Disclaimer: Bleach pertenence a Tite Kubo. Historia basada y adaptada a partir de una obra de Jacques Offenbach


5. Epilogue

— Y…bueno —habló Rukio, con la voz entrecortada y los ojos a medio cerrar—. Ahí tienen…a las tres —levantó tres dedos de la mano derecha—…mujeres que…me des…lumbra…ron…antes de…conocer a Ichigo —y dio un gran hipido.

Todo el bar, a excepción de Hikoboshi, se encontraba reunido lo más cerca de la mesa de Rukio para escuchar sus anécdotas. El hombrecito estaba muy ebrio, pues le costaba mantenerse erguido y había múltiples jarrones de sake, varias tazas de té y algunas botellas de vino a su alrededor. Ran, en cambio, lucía bastante sereno con una copa de vino tinto en su mano derecha.

— ¿Y qué pasó después de la oiran, señor? —preguntó el joven alto de cabello gris.

— Perdí…la fe…en el amor —respondió Rukio, haciendo un ademán con la mano derecha—. Pero… —hipó— hace unos meses…conocí a Ichigo. Ella es…como una combinación de Byakuya…Kaienoi… y Ashiko. Aunque… debo decir…—eructó— que es…mucho más…bonita…tiene cárac…ter y…

— ¿Qué demonios estás haciendo, enano? —preguntó una voz femenina inusualmente fuerte, haciendo respingar a todos.

Todos voltearon en esa dirección y en el umbral de la entrada estaba una joven, como de la edad de Rukio. Era delgada, y más alta que el pelinegro. Tenía los ojos color ocre y la piel de un color durazno oscuro. Y el rasgo más llamativo de ella era su cabello, largo hasta media espalda, de un brillante anaranjado y un poco desordenado. Además, portaba un largo vestido, hasta los tobillos, de color negro opaco, un grueso abrigo negro y a su lado izquierdo había un estuche de cuero negro en donde la chica guardaba su instrumento, una guitarra.

Shunsiko se levantó de su asiento: — Ichigo, bienvenida —habló—, ¿te puedo ofrecer algo de tomar? —preguntó.

— No, gracias —contestó Ichigo—. Es usted muy amable, sólo venía por mi novio. Pero por lo visto —elevó un poco el tono de voz— el muy cretino buscó algo para emborracharse con el desvergonzado de su amigo —terminó gritando, y señaló al hombre de pelo naranja que sujetaba la copa de vino.

— ¡Oye! —exclamó Ran, un poco ofendido—. Sabes que a Rukio no le gusta embriagarse. Pero esta vez no lo puedes culpar —le dio un sorbo a su copa—. Los recuerdos le ganaron a su cordura, y un dolor de ese tipo en un hombre se olvida con algunos tragos.

— Dices algunos tragos, pero el enano parece que perdió la cuenta —enfatizó la mujer de pelo naranja.

— Sólo…les contaba…mis…aventuras —contestó Rukio, lo mejor que pudo—. Tu concierto…estuvo…muy bien. Sólo… —contuvo un eructo— practica más y…sonarás tan…bien —hipó—…como si fueras… una española.

— Sabes que, mejor deja de decir tonterías, ponte de pie y vámonos de aquí —rebatió Ichigo—. El frío va a empeorar y no quiero que nos tome por sorpresa en el camino.

— Déjame…con mi amigo —masculló el hombrecito, haciendo un gesto displicente con la mano—. Él sí me escucha. Además…me gusta el frío…es reconfortante —apoyó los brazos en la mesa y los cruzó—… y hace que —recargó su cabeza en los brazos— tenga…buenas…noches— dio un largo bostezo y cerró los ojos.

El bar se quedó en silencio, esperando las siguientes palabras del joven poeta. Pero un ronquido dio la prueba de que Rukio se había rendido a los brazos de Morfeo, por lo que el resto de los presentes se dirigieron a sus respectivas mesas para seguir bebiendo y charlar. Shunsiko empezó a apurar a sus camareros para que no se demoraran en servir bebidas, mientras que Juushino iba detrás de ella.

Ichigo bufó, tomó el estuche en el piso, y se encaminó con paso firme hacia la mesa de Rukio. Pero alguien la tomó del brazo izquierdo. Era Hikoboshi.

— Déjalo Ichigo —dijo el hombre, intentando sonar convincente—. Está tan borracho que no puede ni con su alma. Ven a mi mesa y podemos charlar más tranquilos —agregó, señalando el lugar que ocupaba en el bar.

— Hikoboshi, ya te he dicho varias veces que no tengo interés en ti —habló Ichigo, con cierto fastidio y dejando el estuche en el piso—. Tú no eres mi tipo, eres alguien de corazón muy noble, pero siento que no puedo ser yo misma si estoy a tu lado. Además, el enano tranquiliza algo en mí, como si para una tormenta en mi interior.

— Pero míralo —recriminó el hombre de ojos grises, señalando al hombrecito pelinegro, el cual dio un gran ronquido—, está noqueado por borracho. Ya no puede hablar. Que tal si esto se le hace costumbre y termina en malos pasos.

— ¿Sabías que eres el menos indicado para decir eso? —cuestionó la mujer—. Él bebió sí, pero es la primera vez que lo veo en este estado tan malo. Tú, en cambio —y le picó el pectoral derecho—, desde que te conozco has fumado, y eso para mí es intolerable y repugnante. Ni a mi madre se lo tolero.

— Pero Ichigo… —dijo Hikoboshi, casi en súplica.

— No me hagas perder la paciencia, Inoue —murmuró Ichigo, cansada—. Aprende a aceptar un no, porque eso es lo que tendrás de mí esta noche. Sólo déjame ir con Rukio, por favor.

El hombre de ojos grises apretó los labios y el puño derecho, respiró hondo, retuvo el aire y, después de seis segundo, lo soltó en un silencioso suspiro. Hizo una leve reverencia, se dio la media vuelta y se encaminó a su mesa, para seguir fumando y meditar un poco las palabras de la chica.

Ichigo también soltó un suspiro, sólo que no fue para nada discreta. Tomó su estuche del suelo, se encaminó hacia la mesa de Rukio y Ran y dejó el estuche a un lado de la mesa, acostado.

— ¿Cómo está el enano? —preguntó la chica, un poco preocupada.

— Míralo por ti misma —respondió Ran, y le dio otro sorbo a su copa—. Bueno, yo no quiero hacer mal tercio aquí por lo que me voy —y se levantó—. Además, hay una guapa señorita en este bar que no ha dejado de mirarme desde que llegué y no pienso dejar pasar esta oportunidad. Que tengan buenas noches.

El hombre de pelo naranja se dirigió a una mesa donde estaba sentada una joven de pelo gris plateado y enigmática sonrisa, con quien entabló una agradable conversación de inmediato. Ichigo negó suavemente con la cabeza, y colocó su mano derecha en el hombro izquierdo de su novio. Éste se removió un poco.

— ¿Tú…también…me dejas? —preguntó el hombrecito, adormilado.

Ichigo sonrió: — No, enano —contestó—. Yo me quedaré siempre a tu lado.

— Eres…muy…buena —dijo Rukio. Se incorporó un poco y observó a la joven de manera torva—. Podrá…haber…muchas mu…jeres —reprimió una nausea—…en el mun…do…Tres…de ellas…me…des…lum…braron…Pero…sólo tú…—levantó su mano derecha temblorosa, hacia el rostro de Ichigo— ocupas…ese…lugar es…pe…cial…en mi…co…ra…zón —y acarició su mejilla izquierda.

Ichigo sonrió bastante enternecida ante tal gesto, y apoyó su rostro en la mano de él, sin importarle que unos pocos curiosos los estuvieran observando. Después de algunos segundos, Rukio retiró su mano y volvió a tomar la cómoda posición en la que estaba para seguir durmiendo. Ichigo lo único que pudo hacer fue acariciarle el pelo de manera suave, pero sin quitar su sonrisa y con una idea en su mente.

Que, junto a Rukio y en un futuro no muy distante, protagonizaría una historia bastante singular.

Fin


Notas del autor:

* Y esta historia ha concluido. Debo decir que me llevó tiempo (casi un año) y bastante esfuerzo esta historia. Las adaptaciones llevan tiempo, no sólo es de cambiar los nombres de los protagonistas de la obra original, también hay que hacer pequeñas modificaciones a la trama para que quede un poco más creíble. Y creo haberlo logrado, quiero pensar.

* Tengo en mente más adaptaciones, sólo que se basarán en óperas (debo decir que me encanta la música culta)

* Gracias lector por haberle dado una oportunidad a este fanfic. Y un agradecimiento especial a DreamedSilverWings y a Inverse L. Reena por haber estado presente en la lectura de cada uno de los capítulos del fanfic.

Muchísimas gracias y nos vemos en otra historia