verdad. Tengo la espalda quejándose por mi posición para dormir, pero aparte de eso, he despertado de maravilla.

-Vale, vale – replicó el otro. Se acercó y le tomó de una de las manos – ven, habla un poco conmigo en lo que se despiertan los demás.

-¿Y de qué es lo que quieres hablar? Si se me permite preguntar – murmuró dudoso de lo que pensaba su amigo.

-Te quería preguntar qué fue lo que te ocurrió ayer y por qué tenías la mejilla hinchada por supuesto – acotó Afrodita. Mu se mordió el labio, odiaba cuando su amigo se iba al punto de la conversación.

-No fue nada te lo aseguro – se defendió Mu. No dejaría que su amigo se enojase por algo como aquello y su orgullo jamás lo develaría – solo por andar distraído me golpeé con alguien que de pura casualidad golpeaba hacía mi lado.

Afrodita frunció el ceño.

-Pues la herida en tu mejilla parecía bastante intencional – mencionó. Suspiró derrotado, sabía que su amigo jamás soltaría el tema por lo que preguntaría otra cosa – ¿A dónde fuiste cuando saliste de la carpa anoche? ¿Y por qué regresaste enfadado?

Mu puso los ojos en blanco. Creía a su amigo dormido cuando todo aquello sucedió. Cerró los ojos para relajarse y ser lo más honesto que le fuera posible.

-Sol fui a caminar un poco – le respondió. No alejándose demasiado de la verdad – la luz de la luna se veía hermosa y había escuchado que por aquí hay un lindo lago. La curiosidad me ganó y quise verla por mi mismo – terminó, diciéndole todo lo que había hecho. O al menos la mayoría.

-¿Y no te regañaron por eso? ¿Qué no hay un guardia que vigila que no se escapen los prisioneros? – preguntó Afrodita de forma escéptica. Mu refunfuñó algo inaudible para el otro pero contesto.

-Si lo hay pero le pedí permiso para salir y me dejó, bajo su vigilancia por supuesto – acotó, finalizando su plática con su amigo a la llegada del chico que traía siempre la comida.

Afrodita se acercó y tomó dos porciones (como el día anterior) y una se la entregó a Mu, sabiendo que si él no le obligaba a comer, él no lo haría por sí mismo.

Mu, con algo de receló observó el plato que su amigo le ofrecía. Afrodita suspiró, tal vez enojado y le reprochó.

-¿Qué acaso vas a hacer el mismo berrinche de ayer? – preguntó, Mu se encogió de hombros como muda respuesta. Afrodita estaba contando mentalmente para no meterle el bocado por la boca como había realizado en la mañana.

-Al menos cómete esto – dijo señalando un plato de sopa y un trozo de queso en su mano, Mu bufó pero los tomó. Mirándolos como si fuesen sus enemigos o la razón por la que él se encontraba en tal lugar con tal título de esclavo.

Como si quisiera que estos salieran de su boca en cuanto su lengua los tocase, el de cabellos lila comía parte de la porción que el otro le había traído de la charola. En parte tenía un sabor delicioso, pero el honor del troyano jamás le permitiría decir algo así.

Por los gestos que hacía el rostro de Mu, tendría alguna clase de añejamiento (lo cual era demasiado improbable), bueno, eso o que era demasiado bueno actuando.

-¿Puedes dejar de hacer gestos? – le dijo su amigo, el cual observó que hacía hasta lo imposible por odiar a aquella comida. Mu resopló fastidiado, pero se comió el resto de su porción, esta vez sin hacer ningún gesto como los anteriores – gracias.

Se terminaron el resto en silencio, Mu obligado por Afrodita y el otro vigilando que no hiciera trampa. Un par de minutos después de terminar su almuerzo Aioros apareció en la entrada de la tienda, observó un poco alrededor de los cuerpos que dormían buscando a Mu y cuando lo encontró le hizo señas para que se acercara.

Mu, extrañado, hizo lo que el otro le pedía y de forma lenta se levantó de su lugar. Afrodita observó extrañado a su amigo, pensó en menos de tres segundos varias veces el detenerlo, pero algo en la forma en la que se movía el otro le decía que lo mejor sería no hacerlo.

Cuando Mu salió de la carpa le pudo preguntar con tranquilidad a Aioros, pues dentro temía que su amigo se entrometiera (con lo sobreprotector que era).

-¿Qué ocurre? – Aioros se removió nervioso, trago saliva y escondió sus manos detrás de su figura.

-Saga me envió a llamarte – fue todo lo que Mu necesitó escuchar para saber de que hablaría el mayor. Aioros notó al troyano tensarse y supo que nada bueno denotaba la orden dada por su amigo – dice que ya es hora.

Mu apretó sus manos en puños. Quería replicar, gritarle que no quería ir, pero Aioros no era el que tenía la culpa; solo había sido quien envió el mensaje.

Fastidiado, y haciendo uso de toda su paciencia, suspiró y dijo algo en un volumen que no era demasiado entendible.

-Guía el camino.

Aioros, extrañado se giró en su eje y caminó hacia la tienda de Saga, la cual estaba en dirección contraria a la que tenía para hacer planes y demás. En vez de estar al oeste del campamento estaba en el este en general.

Caminaron un tramo apreciable hasta llegar a la tienda en la que tenía que dormir el general, Aioros le hizo una seña a Mu para que se quedara fuera de la tienda, a lo cual el menor obedeció.

Sin contratiempos, el mayor recorrió un poco la cortina de esta, para encontrarse con lo que ya se temía:

-Kanon. Quítate de mi cama – Aioros suspiró, deseando que por lo menos un día no pasara eso. Pero ellos eran así y no iba (podía sería una mejor descripción de su situación) pedir otros amigos, y menos sabiendo que aquel era un deseo imposible.

Se aclaró la garganta para dar a entender su presencia ahí.

-Lamento interrumpir su pelea mañanera – dijo divertido, al menos si iba a soportarlos tenía que burlarse un poco – y no me interesa si estaba en la mejor parte pero, él ya está afuera Saga, como me lo pediste.

El mayor de los gemelos supo a quien se refería con él por lo que dejó a su hermano en paz y se acercó a su amigo.

-De acuerdo. Gracias Aioros, es todo lo que quería que hicieras.

-Solo no vayas a cometer una estupidez que le haga enojar – respondió el otro a modo de despedida. Saga se vio extrañado pero no le dio importancia y salió de su tienda para ver al menor.

Mu se encontraba con la espalda recargada a la tienda, observando el suelo frente a él y pensando en algo que el mayor quizá jamás entendería. Cuando se supo observado giró su cabeza a donde se encontraba el observador.

-Ven – ordenó Saga. Mu ni siquiera se inmutó y menos hizo lo que el otro le ordenaba. Saga, enojado por la actitud desafiante del otro avanzó hacía él – he de admitir que admiro tu rebeldía, pero eso es algo que no debería tener un esclavo.

-Me importa un comino la actitud que debería tener un esclavo – respondió Mu, para fastidio de Saga en la lengua que no conocía. Pero por la mirada filosa del menor sabía que no le estaba agradeciendo el cumplido.

-Es una forma encantadora de comenzar el día – murmuró para sí Saga – ¿Al menos has desayunado?

-Sí – respondió Mu, de nuevo en un lenguaje ilegible para Saga. Por lo que el mayor no tenía ni idea si era una negativa o una afirmación. Con el ceño fruncido dedujo que era una negativa… ¿No? Debería tomar nota sobre buscar un traductor.

Saga exhaló para calmarse y no golpearlo. Aquel chico le sacaba muy fácil de sus casillas y tal parecía que aquel día no sería una (afortunada) excepción.

-Lo primero que tendrás que hacer es quitarte esa maña de hablar en otro idioma – comenzó Saga. Sabía que aquello muy difícilmente lograría quitarle y por eso era lo primero que debía intentar – a menos que no dejes de hablarlo no podrás comunicarte con nadie.

-No me interesa hacerme entender – respondió el menor contradiciéndole, para la buena noticia de Saga en idioma greco – es una forma de escaparme de este lugar. Y nadie evitará que lo siga haciendo, por más castigos que me impongan.

Saga exhaló derrotado. De acuerdo, eso no podría lograr quitarle pero al menos podría hacerle reducir la cantidad de veces que lo utilizaba.

-Acompáñame – le dijo, esta vez intentando imitar el tono suave que le había visto a Aioros utilizar. Pensando que podría funcionar si lo intentaba – tengo un largo y atareado día y no puedo entretenerme demasiado peleando contigo.

En parte era cierto. Necesitaba guiar a un grupo pequeño aquel día para ver si continuaban avanzando no se toparían con compañías inoportunas en lo que se refiere a las personas del ejército contrario.

Mu, murmurando algo por lo bajo, le siguió obediente.