Advertencia: Capitulo no apto para menores de 12 años.

Capitulo XII

El mundo de Kagome se vino abajo en ese instante. Dio un paso tambaleante hacia atrás, sintiendo como sus piernas flaqueaban. Era consciente de su irreparable marcha. Solo era cuestión de un poco más de dos semanas para partir de aquel lugar. Lo sabía. Se lo había repetido una y otra vez al punto de creerse preparada cuando aquel momento llegara. Pero ahora no estaba segura de que lo estuviera. Cerro los ojos por un instante al sentir como la habitación daba vueltas alrededor de ella. Dio un par de respiraciones lentas y profundas antes de abrir de nuevo los ojos. Sesshoumaru se encontraba con los brazos cruzados mirándola con visible desprecio, para después darse la vuelta para caminar hacia la puerta.

No sabía en qué momento había corrido tras de él ni que la había impulsado a sujetándolo de la muñeca. Cuando fue consciente de ello Sesshoumaru se estaba girando para posar sus dorados ojos sobre ella con una expresión de desconcierto. Estaba más que claro que no se esperaba que lo detuviera de aquella manera. El momento de sorpresa solo demoro unos instantes, ya que luego frunció el ceño mientras miraba como su vista bajaba a la mano lo sujetaba.

Kagome no lo soltó. Tenía que decirle la verdad. A pesar de que aun así tuviera que marcharse. El solo pensar que un día Karin preguntara por la mujer que le había dado la vida, y solo pudieran permitirle que pensara lo peor de ella. Le inundaba de miedo.

― ¿Quieres saber que hice con el dinero? ― exclamo firmemente, no permitió que la mirada fría de Sesshoumaru la intimidara―Bien pues la respuesta es: Nada― el gesto de burla no la detuvo de hablar ―Mi padre. El único familiar que me queda con vida. Necesitaba urgentemente dinero para salir de… un problema. ― aquello era cierto, aunque fuera en parte. ―Se lo entregue a él, y la verdad es que no sé qué hizo. Ya que el día que recibió el dinero fue la última vez que supe algo de él.

Sesshoumaru apretó los labios. Había escuchado y visto con atención. ¿En verdad lo creía tan ingenuo de creerse todo aquello? Que solo lo había hecho de puro corazón para ayudar a su pobre padre que necesitaba con desesperación de aquella cantidad de dinero.

― ¿Quieres que te crea que no te quedaste con nada de todo lo que recibiste? ― pregunto con ironía, con una descortés sonrisa en su rostro. ― Dime ¿Cómo explicas el que salieras huyendo, llevándote a Karin contigo? Déjame contestar por ti. Querías más dinero antes de entregarla y dar fin a tu mina de oro.

Sesshoumaru no creía del todo aquello último. Había visto la manera que trataba a su hija, estaba seguro de que quería a Karin. Pero no podía ceder tan fácilmente. Debía convencerse de que aquella mujer era igual a todas las demás.

― ¡No! ― grito ella moviendo su cabeza de un lado a otro. Negando frenéticamente aquella afirmación ― Se que no debí huir, pero no pude evitarlo. Creí que podía hacerlo, creía que podía entregarla. Pero falle. La primera vez que sentí como se movía dentro de mi fue como si el mundo tomara un nuevo significado. Mi corazón se inundo de un amor infinito por aquel ser que se formaba dentro de mí. Para alguien acostumbrado a la soledad, el sentirse después de mucho tiempo que podría entregar mi corazón a alguien sin que este lo dañe fue una luz de esperanza en medio de tanta oscuridad. ― en un momento sus ojos se cerraron recordando aquellos hermosos sentimientos que Karin le había hecho sentir.

No recordaba una vida antes de Karin o después de la muerte de su madre. Se había encontrado sola, tratando de enfocarse en el trabajo y en poder seguir estudiando para que la soledad y tristeza no se apoderara de ella.

―Lamento no haber sido la mujer que pudiera entregar a su hijo tan fácilmente. ― sin poder evitarlo, su voz se quebró mientras sus ojos se llenaban de lágrimas ―En verdad lamento todo lo que te hice pasar, ya que sin pensarlo te privé de los primeros meses de la vida de Karin. Has sido un buen padre y estoy segura de que lo seguirás siendo. Amaras a Karin y la harás sentirse segura y feliz hasta convertirse en una buena persona.

Sus lágrimas caían copiosamente una sobre otra inundando su rostro. No se había detenido en pensar que todavía sostenía la muñeca de Sesshoumaru hasta que tuvo la necesidad de limpiar sus lágrimas. Lentamente alejo su mano de él, para llevarla a su rostro para apartar las lágrimas con sus nudillos. Había llegado el momento de partir, lo sabía. Y a pesar de la tristeza que sentía en esos momentos, se sentía afortunada que; aunque fuera por un corto tiempo, pudo ser parte de la vida de aquella hermosa criatura que ella había ayudado a traer al mundo.

Una extraña sensación se apodero de Sesshoumaru. Aquella mujer debía de ser una gran actriz o hablaba con la verdad. Recordaba que sus abogados no habían estado seguros de la mujer que había escogido para dar a luz a su hijo. Los estudios que se le habían hecho apuntaban que era demasiado sensible y emocional, pero él había preferido ignorarlo. Aquel sentimiento primitivo que se había apoderado de él le había hecho ignorar todo. Le había excitado la idea de que justamente aquella mujer llevara dentro de sí una parte de él.

Y aun ahora y a pesar de las condiciones que se encontraba seguía deseándola. Dando un paso hacia ella estiro su mano para jalarla de la muñeca hacia el buscando con desesperación los labios femeninos.

Kagome apenas podía ver atreves su vista nublada, se encontraba aturdida. No podía creer que aquello estuviera sucediendo. Hacia unos segundos que los ojos de Sesshoumaru la veían furiosa y ahora se encontraba encima de ella reclamando con movimientos poco sutiles sus labios. Sintió como aquellas grandes manos recorrieron su espalda acercándola más a su cuerpo. Ella trato de apartarse, poniendo una mano en aquel fuerte torso. Pero la fuerza masculina era mayor.

― Suéltame ― dijo cuando el bajo los labios para besar su clavícula.

Sesshoumaru se encontraba fuera de sí. Parecía un animal salvaje, descargando toda la furia que sentía. Con un fervor casi violento.

― Te dije que me sueltes.

Con todas sus fuerzas lo empujo logrando apartándolo. Lo miro respirando con dificultan, con su rostro enrojecido. Su propio pulso también estaba alterado.

― ¿Por qué te burlas de mi de esta manera? ― su voz que quebró terminando en su sollozo mientras sus ojos comenzaron a llenarse nuevamente de lágrimas saladas.

Corrió hacia la puerta pasando a un lado de él, sin importarle nada más que salir de allí. Se dirigió a las escaleras, no tenía razón para quedarse. Karin estaría bien, pero si ella se quedaba estaba segura de que saldría lastimada. Ella solo era un juego para Sesshoumaru. La odiaba tanto que la quería hacer sufrir de aquella manera. Era cruel. Tal vez ella tenía la culpa, debió de haberse ido desde hacía tanto tiempo. O por lo menos, desde la noche anterior en la que la había besado.

Al bajar las escaleras sintió como su cuerpo se detuvo. Unos brazos la sostuvieron de repente de la cintura, casi haciéndola perder el equilibrio. Pero sosteniéndola con fuerza para que no cayera al piso. Se dio la vuelta sintiendo como la alaba hacia si haciendo que su cabeza reposara en su pecho. Trato de soltarse, pero no se lo permitió. Podía escuchar el corazón de Sesshoumaru palpitar con fuerza y sentir el suyo propio en sus venas. Llevo una mano a aquel pecho tratando se zafarse de aquellos brazos. Pero no pudo moverse ni un centímetro. Con desesperación clavo las uñas en el antebrazo de él, sintiendo como estas atravesaban su piel. Con una exclamación de dolor la sostuvo con rapidez de las muñecas para impedir que volviera a hacerle daño.

― Basta ― trato de tranquilizarla mientras ella seguía luchando tratando de apartarse ― ¿Quieres saber por qué? ― le cuestiona viendo como ella dejaba de forcejear ― Bien te lo diré. Por qué te deseo ― los ojos de ella se abrieron mirándolo con notable asombro ― ¡Maldita sea! Debo de estar loco por hacerlo, pero no puedo evitar desearte.

Se daba por vencido. No podía evitar pretender que aquello no le estaba afectando. Estaba a punto de enloquecerlo. Soltó sus muñecas, arriesgándose de que lo volviera a arañar. Y dirigió una mano a aquel rostro que en ese momento lo miraba aturdido, acaricio su mejilla y con el pulgar acaricio sus labios entreabiertos. Era más suaves que el terciopelo. Un gemido se escapó de su garganta. Lentamente; pero seguros, sus labios se posaron en ellos rosándolos suavemente. Esta vez no hubo resistencia, con cierta inseguridad Kagome respondió con lentitud. Sintió como la lengua de Sesshoumaru se abría paso entre sus bocas y ella se lo permitió, sus lenguas se entrelazaron.

Él la tomo de la cintura recorriendo con una mano su espalda. Kagome cerró los ojos al sentir la evidencia del deseo de Sesshoumaru. Una voz en su interior le dijo que debía de detenerse ¿Debía de hacerlo? ¿Debía de ser sensata y terminar en ese momento con todo aquello? Cuando abrió los ojos esperando ver arrogancia en su expresión, pero solo encontró sus ojos oscurecido de deseo. Aparto sus labios de él, poniendo una mano en su pecho.

― Por favor, no ― apenas tuvo fuerzas para decir aquello.

Sin tener las fuerzas suficientes esfuerzo de apartarlo. Los labios de él cayeron a su cuello besándola con suavidad. Se rindió a los sentimientos que brotaban de su interior, al sabor y al aroma de Sesshoumaru a aquellas tibia manos que la recorrían. Deslizo sus manos sobre aquel torso duro, sintiendo el sólido ritmo de aquel corazón bajo su palma.

Sesshoumaru volvió apoderarse de aquellos labios. Eran más exquisitos que cualquier vino y más adictivos que cualquier cosa que hubiera probado. Estaba tan excitado que casi era doloroso. Los pechos femeninos se pegaban a su cuerpo haciéndole aún más difícil pensar con claridad. Se aparto un poco y aprovecho para acariciar aquel suave cabello azabache, colocando su frente sobre la de ella. Si no se detenía en aquel momento no se detendría jamás.

― ¿Quieres que pare? ― le pregunto en voz baja.

No iba a forzarla a nada que ella no deseara hacer. No era tan ruin y despiadado de tomar algo que ella no quiera darle a propia voluntad. Aunque estaba seguro de que si podía satisfacer el deseo anhelado que sentía dentro, podía continuar con su vida tan organizada que tenía antes de conocerla. Una sola vez. Si podía tener una única vez, se prometía que no la desearía de nuevo

Kagome lo miro fijamente sabía lo que él le estaba preguntando. Ella también lo deseaba. Además de que era demasiado atractivo. Su corazón se había encogido un sinfín de veces cada vez que sus cuerpos se habían rosado accidentalmente y cuando lo veía ser tan atento y delicado con Karin. A modo de respuesta, se puso de puntillas mientras inclinaba su rostro y lo besaba en la boca. Entrelazo sus dedos atrás de la cabeza del platino.

Él la abrazo por la cintura con fuerza apretándola contra él. Con una necesidad fiera que le nublaba la razón. Con una mano cubrió un de sus senos atreves de aquel camisón blanco. El descubrir que no llevaba sostén casi le hizo perder el control. Podía sentir a través de la fina tela como aquel pezón se endurecían a su contacto. Se deleito con el tamaño de su seno. No demasiado pequeños ni demasiado grandes; si no del tamaño perfecto para poderlos cubrir con sus manos. Acaricio el otro seno, el cual se encontraba ya erguido.

Sin poder esperar más la levanto en brazos mientras subía los escalones dirigiéndose a su habitación. Con agilidad prendió la luz iluminando una habitación de paredes marrón y muebles victorianos. A lo que ninguno de los dos pareció repasar en aquellos detalles. La dejo sobre la cama, contemplándola por un momento con el cabello revuelto y sus labios hinchados. Hacia tanto tiempo que no contemplaba algo más hermoso.

― Si has cambiado de opinión será mejor que lo digas ahora. Si no, no me podre detener.

En realidad, no estaba seguro si se podría detener si ella le pidiera que parara en ese momento. Por suerte ella con las mejillas encendidas negó moviendo la cabeza suavemente de un lado a otro. Con un ronco suspiro de alivio, se llevó las manos hacia los botones de la camisa desabrochando uno a uno. Mientras lo hacia su mirada estaba fija en ella, que lo veía fijamente conteniendo la respiración casa vez que subía los botones de su camisa. Vio con satisfacción como ella respiraba agitadamente cuando el tiro la prenda a un lado. Pero cuando sus manos se dirigieron a sus pantalones ella desvió la mirada nerviosa. Una sonrisa se apodero de su rostro. Bien, si deseaba fingir visible inocencia él estaba más que ansioso de seguir su juego.

Al sentir como el colchón se hundía alrededor de ella, Kagome miro como se colocaba encima de ella. Sin poder evitarlo su vista se dirigió a la entre pierna de Sesshoumaru, sus mejillas se encendieron a un más al ser la primera vez que miraba a un hombre de aquella manera. Su virilidad masculina, se encontraba orgullosamente erguida sobre aquella mata de vello plateado.

Él llego a su rostro y se apodero de sus labios, los cuales se encontraban temblorosos. A Sesshoumaru le pareció demasiado real aquella timidez. La cual; a pesar de que estaba convencido de que era falsa, le fascino y excito. Aquel beso que comenzó con cierta inseguridad se convirtió en uno más apasionado, más frenético.

Kagome podía sentir como su cuerpo se encendía y una humedad extraña aparecía entre sus muslos. Mientras el acariciaba con una mano su cuerpo, bajo por sus piernas llegando para tomar el borde de su camisón y subirlo poco a poco. Sintió como su cuerpo se estremecía mandando corrientes eléctricas mientras que hacia el recorría dejando a la vista su piel desnuda. Cuando llego al centro femenino, la respiración de Sesshoumaru se detuvo, sin detener el avance de su mano. Al subir el camisón rebelo unas bragas de encaje blanco, sintió como su cuerpo vibro al descubrirlo. Deseaba verla completamente desnuda ante él, así que se obligó a continuar prometiéndose que se daría un festín con aquella ropa íntima. Continúo levantando aquella prenda, y su abdomen de pronto quedo al descubierto. Era plano, pero sobre él había cicatrices. Pequeñas estrías que brillaban sobre su abdomen.

― Fueron por el embarazo ― dijo Kagome con voz temblorosa y cierta timidez.

Había visto la manera que Sesshoumaru las había contemplado. Y no pudo evitar sentir vergüenza. El cuerpo de él era tan perfecto y el suyo ya no lo era. Creyó que después de ver aquellas feas cicatrices, el dejaría de desearla. Pero al ver como el posaba sus labios sobre ellas para besarla hizo que su corazón se invadiera de una ternura que le hizo nublar la vista.

Sesshoumaru no continuo hasta que recorrió cada una de ellas con la boca. Aquellas marcas eran evidencia de que su hija había estado dentro de ella. Ni siquiera había pensado en encontrárselas, y tampoco se imaginó que aquello lo excitaría a un punto inimaginable. Sentía como su miembro palpitaba fuertemente, necesitando hundirse en aquella cavidad femenina. Pero no lo haría antes de que ella estuviera preparada. Y el pudiera disfrutar al máximo de poseerla.

Cuando al fin fueron revelados aquellos bien formados senos, un gruñido de satisfacción escapo por su garganta. Se deshizo de aquel camisón, ayudándola a quitárselo. Se tomo un par de segundos para contemplar aquel cuerpo femenino solamente cubierto por aquellas blancas bragas. No tenía un cuerpo voluptuoso, sino que sus curvas se encontraban definidas y perfectamente proporcionadas. Haciendo prácticamente irresistible.

― ¡Por todos los dioses! ― exclamo con voz ronca.

Al ver la forma en la que Sesshoumaru la devoraba con la mirada, el pánico invadió a Kagome. Pero el deseo que sentía era demasiado fuerte y las sensaciones eran demasiado intensas, que aquel miedo rápidamente se esfumo. Su cuerpo se estremeció cuando la boca de Sesshoumaru cubrió uno de sus pezones, mientras que con una mano jugueteaba con el otro con delicadeza. Y sin poder evitarlo su cabeza cayo hacia atrás. Con la lengua caliente recorrió cada uno de ellos, haciendo que se endurecieran como melocotones maduros. Un gemido de placer salió de Kagome, pero ella ni siquiera pareció darse cuenta de ello.

Cuando aquellos pezones se encontraban enrojecidos, decidió que había sido suficiente. Se retiro de ellos, llevando ya su sabor en su boca. Era absolutamente deliciosa, pero deseaba probar más de ella. Con ayuda de sus codos subió buscando encontrarse con los labios femeninos, los cuales lo recibieron con impaciencia. Lo cual hizo sonreír a Sesshoumaru. No era el único que la deseaba.

Con una de sus rodillas separo las piernas de Kagome, y se instaló en medio de ellas. Sin apartar sus labios llevo una mano hasta el triángulo de sus bragas, estuvo a punto de gruñir cuando sintió aquella fina tela húmeda, evidencia del deseo que sentía por él. Su miembro se situó sobre las bragas y con un movimiento la punta de este golpeo el centro femenino haciendo que el cuerpo de Kagome se arqueara de placer. Volvió a hacerlo vez más y otra y otra. Aquello era una tortura y una delicia a la vez.

Kagome lo sujeto de los brazos clavando sus uñas en su piel cuando una corriente en forma de rayo traspaso su cuerpo, el cual la hizo tensarse. Cerro los ojos sintiendo como su cuerpo se rompía en fragmentos. Para segundos mas tardes sentir como todo su ser se relajaba, mientras que pequeños espasmos la recorrían.

Era la primera vez que sentía aquello. Muchas veces había pensado que el sexo estaba sobrevalorado, que no podía ser tan extraordinario como las personas decían, pero en verdad que se había equivocado.

No fue capaz de abrir los ojos tan rápidamente, sentía como su ropa interior se había empapado. A un con vergüenza abrió los ojos, solo para encontrarse con aquellos ámbares que la miraban fijamente.

―Lo sé, cariño― dijo mientras que curvaba apenas los labios ―Yo tampoco puedo esperar.

Llevo ambas manos a los glúteos de ella, y con rápidos movimientos se deshizo de aquella ultima prenda. Revelando por fin aquel triángulo de escasos vellos oscuros. Kagome trato de cerrar las piernas, pero el cuerpo de Sesshoumaru se lo impidió.

El negó con la cabeza, era momento de que dejara de actuar como una virgen temerosa.

―Basta de cohibiciones ― aquello le había excitado, pero era momento de dejar de actuar.

Sesshoumaru con una mano acaricio del sexo de ella. Estaba demasiado tan húmeda, tan preparada para él. Apenas podía controlar el deseo de hundirse en ella.

―Estas tan tensa y húmeda.

Kagome se sonrojo y sintió un dolor placentero entre los muslos y un anhelo insoportable. Sesshoumaru encontró su clítoris, comenzando a jugar con el con el pulgar. En ese momento, Kagome dejo de pensar, y los instintos mas elementales y primitivos se apoderaron de ella. Sus dedos se enredaron en los cabellos platinos, cerrando los ojos se dejó llevar maravillándose de aquellas sensaciones.

― ¡Maldición! No puedo esperar más. ― grito fuertemente.

Con una mano dirigió su miembro a la tibia entrada de ella y con un solo movimiento traspaso los pliegues femeninos clavándose hasta el fondo en aquella cavidad.

Kagome abrió los ojos como platos por la inesperada invasión. No le había dolido. No. El médico que había hecho el proceso de la inseminación, se había encargado de eliminar aquella barrera femenina. Aun recordaba cuando incrédulo al darse cuenta de que era virgen había querido cancelar el procedimiento. Pero ella había insistido que aquello era irrelevante y en realidad no le molestaba que perdiera su virginidad de aquella manera. Pero el miembro de Sesshoumaru era demasiado grande, y podía sentir como sus paredes vaginales se estiraban para poder cubrirlo.

Sesshoumaru pareció intuir que algo pasaba cuando su cuerpo se había sobresaltado en el momento que se había clavado en ella. Pero sus aterciopelados pliegues lo acogieron tan cálidamente que su deseo primitivo lo empujo a continuar. Apenas salió de ella para volver a entrar, y un gruñido de placer que salía de sus entrañas, el cual lo hizo gritar. Era demasiado estrecha y se sentía increíblemente bien dentro de ella.

Aquel momento de asombro había pasado. Con cada movimiento de Sesshoumaru la embargaban de placer. Podía sentir como se movían siguiendo un lento y provocativo vaivén. Cuando su inexperto cuerpo no pudo resistir más, se dejó llevar a un supremo momento de placer a un más intenso que el anterior. Y casi enseguida Sesshoumaru la siguió dejándose llevar por un orgasmo espectacular que sacudió todo su cuerpo.

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Hola a todos. ¿Qué les pareció el capítulo? La verdad a mi me gusto bastante (aunque que puedo decir yo si fui quien lo escribió) Si creen que esta humilde escritora merece un mensaje que es mi alimento literario entonces háganme engordar con sus palabras 😉. Al igual que si les gusta esta historia los invito también a leer "Perdidos" aun esta en el proceso inicial, pero les aseguro que tendrá un buen drama. Muchisisisisisimas gracias a todos por sus mensajes. En verdad me gustaría leer sus reacciones después de este capítulo. Prometo que nos leeremos pronto. Saludos