Capítulo 9, lamento la tardanza. ¡Disfrutad!
9. Kiss
Cuando Afrodita llegó a la tienda observó a Mu sentado en el suelo y recordó su infancia. Hacía años que no se sentaba de esa forma.
Cuando se acercó a él lo observó levantarse lo más rápido que pudo.
— ¿Qué necesita? —Preguntó a Saga. Sonrió un poco al ver la expresión de desconformidad en Mu.
—Mu… Telikós impuso como condición para quedarse aquí el que le acompañaras. Te he mandado a llamar para tener tu afirmativa de quedarte aquí.
Afrodita lo pensó un poco. Negó con la cabeza.
—Me parece buena idea que Mu se quede aquí para poder recuperarse mejor. Pero no es necesario que yo me quede a dormir en esta tienda. Y menos cuando le pertenece a usted y a su hermano.
Saga asintió.
—Completamente de acuerdo. Le he dicho esto a Telikós debido a que el día de hoy Kanon se encuentra haciendo la guardia y lo que más necesita ahora es un buen descanso. Pero ha querido declinar la oferta.
Afrodita observó a Mu con una ceja arqueada.
—Mu, lo mejor es que te quedes aquí. Una noche sin mí no te hará daño. Y más si ya has estado otra sin mí.
Mu bufó. Pero asintió con la cabeza. Afrodita se acercó al oído de Saga y le murmuró.
—No es necesario decirle Telikós en mi presencia. Sólo asegúrate de que se alegre de nuevo. A como era antes.
Se volvió a Mu.
—Ahora, me voy a mi tienda. Que pases buena noche Mu.
—Buena noche. —secundó.
Al instante en el que sus cabellos se giraron pudo ver su rostro confundido.
— ¿Qué cosa? —Preguntó Fica. Mu se sonrojó al haber previsto que el otro reaccionaría de aquella forma.
Se encontraban en la casa del nuevo padre de Mu. Éste se encontraba fuera de la casa y la madre de Mu se encontraba en cama debido a que estaba enferma, por lo que ambos tenían la casa para ellos solos. A pesar de pasar el tiempo sentados en la sala, platicando.
— ¿Por qué sales conmigo? ¿Es por sentir pena por mí? —La duda se notó en su mirada.
Fica levantó una ceja.
—No digas tonterías. —reprendió. Acercándose para tomar posesión de los labios de su menor. — Y nunca, nunca, vuelvas a dudar de mis sentimientos. Si salgo contigo es porque te amo, por ninguna otra razón.
Mu desvió la mirada. Sonrojado hasta la médula al escuchar tales palabras del otro.
—Pero… ¿por qué? Sé que no debería preguntarlo debido a que fui quien insistió esto pero, ¿cómo es que me correspondes?
Fica resopló.
— ¿En verdad necesitas una razón para que yo te quiera? —Mu desvió la mirada.
—No pero… —tartamudeó. No pudiendo continuar la frase el siguiente en hablar fue Albafica.
— ¿Y por qué comienzas a dudar tan de repente? ¿Qué acaso no te es suficiente el que te diga que te amo?
Mu negó con la cabeza.
—No es eso. Es sólo que ayer le dije a Hakurei sobre… esto, y no lo tomó muy bien. Insinuó que jugabas con mis sentimientos y eso me hizo dudar de la familiaridad que tenemos.
Fica le abrazó. De nuevo le besaba y le hacía dudar de la insinuación de su nuevo padre.
—Ayer se me olvidó felicitarte por tu cumpleaños, felicidades. Ahora tienes trece. Se me ha olvidado traerte un regalo. Cuanto lo lamento.
—No es necesario, con oírte decirlo es más que suficiente para mí.
Se escondió en el pecho de su primo político y se dejó arrullar por aquel aroma penetrante que siempre tenía.
.
Saga se levantó debido a que escuchaba unos cuantos sollozos. Lo más rápido que pudo intentó ubicar la fuente del sonido lastimero.
No tardó demasiado en realizar que el que causaba los ruidos era el otro chico de la habitación.
Mu.
Se levantó de la cama de su hermano y, conociendo a la perfección el terreno se dirigió a la que era su cama —el menor se había quedado con su cama ya que esta era la más cómoda, según el criterio de Kanon. — y no tardó en ver con la poca luz que se filtraba por las cortinas el rostro triste del chico de cabellos color lila.
—Fic… F-fic… a…. Fic… —sollozaba. Saga no tuvo que sumar dos más dos para saber que la respuesta era cuatro. Se encontraba llorando su muerte. Por alguna razón u otra.
De forma precavida, removió un poco al otro. Casi nada, a pesar de que lo que quería era levantarlo, no quería que se despertara de abrupto.
—Mu… despierta. Sólo es una pesadilla —intentó convencerlo. Sabiendo que no sería suficiente aumentó la fuerza que imponía a sus empujones. —vamos, despierta.
Saltó en su lugar antes de despertar. Abrió los ojos y a pesar de la oscuridad parcial pudo saber que alguien se encontraba a su lado. Su respiración se encontraba entrecortada y no paraba de ver de un lado para otro. Confundido.
—Tranquilo. Todo está bien. —Tranquilizó Saga, sabiendo que si no decía algo el otro le golpearía pensando que era su hermano. —Estabas sollozando en sueños.
Mu le observó con el miedo tatuado en los ojos.
—Quiero a Di-ta aquí, conmigo. Él sabe tranquilizarme. —dijo. Demostrándole cuan necesitado era el otro para él.
Saga se sorprendió de aquello.
—Dime que quieres que haga y lo haré. —aseguró. —es imprudente despertarlo debido a que es medianoche.
Mu lo pensó un poco. Dejando ver un poco de debilidad susurró su petición.
—Quédate conmigo. Una cama para mí solo me da miedo. Si bien, la otra noche dormí de aquella forma fue porque estaba demasiado cansado y necesitaba descansar. Pero desde esto, no he dormido solo. Así que, por favor, quédate.
Saga se quedó anonado. La única persona con la que había compartido su cama en toda su vida era su hermano menor, Kanon. Y eso era porque el otro se metía cuando él ya se encontraba dormido. Soltó un exhalo y asintió. Al recordar que se encontraban en la penumbra lo afirmó con palabras.
—De acuerdo. Lo haré.
No duró más de tres horas dormido que se levantó de su lugar de reposo. Observó a todos lados pensando que de nuevo el otro se encontraría sollozando pero, no había ni un solo ruido en el lugar.
Sólo había silencio. Un inquietante silencio. Observó, pues, al cuerpo que estaba a su lado y al instante supo que era lo que le había despertado.
Mu se encontraba abrazado a su brazo. De alguna u otra forma se había enlazado a su brazo y no había dudado en aferrarse bien.
Tuvo el impulso de quitárselo pero se contuvo. Después de un rato de observarlo quiso despertarlo pero… su rostro se encontraba tan relajado cuando dormía que parecía un hijo de la diosa Afrodita.
Sin contenerse, dio un leve beso a la coronilla del menor y se acomodó mejor para dormirse.
Mu murmuró algo.
—Papá… no… te vayas. —Saga abrió los ojos por la sorpresa. —No me dejes sin ti.
—Mu… —dijo para sí. Esta vez sin esperar despertarlo. Acarició sus cabellos color lila e intentó dormir.
—.—
Despertó con alguien diciendo su nombre.
—Mu… —escuchó la voz de Saga. Abrió los ojos con pesadez. Los párpados los sentía tan pesados que apenas y podía abrir los ojos. Cuando recordó que le había pedido al mayor dormir con él sintió el color aglomerarse en sus mejillas. —Despierta.
Cuando observó a Saga con el rostro preocupado toda la vergüenza desapareció de su cuerpo.
— ¿Qué? —Preguntó sabiendo que Saga callaba algo. El mayor supo que le había atrapado y no hizo otra cosa que responderle.
—De repente comenzaste a decir un nombre. Shion. —su rostro dejó de mostrarse sorprendido y se oscureció. — ¿Te encuentras bien?
Mu asintió. Se dio cuenta de que no dejaba de abrazar el brazo de Saga y lo soltó de inmediato.
—Estoy bien. —Tomó una pausa — ¿No está por aquí Afrodita? —Antes de que Saga le respondiera cambió de tema. — ¿Por qué se quedó a dormir conmigo?
—Eso fue porque me lo pediste.
—No, eso lo sé pero. Pudo haberse ido a la otra cama de la habitación y no lo hizo.
—Ah, eso es por el hecho de que no podías despegarte de mi brazo. —Ahora, Mu quería que la tierra se lo tragara y lo dejara morir. Su rostro le hacía fácil competencia a un tomate.
—Oh, yo, lo lamento. —Dijo levantándose como resorte y alejándose del mayor. Saga lo observó confundido. —Esto… yo… amm… en verdad lo lamento. Iré a tomar un poco de aíre fresco.
Saga lo siguió con la vista hasta que se fue.
Cuando se levantó lo primero en lo que pensó fue en la significancia de aquel día. Por supuesto que debería haber planeado algo para celebrarlo pero, con tan pocos recursos, no hallaba de dónde agarrar.
Observó a su compañero de carpa de aquella noche. Ciertamente, no le agradaba mucho la idea de compartir solo la tienda durante la noche con Shaka, puesto que siempre terminaba hablando de las diferencias que tenía la India con Grecia.
Sin embargo, había algo en el aura del comandante, Archí, que lograba intimidarlo de una forma extraña. No podía precisarlo con palabras pero no se sentía a gusto cuando ambos se encontraban en una sola tienda. Ni siquiera con Mu.
Si bien, el día anterior se había encontrado a sí mismo hablando con el otro fue para pedir explicaciones. Le dolía el hecho de ver a su hermano menor triste, sí. Pero prefería conseguir la información por otros medios si se trataba de algo que afectase psicológicamente a su hermano. Es por eso que no le gustaba abatirlo con temas triviales como el preguntarle qué había ocurrido una tarde en la que había salido del campamento con una sonrisa radiante y regresado inconsciente para pedirle perdón por cosas que él no había tenido control de prevenir. De hecho, incluso si hubiese podido, no lo hubiese logrado.
No. Por más que lo hubiese intentado, aquello iba a ser inevitable.
Observó el sube y baja automático provenir del pecho del hindú y sintió un poco de envidia del otro debido a que este si podía dormir con aplomo.
Claro, él también había tenido la oportunidad de hacerlo. Pero la preocupación que sentía por Mu no le dejaba descansar con propiedad. Se preocupaba, no sólo por el estado casi comatoso en el que se metía a cada rato después de comenzar a hablar con el comandante. Sino por el hecho de que recordaba el fuerte vínculo que unía a Albafica con Mu, y temía que este no tuviera más razones para vivir. Para no desear su vida o nacimiento.
Jamás.
Pero, aquel día debía pensar con positivismo. Si bien, hacía todo lo posible por decirse a sí mismo que no podía sentir penas por su hermano simplemente no podía dejar de pasarle por la cabeza el hecho de que él también había sufrido una pérdida.
A pesar de que, conociéndolo, el otro hubiera preferido que no llorase por su muerte. Y eso fue lo que intentó hacer. No se derrumbó en ningún momento; por el orgullo de Albafica y la estabilidad emocional de Mu. Aunque dudaba de ser mucha ayuda para el segundo propósito.
Aquella noche, había pensado mucho en lo que intentaría hacer aquel día. Para recordarle al otro que día era. Si, se suponía aquella debiera ser una festividad que mantendría a la familia unida; a pesar de que el menor siempre prefería pasar aquel día con Albafica.
Pero el problema sería en que, aquel año, no podría pasar su cumpleaños con su persona más querida.
Saga se encontraba comiendo en silencio con Mu. Aioros, sólo les había dejado la comida, con la excusa de que le iba a brindar un poco de atención a su hermano menor, quien se quejaba de que se la pasaba con sus amigos.
Especialmente con Saga.
Por lo que decidió que aquel día, solo se cambiarían palabras cuando necesitara enviarle el informe que debió haber dado el día anterior.
Mu apenas y revoloteaba su plato. Si Saga, había dicho en un pasado que comía poco, ahora aquel apelativo utilizado en un pasado, le parecía una nimiedad comparado con la actualidad. De hecho, Mu ni siquiera tocaba su frito de verduras que había hecho DeathMask con tanto aplomo y dedicación.
Saga quería reprenderle, pero por alguna razón se contenía al grado de sentirse extraño. Muy extraño, de hecho, no le parecía ser él mismo en aquellos momentos.
—Come un poco. —Soltó al fin, sin dejar de observar su propio plato. Mu le observó entre agradecido y pensando mil maneras de matarle. Tomó un pequeño bocado y lo introdujo a su boca. Después de eso, apartó su plato en señal de que estaba satisfecho. Saga le observó con una ceja arqueada. Estupefacto. — ¿Qué fue eso?
—Fue un poco —respondió Mu con indiferencia. No tenía para nada de apetito y dijese lo que dijese el comandante Archí, no lograría hacerle comer contra su voluntad.
Saga, contrario a lo que Mu esperaba que reaccionara, dejó de igual forma su plato. Extrañando notablemente a su menor, quien no dudó en mostrar su contrariedad con una vaha y arqueada ceja.
— ¿Qué hace? —No dudó en preguntar. A pesar de que para Saga la respuesta era más que obvia.
—Veré si sobrevivo con tus costumbres. Comenzando con tus modos alimenticios. —Se levantó de su lugar y caminó hacía su cama. Se dejó caer en el colchón y alzó sus manos moviéndolas por sobre su cuerpo. — ¡Oh, miradme! Soy Mu Telikós. Odio comer y en consecuencia me desmayo y tropiezo a cada rato. Sin nombrar el hecho de que tengo que dormir días seguidos para reponer la energía que se me desvanece por no comer tampoco.
Mu le observó, inexpresivo.
—Saga, ¿qué intenta hacer? —Se cruzó de brazos y soltó un suspiro al tiempo que desviaba la mirada. —Le informo que aquella es una inútil representación de mi persona.
Saga se levantó de la cama, y caminó hasta estar frente a él.
—Así es como yo te veo. De aquella forma patética y reluctante. —admitió sin dejarse intimidar por el otro. —y si me dirás Saga, al menos deja el formalismo de lado.
En sus ojos vacíos y verdes, se vio la indignación. A pesar de la tanta niebla que los cubría.
—Según tengo entendido, un esclavo no puede tutear a su amo. Ni siquiera porque se lo pida.
—En ese caso, deja de decirme Saga.
—No puedo, es su nombre. ¿No es así? —Saga soltó un impropio que el menor no alcanzó a escuchar. Caminó hacía fuera de la tienda por lo que el menor se vio obligado a seguirle con un poco de distancia. — ¿A dónde va?
Saga sonrió como probablemente, nadie, ni siquiera su hermano, le habían visto.
—Quiero saber lo que se siente ser Kanon —aseguró.
Pidió a Aioros que vigilara a la tropa en lo que salía a caminar por alrededor, por lo que el otro le preguntó si traía su espada a la mano para no haber una emergencia.
—Si la tengo, no te preocupes. En cualquier caso, tengo las dagas que son mucho más efectivas en ciertos casos. —Aioros no tuvo con que replicarle. Lo máximo que hizo fue gemir a la diosa de la tierra que le protegiese.
Saga rio al ver aquello.
Media hora más tarde, se encontraba recolectando unas cuantas bayas, seguido de cerca por Telikós, quien ahora se mostraba indiferente. Completamente cerrado, e indiferente.
—Sabes, mi hermano ha hablado de que por aquí hay un hermoso lago. ¿Te molestaría si vamos?
Mu pareció por primera vez percatarse de su presencia y se mostró un poco confuso.
— ¿Eh? —Saga tuvo la decencia de no reírse en su rostro a pesar de que ganas no le faltaban. Oh, vaya que no lo hacían.
—Dije que sería una buena idea el ir a realizar un paseo por el bosque, ya que mi hermano había mencionado un hermoso lago cerca de aquí.
Mu se encogió de hombros. Saga tomó aquello como una afirmativa y le hizo una seña para que le acompañara a adentrarse en el enorme bosque.
—Vamos, no se encuentra muy lejos de aquí. —Mencionó, a lo que Mu sólo atinó a rodar los ojos. Claro, como si supiera las proporciones exactas de tierra que el lugar poseía.
No muy animado con la idea de acompañarle suspiró y comenzó a comerse una de las bayas que había recolectado y, según los consejos que le había dado la madre de Fica cuando era niño, no era venenosa. De hecho, era la baya más deliciosa que se pudiera conseguir. Le sorprendía encontrarla en aquella parte de la montaña.
Erata. Vaya, como extrañaba a la mujer que fue como su propia madre tras el fallecimiento de esta. —a pesar de que poco pareció importarle aquel detalle, como si hubiese estado ausente el día de la pira ceremonial entre otras cosas que prefería ignorar.— La extrañaba. Por decir poco.
Saga notó un cambio en la postura de Mu pero no dijo nada al respecto, cosa que el menor agradeció silenciosamente.
Poco a poco, el chino reconoció las arboledas cercanas y sabía de qué lago hablaba el general cuando lo mencionó. Por supuesto, aquel era…
—El lugar al que le pedí permiso para venir a Aioros. —Susurró para sí. Con los ojos muy grandes observó a su alrededor y no pudo evitar soltar un leve suspiro al imaginarse aquel hermoso sitio de noche. Sin duda, en su memoria prefería la noche al día pero, ¿qué más daba?
—Me alegra saber que al menos recuerdes el sitio. —Mencionó un sorprendido Saga. Con una mano en su barbilla, pensó que lo mejor sería esperar alguna reacción por parte de Mu pero, este se encontraba fascinado con el encanto que poseía el lago que poco le importaba moverse.
Por un momento, Mu olvidó el dolor que ahora le embargaba y comenzó a caminar hacía el lago. Se paró de repente cuando recordó la ropa que traía puesta y se maldijo internamente al saber que el general Archí se encontraba en las cercanías.
Un leve rubor apareció en sus mejillas, apenas perceptible. Pero lo suficiente para hacérselo saber al general a su lado quien le observó con una ceja levantada.
—Ehh, ¿ocurre algo? —Fue lo primero que pasó por su mente. Dudando mucho si el haber hecho la pregunta debiera haber sido una buena idea debido a que lo único que logró aquello fue que el color bermellón en sus mejillas no hiciese sino aumentar.
—N-no es nada. —Respondió el menor bajando la mirada. Saga simplemente se encogió de hombros y volvió a remarcar algo que ahora notaba.
— ¿No te meterás? —Apuntó al suelo cristalino que se extendía frente a ellos. Mu se mordió un labio al escuchar aquello e hizo un leve asentimiento de cabeza –muy leve, en realidad- cosa que sorprendió a Saga, de forma que continuó con su monólogo—, Entonces, ¿por qué no te metes?
Lo que tenía en sus mejillas se calificaba como sonrojo, a pesar de que sobrepasaba aquel adjetivo más allá de "leve."
Serenándose lo más que pudo, procedió a hablar.
—Probablemente sea el hecho de que no me gusta desnudarme frente a otras personas. —Lo dijo. A pesar del profundo color que yacía en sus mejillas, lo dijo.
Saga enarcó una ceja. No le veía nada malo al desnudarse, debido a que en Grecia no se crecía con el pudor con el que se había inculcado Mu en China.
Por supuesto, China y Grecia eran polos opuestos tanto en el sentido de lenguaje —el de Grecia era simple mientras que el de China sólo se necesitaba de diferentes tonalidades para cambiar el significado de una sílaba,— como en el sentido de la cultura.
Utilizando un buen ejemplo sería el hecho de que en el imperio Chino tenía restricciones inclusive para procrear (necesitaban haberse casado y pocas veces copulaban) o inclusive un acto de romance en una plaza pública sería casi impensable. En cambio, en Grecia podía haber dos personas tocándose en cualquier lugar y nadie les diría nada, ni les juzgaría con malos ojos.
Y, es cierto. Si bien, había ocurrido algo entre Albafica y Mu fue solamente después de casi diez años de convivencia juntos. Ocho y medio, para ser exactos.
— ¿Eso debería tener algo de malo? —Si bien, para Mu aquella cuestión era más clara que el agua, para Saga era más difícil de ver que una victoria en una mala estrategia.
—Considerando el hecho de que soy menor, sí. —adjuntó desviando la mirada.
— ¿Y eso qué? No tienes nada que ya no te haya visto. —Aquello lo dijo debido al par de ocasiones en las que habían tenido que curarle y Marin le pedía desvestirlo. Sin embargo, lo único que tuvo de respuesta fue un tono más profundo en las mejillas del menor, o al menos eso pareció debido a que su piel tenía ahora un tono más pálido después de lo que dijo. —Además, según sé, aquí en Grecia se considera la mayoría de edad cuando tienes diecisiete años.
Maldición. ¿Es que acaso el destino siempre tenía que ponerse en su contra, por más que intentara que fuera distinto? Aquella respuesta se vio muy lejos para Mu por lo que soltó un suspiro de resignación.
—Si así es el caso, no tengo ganas de meterme en el lago. —Informó al tiempo que se recostaba sobre el césped que crecía alrededor de la enorme extensión de líquido frente a ellos.
Saga se resignó sabiendo que el otro no se metería si él no ponía un ejemplo. Po lo que, para la mirada censurada del menor comenzó a quitarse la ropa prenda por prenda.
A pesar de querer negarlo, sus ojos no pudieron despegarse del general mientras este se quitaba galantemente su camisa. Intentó desviar la mirada en un par de ocasiones teniendo un resultado fallido. De igual forma no dejó de ver cuándo, de forma lenta, el otro bajaba su pantalón y los músculos de su torso y brazos no hacían más que acentuarse de tal forma que lo dejaban sin palabras.
Con el afán de relajarse, soltó un suspiro y se volvió a recostar ignorando el color que habían adquirido nuevamente sus mejillas cuando se dio cuenta que en su cabeza se hallaba incrustada la imagen del torso musculoso del mayor de los gemelos espartanos.
Escuchó el sonido del cuerpo del mayor al impactar con el agua y devolvió su vista al lugar en el que seguramente hubo impactado el mayor en un, no tan limpio clavado. Eso se notaba por el agua que le había salpicado y el hecho de que todavía se encontraban millones de burbujas residuales en el lugar que había impactado. Donde se formaba una espumosa circunferencia que no paraba de sacar aíre cada segundo.
Cuando vio salir a la cabeza de Saga no pudo sino soltar una pequeña risa al darse cuenta que el inhalo del mayor fue pretensioso, pero más que eso, fue necesitado.
Y tampoco le faltaron ganas de reírse cuando observó como el otro movía la cabeza de un lado a otro, teniendo un parecido extraño con un perro.
—La temperatura es perfecta para comenzar el verano. —avisó el mayor sacando sus manos para aplacarse el rebelde cabello que se encontraba interfiriendo con sus ojos dándole aires de Pastor Ingléspara, acto seguido, soltar un resoplido. Con el fin de sacar toda el agua de su boca. —Y se ve profundo, digo que nadé unos siete metros antes de llegar al fondo.
Mu asomó un poco la cabeza para confirmar que en verdad el fondo. Apoyó sus antebrazos en sus rodillas y antes de darse cuenta el otro le había tomado de las muñecas para zambullirlo de improviso.
No tuvo tiempo de tomar aíre peor tampoco tardó tanto tiempo en salir a la superficie y aspirar el vital elemento, teniendo especial cuidado de no aspirar el equivocado y terminar con los pulmones inundados del acuífero.
Saga rio un poco y Mu murmuró algo parecido a 'Idiota' en chino.
Con todo el cuidado del que fue posible pataleó hasta la orilla y ya en esta se salió del lago.
—Ahora me encuentro empapado, ¿está feliz? —Cuestionó sabiendo la obvia afirmativa que recibiría del mayor debido a la sonrisa que tenía plasmada en el rostro.
—Un poco, tal vez. —se sonrió un poco. —Hace mucho que no me metía a nadar en un lago de esta manera. —soltó dejándose llevar por la marea que creaba el viento o sus mismos brazos.
El menor rodó los ojos y al darse cuenta de que si se quedaba más tiempo con las ropas mojadas sería muy probable que se resfriara soltó un exhalo y apenado comenzó a quitarse la tela superior.
Claro, primero observando si el mayor se encontraba sumergido para continuar desvistiéndose terminando solamente cubriéndose parte de la Ingle y un poco de sus caderas. Utilizando su ropa interior a modo de traje de baño.
Cuando Saga volvió a sacar la cabeza Mu ya comenzaba a nadar a lo profundo del lago.
Siempre se había jactado de ser un buen nadador, o al menos era un pensamiento. Pero la sensación del agua impactando contra cada poro de su piel cuando se impulsaba a ir más abajo sólo lograba confirmarle que, de hecho, era rápido.
Cuando llegó al fondo del lago lo tocó con una mano e hizo una vuelta de campana para utilizar sus pies e impulsarse hacía la superficie y tomar algo de aíre y continuar recorriendo el lago.
Su cabeza salió y al instante sus pulmones se llenaron de aíre al tiempo que buscaba con su mirada a Saga.
—No sabía que nadaras así de bien. —respondió el rey de Roma a su lado. Mu intentó mostrarse sereno cuando respondió.
—No había necesidad de decirlo. —intentó encogerse de hombros a pesar de saber que se encontraba en el agua.
—De igual forma. Parece que la agilidad que te falta en tierra, te sobra en el agua. —El menor resopló. Sabía que el mayor lo decía bromeando a pesar de saber lo ciertas que eran sus palabras. Se zambulló a modo de esquive y de cierta forma le pareció lo más adecuado debido a que, por su velocidad al nadar Saga nunca supo cómo había llegado detrás de él hasta que se volteó. — ¿Ves? Algo así como una criatura marina.
Mu le lanzó un poco de agua que había tomado y comenzó a alejarse. Aquello, lejos de hacer enfadar a Saga logró causarle un poco de humor.
Y, antes de que se alejara a un buen tramo, lo tomó del antebrazo. No de una forma brusca como la primera vez que le había visto en aquel lago, en el anochecer. Sino más bien de una forma precavida, sin ejercer presión sobre el agarre.
Y es que no hubo necesidad de retenerle por la fuerza, debido a que, cuando su piel mantuvo contacto con la del mayor sus músculos se tensaron un poco e hicieron que permaneciera inmóvil. A excepción de sus piernas, que pataleaban en busca de no hundirse y ahogarse, como lo hubiese considerado hacer hace sólo medio día.
Volteó un poco el rostro y su mirada confundida le daba un aíre más aniñado, más infantil. ¿Quién diría que aquel chico tenía diecisiete años si le viera con esa expresión? ¿Quién?
De forma lenta para no asustarle, sostuvo entre sus manos su menudo rostro y se acercó a él hasta que sus labios se unieron en un casto beso. El menor por inercia cerró los ojos y se dejó llevar por la sensación eléctrica que recorría su espina dorsal con aquel roce.
Sólo había besado a dos personas en su vida: a Albafica, a Afrodita –sin contar el hecho de que el otro intentó alejarlo casi al instante– y ahora sumaba al comandante a su lista de personajes.
En instantes, aquel beso comenzó a hacerse más demandante y pedía ya no ser un simple roce casto. Sino ser más pasional y comprometido.
De aquella forma, Saga succionó los labios del menor y los lamió de forma lenta, pidiéndole entrada a su cavidad bucal. Entrada que fue pensada durante unos segundos y tres insistencias para ser concedida.
Mu no creía que un manto acuífero fuera el lugar idóneo para continuar con aquello por lo que intentó manejarlo a él y al mayor afuera del lago. De una forma u otra logró tocar una parte poco profunda del agua y ahí se recostó al tiempo que el mayor se posicionaba encima de él.
¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué se dejaba besar de aquella manera? ¿Por qué sonreía de aquella forma tan boba cuando hace poco había muerto Albafica?
Aquella última pregunta le hizo recapacitar lo que hacía. Abrió sus ojos hasta que estos parecieron asustados y se levantó de pronto, al tiempo que se lanzaba a la parte honda de la laguna, donde podría pensar con tranquilidad sin ser molestado.
El recordar la muerte de él era un golpe duro al estómago. Sin embargo, antes de recordarlo, poco le importaba Fica. Y menos cuando se encontraba sin hacer nada.
De igual forma, ¿qué había sido aquello? Sin duda debió ser un arranque por el ambiente del lago. Pero, en tal caso, ¿por qué había esperado tanto tiempo para eso?
Sacó la cabeza solamente para respirar un poco, volver a tomar aíre y zambullirse de nuevo. Sin duda, el cumpleaños más extraño de su vida.
