Disclaimer: ¿Qué creen? ¡No soy Kurumada Masami! Todo sin fines de lucro.

Capi doble para no quedarme con las ganas, probablemente triple por la ocasión. No prometo nada.


Capítulo 8 ~ ¿Sanar?—Después de la muerte de un ser querido.


Saga se removió inquieto en su lugar. Pareciendo un perro encerrado se movía de un lado a otro, alarmando un poco a su menor.

— ¿Qué es lo que te alarma de todo esto? —Cuestionó Kanon, recordándole de su aún presencia en la habitación. —Digo, ¿por qué te encuentras tan preocupado?

El mayor de los gemelos se puso a pensar las palabras de su hermano.

Es cierto.

Probablemente Mu sólo se encontraba hablándole al otro de lo ocurrido. De igual forma, el incidente no había sido culpa suya. Pero, ¿por qué se encontraba tan alarmado en tal caso? ¿Era por la forma en la que Shaka insinuaba algo más aparte de todo lo que quería decir "desahogarse"? ¿Era por el hecho de que no le gustaba aquella sensación de aprehensión en el pecho al pensar en el hecho de que el menor le odiaba?

No. Ya desde antes Mu le odiaba. ¿Era por el hecho de pensar en que Aioros se encontraba aún más mal que él? En ni un solo momento se había detenido a pensar en el arquero y sus sentimientos. Se había preocupado tanto después de ver la forma en la que Telikós se alejaba que no pudo evitar olvidarse del otro por completo.

Y luego se encontraba la forma en la que su corazón se había detenido al observar al prisionero yaciendo en el suelo. Quieto y sin respirar.

Aún a pesar de que su pecho se encontraba moviéndose supo al instante que el otro no respiraba.

Sintió como de su propio pecho no pasaba el aíre.

Después de pedirle a Aioros que trajera a Marin y le ayudase a levantarlo y todo se permitió observarlo. Ver la extraña forma en la que el dolor le hacía parecer más inocente y tierno. A pesar de que aquello sonaba extraño y no dejaba de pensar que aquel sentimiento era fuera de lugar. No pudo evitar sonreír también al saber que ya se encontraba un poco mejor. Al menos contaba con el hecho de que el otro respiraba.

Ahora, se encontraba con el alma en la boca, preguntándose qué es lo que probablemente hacía Mu y las estúpidas insinuaciones del hindú no le ayudaban en lo absoluto.

Queriendo dejar aquel asunto de lado, se recostó en su cama, siendo observado en todo momento por Kanon. Quien ahora se encontraba más confundido que cuando no sabía nada y los había visto llegar al campamento.

—No has respondido mi duda. —reprendió. Probablemente se encontrara enojado pero a Saga poco le importaba aquello. Se volteó para darle la espalda a su hermano y prefirió dejarlo hablando sólo. — ¿Me estás ignorando? —Dijo herido.

No, no lo ignoraba. Se encontraba escuchándolo, pero, simplemente. No le quería responder.

Así es, no quería responder algo que ya sabía, no tenía en absoluto sentido si lo decía en voz alta.

Cerró los ojos para dejar que los pensamientos desfilaran frente a sus ojos. Vaya ironías de la vida, ¿Eh? Quien diría que se preocupaba por un simple prisionero. Alguien que desde el comienzo había sentido repulsión a él. A quien pretendía ignorar si no acataba sus órdenes y se prometió no desarrollaría ninguna clase de simpatía hacia él por su falta de disciplina.

Y nunca siguió sus órdenes. Sin embargo, no pudo evitar desarrollar un vínculo de aprecio por el joven de cabellos color lila.

Un aprecio elevado. Probablemente se haya vuelto a ese grado cuando Marin le mencionó que el otro era más fuerte que él.

Y también había sido acertada al indicar que había nacido ganando. Tener a Kanon a su lado fue una ventaja, tanto física, como emocional y jerárquicamente.

Por supuesto. Era Grecia del lugar del que hablaban, dónde los gemelos habían sido humanos especiales enviados por los dioses. Criaturas destinadas a ayudar al imperio greco a crecer. Claro.

—No lo hago —por fin dijo. —, es sólo que… —suspiró. Se levantó de la cama y se dirigió a la salida de la tienda. —Necesito un poco de aíre fresco. Si me necesitas no hay necesidad de buscarme. Al fin y al cabo te tocan las guardias.

Antes de darle tiempo a Kanon de responder, ya se encontraba camino a la tienda del ala norte. En la que supuso, se encontraría Mu. Le valía un carajo si Shaka le decía "no le interrumpas."

Pero, antes de llegar a la tienda, se encontró con alguien saliendo de esta.

Ese alguien, tenía cabellos color celeste, a quien reconoció al instante. Afrodita.

Cuando sus orbes color cielo le observaron, al instante la cautela y preocupación por quien yacía dentro de la carpa desaparecieron y sonrió.

Como si se encontrara en presencia de un amigo.

De forma uniforme, se acercó caminando a él y realizó una pequeña cabezada a modo de reverencia.

—Gracias por salvarle la vida. —Agradeció. —Me encuentro en deuda con usted.

Saga le observó confundido. Aquello no pasó desapercibido por el amigo de Mu pero, de igual forma pidió un favor.

—Me gustaría saber qué ha ocurrido en el recorrido que ha dejado a Mu en aquel estado. —Tomó una pausa para desviar la mirada y de esa forma que Saga no observase la tristeza que embargaba sus ojos. —Vi cuando llegó con su cuerpo y no pudo evitar preocuparme. Y cuando vino a mí no pudo sino decir en todo momento "perdón." Por lo que me pregunto qué ha ocurrido en el viaje en el cual no he estado presente.

Saga se encontraba entre la espada y la pared. Si bien, la razón de Afrodita para decirle aquello no fue para ponerle en aquel estado se encontraba sumamente preocupado por su, hermano menor. O algo así.

Y es que el otro no encontraría palabras para decirle lo ocurrido al chico de cabellos celestes. Menos para decirle la razón de los "perdón" que el menor le había dirigido lo que supuso, innumerables veces.

Por supuesto que aquel hecho le aquejaba. Pero… no quería hacer más dolorosa la herida del menor.

— ¿Dónde se encuentra ahora Telikós? —Exigió saber. Antes de responderle cualquier cosa al chico de cabellos color celeste.

Afrodita soltó un exhalo sabiendo que su petición no sería dada a menos que respondiera primero aquella duda.

—Se encuentra adentro, descansando. Después de llorar un rato se quedó dormido de la fatiga. Ahora, ¿me dirá lo que ocurrió, o no?

Saga, rendido y sabiendo que al menos se encontraba bien dio su afirmativa.

—Lo haré, pero un poco más tarde. Primero necesito ver a Telikós. —Aseguró caminando hacia el frente. Siendo interceptado de nuevo por el hermano (o al que se consideraba como su hermano) quedando anonado. — ¿Qué haces?

—No seas imprudente. Está descansando e interrumpir el sueño de alguien es una estupidez. Iré contigo cuando se encuentre despierto pero de momento déjalo divagar en el reino de Morfeo.

Saga gruñó pero asintió con la cabeza. Se dio la vuelta no sin antes decirle algo a Afrodita.

—Ven a cenar hoy a mi tienda, ahí te diré todo lo ocurrido en la expedición. —Ordenó para caminar de forma altanera en dirección al área de su tienda.

Horas más tarde, la expedición había vuelto y ahora se encontraban buscando con insistencia al comandante Saga, dado que este se había ido de un de repente y sin dar ninguna clase de explicación a su inminente desaparición.

Aioros se dirigió a la tienda de Saga para darle el informe de lo demás ocurrido durante el viaje.

Pero lo más relevante había ocurrido en presencia de Saga. Por lo que decidió desviarse en dirección a su propia tienda.

Cuando entró en esta, se encontró con su hermano menor, Aioria. Acostado leyendo algo sobre espadas. Lo pasó de largo e ignoró la efusiva bienvenida que el otro le daba. Al tiempo que dejaba su cajad de flechas y el arco abandonados en una parte de la tienda y se pensaba el salir de esta.

— ¿Cómo les fue en la expedición? ¿Ocurrió algo interesante? Anda, dime hermano —pedía saltando de emoción.

Aioros no se dignó de voltear para verle. No quería que viera la tristeza que había en sus ojos.

—No ocurrió nada interesante. Debo ir con Saga, y tú tienes que dormir.

Aioria hizo un leve puchero pero dejó de insistir al darse cuenta de que su hermano mayor no quería hablar del tema. Se sintió decepcionado por eso y simplemente dijo.

—De acuerdo.

Aioros notó el tono de voz utilizado por su hermano y se reprendió. Era un hermano muy malo.

En vez de ir con Saga, fue con su hermano, Kanon. Quien se encontraba haciendo guardia por lo que se encontraría libre de hablar con él sin nadie molestándole de por medio.

Cuando lo encontró, observó en su semblante preocupación.

—Hola —saludó cuando se encontraba cerca.

El otro se volteó de forma lenta, al menos así le pareció a Aioros.

—Hola. —respondió. Aioros lo observó extrañado, como si algo le faltase al otro puesto que se le veía… diferente.

—Ah! Es cierto —dijo Aioros. Kanon le observó extrañado. El del signo de la sagita vio aquello y se apresuró a agregar —habíamos tomado tu escudo prestado para Mu y luego de lo ocurrido… —se dio cuenta de que había hablado de más y calló de repente. Recordó que Kanon no había ido a la expedición por lo que no le entendería ni Zeus.

—No te preocupes, mi hermano me lo contó. —aseguró. Aioros puso los ojos en blanco pero Kanon continuó hablando. —Y por lo del escudo… —negó con la cabeza. —no te preocupes. Es sólo un aparato de armamento.

—Aun así, era tu favorito y olvide de recogerlo. —se cubrió a sí mismo. Suspiró desviando la mirada. —tal parece que he decepcionado a todos a mi alrededor este día.

Kanon le observó con una ceja erguida. Después de comprender la mala actitud del otro sólo pudo darle unas palmadas en el hombro.

—Eso no es lo importante. —Acotó con una sonrisa. —Al menos nada malo les ha ocurrido. No puedo decir que haya algo de lo que festejar y no digo que me siento triste por Telikós. Pero simplemente no puedo sentir empatía por él debido a que nunca conocí a… —Se paró un momento pensando en el nombre del otro chico.

No encontró en su memoria de la anterior plática con su hermano su nombre.

—Bueno, nunca mencionó su nombre pero bueno. El punto es que no me siento ni triste ni feliz por lo ocurrido, por lo que, tú tampoco deberías hacerlo. Encontrar culpables sólo sirve para justificar un crimen que no ocurrió.

— ¡Pero yo le disparé! —Bramó para decirle que sí tenía una excusa.

—Fue ignorancia tuya. Para ti, él sólo representaba un enemigo. Nada más. Tú deber es el proteger a Saga y cumpliste con tu trabajo a la perfección. No debes atormentarte con esto.

Antes de que ambos se diesen cuenta, Artemisa y sus millones de compañeras la acompañaban en la labor de vigilar el cielo, su oscuridad y de alguna forma ayudarle a encontrarse más lleno de… luz.

Aioros negaba con la cabeza, aún no comprendía el por qué todo el mundo le decía que la culpa no le pertenecía a él. Si la flecha había sido disparada por él, ¿cómo no sentirse culpable? Había asesinado a alguien dirigido por una mala causa…

¿Y él no era dirigido por una mala causa? Era con el fin de recuperar a la princesa Helena, no veía lo malo a todo aquello, sin embargo…

—Antes de disparar la flecha, Telikós me había pedido no disparar —dijo en su defensa. Aunque ni tanto, puesto que lo único que defendía diciendo aquello era su culpabilidad.

Kanon soltó un exhalo sabiendo que de momento nada lograba. De repente, su vista se quedó clavada en un individuo que caminaba hacía la tienda de Saga.

— ¿A dónde te diriges? —Cuestionó al instante. El chico, de cabellos color celeste se vio confundido y no pudo evitar sino observarles.

—Vine a hablar con usted como me lo pidió —respondió al instante. Kanon se vio confundido pero el menor no le dio tiempo para responderle —; a pesar de que me dijo que le viera en su tienda.

Ambos, Kanon y Aioros supieron al instante que hablaba de Saga.

—Ah, por supuesto —acotó Kanon nervioso, desviando la mirada —. Si buscas al comandante Archí lo puedes encontrar en su tienda.

Afrodita puso los ojos en blanco. ¿Por qué hablaba de él en tercera persona?

—Pero… —observó al acompañante de Archí, como pidiendo una explicación.

Aioros suspiró.

—Tuve que decirle lo mismo a Mu. El comandante tiene un hermano gemelo —señaló al chico a su lado. —Kanon. Aunque, bueno, al menos tu encuentro con él no fue tan catastrófico como el que tuvo Telikós. —reflexionó. —Es curioso, pensé que para este entonces todos los prisioneros sabrían sobre la existencia de un hermano de Saga.

Afrodita tuvo curiosidad de preguntar lo ocurrido con el gemelo del otro pero no tenía tiempo. Sabía que Mu despertaría en poco tiempo por lo que hizo una leve referencia.

—Lamento la confusión. Si me disculpan, iré con su permiso.

Sin mediar otra palabra, se fue del lugar dejando a ambos compañeros confundidos.

Kanon soltó un suspiro.

—Yo también me tengo que retirar, voy a vigilar las demás partes del campamento.

Aioros le iba a decir sobre acompañarle pero, recordó el informe por lo que caminó tranquilo en dirección a la tienda de Saga.

Afrodita encontró a Saga preparando una mesa para comer. No pidió permiso para pasar a la tienda, sin embargo su presencia no pasó desapercibida para el mayor.

—Ah, hola —saludó para, continuar ignorándole.

— ¿Necesita ayuda? —Ofreció Afrodita. Al instante se acercó al otro para ayudarle a ordenar la mesa.

—Gracias, lo que necesito es que traigas a Telikós para asegurarme de que coma algo —respondió sin dejar de hacer lo que se encontraba haciendo.

— ¿Alguna cosa que se encuentre en mis posibilitaciones? —Corrigió su ofrenda.

—Pedirle a Aioros que venga —dijo de nuevo, asegurándose de que el otro no se negara.

Afrodita asintió pero cuando iba saliendo entró el mencionado.

—No hay necesidad de pedirlo —respondió. Aioros le observó extrañado.

—Perfecto. Aioros, ¿trajiste algo para cenar?

El rostro del otro se volvió color cenizo.

—Ya mismo voy con DeathMask. Después de lo ocurrido olvidé por completo mi apetito.

Salió dejando a Saga a solas con Afrodita. En un incómodo silencio, al menos hasta que Saga habló.

— ¿Gustas sentarte? No me gusta dejar a mis invitados incómodos —respondió al tiempo que señalaba una silla.

Afrodita aceptó y se sentó para después hablar.

—Ahora sí, me gustaría saber bien lo que ha ocurrido.

Saga se mordió un labio.

—Antes de responderte —se defendió. —Me gustaría saber si tienes familiares.

Afrodita asintió.

—Un hermano mayor, dos hermanas menores y mi padre. ¿Por qué es la pregunta?

El mayor tragó saliva. Aquella afirmación no le hacía las cosas más sencillas.

—Tuvimos la desafortunada ocasión de encontrarnos con tu hermano mayor… no sabemos su nombre pero el parecido entre ustedes es indudable. —tomó una pausa. —Él…

No hubo necesidad de continuar explicando el incidente, sus propios orbes hablaron por él. Al instante, la mirada de Afrodita se volvió de incredulidad y entreabrió la boca. Contrario a lo que Saga esperaba, preguntó.

— ¿Cómo lo tomó Mu?

—No entiendo lo que…

—O mejor dicho… ¿qué dijo? Estoy seguro que habrá dicho algo.

Lo había hecho, sí. Pero Saga no tuvo la oportunidad de aprender algo del vocabulario chino por lo que no pudo decir a ciencia cierta lo que había dicho. Por eso le molestaba que el menor hablase otra lengua aparte de la greca.

—Dijo algo parecido a Wo… Ni… Bu… —tomó una pausa. —Es todo lo que recuerdo.

— ¿Dijo "Wo ai ni"? ¿Acaso? —Saga asintió, sorprendiéndose de lo acertado de la pregunta del otro. Al instante la mirada de otro se entristeció. No por dolor propio por supuesto.

Saga lo observó confundido.

— ¿Qué, qué significa? —Quiso saber. No pudiendo contenerse de preguntar.

—"Wo" es un vocablo para el pronombre de "yo." Mientras que "Ni" es una variación del "tú" como pronombre posesivo si es utilizado en conjunción del primero. Por último queda "Ai," que significa "Amor"… no hay mucho que averiguar en todo aquello.

Saga se quedó anonado por aquello. El menor insinuaba algo que, de alguna forma, le molestaba. Pero a la vez lo embargaba de una tristeza abismal.

Aioros entró con los platos en ambas manos al mismo instante que Afrodita se levantaba.

—Lamento ser descortés pero, en estos mismos momentos lo que menos tengo es apetito. Hablaré con Mu para que venga a tomar mi lugar en la cena —antes de abrir la cortina, recordó. —Ah, y general Archí. Por favor cuide de Ge*.

Salió de la tienda dejando a un muy confundido Aioros y a un perplejo Saga.

— ¿De qué me perdí? —Preguntó Aioros.

—Nada importante —aseguró Saga. No muy seguro de lo que decía.

Tenía menos de un año. Jugaba alegremente con su padre, caminando en dirección a él. Con este último presenciando sus primeros pasos. Sonriendo alegre por su propio récord.

Cuatro años. Observaba el cuerpo dormido de su padre. O al menos pareciendo aquello.

Quieto. Con una sábana blanca cubriendo su pálido cuerpo. Con los adultos llorando a su alrededor.

Seis años. Se encontraba siendo presentado a su nuevo padre. Éste tenía una prima hermosísima y al instante preguntó por su nombre.

Erata. Apellido, Telikós (como su nuevo padre). Madre de Afrodita y Albafica.

Siete años. Jugaba con Afrodita y con Albafica como niñera. Ya había dejado de hablar en chino y comenzaba a hablar un poco de griego; de la misma forma en la que el otro de su misma edad pedía con ansias probar con el idioma extraño para él.

"Por favor." Pedía.

Ocho años. Ya dominaba por completo el griego y le había enseñado todo lo que sabía a Di-ta y a Albafica lo que sabía de chino. A escondidas de su madre y nuevo padre, ya que ambos no aprobaban el seguir parlando el idioma.

Nueve años. Presenciaba el doceavo cumpleaños de Fica, como ahora le decía.

Once años. Encontrándose sin nadie en la casa besó de forma sorpresiva a Fica. Había descubierto lo mucho que le gustaba y no pudo evitarlo. Vivían en Grecia, al fin y al cabo. Por lo que la homosexualidad no era mal vista.

Trece años. Su madre murió. Tampoco es como si esperara que ella viviera por más tiempo. Sabía que tarde o temprano ella se marcharía al igual que su padre lo hizo. Su nuevo padre y Fica intentaron animarlo, quedándose desconcertados al observar lo poco que le había afectado aquello.

Dieciseis años. Antes de lo ocurrido contra Esparta, él y Fica…

—Despierta. —susurró alguien.

Mu se despertó de repente. No había dormido nada, o eso le había parecido.

Su cabeza le daba vueltas y daba la impresión de querer explotar si no seguía durmiendo pero, con tal dolor de cabeza era imposible relajarse.

A su lado se encontraba Afrodita, meciéndole un poco. De esa forma Mu supo que el otro era la fuente de su destierro del mundo onírico.

— ¿Di-ta? —De nuevo aquel nombre que no le daba desde hace mucho tiempo. Se levantó del incómodo lugar de descanso y se pasó una mano por la cara, dándose cuenta de que se encontraba llena de lágrimas. — ¿Qué ocurre? —Preguntó fingiendo que no tenía nada en el rostro. A pesar de que Artemisa iluminaba la estancia.

—Estabas llorando y… llamabas a tu padre. —respondió. En chino, pues probablemente alguien se encontraría escuchándolos. Aunque, en la habitación sólo se encontraba Shaka.

Mu pareció apenas percatarse de aquello.

— ¿Hakurei? —Intentó adivinar. Su nuevo padre, como siempre le había dicho.

—No. Shion.

Mu se abrazó a sus rodillas y la tristeza no pudo dejar de embargarlo.

—Ya he olvidado su rostro. —Aseguró. Sonriéndole a Di-ta con melancolía.

—Sólo tenías cuatro años. Nadie te pide que…

—No importa. Siempre me encontraba detrás o pegado a él. Casi siendo su sombra.

—Tendrás que dejarlo ir tarde o temprano. —supo decir después de unos minutos de silencio.

Escondió su rostro entre sus piernas. Quería desaparecer en el negro que se encontraba entre estas.

—No pensé que aquel día llegaría tan pronto. —lamentó.

Afrodita no queriendo seguir tocando un tema tan delicado, lo cambió de abrupto.

—Necesitas cenar algo, te encuentras muy débil. Dame tu mano para ayudarte a levantar.

Mu, hizo lo que el otro le pedía sin muchas ganas de levantarse.

— ¿Ahora qué más debo hacer? —Dijo. Di-ta escuchó aquello y sintió un yugo muy pesado envolverle.

Un nudo en el estómago.

—Ven afuera conmigo. —pidió.

No tardaron demasiado en llegar a una tienda que Mu conocía demasiado bien como para equivocarse.

— ¿A qué vamos a la tienda de Saga? —Cuestionó confundido

Afrodita le sonrió melancólico.

—Es para que tú cenes. —aseguró.

Entró en esta sin demasiadas ganas de hacerlo. Sin Afrodita a su lado, para su mala suerte. Cuando estuvo en la luz encandilante de la tienda encontró a Saga y a Aioros cenando con un tercer plato a la izquierda del general.

—Buena noche. —dijo sin levantar la vista. Hizo una leve reverencia, casi imperceptible de hecho. —Gracias por cuidar de mí.

Saga no supo cómo reaccionar. Aioros quería que la tierra se abriera y de pasada lo lanzara a lo más hondo del núcleo.

—No hay necesidad de agradecer. —respondió incómodo. —siéntate, vamos.

Con pesadez en sus movimientos, hizo lo que se le pedía. Sin apetito en lo absoluto observó su plato y olfateó un poco. Eran unas cuantas donas y jalea lo que se encontraba en este.

Levantó un brazo y tomó una, la untó con un poco de la jalea y la puso frente a su boca. Sintiendo un vacío en el estómago abrió sus labios. Vaciló.

Sentía como si en aquel mismo momento fuera a expulsar algo, pues sentía su garganta tensa.

Pero la introdujo en su boca. Sintió de nuevo la sensación del salado combinarse a la perfección con el sabor acidulce de las moras y hacerlo explotar en su boca.

Masticó durante milenios, o lo que le pareció milenios. Sólo había consumido una pero a pesar de eso se sentía lleno.

—Estuvo delicioso. —aseguró sonando irreverente. Casi automático.

Saga le observó con tristeza. Sin poder articular palabra alguna de hecho.

—Ahora, si me disculpa, me voy.

—No. —dijo Saga.

Mu le observó confundido. Aioros le imitó.

— ¿Qué? Nada tengo que hacer aquí.

Saga no tuvo nada para replicar. Sólo pudo quedarse callado por algunos segundos.

—Aun así, todavía necesitas recuperarte de las heridas que te hiciste el día de hoy.

Mu se levantó de su lugar, sin dejar ver sus ojos en ningún momento, debido a su rostro cabizbajo.

—Lo agradezco pero no son heridas físicas lo que necesito sanar.

A Saga, por alguna extraña razón no terminaba de gustarle lo sumiso que parecía Mu con aquellas palabras. Él nunca le había agradecido, y eso que llevaban conviviendo cuatro días. A pesar de que nunca le había gustado la indisciplina y le pedía que fuera disciplinado… en él parecía opresión. Hasta podría observar cómo su alma se encontraba rota.

Antes de que el menor saliera de la tienda habló.

—El castigo que te he impuesto todavía sigue en pie. Faltan todavía tres días para que se termine el castigo y en estos cuatro días que han pasado no has sido precisamente un "buen esclavo" por lo que de ahora en adelante no te separarás en ningún momento de mí.

Mu, por fin se volteó. Saga deseó que no lo hubiera hecho.

—Lamento no haberlo sido. Pero yo no sirvo para ser sirviente. Ni nada que se le asemeje.

Saga pudo ver lo poco de voluntad del otro someterse. Se sintió mal, ¿así es cómo él mismo se veía cuando era pequeño? No. A pesar de tener disciplina lo que lo movía era la determinación y la gracia de ser importante. Pero Mu…

—Tienes razón. No sirves para sirviente. —le secundó. Aioros le observó exaltado.

— ¿Entonces…? —No pudo terminar su pregunta, puesto que Saga continuó con su monólogo.

—Sin embargo, yo te enseñaré a ser uno.

Una chispa de vida iluminó los ojos de Mu. No haciéndolo parecer alegre, aunque tampoco indiferente.

—No gracias. —dijo. Al tiempo que aquella chispa volvía a desaparecer.

— ¡Espera un momento! ¿Quién dijo que era una proposición? —indicó Saga.

¿Qué demonios estaba haciendo?

Mu se giró, esta vez verdaderamente sorprendido. Le observó boquiabierto y con vida en los ojos. Saga sonrió internamente al saber aquello.

— ¿Qué cosa? —Susurró Mu sintiéndose extraño.

—Lo que has oído. A Kanon le toca guardia el día de hoy, por lo que fácilmente puedes tomar su cama.

—Saga, ¿Qué carajos…? —No pudo terminar de hablar. Puesto que Mu daba un leve asentimiento con la cabeza.

—Lo que diga. Pero no me quedaré aquí sin Di-ta.

Saga sonrió sabiendo que había recuperado una parte del anterior Mu. Al que no gustaba de su compañía, y al único que ansiaba conocer.

—Por mí no hay problema. Aioros, tráelo para discutir con él sobre este cambio de planes.

El otro observó a su compañero, levemente incordiado.

—Ya voy. —Aseguró al tiempo que salía de la tienda.

Cuando Saga y Mu se quedaron solos el menor se sentó en el suelo, acción alienaría en… cualquier persona de hecho.

— ¿Qué haces? —Preguntó con una ceja levantada.

—Me gusta más sentarme en el suelo cuando espero.

Silencio. A Saga sólo se le ocurrió un tema de conversación. Por supuesto, debía ser el peor de todos.

—El chico… el que… —se mordió un labio. Nunca había titubeado para decir algo, ni siquiera cuando se trataba de alguien muerto. Pero, ahora parecía un tema demasiado delicado que no pudo evitar el tartamudear. —Al que Aioros… al que matamos. —se corrigió. — ¿Quién era?

La mirada de Mu se entristeció.

—Fica. —respondió.

Saga suspiró. Necesitaba más detalles que la simple insinuación del personaje.

— ¿Qué significa su nombre?

—Eso es en realidad un apodo que le di. Su nombre completo es Albafica. Nunca me tomé la molestia de saberlo. —reflexionó un poco aquello. —Pensé que debería saberlo, al fin y al cabo el griego aquí es usted.

—Oh. —exhaló. Preparándose para la siguiente pregunta. —Y, ¿qué fue lo que le dijiste cuando… cuando él falleció?

Mu pensó durante unos segundos su respuesta.

—No creo que decírselo sea lo mejor. Es un asunto privado y no me gusta andarlos diciendo a los cuatro vientos.

De nuevo aquella extraña opresión en su persona. Dolía, eso era más que seguro. Pero a pesar de aquello no pudo evitar seguir preguntando.

— ¿Y quién era él para ti? —Mu le observó extrañado.

— ¿Po qué pregunta todo esto?

—Curiosidad. —Dijo Saga. No muy seguro de sus palabras.