Capitulo X

―" Disfrútalos".

Aquellas palabras retumbaron dentro de ella. A pesar de que eran un certero recordatorio de lo que ocurriría, escucharlas decir tan fríamente hacían el corazón se le encogiera. No quería pensar en lo que sentiría en el momento que tendría que dejar de ser parte de la vida de Karin. Sin saber cómo responder, solo atino a asentir con la cabeza. Se dispuso en limpiar y guardar lo que había usado para preparar el emparedado, esto le brindo la suficiente distracción para no prestar atención a la presencia de Sesshoumaru.

Mientras el parecía estar sumido en sus pensamientos mientras terminaba los últimos mordiscos del emparedado, no podía evitar mirarla discretamente mientras ella parecía moverse con movimientos mecánicos sumergida en sus pensamientos. Había algo en ella que lo sacaba de sus casillas, y realmente odiaba sentirse así. Trato de convencerse de que era una extraña que lo único que había hecho era aprovecharse de la situación de privilegio en que la había colocado. Si lo pensaba claramente el había sido el culpable de que todo ocurriera. Se había cegado desde el momento en que la conoció, debió intuir que esa inocencia era fingida al instante en que su ambición por el dinero salió a flote cuando pedio lo doble. En ese momento debió actuar como el empresario que era y sacarla de su oficina. Pero algo primitivo dentro de él se apodero de la idea excitante de que dentro de ella se gestara su hijo.

Le había puesto todo en bandeja de plata, un cuantioso cheque, un departamento de lujo a su disposición y cuando estuvo a punto de dar a luz y terminar con la vida tan cómoda que estaba viviendo solo le había quedado aferrarse a lo único que necesitaba para asegurar su futuro. Llevarse al hijo de un millonario.

En esos meses que estuvo sin tener rastros de ella, sus detectives esperaron en recibir una llamada para pedir alguna recompensa. Él, gustoso hubiera pagado lo que ella exigiera por terminar así su angustia. Pero los meses pasaron sin ninguna pista, hasta que uno de sus detectives la había encontrado su nombre en un registro de un hospital infantil. Lo que había pasado después era historia pasada. Ahora ahí estaba frente a él, mostrándose frágil y aparente preocupación por Karin. A través de esos días le había parecido ver autentico amor y dedicación hacia su hija que por momentos lo hacían dudar sobre sus verdaderas intenciones. Pero él sabía muy bien de lo que una mujer como ella era capaz para obtener lo que quería.

Se encontraba seguro que esta vez no iría a ningún lado con su hija. No la creía lo suficientemente ingenua para no saber qué si huía una vez más, él no lo pensaría dos veces para hacer que terminara en prisión. Por lo que tenía que tener demasiado cuidado con ella, ya que eso significaba que sus planes debían de ser otros.

Cuando terminó su emparedado se levantó de su asiento dirigiéndose al fregadero donde Kagome se encontraba. Ella, al ver la fuerte figura de Sesshoumaru acercarse se hizo a un lado sin dejar de enjuagar el plato que tenía en las manos. Él sonrió débilmente. ¡Bien! si ella quería seguir actuando demostrando aquella inocencia él también podía jugar ese mismo juego. Se inclinó para tomar la esponja cerca de ella, haciendo que sus manos se rozaron por un segundo antes de que ella se alejara para enjuagar una cuchara.

Su fragancia le inundo rápidamente los sentidos. Se preguntó si usaría algún perfume en especial o era solo el olor que desprendía su piel. Sin poderlo evitar se imaginó a si mismo averiguándolo. Cuando se dio cuenta de la dirección que tomaban sus pensamientos se apresuró en enjuagarse. Tenía la necesidad que alejarse lo antes posible, pero fue ella la que lo saco de ese incomodo momento al alejarse y decir mientras se secaba de forma nerviosa las manos en sus ropas.

―Si no necesitas nada más, creo que iré a dormir.

Y sin esperar una respuesta salió de la cocina para escuchar como subía deprisa las escaleras, y después el sonido de una puerta al cerrase. Por unos momentos se quedó en su lugar sin hacer ni un solo movimiento aun con la llave del agua abierta. ¿Qué demonios había sido eso?

Por un momento creyó poder jugar un poco su juego. Pero fue él el que con un solo roce había gastado todas sus cartas. Desde el primer momento fue consciente lo que aquella mujer despertaba en él. No es que su belleza resaltara de otras mujeres, había tenido en su cama a modelos altas y rubias atractivas. Que, en comparación con el cuerpo delgado y escasas curvas de Kagome no debería de causarle efecto alguno. Pero había algo en ella que hacía que su cuerpo la deseara. Si no tenía cuidado podía perder todo el juego. Llevo una mano a la cabeza, aquellos serían los treinta días más largos de su vida.

Se concentró en secar el plato lavado como si fuera una tarea que necesitaba de gran trabajo mental, tratando así de distraer su mente y no pensar en la creciente erección que comenzaba a sentir en los pantalones. Con aquella a proximidad, el poder controlarse se estaba volviendo en una tarea casi imposible. Pensó en sacarla de su casa antes de que llegara el punto de no ser capaz de responder de sí mismo. Pero le había dado su palabra de que podía quedarse treinta días, antes de alearse de su hija.

Karin era lo único en lo que debía de ocupar su mente cuando estuviera en casa. Ya en el trabajo tenía la suficiente distracción que pudiera necesitar. Se obligó a pensar en su nuevo proyecto, contaba con escasos meses y había un gran número de personas involucradas en la construcción del nuevo recinto, personas que dependían de él y que estaban invirtiendo una gran suma de dinero. Que un retraso de días podía significar sumas millonarias.

Coloco el plato con en la pila de loza del mismo tamaño. Teniendo cuidado de acomodarlo correctamente. Kaede siempre lo reprimía si hacia un desorden en su cocina. A pesar de que aquella era su casa, por lo concluyente su cocina. Pero cada vez que le daba a entender lo mismo, ella le decía que tenía más años que el en esa casa, y daba un gran sermón antes de recordarle quien le había cambiado los pañales. Así que prefería hacer el menor desastre posible para no tener que discutir. Inspecciono una vez más el lugar antes de dirigirse a su habitación, pensó en visitar antes a Karin. Pero se detuvo de hacerlo ya que las luces se encontraban encendidas. No creía que fuera buena idea tener que ver a aquella mujer una vez que había logrado controlarse.

Kagome había subido a refugiarse en la habitación de Karin, esperando tener que darle el biberón o cambiar algún pañal sucio y poder despejar su mente de las sensaciones que acababa de vivir su cuerpo. Pero por desgracia ninguna de esas cosas hacía falta, Karin dormía plácidamente en su cunita con sus manos sobre su cabeza en pequeños puños. Los sonidos de las respiraciones de la pequeña empezaron a relajarla.

Se reprendió mentalmente, aun podía sentir aquella corriente que traspaso su cuerpo. Su piel todavía se encontraba erizada por la presencia de ese cuerpo masculino tan cerca de el de ella. Trato de razonar seriamente, no podía negar que Sesshoumaru era un buen ejemplo de un espécimen de hombre atractivo. Pero lo que la había llevado a esta situación no tenía nada de qué ver con una historia romántica. Era la mujer que había dado a luz a su hija y por los sucesos que ocurrieron solo se había alargado su presencia en ese lugar.

Estaba decidida a disfrutar hasta el último momento que le quedaba junto a Karin y no iba a permitir que cualquier otro sentimiento nublara este único propósito.

Sin darse cuenta dos semanas transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos, cada día Karin la sorprendía con algo nuevo. Recientemente había aprendido a tirar besos con la mano y ahora tenía que estar más alerta ya que había empezado a gatear, pero aún le faltaba perfeccionarla técnica ya que solo lo podía hacer hacia atrás. Trataba de no dar importancia al hecho de que ya solo faltaban dieciséis días. Pero por las mañanas; cada vez que salía el sol, no podía evitar restar los días.

En lo que se refería con Sesshoumaru había aprendido a cruzarse lo menos posible con él. Sabía que en las mañanas le gustaba darle los buenos días a Karin, lo podía escuchar en el monitor de bebes hablándole antes de irse a la oficina. Cuando regresaba procuraba estar ya en su habitación para no tener que cruzarse en su camino, pero las veces que sin poderlo evitar se había toparse con él, solo le había dirigido unas palabras corteses antes de perderse en una de las habitaciones.

Ese día al dejar a Karin en su habitación para una siesta ella había decidido a hacer lo mismo, pero después de media hora se había despertado y al no escuchar ningún sonido por el monitor corrió a la habitación infantil encontrándose con la cuna vacía. No pudo evitar el sentimiento de ausencia, pero se recordó que ahora Karin no solo la tenía a ella.

Al bajar las escaleras se empezaron a escuchar los balbuceos de la pequeña se dirigió hasta la sala de estar donde los sonidos eran mayores, pero cuando se encontró en la entrada se detuvo bruscamente al contemplar a Karin en brazos de una mujer la cual la sostenía con los brazos estirados. Tardo unos segundos en darse cuenta de quien se trataba. Kagura sostenía a la niña como si de un trapo sucio se tratara, alejándolo lo más posible de ella para que este no arruinara su elegante conjunto. Mientras que Karin solo la miraba con los ojos abiertos, pareciendo decidir entre si este era un juego nuevo o no. Cuando un poco de baba se resbalo por la barbilla de la pequeña, la mujer hizo un gesto de desagrado.

En ese momento, Kagome tuvo el impulso de entrar y arrebatarle a su hija de los brazos. Pero antes de dar un paso, la imagen de Sesshoumaru apareció delante de ella. Cuando Kagura visualizo su presencia, comenzó a subir y a bajar a la pequeña haciendo sonidos juguetones, sin que estos divirtieran a la pequeña.

―Que hermosa bebe― dijo mientras la colocaba en sus rodillas.

Karin parecía incomoda y cuando vio a su padre estiro sus bracitos hacia él, cerrando y abriendo las manitas. Pareciendo pedirle que la salvar de aquella incomoda situación. Sesshoumaru tomo a la pequeña, la cual coloco su carita en el cuello de su padre.

―Es un encanto. ― dijo Kagura mirándola con fingida admiración. ―Pero cariño será mejor darnos prisa. ― dijo tomando un ridículamente pequeño bolso y levantarse de su asiento ―Mi padre nos espera antes de la cenar.

Cuando la vista de Kagura se posó en Kagome entorno los ojos en señal de desagrado pasando a un lado de ella rosando su hombro con soberbia. Sesshoumaru se dirigió hacia ella para entregarle a Karin, pero no antes de inclinarse y darle un beso en la cabecita de la pequeña.

―Cuídala. ―le dijo antes de retirarse.

Tomo su saco del perchero y se lo calzo antes de salir, cuando abrió la puerta Kagura lo tomo del brazo casi colgándose de él.

Kagome se quedó un momento mirando la puerta cerrada. Aquella mujer era un ser repugnante, pero era hermosa. No era de extrañar que cualquier hombre se sintiera atraído por ella. Un gorgoteo la hizo sacar de sus pensamientos; y como siempre le ocurría, una sonrisa se implanto en su rostro.

―Creo es momento de que a alguien coma su papilla.

Estaba decidida en disfrutar hasta el último instante que le quedaba con su pequeña. A pesar de que no le agradara la mujer que Sesshoumaru escogiera para ser la madre de Karin, ella no tenía el derecho alguno de opinar sobre el tema. Cada día podía ver como el vínculo entre padre e hija crecía, estaba segura que Sesshoumaru sería un buen padre. Solo deseaba que siempre interpusiera la felicidad de Karin.

Al llegar a la cocina Kaede prácticamente le arrebato a Karin de los brazos, le gustaba mimarla como si de su propia nieta se tratara. Kagome agradecía el cariño con el que trataba a la pequeña. Se pasaron tarde charlando de cosas cotidianas y sin importancia mientras que la mayor se dispuso a hornear una tarta de manzana con canela. Y el lugar se inundó rápidamente con el aroma de pan recién hecho y juntas tomaron un té con una rebanada. Era fácil llegar a querer Kaede, era cariñosa y parecía solamente dar por hecho su presencia en aquel hogar. Como Sesshoumaru no llegaría a cenar, Kaede se despidió temprano expresando sus deseos de visitar a una amiga que en un tiempo no veía. Por lo que rápidamente el silencio se apodero en todo el lugar.

Se pasó lo que restaba de la noche jugueteando con Karin, la cual estaba convencida de aprender a gatear y después de unos intentos frustrantes había conseguido avanzar unos cuantos pasos. Y después de la hora del baño, la pequeña se encontraba más que cansada. No logro a terminarse su biberón antes de que sus ojos se cerraran por completo. Kagome la arropo en su cuna y sin tener nada más que hacer se dispuso a ir también a la cama.

Pero no podía conciliar el sueño, mirando el reloj se sorprendió de que ya era más de media noche y todavía no había escuchado sonido alguno. Sin poderlo evitar, comenzó a pensar que la hora de la cena había pasado hace mucho. Kagura era el tipo de mujer que un hombre como Sesshoumaru se sintiera atraído, por lo que era fácil de adivinar lo que deberían estar haciendo a esas horas. Trato de conciliar el sueño mientras que un sentimiento extraño se apodero de ella. Cuando estaba a punto de dormir un fuerte ruido hizo que se levantara de la cama.

Sesshoumaru caminaba en la oscuridad de su oficina de un lado a otro con una botella de whisky en la mano, tratando de hacer memoria de donde se guardaban las copas de cristal. Pero después de haber bebido unas cuantas copas era difícil recordar algo tan simple. Cuando al final los había encontrado en unos de los cajones, tomo uno y lo lleno hasta el punto de que el líquido se derramo sobre su escritorio de madera. Sin importarle se lo llevo a los labios derramando unas gotas más antes de que el calor del líquido le recorrió la garganta rápidamente. Volvió a llenar su copa una vez más mientras que daba vueltas en círculo tratando de pensar en lo que había ocurrido aquellas ultimas horas.

Se había encontrado con el Señor Satou, el padre de Kagura para cenar y más precisamente para hablar de negocios. Al ser uno de los socios más importantes de su empresa era quien invertiría una billonaria suma en el nuevo proyecto. El capital que invertiría era muy importante para poder comenzar con la construcción de aquel nuevo resort. Sus dos compañías habían trabajado juntas desde siempre. Su padre lo había conocido en la universidad y habían llevado proyectos juntos desde hace décadas. Pero ahora al estar a escasos meses de la construcción el señor Satou estaba decidido a quitar su capital y no invertir.

Le había dicho que deseaba fusionar su empresa con otra. Siendo solo un inversionista en la empresa Taisho, sus interacciones eran escasas y deseaba estar involucrado más en cada paso de un nuevo proyecto. Desde hace años había dejado ver sus intenciones de fusionar las dos compañías y convertirla en una sola, pero Sesshoumaru siempre se había negado. No le gustaba tener solo la mitad de la empresa y no llevar todos los planes que tenía para hotelería Taisho. Pero si no lo hacía corría el riesgo de no poder realizar el más grande proyecto en el que había invertido más de cinco años de esfuerzos. Todos esos esfuerzos podrían haber sido por nada.

Arrojo la copa contra la pared con gran furia, haciendo que se rompiera en mil pedazos. Tiro su sillón y los documentos que tenía en su escritorio al suelo tratando así de aminorar la rabia que sentía sin ningún resultado. A pesar de la oscuridad busco con la vista algo más que pudiera destruir. Se llevó las manos a la cabeza en un intento de tranquilizar sus aceleradas respiraciones. Pero de repente un rayo de claridad se hizo presente. Su vista se posó en Kagome la cual se encontraba en el lumbral de la puerta con sus ojos abiertos como platos sin hacer ningún movimiento. Sintió como su sangre hirvió al instante, estaba molesto de aquella inesperada intromisión.

Pero cuando Kagome dio un paso hacia el he hizo un grito ahogado de dolor mientras se inclinaba hacia abajo, demoro unos segundos para darse cuenta de lo que acababa de pasar. Había entrado descalza y los cristales de la copa que había roto se encontraban bajo de ella. Dejo salir una maldición y sin pensarlo se dirigió hacia ella dándose cuenta de la gravedad de la situación. Los cristales se habían incrustado en sus pies de los cuales empezaban a sangrar. Paso un brazo bajo sus rodillas, alzándola entre sus manos. Sorprendido de lo poco que pesaba, la llevo a la cocina y la dejo sobre una isla mientras que buscaba un paño.

Cuando encontró una toalla de cocina que podía ayudarle se detuvo un instante para contemplarla. A penas tenía los ojos apenas abiertos mientras se mordía los labios en un intento de reprimir el dolor. Se acercó a ella tomando uno de sus pies mientras inspeccionaba las heridas. La oyó gemir de dolor cada vez que retiraba cada uno de los cristales, pero después de unos torturantes segundos ya no había más que retirar.

―Parece que esos fueron todos los cristales. ― dijo mientras limpiaba los rastros de sangre de sus pies.

―Gracias.

Kagome intento poner los pies sobre el piso, pero al momento de hacerlo un pequeño grito de dolor salió de su garganta. Sintió las fuertes manos de Sesshoumaru rodeándola por la cintura al momento de subirla y volverla a sentar en la isla.

―Será mejor que evites caminar― declaró mirándola con los ojos ámbar más oscuros de lo normal ― te ayudaré a subir a tu habitación.

Sin saber que decir Kagome se limitó a asentir podía sentir su cuerpo vibrando y el calor que desprendía el solo contacto de las masculinas manos traspasando la tela de su camison. Su respiración se aceleró, podía sentir como su corazón latía fuertemente en su pecho hasta el punto de casi doler.

Sesshoumaru la contemplo, parecía vulnerable y frágil. Y sin saber si era por efecto del alcohol o definitivamente había perdido la razón, la tomó con firmeza de la barbilla y la beso.

Hola hacia tanto tiempo que no me pasaba por aquí, se que no tengo disculpas que dar. Este año ha sido de tantos cambios y sucesos importantes que no me dejaron pensar en continuar con ninguna de mis historias. En verdad que si no fuera por ustedes que aun siguen enviándome mensajes para ponerle una continuación, tal vez hubieran quedado al olvido. Casi tengo el próximo capitulo terminado y creo que no serán muchos capítulos después de estos. Así que le echare ganas para poder terminar y darle un final digno. Muchas gracias por todos sus mensajes.