Capitulo XI
Sesshoumaru respiraba entrecortadamente, podía sentir un ardor en sus venas. Un ardor que no solo tenía que ver con el alcohol en su cuerpo, sino una mezcla de excitación y deseo. Sus labios apenas se rozaban después de aquel primer encuentro. Se encontraban tan cerca el uno del otro, todavía sostenía con su mano aquel rostro femenino.
Alguna vez se había cuestionado si besarla sería tan bueno como lo había pensado, pero la realidad era a un mejor de lo que pudiera imaginar. Quería besarla y hundirse en ella por siempre. Sabía que debía alejarse, sabía que aquello estaba mal, pero una cosa era lo que debía de hacer y otra el deseo que lo quemaba por dentro.
Contemplo por un momento aquellos labios entreabiertos, y con un gruñido casi salvaje que se escapó de sus labios cuando volvió a apoderarse de aquella boca.
Kagome se encontraba aturdida mientras todos sus sentidos se encontraban alerta, por un momento había creído que se encontraba soñando. Cerrando sus ojos y dejándose llevar por aquellas sensaciones que recorrieron su ser. Pero después de aquel primer instante y sus ojos se encontraron con aquellos dorados encendidos, la realidad la había arrasado. Debía de detenerlo, debía de detenerse, debía de dejar de responder a sus besos. Pero su sabor y su aroma, una mezcla de feromonas masculinas y colonia hacían que le fuera casi imposible pesar con claridad. La lengua de Sesshoumaru recorrió su boca con intensidad y su traicionero cuerpo empezó a latir con intensidad. Y entonces supo que estaba perdida.
Sintió como aquella mano masculina recorrió su mejilla pasando por su hombro y deteniéndose en su espalda acercándola más a su cuerpo masculino. Estuvo a punto de soltar un gemido de protesta cuando dejo de besarla, pero se detuvo al sentir a aquellos mismos labios recorrer por todo su cuello deteniéndose en su clavícula. Su pulso latía frenéticamente bajo su piel y sin poder evitarlos sus ojos se cerraron disfrutando del momento intensamente. Sesshoumaru había despertado en ella sensaciones en su cuerpo que nunca había experimentado.
Tras un largo momento, él volvió a subir en busca de su boca abriendo con su lengua los labios de Kagome deleitándose con el calor y la humedad de su boca. Le rodeo la cintura con los brazos y con su cuerpo se abrió para situándose entre sus piernas. Al momento de sentir aquella cercanía tan, Kagome abrió los ojos dándose cuenta de lo que estaba sucediendo. Una alarma sonó en su cabeza, debía de recordarse en qué situación se encontraba ¿Cómo podía estar permitiéndole que sucediera todo eso? Llevo una mano al pecho de Sesshoumaru en un intento de apartarlo, pero él al notar lo que ella pretendía hacer atrapo su mano bajo la suya.
―No.
La detuvo, con una voz ronca; casi un gruñido, y ojos encendidos de deseo. Su pecho subía y bajaba rápidamente, su mano seguía sobre la de ella. Podía sentir el corazón de Sesshoumaru latía ferozmente y sus fuerzas se esfumaron, Después tendría tiempo de arrepentirse de ello, pero ahora no podía ni quería pensar en detenerse. Relajo su mano sobre aquel fuerte pecho recorriendo su torso sintiendo como aquellos músculos se movían bajo aquella camisa blanca.
Una urgencia de sentir la piel aquella piel se apodero de Sesshoumaru, por lo que comenzó a subirle su delgado camisón sobre sus piernas, gimiendo suavemente al sentir la calidez de aquella tersa piel. Tal vez, después se odiase, pero no podía ocultar el deseo que sentía por ella. Tenía que poseerla, deseaba tanto hacerlo en ese momento antes de comenzar a pensar en las mil razones por las que todo aquello estaba mal.
Pero antes de que alguno de los dos pudiera tomar alguna decisión, un llanto se escuchó a lo lejos regresándolos a la realidad. Por momento se quedaron inertes, escuchando sus aceleradas respiraciones. Ninguno con deseos de separarse, sabían que si lo hacían aquel hechizo que se había apoderado se desvanecería y comenzarían a reprocharse lo que acababa de pasar.
Ella fue la primera que se apartó, tenía las mejillas encendidas y sus labios todavía vibraban por el rose de sus labios. Miro los ojos ámbar frente que la miraban fijamente. Kagome se deslizo hacia el suelo bajando de aquel mueble de cocina, cuando sus pies tocaron el piso sintió un dolor agudo en sus pies. Tomó fuerzas antes de salir corriendo de ahí y subir las escaleras deprisa para dirigirse a la habitación de Karin. Cerro la puerta tras de ella con más fuerza de la necesaria, como si con eso pudiera borrar lo que minutos atrás acababa de suceder. Se dirigió a la cuna de Karin, la cual se encontraba llorando con la cara enrojecida. No sabía cuánto tiempo se había encontrado llorando esperando que alguien viniera a consolarla. La tomo en brazos, sintiéndose culpable al instante.
―Tranquila cariño, ya estoy aquí ― dijo mientras la mecía entre sus manos.
Besó repetidas veces sus mejillas, mientras decía una y otra vez palabras de disculpas por no haber aparecido antes, la pequeña lentamente comenzó a calmarse. Mientras le cambiaba el pañal a Karin el eco de una puerta al cerrarse la hizo saltar. Respiro tratando de calmarse y no prestar atención a los efectos que todavía se encontraban en su cuerpo, aun sentía su piel erizada y sus labios hinchados. No sabía que era lo que le había ocurrido, debía de haber actuado de otra manera, alejarse desde el primer momento en que se había acercado.
¡Por todos los cielos! Si no hubiera sido por Karin no sabía en qué hubiera acabado todo aquello. No, claro que lo sabía. Le hubiera dejado hacer todo lo que él hubiera querido con ella. No pudo dejar de sentir vergüenza por ella misma.
Se dirigió a la mecedora con Karin entre sus brazos la cual comenzó a beber con impaciencia su biberón. Mientras una manita se aferraba firmemente en uno de sus dedos, que por más que lo moviera no dejaba de sujetarla. Kagome beso suavemente aquella manita, después sus mejillas y su cabeza sintiendo como su corazón se llenaba de amor por aquella pequeña. La había amado desde el primer momento en el que supo que estaba embarazada. A pesar de que hubiera deseado que las cosas fueran diferentes, no se arrepentía de haber traído a aquel hermoso ser al mundo. Solo cuando los ojos de Karin se estaban cerrando; dándole la bienvenida al sueño, se permitió pensar en los acontecimientos de hace unos momentos.
Tenía miedo de haberlo arruinado todo. Había sido tan débil por dejarse llevar por lo que él le había hecho sentir. Sesshoumaru se encontraba actuando bajo la influenza del alcohol; lo cual le impedía pensar con claridad, pero ella no tenía excusa para aquel comportamiento. Aquella noche los miedos y la incertidumbre de lo que sucedería después, apenas la dejaron dormir.
No quería levantarse, sentía su cuerpo pesado y su cabeza a punto de explotar. Pero el pitido de su teléfono celular le perforaba los oídos, hizo una mueca de molestia con ganas de romper aquel molestoso aparato y seguir durmiendo. Estiro el brazo hacia donde el sonido se encontraba, mirando más de veinte llamadas perdidas y mensajes sin leer. Sin ánimos de contestar, solo leyó dos de ellos. Uno era de su asistente, el cual le preguntaba donde se encontraba e informando que había tenido que volver a agendar una cita. El otro mensaje ni siquiera lo termino de leer, era de Kagura diciendo que se acababa de enterar de la inesperada decisión de su padre y se encontraba abochornada por la situación. "No sabes cómo lo siento cielo, por favor márcame. Yo…".
Lanzo el teléfono a un lado, cerrando los ojos tratando de descansar sin preocuparse por lo que sucediera o sucedió. Pero no fue capaz, su mente decidió repasar los sucesos transcurridos. Satou ya le había expresado sus deseos de fusionarse con él, había tratado de negociar pero la idea que tenía eran prácticamente ridículas, por lo que Sesshoumaru se había negado rotundamente. A pesar de que era un fuerte golpe el que Satou le había dado al retirarse como inversionista, tal vez ya era momento de hacerlo el solo. No sería fácil, tendría que arriesgar demasiado y podía ser la perdición para Taisho Company. Pero era un riesgo que debía asumir.
Se irguió sentándose en la cama. Se llevó una mano a la cara cuando sintió un leve mareo producto de la resaca que tenía. Pero al mirar en su mano rastros de sangre, se inspecciono pensando que se había hecho daño mientras se encontraba alcoholizado. Entonces se dio cuenta que la sangre no provenía de él, y los recuerdos de la noche anterior cayeron sobre él. Recordó como habían aventado el vaso de cristal rompiéndolo en pedazos y como después Kagome había entrado, y como se los había clavado en los pies. Como la había llevado a la cocina ayudándola a quitarse cada una de las astillas incrustadas, y como después la había besado de forma desesperada y hambrienta. Recordó su propio deseo y como hubiera llegado al final si no hubieran sido interrumpidos.
No podía negar el deseo que sentía por ella, pero también que debería estar prohibida para él. Pensó en echarla a la calle, Karin se encontraba casi adaptada a su nueva vida y parecía que poco a poco lo había ido aceptando. Pero era un hombre de palabra, le había dado un mes y solo faltaban dos semanas. Catorce días solamente, catorce largos días para que desapareciera de sus vidas. Resoplo pesadamente, debía resistir.
Mientras se abotonaba los puños de su camisa, se dirigió a la cocina. Kaede le lanzo un comentario sarcástico de lo mal que se veía y lo bien que seguro lo paso a noche. No tuvo ganas de responderle, de todos modos, ella respondería y siempre le gustaba ganar las discusiones. Sin decir nada, comió los huevos con tocino que le ofreció.
― ¡Por el amor de dios! ¿A dónde se fueron tus modales? ― le recrimino con tono molesto pero cariñoso ―Podrás ser muy jefe de cualquier compañía, pero parece que fuiste criado por salvajes.
Refunfuñando murmuro un "Gracias" entre dientes. El cual pareció dejar satisfecha a Kaede, o tal vez entendiendo que no estaba de ánimos para reñir. Mientras terminaba el desayuno miro con cierto recelo, aquella isla de la cocina que había sido testigo de lo que estuvo a punto de pasar apenas unas horas atrás. No había nada que delatara los sucesos transcurridos. De hecho, en esos momentos se encontraba un muñeco infantil sobre él.
―La pequeña termino su merienda no hace mucho ― dijo Kaede siguiendo su mirada y tratando de adivinar sus pensamientos ―En estos momentos esta con la señorita Kagome en la sala principal. Hace un buen clima para dar un paseo. ― y sin decir nada más, se dirigió a secar algunos platos.
Sabía lo que Kaede pretendía, por lo que se apresuró a terminar el desayuno y salió de la cocina, no sin antes agradecer por los alimentos. Miro su reloj, casi eran las once del día demasiado tarde de lo que acostumbraba a llegar a la oficina. Se dijo que le llamaría a su asistente estando ya en el auto. Pero antes de llegar a la puerta, la voz y barbullidos en la sala principal lo hicieron detenerse.
Frente al ventanal estaba aquella mujer sosteniendo a Karin en brazos.
― ¡Mira cariño, que hermoso pajarito! ― dijo mientras señalaba con una mano al otro lado de la ventana. ―Dile "Hola".
Karin miraba con atención mientras daba pequeños gritos alegres y estiraba las manitas tratando de alcanzarlo.
― Ya se fue ¡Que lastima! ― cuando Karin arrugo la carita haciendo un puchero con sus labios, Kagome la meció y le dio besos sonoros haciéndola reír.
Sesshoumaru contemplo aquella escena, y cuando su vista se cruzó con la de ella. Vio por un momento parecía sorprendida para luego desviar los ojos para otro lado de la sala. No siendo capaz de aguantar su mirada.
―Hace un buen clima para dar un paseo. ― repitió las palabras dichas por Kaede.
Kagome asintió sin mirarlo y en cuestión de minutos se encontraba manejando hacia un pequeño parque que había visto cerca de casa sin que ninguna sola vez se bajara a recorrerlo. Abrió la puerta de atrás y antes de que ella pudiera tomar en brazos a la pequeña él se inclinó y la cargo. Se dirigieron a donde se encontraban algunos juegos infantiles, Karin se movió impaciente entre sus brazos al mirarlos. Había unas resbaladillas toboganes y columpios, algunos eran para niños mayores. La sentó en un columpio para bebes, con algo de miedo. Pero al ver que Karin se erguía con firmeza e instintivamente sostenía de las agarraderas se tranquilizó y comenzó a empujarla suavemente. Las pequeñas risitas no se hicieron esperar, mientras agitaba las piernas y brazos pareciendo pedir más.
―Si que eres una chica lista― pronuncio con cierto orgullo paternal.
Mientras columpiaba a su hija, no pudo evitar dirigir su vista a aquella mujer. Kagome se encontraba a solo unos pasos de ellos mirando fijamente a Karin con una sonrisa. Cuando Karin se empezaba a cansar del columpio, dio un vistazo a otro juego donde podía estar. Había una caja de arena, su mirada se dirigió a Kagome. Sin palabras; tratando se saber si estaba bien, ella pareció comprender.
―La caja de arena es una buena idea― dijo acercándose para tomar sacar a la pequeña de la sillita, sus brazos se rozaron sin querer mientras se inclinaban en el diminuto juego.
Kagome trato de no prestar atención a aquel detalle, pero no puedo evitar que su pulso se acelerara. Se concentro en construir un castillo con las manos, aunque en realidad al hacer un montón de tierra Karin se divertía tirándolo con las manos. Sin querer un poco de arena cayo en el traje de Sesshoumaru, pero este pareció no darse cuenta o no darle importancia. Estaba de cuclillas mirando como su pequeña se divertía.
―No, no cariño ― le advirtió a Karin deteniendo su manita para que no lanzara más arena ―Ensuciaras a papá.
Sesshoumaru llevo una mano a donde había caído la arena, sacudiendo un poco se podía deshacer de ella. Estiro sus manos comenzando a acumular arena, haciendo que Karin la tirara por todos lados, sin molestarse si se ensuciaba. La ropa se podía lavar, pero aquellos momentos no se repetirían. Pasaron varios minutos más, los dos adultos construyendo montoncitos de arena mientras que la menor daba pequeños gritos y risas mientras los destruía.
Tenía un tiempo ignorando el vibrar de su teléfono celular, en verdad que se encontraba disfrutando de ese momento. Pero toda tenía su fin. Se disculpo con las dos antes de responder a la llamada. Kagome se encontraba tratando de evitar no mirarlo más de lo necesario, evitar cualquier contacto físico era su objetivo. Como si con eso podía borrar la noche anterior. Pero era imposible no ser con ser consciente de su presencia. El mirarlo interactuar con Karin era una escena difícil de ignorar. Había sido tan dulce con ella que su corazón se había inundado de un sentimiento de gozo y ternura. Aunque no estaba segura de que la palabra dulzura se ajustara a Sesshoumaru.
Después de unos momentos regreso se inclinó para tomar a Karin en brazos mientras la alzaba en los aires, haciéndola reír.
―Muy bien pequeñuela es hora de regresar a casa― anunció dirigiéndose al auto.
Llegaron en solo un par de minutos, Kagome le saco a la pequeña de su sillita esperando que Sesshoumaru se bajara del auto para asegurarse que entrara a casa. Pero al no ver ademan de bajar, el volteo a mirarla con un semblante serio.
― ¿Puedo confiar en que entraras si te dejo aquí?
El tono que uso no era nada empático, en otras circunstancias se sentiría ofendida. Pero tenía que recordarse que no eran circunstancias normales y que su confianza debía de ganársela poco a poco. Tal vez; si tenía suerte, en el futuro se apiadará de ella y le enviara una que otra tarjeta en fechas importantes para hacerle saber cómo se encontrará Karin mientras crezca.
―No tienes por qué creerme, pero te puedo asegurar que nunca más tratare de huir con Karin a ningún lado.
Sesshoumaru pareció pensarlo por unos instantes y asintió levemente mientras la miraba bajarse del auto. Pero solo después de ver como ella entraba por la puerta arranco el auto.
A la hora que llego a la oficina su asistente estaba más que impaciente, y al parecer la noticia de que Satou se retiraría de la inversión de futuros proyectos se había extendido rápidamente. Trabajo toda la tarde y varias horas después, en nuevos planes y decisiones que a pesar de lo sucedido no atrasaría la construcción del nuevo proyecto. Como había imaginado, había un gran número de riesgos. Pero si todo resultaba como lo planeado, podía ser un gran logro. Cuando estaba a punto de decidir regresar a casa, su teléfono comenzó a sonar. Hizo una mueca de disgusto al ver que se trataba de Kagura, sin ánimo de responder tomo la llamada ya que estaba seguro de que, si no lo hacía no dejaría de insistir.
― Diga.
La voz melosa de Kagura no se hizo esperar, hablaba sin cesar. Sesshoumaru solo escucho la mitad de todo lo que dijo, en el momento que ella dio a conocer su deseo de reunirse esa noche para cenar, el sin pensarlo la rechazo. Pero ella siguió insistiendo en que era importante que se reunieran.
―" Solo serán unos minutos" ― prometió ella.
Dos horas después, se vio conduciendo a un restaurante conocido en donde habían acordado reunirse. Casi al momento de entrar, visualizo como Kagura con gestos sobreactuados trataba de llamar su atención. Se sentó frente a ella y por formalidad se disculpó por llegar tarde. Casi al instante, un mesero se acercó para ofrecerle un vino antes de tomar su orden.
―No sabes cuánto me sorprendió que papá tomara la decisión de retirarse ― dijo por quinta vez esa noche. ―Lo que papá siempre ha deseado es dejar de ser solo un simple inversionista…
Sesshoumaru hizo una seña al mesero para que volviera a llenar una vez más su copa. Miro con impaciencia su reloj, llevaba más de una hora escuchándola y hasta ahora nada de lo que decía le parecía importante. Estaba a punto de disculparse y marcharse cuando la escucho decir.
―Por lo después de pensarlo por un buen tiempo, tengo la mejor solución ― dijo Kagura mirándolo fijamente esperando ver alguna reacción en Sesshoumaru, pero el pareció mover ningún solo musculo. Ella se remojo los labios antes de decir ― La mejor forma de fusionar nuestra empresa seria que tú y yo nos casáramos.
Sesshoumaru achico los ojos mirándola fijamente. ¿Estaba hablando de matrimonio? Sabía que algo tramaba al pedir que se reunieran, pero nunca creyó que sus ideas fueran tan sórdidas. No podía ni siquiera imaginarse una vida casado y menos hacerlo con Kagura, la cual solo se preocupaba por su apariencia y llevar el bolso más absurdamente pequeño y ridículamente costoso.
―Lo siento, pero no creo que sea buena idea― dijo haciendo un ademan pidiendo la cuenta.
El mesero se acercó rápidamente, y sin mirar Sesshoumaru saco unos billetes cubriendo el monto marcado y dejando una generosa propina.
Kagura lo miro con los ojos abiertos como platos, visiblemente sorprendida.
―Per… Pero ¿Por qué no? ― dijo con ambas manos sobre la mesa, desconcertada ―Estoy segura de que podemos llevar un buen matrimonio. Nos adaptaríamos rápidamente el uno con el otro, además tienes una hija que necesitara una madre que la guie al crecer.
Sesshoumaru suspiro pesadamente, conocía a Kagura desde pequeños y sabía que era una persona acostumbrada a tener lo que quiere cuando lo quiere. Aquel rechazo debía de ser un fuerte golpe para su autoestima.
―Agradezco la oferta, pero no tengo intención de casarme en un futuro cercano o lejano.
Se levanto de la mesa, a lo que Kagura rápidamente lo siguió tomando su bolso. Y colocándose a su lado lo tomo del brazo dirigiéndose a la salida del restaurante.
―Espero que lo que paso no cambie nuestra relación.
Sesshoumaru había sido amable con ella, aguantando su compañía por ser hija de Satou. No había ninguna relación entre ellos y después de lo que acababa de suceder no pensaba reunirse de nuevo. Al salir del restaurante vio un destello a lo lejos, no le dio importancia. Por cortesía acompaño a Kagura, y repentinamente antes de que subiera al auto ella se puso de puntillas para besarlo, al darse cuenta de la acción Sesshoumaru movió la cabeza y el beso callo sobre su mejilla. Se dirigió a su auto y en unos minutos estaba manejando de regreso a casa.
Era más de media noche por lo que el lugar se encontraba sumergida en la oscuridad. Subió las escaleras, pero antes de dirigirse a su habitación decidió pasar a ver a Karin, abrió la puerta lentamente tratando de hacer el menor ruido posible. Una lampara apenas iluminaba la cuna y el pequeño bulto que había dentro. Contemplo como la pancita de su hija bajaba y subía, y de repente se movió bajando la cobija que la arropaba. Con una mano; con cierto miedo a despertarla, volvió a cubrirla. Cada vez que la miraba le parecía irreal, era padre. Al principio, al saber que el medico había cometido el error de engendrar a una niña en vez del niño que esperaba, se había sentido burlado. No había tenido buena opinión hacia las mujeres, las que había conocido solo les interesaba una cosa y eso era el dinero. Pero después de ver a aquella pequeña, un nuevo sentimiento se apodero de él. No dejaría que fuera como las mujeres que él conocía.
Por primera vez tenia a alguien que dependía de él completamente. No estaba seguro si sería un buen padre, pero lo que si estaba seguro es que él nunca la abandonaría.
Cerrando la puerta tras de él y a punto de dirigirse a su habitación sin saber por qué miró hacia la habitación que ocupaba Kagome. Había una pequeña luz encendida, la cual le llamo la atención. Se dirigió a la puerta deteniéndose al escuchar una voz, que parecía un susurro.
―" Yo también no puedo esperar para verte, tengo tanto que contarte…" ― hubo una pausa y no pudo escuchar nada por unos segundos ―" No, no te preocupes no necesito dinero. Si todo sale bien…
No pudo escuchar más, apenas podía escuchar unos murmuros. La furia se apodero de él. Se había asegurado de que el celular que se le asigno estuviera bloqueado para que el único número que pudiera marcar fuera el suyo. Abrió la puerta con fuerza prendiendo la luz, encontrándose con aquella mujer sentada en la cámara mirándolo con notable sorpresa. La miro quedarse inmóvil por un momento y pareció olvidar la llamada.
―Tengo que irme. Nos vemos pronto. ― dijo terminando rápidamente la llamada.
En dos zancadas Sesshoumaru estuvo a su lado, arrebatándole el celular de las manos de una manera ruda y poco sutil, mientras lo inspeccionaba.
―Esto no es tuyo ― la miro con el ceño fruncido, y a pesar de la oscuridad pudo ver como su rostro palideció ― ¡Se lo robaste a Kaede! ―la acusó.
Kagome se encontraba en estado de trance, no esperaba que Sesshoumaru apareciera de esa manera. Sus ojos dorados brillaban con rabia, imponente. Se levanto tratando de que no resultara tan intimidante, pero aun él le sacaba casi una cabeza con su altura haciéndola sentir diminuta.
―Yo no robe nada― repuso firmemente defendiéndose, no dejaría que le acusara.
―Entonces me podrías decir que haces con un celular que no es tuyo ¿Cuándo sabes que desde el primer día tienes prohibido el uso del teléfono?
No necesitaba que se lo recordara, lo sabía. Sabia de sus miedos de escapar con Karin de nuevo, pero una llamada a su amiga de vez en cuando no tenía por qué afectar.
―Solo es una llamada. ― dijo restando importancia.
"Solo una llamada" la mente de Sesshoumaru repaso en esas palabras. Una llamada aquello no le preocupaba, la razón de hacerla y a quien se la hacia ese era el problema
―No es como si estuviera planeando algún secuestro o un robo. ― el tono que uso era irónico, como si pensarlo fuera una dura broma.
Pero a Sesshoumaru no le causo ninguna gracia. La miro con intensidad de arriba abajo con los ojos entornados.
―No estoy planeando nada de eso― dijo seriamente.
Tratando de parecer tranquila y segura, su corazón latía fuertemente en su pecho. Mientras sostenía aquella mirada dorada. Lo vio apretar la mandíbula.
― ¿Con quién hablabas? ― aquella ni siquiera era una pregunta, sino que demandaba saberlo.
A Kagome no le gusto el tono exigencia que había usado. Dio unos cuantos respiros para tratar de controlarse, y respondió segura de que no tenía nada que ocultar.
―Era Sango― espeto, aquel nombre pareció no decirle nada a Sesshoumaru ―La amiga con la que vivía cuando me encontraste.
Vio como asintió levemente recordando de quien se trataba, pero sin hacer ningún tipo de movimiento. Esperando alguna explicación más.
―Con quien me iré a vivir cuando no… cuando me valla de aquí― concluyo casi en un balbuceo.
Por unos momentos se quedaron sin decir ninguna palabra. Sesshoumaru recordó cuando sus investigadores la encontraron en aquella casa vieja. Se había sorprendido al saber compartía vivienda y el pago del alquiler de ese lugar sombrío y húmedo. Por la cantidad que había cobrado al aceptar aquel trato, esperaba que le alcanzara para algo mejor. Al revisar la cuenta donde se había trasferido el dinero, sabía que solo un día después la cuenta había sido vaciada. El dinero no estaba, y daba la impresión de que no contaba con el. Pero no era un ingenuo, sabia lo que una mujer como aquella era capaz de hacer por dinero, seguramente debía tenerlo escondido en alguna parte.
― Te lo preguntare una vez más y esta vez responderás si es que no quieres largarte de aquí esta misma noche― dijo entre dientes conteniendo la furia que sentía ― ¿Qué hiciste con el dinero del contrato? ― quiso saber.
Aquella pregunta la sorprendió, recordando que ya se la había hecho el primer día que había llegado. A la que ella no pudo responder. No podía decirle la verdad y el destino que ese dinero tuvo. Sesshoumaru miro como bajaba el rostro y sus hombros caían.
―Te daré una oportunidad más― pronuncio con desprecio ― ¿Qué hiciste con el dinero?
Pero Kagome seguía sin responder.
― ¡Te quiero fuera en este instante!
Hola Minna, otra vez apareciendo por aquí, después de un larrrrgo tiempo. ¿Qué les pareció el capítulo? Trate de compensar mi ausencia escribiendo un capítulo largo. No saben lo mucho que aprecio cada uno de sus mensajes, sus palabras de aliento me hacen no dejar esta historia. A pesar de los que esta temporada no ha sido buena para mí, le echarle ganas para acabarla lo más pronto posible. Ya estoy trabajando en el siguiente capítulo, así para que no se olviden de ella. Muchas gracias por leerme. Nos vemos pronto. Saludos 😉
