Capítulo 3: Instante
Disclaimer: Saint Seiya no me pertenece, son propiedad exclusiva de Masami Kurumada. Fanfic hecho sin fin de lucro.
Capítulo 3: Instante
Cada hombre tiene sus penas secretas que el mundo no conoce, y muchas veces llamamos resfriado cuando un hombre está simplemente triste. (Henry Wadsworth Longfellow)
Para ser el primer día de Seiya en la empresa, ya se estaba agobiando. Todo consistió en ponerse al tanto de contratos firmados y los que esperaban por firmar. Conoció a la mayor parte de la gente que estaría trabajando con él.
Para Saori no estaba siendo diferente, prácticamente tuvo que repetir su trabajo de todo el mes para mostrarlo a Seiya. Y lo que es más, cuándo le presentó al moreno la que sería su asistente personal, sintió como si le sacudieran el suelo.
Por ahora, compartían oficina ya que la que sería de Seiya la estaban arreglando. Así que ella podía ver desde primera fila como la asistente del moreno le dedicaba largas miradas y este respondía con una sonrisa.
–Miho, ¿podrías traer el informe que te pedí? –su tono de voz era amigable.
–Claro– fue la respuesta de la chica acompañada de una sonrisa.
La Kido arrugo la nariz ante la escena. Había algo que le molestaba y no sabía que era. Tal vez, era el tono que Seiya usaba con Miho, siempre tan fresco. O tal vez, era porque siempre la llamaba por su nombre. A lo mejor eran ambas, porque a ella le hablaba de manera escueta y solo cuando era necesario. A ella jamás la llamaba por su nombre.
–Seiya–llamó la chica, recibiendo la mirada indiferente del muchacho. –¿Por que no cenanos en mi casa juntos? Podríamos... –.
–No puedo– la interrumpió. –Ya tengo planes–completó y volvió su mirada hacia los pepeles que sostenía entre sus manos.
Saori escondió su rostro entre los documentos que sostenía solo para que él no viera la decepción que había en sus ojos. ¿Por que la odiaba tanto? ¿A caso también la había tomado contra ella por lo que su abuelo le hizo?
La jornada laboral terminó y poco a poco los trabajadores comenzaron a abandonar el edificio. La heredera iba atravesando las puertas hacia el exterior y pudo divisar el auto que cada tarde la venía a recoger. Caminó hacia el y esperó a que el chófer abriera la puerta, su sorpresa fue tal al ver de quien se trataba.
–Espero que no te moleste que haya usurpado el lugar de tu chófer personal y me haya presentado aquí–explicó mientras le abría la puerta, invitandola a subir.
–N-no, claro que no, Saga– dijo con nerviosismo ante el gesto.
–Eso es bueno, porque también me gustaría llevarte a cenar– soltó el hombre ante la mirada confundida de la chica.
Saori se sorprendió por la propuesta. Saga siempre había sido atento con ella, pero había algo ahí que no terminaba de encajar y que de cierta manera le asustaba. Iba a rechazar la oferta cuando en un momento, desvío la mirada hacia un lado y pudo ver algo que no le agrado.
Seiya y Miho platicando animadamente, mientras el mayor ayudaba a subir a la pelinegra al auto para uso personal que la empresa le había dado. Ambos subieron y el auto se perdió entre los demás vehículos.
Saga siguió el trayecto de la mirada de la chica y también se encontró con la escena. Los gestos de la dama frente a él no le pasaron desapercibidos, que iban desde la sorpresa, molestia y tristeza. Frunció el ceño ante esto.
–Esta bien, iré contigo– su respuesta sonó con desgano.–Es decir, me vendría bien salir un poco– se apresuró a corregir con una sonrisa y se aventuró al interior del auto.
El hombre decidió restarle importancia al asunto. Total, ella había accedido a irse con él. Se subió al auto y se marcharon de ahí.
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Había llegado al hotel donde se hospedaba y se tiró en la cama. No había tenido tiempo de buscar un apartamento para vivir. Esa tarde al salir del trabajo iba a hacerlo, pero su asistente le propuso dar un paseo por la cuidad y celebrar su ingreso a las filas de la Fundación Graude. Había sido una tarde agradable en compañía de la azabache, era una chica muy tierna, inteligente, bonita...
Dejó esos pensamientos aun lado y su mirada se centro en los papeles que había dejado al lado de la cómoda de su cama. Esos papeles se los había dado Saori antes de irse e inevitablemente, su mente recordó la escena que vio. Al tal Saga en un lujoso auto llendo a recoger a la pelilila. Ellos parecían llevarse bien, ¿estarían saliendo?
Bueno, no es como si a él le interesara, pero desde el primer momento que se topó con él no le cayó bien. A decir verdad, Saori tampoco le caía bien, cuando la veía no podía evitar recordar a esa pequeña niña que les torturaba con sus juegos cada vez que iba de visita al orfanato acompañada de su abuelo. Que dos personas que detestaba estuvieran juntas, no podía ser nada bueno.
Pero... ahora que se detenía a pensarlo, ella no estaba actuando como antes. Se veía muy gentil, a pesar de que él no desaprovechaba una oportunidad para reñir con ella, se mantenía tranquila y amable. ¿Será que realmente haya cambiado? Nah, no podía ser. Seguramente era un truco para después poderlo manipular. ¡Si, debía ser eso!
Bien, él no se dejaría engañar por esa cara bonita y amable. ¡No, claro que no! Esa tonta no se saldría con la suya, la seguiría atormentado con sus desplantes.
Una sonrisa socarrona se asomo en su rostro, y sin más, se fue a dar una ducha.
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Ya había pasado un mes desde que Seiya trabajaba en la empresa, un mes desde que se veían todos los días y, aún así, las cosas entre ellos no habían cambiado mucho. Seguía tratándola de forma distante, él no desaprovechaba oportunidad para hacerle un mal comentario. Una vez ella intentó preguntarle amablemente como iba con la búsqueda de su hermana, y él le había contestado que no era su asunto. No era un secreto para nadie que él la odiaba. Pero, ¿por qué? Ella ya le había dado vueltas al asunto y no encontró nada.
No lo entendía.
Así como tampoco entendía lo que le pasaba últimamente. Sentía una especie de molestia cada vez que lo veia junto a Miho. El ya se había trasladado a su oficina, así que pasaba horas encerrado con ella allí.
Por otro lado, las cosas con Saga iban muy bien. Se sentía extraña por todas las atenciones que él le daba. De vez en cuando iba a buscarla al trabajo y se desviaban del camino para ir a comer por ahí. Ella estaba acostumbrada a estar sola, pero la presencia de Saga la hacia sentir cómoda. Sentía...sentía como si por fin alguien la necesitara.
Posó su vista hacía en frente, recorriendo con la mirada el vacío y enorme comedor, con ella ocupando la cabecera de la mesa. Giró el rostro hacía su derecha, encontrándose con las esmeraldas de Saga, sonriéndole.
Devolvió el gesto, continuando con su cena.
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–Necesito el informe de este último mes– pidió Seiya sin despegar la vista de su computadora.
–Claro, lo tendré listo enseguida– y la asistente salió de la oficina del moreno.
Este mes se le estaba llendo lento. Aun no sabía nada de su hermana y eso lo frustraba demasiado. Se suponía que con los medios de la Fundación la encontraría más rápido, pero no, no tenía nada.
Alguien tocó la puerta y tuvo que dejar sus pensamientos para después.
–Adelante– dijo con molestia. La puerta se abrió y su molestia aumento al ver de quién se trataba.
–Necesito tu firma para enviar estos documentos– Saori tomó asiento delante de él y le entregó los papeles.
–¿Tu asistente está de vacaciones? ¿O estas tan aburrida que vienes personalmente?–interrogó en tono burlón.
Saori de inmediato se puso de pie y caminó hacía la ventana para ocultar su sonrojo. ¿Qué excusa diría? Ella tampoco sabía el porqué estaba allí.
–Solo quería avisarte personalmente que me iré temprano a casa– contestó en tono bajo.
Él la miró con interés en ese momento.
–¿Por qué?– la pregunta salió por si sola.
Ella abrió ligeramente los ojos mostrándose sorprendida. Era la primera vez que él se interesaba en ella. Aún dándole la espalda le respondió.
–No me he sentido bi...–.
–Bueno, no me importa–. La interrumpió él, con su habitual tono de fastidio que usaba con ella.
La Kido agachó su cabeza y su cabello se vino hacía en frente, cubriendo una sonrisa de amargura. Je, era tonto creer que él pudiera interesarse en ella. Giró sobre sus talones y salió del lugar en completo silencio.
Seiya la observó marcharse cabizbaja, pudo haber sonreído como de costumbre por su nueva victoria ante la mujer. Pero esta vez, le supo amarga.
/ / / /
La mañana siguiente, Saori no se presentó al trabajo. Seiya recibió una llamada de Tatsumi diciendo que ella estaba indispuesta y se ausentaria unos días.
Habían pasado 4 días desde esa llamada y ella aún no regresaba al trabajo. Y peor aún, por alguna razón desconocida, no podía sacarse la imagen que ella le proyectó la ultima vez que la vio. Esa vez si fue notorio que sus palabras le afectaron.
Suspiró derrotado. Esta bien, después del trabajo iría a verla.
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La heredera Kido estaba en su habitación recostada en la cama. Las sábanas cubrían su cuerpo entero, dándole un aire deprimente. Estaba por dormirse cuando unos gritos alteraron el silencio. Intentó ignorarlos pero se hicieron más fuertes.
Se levantó dispuesta a fulminar a quién sea que se atrevió a molestar su descanso.
En la sala de la mansión...
–Solo déjame verla– insistió el castaño al hombre frente a él.
–No, ella no esta disponible– replicó Saga.
Seiya era conocido por su poca paciencia y el peliazul solo lo estaba sacando a relucir.
–Es importante, tengo que entregarle algo– le mostró una carpeta y la agitó frente a Saga para hacerlo obvio.
Saga se masajeo el puente de la nariz antes de responder. –¿Piensas que te dejaré verla si es solo para traerle más trabajo? ¡Esta enferma!– exclamó con molestia.
–Solo necesito que fir...– la réplica de Seiya murió en sus labios al ver a Saori aparecer.
–¿Qué sucede?– interrogó con una ceja alzada.
Saga volteó inmediatamente al escucharla.
–Saori, lo siento. Te he despertado.– su voz se dulcifico sólo para ella.
Al moreno no le paso desapercibido que el rostro y tono del peliazul cambiaron rotundamente al encontrarse con ella. El brillo en los ojos de Saga al mirarla le dieron náuseas. Y sin saber por qué, decidió interrumpir.
–Sólo he venido a darte es...–de nuevo, la mujer lo calló.
–Se a que has venido, vayamos a mi despacho–indicó la chica. A Seiya por primera vez le pareció oír irritación en su voz.
Cuando el castaño pasó al lado de Saga, le dirigió una sonrisa triunfal que hizo rabiar al mayor. Y siguió a Saori hasta su despacho.
Una vez adentro, el chico cerró la puerta tras él. Ella tomó asiento detrás de su escritorio. Y ahí fue donde Seiya pudo contemplarla de manera detallada. Se veía pálida y con unas oscuras sombras bajo sus ojos. También la notó mas delgada.
–¿Qué debo firmar? – la pregunta de ella no lo dejó terminar con su escrutinio. Extendió la carpeta que traía en la mano y se la dio. La mano de ella parecía temblar.
–¿Qué te ocurre?– soltó repentinamente.
Saori arqueo una ceja ante la pregunta, y por un momento creyó que se estaba preocupando por ella. Pero recordó la ultima vez que se vieron y deshecho la idea.
–Dime, ¿tu asistente esta de vacaciones? O.. ¿Estás tan aburrido que decidiste venir personalmente?–le devolvió la pregunta.
Seiya se sorprendió, pero supo que de alguna forma se lo merecía.
–Para estar enferma, tienes buen humor– y soltó una pequeña risa. –La firma de los papeles es sólo una excusa para venir– comentó sincero.
A la Kido se le calló la pluma de las manos. ¿El estaba intentando decirle que había venido con la intención de verla? Saori tuvo que morderse el labio para evitar que una sonrisa se le escapara.
–Sólo es gripe– respondió a la pregunta inicial de su compañero. Al ver que él no decía nada, retomó su labor de leer los papeles. Iba a firmar uno, cuando sintió una mano detener sus movimientos. Alzó el rostro encontrándose con la mirada achocolatada de Seiya.
Él alejó la mano de ella de los papeles, –Deja eso, mañana...–hizo una breve pausa para pasar saliva por su garganta, –mañana vendré y lo haremos juntos– sugirió con voz suave.
La pelilila no salía de su asombro, la mano de Seiya era grande y fuerte, pero al mismo tiempo tan cálida. Su corazón latía rapido, sus mejillas estaban rojas y su boca ligeramente abierta del shock.
Por otro lado, Seiya no perdía de vista los ojos de Saori que, -aún estando un poco rojos- por primera vez, parecían brillar. Se sentía cómodo con la mano de ella entre la suya, como si siempre hubiera encajado ahí.
–Saori...–llamó él.
–¿Si? – contestó bajito.
–Volveré mañana, tienes que descansar– y soltó su mano suavemente depositandola en el escritorio. Se levantó de su asiento y caminó hacía la puerta. Giró el pomo, deteniéndose en el umbral, giró su cuerpo de manera que ella pudiera ver su perfil.
–Cuídate, Saori– hizo un gesto de despedida con su mano izquierda y se fue.
Ella seguía con la mano en su escritorio, justo donde él la había dejado. Una vez que reaccionó, soltó el aire que sus pulmones habían estado conteniendo.
¿Que había sido eso?
つづく (continuará)
Hola otra vez. ¿Disfrutaron de la lectura? Estoy haciendo mi mayor esfuerzo para poner a trabajar mi imaginación. Como saben, soy nueva en esto, así que tal vez este primer Fanfic no llene sus expectativas, pero me gustaría que me dieran una oportunidad. También me gustaría que me dieran su opinión acerca de esta historia, tal vez con su ayuda pueda mejorarla. ¿Qué dicen? ¿Me ayudarían?
Sslove, de nuevo muchas gracias por tus comentarios, de verdad me alegra mucho saber que lees esta historia. Por cierto, el papel de Saga sera fundamental en esta historia. Ahh, si este manga fuera mío, Saori estaría casada con Seiya y yo me quedaría con Saga XD. Jajaja no me hagas caso. Saludos!
