Disclaimer: Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen, desgraciadamente mi nombre no es Masami Kurumada.
Capítulo 5, disfruten.
5. Empezar con... ¿el pie derecho? [Parte 1]
El horizonte se iluminó con los primeros rayos matinales. Saga se encontraba levantado para cuando estos comenzaban a salir para brindar luz a un nuevo amanecer, pues aquel día le había tocado guardia. Observó como Artemisa poco a poco perdía su brillo y luminosidad en comparación de su hermano menor astro rey. Como le cedía el lugar de forma tan sencilla y sin complicarse, pues sabía que tarde o temprano volvería a tener los dominios de aquellos lugares. Sólo debía perseverar.
—Saga, te recomiendo que descanses —escuchó como Aioros le decía. Sorprendido de escuchar su voz se volteó de abrupto para ver la distancia a la que el otro se encontraba y poder deducir si hubiera sido capaz de sentirlo si es que no se hubiera perdido en lo negro de la noche —. Ya has hecho dos guardias seguidas la semana pasada y aparte estuviste vigilando todo el día a Telikós…
—Yo no me he quedado a cuidar todo el día a Telikós, ese ha sido synéchisi̱ —se defendió el mayor de la pregunta de Aioros y la insinuación que venía con ella: ¿Él preocuparse por alguien que adoraba hacerle enojar con cualquiera de sus acciones? La verdad es que no recordaba porque había aceptado hacer aquello —además, yo debía cuidar la tienda por si alguno de los soldados quería husmear. Recuerda que es MI tienda, y que soy muy receloso con mis cosas, y aún más con los mapas y estrategias que tiene dentro.
Al menos ese era el punto de visto suyo. O eso es lo que él se quería decir que era, lo que intentaba decirse que era la razón. De momento si lo era.
—Aún así ya has hecho un avance —acotó Aioros sin darle importancia a la excusa de Saga —. Y es más de lo que creí que harías.
Saga le fulminó con la mirada.
— ¿Acaso no pensabas que yo sería capaz de lograrlo? —Insinuó sabiendo que la respuesta del otro sería una absoluta negatoria.
Aioros tuvo que contener la risa al observar a su amigo así. Estuvo a punto de contestarle la cuestión cuando un sonido sordo proveniente de la carpa hizo que todo el hilo que tenía planeado en su mente se fuera con el viento para no volver, al menos en lo que le pensaría los próximos veinte minutos.
Él y el comandante se observaron significativamente y con la misma mirada se pusieron de acuerdo en ir a inspeccionar que había ocurrido. Nadie había ingresado a las carpas por lo que dudaban que fuese un intruso el que haya hecho semejante ruido.
Caminaron lo más rápido que pudieron antes de escuchar un quejido de cierta voz que era muy conocida para ambos. Por supuesto que no le entendían.
Cuando corrieron la cortina observaron una escena variopinta y por demás graciosa, al grado de que ni Saga podía disimular la enorme sonrisa que se le había formado en el rostro.
Mu, que la noche y todo el día anterior se había encontrado durmiendo en la cama de Saga ahora se encontraba maldiciendo en chino a un bulto que yacía en esta y que se cubría lo mejor que podía ignorando los insultos dirigidos hacia su persona. Este sólo tenía sueño y nada ni nadie lo evitaría.
Saga, tosió un poco para aclararse la garganta y evitar que se notara la diversión que le daba aquella escena. Tomó un paso al frente para llamar la atención del de cabellos lilas.
— ¿Qué es lo que ha ocurrido aquí? —Preguntó escondiendo sus labios y dientes detrás de su mano disimuladamente.
Cuando Mu le observó dejo de discrepar. Le miró con atención y sus pupilas se dilataron. Se encogió, tal vez de miedo y volvió su vista hacía la cama de la que minutos antes se había encontrado profundamente dormido, al menos hasta que amaneció y sintió una presencia al lado suyo.
Aioros lo observó en silencio. Mu susurró un par de palabras de forma tan baja que seguramente ni el bulto en la cama las hubiera escuchado. Cuando el del signo sagitario comprendió lo que al otro le aquejaba sonrió al grado de soltar un par de risas.
— ¿Qué es gracioso? —No pudo evitar preguntar Saga confundido. Aioros, saliéndose de su propio mundo y quitándose una lágrima del ojo se apresuró a contestarle.
—Creo que Mu no sabía de la existencia de Kanon —Procedió Aioros. Como el extranjero le observó extrañado procedió a explicar —Saga tiene un hermano gemelo llamado Kanon. El otro día no quise que entraras porque no quería molestarte con sus peleas mañaneras —Ahora Mu se veía más confundido. Oh, cielos — Kanon tiene la necesidad básica de pelearse con Saga por la cama del mayor. Es algo ya rutinario de ellos, por lo que no debes tener nada de qué preocuparte, ¿Vale?
Pero Mu no había escuchado a la mayor parte de la explicación del castaño. Se había atrapado en una burbuja propia que no le dejaba procesar las palabras del mayor. ¿Un gemelo? ¿Cómo es que nunca le había visto si había visto al comandante en variadas ocasiones (por sus castigos por supuesto)? Y claro; que hasta aquel momento se daba cuenta de que el dueño de aquella tienda no era nadie más ni nadie menos que el gemelo.
¿Durmió en la cama de su enemigo? ¿Acaso él hizo algo así? De haberlo sabido antes ni siquiera se hubiera dejado caer bajo el hechizo de la inconsciencia relajante que sólo puede dejar el sueño.
De antemano ya sabía que aquella tienda no era una para enfermería, pero no esperaba que fuera de él en específico. Tal vez y le llegara a la mente la idea de que la tienda fuese de Aioros. La verdad es que aquello tendría más sentido: era benevolente con él y se preocupaba por su persona más de lo que Saga aparentaba. Así de igual forma se podría explicar a la perfección la cama extra. Según tenía entendido tenía un hermano menor con él en el campamento y el cuál era el encargado de entregarle el desayuno a los prisioneros (pues el parecido físico entre ambos era demasiado que no hubo necesidad de preguntarle)… ¿Pero la cama en la que había dormido era de Saga?
El de cabellos azules observó como Mu había dejado de entender todo a su alrededor y con un gesto de su mano le avisó a Aioros que dejara de hablar. Pues quien necesitaba escuchar las palabras que salían de su boca no podía hacerlo en aquel momento. El otro le observó un poco resentido pero Saga de igual forma apuntó con su derecha hacía el menor y vio su mirada perdida. Comprendió al instante y dudoso formuló una pregunta.
— ¿Telikós, te encuentras bien? —Mu parpadeó varias veces de forma seguida y observó al lugar de procedencia de la voz del castaño.
— ¿Eh? —Susurró confundido. Se había encontrado ajeno a todo a su alrededor y hasta hace un par de segundos sabía que había gente esperando una respuesta de él. Pero no recordaba si debía ser positiva o negativa, si no había escuchado la pregunta no sabía que debía responder.
—Preguntó por tu estado de salud mental —Facilitó el bulto de la cama, hablando como si nada hubiera pasado hace ya varios minutos entre él y el chico bilingüe.
Mu lo pensó durante varios minutos, no sabiendo que responder.
—Me encuentro mucho mejor que el día de ayer —acotó esquivando hasta cierto punto la pregunta —Y aún después de haberlo dicho con anterioridad… gracias.
Le parecía casi imposible haberlo dicho un par de veces. Pero podría jurar haberlo hecho. Sabía que él mismo era quien había dado autorización para que saliesen de sus labios.
Saga se había quedado observándolo. En silencio. Y eso, sin saber el por qué, le incomodaba de sobremanera. De forma inconsciente deshizo el contacto visual y fijó sus orbes en algún punto detrás del de cabellos zafiro. Aioros se sentía ajeno a todo eso. Por lo que rompiendo el silencio que yacía sobre el lugar dio aviso sobre su salida del lugar.
—Tengo que ir a revisar que los otros estén avisados de la junta colectiva —se excusó señalando la cortina de la tienda, mostrando de esa forma la trayectoria de su salida hacía su siguiente tarea. Cuando la cortina se hubo recorrido tras él Mu no tenía nada que pudiera decir, no al menos al hombre frente a él.
—No salgas aún —le advirtió el mayor. Este, obediente no se movió de su lugar y se quedó expectante a la o algo que dijese Saga —. Aún tienes el castigo vigente, sólo han pasado dos días. Por lo que quedan todavía cinco más. —Mu no hacía más que tragarse su orgullo. Morderse el labio y apretar los puños es todo lo que se permitía. Nada más pues aquel hombre, casi le había salvado la vida. Y eso era algo muy deshonrante para él, por demás humillante.
—Sí —respondió, casi siendo un susurró. Su vista no se despegaba del suelo y por nada del mundo permitiría que lo hiciera. Su rostro se encontraba notoriamente colorido y no quería que se le viera de esa forma.
Perfecto, pensó Saga. Hasta ahora va medianamente bien el día.
—Sígueme —ordenó —, todavía no ha comenzado el trabajo. Pero primero tenemos que desayunar.
Una duda asaltó la cabeza de Mu. No se pudo resistir a ejecutarla en palabras.
— ¿Comeré con usted?
—De esa forma podré tenerte vigilado —fue la respuesta de Saga. Mu susurró algo parecido a "Idiota" en chino. Saga soltó una carcajada. Sin saber la razón, no le molestaba que el otro hablase en un idioma que no entendía. Sin embargo le agradaba no enojarse tanto con aquel niño que le había dado suficientes molestias para toda su vida.
Notas:
synéchisi̱: El apellido de Afrodita, su significado es continuación. Quise darle un significado específico, dado que el de Saga es Comienzo, el de Mu es Final, y siempre debe de haber una continuación, ¿no?
